Los personajes pertenecen exclusivamente a Stephenie Meyer, yo solo los uso para adaptarlos y divertirme. La historia original es de O.C
Capítulo 10
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Alguien se acurrucó contra el costado de Edward, y sus ojos se abrieron. La luz de sol entraba a raudales por entre las persianas de la ventana y sobre las enredadas sábanas negras y rojas de su cama. De acuerdo, iba a mirar el tibio y suave cuerpo que presionaba contra su costado, y no iba a ser Bella. Porque si era ella, la noche anterior realmente había sucedido y no había sido sólo el más increíble sueño mojado de su vida, había arruinado las cosas de manera terrible.
Inclinó el mentón, rezando que fuera una groupie cualquiera que estuviera usando su hombro como almohada. No tuvo suerte. Su corazón dio un salto cuando el hermoso rostro de Bella, pacífico en su sueño, enalteció su visión. Su corazón dio un segundo salto cuando la enormidad de su situación se asentó en sus pensamientos.
Mierda. Mierda. Mierda. ¿Qué habían hecho? ¿Qué había hecho él? Había tocado lo intocable. ¿Tocado? Demonios, la había follado hasta el punto de la inconsciencia. Y ahora él sentía cuánto se había deleitado con el contacto físico en cada dolorido y cansado músculo de su cuerpo. Pero sólo lo había disfrutado, simplemente porque estar con ella había sobrepasado todas sus expectativas; sin embargo no había hecho lo correcto. ¿Qué tenía la luz de sol que lo traía de vuelta a la cordura? Haciendo que una de las mejores noches de su vida pareciera un error.
Se quedó ahí por un largo rato, mirando el techo y acariciando distraídamente el brazo de Bella, intentado entender el desastre que había hecho. Sabía que tenían que ocultar esto de todos, especialmente Tanya. Esa mujer usaría su indiscreción en contra de él. Lo sabía. Lo utilizaría como excusa para alejarlo de Julie y tanto como adoraba a Bella, no podía hacer nada que pusiera en peligro su ya limitada relación con su hija.
Mierda. Mierda. Mierda. ¿Por qué no había pensado en esas cosas anoche antes de actuar en un impulso?
Bella murmuró en sueños—.Los perros no tienen dinero para la renta.
Él sonrió, preguntándose qué estaba soñando. No con él, aparentemente. Lo cual era mejor. Tanto como odiaba la idea de nunca pasar otra noche envuelto por su calor y corazón, esto no podía seguir. Y no podían volver a hacer esto. Nunca. Tenía que dejárselo en claro. Dios, esperaba que no llorara cuando dejara en claro su falta de intenciones. No estaba seguro de poder soportar sus lágrimas. Presionó el puente de su nariz entre el pulgar y el índice, respirando profundamente. Si se quedaba con ella más tiempo en la cama, su decisión se derrumbaría. La tendría sobre la espalda y sus manos se llenarían con sus suaves curvas antes de que ella pudiera pestañear. Edward salió de debajo de su cuerpo, apoyó la cabeza de ella en una almohada, y salió de la cama.
—No le des un baño para pulgas en queso cottage a ese schnauzer —dijo ella y abrazó la almohada.
Edward se mordió el labio para ahogar la risa. Incluso en sueños ella lo hacía sonreír. Y calentaba su corazón. Haciendo que una parte de él deseara poder despertar junto a ella cada mañana.
No era bueno.
La observó por un largo momento, toda despeinada, sexy e inalcanzable. Incluso después de que habían pasado la noche juntos, él todavía pensaba que ella estaba fuera de su alcance. Y debería haber permanecido fuera de su alcance. Dios, realmente era un idiota. ¿En qué demonios había estado pensando? No lo había hecho. Había estado sintiendo. Mierda, ¿cuándo aprendería a dejar de hacer eso? ¿Cuándo entendería que los sentimientos, cualquier sentimiento, siempre llevaban a complicaciones con las que él no estaba preparado para lidiar? Se puso un traje de baño y se dirigió a la piscina. No había nada como una hora de ejercicio vigoroso para sacarse a una mujer de la piel. Pero ni siquiera había hecho medio largo de la piscina cuando se dio cuenta que ocupar su cuerpo había liberado a su mente para dar vueltas, imágenes del cuerpo de Bella mientras la tomaba, el rostro de Bella mientras la hacía acabar, los ojos de Bella mientras miraba su alma.
Mierda. Mierda. Mierda.
¿Qué iba a hacer? Podía soportar ser usado para el sexo, las mujeres solían acostarse con él para subirse el ego en forma regular, pero ésta era Bella.
Bella. Incluso cuando ella había dicho que estaba de acuerdo con el sexo por el sexo, él realmente no lo creía porque por una vez, él no estaba de acuerdo con eso. No podía alejarla y olvidar que existía, debido a que ya estaba demasiado cerca. Había estado demasiado cerca incluso antes de que sus suaves labios rozaran su garganta y cada parte de sentido común entre ellos hubiera hecho combustión espontánea.
Después de varias vueltas, se detuvo en la parte menos profunda de la piscina con la mirada perdida en el azul del agua. Quizás podrían pretender que anoche nunca había sucedido y regresar a ser sólo amigos. Quizás podían fingir que todo lo que habían compartido era intimidad física.
No, él lo sabía. No había sido sólo sexo. No para él. Para él, su tiempo con ella había sido más. No temía que ella resultara herida por una noche de pasión desatada. Estaba preocupado por sí mismo. Tendría que lidiar con esos sentimientos en privado. Debía de ser cuidadoso de no herirla. No le gustaba lastimar a las mujeres por las que se importaba, y sí, ella le importaba. No lo negaría, no consigo mismo. Le había importado por un tiempo. Incluso antes de que comenzar a sentir lujuria, había sabido que ella era especial. Le gustó primero como persona y luego como mujer. Y ése era todo el problema. No sabía si ella sentía algo por él además de amistad o era un temporal encaprichamiento sexual, pero si se enamoraba de él, eventualmente terminaría haciendo algo para lastimarla. Algo de lo que se arrepentiría. Porque cuando se trataba de mujeres, podía jugar con ellas, pero no tenía idea de cómo forjar una relación seria y duradera. Él se distraía con demasiada facilidad. Por eso, había renunciado a las relaciones. Y había sido una maniobra inteligente de su parte. Entonces, ¿por qué estaba sentado ahí temblando en el borde de la piscina con una cabeza llena y un corazón vacío? Simplemente trataría a Bella de la forma en que trataba a todas sus amantes: como diversiones temporales e intercambiables. Y esperaba que ella creyera su engaño, porque si se daba cuenta de que mentía, no sería capaz de negar que pensaba en ella como más que una compañera de cama. Y eso, ser honesto con ella sobre sus sentimientos, era una propuesta verdaderamente terrorífica.
Edward regresó a la casa y fue a la cocina a preparar el desayuno. Si comenzaba a actuar diferente a lo usual, ella se daría cuenta de que ocultaba algo. Era una mujer inteligente y por alguna razón, lo leía como un libro. La mayoría de la gente creía su actitud desinteresada, pero Bella no.
Justo había terminado de freír la salchicha de pavo y estaba agregando masa de panqueques a una plancha cuando ella entró a la habitación. Había tomado prestada una de sus camisas blancas, pero sus piernas estaban desnudas. Para no intensificar la incomodad de la mañana siguiente mirándola, él fingió que no era la cosa más sexy que había visto nunca. Y así no la perseguiría por la cocina, presionándola contra la mesa y follarla hasta que perdiera el sentido.
—Buenos días —él le dijo— Espero que tengas hambre.
—Buenos días. Y sí, estoy famélica.
El vientre de Edward se apretó cuando las manos de Bella se deslizaron alrededor de su cintura desde atrás.
—No sabía que sabías cocinar— dijo ella en una voz adormilada. Sus manos vagaron por su abdomen—. Tus talentos no conocen límites.
—Estoy seguro de que hay algo en lo que apesto— dijo con una sonrisa.
—Podría pensar en algo que puedes chupar.
Le sorprendió que ella todavía fuera capaz de una charla juguetona; había esperado que estuviera avergonzada. Pero debería haber sabido que sería así. Bella siempre iba con la corriente. Si sentía alguna incomodidad esa mañana, la ocultaba bien.
—Si no dejas de insinuarte— dijo él— Voy a pensar que te sientes atraída por mí o algo así.
—Una voz increíble, hermoso cuerpo, genial en la cama, talentoso cocinero y listo. ¿Quién no se sentiría atraída?
Edward frunció el ceño. ¿Listo? Para nada. Tomaría el crédito por esos otros rasgos, eran verdad, pero él no era listo. Apenas podía leer.
— ¿Qué dije? —dijo Bella.
Dios, seguía olvidando que no llevaba sus malditas gafas.
—Nada— Puso varios panqueques en una bandeja y agregó más manteca a la sartén.
—Dije algo. De repente estás todo melancólico.
—Tus panqueques están listos.
Ella suspiró. —No tienes que ser reservado conmigo, Edward. No voy a hacer agujeros en tu hipersensible ego.
Él rió por lo bajo. Nunca nadie lo había acusado de ser demasiado sensible. Exactamente lo opuesto. Frío. Egoísta. Duro. Por eso las gafas eran tan útiles.
—Ven a comer a panqueques.
—Quiero comer contigo. Esperaré—. Ella presionó la frente contra el hombro de él mientras le daba vuelta los panqueques en la sartén.
—No se supones que nos quedemos pegados, Bella. Ni tampoco él.
Maldición. ¿Qué había comenzado ahí? Algo que él no podía terminar. Un estúpido movimiento, Cullen.
—No lo hago—. Las manos se movieron sobre su abdomen— Mis manos simplemente se niegan a cambiar la sensación de este lujo por algo tan ordinario como un tenedor.
Él sonrió. ¿Cómo lo hacía? ¿Hacerlo sentir tan bien consigo mismo? Sólo estar con ella lo hacía feliz. Y ya lo tenía contemplando formas de verla nuevamente. ¿Ves?
Para nada listo. Apagó la hornilla y puso panqueques en una segunda bandeja.
—Supongo que esto significa que ahora tengo que dejarte ir—. Las manos de ella vagaron hacia su pecho.
—Sí, ya que me tome la molestia de prepararte el desayuno—. Lo cual iba contra todas sus reglas sobre las rutinas de la mañana después. Haz que se levanten y dejen la casa tan pronto como sea posible. O mejor aún, irse en el bus de gira mientras el sol se levantaba en el horizonte.
—Aprecio eso. Definitivamente junté mi apetito anoche—. Ella se alejó y le dio una nalgada.
Él se sentó frente a ella en la pequeña mesa redonda en el rincón para desayunar. Tenía vista a la piscina, así que él miró afuera en lugar de encontrar su mirada.
—Te arrepientes —dijo ella después de un largo momento de incómodo silencio.
Ninguno de ellos había tocado su comida.
Él apartó la mirada de la piscina y se concentró en su desayuno.
Sí se arrepentía. No el rato increíble que habían pasado juntos, sino las complicaciones que trajo. No estaba seguro de cómo proceder, porque todo apuntaba a sacarla de su vida tan pronto como fuera posible, pero su tonto corazón se rompía ante la idea. Podía soportar no tener sexo con ella, pero, ¿nunca más verla sonreír, oír su risa o tenerla bromeando con él en una forma en que nadie más se animaba? Ésas eran las cosas de Bella sin las que él no podía estar. Y al hacer cosas físicas entre ellos, estaba seguro que tendría que renunciar a todo lo demás que adoraba de ella.
— ¿Cuál demonios es tu problema esta mañana, Edward?
Él no la miró. No quería ver su justificada ira.
—Ningún problema—. Le dio un mordisco a su panqueque. Le costó mucho masticar y obligarse a tragar.
— ¿Qué? ¿Crees que voy a obligarte a un compromiso? Sé que no lo tienes en ti. Lo supe desde el principio.
Sus palabras deberían haber calmado sus miedos. En cambio, abrieron heridas en su alma. Pero tenía razón. No tenía la habilidad de comprometerse, entonces, ¿por qué el que ella lo dijera dolía? Debería estar aliviado. Tenía una poderosa necesidad de ponerse sus gafas. Ella tenía que ser capaz de ver la confusión en sus ojos. Suponía que debería estar agradecido de que ella lo hubiera interpretado mal por una vez.
—Eso es un alivio —dijo y forzó una sonrisa que esperaba no sonara tan falsa a los oídos de ella como lo hacía en los de él.
—No luces aliviado.
Ahí iban sus intentos de engañarla.
—Bella, yo no quise llegar a intimar contigo. Simplemente sucedió.
—Bueno, yo sí quise tener intimidad contigo —ella le expresó—. He querido follarte por años.
Le sonrió, y el corazón de él dio su primer latido sin restricciones desde que había abierto los ojos esa mañana. Intentó sonreír. Se sintió ligeramente más natural. Sin embargo, sus hombros y espalda estaban tensos.
—Entonces, ¿cuándo se te ocurrió la idea de hacer de tu cama un escenario?
Él se ruborizó. Dios, nunca nadie lo hacía ruborizarse.
—Eh, Seth y yo solíamos frecuentar este club de sexo en Nueva Orleans Está basado en la actuación. Hay un escenario y un director que te dice cómo follar a tu compañera. La gente observa. Es muy estimulante. Me gusta la parte de la actuación, pero no tener un director.
—Eso es porque necesitas estar a cargo —Le sonrió.
La tensión continúo saliendo lentamente de su cuerpo. Él descubrió que podía masticar naturalmente e incluso tragar sin activar su reflejo del vómito.
—Sí, no tomo las instrucciones muy bien Me dijeron que si no podía seguir las instrucciones del director, entonces no debería regresar. No volví desde ese momento. Creo que Seth todavía va. Le gusta ser observado. A mí simplemente me gusta actuar sobre el escenario; no necesito el público para excitarme. Una mujer me dijo que su mayor fantasía era que la follara en el escenario durante un concierto, cantándole, y tener cada movimiento exhibido en las grandes pantallas del estadio para que todos pudieran verlo. Ahí fue cuando decidí convertir mi habitación en un estadio privado. Me gusta complacer a las damas—. Le guiñó el ojo.
—Y te lo agradecemos.
— ¿Disfrutó su tiempo en el escenario, Señorita Swan?
—Entregas una actuación increíble.
Complacido por su cumplido, sonrió ampliamente y le dio otro mordisco a sus panqueques.
—No me importaría otra repetición —dijo ella.
Él se ahogó.
— ¿A qué hora tienes que reunirte con el bus de gira? —preguntó ella.
—Alrededor del mediodía.
Ella sonrió.
—No estoy segura de sí dos horas nos dé suficiente tiempo Nunca he conocido un hombre que pudiera aguantar tanto como tú.
—La práctica hace la perfección—. Él hizo una pausa. ¿Por qué había dicho eso?
Esperando el contraataque, hizo una mueca y se obligó a encontrar su mirada iracunda.
Ella le estaba sonriendo.
—Estoy dispuesta a ofrecerme como voluntaria para ayudarte a perfeccionar tus habilidades.
Una vez más, él se relajó. Siempre lo calmaba.
—Pensé que ya las había perfeccionado.
—Definitivamente te daría una A —dijo ella.
Él rió por lo bajo. Ella podía acariciarle el ego todo el día; nunca se cansaba.
—Pero con un poco de crédito extra, podrías obtener una A +.
— ¿Crédito extra, eh? ¿De cuánto trabajo estamos hablando? Me conformo con una A—. Él inclinó la cabeza hacia ella y le lamió el jarabe para panqueques de su pulgar.
—No me gustaría decirle qué hacer y reprimir su creatividad, Señor Cullen, pero considerando que no me molesté en ponerme ropa interior esta mañana, no necesitaría mucho esfuerzo de su parte meterse dentro.
Él sonrió, completamente a gusto ahora. ¿Cómo lo hacía ella?
—Entonces, ¿cuánto crédito extra ganaría si te inclino sobre esta mesa y te follo desde atrás?
—No podría decirlo hasta que vea la calidad de su trabajo.
Él se movió con rapidez. Su acto de maestra traviesa ya tenía su polla presionando contra su traje de baño. La sacó de la silla y la empujó boca abajo sobre la mesa. Le levantó la camisa por encima del trasero y buscó el calor entre sus piernas con los dedos. Ella estaba tan excitada como él. Él se bajó el traje de baño hasta las rodillas de un tirón y frotó la punta de su polla contra su apertura.
Mierda, necesitaba conseguir un condón de su dormitorio. No podía simplemente sumergirse en ella sin protección, sin importar lo mucho que quisiera hacerlo.
—Espera un momento —dijo.
Ella le tomó la muñeca antes de que él pudiera alejarse y le metió un preservativo en la mano. La pequeña descarada había planeado todo esto desde el principio. A diferencia de él, ella pensaba por adelantado. Y le encantaba que supiera cómo conseguir lo que quería. Rápidamente se colocó el condón y luego la llenó con una embestida profunda. Ella se echó hacia atrás para recibir sus embestidas.
—Tómame, Edward.
Sus pelotas se apretaron ante el sonido de su nombre en sus labios.
El timbre de la puerta sonó. Bella se tensó.
— ¿Quién podría ser?
Edward empujó más fuerte, tratando de recuperar su atención.
—No lo sé, no me importa—. Giró las caderas. Bella gimió y se relajó contra la mesa.
El timbre volvió a sonar y entonces alguien golpeó la puerta.
—Edward, abre la puerta—. rogó Bella.
—Estoy en medio de algo.
—Sí, de mí. Ahora ve a abrir la puerta.
—Maldita mujer mandona— gruñó él y salió de ella con una mueca de protesta.
El timbre sonó varias veces en rápida sucesión.
—Más vale que sea condenadamente importante —gruñó mientras se quitaba el condón, se subía el traje de baño y metía su polla dura como una tabla dentro de él.
—Si no es así, voy a patear el culo de alguien —dijo Bella mientras se bajaba la camisa para cubrir su seductor trasero.
Maldición, se veía bien con esa camisa.
Más golpes. Edward avanzó con fuertes pasos para ver quién se atrevía interrumpir sus intentos de obtener crédito extra con Bella contra la mesa de la cocina.
Edward abrió la puerta para encontrar a Seth. Debería haber sabido que él sería el responsable de la incomodidad de Edward.
—Más vale que sea una emergencia —dijo Edward.
—Necesito hablar contigo.
Edward se tomó un momento para mirar a Seth con más cuidado. Vestía la misma ropa del día anterior, y parecía como si hubiera dormido con ellas. O como si no hubiera dormido en absoluto.
—Te ves como la mierda —dijo Edward. Se hizo a un lado y permitió que Seth entrara en la casa.
—Sí, eso ocurre a veces cuando estás despierto toda la noche.
—Déjame adivinar, ¿condujiste de vuelta a Dallas para follar a tu consejera de nuevo?
—En realidad, estuve en la sala de emergencias, pero no es por eso que estoy aquí—. La mirada de Seth se movió a un punto detrás de Edward, y abrió los ojos de par en par—. Bella.
—Hola, Seth— dijo ella— Te oí decir que estuviste en la sala de emergencias. ¿Qué sucedió? ¿Estás herido?
—No, mi padre está en el hospital.
—Oh —dijo Bella— ¿Está bien?
—Más o menos.
—Mierda, hombre. ¿Por qué no me llamaste anoche? ¿Necesitas unos días de descanso? —preguntó Edward.
—No, no es por eso que estoy aquí. Me aseguran que estará bien. He venido aquí para hablar contigo. Tenemos que aclarar las cosas, Edward. Ya no puedo soportar más esta ira entre nosotros.
—Aclarar las cosas.
—Necesito saber qué piensas que hice que estuvo tan mal.
La columna vertebral de Edward se enderezó. No tenía ni idea de por qué Seth elegiría este momento de entre todos para buscar pelea.
— ¿Lo que yo pienso que hiciste mal?
Seth cerró los ojos y respiró profundo.
—Al parecer, crees que he hecho algo verdaderamente horrible, pero ni siquiera sé qué es. Así que puedes decirme qué es y lo podemos solucionar aquí mismo. O, si lo prefieres, podemos seguir molestándonos por razones que no entiendo.
Edward se quedó atónito. Todo este tiempo había pensado que Seth era un desconsiderado hijo de puta, egoísta e insensible por robarle uno de los acontecimientos más significativos de la vida de Edward, ¿y ahora estaba diciendo que no sabía por qué Edward había estado enfurecido con él durante años?
— ¿Realmente no sabes lo que hiciste?
—Estoy bastante seguro de que tiene algo que ver con mi consumo de drogas. Estuve perdido la mayor parte del tiempo, pero no, no me acuerdo.
— ¿No te acuerdas de que metí el dedo en la garganta en Nashville para que purgaras cualquier cóctel de pastillas que hubieses ingerido esa noche?
Seth dio una sacudida apenas perceptible de su cabeza.
— ¿No te acuerdas de que vomitaste sobre mí, mientras yo te arrastraba fuera del bus de la gira porque los paramédicos no podían meter la camilla por la puerta?
—No, no lo recuerdo.
— ¿No recuerdas haberme llamado un imbécil entrometido y haberme dicho que me metiera en mis propios asuntos y que podías drogarte si querías hacerlo?
Seth sonrió.
—Eso sí lo recuerdo.
Edward le frunció el ceño.
— ¿No recuerdas morir en la ambulancia? ¿No recuerdas que te aplicaron el desfibrilador hasta que volviste a la vida?
La mandíbula de Seth se abrió. Su aliento quedó atascado. Palideció.
—Morí.
—Sí, Seth, moriste y mientras yo estaba viendo tu propia estupidez egoísta matarte, mi bebé estaba dando su primer aliento en otro hospital. Me perdí el nacimiento de Julie porque fuiste tan insistente en autodestruirte a ti mismo.
Seth se pasó una mano temblorosa por el espeso cabello negro.
—Edward, no recuerdo casi nada de aquellos días Estaba en un mal lugar en aquel momento. Ahora es diferente.
Las manos de Seth se apretaron en puños.
—Sí, ahora es totalmente diferente. Ya no estoy tomando drogas. Estás demasiado ocupado para darte cuenta. O para preocuparte.
Edward cerró los ojos y sacudió la cabeza. Deseó estar demasiado ocupado para preocuparse. Simplemente estaba tan cansado de esto. Tan cansado de la negación de Seth. De sus mentiras.
— Todavía estás tomando drogas, Seth. Te atrapé fumando marihuana hace dos noches. ¿Tan pronto se te olvida?.
Seth se frotó el rostro demacrado con las dos manos y luego cruzó los brazos sobre el pecho.
—Fue sólo un poco. Y sólo fue marihuana. Quiero decir. —Él frunció el ceño, obviamente todavía en negación. Tú la fumas.
—No he fumado marihuana en años, Seth. No desde que Julie nació. Crecí mientras estabas drogado y fuera de ti. Simplemente no te diste cuenta.
Seth soltó un profundo suspiro.
—Ya no voy a tomar drogas, Edward.
Edward alzó una ceja.
Seth se quedó allí, abriendo y cerrando las manos. Todo su cuerpo estaba tenso. Edward había visto este comportamiento antes. Seth se ponía de esta manera justo antes de comenzar a lanzar golpes. Edward esperó a que estallara. Le daría una paliza si tenía que hacerlo. No sería la primera vez. Los intensos ojos grises de Seth se clavaron en los de Edward, pero en lugar de arremeter contra él, dijo.
—Mierda, Edward. ¿Por qué no me puedes dar una segunda oportunidad?
Seth seguía culpando a todos los demás de sus problemas, excepto a sí mismo. ¿El tipo era incapaz de ver la realidad?
— ¿Una segunda oportunidad? —gritó Edward, incapaz de mantener su temperamento bajo control por más tiempo. —Ya te he dado una segunda oportunidad, Seth. Y una tercera. Y una centésima. —Edward lo empujó en el hombro, obligando a Seth a dar un paso atrás—. ¿Cuántas malditas oportunidades crees que mereces?
Las facciones de Seth se endurecieron.
—No crees que haya cambiado. No crees que esté tomando el control de mi vida. La única persona que ve mi verdadero yo es Madison.
Edward lanzó un bufido burlón.
—Tu consejera. La que te estás follando—. Edward le sacudió la cabeza— Ella va a ver lo que quiera ver. Se ha convertido en tu principal facilitadora. Hay algunas mujeres que nunca deberías follar.
Seth inclinó la cabeza hacia la puerta que Bella había agraciado sólo unos momentos antes.
— ¿Tal como la hermana de tu ex-esposa?
Touché.
—Vete a la mierda, Seth. No sabes nada de mi vida.
— ¿Y tú no sabes nada acerca de la mía?
Edward entrecerró los ojos. Realmente deseaba poder darle al hombre el beneficio de la duda, pero sólo podía tratar de poner un tren roto de nuevo en el carril una cierta cantidad de veces antes de creer que el único curso de la locomotora era descarrilarse. Y tanto como a Seth le gustara pensar que su vida se estaba desarrollando sin problemas ahora, Edward podía ver el desastre viniendo a un kilómetro de distancia. Él ya no iba a ser quien intentara salvar a Seth. Había estado allí, había hecho eso y había comprado la camiseta. Pero ya no le quedaba.
— ¿Por qué está tu papá en el hospital? —Edward realmente no necesitaba preguntar. Sabía la respuesta.
Seth bajó la mirada, yendo de enojado a derrotado en el lapso de una respiración.
—Consiguió algunas malas drogas y tuvo una reacción adversa. Me culpa por no haberlo conectado con mi distribuidor.
—Maravilloso. —Edward soltó un bufido— ¿Por qué no accediste?
Seth frunció el ceño.
—No tengo un maldito distribuidor, Edward. ¿Cuándo te convertiste en semejante idiota?
—Cuando me quitaste muchas cosas que nunca puedo recuperar—. Edward apretó el puente de su nariz. No iba a golpear a Seth hoy, sin importar cuánto lo quisiera. —¿Has dicho lo que venías a decir?
Seth asintió.
—Sí. Lamento haber muerto y hacerte perder el nacimiento de Julie. Habría esperado hasta el día siguiente para terminar con todo si hubiera sabido que Tanya iba a tener a tu bebé tres semanas antes. Por lo menos ahora entiendo por qué me odias. Yo también me odiaría.
Esa fue la observación más madura que Seth había hecho en años. ¿Y una disculpa real en vez de una defensiva evasión? Quizás Seth estaba haciendo progresos. Quizás sí estaba rehaciendo su vida. Quizás Edward podía permitirse preocuparse por el tipo de nuevo. Tenía que estar seguro de que Seth estaba en el camino de la recuperación antes de confiar en su progreso, porque Seth había arrancado el corazón de Edward un millón de malditas veces en el pasado, y no podía dejar que lo hiciera de nuevo.
—No te odio —dijo Edward. Nunca lo había hecho.
Seth cerró los ojos e inspiró profundamente.
—Yo tampoco.
Incómodo por el intercambio de sentimientos con un tipo, Edward miró al suelo y se quedó en silencio durante varios minutos.
—Yo, eh, te veré en el bus —dijo Seth. Él también parecía encontrar el piso de madera a sus pies completamente fascinante.
—Sí, bien. Espero que tu papá se recupere pronto.
—Gracias. Debería dejarlo en alguna parte y esperar que no encontrara el camino de regreso, pero simplemente no puedo hacerlo. Ni siquiera después de toda la mierda que me ha hecho pasar.
Edward sabía más que nadie la mierda que el padre de Seth le había hecho pasar. Cuando estaban en la escuela secundaria, Edward no tenía idea de cuántas veces Seth se había escondido en su casa sólo para sentir un poco de seguridad. La familia de Edward le había dado la bienvenida a Seth. La madre de Edward era una especie de imán para lo perdido, fueran personas abandonadas o animales perdidos. Edward había estado decepcionado y sí, herido, cuando Seth había elegido seguir los pasos de su padre. Edward no había querido eso para Seth y no había sabido qué hacer. Cómo ayudar. Había tratado de forzar a Seth a que viera la luz, pero no había funcionado. Seth siempre había dicho que quería construir una vida mejor para sí mismo, que no quería ser como su padre, y aun así había seguido la fallada vida del hombre que más resentía casi al pie de la letra. Lo único que había evitado que Seth se enviara a sí mismo a una muerte temprana era que sus compañeros de banda se preocupaban por él, ya fuera que él lo viera de esa manera o no.
—Realmente deberías sacar a ese hombre de tu vida —dijo Edward —Nunca va a cambiar.
—No necesito que sea perfecto —dijo Seth en voz baja— Sólo quiero que sea mi papá. Después de tanto tiempo, todavía quiero eso.
Edward se inclinó hacia delante y apretó el hombro de Seth. Deseó poder decirle que entendía por lo que estaba pasando, pero no lo hizo. Sin embargo, podía apoyarlo. O intentarlo.
—Si necesitas algo, puedes llamarme.
Seth levantó la cabeza y encontró la mirada de Edward. Él se Rió a medias.
—No lo dices en serio.
—Sí, lo hago. Sé lo difícil que es lidiar con un adicto que no ve que se está destruyendo a sí mismo.
Seth sonrió torcidamente.
—Son un total del dolor en el culo.
—Pero puedes mejorar. —Eso esperaba Edward —Por favor, permite que se mejore.
—Sí. —Seth respiró hondo y miró hacia la puerta delantera. —Me voy a ir ahora. Y no es de mi incumbencia con quien pasas el tiempo pero, ¿Bella?
Seth sacudió la cabeza No aprendiste la lección con la hermana menor de las Swan?
—Creo que elegí a la equivocada. —Edward suspiró. Sabía que no podía estar con Bella bajo ningún título serio, pero la mujer le daba alegría, la cual era razón suficiente para mantener sus manos fuera de ella. Sabía que arruinaría las cosas de forma espectacular, y que ella se llevaría esas buenas sensaciones con ella cuando se fuera.
—Sólo no hagas nada estúpido.
Demasiado tarde.
—Te veré después —dijo Edward. Estaba dispuesto a seguir siendo estúpido con la hermosa mujer en cuestión. Por lo menos hasta que tuviera que irse para reunirse con el bus de la gira.
Edward y Seth intercambiaron un torpe abrazo de hermanos, palmeándose la espalda con la fuerza suficiente para sacarle el aire a un elefante, y luego Seth salió de la casa.
Sonriendo, Edward se fue en busca de problemas. La encontró en su ducha.
Maldito Seth, ¿Tenia que llegar justo en ese preciso momento?
Quedan 2 capítulos mis niñas!
凸(^_^)凸
Quiero leerlas por favor!
Al ser un capítulo largo, actualizaré el día Lunes 22.
๑۩۞۩๑
#Andre!#
