Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y esta parte extra es mia! XD
Capítulo beteado por Estephany Twilighter Priego, de Betas FFAD.
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Capítulo 14
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—Jul, no… no, no nos estábamos besando… —Edward inmediatamente se colocó sus lentes oscuros y titubeó en cada una de las palabras que salían de su boca.
— ¿No? Mamá dice que cuando un hombre pone su boca sobre una mujer, eso es un beso.
—Sí, Jul —Bella tomó las riendas de la conversación porque Edward no sabía por dónde salir de ese laberinto—. Es cierto que eso es un beso, pero no es lo que estaba pasando entre tu papá y yo.
— ¿No?
—No, cariño. Lo que sucedió es que me entró una basurita en el ojo y no podía ver hacia ningún lado, por eso le pedí ayuda a tu papá, y él solo estaba soplando para que saliera y dejara de hacerme daño.
— ¿Te estaba haciendo daño esa basurita, tía? —Julie sonó muy sentida por la frase de Bella. Por lo que la castaña creyó que podría salir airosamente de esa situación.
—Sí, cariño. ¿Me ayudas a sacarla? —La niña asintió con su carita preocupada—. Te diré cómo hacerlo, así puedes ayudarme como papá. Pon tus manos así. —Bella tomó la carita de Julie entre sus manos y acercó su rostro a ella—. Ahora, acerca tu boca al ojo y sopla despacito. Así. ¿Lo tienes?
—Sí. ¿Así lo estabas haciendo, papi?
—Sí, Julie. Así mismo. — Edward ocultó su nerviosismo—. ¿Nos vamos ya, niñas?
—Tía, ¿ya salió la basurita del ojo?
—Sí, cariño. Mejor vamos o regresaremos muy tarde.
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La tarde había pasado más lenta que nunca para Edward y Bella, por suerte, Julie no había preguntado más acerca del beso, o la supuesta basurita en el ojo de su tía. A la vuelta, Edward aprovechó para llevar a Julie a lo de Tanya, luego de dejar a Bella en su departamento. Ambos acordaron que hablarían por celular al día siguiente. Edward tenía dos shows seguidos en la ciudad de Seattle y partiría en 24 horas, luego tendría dos semanas de vacaciones. Bella comenzaría con sus clases la primera semana de julio, por ende, les quedarían tres semanas para pasarlas juntos, pero ¿ella aceptaría pasar ese tiempo con él? ¿Cómo tomaría Julie que los momentos con su padre se vieran compartidos con su tía?
La cabeza de Edward no paraba de manejar ideas de lo que sería su vida a partir de ahora. Ya había asumido sus sentimientos hacia Bella, y ella los compartía. Sabía que tenía que manejarse con cuidado por Tanya, ella podía ser un dolor en el culo y estaría dispuesta a todo por hundirlo. Tenía que hablar urgentemente con el doctor Wisley. Acordó una cita para la mañana siguiente, y luego partiría a encontrarse con la banda para los shows confirmados.
—Tom, gracias por atenderme en este horario.
—Edward, sabes que por ti hago cualquier excepción. —Edward sabía que Tom Wisley haría cualquier excepción por él, por la pequeña fortuna que cobraba en sus aranceles y por la amistad que llevaban desde hacía años.
—Claro, y te estoy muy agradecido por eso. Escucha, doc, estoy iniciando una relación desde hace un tiempo, pero no quiero más motivos para que mi ex mujer intente separarme de Julie, por eso quiero saber que precauciones debo tomar.
—Edward, ¿quieres asegurar la custodia de Julie?
—No quiero sacarle los derechos a su madre, solo quiero no perder el poco tiempo que nos cede a Julie y a mí. Sé que desde el principio Tanya ha hecho de todo para hacer que pague cada una de las infidelidades que cometí, pero creo que ya es suficiente. Y quiero estar bien con mi nueva pareja y con mi hija.
—Entonces tendremos que prepararnos, Edward. Sabes cómo es tu ex mujer; dará pelea hasta el último momento.
—Lo sé, Tom, por eso mismo pedí esta cita. También hay algo más complicado y solo confío en ti. No es que me avergüence, es que puede que esto complique un poco las cosas.
—Ya, Edward. Dime ¿cuál es el problema?
—Mi actual pareja.
— ¿Cómo?
—Mi actual pareja es mi cuñada, o mi ex cuñada. Es decir, la hermana de Tanya, mejor dicho: hermanastra.
—Oh Dios, dime que no es cierto.
— ¿Es muy complicado?
—Tanya nos saltará al cuello por esto. Lo sabes ¿no?
—Lo supongo, y por eso quiero tomar medidas previas. No estoy dispuesto a perder más.
—Ok, déjame preparar una defensa para lo que se nos vendrá. Trata por un tiempo de resguardarte, y que Tanya no se entere, al menos hasta que estemos preparados para el huracán Denali.
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—Oh por Dios, nena, eres la mejor…
—Cullen, ¿tú solo me quieres porque soy buena en la cama?
—Mmm…
—Eres un tonto, ¿lo sabes?
—Sí, soy un gran tonto, pero amas a este tonto. Y este tonto te ama porque eres la mujer de su vida, después de Julie, claro. —Edward acarició con su dedo índice la nariz de Bella.
—Sí, amo a este tonto más de lo que crees.
— ¿Sabes que tu novio es un jodido afortunado?
— ¿Ah sí?
—Sí, porque tiene una novia con un cuerpo increíble, de esos que hacen perder la cabeza a cualquier hombre. Tienes un corazón único, más grande que toda esta casa, amas a su hija, entiendes sus tiempos, te adaptas a él… En fin, nena, eres increíble.
—Te amo, Edward.
—Y yo más, cariño. Umm… Sé que seré un jodido idiota al romper nuestra burbuja pero, ¿me ayudas a preparar el bolso para el viaje?
—Claro. Vamos, Cullen, levanta ese precioso trasero y preparemos todo.
— ¿Irás mañana a la casa de Tanya?
—Sí, ¿por qué?
—Por nada, solo quería saber dónde estarán mis dos mujeres más importantes.
—Estaré cuidando a Julie mientras Tanya hace las compras necesarias. Además, creo que tiene que presentarse en el estudio para un set fotográfico.
— ¿Filmarás a mi niña para mí?
—Si eso quieres, puedo hacerlo. Tal vez podamos jugar con sus disfraces.
—Mmm… ¿disfraces? ¿Tú también te disfrazarás? ¿Serás una gatita sexy?
—Eres un pervertido. Solo disfrazaré a Julie.
—Tal vez puedas disfrazarte para cuando regrese de Seattle.
—O tal vez puedas disfrazarte tú.
Edward rompió en una carcajada.
—Eso es algo difícil de lograr, nena.
— ¿Acaso tengo un novio machista que no accede a disfrazarse para su novia?
—Machista o no machista; no me disfrazaré, cariño.
—Mejor trae el bolso, Cullen, no sabes lo que dices.
—Sé muy bien qué haré con ese culito cuando terminemos de armar el bolso.
—Basta, si sigues así no podremos armar nada… —No había terminado de decir la frase cuando una nalgada de parte de Edward terminó en ella.
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—Tía, ¿podemos jugar a las muñecas?
—Claro, tú serás Alice y yo seré Marie; ¿te parece?
—Genial. Iré a buscarlas.
—Trae el juego de té y el disfraz de Cenicienta.
— ¿El de Cenicienta?
—Claro, quiero tomar el té junto a una princesa.
— ¡Yupi! ¡Eres mi tía preferida!
—Y tú mi sobrina favorita. Pero vamos, apúrate porque quiero ver a esa princesa.
Bella aprovechó el momento en el que Julie subía a su habitación para enviarle un mensaje a Edward:
Bella:
"Tu princesa está a punto de bajar. ¿Quieres que le diga algo?"
Edward:
"¿Están solas? ¿Puedo llamarlas?"
Bella:
"Sí, Tanya volverá en la tarde. Estoy segura de que a Julie le encantará hablar contigo."
Edward:
"Te amo. Las llamo en unos minutos."
—Y aquí baja la princesa Miss Julie. Aplausos para su majestad. —Bella aplaudió con una sonrisa mientras escuchaba a Julie, que simulaba a una bellísima princesa.
—Oh Dios, que princesa más bella. Apuesto que el príncipe que se case con ella será muy afortunado.
—Tía, no puedo casarme con Daniel aún, somos muy pequeños pero, ¿tú crees que podremos casarnos cuando seamos más grandes?
—Princesa, podrás casarte con el hombre que ames cuando seas más grande, solo es cuestión de que sigas a tu corazón.
— ¿Y si Daniel no me quiere?
—Lo sabrás. Y si no te quiere es porque es ciego y tonto; no hay ser en esta tierra que no te pueda querer, Julie.
—A veces pienso que deberías tener un novio. Quiero un tío.
—Yo. Jul…
El sonido del teléfono interrumpió la respuesta de Bella.
—Ho… Hola.
—Hola, cariño. ¿Qué hacen mis mujeres favoritas?
—Estábamos jugando a las princesas.
—Y justo las interrumpió el príncipe —dijo él, con tono mordaz.
—Dios, Edward, no puedes tener menos ego, ¿verdad?
—Te amo. ¿Puedo hablar con mi niña?
—Claro, ahora te paso.
Julie tomó el teléfono y habló alegremente:
—Hola papi. ¿Dónde estás?
—Hola mi amor. Estoy en Seattle, en unas horas daremos un concierto con los chicos, que por cierto preguntan por ti y te mandan muchos besos.
— ¿Cuándo podré verlos?
—Muy pronto, amor; organizaremos algo para que los veas.
— ¿Y podremos invitar a la tía Bella?
—Claro, la tía Bella vendrá también. ¿Me extrañas?
—Mucho. Aunque estaba por jugar a las princesas. Me puse mi disfraz de Cenicienta.
— ¿Estoy hablando con Cenicienta y no con mi hija?
—No, soy yo papi, tu hija. Solo que me disfracé para jugar.
—Ahora entiendo. Pero no hagas que la tía se aburra.
—La tía nunca se aburre. También acabo de pedirle un tío. Papi, ¿puedes traer un tío para la tía?
—Eh… Mi amor, eso es algo de grandes, y es algo de la tía. Tú no puedes elegirle un novio a tu tía.
—Pero yo no quiero que mi tía se quede solita y se convierta en una viejita triste.
Edward respondió con una carcajada:
—Amor, eso no pasará, te lo prometo.
— ¿Me lo prometes?
—Por supuesto. Tu tía será muy feliz, al igual que tú y yo.
— ¿Cuándo vendrás?
—Te pasaré a buscar en 10 noches.
—Eso es mucho tiempo, papi.
—Lo sé, cariño, pero es lo que tu madre y yo acordamos.
—Está bien, esperaré esas 10 noches.
—Te amo, Julie. Cuento cada segundo para volver a verte. Y te llevaré algunos regalos de aquí, ¿quieres?
— ¡Sí! ¡Eres el mejor papi!
—Te amo hija. Tengo que irme, dale un beso a tu tía de mi parte.
—También te amo, papi. Se lo daré. Chau.
Y colgó.
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—Julie, ¿qué es esto? —Tanya miraba el cuaderno de jardín de su hija.
— ¿Qué pasa, mami?
—Hija, ¿qué es este dibujo?
—La tía Bella, papi y yo.
— ¿Por qué dibujaste a la tía Bella pegada a Edward?
—No se están besando mami; le está sacando una basurita del ojo. Como hizo papi el otro día con la tía.
— ¿Cuándo? Julie ¿la tía estuvo con ustedes?
—Fuimos al zoológico, y el otro día fuimos a tomar un helado. La tía durmió con nosotros.
— ¿Cómo? ¿Durmió contigo?
—No sé. Solo sé que cuando desperté la tía estaba con nosotros.
El rostro de Tanya estaba a punto de estallar. Tenía que hablar con Bella y quería escuchar la explicación de esta. ¿Cómo era posible que Bella estuviera con Julie y Edward ese fin de semana si supuestamente había viajado con su amiga Ángela? Algo no coincidía. Alguien mentía, y sabía quién era. Pero la pregunta era: ¿por qué?
—Julie, ¿estás segura de que no me mientes?
—Mami, las princesas no mentimos, eso dice mi tía.
—De acuerdo, las princesas no mienten. Tengo que hacer una llamada. Ve y dile a Candy que te acompañe a bañarte.
—Está bien, mami.
Tanya caminaba de un lado al otro pensando en cómo atrapar a Bella en su mentira. Sabía que algo le estaba ocultando. Bella siempre había sido una mosquita muerta. Mientras Charlie vivía la protegía de todo y de todos, pero la muerte temprana de este hizo que la hija de Renée, ella, aprovechara la situación y desplazara del lugar a Bella. Bella era la hija de Charlie y de Sue, pero su madre nunca llegó a ver crecer a esa niña de ojos color chocolate y rizos castaños. Su embarazo fue complicado, a tal punto de poner en riesgo continuo la vida de Sue. Pero el amor de madre fue más fuerte, y Sue luchó hasta el último suspiro por su bebé. Y la trajo a la vida, trajo al pequeño pedacito de Charlie y ella, solo que ese momento maravilloso se vio opacado cuando la frecuencia cardiaca de Sue fue disminuyendo, el parto había sido agotador, y no resistió más. Charlie se hizo cargo de su hija, Sue se había ido pero le había dejado parte de ella para que la cuidara, y así lo hizo. En el séptimo cumpleaños de Bella, Renée apareció en la vida de Charlie Swan. Renée venía de una relación complicada, y traía con ella a su hija de 12 años, Tanya. Tanya era una niña estilizada y hermosa, su gran cabellera rubia llamaba la atención de todo el mundo, pero su mal carácter hacía que muy pocos la toleraran.
Bella creció con una hermosa infancia en su espalda, su padre siempre le hablaba de Sue. Le recordaba a diario que su madre había elegido su nombre porque era también el nombre de su bisabuela. Charlie Swan era un padre muy presente, era la protección de Bella en el mundo, y se encargó de darle todo su amor hasta que tras una larga lucha contra el cáncer de pulmón Charlie no aguantó más y murió.
La muerte de Charlie Swan fue un golpe muy duro para Bella, quien tuvo que salir adelante sola, Renée no se preocupó por ella, la destinó a permanecer en su cuarto y mantenerse casi invisible. Cuando Bella terminó la preparatoria, recibió la carta de aceptación de la Universidad de California, y no lo dudó. Tomó sus pocas pertenencias y se embarcó en el profesorado para mantenerse alejada de Renée y Tanya.
A pesar de haberse ido a la universidad, Bella se preocupaba por ellas y las llamaba seguido, pero muy pocas veces recibía respuestas por parte de ellas. Por lo tanto, Billy Black, el mejor amigo de su padre, la mantenía informada. En una de las tantas llamadas Bella se enteró de que Tanya había ganado un concurso de belleza y se había inscripto en una reconocida agencia de modelaje. Bella era consciente de la belleza de Tanya, y se alegraba de que esta hiciera lo que la hacía feliz. Pero Tanya no era recíproca con ella, siempre que podía la agredía, la rebajaba y la excluía de su paraíso. Para Tanya, Bella no existía, era una molestia, y la avergonzaba. Mientras que Bella vestía jeans de segunda categoría y remeras dos tallas más grandes, Tanya modelaba vestidos ajustados al cuerpo, faldas cortas y las blusas más entalladas. Eran el agua y el aceite.
Bella volvía a casa algunos días en sus vacaciones y fingía que debía volver antes para estudiar, a pesar de las remodelaciones que Renée había hecho no podía cambiar toda la estructura, por lo tanto la casa aún tenía el toque Swan. Bella añoraba su vieja casa, pero encontraba en ella infinidad de recuerdos. Lazos con Charlie y Sue, lazos de amor.
Fue en una de sus vacaciones cuando Bella se encontró con el novio de su hermanastra. Bella sabía que Tanya podía tener al hombre que quisiera porque era hermosa, pero ese hombre era más de lo que Tanya merecía. Él era un chico agradable, con un look rebelde, unos ojos de un color verde esmeralda, una sonrisa tímida pero de esas que pueden hacer vibrar el cuerpo de una mujer. Bella se sintió atraída por el joven desde el primer momento en que lo vio, pero sabía que no estaba bien eso, luchó con esos sentimientos por mucho tiempo.
Mintió en el casamiento de la pareja para no asistir, sabía que si iba su corazón se rompería en mil pedazos, no esperaba que durasen mucho, cada vez que los veía juntos Edward y Tanya terminaban discutiendo. Todo indicaba que ellos terminarían, pero nunca se esperó la noticia del embarazo de Tanya. Ese fue un quiebre para Bella, había perdido todas las chances. Se abría un punto y aparte importante entre ella y su sueño por Edward.
La llegada de Julie acercó a Bella a su familia. La pequeña bebé no tenía la culpa de la mala relación entre ella y Tanya, así que dejó de lado esas situaciones y se enfocó en el rol de tía. Apañaba a Julie en todo, la cuidaba cuando Tanya quería hacer sus cosas, y la sentía como suya. Amaba ver a Edward con la niña, cuando ambos compartían sus momentos, el ver a la pequeña poner sus manos en el rostro de su padre era la escena más hermosa para Bella.
Todo se volvió gris cuando Tanya decidió poner fin a su relación con Edward, cansada de ser la esposa engañada, y no por una mujer, sino por varias; puso fin a su matrimonio. Luego de una intensa negociación logró la guarda permanente de Julie, otorgándole a Edward dos fines de semana por mes. Solo que muchas veces, por motivos laborales, Edward perdía algunos de esos días, pero Tanya no se apiadaba. Estaba harta de Edward y de todo lo que lo rodeaba, y no descansaría hasta alejarlo de su hija.
Buenas! Volvimos con esta linda historia. Tardé un poco en subir pero acá estoy.
Quiero agradecerle enormemente a mi querida amiga y beta Esteph, sin ella no sé que haría. Eres un sol, nena!
¿Que les parecio conocer un poco más de la historia de Bella? En el próximo capítulo veremos que hace Tanya frente a esta bomba que tiene en sus manos.
Gracias a cada una de ustedes que me acompañan en esta locura. Espero leerlas muy pronto.
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#Andre!#
