Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer porque aun no los pude comprar, y esta locura me pertenece! XD
Capítulo beteado por Estephany Twilighter Priego Vazquez (Butterfly of Violet Wings) de Betas FFAD.
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Gracias Flor Carrizo por sumarte a nuestro equipo y ayudarnos en esta locura.
Capítulo 20
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Bella se había puesto más pálida de lo que alguna vez había estado. No podía creer lo que había escuchado. No podía ser cierto. ¿Edward estaría borracho? No, Edward no estaba borracho, la situación lo había llevado a decir esa locura.
—Edward, yo… no…
— ¿No quieres casarte conmigo?
—Yo… —Estaba muy nerviosa. Nunca se le había pasado por la cabeza casarse cuando había estado en pareja. Solo con Edward, platónicamente, se le había ocurrido, pero nunca creyó que sería algo posible—. No creo que sea el momento.
—No dije que te casaras conmigo hoy mismo, aunque no me molestaría. —Una sonrisa torcida apareció en su rostro, sus manos bajaron a la cintura de la castaña y sus dedos presionaron la pálida piel—. Pero quiero que seas mi esposa, quiero hacerte el amor y amarte cada noche por el resto de mi vida, Bella.
—Necesito pensarlo. —Bella miró a los ojos a Edward y notó cómo, al decir esas palabras, su rostro se mostró dolido—. Perdóname, pero no puedo decirte que sí cuando me tomas de improviso.
—Yo… entiendo, cariño. Cuando lo hagas, solo respóndeme con el corazón. Cuando me des tu respuesta quiero que lo hagas segura, porque en verdad quieras hacerlo. Yo no tengo dudas. Te amo y quiero que seas mía por el resto de mis días, amor, eres lo que necesito y quiero para ser feliz. Tú y Julie.
Las lágrimas volvieron a aparecer en los ojos de ella.
—Te amo, perdóname. —Con un sollozo incontenible continuó—: Te amo, pero necesito tiempo.
—Lo tendrás. —Con esas últimas palabras la jaló más hacia él y la besó suavemente, demostrando todo el amor que sentía por ella. La amaba y no descansaría hasta que Bella aceptara.
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Después de la petición de matrimonio, la pequeña Julie los acompañó en un clima relajado. Bella sabía que su decisión era muy importante para ella y para Edward. Tenía en claro que si decía que no, Edward sufriría muchísimo; pero, si decía que sí, temía que las cosas no funcionaran. Si así como estaba la situación de ellos, manteniendo su relación o como se llamara lo que ellos tenían, en secreto, la tenencia de Julie estaba en juego, ¿qué pasaría si confirmaban las fuertes sospechas de Tanya?
Bella sentía en su interior un deseo inaudito e incontenible de aceptar la propuesta de Edward; pero tenía miedo de arriesgarse, tenía miedo a dañar lo lindo que tenían, y debía pensarlo bien. Pero, si tienes al hombre que amas abrazando tu cintura mientras sus manos hacen caricias en círculos sobre tu vientre ¿puedes pensar una respuesta coherente?
Los días siguientes a la proposición los tres los pasaron relajados. Tanya había llamado un par de veces para "cumplir" con el rol de madre preocupada y nada más. Bella nunca le contó a Edward de la charla que ambas hermanastras habían tenido aquella tarde, creía que era mejor mantener eso en su interior y no darle más motivos a Edward para odiar a Tanya.
El martes siguiente, Edward se presentó a la segunda audiencia por la tenencia de Julie. La primera había salido bien, al menos había sido una especie de exposición en la cual ambas partes, padre y madre de la menor, se habían presentado ante el juez, quien se encargaría de ver durante unas cuantas audiencias lo mejor para la niña.
En esta segunda audiencia, Tanya y su abogada, la Dra. Kysle, habían ido por todo. Exigían que la tenencia de Julie fuese total para la madre, y que las visitas del padre fuesen supervisadas por un asistente social, es decir, le negaban a Edward compartir momentos a solas con su propia hija. Ni hablar de los reclamos económicos, alegando que el trabajo del cobrizo había crecido y por ende su hija merecía más dinero. Obviamente, Tanya lo usaría para sus propios gastos no para su hija.
El abogado de Edward, el Dr. Wisley, había presentado una buena defensa, remarcando los puntos en los cuales Edward cumplía su rol de padre. También entregó una serie de documentos en los cuales se mostraban los aportes que Edward hacía en la cuenta de su ex-esposa, cumpliendo con la cuota mensual correspondiente mes a mes, y dejando en evidencia que aportaba más de lo que el juez anterior había sentenciado.
Todo estaba saliendo como él lo esperaba. Tanya no se iba a salir con la suya fácilmente. Edward no se rendía ante las exigencias del juez, al contrario, siempre las superaba. Era cierto que el trabajo con Sunrise había crecido, pero su agenda estaba organizada para compartir el mayor tiempo posible con su hija y con Bella, sin dejar de lado sus estudios. Bella había hecho mucho hincapié en eso y se esforzaba a diario para que Edward no abandonara sus estudios. Ella y Leah habían coordinado una serie de clases para ayudar a Edward. Julie hacía la tarea junto a su padre, y ambos compartían esa nueva actividad: los hacía felices.
La tercera audiencia había sido más positiva para Edward que para Tanya, ya que la madre de la pequeña no contaba con un ingreso fijo, por lo que la niña era mantenida con el dinero del padre y el Dr. Wisley había presentado una serie de pruebas donde dejaban en evidencia el poco interés de Tanya para pasar tiempo con la pequeña niña.
Tanya había insultado en reiteradas veces a Edward frente al juez. Su carácter la superaba, y a pesar de que su abogada le pedía calma, este no cesaba. Hubo una de las audiencias en donde el juez, realmente enojado, le pidió a Tanya que abandonara la sala y ella arremetió contra él.
—Esa tarde yo había llegado de la gira, una de las tantas —Edward le contaba al juez una difícil situación que tuvo que soportar cuando vivían juntos—, Tanya debía quedarse con Julie, y cuando llegué, en casa solo estaba Renée con mi hija. Decidí tomar una ducha y jugar un rato con la niña, mientras esperábamos a su madre. —Cerró sus ojos, invocando los recuerdos—. Llegó después de cuatro horas de esperarla, venía de pasar la noche fuera de casa, dejando a mi hija solamente con su abuela. Cuando le pedí una explicación, noté que tenía olor a alcohol. Discutimos esa noche y las siguientes. Cada vez era peor… —El relato de Edward se vio interrumpido por un estruendoso golpe en la mesa y el grito de Tanya.
—Eres un estúpido. Te la pasabas revolcándote con tus putas mientras Julie y yo te esperábamos en casa. Me había cansado de esperarte, de ser la madre que nunca quise ser y por tu culpa tuve que aceptar esa nueva etapa.
—Señora Denali, le pido que se calme o tendrá que abandonar la sala. —El juez volteó su rostro y se dirigió a la representante de la rubia—: Abogada, por favor, controle a su cliente.
—Sí, señor juez.
—Señor Cullen, continúe, por favor.
—Esas escenas eran comunes, siempre tenía algo qué hacer y dejaba a la niña con su madre o con Isabella, su hermanastra. Ellas, o más bien, Bella… —Una pequeña sonrisa intentó escaparse de sus labios—. Quiero decir, Isabella se encargaba y se encarga actualmente de cuidar de mi hija.
—Eso es mentira, maldito idiota. Yo soy su madre. Yo engordé más de ocho kilos mientras llevaba a ese demonio en mi cuerpo. Maldigo el día en que me embaracé, debería haber abortado cuando me enteré.
El juez alzó el tono de su voz interrumpiendo la sarta de estupideces que la rubia destilaba de sus labios.
—Señora Denali, abandone la sala inmediatamente. Dra. Kysle, por favor, lleve afuera a su cliente.
—Sí, señor Juez. Tanya, espérame afuera.
— ¿Y dejar que este idiota me gane esta partida? Nunca. —Se volteó hacia donde Edward se encontraba sentado—. Escúchame bien, Cullen: nunca tendrás a Julie, aunque tenga que matarla, te lo juro que nunca la tendrás.
—Oficial, llévese a la señora Denali fuera de mi despacho.
Un oficial policíaco, que permanecía de pie al costado de la puerta de la oficina del Juez, se dirigió hacia Tanya, y tomándola de los brazos la empujó obedientemente hacia la salida.
Tanya se había dejado llevar por el odio acumulado hacia Edward durante tanto tiempo, era tal el nivel de este, que le era imposible contenerlo y disimularlo frente al juez: su careta empezaba a caer. Al darse cuenta de que su fortaleza estaba siendo derrotada por Edward Anthony Cullen y al no tener en sus manos a Julie, empezaba a entender que todo se le estaba yendo de las manos. Algo tenía que hacer que impidiera que Edward ganara esa batalla.
La rubia sentía que no podía perder otra vez más frente al hombre que la había enamorado, la había hecho su mujer, y hasta la había embarazado. Un embarazo que usó a su conveniencia, pero que no la ayudó a retener al hombre que, cuando salía de gira, pasaba las noches con cuanta mujer se le cruzara. Era imposible que ese mismo hombre ahora estuviera con la idiota de Isabella, pensaba ella. Al fin la mojigata de su hermanastra había conseguido lo que tanto había querido durante años: terminar en la cama con Edward. Pero esto no iba a ser duradero, ella tenía que impedir que esa relación perdurara más tiempo, ella tenía que hacer algo al respecto, no sabía qué, pero algo se le iba a ocurrir.
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Los días pasaban y la situación de Julie era la misma: vivía momentáneamente con Bella. La niña le había pedido al juez que por favor le permitiera vivir con su tía Bella. Luego de que Bella presentara los papeles pertinentes y demostrara que podía hacerse cargo de la niña, el juez no tuvo más que aceptar. Ambas estaban felices por la decisión del ministro de justicia. Vivian relajadas, se divertían jugando por las tardes y Edward se sumaba a alguno que otro paseo cuando los conciertos de Sunrise se lo permitían, además de cada citación en el juzgado. Era importante que asistiera a cada una de ellas, se lo había dicho su abogado, y a pesar de que su trabajo iba en aumento, siempre asistía.
La primera vez llegó con el tiempo justo, no había llegado a dormir nada, ya que había manejado 400 kilómetros para llegar a la audiencia a horario. Luego de esa situación, acordó con su mánager y los demás chicos de la banda que no harían recitales los días previos a cada audiencia. Para él no había cosa más importante que proteger a Julie, y eso lo haría consiguiendo que su hija permaneciera a su lado, y no al lado de Tanya.
Cuando se separó de Tanya, creyó saber que conocía a quien había compartido tres años de su vida, tres años que al principio fueron color de rosa, y luego todo se tornó amargo. Las acusaciones de infidelidades falsas por parte de Tanya la habían llevado a vivir una vida amargada, en donde cada vez que Edward volvía de una gira se la pasaban peleando. Las largas noches de buen sexo perdieron lugar entre ellos, ya ni la intimidad que tanto tiempo los unió podía mantenerlos juntos. Con la llegada de Julie, Edward pensó que eso sería el salvavidas que los ayudaría para no ahogar su relación; pero ni ese angelito que tanto amor le generaba pudo arreglar un matrimonio que ya llevaba roto hacía tiempo. Las infidelidades de ambas partes ganaron terreno, las pruebas que los paparazzis subían a foros o publicaban en revistas fueron la gota que derramó a ese vaso que Tanya, solo por el "qué dirán", había tratado de sostener, dando punto final a ese matrimonio.
Los tiempos posteriores fueron en total venganza hacia Edward, ya que a este le era difícil manejar los días laborales junto con el poder ver a su pequeña bebé. Le había pedido a Tanya, en reiteradas ocasiones, que le cambiase los días para así poder estar junto a la pequeña; pero la rubia, que había guardado durante tanto tiempo odio en su interior, se lo negaba y hacía todo lo que estaba en sus manos para alejarlos. Sabía que ese era el punto débil de Edward: Julie, su hija, la hija de ambos, y si estaba en sus manos alejarlos lo haría, y así fue como lo hizo. Durante mucho tiempo, Tanya aprovechaba para llenarle la cabeza a Julie en contra de Edward, diciéndole cosas hirientes acerca de su padre, intentando mostrar que para su padre ella no importaba. Los días que le tocaban a Edward pasar con la niña, Tanya trataba de que alguna situación pasara para hacer quedar mal a Edward frente a la niña; pero nada de lo que durante todo ese tiempo había hecho tuvo sus frutos. Julie mantenía una relación increíble con Edward. Era como si un lazo irrompible, fuerte y puro los uniera. Ambos se complementaban y eran felices en los mínimos momentos que pasaban.
—Tía, estaba peshando si podíamos id al cine. ¿Qué dices?
—Umm… Yo digo que tal vez deberías controlar tus deberes. ¿Acaso terminaste tu tarea?
—Sipirilí. Papi me ayudó ayed.
—Genial, entonces vamos a darte un baño y luego podremos ir al cine. ¿Quieres ver algo en especial?
—Aguna de pinsheshas.
—De acuerdo, veremos qué hay en cartelera. Vamos, jovencita, mueve esa colita al baño. —Con un suave empujón en el muslo Julie salió corriendo directo al baño.
—Tía, ¿podemosh llevad a papi? Pofisss… —La pequeña puso su mejor carita y, arrodillada en la cerámica del cuarto de baño, intentaba convencer a Bella.
—Levántate, Jul. Lo invitaremos, pero ahora a bañarse. Vamos.
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El celular repiqueteaba incesantemente. Edward subía las escaleras después de haber hecho unos cuantos ejercicios en el gimnasio que tenía en el subsuelo de su casa, al escuchar el sonido del aparato apuró los pasos.
—Cariño, ¿pasó algo? Estaba a punto de bañarme e ir a tu departamento.
—No, no pasa nada, solo que tu hija quiere que te invitemos al cine, ¿quieres ir?
— ¿Qué verán? —Se imaginaba la respuesta de Bella, una pequeña carcajada de parte de esta le confirmó lo que iba a oír.
—Julie quiere ver una película de princesas, no sé si hay alguna en cartelera, veremos.
—Ok, las veré en el cine "LEX'S" en una hora, ¿sí?
—De acuerdo. Te veremos ahí.
— ¿Bella?
— ¿Sí?
—Gracias.
— ¿Por qué?
—Por hacer feliz a mi hija.
—Sabes que la amo como si fuera mía.
—Lo sé. Las amo.
—Nosotras también te amamos.
La sonrisa que él tenía luego de cortar la llamada era gigante. Hasta podría decirse que tenía una mirada perdida y boba por hablar con ella, y sumar a eso el saber que su pequeña hija estaba mejor con Bella que con su propia madre, lo hacía respirar aún más tranquilo.
Dejó sus pensamientos de lado y se aprontó a ducharse para llegar a horario al encuentro con sus mujeres preferidas.
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—Papi, ¿sabías que un dinocedonte tiene un cueno como el uniconio?
Edward sonrió ante la pregunta de Julie.
—Sí, lo sé. ¿Te acuerdas que lo vimos en el zoológico?
—Sí. ¿Y po qué no había uniconios?
Las locas preguntas de Julie hacían reír a Bella, quien respondió con una amplia sonrisa.
—Porque los unicornios no existen, Julie, son seres mitológicos, como Zeus. ¿Te acuerdas del cuento que te conté la otra noche? —La niña asintió—. Como él mismo. O sea, hay historias que cuentan la existencia de Zeus, pero no hay nada que lo compruebe.
— ¿Y po qué en la peli del oto día había un uniconio?
—No era real el unicornio, Jul. Era un muñeco que se utilizó para hacer la película. Como no existen los tienen que hacer con muñecos o con algunos programas en computadoras, algo así como lo que juegas en la laptop de Bella.
—Ah. —Julie asintió entristecida por la reciente noticia. Era una niña pequeña que creía en todo lo que veía, y una vez más se desilusionaba cuando algo dejaba de existir en su mundo.
Julie iba en medio de la pareja. Ambos sonreían encantados con la salida y con las ocurrencias de la pequeña.
—Bueno, princesas del océano perdido, ¿qué les parece si vamos a cenar?
—Siií. —La pequeña pegó un gran saltito por la felicidad de estar con las dos personas que más amaba—. ¿Podemosh id a Mad Onal?
Bella y Edward sonrieron por la mala pronunciación de la niña, poco a poco iba mejorando, pero estaba en la edad en donde la gran mayoría de sus palabras eran mal pronunciadas.
—Podemos ir a donde quieran, cariño, pero lo que corresponde es que le preguntes a tu tía si ella también lo prefiere.
La niña asintió y se dirigió a preguntarle a Bella:
—Tía, ¿quiedes id a Mad Onal?
—Quiero si me prometes que me darás algunas de tus papas fritas. ¿Qué dices?
La frente de Julie se elevó interpretando lo que su tía le había dicho.
—Si te doy agunas de mis papas me quedadán poquiiiitas pada mí, y mi cajita es chitita… Chi… Chit…
—Chiquita, Jul, Chi-qui-ta.
—Esho. Chichita.
Ambos rieron porque era en vano ayudarla con la pronunciación cuando esas palabras se hacían casi imposibles para la niña.
Los tres fueron en busca de su cena y entre risas y pequeños juegos en la fila, hicieron su pedido. Las mujeres tomaron asiento mientras Edward recogía su comida. Al posar la bandeja en la mesa, Julie arrebató su Cajita Sorpresa en busca del juguete que la cajita traía. Bella y Edward se miraron comunicándose con los ojos. Sonreían: estaban felices con esas situaciones. Los tres, solos, felices, eran una familia, la familia que Bella quiso tener desde que era niña y que Tanya le había arrebatado. Edward, al ver esa imagen se preguntaba mil veces por qué no había visto todos esos puntos antes en Bella, si los hubiera visto su destino hubiera sido otro, seguramente serían muy felices, pero le faltaría su niña, y por ella era capaz de pasar por diez mil situaciones similares si al final una pequeña niña parte de sí lo esperaba con los brazos abiertos.
Los tres disfrutaban de una sabrosa cena llena de calorías cuando el sonido del celular de Bella interrumpió el momento.
— ¿Hola?
—Bella, es Tanya. Hija, ella…
Por el tono de voz de Renée, Bella presentía que no era nada bueno lo que le diría. Unos dulces ojos verdes, iguales a los del hombre que amaba, se posaron en ella, por lo que se levantó abruptamente para continuar con la llamada.
— ¿Qué pasó con Tanya, Renée?
—Ella… Ella está grave, Bella. Tanya no soportó el temor de perder a Julie e intentó suicidarse. Bella, tu hermana te necesita, tienes que venir.
Bella no podía creer que Tanya intentara suicidarse por perder a Julie, era ilógico si siempre iba contra ella para lastimar a Edward.
—Ok, voy para allá. Dime dónde está.
—Estamos en el Hospital Jefferson.
—De acuerdo. Estaré allí enseguida.
—Te esperaré en la guardia.
—Ok.
Su cabeza no dejaba de dar vueltas con las palabras de Renée, ¿Tanya intentando quitarse la vida? ¿En verdad amaba a Julie a tal punto de llegar a ese extremo? La palidez de su rostro llamó la atención de Edward, quien miró a su hija que se encontraba entretenida comiendo y jugando con su Mike Wazowki, la pequeña bola verde con un solo ojo era uno de sus personajes preferidos. Se levantó y antes de encaminarse hacia donde se encontraba Bella con su móvil le habló a su hija.
—Julie, cariño, quédate aquí, ya vuelvo. ¿Sí?
—Sipis.
Mientras se acercaba a Bella, no perdía de vista sus gestos. Algo había pasado, esa llamada no era una buena noticia, el semblante de la castaña lo demostraba.
—Bella, cariño, ¿qué pasa? —Isabella seguía perdida en su nube de pensamientos, aún tratando de encontrarle lógica a cada una de las palabras de Renée. Una suave sacudida de parte de Edward la sacó de sus reflexiones—. Bella, me estás asustando. Dime qué pasó.
—Yo… Edward…
Las palabras eran inexistentes en el vocabulario de Bella ante el impacto de la noticia.
—Ya, Bella. Respira y dime qué sucede.
—Es Tanya.
— ¿Qué pasó con Tanya, Bella?
—Ella… Ella intentó quitarse la vida.
El rostro de Edward perdió todo el color salvajemente.
—Pero… ¿Cómo? ¿Por qué?
—No lo sé. Debo ir al hospital, tengo que verla. ¿Puedes quedarte con Julie?
—Lo haré, la llevaré con mis padres y luego te alcanzaré en el hospital. ¿De acuerdo?
—Sí.
Ambos volvieron hacia la mesa donde la pequeña Julie jugaba con su muñeco sin saber que su madre había cometido el acto más bajo del ser humano: intentar ayudar a la muerte.
—Papi, ¿podemos id a los juegos?
—Cariño, debemos irnos, agarra tus cosas.
—Pero… si decién nos setamos a comed. Yo quedo jugad.
—La próxima, nena. Vamos, te llevaré con los abuelos.
— ¿La tía Bella tamien ida?
Después del intercambio de palabras entre padre e hija, Bella trató de reunir sus pensamientos posándolos a un margen y tomando control de la situación. Debía poner todo de su parte para que las piezas encajaran en el puzzle.
—No, cariño, debo ir a ver a una amiga que le duele la panza y quiere ir al doctor. Te pasaré a buscar luego, ¿si?
—Sipididí.
—Vamos, muñeca, cuanto antes nos movamos más rápido llegaremos a lo de los abuelos.
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Durante todo el viaje la cabeza de Isabella había intentado que las piezas del rompecabezas encajaran. Nada cumplía el orden real. Los pasos parecían hacerse pequeños y los pasillos eran interminables. La situación encajaría notablemente en una película de terror. La figura de Renée al llegar al sector de urgencias se hizo presente.
— ¿Renée? —La mujer esbelta con ropa de marca que yacía sentada en la sala de espera levantó la mirada—. ¿Cómo está Tanya?
—Oh, Bella, qué bueno que estás acá. Ella… Ella intentó suicidarse. Lo hizo por Edward, por Julie. No soporta estar lejos de su niña.
—Por Dios, Renée, Tanya no quiere a Julie. ¿Cómo puede usar a su propia hija como pretexto para hacer esta bajeza? Además, ¿Edward? Le hace la vida imposible a Edward y ahora me dices que lo hizo por él.
—Eso no es cierto, ella ama a Julie, y a pesar de todo, sabes que sigue amando a Edward.
—No digas blasfemias, Renée. Tú y yo sabemos que eso no es cierto. Julie no es la prioridad de Tanya, nunca lo fue. ¿Y que aún ama a Edward? Eso es tan poco creíble. Podría asegurar que nunca lo amó de verdad.
La mujer endureció su mirada, a pesar de que sabía de la veracidad de las palabras de la castaña. Sabía que Tanya utilizaba a Julie para manejar a Edward a su antojo.
—Ella… Ella ama a su hija, no puedes decir que no. Sabes lo importante que fue en su vida Edward, y por él soportó miles de cosas.
—No entiendo tu punto para intentar engañarme con algo que para mí fue evidente desde que Tanya conoció a Edward, y más aún desde que la niña nació. De todas formas, lo único que me interesa, en este momento, es que se recupere. Julie es chiquita y necesita, a pesar de todo, la imagen de Tanya como madre.
—No puedes hablar de esa forma cuando tu hermana está entre la vida y la muerte.
—Te recuerdo que no somos hermanas, a duras penas soporté que mi padre decidiera compartir su vida contigo y todo lo que eso acarreaba; pero Tanya no es mi hermana y nunca lo será. ¿Acaso olvidas cómo ella y tú hacían mis días poco felices? —Dirigió una intensa mirada hacia Renée—. Porque yo no lo olvido, no olvido cada una de las humillaciones que tu hija y tú me hicieron. No las olvido, pero no soy igual que ustedes y por el amor que le tengo a Julie es que he dejado esos sentimientos de lado, por el amor hacia ella es que esos recuerdos perdieron fuerza; pero no los olvido Renée, así que a mí no, a mí no intentes engañarme con sus mentiras.
Renée Dwyer era participe de todas las locuras de Tanya; aunque intentaba moderarla. Muchas veces se le escapaba de las manos, como había pasado en esta última situación. Las salidas hasta altas horas, que últimamente su adorada hija osaba, eran cada vez más reiteradas, a tal punto de llegar más que embriagada o con resacas sumamente fuertes. Parecía que el que Tanya hubiese impulsado el juicio por la tenencia de Julie la había empujado hasta la zona más alta de una montaña, y el hecho de que Edward llevara las de ganar la estaba empujando a tirarse sin protección desde lo más alto de la misma, a tal punto de no razonar y buscar alternativas para no perder ese juicio. No estuvo de acuerdo con Tanya cuando esta le informó que iniciaría los trámites de tenencia total; pero la apoyó como siempre lo hacía. Respecto a Bella, Renée sabía que la castaña estaba enamorada de Edward desde que ambos se conocieron, conocía muy bien esas miradas que Bella tenía hacia el cobrizo en cada encuentro; pero, también sabía que era muy tímida para osar poner sus manos sobre algo que le pertenecía a Tanya. Porque así debía ser: Tanya y Edward juntos porque así le convenía a su hija. Nada de lo que en el último tiempo había pasado estuvo planeado, sabía que Bella y Edward tenían algo, algún tipo de relación más importante de la que antes existió entre ellos, se les notaba al interactuar, al estar juntos en una habitación.
En el momento en que su teléfono celular comenzó a sonar y las frías palabras que el emergentólogo había pronunciado haciendo referencia al estado de Tanya, su cerebro comenzó a planear un salvavidas que protegiera a su hija y que hiciera sentir culpable a Isabella, pero todo lo que había planeado se esfumó ante las duras palabras de la castaña. Lo había intentado, pero había fallado.
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Tras el duro intercambio de palabras, Isabella se dirigió en busca de información con el médico que estaba a cargo de Tanya. Tal y como Renée le había mencionado, Tanya estaba grave. Había hecho uso y abuso de estupefacientes sumados a una alta cantidad de alcohol ingerido, por lo que tuvieron que hacerle un lavaje de estómago seguido por una sedación, ya que su lado violento prevalecía ante los primeros cuidados médicos y la grave ingesta la había llevado a un coma alcohólico. Tendría que permanecer internada hasta que su estado se revirtiera.
La llegada de Edward al hospital fue un bálsamo de alivio para la castaña, quien le transmitió todo lo sucedido hasta ese entonces. El cobrizo se quedó impactado ante la noticia de que Tanya había pisado el área de las drogas, no lo podía creer, nunca se lo hubiera imaginado a pesar de saber que su ex-mujer ya no era la misma por la que alguna vez estuvo loco.
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Los días posteriores, Bella y Edward habían estado atentos a las noticias de la salud de Tanya, quien iba mejorando notablemente. Según los médicos, al nunca haber hecho uso de drogas su cuerpo se había recuperado rápidamente de aquel coma alcohólico.
Bella tuvo que informarle a la asistente social, que se hizo presente en su casa para corroborar el estado de Julie, la situación de Tanya, ya que al preguntar sobre la comunicación entre madre e hija no le quedó más remedio que ir con la verdad. De forma inmediata, la asistente se comunicó con el juez Millens, quien llevaba el caso de la tenencia de la pequeña e informó de las últimas novedades.
Bella había acordado con Edward no decir nada a Julie sobre su madre. Creían que no era algo que una pequeña niña de cuatro años pudiera manejar, por lo que hicieron lo que creyeron mejor para ella.
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—Mujeres bellas, ¿dónde están?
La voz de Edward llamándolas las sacó de la situación imaginaria donde Bella era una princesa prisionera que Julie debía rescatar. Ambas reían a carcajadas ante las ocurrencias de la pequeña. Manejaba a su antojo a Bella, llevándola imaginariamente a mundos irreales.
—Estamos en la habitación, Cullen.
Las suaves risitas de parte de ambas mujeres generaron una amplia sonrisa en el cobrizo, quien traía en sus manos una muy grata noticia. Caminó rápidamente hasta girar la manija del cuarto donde noche tras noche dormía con ella, con la mujer que lo completaba, con la mujer que hacía feliz a su hija y a él.
— ¿Es que acaso no pensaban venir a saludarme?
Ambas explotaron en una gran carcajada al ver los pequeños trocitos de papel picado encima del cuerpo de Edward. Julie había tenido la idea de jugar a "Ensuciemos a papi" cuando llegara, y Bella no pudo negarse ante el dulce puchero de Jul. Al menos había convencido a Julie de que lo ensuciaran con papel picado y no con harina, como la pequeña había tenido la idea principal.
—Oh, maldición. —Edward dirigió una mirada de intento de asesinato hacia donde estaban ambas mujeres partiéndose de la risa, fallando notablemente en el intento al ver esa hermosa imagen—. Creo que guardaré la noticia que traigo por haberme jugado esta broma.
Ambas dejaron de reírse de golpe. El tono con el que había hablado Edward no era de broma. La pequeña fue la primera en dirigirse a su padre.
— ¿Qué noticia, papi?
—Ahora no diré nada.
—Yo creo que sí lo dirás. —La voz de Bella hizo que ambos, padre e hija, giraran su rostro. Desde donde estaba, empezó a caminar hacia donde el par se encontraba. Dirigiéndose a la niña habló—: ¿Qué dices, cariño, si le sacamos a papi esa linda noticia a cosquillas?
Los ojos de Julie brillaron inmediatamente, anticipando la respuesta que a continuación salió de sus labios.
—Sipididí.
Ambas tumbaron a un Edward, supuestamente enfadado, en la cama y ante grandes intentos de cosquillas terminaron siendo las víctimas de las amplias manos del cobrizo.
Los latidos desenfrenados y las respiraciones agitadas del sector femenino dominaban el ambiente. Un triunfante Edward sonrió y se dirigió a su hija:
—Julie, ¿qué dirías si te cuento que de ahora en adelante podremos dormir en la misma casa?
La cara de Bella lo dijo todo. No podía pronunciar esa pregunta que se adueñó de su mente. Es que acaso… La mirada y el asentimiento de cabeza por parte de Edward confirmaron lo que pensaba.
—Sedia muy, pedo muy feliz, papito.
—Entonces serás la niña más feliz, amor. El juez me dio la tenencia provisoria. Podremos estar juntos cuantas noches queramos, cariño.
Una gran sonrisa con salto incluido por parte de Julie fueron lo necesario para confirmar la felicidad de su hija.
—Sipididí.
— ¿Qué te parece si armamos un bolso con tus cosas y vamos a casa? Estoy anhelando que pruebes tu cuarto de princesas que la abuela Esme preparó.
—Siií.
—Entonces ve juntando lo necesario para irnos en breve.
La pequeña asintió y salió hacia la habitación que su tía Bella le había preparado para cuando deseara visitarla, cosa que era frecuente, y en la cual había pasado estas últimas semanas.
Edward miró a Bella que permanecía con la mirada perdida. Su cara no reflejaba la felicidad que él mismo sentía. ¿Es que acaso Bella no se alegraba? Caminó unos escasos pasos hasta acercarse a ella y la tomó de la cintura, girándola y buscando penetrar esos ojos del marrón más puro, y entender lo que dentro de ese ser sucedía.
—Bella, cariño, ¿qué sucede?
—Na… nada. ¿Por?
— ¿No te alegra que el juez me haya dado la tenencia de Julie? —Bella bajó su mirada nuevamente, buscando evadirlo. Edward la tomó del mentón, buscando nuevamente esa mirada sincera que tanto amaba—. Bella, dime qué va mal.
—Nada, ya te lo dije. —Intentó salir de la prisión en la que los brazos de Edward la sometían, pero el intento fue en vano, ya que el cobrizo reafirmó la posición de los mismos anclando con más firmeza en esa pequeña cintura.
—Bella, no te entiendo. Pensé que esto te haría feliz a ti también. Si lo que intentas es alejarnos vas por mal camino. —Fijó sus fuertes ojos verdes en la mirada de ella, buscando decir con estos lo mismo que intentaban decir sus palabras—. Escucha, Bella, sabíamos que esto en algún momento iba a suceder, y no sabes cuánto lo esperé, pero necesito que me digas que tú también lo querías.
—Yo… —Las palabras en su boca parecían hacerse agua y no querer salir; pero la triste mirada del hombre que permanecía esperando su respuesta hacía que lo intentara hasta el cansancio—. Edward, estoy contenta de que el juez te haya dado la tenencia, y… yo… de verdad me alegro… Solo que... yo… Hummm… —No sabía realmente si lo que iba a decir era lo correcto, pero era lo que sentía, y ella siempre había sido sincera con Edward, y esta vez no podría ser la excepción—. No pensé que te llevarías a Julie tan rápido.
—Cariño, ¿es por eso que estás así?
Bella intentó evadir la mirada de Edward; aunque el cobrizo fue más rápido que ella, evitando que lograra su cometido.
—Bella, contéstame.
—Yo… Hummm… Es que no lo entiendo, pensé que estabas de acuerdo con que Julie estuviera conmigo, pero esto no me lo esperaba. Si quieres terminar conmigo yo… Edward, yo lo entiendo, pero no me alejes de Julie, yo no… —La mirada de Bella se llenó de lágrimas, parecían estar a punto de escaparse de esa compresa en la cual permanecían momentáneamente.
—Shhh… No digas más. —Edward puso su dedo en los labios rojizos de Bella, haciéndola callar de esa verborragia que la había poseído—. Nunca, escúchame bien, nunca te alejaría de mi hija. Sé lo importante que son ambas en sus vidas, y lo son en la mía. Necesito a Julie a mi lado, pero no puedo ser feliz si tú no estás conmigo.
—Entonces, ¿por qué te la llevas tan rápido?
—Bella, amor… —Edward tomó las mejillas de Bella entre sus manos y le dio un sutil, pero lleno de amor, beso en los labios—. Quiero que Julie viva conmigo, en mi casa, pero quiero que tú vengas con nosotros. Quiero que vivamos los tres en el mismo hogar. No quiero esconderme más, quiero poder despertarme en la misma casa que mi hija. Quiero que Julie sepa que eres la mujer que amo.
Unas pequeñas lágrimas abandonaron la compresa en la cual permanecían, pero esta vez de felicidad, por amor, por esas suaves palabras que el hombre al que tanto amor le tenía había pronunciado.
—Yo… Dios, te detesto tanto…
Edward se carcajeó por esa oración.
— ¿Me odias, cariño? No creía que tu amor era bipolar.
—Te detesto, Cullen. Te detesto por hacerme feliz, por darme razones para sonreír. Te amo.
—Te amo mucho más, nena. Al punto de que duele amarte tanto. Al nivel de querer, después de mucho tiempo, tener un futuro en común. Tanto, pero tanto, que quiero que pases el resto de mi vida a mi lado. Cásate conmigo, Bella Swan.
—Papi, ¿te quiedes casad con mi tía Bella?
¿Que responderán Edward y Bella ante la pregunta de Julie?
Antes que nada, perdón por la demora, espero que este capítulo, mas largo, sea de su agrado!
Sinceramente gracias por todos sus rr, me hace feliz leer cada uno de sus mensajes, les agradezco mucho!
凸(^_^)凸
Nos leemos muy pronto!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
