Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer porque aun no los pude comprar, y esta locura me pertenece! XD
Capítulo beteado por mi querida y maravillosa Estephany Twilighter Priego Vazquez (Butterfly of Violet Wings)
y la genia de Flor Carrizo de Betas FFAD.
www . facebook groups / betasffaddiction /
"Es reconocida como verdad absoluta aquella que afirma que un hombre soltero dueño de una gran fortuna ha de sentir algún día la necesidad de casarse."
(Orgullo y Prejuicio)
Capítulo 21
.
.
.
.
Las palabras de Edward, y los amplios ojos de la pequeña Julie, dejaron sin habla a Isabella.
Habían tomado recaudos para que la niña no se enterara de la relación que mantenían. Cuando Edward pasaba la noche en el departamento de Bella, él se levantaba temprano y partía hacia su casa, donde se daba una ducha y retomaba su rutina. Entre sus clases con Leah, los ensayos y los conciertos de Sunrise, pasaba el día ocupado. Muchas veces, esa rutina se veía alterada por los encuentros con el Juez de menores, el Dr. Cristopher Millens, pero, por suerte, esos encuentros parecían haberse terminado con la tenencia de Julie.
El desconcierto en la mirada de Bella, buscando una respuesta rápida para salir de esa situación en la que los había puesto esa pequeña niña de apenas cuatro años, era la antítesis de la mirada de Edward. El cobrizo había buscado mil maneras para intentar hablar con su hija de la relación que mantenía con Bella. Él sabía que podía ser difícil de entender para Julie; pero, a la vez, seguramente, ella estaría feliz. No mantenía una relación con una extraña, mantenía un trato especial con su tía, esa mujer a la que su hija idolatraba y adoraba. Era arduo creer que su hija no aceptara esa relación. Nunca pensó que la situación se le iría de las manos, planificaba ser él quien, de la mano de Isabella, le contara a Julie la verdad; pero parecía que el destino no quería retrasarlo más, y había empujado a la pequeñuela a esa sala en un momento inesperado. ¿Cómo explicárselo?
—Yo… Jul… —Las palabras tartamudeadas estaban siendo atentamente escuchadas por la pequeña—. Nena, esto…
—Cariño… —la voz de Bella interrumpió la explicación de Edward—, lo que tu papá intenta decirte es que… yo no…
—Nena, la tía Bella y yo nos queremos mucho, eso es…
—Yo tamien quiedo muchiiiiooo a mi tía, pedo no pedo casadme con ella. ¿O sí, papi?
Edward sonrió y se puso en cuclillas, intentando tomar la altura de su pequeña.
—No, cariño. No puedes casarte con la tía porque ella es tu tía, y las tías no se casan con las sobrinas. ¿Entiendes?
Julie entrecerró los ojos, intentando comprender las palabras de su padre.
—Nop, no etiendo, papi. ¿Po qué tú sí pedes?
—Porque soy hombre, y porque tengo la edad suficiente para casarme.
—Ah, o sea que cuando sea gande… ¿podé casadme?
Edward la tomó de la cintura, acercándola a él.
—Primero: ese joven deberá pasar por un estricto control de mi parte, y después veremos. —Bella sonrió ante los celos que el cobrizo mostraba—. Pero, lo que intento decirte, es que tu tía Bella y yo vamos a casarnos porque nos queremos mucho y queremos formar una familia. —Alzó a Julie y, poniéndose de pie, giró su cuerpo, enfrentándose a Bella—. ¿No es así, cariño?
Las mejillas de Isabella parecían estar totalmente coloreadas de un hermoso rubor natural.
—Yo… Hummm…
—Tía ¿vas a casadte con mi papi?
Edward miró, de nuevo, fijamente a Bella, tendiéndole la mano.
— ¿Cariño?
La castaña soltó una pequeña sonrisa.
—Sí, dulzura. Tu papá y yo… —Julie se puso seria, algo que Bella notó enseguida, por lo que sus palabras se desvanecieron—. Julie, nosotros…
Julie se puso formal entre los brazos de Edward e intentó imitar la postura que su padre usaba cuando quería que sus palabras se tomaran en serio.
— ¿Quiedes a mi papi, tía?
—Más de lo que te imaginas, cariño.
—Etoces peden sed novios, pedo quedo un hedmanito pada jugad.
Edward soltó una carcajada ante el pedido de su hija. No es que no lo hubiera pensado: hijos con Bella sería el broche de oro para su relación, imaginar cómo, poco a poco, el vientre de la mujer que amaba iría aumentando su tamaño para cobijar a esa personita que crearían entre ambos, lo hacía inflar su pecho.
Bella había perdido el color de su rostro, parecía que su sangre había dejado de correr por el torrente sanguíneo tras las palabras de su sobrina.
—Julie, yo… Es… No… —Las palabras parecían escasear y tropezar.
Edward se dio cuenta de la reacción de Bella, por lo que intentó explicarle, a su manera, las cosas a su hija.
—Ven aquí, cariño. —Extendió su mano para sentar a Julie en su regazo, mientras él se sentaba en el sofá—. Lo que Bella intenta decirte es que un hermanito no es fácil de traer al mundo, no es como cuando pides una Barbie Rapunzel o la Barbie mamá, es algo más complicado. Para traer un hermanito, Bella y yo debemos hacer un viaje para poder encargarlo y esperar nueve meses a que llegue. O sea, debemos ser pacientes y esperar. Además, primero quieres ser esa hermosa dama de honor que anteceda a Bella en el altar. ¿O no?
Los ojitos brillosos respondieron a la pregunta de Edward antes que sus palabras fueran lanzadas.
— ¿En sedio sedé dama de honod, tía?
Bella había escuchado atentamente las palabras de Edward. Ella era profesora y se suponía que, mientras cursaba, le habían enseñado a responder las inquietudes de los chicos; pero el pedido de Julie la había sacado de su cauce, alterando sus pensamientos.
Siempre había soñado con ser profesora: enseñar era lo que la hacía feliz cada jornada. Fue la llegada de Edward a sus días lo que la hizo darse cuenta de que no estaba solamente en su profesión la felicidad. Verlo en su casa, aunque fuese de la mano de su hermanastra, la hacía sonreír. La llegada de Julie fue dolorosa —no podía negarlo— pero, le había dado esa chispa de amor irrompible que con el tiempo creó entre ella y la pequeña. La amaba como si fuese ella quien la había llevado en el vientre durante toda su formación. El saber que esa bebé era parte de Edward la hacía amarla aún más.
—Claro que sí, serás la damita de honor más linda del mundo.
Julie saltó del regazo de su padre, para ir corriendo hacia donde se encontraba su tía.
—Siií… Sipididí. Sedé la más lidna.
Edward sonrió al ver a sus chicas sonreír, y se sumó al abrazo de ambas. Nada podía darle más felicidad, en ese momento, que verlas felices.
.
.
.
— ¿En serio quieres mi ayuda?
—Sí, Alice Brandon, ruego por tu ayuda. —Bella puso su mejor carita tierna, a tal punto de asemejarse al gatito de Shrek.
— ¡Soy tan feliz! Nunca pensé que oiría esas palabras de su boca, señorita Swan. O ¿debería empezar a llamarla "Señora Cullen"?
Bella sonrió y le pegó suavemente en el brazo a su amiga.
Isabella era consciente de que preparar su boda no era algo fácil, ya que Edward había puesto una única condición: se casarían en el campo de los abuelos de Emmett, ya que ahí había pasado gran parte de su adolescencia, y afirmaba que el lugar era de ensueños. Si hubiera sido por ella, se casarían en el registro civil, luego, una pequeña recepción en casa de Edward, o en algún lugar acorde y ya; pero, por amor a Edward, que había puesto su condición, y a su queridísima amiga, Alice Brandon, quien no permitiría que Bella se casara de forma sencilla, haría lo mejor que una novia en su lugar podría hacer: dejar todo en manos de su amiga y ella solamente dar la decisión final.
—En serio, Alice, agradecería mucho tu ayuda. Es que no sé nada de casamientos, y quiero que Edward sea el hombre más feliz ese día.
—Edward ya es feliz a tu lado, Bella. Se le nota con solo mirarlo a los ojos cuando te ve, cuando habla de ti. —Alice sonrió—. Está enamorado, Bella, enamorado de ti, y eso no se puede negar.
Bella escuchaba las palabras de su mejor amiga mientras jugueteaba con sus dedos.
—No dudo de su amor, Alice. Sé que Edward me ama porque me lo demuestra con cada gesto, con cada palabra.
—Ay, Bellibells, ¿quién lo diría? El hombre del que estuviste enamorada durante tantos años ahora duerme en tu cama y te deja totalmente satisfecha.
Bella se sonrojó ante las palabras de su amiga, pero sacó su lado picaresco, solo para molestar a Alice.
—Más que satisfecha.
—Maldita sea, Swan, no es necesario que me refriegues en la cara que eres felizmente follada todas las noches. —Alice fingió, haciéndose la enojada.
—Y no olvides las mañanas. —Ambas soltaron una carcajada. Cuando la risa mermó, Bella continuó—: ¿No ha pasado nada con Josh?
— ¿Te refieres al McCanegan?
—Al mismo que quería follarte la primera semana que llegó.
—Nada.
—No te libres de mi pregunta con una sola palabra, Alice Brandon.
— ¿Qué quieres que te diga, Bella? Solo tuvimos sexo un par de veces, pero lo descubrí coqueteando con Sandy, y no pude reclamarle nada ya que solo compartíamos momentos de sexo sin compromiso, así que decidí terminar con esas escenitas.
—Oh, Alice. Ya encontrarás alguien con quien compartir más que una aventura sexual.
—A esta altura, creo que me volveré vieja y solterona. Tendré que compartir el resto de mi vida con peludos gatos que orinen tan olorosamente que me daría asco a mí misma.
—Alice, tú no tienes gatos.
—Lo sé, solo que me veo figurativamente.
Ambas rieron ante la ocurrencia de la joven.
—Tal vez tu Romeo esté esperando por ti, Alice. Quizás en mi boda. ¡Quién sabe!
—Posiblemente tenga que pedirle a Edward que invite a algún amigo soltero para mí.
—Es muy probable que lo haga, solo por verte feliz.
— ¿No es a ti a quien debe hacer feliz?
—Edward sabe que si tú eres feliz, yo también lo soy.
—Awww… Eres tierna, Bellibells. Entonces, recuerda decirle a Edward que necesito un machote como él, que le guste follar como conejo, día y noche, mañana y tarde.
—Alice Brandon, nosotros no follamos como conejos.
— ¿Ah, no? —Bella negó—. Entonces díselo a tu cara.
Y una nueva risotada se apoderó del lugar.
.
.
.
— ¿Estás segura de que quieres hacerlo?
—Completamente segura.
—Podemos hacerlo cuando mi madre esté de vacaciones, así podría cuidar a Julie, y lo haríamos solo tú y yo.
—Sabes que me haría muy feliz que ella compartiera ese momento con nosotros. Además, le hará bien para olvidarse, momentáneamente, de lo de Tanya.
—De acuerdo. Me encargaré de todo y lo organizaré para que volemos el martes por la mañana.
—Estoy ansiosa por que pasemos los tres esos días en Alaska.
—Cuando le contemos a Jul la noticia, verás lo feliz que se pone, no solo por conocer un lugar bellísimo, sino porque no irá a clases esos días.
—Los genes Cullen no se puede negar. —Sonrió ante esa frase.
— ¿Estás diciendo que los Cullen somos vagos a la hora de ir a la escuela? —Edward fingió enojarse—. No sabes en el problema que acabas de meterte. —Caminó con grandes pasos hasta tomar a Bella de las muñecas.
— ¿Ah, sí? —Parpadeó repetidas veces, mostrando una mirada virginal—. Las niñas malas podemos meternos en muchos problemas cuando queremos… —pasó la lengua por sus labios y fijó su mirada en el mar verde en el que se vio reflejada—, por lo tanto, merezco un castigo, Cullen.
—Oh, Dios, eres un monstruo… —Edward rió ante las febriles palabras de esa mujer. Le pasó una mano por la cintura y la otra por debajo de sus rodillas, la alzó como lo hacen los recién casados y empezó a subir las escaleras en dirección a su cuarto—. Un monstruo que me encargaré de domar en nuestra cama.
.
.
.
—Tía, ¿pod qué debo llevar tanto abigo?
—Porque, en el lugar a donde vamos, hace mucho frío y te enfermarás si no te abrigas.
—Pedo a mí no me gusta usad tanta dopa.
—A nadie le gusta, cariño. —La voz de Edward sonó divertida por las palabras de la pequeña—. Pero este caso es especial, porque a donde iremos hay nieve y haremos muñecos Frosty*. ¿Te gusta la idea?
—Sipididí.
Ambos adultos rieron al ver el repentino entusiasmo de Julie.
—Vamos, princesas, apúrense o perderemos el vuelo.
.
.
.
El aire frío golpeó las mejillas de los tres, dándoles la bienvenida a Alaska. El clima se había mantenido estable, con bajísimas temperaturas, impulsando el turismo.
Julie, con sus rulos plateados al viento y un gran abrigo que cubría gran parte de su cuerpecito, no hacía más que sonreír. Este viaje, a pesar de ser repentino, era ansiado por ella. Amaba pasar tiempo con su padre y con su tía Bella —la consentidora—, quien la trataba como parte de su ser. Julie veía en Bella a un ángel, a ese amigo invisible que todo niño tiene.
Edward esperaba junto a Bella las maletas, mientras veía la sonrisa grabada en el rostro de Julie. Él amaba a su hija y, como a todo padre, se le hinchaba el pecho al ver esa mirada iluminada y pura que la pequeña dejaba ver. El tener a Bella con ellos, con él, como su mujer, era algo irreal. Si alguien le hubiera preguntado si esperaba, después de Tanya, encontrar a una mujer con la cual quisiera compartir el resto de su vida, lo hubiera negado rotundamente. Para él la única mujer en su vida y que tenía importancia, era su hija, hasta que vio a la verdadera Bella, claro.
La pareja recogió las maletas y se encaminó hacia las oficinas, donde rentarían un automóvil para su estancia.
.
.
.
El viaje en avión y luego los 40 minutos en la carretera, hicieron mella en la pequeña, quien llegó al destino totalmente dormida.
El Hotel Alyeska era uno de los hoteles más importante de Alaska. Estaba ubicado en un exuberante valle rodeado de montañas, glaciares colgantes, y espectaculares vistas al mar. Edward le había pedido a Rosalie, la novia de Emmett, su ayuda para encontrar el mejor lugar para llevar a sus chicas. La rubia, quien tenía familiares en ese país, le había aconsejado el Alyeska, ya que era una combinación entre lo moderno, lo natural y lo familiar: justo lo que Edward buscaba.
Al llegar, Edward bajó primero, para abrirle la puerta a Isabella, quien estaba con la boca abierta, maravillada por la imponente vista del resort.
El cobrizo tomó a Julie en sus brazos, ya que permanecía dormida por el agotador viaje, y le entregó las llaves del automóvil al botones que se acercaba.
Se encaminaron hacia la recepción, donde se registraron y les entregaron las tarjetas de su suite.
Bella estaba maravillada con el lugar. A medida que iban llegando, sus ojos se iban posando en esa monumental construcción, similar a un castillo recientemente renovado, y luego, al registrarse, sus ojos fueron al recibidor con diversos tonos del color caoba, con amplios sillones de color chocolate y una imponente imagen de las montañas locales. Era la viva imagen de un lugar lujoso, pero familiar.
.
.
.
La suite en la que se hospedaron era inmensa. Los ojitos de Julie parecían querer salirse. Era como estar en una casa de la realeza.
Los muebles modernos de madera hacían contraste con las paredes color bordo. El piso, también de madera, le daba un aire hogareño al ambiente. La estufa de leños (de material) se encontraba encendida, menguando la temperatura del lugar.
Era un sitio hermoso a simple vista; pero, detalladamente, era paradisiaco.
Al cruzar la puerta principal se dejaba ver, a la derecha, un gran ventanal: era inmenso, con una vista de la hermosa ciudad de Anchorage. Frente al ventanal se encontraba un gran sillón de cuero color chocolate, con una pequeña mesita de té color café. Detrás del sillón, un minibar con un par de bebidas completaba el recibidor.
El living continuaba con un pasillo que conducía a la cocina, de estilo moderno; pero preparada especialmente para usarse como comedor. En el segundo piso de la suite se encontraban las habitaciones. En las paredes del pasillo, también de color pastel, colgaban tres cuadros renacentistas, dos del lado derecho y uno en la pared izquierda.
Las habitaciones se encontraban enfrentadas. La de Julie se hallaba a la izquierda. Estaba pintada de un suave color arena, con baño privado en el mismo tono, este último tenía un ropero antiguo de roble, de un exquisito gusto; en el cuarto, la decoracion estaba compuesta por un espejo de medianas medidas y un banco de madera forrado con piel de fantasía de color natural; una cama de dos plazas con sabanas de Tinkerbell —pedido especial de Edward— con un cobertor rosa pálido completaban la decoración.
La habitación de Edward y Bella era mucho más grande que la de la niña. Una cama tamaño Kingston, con un cobertor borgoña y almohadones en azul Francia a su alrededor, eran el detalle más llamativo al entrar; los muebles de roble antiguo le daban ese toque rústico a la habitación; un tocador a la derecha de la cama con un banquito de la misma madera completaba el ambiente; el vestidor, con paredes de color pastel, se encontraba antes del baño, era bastante amplio ya que el hotel acostumbraba alojar a sus clientes durante varios días; el baño, se podía decir, era como otra habitación: su gran tamaño alojaba un Jacuzzi circular con hidromasajes; una acogedora tina estilo antiguo invitaba a pasar horas ahí, y una ducha moderna con mamparas de cristal laqueado, por si los visitantes deseaban una ducha "normal"; una pileta doble de marmol blanco y el juego de vanitory impoluto completaban el espacio.
El viaje los había agotado, tanto que bajaron a cenar al restaurante del hotel, comieron algo liviano y volvieron a la suite, donde Bella arropó a la pequeña Julie, mientras Edward llenaba la tina.
—Pensaba que esa pequeña iba a engañarte para que te quedaras con ella.
—Lo intentó, alegando que hace frío y no trajo a Peppo.
—Esa excusa solo se le puede ocurrir a Julie.
—Tiene tus genes, Cullen.
—No puedo negarlo. Ambos enloquecemos por ti —dijo, mostrando una sonrisa ladina—. Podrías empezar a enloquecerme en este preciso momento.
Bella seguía recostada en la puerta del baño.
—Mmm... ¿Puedo pensarlo?
—Oh, por Dios. ¿Te robaste mi ego, Swan?
—Imposible superar tu ego, Cullen.
—En eso tienes razón —respondió, dando unos pasos en dirección a Bella—. Mi ego es tan malditamente grande que voy a hacerte el amor en la tina y luego voy a follarte duro en esa cama —terminó, señalando en dirección a la cama y tomando a Bella de la cintura—. ¿Tienes alguna objeción?
—Ninguna.
—De acuerdo. Empecemos por sacar estas capas de tela que tapan ese hermoso cuerpo.
.
.
.
Los días en Alaska los habían distribuidos, en su mayoría, en actividades familiares. Disfrutaron del Scenic Tram Ride, que consistía en un paseo en el pintoresco teleférico, donde subieron a 2,300 metros de altitud. Julie era la que más había disfrutado de ese paseo, ya que el lugar estaba rodeado de espectaculares vistas, de las cuales tomó muchísimas fotos, con la cámara que Bella le había regalado para el viaje. Luego caminaron a lo largo del monte, donde disfrutaron de un rico refrigerio.
También visitaron el sector de Berry Picking, donde había arándanos, frambuesas silvestres y bayas: elementos básicos en la alimentación de los osos y marmotas de Alaska. Otro lugar que no pasó desapercibido por los tres fue el Girdwood Bike Path, que tenía más de cuatro kilómetros de camino pavimentado para bicicletas, esta fue una de las actividades más divertidas, ya que Edward se encargó de llevar a Julie en el recorrido, por lo que Bella iba más rápido, así que disfrutaron de una especie de carrera.
Una de las actividades que no pudieron evadir —por pedido de Julie— fue el Patinaje sobre hielo. El estanque en el Hotel Alyeska se congeló debido a las altas temperaturas y, como era habitual, el hotel proporcionó una superficie de patinaje para la diversión de sus visitantes.
En toda visita al Alyeska no puede evitarse visitar el Alaska Wildlife Conservation Center, un centro de conservación de vida silvestre de Alaska. El hogar tiene una gran variedad de vida silvestre nativa incluyendo el oso marrón y el oso negro, el caribú, el buey almizclero, bisontes, alces, águilas calvas, y lechuzas.
Todas las actividades que habían realizado las hicieron en un marco familiar —a pesar de que hubo algunas personas que reconocieron a Edward, luego de tomarse una fotografía y firmar autógrafos, habían mantenido la tranquilidad del paseo—, pero el deseo de perderse en la burbuja de pareja los hizo convencer a Julie de visitar la Girdwood Library. La biblioteca de la comunidad, además de ofrecer una gran biblioteca, tiene un programa de actividades programadas para niños —cosa que puso muy feliz a Julie, y que no tardó en aceptar— además, cuenta con una amplia selección de películas que comparten en una mini sala de cine.
Ambos aprovecharon ese día para descansar. Pasaron por la piscina del hotel, donde juguetearon un rato entre besos y caricias, y en seguida subieron a la suite, donde entraron más que acalorados por las situaciones intensas que estaban teniendo a medida que el ascensor los llevaba a su destino. Al llegar al piso de la suite, Edward cargó a Bella y entró a la habitación, subió las escaleras y directamente se dirigió al baño de su recamara. En el camino quedaron tiradas las batas de baño que ambos traían puestas luego de estar en la piscina. Las piezas de la bikini de Bella habían desaparecido por arte de magia de camino al baño.
—Siéntate aquí mientras lleno el jacuzzi. —Edward sentó a Bella en la pileta de mármol.
—Sí, señor. ¿Qué va a hacer conmigo?
—No tienes idea de lo que pienso hacer contigo.
Bella abrió sus piernas, ya que estaba recostada encima del respaldo de la pileta. Edward abrió el grifo del jacuzzi y se encaminó hacia donde yacía Bella sentada. Su boca fue rápidamente al coño que lucía resbaladizo, rosado e hinchado, en busca de su placer, del placer que solo él sabía darle.
Su lengua separó aquellos labios y Bella gimió con ganas. Su esencia cubrió sus labios y sus dientes fueron hasta su clítoris para empezar a morderlo con suavidad.
— ¡Ah! ¡Ah! ¡Edward!
La punta de su lengua trazó círculos en ella una y otra vez, a una velocidad formidable, y llevó dos dedos hasta su entrada, muy, muy adentro.
—Vas a volverme loca, Cullen —suspiraba ella entre gemidos.
—Juro que podría hacerte mi esclava y encerrarte de por vida en una habitación. Podría tenerte encerrada todo el día, desnuda y lista para mi placer, para follarte en cada momento, rudo y fuerte.
Mil y una fantasías pasaron por la mente del cobrizo.
Ella alzó su rostro y lo miró, incrédula.
—Oh, perdón señor rey, no sabía que aún vivíamos en la época de la esclavitud —dijo Bella sarcásticamente.
Entre risas, Edward volvió a su labor y comenzó a bombearla, utilizando su lengua. Ella gemía de forma discontinua.
— ¡Ah! ¡Ugh! Maldita sea, Edward. ¡Maldito tú, tu maldita lengua y tu maldita barba! —Gruñía y sollozaba.
Edward lanzó pequeñas risitas encima de su coño, soplando un par de veces. Era consciente de que la barba era una buena aliada en el sexo oral.
Sabía que pedirle a Bella que hablara sucio en el sexo la haría cohibirse. Así que la única forma de sacar su lado "grosero" —que tanto lo ponía— era estimulándola.
—Tu puto coño se moja tan fácilmente para mí. Está hinchado, pidiendo ser follado de una buena vez —sus palabras salieron con voz ronca mientras se desasía de su bermuda dejando su polla visiblemente hinchada y lista.
—Entonces fóllame con tu puta polla de una buena vez —jadeó, mordiéndose el labio.
Edward se sentía a punto, listo para ella, lo ponía a mil oírla hablar así.
— ¿Cómo quieres que te folle, cariño? —Se separó de ella para tomar sus caderas y posicionar su miembro erecto en su entrada—. ¿Duro? ¿Lento?
—Duro y rápido —pidió ella, gimiendo—. Ah… ya, Edward.
Comenzó a mover su miembro sobre sus labios, de arriba hacia abajo, la punta de su miembro tocaba su centro y su clítoris, y eso los mojaba a ambos.
—Nos… No sé si pedirte que no pares o que lo hagas. ¡Dios! Edward necesito que me folles de una maldita vez.
Edward se carcajeó ante las inesperadas palabras de Bella.
—Estoy lubricándome, nena —respondió—. Quiero entrar a ese coño tan estrecho.
—De acuerdo, conozco tu juego. ¿Ahora es cuando me preguntas por qué soy tan putamente estrecha? —Ella rió.
—Bella, te he follado en la cama, en el suelo, en la pared, encima de mi piano, en mi auto, en todas las posiciones posibles. No puedo decir que eres igual de estrecha que antes, ya que mi polla se la pasa follándote en todo momento.
Sus miradas se encontraron, recordando cada lugar donde habían tenido sexo.
—Tranquila, cariño, voy a seguir amándote porque me encanta tu trasero —remarcó, acariciando sus nalgas con suavidad y soltando una pequeña risa.
Y entonces, entró de una sola estocada.
—Woah... Esto es lo que llamo estar jodiéndote putamente riquísimo —jadeó, sintiendo cómo sus paredes envolvían su miembro con rapidez. Cuando estaba así de caliente, ella era jodidamente estrecha.
Se paró y Bella automáticamente enrolló sus piernas en la cintura de Edward. Él se encaminó hacia el jacuzzi, donde cerró el grifo y apoyó a Bella en el marco del mismo.
—Rápido, Edward, fóllame duro. Esta posición en el borde resulta muy incómoda —le advirtió y él se echó a reír.
Edward sabía que cuando follaban podía ser muy brusco, por lo que cedió y la alzó, para sentarse dentro del jacuzzy y que ella se sentara sobre su cuerpo.
—Oh… Ah… Dios… —gemía ella, estirando su espalda para que sus pechos sobresalieran.
Edward los sujetó firmemente con sus manos y comenzó a besarla en cuanto sus caderas se movieron al ritmo de las suyas.
Pero, fue tal la necesidad de ambos, que salpicaron todo el baño, debido a sus insistentes movimientos. Ella gemía más y más alto y él se permitía jadear como un hombre muerto de sed.
— ¡Ah! Ed… Edward, me corro —le dijo al oído, mientras abrazaba su cuello como si fuese una niña pequeña.
—Espera… Espera un segundo —pidió, sabiendo que no le faltaba mucho.
— ¡Dios! ¡Ah! En verdad… no aguanto. —Su respiración se agitaba y su voz subía una décima.
El saber aquello, era como una bomba de tiempo, que lo impulsaba a tomar sus caderas y comenzar a follarla como una bestia, solamente para que su orgasmo fuese aún más fuerte de lo que ella venía reteniendo.
Bella maldijo varias veces entre cada estocada.
Era jodidamente perfecto.
Cualquier hombre podría follarse a Isabella Swan durante toda una noche y disfrutar de su cuerpo; pero era Edward quien gozaba de aquella suerte.
Ella se corrió y se quedó inmóvil, mientras sentía como el placer sacudía su cuerpo. Edward siguió embistiendo como loco hasta que fue su turno de gruñir su liberación.
Edward sentía que al tener sexo con Bella liberaba no solo su esencia dentro de ella, sino que liberaba parte de su alma.
Ella era tan perfecta para sus ojos.
.
.
.
—Papi, ¿cuado podemos vodved a Alaka?
—Eh… Recién llegamos y… ¿ya quieres volver?
—Es que me guztó mudso.
—Ok, hermosa. Volveremos pronto, ¿vale? —Edward dejó un suave beso en la frente de su hija—. Ve a llevar la bolsa que trajiste a tu cuarto.
—Sipididí.
Edward se encaminó hacia la habitación donde se encontraba Bella.
El viaje había sido —nuevamente— agotador, pero habían vuelto con energías renovadas.
Edward abrió la puerta de la habitación de Bella.
— ¿Amor? —La castaña se encontraba acostada en posición fetal—. ¿Te sientes mejor, cariño?
—Sí, seguro es algo que me cayó mal. No es nada. —Intentó sonreír, aunque esa sonrisa se desvaneció rápidamente.
—Nena, vienes con náuseas y vómitos desde hace dos noches, no puedo quedarme tranquilo.
—Ya te dije que no es nada, seguramente fue algo en mal estado que comí.
—Estás pálida, Bella.
—Si sigo así mañana, iré al doc… —Bella no pudo terminar la frase, ya que salió corriendo en dirección al baño. Edward la siguió rápidamente.
—No… —Bella intentó frenar la entrada del cobrizo, pero la fuerza de este era mayor—. No tienes que ver esto, Edward.
—No tengo que verlo, tienes razón… —dijo, mientras tomaba el pelo de Bella en una coleta y la ayudaba a sostenerse de la tapa del inodoro—; pero quiero hacerlo.
Después de que Bella expulsara todo lo que su estómago guardaba, mojó su rostro y nuca, y, con ayuda de Edward, volvió a la cama.
Edward había permanecido en silencio, centrado en sus pensamientos luego de sus últimas palabras con Bella. No podía ser posible lo que su mente cavilaba. Sería el hombre más feliz, pero tenía miedo de la reacción de Bella.
Sabía que debía sacarlo de su interior, de lo contrario la duda lo mataría.
— ¿Ya te sientes mejor, nena?
—Ajá. —Bella parecía adormilada, pero Edward no podía evitar preguntárselo.
—Nena, ¿estás tomando los anticonceptivos?
Bella abrió los ojos y fijó su mirada en Edward.
—Yo… Sí, claro, que sí. ¿Por qué lo dices?
—Es que estas náuseas y vómitos que tienes son síntomas de…
—Para ahí, Edward Cullen. —Bella se sentó en la cama rápidamente, tan rápido que un pequeño dolor abdominal la hizo calmar sus movimientos—. Estoy tomando las pastillas que me recetó la doctora Valmer. ¿No me crees?
—Tranquila, cariño. No es que no te crea. Es que a veces pasa, la pastilla no hace efecto y… tú sabes, podrías estarlo.
—Tuve mi periodo normal el último mes: es imposible, Edward.
—Nada es imposible, amor. Además…, me encantaría ser papá de nuevo. Serías una estupenda mamá.
Bella se tornó más pálida aún, y Edward lo notó, por lo que rápidamente agregó:
—Nena, esto no es presionarte, solo son unos locos pensamientos míos. Seguramente es una pavada.
—Sí, seguramente.
Pero esta charla hizo que Edward lo pensara firmemente, ya que era su deseo el tener hijos con Bella, mas la respuesta reciente de esta lo había sorprendido y puesto en duda.
—Bella, ¿qué pasa si estás embarazada?
.
.
.
*Frosty: Muñeco de nieve de serie de televisión estadounidense.
Uh uh, no me maten, prometo actualizar lo antes posible.
Mil veces perdón por la demora, espero sepan entender pero mis días tienen a un terremoto de 16 meses que se la pasa usando a su hermana para corretear por toda la casa y no es fácil sentarse a escribir!
Recuerden que pueden leer adelantos en el grupo de facebook "Paraíso e Infierno" (link en mi perfil)
Gracias a Esteph -mi beta- que a pesar de que esta a las corridas con sus estudios siempre se hace un tiempo para dejar lindo cada capítulo.
Sinceramente gracias por todos sus rr, me hace feliz leer cada uno de sus mensajes, les agradezco mucho!
凸(^_^)凸
Nos leemos pronto!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
