Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer porque aun no los pude comprar, y esta parte de esta locura me pertenece! XD

Capítulo beteado por mi querida y maravillosa Estephany Twilighter Priego Vazquez (Butterfly of Violet Wings)

y la genia de Flor Carrizo de Betas FFAD.

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"He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola."

Jorge Luis Borges.


Canciones recomendadas:

The Cure - Friday Im In Love

Bruno Mars - Just The Way You Are (Version acoustic)


Capítulo 22

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—Nena, esto no es presionarte, solo son unos locos pensamientos míos. Seguramente es una pavada.

—Sí, seguramente.

Pero esta charla hizo que Edward lo pensara firmemente, ya que era su deseo tener hijos con Bella, mas la respuesta reciente de esta lo había sorprendido y puesto en duda.

—Bella, ¿qué pasa si estás embarazada?

—Yo… Eh…

Bella se sentía acorralada. No es que nunca se le hubiese pasado por la cabeza formar una familia; pero, la rapidez con la que se daban los hechos era sorprendente, y hasta inadvertida para ella. Edward no dudaba del gran amor que la castaña le tenía, pero debía asegurarse de que Bella quisiera tener un futuro a su lado y forjar posibilidades, en las cuales, pequeños revoltosos invadieran el hogar para darles luz.

Edward tomó las mejillas de Bella, tratando de indagar sus pensamientos.

—Bella, no hablo de tener hijos ahora mismo. Creo que si estuvieses embarazada sería una sorpresa —los ojos marrones de Bella se llenaron de lágrimas—, pero, déjame decirte que sería el hombre más feliz de este planeta. No te imaginas lo que anhelo tener a una personita que sea carne de mi carne pero también de la tuya. Bella, entiendo que tal vez no estés preparada para ser madre, pero yo estoy contigo, amor, y tengo el resto de mi maldita vida para estar a tu lado, porque te amo y porque tú y Julie son las razones de mi respirar a diario.

Tras esas intensas palabras, Bella no dudó en besarlo. Besarlo y así demostrarle que, aunque no se sentía preparada para ser madre, si lo estaba, contaría con él, y juntos saldrían adelante. La boda era algo inminente, la llegada de un bebé no era un hecho esperado, sin embargo, sería bien recibido.

—Edward, yo… no creo estar embarazada, no lo siento…, no ahora. —Bella apoyó su cabeza bajo la barbilla del cobrizo, intentando impregnarse del aroma de este—. No es que no quiera tener hijos contigo…, es que no siento que sea el momento; pero, si llegara a estar embarazada, no podría evitar ser más feliz de lo que soy ahora, porque sería un bebé que tendría al padre más amoroso y bueno del mundo.

—Te amo, nena.

—Y yo a ti, cariño.

—Lo sé. —Edward levantó la barbilla de Bella con su dedo índice—. Prométeme que si sigues en ese estado, mañana visitaremos a un médico.

—Te lo prometo.

Ambos sellaron esa conversación con un beso dulce, tierno y pasional.

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Los reiterados vómitos hicieron que Edward llevara a Bella al médico; su preocupación iba en aumento, no era normal el estado de Bella.

— ¿Entonces, doctor Yorkie? ¿Qué cree que sea?

—Mire, señor Cullen, no puedo confirmar nada aún, necesito que Isabella se haga unos estudios que le ordenaré, y, cuando vea los resultados, entonces le daré una conclusión; antes es imposible, ya que no puedo ir en contra de mis principios médicos.

—De acuerdo. ¿Pueden hacerle los estudios aquí y ahora?

—Sí, son estudios sencillos. —En ese preciso momento, Bella salía de atrás de un biombo, donde se había puesto una bata para ser revisada—. La señorita Swan —miró en dirección a Bella— deberá hacerse un hemograma completo, es decir, análisis completo de sangre —demandó, mientras escribía en un recetario—, también una ecografía abdominal, para ver si podemos visualizar algo más.

— ¿Tienen que sacarme sangre?

El doctor Yorkie levantó una de sus cejas, de manera interrogante, por la pregunta de Isabella.

—Por supuesto, dudo que puedan analizar tu sangre de otra forma, Bella. —El doctor rio divertido ante tal pregunta y agregó—: Supongo que no tienes problema con eso.

—Yo… sí, digo no… —El rostro de Bella adquirió una tonalidad rojiza, pero, ¡Dios!, era por su inapropiada suerte el tener que caer en las garras de un médico que solicita que te extraigan sangre cuando eres fóbica a esta.

—Doctor, el problema es que Isabella no tolera ver sangre, pero yo le aseguro que Bella se hará los estudios que usted necesite.

—Debe estar contenta, señorita Swan, su novio es un gran hombre si se interesa en su salud. —El doctor sonrió a la pareja y les entregó las órdenes, despidiéndose de ellos.

Bella se hizo todos los estudios solicitados acompañada por Edward, quien estaba al pendiente de todo lo que ella pudiera necesitar. Luego de más de dos horas de espera, la secretaria del doctor Yorkie los invitó a pasar al consultorio del médico que ya los esperaba.

—Buenas tardes de nuevo, chicos. Ya tengo los resultados de los estudios de Isabella.

—Genial, entonces… —La frase de Edward fue cortada por la voz de Bella:

— ¿Qué es lo que tengo, doctor?

—No es nada trágico, Isabella. Tu hemograma salió perfecto, solo que en la ecografía vimos algo que no es habitual.

Edward miró a Bella. Los pensamientos de él eran firmes: un embarazo. Veía a Bella embarazada, con una gran barriga, luego, esa imagen se trasladaba a una Bella con un pequeño bodoque en sus brazos, en otra, una niña de rizos cobrizos, grandes ojos marrones y mejillas rojizas: una mini-Bella.

Los pensamientos de Bella se concentraban en rogar que aquello a lo que tanto miedo le tenía no fuera verdad. ¡Embarazada NO! Tenía que ser otra cosa, pero su cabeza no procesaba las cosas en orden, sus pensamientos se encontraban en una gran revolución. No aguantaba más, debía saber la verdad de lo que le pasaba.

—Doctor, yo necesito saber si estoy embarazada.

Los ojos del doctor Yorkie se posaron inmediatamente en Bella.

—Oh, no, no. Perdón por tardar en explicarme bien: tenemos una pequeña duda sobre algo en tu zona abdominal, Bella. Pero quédate tranquila: los análisis de sangre no revelan un embarazo en ti. No tienes Gonadotropina coriónica humana* en tu organismo, así que tranquila, no estás embarazada.

— ¿Y los síntomas que tuve?

—Sí, Bella tenía todos los síntomas de un embarazo —intervino Edward.

—Claro, es que los síntomas de colecistitis son similares a los de un embarazo.

— ¿Colecis…? —Edward intentó repetir la palabra que el doctor había dicho, ya que el lenguaje médico no era fácil de comprender.

—Perdón, es colecistitis: es una inflamación de la vesícula biliar. Necesitamos saber cuán inflamada está la vesícula para ver si hay presencia de cálculos, o podemos solucionarlo con medicación de forma intravenosa. —El médico parecía decir cada palabra con total tranquilidad, por lo que la pareja se relajó—. Vamos a ordenar una eco-tomografía abdominal y a asegurarnos del diagnóstico. Pero tranquilos, si controlamos esta inflamación, no tendrán nada de qué preocuparse.

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Los días pasaron como agua entre los dedos. Los resultados de los estudios de Bella habían anunciado una leve inflamación de la vesícula, por lo que una serie de antibióticos fueron recetados por el médico.

Julie le había pedido a Edward visitar a Tanya. Él no pudo negarse y, luego de hablar con la psiquiatra que tenía a cargo a su ex esposa, decidió cumplir con el pedido de su hija.

La visita no resultó ser lo mejor para Julie, ya que Tanya, en un arranque de celos e impulsividad, se atrevió a atacar a la niña verbalmente.

— ¿Para qué traes a esta mocosa? —preguntó al cobrizo—. ¿No entiendes que la detesto? El único motivo que tenía para soportarla era hacerte daño, pero ya me ves, estoy encerrada en esta maldita pocilga, y ella muy feliz contigo y la perra de Bellita Swan.

—Señora Denali, cálmese o tendremos que cancelar su visita.

—Haga lo que le dé la gana, me importa poco lo que hagan este idiota y esa mugrecilla que salió de este increíble ser —dijo, mientras se señalaba a sí misma y sonriendo por el término que usó al referirse a la niña— y que gracias al cielo lleva mis genes. Pueden hacer lo que se les ocurra. Púdranse en el infierno.

Julie lloraba ante las hirientes palabras de su madre.

—Mami, ¿po qué me dices así? Soy yo, tu hijita.

—Sé quién eres. Eres el estorbo más grande del mundo. Si hubiera tenido agallas, te hubiera abortado ni bien me enteré que estabas dentro de mí.

— ¡Por Dios, Tanya! —Edward gritó, descontrolado por las palabras que Tanya le dirigía a la pequeña—. Eres un demonio. Esta será la última vez que verás a Julie. Juro por lo más sagrado que esto es lo último que le haces a mi hija.

Tomó a la pequeña en sus brazos y salió raudo hacia el pasillo. Estaba alterado, histérico y, a la vez, su instinto paterno lo hacía querer poner una barra protectora en el corazón de su pequeña. Tanya la había vuelto a lastimar. Era una niña de cuatro años. Nadie en este mundo osaría dañar a alguien indefenso, excepto un ser malvado como su ex esposa.

Luego de ese desafortunado encuentro entre la niña y Tanya, Edward había presionado a su abogado para conseguir la tenencia definitiva de Julie. Estaba decidido a conseguirlo, ese sería un paso muy importante para protegerla y hacerla feliz.

Las semanas pasaron y la tortuosa espera llegó a su fin. Edward estaba feliz, por fin el juez había dado la sentencia definitiva respecto a la tenencia de su hija; dictaminaba que, a partir de la fecha bajo respaldo legal, la tenencia unipersonal era otorgada al padre, dejando constancia del rechazo de establecer un régimen de visitas con la madre, Tanya, debido al último encuentro que madre e hija habían tenido. La imagen de Tanya para Julie era perjudicial, por lo que el juez determinó la prohibición hacia Tanya de estar cerca de la niña.

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El día había llegado.

Alice ayudaba a Bella en los últimos detalles de su vestido (casual, sencillo), como ella lo definió. Los nervios de la castaña eran más que evidentes.

— ¿Y si no me entra porque engordé? ¡Me voy a ver horrible, Alice!

—Bella, cálmate. La última prueba te la hiciste hace tres días, y tus nervios no te han dejado probar bocado hace mucho, así que es imposible que hayas engordado. Te irá bien y te quedará precioso. Date la vuelta, que necesito subir el cierre.

Bella giró, cerrando sus ojos: no quería verse en el espejo. Tenía miedo de arruinar todo. Edward podría tener a la mujer que quisiera, ¿y si se daba cuenta y la dejaba plantada?, o peor, ¿y si en el altar le decía que NO quería casarse con ella?

— ¿Puedes dejar de pensar idioteces, Bella?

—No son idioteces. Además, ¿cómo es que sabes lo que estoy pensando?

—Es que soy una maldita psíquica. —Ambas rieron—. Ok, está bien. No lo soy, aunque podrían darme el premio a la mejor diseñadora del mundo. Mírate. —Bella no abría los ojos y eso hacía que Alice empezara a desesperarse—. Bella, abre ahora mismo los ojos. —Alice se puso firme y con voz seria pronunció la última frase, haciendo que Bella se viese en el espejo.

— ¡Oh, por Dios!

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Nunca en su vida había pensado que este día llegaría, pero aquí estaba, a tan solo unas escasas horas de ser la esposa del hombre que amaba.

Edward estaba igual que ella. La ansiedad por estar de nuevo al lado de Bella lo estaba matando. En su mente, se recriminaba el haber accedido a pasar su última noche de soltero separado de Bella.

Esme había conseguido su cometido quedándose a dormir en la misma casa que Edward. Carlisle no dejaba de sonreír ante las palabras de su esposa:

—Edward Anthony Cullen, hasta el día en que me muera seré tu madre, así que me harás caso y dejarás que Bella pase su última noche de soltera lejos de ti. —Esme, con total seriedad, anunciaba ese decreto a su hijo, quien sabía muy bien que su madre hablaba en serio.

—Pero… mamá —Edward parecía un niño pequeño explicando, justificándose—, Bella y yo vivimos prácticamente juntos, no es justo que la última noche la pasemos separados. Además, no creo en esas bobadas.

— ¿Llamas bobadas a las costumbres de las bodas?

—No, yo solo digo que…

—Tú nada, debes dejar de ser egoísta, cariño. —Esme suavizó sus palabras. Sabía que aquello podría lastimar a su pequeño adulto, pero debía recordárselo—. Bella se casa por primera vez, y ella merece tener una boda como cualquier mujer en este planeta. Tú ya tuviste una boda con Tanya, dale la oportunidad a Bella, si la amas como dices, de que tenga la mejor boda que puedas darle.

Edward escuchó atento las palabras de su madre. Sabía que ella estaba en lo cierto; pero, su lado egoísta salía a flote constantemente si del otro lado estaba el mantenerse lejos de Bella.

—De acuerdo: es la última noche que mi futura mujer estará lejos de mí.

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—Maldición, Edward. Estás bien. ¿Puedes dejar esa corbata tranquila?

—No debí pasar la noche lejos de Bella. ¿Qué tal si se arrepiente? ¿Sabes, acaso, lo mucho que me costó que aceptara casarse conmigo? Maldición.

Jasper entró a la habitación con un vaso de whisky que le tendió a Edward.

—Toma esto, y cálmate. A Bella le dará un ataque si por tu maldita inseguridad te agarra un ataque de pánico.

Los amigos sonrieron ante las palabras del rubio.

—Lamento enloquecerlos, pero amo a esa mujer y no quiero estar alejado de ella.

—Entonces no demores más, salgamos a patear traseros. —La frase del amigo grandulón hizo que Edward levantara sus cejas—. Ok, vamos a la casa de Dios. ¿Está bien así? —Lo último lo dijo haciendo un pequeño puchero con sus labios.

—Eres insufrible, Oso.

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El día parecía haberse coordinado con la suave decoración que Alice había elegido.

El mar estaba sereno. La arena aún más blanca que cualquier día.

Un altar con un arco de color blanco rodeado de rosas blancas y amarillas; sillas con cubiertas de seda italiana blanca y grandes floreros de madera tallada, daban un aire sofisticado, pero casual. El vestido de Bella era tafetán blanco con tiras de encaje y abalorios hasta la altura de las rodillas. Unas sandalias blancas de taco chino sellaban su look.

Rosalie, la novia de Emmett, se había encargado del peinado, y Alice del maquillaje, delicado pero detallado, marcando los rasgos más importantes de Bella.

Edward, por su parte, vestía una camisola blanca de lino abotonada, dejando los primeros botones abiertos, y un pantalón, también de lino, color hueso. Ambos acordes al casamiento playero que habían elegido. Sutiles, sencillos, pero sofisticados.

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Las alianzas de oro blanco rodeadas por oro dorado llevaban grabadas dos frases: la de Bella, escrita por Edward, decía: "La razón de mi vida eres tú", y la de Edward, escrita por Bella: "El amor de mi vida eres tú"

Ambos las llevaban puestas en el dedo anular, mostrándolas orgullosos.

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El almuerzo de celebración que decidieron brindar en La Push fue totalmente íntimo. Stevenson, actual mánager de la banda, fue el encargado de mantener un acuerdo con la prensa, prometiéndoles una serie de fotografías para que la pareja pudiera ser respetada y tuviera una completa intimidad durante la celebración de la boda.

Las mesas tenían cada una un sobre color crema atado con una cinta verde musgo y una estrella de mar (artificial), donde los novios habían destinado algunas palabras a los invitados. Había sido idea de Bella, en forma de agradecimiento a quienes los apoyaron con su noviazgo. En el centro de cada mesa yacía una copa de gran tamaño que contenía diversos caracoles con agua y pequeñas velas acuáticas que permanecían encendidas. Alrededor de esta, acompañando la decoración, habían unas caracolas un poco más grandes con velitas tambien encendidas. Los platos estaban colocados en su lugar y todos tenían un pan con forma de castillo sobre el mismo. Todo estaba pensado para brindar esa comodidad y relajación que solo el mar puede brindar.

La entrada de los recién casados había sido acompañada con una canción de The Cure, más precisamente, con "Friday, I'm in love".

Dressed up to the eyes

It's a wonderful surprise

To see your shoes and your spirits rise

Throwing out your frown

And just smiling at the sound

And as sleek as a shriek

Spinning round and round

Always take a big bite

It's such a gorgeous sight

To see you eat in the middle of the night

You can never get enough

Enough of this stuff

It's Friday

I'm in love.* (Trad. I)

Edward y Bella estaban más que felices: resplandecían de tanta dicha. La vida los estaba recompensando. Y la última frase de la canción reflejaba su situación. No importaba el día, ellos estaban enamorados, sus espíritus estaban enamorados, desde las máximas virtudes que tenían hasta los más ínfimos habían elegido una melodía alegre, pero la letra debía tener algo relacionado al amor. Edward solía cantarle a Julie algunas canciones de The Cure, y fue Julie quien en un momento salió con la decía que su papi estaba enamorado todos los días porque lo veía sonreír feliz.

Estaban sentados cenando cuando la pregunta salió de Bella.

—Oh, por Dios.

— ¿Qué sucede, cariño?

—Olvidamos elegir la canción con la cual entraremos en la fiesta.

—Es cierto —convino el cobrizo, agarrandose el pelo. Los preparativos de la boda eran una locura, y ni qué decir de la luna de miel, que tenía que ser perfecta—. ¿Cuál crees que deberíamos elegir?

—No lo sé. —Bella fruncía sus cejas—. No quiero algo meloso, porque es un momento de felicidad.

—Concuerdo contigo, es difícil encontrar una canción que refleje cuánto te amo pero que tenga una melodía alegre.

— ¿Qué es melodía, papi? —preguntó la niña, quien permanecía atenta a la conversación de la pareja.

—Melodía es la música que acompaña a la letra de una canción. ¿Entiendes?

—Síp.

Edward volteó el rostro en dirección a Bella, esperando una idea de su chica.

— Entonces… ¿cuál crees que debería ser elegida?

—No lo sé. Tal vez deberíamos buscar una canción que diga lo enamorados que estamos.

— ¡Yo sé cual! —gritó Julie, sobresaltando a ambos.

— ¿Tú? —Edward rio, presintiendo que su hija saldría con alguna canción infantil—. ¿Cuál, Julie?

—Esa que me cataste la ota vez diciedo que tabas enamodado todos los días y dabas vuetas y vuetas…

— ¿Vueltas y enamorado todos los días? —Edward buscó en su memoria cuál era la canción a la que Julie se refería. La niña asintió en respuesta a su padre—. Oh, por Dios. ¡La tengo! —Edward besó la frente de la niña y corrió a buscar su Blackberry, puso el reproductor de música y la canción comenzó a sonar.

— ¡The Cure! —exclamó Bella—. Me encanta esa canción.

—Me parece estupenda. Entonces, ¿qué dices, nena? ¿Es la canción elegida?

—Creo que es Julie quien debe decirnos la respuesta. —Bella sonrió, mirando a su pequeña sobrina.

La niña mostró una inmensa sonrisa.

—Sipididí.

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El almuerzo había sido excelente, delicioso, según palabras de los invitados. La música suave que relajaba junto al sonido de la brisa marina era un placer natural de esos que muy pocas personas tienen el privilegio de escuchar.

Edward y Bella se la pasaron saludando y conversando con los invitados. Ambos no se soltaban de las manos, que permanecían constantemente unidas. En el momento de las palabras que los invitados recitaban para los recién casados, Edward decidió hacer uso de su profesión y dedicarle una canción a Bella.

Había intentado escribir mil veces una canción que explicara sus sentimientos, y la frustación lo inundaba, hasta que, de un momento a otro, la melodía empezó a sonar en su cabeza y las palabras aparecieron por su cuenta, destinadas para ella, para su amor.

Tomó la guitarra que Jasper tenía en sus manos y se sentó en una banquita que lo esperaba en el centro del escenario. La melodía comenzó, y con voz rasposa, las estrofas se esparcieron por el lugar.

—Oh… Her eyes, her eyes make the stars look like they're not shining. Her hair, her hair falls perfectly without her trying. She's so beautiful and I tell her everyday.

Ahora, la mirada del cobrizo se fijaba en la de la Bella. Con una sonrisa ladina, recordó con esa frase la cantidad de veces en las que ella se sonrojaba cuando le decía lo hermosa que era para él.

—Yeah I know, I know when I compliment her she wont believe me. And it's so it's so sad to think she don't see what I see. But everytime she asks me do I look okay I I see your face there's not a thing that I would change. Cause you're amazing. Just the way you are. And when you smile the whole world stops and stares for a while. Cause girl you're amazing. Just the way you are.

El rostro de Bella estaba mojado. Las lágrimas de felicidad por las palabras que Edward recitaba en esa canción, su canción, solo para ella, llenaban su corazón.

Por su mente no dejaba de rememorar cada momento compartido entre ambos:

Amaneceres.

Atardeceres.

Anocheceres.

Horas.

Minutos.

Segundos.

Todo momento junto a él era amor, dulzura, ternura. Era sentirse completa.

—Her lips, her lips could kiss them all day if she'd let me. Her laugh, her laugh. She hates but I think it's so sexy. She's so beautiful and I tell her everyday.

Edward se encaminó hacia donde Bella se encontraba sentada escuchándolo, mientras continuaba cantando cada palabra que salía de su más íntimo ser.

—Oh you know, you know you know. I'd never ask you to change if perfect is what you're searching for then just stay the same. So don't even bother asking if you look okay. You know I say.

El cobrizo tomó la mano de Bella y, arrodillándose, musitó la última estrofa:

—The way you are. The way you are. Girl you're amazing. Just the way you are.* ( )

Los acordes finales de la melodía fueron sellados con un beso lleno de amor. Ambos decían mil palabras con sus miradas: intentaban expresar cuánto se amaban.

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La pequeña Julie tenía felicidad absoluta reflejada en su mirada. Estaba feliz de que su padre estuviera casado con Bella, a pesar de que no entendía mucho la diferencia de estar de novio con estar casado. Se la pasó todo el momento con sus abuelos, Carlisle y Esme, o en medio de los recién casados. El saber que de ahora en adelante viviría con su padre la hacía ser aún más feliz. Compartiría casa con sus dos personas preferidas, su padre Edward y su tía Bella. Tanya hacía tiempo había dejado de estar al pendiente de ella. Su psiquiatra no permitía que se comunicara con Julie, por el último episodio que la rubia había provocado.

Edward se acercó a sus padres mientras que la atención de Bella era acaparada por Alice y Rosalie, quienes habían conformado un increíble dúo dinámico, estrechando así las tres una infranqueable amistad. Se sentó al lado de su madre e, inmediatamente, su pequeña se sentó en su regazo.

— ¿Estás feliz, papi?

Edward sonrió.

—Muy feliz. ¿Y tú?

—Si tú edes feliz yo tamién lo soy. —Edward miró con ternura a la pequeña y besó su frente.

—Te amo mucho, cariño. Eres mi pequeña, mi bebé.

Julie se enderezó y con gesto serio miró a su padre.

—Ya no soy bebé. Soy chichita pedo voy a queced. —Sus abuelos y el cobrizo rieron por las palabras de la niña.

—Te extañaremos mucho. Prométeme que te portarás bien y le harás caso a tus abuelos.

La niña hizo un pequeño pucherito con sus labios.

— ¿De vedad quees que voy a potadme mal? Puedes id tadquilo, papi. Tú solo tienes que taedme mi degalito cuado degeces.

Edward rio ante las palabras de su hija.

—Claro que te traeremos regalitos, pero, ¿cuál es el regalito que quieres?

—Un hedmanito.

Carlisle soltó una risotada. No podía creer que su nietesita saliera con esas exigencias.

—Cariño, ya te explicamos que no es algo sencillo traerte un hermanito.

—Pedo ustedes me dijedon que se tenían que casad pada dadme un hedmanito y ya se casadon…

Edward sabía que habían metido la pata con esa idea de casarse para darle un hermanito a Julie, pero los había salvado en aquel momento, ahora debía buscar un escape para salir invicto de esa situación.

—Tienes razón, lo intentaremos. ¿De acuerdo?

No sabía cómo explicarle a Julie que "hacer un hermanito" no era tarea sencilla, aunque practicar con Bella "cómo hacer bebés" era una tarea muy satisfactoria y placentera. Hizo una nota mental de que la persuadiría para practicar más en la luna de miel. Tal vez en la isla, cuando sus cuerpos se hicieran uno, crearían al nuevo integrante de la familia.

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Unas suavez manos se posaron en su cintura. Era ella. Su perfume lo embriagaba.

— ¿Qué haces aquí, alejado de todos? —preguntó ella, acariciando la espalda de él con su nariz.

Edward había escapado del almuerzo para caminar por una pequeña rampa en la playa.

—Intento entender —contestó, acariciando las manos de ella.

—Edward, yo… ¿Estás arrepentido? —Su voz sonó titubeante.

Él se giró y la miró horrorizado.

—Jesús, Bella. Nunca estuve más seguro de algo en mi vida. Te amo y eso no va a cambiar por nada en el mundo.

Ella sonrió y se apegó más a él.

—Tambien te amo. Es que… a veces me siento fuera de lugar, como que no soy la indicada para ti.

Edward posó sus manos en las mejillas de ella.

—Eres la indicada y eres la única. Grábate eso, Bella. Eres mi mujer, mi esposa —pronunció con una sonrisa ladina—. Eres la mujer que le da sentido a mis días. No necesito más que a Julie y a ti para ser feliz. Y te lo demostraré en nuestra luna de miel.

Ambos se besaron bajo el tibio crepúsculo que era testigo de su amor.

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Las Seychelles es un archipiélago que se encuentra en mitad del Océano Índico, al este de África y al norte de Madagascar. El lugar es un paraíso. El resort que Edward había contratado se encontraba en la Isla de Mahé.

El viaje había sido agotador, ya que luego del almuerzo festivo, el reciente matrimonio había tomado el vuelo privado.

La vista aérea era indescriptible. La pequeña isla estaba rodeaba por un increíble mar que se veía azul, transparente, celeste, verde. De todos los colores más bellos. Al aterrizar, un hombre de unos treinta y tantos años, junto a un BMW M8 convertible de color negro brillante, los esperaba. Edward lo saludó y le presentó a su reciente esposa. Tomarón las llaves del vehículo y emprendieron el camino al resort.

Si el paisaje aéreo era increíble, la entrada del Constance Ephelia Resort lo era aún más. Un camino de pequeñas piedrecillas daban la bienvenida. El amanecer daba un toque romántico al paisaje. El resort se encontraba totalmente iluminado. Una cantidad incontable de palmeras y pequeñas plantas caribeñas completaban la postal. Pequeñas isletas con techos de imitación de paja rodeaban las amplias piscinas.

Edward encaminó el automóvil hacia uno de los sectores más alejados del resort, donde estacionó el auto.

Los ojos de Bella no podían brillar más. Estaba anonadada ante la imagen que veía. El lugar era hermoso. Parecía pacífico y armonioso.

— ¿Nos alojaremos aquí? —preguntó ella.

—Claro. ¿No te gusta?

—Claro que sí. Es hermoso, Edward. Pero, ¿por qué no nos alojamos en el resort?

—Es que preferí quedarnos aquí, alejados de la gente "normal". —Hizo el gesto de comillas en la última palabra.

—Somos personas normales, cariño.

—Lo sé, pero no quiero cholulismo. —Abrazó la cintura de su esposa y besó su cuello—. Quiero disfrutar de mi esposa y no quiero que nadie ose mirarla cuando se la pase desnuda en nuestra casita temporal.

Ella rio ante las palabras del cobrizo.

La "casita temporal", como Edward la llamaba, era una villa un poco alejada del hotel principal del resort, por lo que contaban con una increíble privacidad y a la vez comodidad. Estaba hecha totalmente de madera y techos de tejas. Tenía una piscina con sillas playeras y mesas que unían la casa con un hermoso piso de madera típica de la región. Se dividía en dos sectores: la casa y el ocio.

Era alucinante. El techo de madera le daba ese toque placentero y natural; las paredes en color crema, y cortinas haciendo juego con la misma, daban una sensación de paz; la entrada principal de la casa estaba decorada con un toque natural; los muebles —en su mayoría de madera— eran de un estilo antiguo y moderno a la vez. Había un televisor LCD de 42 pulgadas frente a un futón con almohadones en colores arena y celeste que hacían juego con unos puff's redondos y una pequeña mesita ratona en el centro de estos; una mesa cuadrada con un hermoso florero de madera sobre ella y dos sillas completaban el salón. El comedor era una exquisitez; había una amplia mesa de madera para ocho personas con sus respectivas sillas de cuero; un candelabro moderno del mismo material que la mesa le otorgaba un aspecto más rústico; la vista al mar a través de unos amplios ventanales era majestuosa; una lámpara de pie a lado de unos sillones grises de cuero con almohadones en crema, naranja y arena, también participaban en la decoración junto con una gran parrilla interior.

La habitación principal era digna de la realeza. Una cama tamaño Kingston con un cobertor blanco y tres almohadones cuadrados eran los actores principales de la escena. El fondo de espejos con marcos de piedras tropicales le daba calidez a la habitación. La cama estaba rodeada de amplios ventanales que daban al mar, otorgando armonía al lugar. El baño principal tenía dos piletas redondas color beige sobre mármol. Dos espejos personales eran rodeados por tres lámparas rectangulares. Una gran tina antigua junto a una lámpara de pie de madera africana y un sauna privado eran los componentes del cuarto.

Edward abrazó a Bella y susurró en su oido:

—Creo que ya has recorrido el lugar, así que es hora de que este hombre le haga el amor a su esposa.

—Estoy totalmente de acuerdo.

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La tarde cálida y el mar sosegado acompañaba a la pareja que, entre mimos y besos, disfrutaba de un momento de relajación.

—Brindemos por un nuevo comienzo —sugirió Edward.

—Un comienzo con nuestra pequeña, y por un futuro prometedor para los tres.

Él sonrió.

— ¿Podríamos intentar ser cuatro?

Sus miradas parecían haberse enganchado con grandes y poderosas anclas. Ella sonrió y, ante la dulce mirada de él, respondió:

—Yo… yo creo que podríamos intentar ser más de cuatro.

Edward sonrió y asintió.

—Estoy de acuerdo. Entonces, brindemos por todo lo que nos espera en el futuro y por las veces que haremos el amor buscando crear a esos nuevos integrantes.

La pareja chocó sus copas de Champagne, brindando por su felicidad y deseando que la vida les presentara nuevas alegrías.

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Los días pasaban y ellos disfrutaban. El lugar brindaba miles de posibilidades para explorar. Entre cenas privadas a la luz de la luna con el mar como testigo se confesaban su amor. Los momentos de descanso de ambos eran escasos, ya que la actividad sexual de ambos era incesante.

Bella permanecía sentada en el borde de la piscina recordando lo que algunos minutos atrás Edward había hecho con ella:

Tras caminar largo rato por la playa, la pareja paró en un lugar rodeado de palmeras. Luego de estar mirando el mar en silencio y abrazados, Edward habló:

—Eres muy bonita, y tienes un hermoso cuerpo, nena.

A lo que Bella respondió con una frase similar. En ese momento, la mano de la castaña fue a parar al short de él, tocando su pene que estaba increíblemente duro, produciendo una excitación enorme en su interior. Un arranque frenético de pasión los envolvió a los dos comenzando un beso apasionado y fogoso.

Bella desató y bajó su bermuda, encontrándose con lo soñado: el pene de Edward muy duro y erecto para ella. Empezó a acariciar su miembro, sin dejar de mimar sus testículos, masturbándolo sin parar. Descendió de a poco hasta quedar a la altura justa de su pelvis, tomó su pene y se lo introdujo de a poco en la boca.

Su lengua lamía el tronco de arriba abajo, hacía pequeños remolinos en la cabeza del pene, lo que generaba gruñidos de parte de Edward, quien acariciaba el cabello de Bella. Los movimientos de Bella se hicieron continuos y se aceleraron, llevando a Edward a un frenesí y descontrol que hizo que se corriera de lleno en su boca.

Cuando la respiración de Edward se regularizó, tomó a Bella de los hombros —quien seguía arrodillada dando pequeñas lamidas en su tronco— y la levantó para besarla.

—Es hora de recompensarte, cariño.

Tras lo cual, Bella desabotonó su camisa mientras Edward bajaba las braguitas, dejándola desnuda a la luz de luna. En ese momento, puso sus manos en las nalgas de Bella para impulsarla y dejarla a su misma altura, y entró de lleno en ella, penetrándola rítmicamente.

Las oleadas de placer invadieron ambos cuerpos. Los pezones de Bella estaban totalmente duros al tacto y los labios de Edward los acariciaban. Un remolino de fuego se empezó a gestar en su bajo vientre, las oleadas de placer que su marido le proporcionaba la estaban llevando a lo más alto del placer.

—Edward, ya estoy…

—Lo sé… Ah... —Él frunció su ceño ante la oleada que sintió en su pene que palpitaba. Llevó su mano al clítoris de su esposa y lo presionó de golpe.

Bella estalló en su burbuja orgásmica. Era impresionante lo que Edward le hacía sentir cuando ambos compartían sus orgasmos.

—Vamos, cariño, aún no he terminado contigo. Tengo toda la maldita noche para hacerte explotar.

Abrazó el cuerpo de Bella y se encaminó a su habitación.

El calor de los recuerdos la excitó más de lo pensado y una dulce fantasía se apoderó de su mente pervertida, lo que la hizo pararse y encaminarse a su dormitorio en busca de su hombre, con el que juntos harían realidad las mil y una fantasías.

.

.

—Extrañaré todo esto.

—También yo, cariño.

—Extraño a Julie, pero este lugar es maravilloso, Edward. Creo que nunca podré agradecerte por la increíble luna de miel que me has regalado.

—Es un regalo para ambos, nena. Me encanta pasar el rato contigo, besarte, hacerte el amor, pero, sobre todo, me gusta estar tranquilo a tu lado, sin la locura de los mil problemas u obligaciones que tengamos.

—Pero tendremos que volver a la realidad.

—Lo sé —Edward abrazó a Bella quien se acercó más a él generando que el agua del mar hiciera ese típico sonido de movimiento—, pero haremos que todo lo que nos espera sea compartido, lo bueno y lo malo.

—Te amo.

—Y yo a ti, nena.

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N/A:

(1) Gonadotropina coriónica humana: (HCG, del inglés: human chorionic gonadotropin) es una hormona glicoproteíca producida durante el embarazo por el embrión en desarrollo después de la concepción y posteriormente por parte de la placenta.

* (Trad. I):

Friday I'm in love – The Cure

Muy bien vestido.

Es una maravillosa sorpresa,

ver tus zapatos y tu espíritu alzarse.

Sacando tu enojo,

y simplemente sonriendo al sonido.

Y llanamente como un chillido,

dar vueltas y vueltas.

Siempre das un gran mordisco,

es una vista tan maravillosa,

verte comer en el medio de la noche.

Nunca puedes obtener suficiente,

suficiente de esto.

* (Trad. II):

Just the way you are – Bruno Mars

Oh...

Los ojos, con los ojos que las estrellas ven,

como que no está brillando.

Su pelo, su pelo encaja perfectamente

sin de ella tratando esta.

Ella es tan hermosa,

y se lo digo a ella todos los días

Lo sé, lo sé

cuando le hago un piropo ella no me cree.

Y es tan así que es triste pensar

que no veo lo que veo.

Pero cada vez que ella me pide hacerlo

La miro bien y lo digo.

Cuando veo tu cara,

no hay cosa

que yo vaya a cambiar.

Porque eres increíble,

así como eres.

Y cuando sonríes

todo el mundo se detiene

y se quedan mirándote un rato.

Porque eres, chica, increíble,

así como eres.

Sus labios,

sus labios si pudiera besarlos

lo haría todo el día si ella me dejara.

Su risa,

su risa ella odia,

pero creo que es tan sexy.

Ella es tan hermosa y lo digo a diario.

¡Oh!

Usted sabe, usted sabe,

usted sabe.

Yo nunca le pediría cambiar

si eres lo ideal

que estoy buscando en mi continuación,

solo siendo tú misma.

Así que ni siquiera te molestes en preguntar

si te miro bien,

usted sabe que es cierto.

La forma en que usted es.

La forma en que usted es.

Chica, eres increíble,

así como eres.


Merezco la horca pero las ideas no llegan. De todas formas aquí estoy defendiendo el poco honor que me queda.

Recuerden que pueden leer adelantos y pequeños spoilers, como así tambien, las imágenes del capítulo en el grupo de facebook "Paraíso e Infierno" (link en mi perfil)

Gracias Esteph -mi beta- que como siempre digo es mi puntal y amiga que me impulsa a seguir creando locuras.


Voy a escribir unas pequeñas lineas respecto a un tema que ya me cansa leer en muchos lugares:

Hace tiempo vengo leyendo criticas sobre las adaptaciones, que a eso lo llaman "robar" o "plagiar" historias, si uno aclara que la historia no le pertenece no esta plagiando, realmente muchas podríamos decir que tomar personajes de otras autoras es plagiar pero no lo hacemos porque valoramos el esfuerzo de quienes se toman su tiempo y comparten historias. Sé que es un tema difícil de charlar, pero realmente me duele ver acusaciones sin saber el tiempo que uno tarda adaptando, porque no es solo adaptar, es leer y corregir partes de la historia para q encajen con los personajes. Realmente, me entristece ver que hay personas que no destinan su tiempo a mejorar como seres humanos y por eso se la pasan atacando. Hace un tiempo había tomado esta decisión pero hoy la reafirmo ante quienes me leen, esta es la última adaptación que hago, me dedicaré a traducir y a intentar escribir mis propias historias y terminar esta hermosa historia que empezó siendo una adaptación y hoy estoy escribiendo la extensión de la misma. No me arrepiento de haber adaptado, es mas, me siento orgullosa de eso, porque me trajeron a este mundo de fics.

Espero que esto no sea motivo para discutir, sinceramente es mi humilde opinión que quería reflejarles.

Hay una frase muy presente entre mis amigos y con esto termino. "VIVE Y DEJA VIVIR".

Sinceramente gracias por todos sus rr, me hace feliz leer cada uno de sus mensajes, les agradezco mucho!

(^_^)凸

Nos leemos pronto!

๑۩۞۩๑

#Andre!#