Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer porque aun no los pude comprar, y esta locura me pertenece! XD
Capítulo beteado por Estephany Twilighter Priego Vazquez (Esteph-PV17) de Betas FFAD.
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Capitulo 17
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La llegada a casa de Edward fue un poco más sostenible; el haber hecho esa parada y haber calmado un poco las sensaciones de ambos fue una especie de calmante.
Edward estacionó el automóvil en la entrada y bajó para ayudar a Bella a descender. Caminaron de la mano hasta adentrarse en la casa.
Bella caminó hasta el living donde tomó asiento mientras Edward se encaminó hacia la cocina en busca de café para ambos. Iban a tener que aclarar las cosas y no sería algo corto de hablar.
Edward volvió con dos humeantes tazas de café y se situó al lado de Bella, entregándole una de las tazas.
—Creo que tenemos mucho para decir, y soy quien debe explicarte todo. —Ella asintió con la cabeza—. Solo te pido que me dejes terminar y luego puedes decir lo que pienses y sientes.
—Ok, te escucho entonces.
El cobrizo tomó aire y empezó el relato de todo lo sucedido en la maldita noche de "Night's".
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— ¿Entonces juras que nada de lo que apareció en los titulares de noticias es verdad? —preguntó Bella con los ojos llenos de lágrimas, al darse cuenta de que todo su sufrimiento y dudas fueron en vano. Edward nunca le haría daño.
—Nada de lo que esos idiotas publicaron es cierto. Es verdad que la imagen puede dar a entender otra cosa, pero te lo juro, cariño, no fue eso lo que pasó.
—Está bien, te creo. Sé cómo pueden ser esas fans con ustedes.
—No eran fans, amor. Eran zorras que buscaban una polla famosa que les asegurara unos minutos en algún programa televisivo.
—Soy una idiota. —Edward negó tomando su rostro entre sus manos.
—El idiota soy yo, nunca debí quedarme. Tendría que haberme levantado ni bien noté sus malditas intenciones. Fui un idiota que no pudo prevenir este dolor que nos ocasioné.
—Perdón por no escucharte antes.
—Perdóname tú por no evitar todo esto.
—Te amo, Cullen, más que a nada. Lo sabes, ¿cierto?
—Puedes recordármelo subiendo a la habitación.
— ¿Quieres ayudarme?
— ¡Oh, Dios! Encantado. Levanta ese lindo trasero y ven conmigo.
—Cullen, ¿estás tratando de llevarme a tu cama?
—Incorrecto. Estoy intentando llevarte a nuestra cama.
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Edward tomó a Isabella de la cintura y la hizo girar suspendiéndola en el aire, pegó su erección en la intimidad de ella sin penetrarla, solo rozándola. Agarró a la castaña con un brazo manteniéndola firme mientras su lengua hacía estragos con la de ella.
— ¿Recuerdas esto, amor? —Acarició las cuerdas que colgaban mientras sonreía con esa sonrisa torcida. Ella asintió. Sabía que no podía alejarse de él, ella estaba destinada a lo que él quisiese hacer con ella—. ¿Quieres volver a recordarlo?
—Quiero que me marques, quiero tocar el cielo contigo, Edward.
—Y lo haremos, te juro que tocaremos el cielo, amor.
Su mirada se encontró con la de Edward. Ella confiaba en el Edward lujurioso, en el Edward dominante, en el cabrón que podía hacerla enfadar, en el sádico que la llevaba a tener los mejores orgasmos que el mundo podía ofrecer. Lo miró con adoración, con amor, con respeto por defender lo que era suyo, con deseo. Él respondió con la misma mirada, con esa mirada verde esmeralda que brillaba y profesaba mil y una palabras de amor, de entrega, de confianza, del mismo deseo que ella le correspondía. Era su forma más natural y sincera de decirle que la amaba, sin palabras, solo con esa sincera mirada.
Los ojos de la castaña empezaron a picar, se llenaban de lágrimas poco a poco, las cuerdas vocales parecían estar atadas a un nudo que no permitía que de ellas saliera ningún sonido.
La mano izquierda de Edward tomó la nuca de Bella y la besó con hambre, con deseo, con pasión. Fogosa y apasionadamente, de manera desesperada. Los miedos que había sentido en todas esas horas de incertidumbre tenían que salir por alguna vía de escape, y fue ese beso la salida.
Las piernas de Bella se encontraban inestables, igual o más que su respiración. El cobrizo posó ambas manos en sus nalgas y la alzó. Isabella de forma automática enredó sus largas y tonificadas piernas alrededor de la cintura de su hombre.
El cobrizo presionó aún más las nalgas de Bella para que su pelvis hiciera mayor presión con la suya. Bella sentía la cabeza del miembro de Edward punzando por penetrarla en cada movimiento. La ropa estorbaba, la temperatura hacía sofocante el ambiente.
Ambos empezaron a desprenderse de sus prendas entre besos y caricias. Caricias de todos los colores y sabores, suaves y desesperadas.
Cuando ambos quedaron desnudos, Edward tomó a Isabella de las manos y su beso se volvió más feroz, la respiración de ella empezó a entrecortarse, gruñidos se escapaban de ambas partes.
—Sube los brazos, pequeña —dijo con su voz firme y endiabladamente sexy.
Los músculos del vientre de Bella se contrajeron levemente por la sensación que recorría cada célula de su cuerpo, por la anticipación del placer que ese hombre le iba a otorgar.
Ella hizo caso a sus palabras y las extendió de forma vertical dejando que él amarrara sus manos en los grilletes de terciopelo, sujetos con las cuerdas que estaban atadas al techo, dejándola indefensa y dispuesta para él.
—Ahora vamos a jugar, cariño. ¿Estás lista? —Asintió excitada y temerosa por cada una de las sensaciones que el hombre que permanecía frente a ella prometía solo con su voz.
Tomó una de las cuerdas y la anudó a la cintura de Bella, afirmándola y alzando su espalda de la cama. Unió esta cuerda a una tira que desprendía de la que sostenían sus manos, manteniendo a la chica apenas unos centímetros sobre la cama.
—Eleva tus preciosas piernas y ábrelas para mí. Tranquila, te ayudaré, confía en mí —susurró mientras tomaba con su mano derecha la cadera de Bella y con la izquierda sujetaba otra cuerda, que se desprendía de la anterior, con dos pequeñas fajas.
Bella miró de forma interrogante a esta.
—Son para tus rodillas, cariño. Te gustará. —Tomó las rodillas de Bella y fijó cada una de las fajas en las rodillas de ésta. Unió los lazos en la cintura de la castaña manteniendo firmes y abiertas sus piernas—. Así es como puedo afirmar que soy putamente feliz. Tú abierta para mí, y mojada. ¿Estás así por mí, cariño?
Bella estaba anticipando cada una de las cercanas sensaciones que viviría con cada uno de los movimientos de Edward. Cuando apenas la tocaba para ir anudando las cuerdas de terciopelo que la sostenían, su cuerpo vibraba mandando miles de chispas por todo su cuerpo.
—Sí, solo por ti, Edward.
—Buena chica. —La lengua de él lamió desde el hombro hasta el cuello de ella—. Voy a darte tanto placer, amor, que suplicarás para acabar. Voy a hacerte tocar las estrellas. Voy a besar cada parte de tu cuerpo. Lo voy a recorrer con mis caricias y marcaré con mi lengua cada parte de este maravilloso y exquisito territorio. Voy a hundirme en tu coño y voy a demostrarte que eres mía de todas las formas posibles. —Cada palabra en esa suave tonalidad que desprendía la hacía temblar de anticipación—. Voy a elevarte un poco, cariño, tranquila. —Edward sacó un pequeño control remoto que yacía en el cajón de la mesita de luz y presionó el botón verde. Las cuerdas que permanecían en las manos y cintura de Bella empezaron a elevarse de a poco. Una vez que estuvo a unos veinte centímetros aproximadamente, Edward volvió a presionar el botón y todo movimiento cesó.
Su mirada se posó en la intimidad de ella, y su lengua se hizo dueña de sus labios, anticipando todo el placer que le daría a la mujer que estaba frente a él.
—Estás muy mojada, amor. —Bella asintió sin despegar la mirada de sus ojos. La mano de Edward se dirigió a su intimidad y la deslizó entre sus pliegues, los ojos de Bella se cerraron ante la sensación y su cabeza cayó suavemente hacia atrás. Dos de sus dedos se deslizaron hacia la entrada de esta y se hundieron en ella, salían y entraban. Edward repitió ese movimiento a medida que iba subiendo la velocidad de cada uno de ellos. De la boca de Bella salían gruñidos. Su labio inferior era prisionero de sus dientes ante tanto placer. Su mirada no resistió cuando hubo un cambio de movimiento por parte del cobrizo. Su rostro se acercó hacia la intimidad de ella, y su lengua atrapó parte de los jugos que desprendía de su interior—. Mmm… exquisita. Podría alimentarme de ti toda la puta vida, cariño. —Su lengua seguía haciendo círculos sobre su clítoris, sus dedos volvieron a hundirse en ella, subiéndola al límite, llevándola al camino de mil sensaciones y tomando hasta lo último que el cuerpo de su chica le brindaba. Volvió a acariciar con su nariz toda la intimidad de Bella dejando un suave beso entre los pliegues de ésta. Subió dejando un camino de besos húmedos por el cuerpo de la castaña, hasta llegar a sus labios, dejando el sabor de ella misma en su boca. Elevó los dedos que habían estado en su interior y los acercó a los labios de ella—. Pruébate. Prueba como me enloqueces. Saborea lo dulce que eres. —Isabella chupó los dedos y enredó su lengua en ellos quitando todo el resto de sus jugos. Edward gimió ante la visión de esa lengua juguetona.
—No tienes ni idea de lo que me haces sentir. —Acarició su erección hacia arriba y descendió. Imitó el movimiento un par de veces, pasó su dedo índice por su glande, desparramando en su base parte del líquido seminal que empezaba a desprender su órgano—. Tampoco te imaginas cuánto me pone verte colgada y entregada a mí. —Acercó su miembro a los labios vaginales de ella y lo deslizó por sus pliegues haciendo que los puños de Bella se cerraran y de ella escapara un pequeño gruñido.
— ¡Maldición, Cullen! Déjate de juegos.
— ¡No estoy jugando, amor!
—Mueve tu fabulosa polla y fóllame duro ya, ahora, por favor.
—No puedo negarte nada, nena, lo sabes.
Y con esas últimas palabras se hundió en ella.
—Oh, nena, no te imaginas como se ve desde aquí. Tu perfecto coño envolviendo mi polla. Tus jugos bañando mi miembro. ¡Mierda! —Volvió a deslizarse dentro, meciéndose hacia atrás y hacia delante de forma consecutiva.
Las cuerdas facilitaban el movimiento de ambos, y permitía a Bella tolerar más tiempo de placer, a la vez que lo aumentaba. Un pequeño grito se escapó de sus labios cuando la polla de Edward tocó el punto interno de Bella. Ambos gruñeron ante la situación.
—Ed… Edwa… Yo… yo no creo… aguantar más. —Las palabras de Bella salían de manera entrecortada gracias a los gemidos que se escapaban.
—Shhh… aguanta, amor —Edward susurró. Se encontraba a mil—. ¿Puedes? ¡Maldito Dios! ¿Estás lista? —Su voz era ardiente—. ¿Lo quieres, Bella? —Salió de ella y su glande entró para luego volver a salir.
— ¡Demonios, sí! —gritó. Estaba a punto.
—Pídemelo, cariño.
—Por favor —dijo agónica.
—Pídelo correctamente, amor. —Acercó sus caderas a las de Bella jugueteando con su polla en la entrada.
— ¡Maldición!
—Vamos, amor, sé que puedes —susurró suavemente, besando su lóbulo derecho.
— ¡Dios! ¡Cariño, amor, dulzura, dios de mis dioses, pon tu maldita polla en mi centro y muévete rápido y no pares! —Él puso la sonrisa que a ella tanto le gustaba, complacido con la respuesta de su chica; una sonrisita pervertida y complaciente.
—Lo sabía, nena, eres increíblemente caliente cuando usas palabras groseras en la cama —dijo mientras tomaba sus nalgas con sus tonificados brazos, pegando el cuerpo de ella al suyo e introduciendo su polla, dura y altiva, de forma imprevista entre las paredes vaginales de ella. Sus gemidos eran insostenibles y fuertes. La cabeza de Bella daba vueltas y se dejaba caer hacia atrás mientras que las caderas de Edward se movían para unirlas con las de ella. Movimientos ascendentes y descendentes, ininterrumpidos, envueltos en una marea de besos fogosos, dejándolos exhaustos y sin oxígeno.
— ¡Dios, nena! ¿Me sientes? ¿Sientes mi polla en ti? Míranos unidos, nena. ¡Sí, así! —susurrando entre dientes, sacó su miembro apenas de su vagina y volvió a embestirla duramente, manteniendo el agarre de sus nalgas.
Su vaivén era un baile frenético, un columpio en pleno movimiento. Sus arremetidas triplicaban la velocidad generando una mayor intensidad, aumentando las sensaciones de abismo y placer inaguantable.
Bella trataba de mantenerse fuertemente de las cuerdas, temiendo desarmarse si se soltaba.
—Enrolla tus piernas en mi cintura, nena. —Asintió y lo hizo, descansando sus largas y fortalecidas piernas en su trasero.
Edward separó sus manos de la cola de Bella y tomó su cintura firmemente, cambiando el ángulo de embiste y controlando el ritmo de cada movimiento. Bella sentía que su cuerpo iba a partirse en mil pedacitos. No entendía de dónde sacaba tanta energía ese adonis que la poseía.
Edward aumentó la velocidad de sus arremetidas jadeando sobre su cuerpo, moviéndose frenéticamente; el sudor de su frente caía en pequeñas gotitas sobre el vientre de Bella generando una sensación de placer aún mayor.
La boca de la castaña trataba de tomar aire como si este fuera a agotarse, sus jadeos y sus gemidos eran inimaginables, provocados por el dolor tan placentero que él le estaba dando. Cerró los ojos concentrándose en cada una de las sensaciones que su hombre le daba sin poder usar una palabra precisa que describiera lo que sentía. Estaba a punto de perderse, la cabeza le daba vueltas, las piernas habían perdido su peso real, los brazos apenas tenían la fuerza suficiente para mantener su agarre en el cuello de él.
— ¡Mírame, amor! ¡Abre tus ojos para mí! —Su voz era oscura por el deseo y necesitada por la pasión.
Obedeció y su mirada se encontró con una bola de fuego que desprendía esa mirada verde que tanto amaba. Sus paredes vaginales se apretaron a la polla de él anunciando la cercanía a la cima. Los brazos en su cadera afirmaron su agarre y, las fuertes y firmes estocadas eran demasiado para el frágil cuerpo de la castaña que se sentía a punto de estallar.
— ¡Oh, Dios! Edward, yo… hum… No puedo más.
—Espera un momento, solo un poco, cariño. —Elevó la pierna izquierda de Bella sin salir de ella, y la puso sobre su hombro, reanudando las embestidas con mayor velocidad y rigor.
—Ahora, nena. Córrete conmigo. —Y ese fue el indicio necesario para que la bomba atómica que su cuerpo sentía estallase en mil pedacitos, haciendo que su cuerpo vibrara por cada uno de los temblores ocasionados por ese increíble orgasmo.
Edward jadeó y gritó cuando su momento culmine se presentó, inmediatamente apresó los labios de ella besándola con necesidad, temor y pasión. Los movimientos habían reducido cuando el orgasmo de ambos se hizo presente. Los besos bajaron su velocidad pero no desaparecieron, se convirtieron en pequeños mordiscos por parte del cobrizo mientras regulaba su respiración a la vez que la castaña buscaba encontrar nuevamente el sentido para volver a la realidad.
Edward salió lentamente del centro de Bella, con su mano derecha mantuvo el agarre en la cintura de ella, y con la izquierda empezó a soltar los nudos que mantenían a la castaña en el arnés. Desprendió las fajas que se mantenían en las rodillas de Bella manteniendo ambos cuerpos pegados, demostrando que estaba duro y listo nuevamente sobre el vientre bajo de su chica. Cuando la tuvo totalmente liberada, la acomodó suavemente en la cama y volvió a subirse sobre el cuerpo de la mujer que tanto amaba. Succionó la piel de su hermoso cuello y dejando pequeños mordiscos sobre el cuerpo de la chica volvió a introducirse entre sus paredes vaginales.
—Sé que estás cansada, amor, pero aún te necesito —dijo moviéndose dentro de ella—. Quiero sentirte y que me sientas. Muérdeme, clava tus uñas en mi espalda, aráñame, haz lo que quieras conmigo, pero siénteme. —dijo sin levantar la cabeza y acelerando los movimientos endemoniadamente, como solo él lo hacía.
El vaivén era frenético, pero no tan fuerte como en el columpio. La intensidad era la misma, solo que esta vez Bella se encontraba muy sensible. Podía sentir la gruesa erección de Edward entrando cada vez más profundo, llevándola a perder la razón.
—Dios nena, siempre me llevas a la locura —susurró subiendo la pierna hasta su hombro—. Tan estrecha… mojada… por mí… para mí.
—Solo por ti, cariño. Sabes que solo por ti y para ti. ¡Dios!
—No soy Dios, cariño, soy Edward —dijo con una sonrisa pervertida—. Mía… mi chica, mi mujer, mía. —Presionó su clítoris levemente acelerando las sensaciones que le provocaba a Bella y llevándola al cielo. Ella cerró sus ojos ante tanta sensación presente en su bajo vientre, necesitando estallar en ese mismo momento.
Edward aceleró los movimientos en su clítoris, torturándola de placer y acelerando sus embestidas. Su duro miembro entraba y salía con estocadas en los ángulos exactos para enloquecerla. Volvió a afirmar la mano que sostenía la cintura de Bella y los latigazos de placer fueron inaguantables.
Haciendo un esfuerzo sobre humano para abrir sus ojos y verlo, la tensión se reflejaba en el rostro de ambos. Las venas dilatadas en la frente de Edward, la respiración agitada de ambos, todos indicios de el increíble placer que estaban sintiendo.
—Por favor, amor —jadeó de forma entrecortada Bella—. Edward... —Sus uñas se adueñaron de la espalda de Edward arañando en su paso toda la extensión que pasaba bajo ellas. Como pudo llevó su boca al cuello de él y delineó la vena aorta que parecía querer salir de la piel con el torrente sanguíneo a su paso.
Estaban al borde del precipicio, en la punta más alta de la montaña, disfrutando y sintiendo llegar juntos al cielo, tocando las estrellas, con sus corazones latiendo frenéticamente, mezclando sus sudores, y gimiendo entrecortadamente.
—Edward… —Su cuerpo en tensión, la polla entrando hasta el fondo de su vagina, la cabeza empezando a darle vueltas… Enloqueciendo, su cuerpo se sacudió violentamente antes de sentir como sus paredes internas se cerraban contra él, adaptándose a su piel como un guante hecho a medida. Un nuevo orgasmo en la noche arrasando con su voluntad, encendiendo una llama en ella. Sus uñas enterradas en su perfecta espalda baja, escuchando los gritos de la pronta liberación de su hombre.
Edward hundió sus manos en sus caderas, sin pensar en las marcas que le dejaría y que al día siguiente quedarían marcadas. No podía dejar de darle placer, la tomaba enfebrecidamente, quería hundirse y perderse dentro de Bella. Mordió su pecho izquierdo tirando del pezón, enloqueciendo a la castaña aún más.
El infierno se abría paso ante ellos, consumiéndolos. Él trataba de contenerse y llevar un poco más el placer a límites inimaginables, embistiéndola sin piedad. Bella presionó sus paredes vaginales, abrazando su polla y llevándolo a sentir un placer único, a tal punto de que Edward apenas podía continuar con sus embistes.
—Córrete, ahora, nena. —Suspiró ahogadamente—. Dámelo, nena, córrete conmigo. —Bella explotó con solo oír su suave voz enfebrecida por el deseo y la pasión. Edward la embistió un par de veces más antes de maldecir sonoramente y correrse al mismo tiempo que ella.
— ¡Maldición! ¡Cristo! —exclamó antes de salir de su interior y recostarse boca arriba a su lado. La miró insistentemente. Su frente estaba bañada de sudor, su cuerpo en pleno proceso de relajación total y la carrera frenética de su corazón menguando. Bella tomó fuerzas de donde no sabía y admiró el cuerpo desnudo del hombre que amaba. Una sonrisa pícara hizo presencia en el cobrizo, extendió su mano buscando el cuerpo de Bella, invitándola a posarse sobre su pecho.
—Ven aquí, nena. —Palmeó su pecho con la mano libre. Sonriendo de costado—. Vamos, aprovecha. ¿Cuántas veces un sexy cantante te invita a acostarte en su pecho?
Bella arqueó una ceja y dejó que su cabeza descansara en el fornido pectoral mientras la mano del cobrizo bajaba y subía por su columna, mandando pequeños espasmos por todo el cuerpo de su chica.
—Creo que volvió tu ego, Cullen.
Él soltó una carcajada e inclinó su cabeza para unir de nuevo sus labios.
Pasaron varios minutos en silencio, tratando de recuperar el ritmo normal de sus corazones y buscando encontrar nuevamente fuerza. Ambos reflejaban en sus rostros felicidad.
— ¿Estás dormida? —preguntó el cobrizo, a lo que Bella negó con la cabeza—. Estaba pensando en un fin de semana en Carolina del Norte.
— ¿Con Julie?
—Solos tú y yo, cariño. Un fin de semana de muchas caricias, besos, charlas donde me contarás quién es el idiota que estaba contigo cuando te encontré. Y lo mejor: tendremos mucho sexo.
—Eres endemoniadamente sexy cuando te pones celoso.
— ¿Qué dices, entonces? ¿Tomamos un fin de semana para nosotros?
—Me encantaría.
—Entonces arreglaré todo para irnos —aseguró, capturando los labios de la mujer que amaba y tumbándose encima de ella para una nueva batalla de sexo.
Y llego la reconciliación, veremos como les va en ese fin de semana romántico!
Gracias a mi adorada beta, Esteph, que hace mil esfuerzos para betear esta locura, y me tiene muchísima paciencia.
Gracias por cada review, chicas, juro que los leo y, soy reiterativa, pero en este momento no puedo parar a contestar uno por uno porque el tiempo escasea. De todas formas saben que son el bálsamo de afecto y energía para que pueda escribir.
Gracias a todas las que leen en las sombras, dejen o no su review es un placer saber que leen mi locura.
Gracias a cada una de ustedes. Soy reiterativa con el "GRACIAS" pero todo se lo debo a ustedes.
Nos leemos la semana entrante si Dios y mi imaginación me acompañan!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
