Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer porque aun no los pude comprar, y esta locura me pertenece! XD

Capítulo beteado por Estephany Twilighter Priego Vazquez (Esteph-PV17) de Betas FFAD.

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Capítulo 18

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El momento de intimidad de la pareja no solo había llenado ese vacío que la noche de "Night´s" había causado, sino que había calmado las dudas de Bella, las dudas de cuánto en verdad era lo que Edward la amaba.

Cada palabra mencionada por los dulces labios del cobrizo, cuando le explicaba lo sucedido y cuando intentaba hacerla ver cuánto amor le profesaba, era el bálsamo necesario para creer en él.

Entendía el trabajo de Edward, pero no podía negar que odiaba la parte en donde las zorras esas que decían llamarse fans intentaban meterse en la cama de su hombre, y sí, no habían dudas; Edward era su hombre y como tal no dejaría que nadie se metiera entre ellos. Ninguna de esas mujeres baratas entraría y voltearía su relación. Él lo había dicho, era a ella a quien amaba y era ella su mujer, su chica, su amor. Las demás simplemente eran oportunistas que esperaban tener esos míseros minutos frente a una cámara de televisión.

Pero Bella intuía algo más detrás de esto. Isabella Swan sabía que estas situaciones se iban a repetir. Es decir, fotos mal intencionadas, periodistas inventando historias inexistentes, sin pensar en la opinión de la familia de Edward. Los canales de chimentos solo querían rating, nada más, no les interesaba si la información era real; manipulaban imágenes, situaciones, y de una simple línea armaban una historia irreal. No se paraban a ver si realmente era cierto lo que estaban transmitiéndole a millones de personas que verían esas noticias. No les importaba el daño que ocasionarían con esas mentiras. Nada les importaba, solo el rating que sus noticias proporcionaran. El medio periodístico podía ser el enemigo más cruel para los famosos. Hacían más daño que el peor accidente automovilístico.

Edward, por su parte, se juró no volver a ceder ante esas situaciones. Se prometió no volver a dañar a Bella como esa noche. Dañar a Bella era dañarse él mismo. Y sentía en su parte más interna que Bella era la mujer que lo acompañaría por el resto de su vida. Sus sentimientos eran tan fuertes que hasta lo asustaban, no podía negar cuánto la amaba, pero no podía mostrarse frente a todos con ella por una sola razón, la más importante de su vida: Julie.

Tanya se había mantenido calmada frente a todo lo sucedido en esa fatídica noche, y Edward no presentía nada bueno con ese silencio de parte de su ex mujer. Ya había acordado con su abogado, Tom Wisley, tener de antemano una defensa armada si algo de su relación con Bella salía a la luz. Mantuvo una nota mental de comunicarse con el abogado al regreso de su escapada romántica. Tan solo 48 horas y partiría con Bella a pasar un fin de semana lleno de amor y tiempo compartido entre ellos. Ya había acordado todos los detalles para partir el viernes en la tarde hacia Carolina del Norte.

Llamó a Tanya y acordó pasar a visitar a Julie, no eran sus días de visita y creyó que su ex se lo haría más difícil y no le permitiría ver a Jul, pero nada de eso pasó. Tanya accedió sin ninguna negativa, cosa que sorprendió a Edward.

Llegó a su antigua casa y estacionó su amado Volvo. No llegó a cerrar la puerta del auto, cuando una pequeña mariposa saltarina de cabellos rubios destellantes como el sol, corrió a sus brazos.

—Papi, papi, papito. Te estradné mucho.

—Hola, mi amor. También te extrañé horrores. ¿Cómo has estado?

—Bien, papi. Mi tía Bella estuvo codmigo esta mañana, pasó a jugar codmigo y con Cindy.

— ¿Cindy? ¿Quién es Cindy, Jul?

—Cindy es mi muñeca, me la degaló mi tía Bella hace unos días.

—Oh, entonces tienes que presentarme a esa chica Cindy, estoy ansioso por conocerla.

—Sí, ven, vamos a tomad el té con Cindy.

—De acuerdo, pero antes, ¿qué te parece si me das un fuerte abrazo y un gran beso?

—Mmm… ¿puedo pensadlo?

—Pequeña malvada, ¿no le darás amor a tu dulce padre?

—Sí, mucho amor.

La pequeña niña con sus dulces ojos verdes llenó a su padre de besos mientras entraban en la casa. Matilde, el ama de llaves de Tanya, se acercó y le ofreció café, a lo cual Edward aceptó gustosamente. Pasaría unas horas con su pequeña, al menos hasta que Tanya volviera de una de sus muchas salidas.

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La tarde había sido amena, su pequeña era una cotorrita que no paraba de hablar. Le contaba uno y mil secretos que mantenía con sus muñecas y, obviamente, con su querida tía Bella.

Edward veía la unión de sus dos mujeres, eran tan unidas; Bella pasaba la mayor parte de su tiempo libre con Julie. Era muy diferente a Tanya, quien distribuía su tiempo libre con amigas o salidas de compras; casi nunca las compartía con Julie. En cambio, Bella pasaba todas sus escasas horas libres junto a la pequeña, aunque últimamente trataba de pasarlas junto a Edward, siempre se hacía un espacio entre sus obligaciones para Julie, cosa que hacía que el amor que Edward sentía por Bella se hiciera más fuerte y poderoso. Sabía que su chica amaba a su hija, y eso lo hacía amarla más.

—Papi, ¿aceptas o no?

— ¿Qué?

—Que si aceptas sed el pindcipe con Cindy o no.

Edward soltó una carcajada cuando la pregunta de su hija lo sacó de su nube.

— ¿Y es acaso que ya no soy tu príncipe?

—Siempe serás mi pindcipe.

—Pequeña malvada, intentarás cambiarme cuando seas más grande. Júrame que nunca tendrás un novio para que tu padre no muera de celos.

—Papi, ya tengo novio.

La cara de Edward pasó del rojo al pálido en solo unos segundos.

— ¿Cómo que tienes novio?

La pequeña empezó a reír mientras veía a su padre.

— ¿Julie Marie Cullen?

La niña estalló en una carcajada igual que su padre, no había dudas de que esa chiquilla había sacado grandes rasgos de Edward, entre ellos esa dulce risa. Edward tomó a la pequeña de la cintura y la subió al sofá en donde estaba sentado y comenzó a hacerle cosquillas por todas partes.

—Ya… ya… papi, teno coquillas, pofis.

—Esto te enseñará, jovencita, a no hacer ese tipo de bromas.

—Era un chistecito, papi. Po fis tengo coquillas…

—Júrame que serás siempre de papá y te dejaré de hacer cosquillas.

—Te lo juro, te lo juro.

Edward acarició la nariz de su pequeña hija guardando en su mente cada uno de los detalles de ella. Julie era una pequeña dulce y agradable, tan llena de vida y con muchos sueños, sueños que Edward estaba seguro que ayudaría a cumplir. Su hija sería feliz, se tropezaría a lo largo de la vida, pero él estaría ahí con ella para aliviar el dolor de cada golpe. Bella era la mujer que amaba y lo hacía sentir vivo, pero Julie era su razón de vivir. Ambas tenían el combustible necesario para él. Acarició la mejilla de su hija y besó su frente.

—Prometo amarte hasta el final de mis días, vida de mi vida.

— ¿Otra vez prometiendo cosas que nunca cumplirás, Cullen? —La voz de su ex esposa interrumpió ese momento íntimo entre él y su hija, destilando veneno, amargando el dulce momento.

—Tanya, solo tú puedes arruinar un buen momento. —Se giró nuevamente hacia Julie y besando la cabecita de esta la abrazó suavemente—. Te vendré a ver la semana entrante, cariño, papi saldrá de viaje pero al regresar vendré por ti y pasaremos unos días juntos, ¿quieres?

—Sí, po fis papi. ¿Puedo llevar a Cindy?

—Claro que sí, amor. Puedes llevar a quien tú quieras.

— ¿Puedo llevar a tía Bella, también?

—Si tu tía Bella quiere ir puedes invitarla. —Edward miró de reojo la reacción de Tanya, y vio cómo su cara se transformaba y se impregnaba de… ¿ira?—. Aunque podríamos solo salir tus chicas y yo. Podríamos tener un día de padre e hija. ¿Qué dices?

—Mmm… pero… ¿podemos compadle algo a mi tía Bella? Es que mi tía es muy buena comigo.

—Claro que sí, cariño, le compraremos algo a tu tía.

—O tal vez tu padre podría hacer algo más productivo y presentarle un amigo a tu tía Bella. Así tu tía se enamoraría y sería muy feliz.

La ponzoña en la voz de Tanya lo enfureció. Edward intuyó que Tanya se traía algo entre manos, pero no estaba seguro de qué.

—Sí, papi, compadle un amigo a tía Bella, así se casa y es una novia hemosisisima.

Edward miró a su ex de forma asesina, ya que esa mujer no pensaba lo que decía frente a una niña de cuatro años. ¿Cómo se le ocurría meter esas ideas en la cabecita de Jul? ¿Es que acaso Tanya sabía algo de lo que pasaba entre ellos? Pero la mirada de Edward parecía no molestar a Tanya, al contrario, su mirada desafiante estaba a la espera. Pero sabía que nada de lo que rebatiera con Tanya le haría bien a Julie, así que volvió a centrarse en ella.

—Escucha, bebé, un novio no se regala ni se compra, es algo más complejo. —Las palabras parecían haberse escapado de su memoria, en esos momentos era cuando más necesitaba la habilidad de Bella con las palabras—. No es como un muñeco que compras para que sea el novio de tu Barbie; para ser un novio en la vida real se necesitan más cosas, por ejemplo, amor.

—Vaya, Cullen, pensé que nunca conocerías esa palabra.

— ¿Amod, papi? ¿Como el que tú y yo nos tenemos?

—Claro, un amor parecido, porque nadie puede amar más de lo que yo te amo a ti.

—Yo te amo hasta el infinito.

—Y yo te amo hasta el infinito punto rojo.

Ambos soltaron una carcajada picara y llena del amor que destilaban.

—Oh por Dios, basta de tanta pavada, Cullen, vete de mi casa.

—Eres tan sutil, Tanya.

—Soy tan sutil como lo eres tú con las zorras con quienes te revuelcas. ¿Qué harás cuando Julie sea más grande y vea a todas tus putas saliendo en la TV, contando cómo te las follaste la noche anterior?

— ¿Zodas? ¿Qué es eso, papi?

— ¡Dios, Tanya! ¡Fíjate lo que dices frente a la niña!

—Ay, vamos, Cullen, ahora me dirás que me fije como hablo frente a Julie, cuando a ti, idiota, no te importa exponerla con tu maldita vida sexual.

Edward estaba a punto de perder sus cabales, deseaba golpear a Tanya, pero era imposible, desgraciadamente Tanya era una perra, pero era mujer y si algo le había inculcado su padre era el respeto al género, aunque su ex no se lo mereciera. Se paró del sofá y se dirigió a su hija.

—Bueno, amor, papá tiene que irse. Prometo pasar por ti el martes en la mañana. ¿Me extrañarás?

—Sí, papi. Pepararé mi valijita lila con mis cosas para id contigo.

—Genial, bebé.

El sonido de la puerta abriéndose los hizo girar a los tres. La mirada de la castaña pasó desde Tanya a Julie, hasta terminar en Edward. El ambiente se sentía pesado, pero el alma juguetona de Julie disolvió un poco esa nebulosa al salir corriendo hasta la entrada donde, de un salto, terminó en brazos de Bella.

—Tía Bellaaaaaaaaaa.

—Ouch. Hola, mi amor. ¿Cómo estás?

—Bien, papá estuvo jugando comigo y Cindy.

— ¡Qué bueno! Mira lo que te traje. —Bella sacó de su cartera una pequeña bolsita rosa con los caramelos preferidos de la niña.

—Gacias. Te quero mucho.

—Yo más, cariño.

Bella bajó a Jul de sus brazos y caminó hasta donde se encontraban Tanya y Edward; saludó a su hermanastra con un simple beso y se giró hacia su hombre. Compartieron una sutil pero fuerte mirada, donde se transmitían amor y deseo.

—Hola Edward.

—Hola Bella.

Tanya no se perdía nada, su mirada alternaba entre los dos personajes que tenía frente a ella. Necesitaba descubrir si había algo entre ellos. No aceptaba la idea de que la ratita insignificante de su hermanastra se hubiese salido con la suya y conquistara al maldito idiota que no había sabido amarla y que la había dañado hasta dejarla vacía de amor. La voz de la pequeña los sacó de la acalorada situación.

—Tía, el sábado tego clases de ballet, ¿irás comigo?

Bella había estado manteniéndose informada respecto al fin de semana romántico que viviría con su novio a través de mensajes, él le había informado que saldrían el viernes en la tarde y regresarían el lunes a la misma hora, era imposible estar en dos lugares, así que esta vez su pequeña sobrina tendría que disculparla pero no podría ir con ella.

—Oh, cariño, no podré ir contigo porque ya acordé con una amiga para pasar un fin de semana en un spa.

—Hermanita… —con una sonrisa macabra Tanya se dirigió a Bella—, qué casualidad, Edward también saldrá de viaje, tal vez, de casualidad terminen en el mismo spa.

—Yo… hum… lo dudo. Alice y yo iremos a un spa de mujeres. —Trató de crear una mentira veloz para salir de esa situación sin que Tanya notara que sus palabras eran tan débiles como arena entre los dedos.

—Eres tan sutil, Tanya. Si quieres idear en tu vacío cerebro un encuentro entre Bella y yo, es tu problema. Tengo que irme, aún me quedan cosas pendientes para el viaje, y perder mi tiempo contigo no es uno de mis pasatiempos preferidos. —Se inclinó hacia donde Julie se encontraba comiendo sus caramelos—. Adiós, bebé, recuerda que pasaré por ti el martes al mediodía. Te amo, no lo olvides. —Luego de darle un beso en la frente a su hija se dirigió hacia Bella, y sonriendo de costado, solo para que su chica lo viera dijo—: Adiós, Bella, espero disfrutes de tu fin de semana en el spa. —Le dio un casto beso en la comisura de sus labios y se encaminó hacia la puerta, pero se detuvo al llegar a donde su ex se encontraba, se inclinó y le susurró—: Adiós, Tanya. Que tengas un fin de semana donde te follen bien porque necesitas una buena follada para cambiar tu mal humor y dejar de ser tan perra, aunque eso es parte de tu naturaleza. —Y con esas palabras, Edward retomó su camino hacia la salida, riéndose audiblemente.

La cara de Tanya se tornó roja de la furia.

—Idiota, ojalá te den por el culo.

—Eso es lo que deseas que te den a ti, Tanya, pídeselo a papá Noel, tal vez él te cumpla tus deseos.

—Estúpido.

Edward llegó a escuchar la última parte del insulto de su ex al cerrar la puerta. Odiaba las confrontaciones frente a su hija, pero Tanya lo sacaba de sus casillas. Se dirigió hacia su automóvil, que estaba estacionado junto al de Bella, una sonrisa se posó en su rostro. Se acercó hacia el rosal que se encontraba al costado de la casa y arrancó un pimpollo amarillo. Se dirigió a la puerta del conductor del auto de Bella, lo abrió —Bella siempre dejaba el auto sin llaves— y dejó la rosa en el asiento. Cerró nuevamente y se encaminó hacia su automóvil. Arrancó y partió hacia su casa, donde esperaría a la castaña que ahora permanecía junto a su hija para pasar la noche juntos mientras hacían el amor.

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Luego de un viaje de más de tres horas, Edward y Bella arribaron en Carolina del Norte. Pero el lugar que los esperaba para un fin de semana romántico se encontraba a una hora en auto, así que ambos alquilaron un automóvil que el mismo Edward manejó.

El camino se hizo entre risas y caricias. Bella acariciaba la nuca de Edward mientras él sonreía. No recordaba si alguna vez en la vida se había sentido tan cómodo con una mujer. Pero Bella lo hacía sentir feliz y tranquilo.

La entrada a Banner Elk Winery & Villa era bellísima, pero Bella perdió el habla cuando una hermosa cabaña apareció en su campo visual. De ladrillos a la vista y tejas en color azul, con pequeños pinos rodeándola y un diminuto camino que los guiaba a la entrada de la misma. Edward no podía sentirse más feliz; la cara de Bella lo hacía sentir satisfecho, la había sorprendido.

—Edward, esto es…

— ¿Es…?

—Es hermoso.

—Lo es, pero espera a ver lo que hay adentro. Vamos, estoy exhausto después de tanto viaje.

Edward bajó del auto y se dirigió a abrirle la puerta a Bella, cuando esta bajó, la tomó de la cintura y la aprisionó contra el automóvil. Un suave choque entre sus narices, como una pluma, fue lo necesario para que su chica soltara una dulce risita. Un tierno beso compartido como señal de lo que les esperaba a ambos dentro de esa cabaña.

El cobrizo tomó las maletas y siguió a Bella que llevaba un pequeño bolso de mano. Al entrar, la boca de la castaña se abrió aún más, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Si la cabaña era hermosa por fuera, por dentro no había adjetivo que cumpliera con lo que reflejaba la misma.

Al ingresar, un agradable calor los envolvió, las bajas temperaturas que se presentaban afuera en esa época no hacían presencia en la hermosa cabaña. Una bella lámpara de araña a unos tres metros de alto caía desde el techo con pequeñas tulipas en color blanco.

Edward dejó las maletas en la entrada y tomó la mano de Bella para recorrer las instalaciones de la cabaña. Subieron las escaleras y entraron por la primera puerta.

Se encontraron con una encantadora habitación de huéspedes con paredes en color bordo, con amplias ventanas que daban a uno de los laterales de la casa, cubiertas con cortinas Voile Niza en color natural. Siguieron recorriendo la casa y en la puerta continua se encontraba una gran biblioteca de roble con un pequeño hogar de ladrillos a la vista.

Otra de las habitaciones tenía una mesa de pool y un amplio sillón con una gran televisión al estilo cine.

Había una terraza con vista al hermoso paisaje trasero de la cabaña. Dos escaleras se desprendían de los laterales dándole paso a un hermoso jardín.

Caminaron un poco más y al llegar a la siguiente puerta se encontraron con la suite principal. Esta contaba con una pantalla plasma de 42 pulgadas y equipo de música de última tecnología. Una araña de luces de cristal de un metro caía del techo dándole un aire romántico y antiguo a la suite. El piso de arce y la alfombra persa que se encontraba en el centro de la habitación eran un detalle minimalista pero acogedor. El baño privado de la suite estaba compuesto por un juego de banitori y bañera de mármol blanco, y finalmente un pequeño pero cómodo jacuzzi.

Unos grandes e imponentes ventanales daban acceso a una gran e iluminada terraza. Esta tenía un camino de piedras blancas hacia la bodega que se encontraba a unos 15 metros de distancia de la cabaña. Aledaño a la bodega se encontraba un hermoso viñedo que en conjunto al jardín trasero daban una vista maravillosa, tan real como los campos de la realeza británica.

Bella se encontraba alucinada con cada lugar de la cabaña, tanto que se sentía casi en un mundo de sueños.

—Edward, esto es más que hermoso, en como un pequeño castillo.

—Lo es, lo mejor para mi princesa.

— ¿Ah, sí?

—Claro, es que mi princesa tiene que disfrutar y relajarse. Unos días de mimos, de descanso y de mucho, pero mucho amor. —Las manos de Edward bajaban y subían constantemente. Acariciaba las caderas de la castaña y dejaba pequeños besos en su rostro—. Mmm… recorreremos cada uno de los cuartos de esta cabaña… —beso— y te haré… —beso— el amor… —beso— en cada… —beso— rincón.

Entre besos y caricias regresaron a la suite donde los sentimientos se mezclaron con el deseo, haciendo una dulce combinación. Sus cuerpos pegados, piel contra piel, gemidos mezclados, gotas de sudor de ambos. El olor a sexo emanando de sus cuerpos unidos por el placer y el amor. La cálida delicadeza con la que las manos de Edward recorrerían el cuerpo de la castaña. Las suaves manos de Bella aferradas al cabello del cobrizo deslizándose por su espalda, intercambiando caricias con pequeños arañazos que encendían el fuego interior de él.

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El comienzo de una nueva semana laboral para Bella era el fin de un hermoso fin de semana romántico con Edward. Esos tres días en la cabaña encendieron aún más el fuego del amor que la pareja sentía. Los momentos compartidos, las caricias, el sexo y sobre todo la comunicación entre ambos era lo que Bella no dejaba de recordar. Despertar al lado del hombre que amó durante tanto tiempo. Sentir su amplia mano acariciando su vientre. Apreciar los suaves y húmedos besos que Edward dejaba en su cuello. Todos recuerdos imborrables. Pero debía retomar sus obligaciones más allá de que su cuerpo —y su corazón, sobre todo—, le reclamaran que siguiese acostada.

Sutilmente se desprendió del agarre de Edward, intentando salir de la cama para poder ducharse y partir a la escuela. Ambos habían acordado que Edward la llevaría al trabajo ya que luego pasaría a visitar a Esme, su madre, la cual reclamaba su presencia, pero al verlo dormir tan plácidamente Bella decidió que lo mejor sería dejarlo descansar, ya que habían tenido una intensa noche cuando volvieron de la escapada romántica.

Edward, al sentir el movimiento bajo sus manos, abrió sus ojos, habían acordado salir juntos, el pensamiento de que Bella lo dejara lo destrozaba, no ahora, después del extraordinario fin de semana que pasaron.

— ¿Bella? Cariño, ¿qué haces?

—Intento salir de tus garras. —Una pequeña sonrisa se escapó de los labios de la castaña—. Necesito ducharme e ir a clases, Edward.

—Mmm… ¿Qué sucede si estas garras no te dejan escapar? —Besó la frente de Bella, y fue dejando pequeños besitos en su rostro.

Las risitas de Bella se escaparon sin permiso.

—Sería un desastre, no puedes dejar a mis alumnos sin profesora.

—SÍ puedo.

—Vamos, Edward, estuvimos todos los días juntos, necesito ir a clases.

—Te dejaré escapar de las garras de este maniático solo con una condición, princesa.

— ¿Ah, sí? ¿Y cuál sería? —Bella ronroneó, acercando aún más a Edward.

—Que nos bañemos juntos y me dejes ir a buscarte y hacer el amor toda la noche.

— ¡Edward! Si nos bañamos juntos no llegaré a horario.

—Prometo que será solo un baño y llegaremos a tiempo.

—Ok, entonces sí, vamos.

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—Ya, Edward, vamos, déjame ir. Prometiste que sería solo un baño y llevamos 10 minutos atrasados, aunque en realidad, yo soy la que está atrasada.

—Vamos, amor, dime que no te gusta y prometo que dejaré de hacerlo.

—Sabes que no puedo decirte eso. Me encanta cuando me demuestras que me quieres.

—Es que es fácil quererte. Puedo demostrarte cuánto te quiero en mi cama, si me dejas.

— ¡Cullen, detente! Tengo una clase a la cual asistir y te recuerdo que estoy retrasada.

—Ok, de acuerdo. Ve a dar tu clase y te veré a la salida. Te quiero, nena.

—Yo más, cariño.

La pareja se despidió después de unos cuantos besos más en el auto del cobrizo. Edward retomó el camino hacia la casa de sus padres mientras Isabella entraba a dar sus clases.

Luego de las primeras dos clases brindadas, Bella tomó un receso junto a Leah, una gran colega y amiga.

—Isabella Swan, quiero saber ya quién era el joven con el que te estabas besando en la entrada.

— ¡No sé de qué me hablas!

—Venga, no te hagas la zonza. Di ya quién era. ¿Es que acaso no puedes confiar en mí? ¿Quién es? Estás radiante Swan, di algo ya.

—No puedo decirte el nombre aún, solo puedo decirte que estoy bien con él.

—Eso se nota a leguas, chica. Ok, dejaré de lado el nombre, y solo déjame decirte que estoy feliz por ti.

—Gracias, Leah. —Una pequeña sonrisa se escapó de sus labios—. Necesito pedirte un favor.

—Si está a mi alcance, solo dime y ya.

—Es respecto a las clases que brindas para aquellos que no han terminado sus estudios. Es que… mira… necesito que ayudes a Edward a prepararse para rendir las materias que adeuda y así terminar sus estudios. ¿Lo harás?

—Swan, ¿otra vez estás poniendo en juego tu corazón siendo la tonta cuñada que lo ayuda y no le dice lo que siente?

—No es así. Es… diferente.

— ¿Diferente? No lo entiendo, Bella.

—Leah, lo único que debes hacer es ayudar a Edward, nada más. Lo demás queda de lado. ¿Puedes hacerlo?

—Sí puedo, Bella. Pero sabes que lo hago solo por ti. Aún no entiendo cómo es que Edward nunca se dio cuenta de tus sentimientos.

—Ya, basta. Hazme este favor, ¿sí?

—Claro, dile que lo espero este viernes para empezar. Necesitarás copia de su ID y copia de las materias que adeuda para anotarlo y que lo habiliten para rendirlas.

—Claro, conseguiré todo y lo anotaré. No sabes cuánto te agradezco este favor, Leah. ¡Gracias!

—No tienes nada que agradecer, Bella. Ahora, movamos estas lindas colas y vamos a clases, unos cuantos alumnos esperan por estas espantosas profesoras.

Las risas de ambas no tardaron en aparecer. Bella sacó su móvil del bolsillo y escribió un mensaje.

Bella:

"Leah ha aceptado darte clases, así terminas tus estudios."

La respuesta no tardó en llegar.

Edward:

"¡Gracias, bebé! ¡Seré un gran estudiante solo por ti! Este débil hombre ya te extraña. ¡Te amo!"

Bella:

"¡También te amo, nene! Te veo al rato, voy a clases."

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Las primeras dos semanas de clases con Leah para Edward fueron "complicadas". El volver al ritmo de los estudios no es algo sencillo de hacer, pero se lo había prometido a Bella. Había acordado con su manager una agenda donde le hicieran tiempo para poder ensayar, ir a las entrevistas y a todo compromiso obligatorio de la banda. También pidió acordar visitas con Tanya para poder estar más tiempo con Julie, para lo cual Bella había sido de gran ayuda, ya que la castaña solía sacar a pasear a la pequeña y se encontraban "casualmente" con Edward, donde la salida pasaba a ser de tres, y, obviamente, tiempo para sus estudios.

Toda la nueva actividad dejaba realmente exhausto al cobrizo, pero a pesar de eso siempre hacía tiempo para estar con sus mujeres, Julie pasaba pocas noches con Edward, pero Bella ya pertenecía a su cama y el sueño no aparecía en ninguno si no estaban juntos.

La mañana del nuevo día había empezado de lo más normal, besos y mimos en la cama con Bella, sexo en la habitación, en la ducha y desayuno entre más besos. Luego de dejarla en su trabajo, Edward se dirigió al gimnasio, otra de las nuevas rutinas que había implementado en su agenda, el estar con Bella lo hacía necesitar tener un estado físico acorde al tipo de sexo que tenían, y la ejercitación era fundamental. Exhausto, regresó a su hogar luego de una gran clase de la mano de Stewart, su entrenador.

— ¿Edward?

La voz de su ama de llaves sonó baja.

—Lila, soy yo. Me ducho y bajo. —Edward subió de dos en dos los escalones que lo llevaban a su habitación. Se dio una agradable ducha, se vistió con unos jeans azules y una camiseta blanca, y descansado bajó en busca de alimento.

Al llegar a la cocina se encontró con Lila.

—Mujer, dime que has hecho algo de comer, estoy famélico.

—Edward, hice lasaña pero antes necesitas leer esto, es importante.

— ¿Qué es?

—Léelo. —La mujer de edad avanzada le tendió un papel de tamaño oficio y el cobrizo leyó:

Martes 22 de agosto 2013

Juzgado de Menores

Estado de Washington

Condado King

Seattle

Se notifica mediante la presente al señor Edward Anthony Cullen (ID 32849203) que debe presentarse en el Juzgado de Menores N° 23, ante el Juez Dr. Cristopher Millens el día Lunes 28 del presente mes en el horario de 09hs a 11hs para comparecer frente al caso de solicitud de tenencia absoluta de la menor Julie Cullen (ID 57693024), por parte de la señora Tanya Denali (ID 35283422).

Se aconseja al Sr. Cullen concurrir con un representante legal.

Ante cualquier consulta le recomendamos enviar un e-mail al siguiente correo electrónico:

Queda usted debidamente notificado.

Dr. Cristopher E. Millens

Juzgado de Menores

Seccional N° 23.

Los ojos de Edward no podían creer lo que estaba leyendo, Tanya no podía hacerle esto. No era justo, no ahora que todo iba bien. El sonido incesante del teléfono de su casa lo sacó de su divague mental.

— ¿Sí? Hable.

— ¿Edward?

— ¿Bella?

—Edward, Julie no aparece.

— ¿Cómo? Bella, ¿dónde está mi hija?

—No lo sé. Llegué a casa de Tanya hace unos minutos y al parecer Tanya le dijo a Julie que no te vería más, la niña empezó a llorar y subió a su cuarto, pero no está ahí, Edward.

— ¡Maldición! Voy para allá.


Qué fin de semana romántico! ¿Qué opinan de la carta del Juez? ¿Dónde estará Julie?

Gracias a mi adorada beta, Esteph, que hace mil esfuerzos para betear mis locuras, y me tiene muchísima paciencia siempre.

Gracias por cada review, chicas. Cuando me siento a leer cada uno de ellos juro que me hacen feliz, porque son la garra que uno necesita para sentarse y escribir mas de estas locuras. Aprovecho para agradecerles por su buena energía durante mis parciales, y les cuento que me fue muy bien, así que ahora disfruto de un mes de vacaciones, por lo que espero poder actualizar más rápido.

Gracias a todas las que leen en las sombras, dejen o no su review es un placer saber que leen mi locura.

Nos leemos la semana entrante, si Dios y mi imaginación me acompañan!

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#Andre!#