Los personajes pertenecen exclusivamente a Stephenie Meyer, yo solo los uso para adaptarlos y divertirme.
La historia original es de O.C
Capítulo 07
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¿Cómo había sucedido esto?
Edward estaba sentado en el agua vaporosa de su jacuzzi, su encantada polla enterrada profundamente en el calor de Bella. Enfrentándolo, el cuerpo agotado de ella descansaba contra su pecho, la cabeza contra su hombro. Él todavía no había acabado; no por falta de placer. Edward todavía no estaba listo para que esto terminara, así que disfrutó al retrasar su placer. Eso significaba que tenía la oportunidad de disfrutar estar dentro de Bella por mucho más tiempo. Pero estaba comenzando a preocuparse de que ella fuera a entrar en coma. Había estado montándolo con la determinación de un caballo de carreras en segundo lugar por más de quince minutos.
— ¿Por qué aún no has acabado? —susurró ella—. Ya no puedo moverme.
—Siempre es así para mí. Mi primer orgasmo llega con facilidad. El siguiente demora una eternidad. Es por eso que estaba intentando terminar de ver esa película. Pensé que necesitarías conservar tu energía.
—Bueno, me alegra haber interrumpido tus planes. —Él no podía verle el rostro, pero pudo oír la sonrisa en su voz—. Dios, me hiciste acabar con tanta fuerza.
—No hay necesidad de llamarme Dios —bromeó.
Sacó una mano del agua para acariciarle el cabello, el cual estaba húmedo en las puntas y se adhería a sus hombros desnudos.
—Mi cuerpo no está de acuerdo.
—No te desgastes. Relájate por un minuto. —Le besó la cabeza, confundido por los tiernos sentimientos que ella le evocaba. No era que nunca hubiera tenido sentimientos por una mujer. Sólo que la ternura generalmente no era una de ellos.
— ¿No tienes un concierto mañana por la noche? —preguntó ella.
—Sí. En San Antonio.
—Entonces eres tú el que tiene que conservar la energía.
—No requiere mucha energía. ¿Qué fue lo que dijiste que hacía? Pavonearme sobre el escenario por una hora.
Ella rió.
—Solamente te estaba molestando.
Él movió las caderas para entrar más profundo en su sedoso calor.
—Y ahora yo te estoy molestando.
Ella rió otra vez y lo abrazó.
—Puede molestarme todo lo que quiera, Señor Cullen.
—Entonces es bueno que tengas los veranos libres.
Ella se apartó para mirarlo con los ojos abiertos de par en par, y él se dio cuenta de que se había permitido sentirse demasiado cómodo. Luego de esta noche no se metería con ella para nada. ¿Por qué había mencionado el verano?
—Uh — ¿Cómo demonios iba encubrir ese desliz?
Ella se desplomó contra él.
—No es agradable bromear con cosas como esas, Señor Cullen. Mi vagina acaba de encontrar una nueva mejor amiga. No le des falsas esperanzas de que va a poder pasar todo el verano con él cuando sabes perfectamente bien que estará sola.
Edward rió entre dientes y le dio un apretón. Lo había librado de culpa con tanta facilidad, lo cual él apreció, pero parte de él quería que ella le exigiera pasar todo el verano con ella incluso si se guardaba la vagina sólo para sí.
—Nunca he conocido una mujer como tú, Bella Swan.
—No lo creo. Estoy segura de que muchas vaginas consideran a tu polla su mejor amiga.
—Quizás, pero no harían chistes cursis al respecto.
Ella se movió hacia atrás para sentarse sobre los muslos de él y lo miró a los ojos.
—Ésta no es una buena charla de almohada, ¿verdad? Muy poco sexy. Lo lamento.
—No hay ninguna almohada a la vista —dijo él—. E incluso si no fueras la mujer más sexy que jamás ha estado en mi jacuzzi, aun así disfrutaría de tu compañía.
—Pooooor favor —dijo ella, poniendo los ojos en blanco—. Vi a la mujer que te estaba esperando cuando llegamos. Era hermosa. Y tenía unas tetas enormes. —Bella sostuvo ambas manos frente a su pecho, aproximadamente del tamaño doble D de Verónica.
Él le tomó el trasero con ambas manos y la bajó sobre su polla.
—Y sin embargo tú estás aquí, y ella no.
—Lo que me hace pensar que para ti se trata de la conquista.
Él rió hasta que estuvo pestañeando para apartar las lágrimas de sus ojos y resistiendo la punzada en su costado.
—Si yo soy el perseguido, entonces supongo que ése es el caso.
Él no tenía que perseguir a las mujeres, ellas siempre lo perseguían a él. Y no le importaba en lo más mínimo.
—Quizás debería haber representado un mayor desafío y haberme hecho la difícil.
Considerando que en ese momento estaba sentada desnuda en un jacuzzi con él, empalada por su polla, era demasiado tarde para eso. Y él no necesitaba el juego, pero tenía que admitir que la había deseado por tanto tiempo que tenerla era mucho más emocionante que sus habituales ligues.
Edward se movió hacia adelante para poder robarle un beso.
—Te esperé por bastante tiempo.
— ¿Cinco minutos? ¿O fueron diez? Debe ser un nuevo récord para ti. ¿Preferirías una medalla o un trofeo por tu logro la Seducción más Larga de Edward.
Él rió entre dientes nuevamente.
—Deja de hacerme reír tanto. Voy a tener dolor de estómago.
—Si tuviera la fuerza, me encontraría ocupada, pero mis piernas se niegan a moverse. Mi boca parece funcionar bien, sin embargo. Si tuviera branquias, podría darte una mamada.
Si ella no se ponía seria, él iba a reír hasta que le doliera algo. Momento de tomar el asunto en sus propias manos. La envolvió con sus brazos y rodó para que ella fuera quien estuviera sentada y él estuviera entre sus piernas, arrodillado en el suelo del jacuzzi.
—Sí te esperé por mucho tiempo —dijo, comenzando a empujar y a retirarse lentamente de su cuerpo—. Te he deseado desde la primera vez que me hiciste lanzar té helado por la nariz.
Ella le lanzó una mirada que ponía en dudas su tontería: ojos mirando hacia el cielo, labios fruncidos, cabeza sacudiéndose.
—Como sea. Lo último que tenías en mente esa noche era yo. Tanya no estaba demasiado feliz contigo porque le lanzaste té sobre su vestido de novia. Pasaste la siguiente hora prometiéndole que la compensarías en la luna de miel.
—Eso es porque ella carece de lo que tú tienes.
Bella lo miró perpleja. Sus cejas se fruncieron como si estuviera intentando resolver un problema complejo. Edward se había casado con la que la mayoría de la gente consideraba la hermana más bonita, más a la moda, la hermana trofeo. Tanya lucía bien, no podía negarlo, pero tenía la personalidad de un cactus.
— ¿Un trabajo? —dijo finalmente Bella.
Él rió entre dientes. Sentía los derechos de Tanya en su billetera cada mes.
—Bueno, está eso. Pero me refería al sentido del humor.
—Oh. —Ella levantó una ceja cautelosa—. Sí, eso tiene a los sujetos derribando mi puerta.
Él se imaginó que era así. Quería derribar su puerta. Dado que no podía decírselo, tendría que demostrárselo con atención física. Edward la tomó lentamente, perdido en sus bonitos ojos verdes mientras ella lo recibía. Y no sólo con su cuerpo. Aceptó todo de él. Incluso las partes que él intentaba ocultar. Las partes que no compartía con nadie mientras follaba.
Probablemente debería ser más cuidadoso, no quería que ninguno tuviera una idea equivocada, pero por unos cuantos momentos, se permitió sentir más que su cuerpo. Se permitió sentirla a un nivel mucho más profundo.
Sabía que Bella estaba exhausta, así que intentó apresurarse. Observando su expresión gozosa mientras sus caderas bombeando en ella la llevaban más y más cerca del orgasmo ayudada por su propia búsqueda de liberación. Las manos de ella recorrieron su espalda, pecho, hombros y brazos como si estuviera aprendiéndose su cuerpo de memoria.
Cuando le apretó el culo con ambas manos, urgiéndolo a tomarla con más rapidez, él cumplió, permitiéndole manejar el ritmo. No podía apartar la vista de sus ojos a la vez que la urgencia lo abrumaba y buscaba la liberación con embistes rápidos y poco profundos. El ángulo de las caderas de ella estimulaba la cabeza de su polla dentro de ella con tanta perfección que no pudo concentrarse en otra cosa que no fuera en acabar. Acabar dentro de ella mientras se miraban fijamente. Su orgasmo lo tomó por sorpresa. Intentó empujar profundamente y permanecer quito para poder recuperar el control, pero era demasiado tarde. Duros espasmos de placer pulsaron a través de la base de su polla, llevándolo más allá del borde de la contención. Apretó las caderas contra ella, esperando que se uniera a su gozo. Había estado tan envuelto en su mirada que había ignorado su cuerpo. Se frotó contra ella una vez más, sin estar seguro de que siquiera estuviera estimulando su clítoris. Vamos, nena. Déjate ir, ahora. Como si hubiera oído su instrucción, su espalda se arqueó, golpeando su vientre contra el de él mientras gritaba. Por un segundo pensó que estaba fingiendo un orgasmo, lo cual era el insulto más grande que podía hacerle, pero sintió su coño apretarse alrededor de él con duros espasmos, prologando su orgasmo mientras ella tomaba el suyo.
Agotado y contento, Edward se derrumbó contra la parte trasera del jacuzzi, todavía respirando con fuerza. Se sacó el condón de la polla y lo lanzó por encima del costado del jacuzzi. Luego de un momento, divisó el vino en el hielo derretido del balde de poliestireno y tomó la botella para beber un trago. Bella estaba desplomada contra el costado del jacuzzi, apenas manteniendo la cabeza por encima del agua agitada.
— ¿Estás bien? —preguntó él.
—Caliente.
—Está bastante caliente aquí —coincidió.
—Tú. Tú eres caliente.
Él extendió la mano y tiró de ella alrededor del asiento resbaladizo hasta que estuvo junto a él. Bien podría ser que sólo pudieran tener esta intimidad por una noche, así que iba a aprovechar al máximo el tiempo que estuvieran juntos desnudos.
—Bebe un poco de vino.
Su brazo temblaba cuando se estiró para tomar la botella.
— ¿Segura de que estás bien? —preguntó él—. Estás temblando.
—Sólo exhausta. Debería haber comenzado a entrenar para esto hace meses.
Él rió entre dientes y la ayudó a levantar la botella hasta sus labios. Ella bebió un largo trago antes de apartar la botella y desplomarse contra la parte trasera del jacuzzi con los ojos cerrados.
Él puso el vino en la plataforma detrás del jacuzzi y la envolvió con un brazo. Sus labios rozaron su frente.
— ¿Quieres tomar una pequeña siesta?
—Mmm hmm —murmuró ella, recostándose contra él.
—Necesitas recobrar algo de fuerza. Duro incluso más la tercera vez.
Sus ojos se abrieron de golpe.
— ¿Tercera vez?
Y ella había actuado como si tres erecciones no fueran suficientes para ella.
Él sonrió.
—La noche es joven. Podría ser capaz de llegar a cuatro si tienes suerte.
—Santo Dios. Si no disfrutara completamente de cada minuto contigo, pondría mi coño en huelga.
Él rió. La mayoría de las mujeres no podían seguirle el paso a su libido, pero eso no significaba que fuera a tomárselo con calma con ella. Era suya por esa noche. La noche entera.
Bella estuvo callada por tanto tiempo que él pensó que se había quedado dormida.
— ¿Cómo se les ocurrió a la banda el nombre Sunrise? —preguntó—. ¿Hay algún significado detrás de eso?
Él se preguntó de dónde había venido esa pregunta.
—Sí, pero es un secreto. Todos prometimos llevárnoslo a la tumba.
—Suena extremo.
Él sonrió ante los recuerdos de lo apasionados que habían sido una vez.
—Éramos jóvenes. Todo era extremo.
— ¿A ti se te ocurrió el nombre?
—Fue Jake, en realidad. Estaba pasando por uno de sus momentos filosóficos.
Dijo que había solamente una cosa en su vida que lamentaba de verdad, todo el resto de la mierda era secundaria.
—Su nuevo amanecer.
—Exactamente. Todos habíamos bebido demasiadas cervezas esa noche. Cada uno de nosotros compartió su pesar más grande y luego hicimos un pacto de nunca contárselos a nadie. Llamamos a la banda Sunrise para recordarnos esa promesa.
—Entonces, ¿cuál es tu único pesar, Edward?
—No voy a decirlo.
— ¿Por qué no? Puedo guardar un secreto.
—Porque es personal.
— ¿Más personal que el sexo?
Él asintió.
—Mucho más personal que el sexo.
— ¿Tiene algo que ver con tu divorcio?
—No, sucedió antes de que siquiera conociera a tu hermana.
—Tenías como veintidós años cuando la conociste. Así que debe ser algo que te sucedió en la secundaria.
Él tenía la sensación de que ella no cedería hasta que lo descubriera.
—Dije que no lo diré.
— ¿Golpeaste a alguien? ¿Robaste algo? ¿Pasaste tiempo en el reclusorio juvenil?
— ¿Qué? —dijo—. No. ¿Por qué piensas que fue algo malo?
Ella se encogió de hombros.
—Porque no me lo dices. Me hace asumir lo peor.
Él respiró profundo.
—Lamento no haber terminado la secundaria —dijo—. Eso es todo. Ni siquiera es un secreto. La mayoría de la gente no se da cuenta de lo mucho que lamento haberla abandonado. —No estaba seguro de por qué le había contado.
Probablemente porque la verdad era mucho menos criminal que lo que ella estaba imaginando.
—Entonces termínala.
Él había esperado desprecio o lástima, no una solución.
—Estoy demasiado viejo para terminar.
—Estás bromeando, ¿cierto? Podrías conseguir tu certificado. Eres lo suficientemente inteligente. Probablemente sólo necesites un curso de actualización.
—No soy lo bastante inteligente. Estaba reprobando la escuela secundaria. Por eso abandoné. Iba a tener que repetir el último año entero, y en ese momento, abandonar parecía mejor que fallar.
Ella se movió en el agua para poder mirarlo a los ojos.
—Eres lo suficientemente inteligente.
Perdido sin sus gafas, miró fijamente por encima de la cabeza de ella.
—No.
—Edward, soy profesora; sé de qué estoy hablando. Eres lo suficientemente inteligente.
Él conocía sus limitaciones personales. El que ella insistiera en cosas que no eran verdad sólo lograba enfurecerlo. Había terminado con esta charla.
—No.
—Una de mis mejores amigas enseña un curso acelerado de preparación para el diploma —insistió—. Deberías tomarlo. Realmente es una estupenda maestra.
—No voy a tomarlo, Bella, no me voy a molestar en hacer una prueba que sé que fallaré. Déjalo.
—No deberías ir por la vida con remordimientos, Edward. Especial mente no aquellos que puedes arreglar.
—Bella. —La miró de manera severa, y ella la igualó con una mirada mortal que indudablemente hacía que el estudiante más rebelde prestara atención y obedeciera.
—Sólo piénsalo —le dijo—. Si decides que quieres intentarlo, conseguiré inscribirte en la clase de Leah. Por lo general tiene lista de espera, pero estoy segura de que te haría entrar si se lo pido como favor.
— ¿Por qué te importa tanto? ¿Estás avergonzada de ser follada por un desertor de la escuela secundaria? —Su hermana ciertamente lo utilizaba en su contra.
—No me importa en lo más mínimo. Obviamente lo haces bien tú sólo. Estoy siendo una perra metiche e insistente porque es importante para ti.
—No eres una perra —dijo. Se había encontrado con muchas en sus viajes.
—Sólo metiche e insistente.
Ella lo miró expectante y si él hubiera estado usando sus gafas o si ella hubiera sido menos perceptiva, podría haber tenido una oportunidad de engañarla haciéndole creer que todo esto le importaba una mierda. Odiaba que le dijeran qué hacer más que nada, pero tenía que admitir que su idea era buena. No sabía por qué no había pensado en eso hace años. Conseguir su diploma le daría a Tanya menos munición para utilizar en su contra y tal vez dejaría de recordarle a Julie que él era estúpido.
—Si digo que lo pensaré, ¿me dejarás en paz?
Ella sonrió.
—Llamaré a Leah mañana.
—No dije que lo vaya a hacer con certeza.
—Por si acaso. —Lo besó y luego se movió para apoyarse contra él con su cabeza sobre su hombre nuevamente.
Él le apretó un brazo con una mano y luego suavemente fue acariciando hacia arriba y abajo mientras su mente le daba vueltas a las posibilidades. Abandonar la escuela secundaria era su único pesar, y no necesitaba su diploma para ganarse la vida, pero lo quería. Un pedazo de papel podría probar que no era tan estúpido como todos pensaban. No tenía tiempo de estudiar mientras estaban de gira pero quizás en unos cuantos meses cuando la banda se tomara un descanso, podría meter un curso de actualización en su agenda. Sunrise estaría en el estudio editando un nuevo álbum en otoño, pero durante el próximo invierno podría encontrar el tiempo. Esperaba que esta mujer Leah fuera paciente y que hiciera milagros porque sería necesarios los dos para hacer que el cerebro metido dentro en su duro cráneo retuviera información. Nunca había sido bueno en las cosas de la escuela. Durante años apenas había pasado. Sus maestros le habían tenido lástima y lo habían dejado pasar a través del sistema un frustrante año a la vez. Se preguntó qué clase de profesora era Bella. Imaginó que su clase sería un reto y muy divertida. Incluso así, él no la habría aprobado. Especialmente porque habría pasado todo el período fantaseando con su atractivo cuerpo.
— ¿Te gusta ser profesora? —preguntó.
—Sí, me gusta. Bueno, me gusta casi todo. Me gustan los estudiantes y encontrar nuevas maneras de emocionarlos por la ciencia, pero toda esa mierda administrativa se vuelve agotadora.
—Tuve unos cuantos enamoramientos con mis profesoras. —Él sonrió.
— ¿Por qué es eso? ¿Le gustan las mujeres con autoridad, Señor Cullen?
—No. Me gustan los grandes cerebros. —La besó en la cabeza—. Sexy.
—Oh, ¿en serio? Pensé que te gustaban las tetas grandes.
—Oye, puede gustarme más de una parte a la vez.
Ella rió.
—También puedes complacer más de una parte a la vez.
—Un hombre tiene que llamar la atención hacia sus talentos.
—Definitivamente tienes mi atención.
—Oh, bueno —dijo una profunda voz desde las sombras junto a la casa—. Tienes compañía. Tengo que preguntarle algo.
Amo sus charlas. Son tan amigables. ¿Cómo creen que seguirá esta relación?
凸(^_^)凸
Gracias por sus reviews.
Nos leemos el Martes 16.
๑۩۞۩๑
#Andre!#
