Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer porque aun no los pude comprar, y esta locura me pertenece! XD

Capítulo beteado por Estephany Twilighter Priego Vazquez (Esteph PV17) y supervisado por Flor Carrizo de Betas FFAD.

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Capítulo 16

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El día había empezado de manera agotadora para Isabella. Ni la larga ducha y la cómoda vestimenta aligeraban el peso que su cuerpo sentía. El no haber descansado la noche anterior, jugaba como rival este día. Sus ojos se encontraban hinchados por haber estado llorando durante largas horas. No podía dejar de pensar en esa imagen: la de él y esa zorra. Ella estaba sentada sobre sus piernas, y las manos de él en su cintura; ¿acaso había algo más que decir respecto a esa imagen? Era evidente que él lo había permitido porque le gustaba. Se sentía la mayor idiota del mundo al haber creído cada una de sus palabras, cada una de sus mentiras. Él nunca amaría a nadie más que a Julie. Él era, irremediablemente, libre sexualmente. No bastaba con que ella ocupara su cama cada noche, no, él necesitaba mil putas más que acabaran con su hambre sexual; él era un maldito hijo de puta que había dañado su corazón.

Se vistió y salió directamente al colegio; sus clases comenzarían en unas horas y debía dejar de lado a Edward y sus problemas.

Llegó al establecimiento y se dirigió a la sala de profesores.

—Hey, Bella, ¿cómo estás?

—Hola, Marie. Bien, ¿y tú?

—Bien. —Bella hizo un intento de sonrisa, pero esta se notaba que era fingida.

—Entonces trasmítelo a tu cara, chica; no se nota para nada. ¿Mala noche?

—Algo así. Tal vez estoy por caer en cama. —Sus palabras salieron casi inaudibles, tratando de envolver esa mentira y que pareciera real.

—Hum… puede ser, el cambio de temperatura no ayuda. Es más; cuando entres a la sala de profesores, puedo asegurarte que te sentirás como en pleno centro del ecuador.

— ¿Otra vez la calefacción está funcionando mal?

—No, cariño; la calefacción no será necesaria si ese bomboncito recién llegado hace presencia a diario aquí.

— ¿De quién hablas, Marie?

— ¡Dios! ¿Aún no lo has visto?

—No sé de quién hablas.

— ¡Maldición, Isabella! Deja de perder tiempo y ve a conocer a ese moja-bragas que nos brinda una hermosa sonrisa con solo mirarlo.

—Ok, ok. Ya basta, no necesito ver a nadie, solo quiero ir y dar mi clase; así que entraré como cualquier día.

—No dirás lo mismo cuando lo conozcas.

—Sí, sí, lo que digas…

Bella caminó unos cuantos pasos que aún la mantenían lejos de la sala de profesores, posó su mano en el picaporte de la puerta y abrió suavemente, esperando que su día, al menos, fuese tranquilo.

Se encontró con unos cuantos de sus compañeros en el recinto, entre ellos Andrew, profesor de Química. Federik, catedrático de lengua extranjera. Alice, del área de psicología, y su mejor amiga. Ami, educadora de ciencias económicas. Lucy y Carmen, del área de laboratorios; estas últimas nunca pasaban por esta zona, pensó Bella, ellas iban directo al laboratorio cuando llegaban. También se encontraban Meredith, Kristen, Sami, Ángela y Danna, todas docentes de la institución. Pero también estaba él, seguramente era quien Marie tanto había alabado en su encuentro con Bella.

Vestía una remera cuello en V blanca, junto con una camisa de cuadros, jeans azul oscuro y una chaqueta color beige.

Las mujeres no dejaban de mirar y dirigirse al nuevo integrante. Era buen mozo, no podía negarlo, más que buen mozo: era infernalmente caliente para cualquier mujer que lo mirara. Tenía una sonrisa sutil, de esas que dan a entender que dentro de él guardaba mucho más. Su cabello color castaño y corto estaba peinado ingeniosamente hacia la derecha, como si se revelara al resto del peinado.

El joven la miraba alzando levemente su ceja derecha, cuando sus ojos se encontraron con los de ella; una pequeña sonrisa hizo acto de presencia. Se levantó y tendió su mano hacia Bella.

—Hola, mucho gusto, soy Josh.

Bella tendió su mano para responder al saludo.

—Hola, soy Bella, y el gusto es mío. —Cuando sus palabras terminaron de salir de su boca, el joven tiró suavemente de ella, dejándola anonadada y besó su mejilla. El rostro de Bella pasó por todas las tonalidades de rojo.

Josh sonrió al notar ese efecto en ella y agregó:

—Perdona si te tomé por sorpresa, pero de donde vengo la gente saluda con un beso, no con la mano.

—Hum, yo… lo entiendo.

—Todas nos hemos sorprendido con esa forma de saludar al principio, Bella, pero ¿no te parece dulce?

—Yo, eh, tengo que ir a clases.

En ese mismo instante el sonido del timbre que daba aviso del comienzo de clases hizo acto de presencia, sacando a todos de esa nube en la que se encontraban, con la llegada del nuevo profesor.

—Bella ¿podrías guiar al profesor McCanegan hacia el aula de ciencias políticas? Tiene que brindar la clase a los chicos de cuarto año. —Se escuchó decir a la voz del coordinador de estudios, dirigiéndose a Isabella, mientras las restantes compañeras maldecían por lo bajo por lo dichosa que era Isabella Swan al acompañar al divino y caliente profesor Josh McCanegan.

—Cla… claro.

—Si estás con el horario justo puedo llegar por mi cuenta, solo dime cómo llegar.

—No, está bien, el aula de ciencias políticas está en la misma dirección que la de Biología.

— ¿Eres profesora de Biología? Una pregunta estúpida, perdona.

—No te preocupes. Sí, soy la profesora a cargo del área de biología. Vamos antes de que se nos haga más tarde.

—Adelante, te sigo. —Josh abrió la puerta y siguió a Bella—. Entonces, ¿hace mucho que eres profesora aquí, Isabella?

—No, solo un par de años. Antes trabajaba en Michigan, desde que Julie nació me mudé y me establecí aquí. Y por favor, llámame Bella. Isabella es muy largo y suena como si me quisieras retar.

—De acuerdo, Bella. Me gusta como suena. Entonces, ¿tienes una hija?

—No, Julie es mi sobrina.

—Oh, perdona. Por lo tanto eres una tía muy entregada al rol.

—Así es, Julie es mi luz. —Los ojos de Bella se iluminaban al nombrar a la pequeña.

— ¿Tienes novio, Bella?

Las mejillas de Bella tomaron un fuerte tono rojizo. Las palabras parecían haberse puesto de acuerdo y acordado no salir.

—Uh, yo… Esta es tu aula, ya es tarde y la mía es la última del pasillo. Que te vaya bien, Josh, y bienvenido.

—Bella, espera. Perdona si te incomodé. ¿Te parece bien si compartimos un café en el receso?

—Yo… no creo…

—Es solo un café, Bella.

—Está bien, nos vemos. —La castaña retomó el camino hasta su aula, dando comienzo a su clase.

El día había ido bien, por suerte. Josh se había disculpado nuevamente en el receso. Habían compartido una charla agradable. Josh contó parte de su historia y cómo había llegado al instituto. Bella se limitó a contarle parte de su vida, omitiendo los enredos con Edward. Entre charla y charla se dieron cuenta de que el joven vivía a pocas cuadras del departamento de Bella, por lo que acordaron irse juntos a la salida, de esa forma, Bella le informaría la manera más directa de viajar del establecimiento a su hogar. Alice había acordado acompañarlos, de esa forma, dejarían a Josh en su departamento y luego pasarían juntas una tarde de chicas, aliviando las penas de amor de Bella.

—Muchacho sexy, ¿estás listo?

—Creo que sí, ya he firmado todos los papeles de ingreso así que soy parte oficial de este establecimiento.

—Entonces, ahora es cuando debo decir: "bienvenido oficialmente profesor". Vamos, esperaremos a Alice en el estacionamiento.

Empezaron a caminar mientras ambos colegas charlaban.

— ¿Y cómo ha ido el primer día? —habló ella primero.

— ¿Puedes creer que una de mis alumnas se atrevió a coquetear conmigo?

—Oh, Dios. —Bella largó una fuerte carcajada—. Dime quién, por favor.

—Aún no sé el nombre de todos mis alumnos, Bella. Es una jovencita de cabello colorado. Tiene un buen cuerpo, no lo niego, pero no soy estúpido para caer en ese juego.

— ¿Colorado? ¿Tiene el cabello enrulado? ¿Más o menos hasta la altura de sus codos?

—Sí, estás describiendo a mi futura pesadilla personal. ¿Me equivoco?

—No: será una pesadilla. Se llama Meredith, ha estado intentando flirtear con varios de los profesores de aquí, pero nunca fue nada serio. Según Alice, es parte de la edad y la fantasía de toda adolescente, enamorar a un profesor. —A medida que las palabras se unían la cara de Josh iba palideciendo y Bella no podía dejar de reír.

— ¡Maldición, Bella! Ella hablaba con esa voz chillona que tiene preguntándome estupideces, trataba de tocarme constantemente sin ningún motivo. Juro por lo más sagrado que no hice nada para que ella posara sus ojos en mí.

—Prepárate, Josh; Meredith será tu alumna enamorada por el resto del año. O, al menos, hasta que llegue un nuevo profesor.

—Creo que hablaré con el coordinador, necesitaremos a alguien nuevo.

—Cuando Alice sepa esto se reirá muchísimo.

Ambos colegas estaban envueltos en tan agradable conversación de camino al estacionamiento que ninguno de los dos se dio cuenta de que eran seguidos por una mirada de halcón que se encaminaba hacia ellos.

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El viaje de más de dos horas había parecido interminable. Edward estaba desesperado por llegar a casa y así poder hablar con Isabella. Ella debía escuchar sus explicaciones y entender que nada de las estúpidas historias que los malditos periodistas decían y publicaban eran ciertas. Era verdad que las imágenes que le habían tomado con esa zorra daban mucho que pensar y eran fáciles de mal interpretar, pero no era cierto lo que decían, él no había engañado a su chica.

Le había dejado muchísimos mensajes a Bella en el correo de voz de su casa y en el teléfono celular, le había enviado mensajes de texto, pero ella no había respondido ninguno.

Al finalizar el último show en el en el Teatro de la Quinta Avenida, toda la banda salió a festejar el inicio de dos semanas de vacaciones antes de partir a Canadá, donde tenían unos seis shows previstos, por ende, permanecerían tres semanas en el país del Norte. Edward había pensado distribuir esas dos semanas en actividades con sus chicas, sí, quería compartir ese tiempo con Bella y con la pequeña Julie.

Edward condujo sin parar desde el hotel donde se alojaba hasta su casa, donde tomó una relajante ducha, ya que eran las 4:30 de la mañana y Bella estaría durmiendo. Al menos, esperaba que ella pudiera dormir, ya que él no había podido pegar un ojo y decidió regresar directamente y no esperar hasta el otro día como la mayoría de sus compañeros de banda.

Había contratado un automóvil de alquiler para llegar temprano a casa y lograr hablar lo antes posible con Bella. Sabía que su chica estaba más que enojada y había creído cada una de las mierdas que estaban diciendo por todos lados de él.

Salió de bañarse y prendió el reproductor de música donde empezó a sonar Other voices de The Cure, y Edward acompañó la voz de Robert Smith sintiendo cada una de las palabras que decía en esa canción.

Whisper your name in an empty room

You brush past my skin

As soft as fur

Taking hold

I taste your scent

Distant noises

Other voices

Pounding in my broken head. (1)

Edward se puso unos jeans oscuros y una remera blanca con cuello en V mientras seguía cantando a todo pulmón.

Smile at me slyly

Another festive compromise

But I live with desertion

And eight million people

Distant noises

Of other voices

Pulsing in my swinging arms

Caress the sound

So many dead. (2)

Tomó su billetera, sus llaves y partió a encontrar a su chica. Camino al departamento de Bella, Edward conectó su IPod al estéreo de su amado Volvo y la reproducción al azar comenzó a sonar "I belong to you", de Lenny Kravitz. Parecía cosa del destino pero esas letras se veían tan reflejadas en su situación emocional…

I belong to you

And you

You belong to me too

You make my life complete

You make me feel so sweet

You make me feel so divine

Your soul and mind are entwined

Before you I was blind (3)

Estacionó el auto en el edificio de Isabella y se encaminó hacia el portero, tocó un par de veces el timbre de su piso, pero nada; Bella no contestaba. Lo intentó un par de minutos más hasta que un hombre fornido de unos treinta y tantos años se asomó hacia la puerta para saber el motivo por el cual ese joven permanecía tocando insistentemente.

— ¿Señor?

—Hola.

— ¿Busca a alguien en especial?

—Sí, a Isabella Swan.

—Oh, Bella no se encuentra, salió antes, ya que tenía que hacer unos trámites, luego iría a dar sus clases normalmente. ¿Y usted es…?

—Edward, el novio de Bella.

—Mucho gusto Edward, tal vez puedas encontrar a Bella en el instituto.

—Sí, eso haré. Muchas gracias.

Edward subió nuevamente a su automóvil y emprendió el camino hacia las clases de Bella pensando en cómo le explicaría todo lo que en verdad había pasado en la noche de "Night's". Las fotos daban a entender una cosa que nunca había existido pero, ¿cómo hacer que Bella creyera lo que en verdad había pasado?

Manejó envuelto en sus pensamientos hasta llegar a la entrada del establecimiento. El lugar estaba atestado de gente que, seguramente, iba en busca de sus hijos. Según su reloj, Bella debería salir en unos minutos ya que ella era profesora de cuarto año.

El cobrizo no bajó del auto, se quedó dentro de este esperando por la salida de su chica; tenía miedo de que si Bella lo veía tratara de huir. Al cabo de unos minutos la vio salir.

Bella se veía cansada, unas pequeñas líneas marrones se dejaban ver debajo de sus hermosos ojos chocolates. Reía con su acompañante. Vestía una blusa del mismo color que sus ojos, y unos jeans negros, acompañaba a estos con unos zapatos de tacos chinos y su campera de cuero negra. Pero los ojos de Edward se centraron en el joven de pelo corto castaño que rozaba estúpidamente a Isabella. No dejaba de sonreírle a ella, algo le estaba contando y mientras lo hacía buscaba constantemente la manera de tocarla. Ponía sutilmente sus manos en los brazos de Bella intentando llamar su atención mientras conversaba con ella.

Por la mente del cobrizo pasaron miles de cosas. ¿Quién es el imbécil ese? ¿Qué hace Bella con él? . Era inútil pensar en todas las idioteces que se le estaban ocurriendo en la cabeza, por lo que decidió dejarlas a un lado e ir en búsqueda de su mujer, porque Bella era su mujer y lo dejaría en claro frente a cualquier idiota que intentara flirtear con ella. Bajó del auto y se encaminó hacia donde Isabella estaba parada en compañía de ese joven.

—Bella, cariño. —Se acercó hacia la castaña, puso sus manos en las caderas de ella y se inclinó besando amorosamente los labios de una estática Bella.

—Ed… Edward ¿Qué haces aquí? —Los sentimientos de Bella se arremolinaron y mezclaron en el momento en que el cuerpo de quien era el dueño de sus sueños apareció frente a ella. Todo el odio que sintió al ver las fotos se esfumó, las ganas de abrazarlo y besarlo se aferraron a ella. Trató de dejar de lado esos malditos sentimientos y concentrarse en no caer nuevamente en su trampa. Pero la cercanía de él hacía más difícil todo tipo de reacción.

—He venido por ti. —Se inclinó hacia su oído, mordió sutilmente su lóbulo y susurró—: tenemos que hablar, Bella, por favor.

Edward sabía que tenía todas las de perder si Bella no cedía aunque fuese un poco a él. No podía dejarla pensar mucho, sabía que para que Bella lo escuchara tenía que acorralar sus sentimientos y no darle espacio. Presionó la cintura de ella y sus dedos se deslizaron con pequeños círculos por su espalda baja, haciendo vibrar a Isabella.

—Yo… yo… acordé llevar a Josh a su departamento. —Las palabras parecían haber huido del cerebro de Bella, era increíble que siendo profesora no contara con el maldito léxico que había aprendido durante tantos años.

—Bella, puedo ir en taxi, no te preocupes. Además, esperaré a Alice.

—Mucho gusto, soy Edward Cullen, novio de Bella. —Edward aprovechó para marcar terreno con el joven que estaba frente a él. Quería dejarle en claro que Isabella era suya, y ningún idiota pondría sus malditas manos en ella. Solo él. Pero si lo hacía, Bella estallaría, y no era momento de generar un motivo más para su enojo.

—El gusto es mío, Edward. Soy Josh McCanegan, colega de Bella y profesor de Ciencias Políticas.

—Edward, no quiero hablar ahora, ya acordé llevar a Josh y pasar la tarde con Alice.

— ¿Hablaban de mí? —Como si viera el futuro, Alice apareció con su menudo cuerpo saltarín frente a los jóvenes—. Creo que la tarde de chicas se cancela, ¿cierto?

La voz de Bella fue automática:

—No.

Pero Edward respondió al mismo tiempo:

—Sí. Bella y yo tenemos que hablar de unas cosas, Alice. ¿Puedes llevar tú a Josh?

—Lo haría encantada, pero no traje mi auto. Pero podemos compartir un taxi, así que no se preocupen tórtolos.

Alice era la mejor amiga de Bella desde que se conocieron en la universidad, cuando cursaban sus carreras. Ambas compartían algunas escasas materias a pesar de que diferían las áreas a las que se dedicarían. Sus tardes de estudios crecieron a medida que el tiempo pasaba y se iban conociendo. Decidieron compartir departamento cuando les faltaban dos años para recibirse. Habían pasado por desamores y amores juntas, apoyándose en la otra cuando las cosas iban mal, y compartiendo la felicidad cuando las buenas hacían acto de presencia. La llegada de Julie hizo que Bella tomara una nueva decisión, y se mudó para estar más cerca de la niña. Buscó un trabajo hasta consolidarse en él. Y Alice, como media naranja, había llegado al mismo sitio que su amiga hacia año y medio, cuando su relación con Peter había fracasado.

La noche de las malditas fotos, Bella se había envuelto en su burbuja y había permanecido en su departamento. Alice no sabía que la pareja que estaba frente a sus ojos no pasaba su mejor momento.

La mirada de Bella la hizo dudar de su última frase.

—Aunque, si Bella… quiere… o necesita irse, digo llevarnos, podemos ir con ella —dijo cada palabra de esa nueva oración de manera incoherente y titubeando.

—Alice, por favor, toma las llaves de Bella y llévate su auto. Bella vendrá conmigo. —La voz del cobrizo era firme, autoritaria. No le daba alternativa a la pequeña psicóloga.

—Yo… uh. ¿Bella?

—Está bien, Alice. Toma. —Le tendió sus llaves a su amiga—. Lleva a Josh y dile cómo viajar para que su estadía aquí sea más cómoda.

—Ok. Vamos, Josh. —Alice saludó al cobrizo con un pequeño beso en la mejilla y abrazó a su amiga, susurrándole:

—Solo llámame si me necesitas. Sabes que estaré siempre para ti.

Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas y asintió, correspondiendo el abrazo. Saludó a Josh con su mano y se giró.

Edward la siguió mientras ambos se encaminaban hacia el volvo. Cuando llegaron abrió la puerta del acompañante para que Bella subiera, y se dirigió al asiento del conductor. Arrancó y condujo en dirección a su casa.

La pareja se mantuvo en silencio durante el camino, solo la suave música que sonaba en el auto llenaba el vacío entre ellos. A medida que la melodía iba sonando, los ojos de Bella se humedecían. Edward la miraba de reojo, mientras pensaba en cada una de las palabras que diría para que ella entendiera que no había pasado nada esa noche en "Night's". Cuando vio que Bella estaba a punto de darle paso a esas lágrimas que trataba de mantener en su lugar, detuvo el auto en la banquina, se desprendió del cinturón de seguridad y tomó a Bella en un fuerte abrazo.

—Ya… ya cariño. Puedes odiarme por ser un imbécil, puedes odiarme por ser el causante de estas lágrimas, pero no puedes odiarme por serte infiel, porque juro por Julie, que es el ser que más amo en este mundo, que no pasó nada con esa joven. —Los sollozos de la castaña se hacían incesantes y cada vez más fuertes. Sentirlo nuevamente era volver a respirar—. Puedo explicarte todo, todo lo que pasó, incluso la maldita escena que tomó ese estúpido fotógrafo. —Tomó el rostro de Bella entre sus manos—. Escúchame, cariño, eres la mujer que amo, la única mujer con quien quiero hacer el amor, la única con quien soy yo. No existe otra.

Entre sollozos Bella trató de preguntar.

— ¿Pero?… ¿La foto…?

—Amor, escucha: te explicaré todo. Juro que no pasó nada. Te contaré todo cuando lleguemos a casa. Cálmate. No llores más. ¡Dios, Bella! Odio verte llorar.

—Está bien. Yo… yo quiero escuchar.

—Vamos a casa, amor. Ahí hablaremos. Solo recuerda que te amo. —Inclinó su rostro para encontrarse con el de ella y la besó. La besó con tanto amor como era posible besarla. No había deseo carnal en ese beso, solo amor.

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Traducciones:

(1)

Susurré su nombre en un cuarto vacío.

Acaricias mi piel tan suave como terciopelo,

te abrazo y me gusta tu aroma

Los ruidos distantes.

Otras voces golpeando en mi cabeza rota.

(2)

Sonríeme astutamente.
Otro compromiso social.
Pero vivo con la deserción.
Y ocho millones de personas.
Los ruidos distantes.
Otras voces.
Pulsando en mis brazos oscilantes.
Acaricio el sonido
tantos muertos.

(3)

Te pertenezco a ti,

y tú me perteneces a mí.

Tú haces que mi vida sea completa.

Tú me haces sentir tan bien.

Tú me haces sentir tan divino.

Tu alma y la mía están combinadas

Antes de ti yo estaba ciego.


Buenas, eh cumplido con el plazo de una semana!

¿Tendremos reconciliación? Esta pareja me saca canas verdes! XD

Gracias a mi adorada beta, Esteph, que hizo mil esfuerzos entre sus exámenes para betear esta locura, y a Flor Carrizo, quien nos facilito con rapidez este capítulo.

Gracias por cada review, juro que los leo a cada uno de ellos, pero en este momento no puedo parar a contestar uno por uno porque el tiempo escasea. De todas formas saben que son el bálsamo de afecto y energía para que pueda escribir.

Gracias a todas las que leen en las sombras, dejen o no su review es un placer saber que leen mi locura.

Gracias a cada una de ustedes. Soy reiterativa con el "GRACIAS" pero todo se lo debo a ustedes.

Nos leemos la semana entrante si Dios y mi imaginación me acompañan!

๑۩۞۩๑

#Andre!#