Capitulo 4
Dos años atrás. Zona Fleming.
Una tarde cualquiera, si no fuera por su Vespa nueva ultimo modelo, rodando, todavía sin pintarla. Edward la esta probando, pasa enfrente del Café Fleming cuando siente que lo llaman:
-Edward, Hola!-
Kate, una linda rubia que conoció en el Piper, le viene de frente. Edward se para.
-Que haces por estas partes?-
-Nada, fui a estudiar a casa de un amigo y ahora regreso a casa.-
En un segundo. Alguno a sus espaldas le quita la gorra.
-Te doy diez segundos para que te vayas de aquí.-
Un tal Sam, un tipo grueso y mas grande que el, esta de frente. Tiene su gorra en las manos. Esta de moda esa gorra. En Villa Flaminia la tienen todos. A colores, hecha a mano, de las agujas de alguna chica. Aquel se lo había regalado su madre, tomando el puesto de esa chica que todavía no tiene.
-No escuchaste? Vete.-
Kate mira alrededor y, entendiendo, se aleja. Edward baja de la Vespa. El grupo de amigos se le avecina. Se pasan la gorra riendo, hasta que termina en manos de Sam.
-Devuelvemelo!-
-Lo escucharon? Es un duro. Devuelvelo!- lo imita haciendo reír a todos. -Sino que harás, eh? Me darás una cachetada? Anda, dámela pues.-
Edward se avecina con las manos abajo, llevando la cabeza hacia atrás. Con la mano libre le indica su mentón.
-Vamos, golpeame aquí.-
Edward lo mira. Por la rabia no puede ver nada más. Trata de golpearlo, pero apenas mueve el brazo lo bloquean desde atrás. Sam pasa por los aires la gorra a uno cercano y le da un puño en el ojo derecho lastimándole la ceja. Después ese bastardo que lo había bloqueado desde atrás lo empuja adelante, hacia las rejas del Café Fleming que, viendo lo sucedido, cerro antes de lo previsto. Edward se lastima el pecho en contra de la acera, dándose un gran golpe. Le llega rápido una descarga de puños en la espalda, hasta que alguno lo gira. Se encuentra atontado en contra de la acera. Trata de cubrirse, pero no lo logra. Sam le pone las manos detrás del cuello y aguantándolo a los tubos de hierro de la reja lo mantiene firme. Comienza a darle golpes. Edward trata de pararse como puede, pero esas manos lo bloquean, no logra quitárselos de encima. Siente la sangre bajar por su nariz y una voz femenina que grita:
-Basta, Basta, paren, así lo masacran!
Debe ser Kate, piensa. Edward trata de patear, pero las piernas no logran moverse. Siente solo el sonido de los golpes. Ya no le hacen tanto mal. Después llegan los adultos, algunos pasantes, la propietaria del bar. -Vayanse ya, lárguense- Alejan a esos muchachos tirandolos por las camisetas, por las chaquetas, quitándoselos de encima. Edward se echa lentamente, apoya la espalda en la acera, termina sentado en un escalón. Su Vespa esta allí enfrente, en el suelo como el. Quizás la parte lateral se rayo. Pecado! Estaba siempre pendiente cuando salía del portón de no rayarla.
'Estas mal, muchacho?' Una bella señora se acerca a su cara. Stefano hace señal de no con la cabeza. La gorra de su madre esta ahí en la tierra. Kate se largo con los otros.
-Toma, bébe.- Alguno llega con un vaso de agua. -Tomalo lentamente. Que desgraciados, gentuza de la calle, pero yo se quienes fueron, siempre son los mismos. Esos ociosos que se sientan todos los días aquí al bar-
Edward bebe el último trago, agradece sonriendo a un señor que esta cerca y agarra el vaso vacio. Desconocidos. Trata de alzarse, pero las piernas por un momento parecen ceder. Alguno se da cuenta y se lanza rápido a socorrerlo.
-Muchacho, estas seguro de sentirte bien?-
-Estoy bien, gracias. De verdad.-
Edward se limpia los pantalones. El polvo se va de las piernas. Se limpia la nariz con el suéter ahora arrugado y respira profundamente. Se pone la gorra de nuevo y enciende la la moto. Un humo blanco y denso sale con gran ruido del tubo de escape. Esta golpeada. La parte lateral derecha vibra más de lo normal. Esta rayada. Después mete primera y mientras los últimos señores se alejan suelta lentamente la fricción. Sin voltearse sale por la bajada.
Recuerdos.
Un poco mas tarde en casa. Edward abre lento la puerta y trata de llegar a su cuarto sin hacerse sentir, pasando por la sala. Pero el piso es traidor: chilla.
-Eres tu, Edward?-
La sombra de su mama aparece en la puerta del estudio.
-Si mama, voy a la cama.-
La madre avanza un poco. -Estas seguro de sentirte bien?-
-Si mama, estoy muy bien.-
Edward trata de llegar al corredor pero la mama es mas veloz que el. El interruptor de la sala se mueve, iluminándola. Edward se para, como inmortalizado en una fotografía.
-Dios mío! Carlisle, rápido, ven acá!- El padre se apura, mientras la mano de la madre se acerca temerosa al ojo de Edward.
-Que te ha pasado?-
-Nada, me caí de la Vespa.- Edward se aleja -Ay!, Mama me duele-
El padre mira las otras heridas en los brazos, la ropa arrugada, el cabello sucio.
-Di la verdad, te han golpeado?-
Su padre siempre ha sido un tipo atento a los detalles. Edward cuenta más o menos como han sido las cosas y naturalmente la madre, sin entender que a los dieciséis años pueden ya estar ciertas reglas: -Pero porque no le has dado la gorra? Te hubiera hecho otra…-
Mientras el padre abandona los detalles para ir a algo aun más serio: -Edward, di la verdad, la política no tiene nada que ver, verdad?-
Fue llamado el medico de la familia, el cual le ha dado la clásica aspirina y lo mando a dormir. Antes de quedarse dormido, Edward decide que ninguno le pondrá más las manos encima. Nunca más sin salir bien lastimado.
En el escritorio de la secretaria esta una mujer con los cabellos rojos, la nariz un poco larga y los ojos sobresalientes. No es una belleza.
'Hola, te vas a inscribir?'
'Si.'
'Bueno, si te puedes poner cómodo.' Dice girando los ojos mientras toma una tarjeta debajo en las gavetas. No es para nada simpática.
-Nombre?-
-Edward Cullen.-
-Edad?-
-Diecisiete, el 20 de Junio.-
-Direccion?-
-Francesco Benziacci, numero 39- después añade -.14- prediciendo así la pregunta que seguía. La mujer alza la cara.
-El teléfono, no? Solo para la tarjeta…-
-No seria para ir a jugar videopoker.-
Los ojos sobresalientes lo ven por un segundo, después terminan por llenar la tarjeta.
-Son ciento cuarenta y cinco euros, cien para la inscripción y cuarenta y cinco cada mes-
Stefano pone el dinero en el escritorio.
La mujer los mete en una bolsa con cierre que pone en la primera gaveta, después de haber apoyado un sello en una almohadilla mojada de tinta le da un golpe preciso en la tarjeta. Budokan.
-Se paga al inicio de cada mes. El vestidor esta en el piso de abajo. Cerramos en las noches a las nueve.-
Stefano se guarda la billetera en el bolsillo, con la nueva tarjeta en el compartimiento latera y ciento cuarenta y cinco euros menos.
-Toca, toca acá. Es hierro. Pero que digo, acero!- Demetri, un tipo bajo y de cara simpática muestra unos bíceps gruesos pero poco definidos.
-De que hablas todavía? Mira que si te doy un golpecito puedes desaparecer.-
Alec se da en la espalda, haciendo ruido. -Esto si es verdadero- sudor, fatiga, carne, esa que tienes tu es toda agua.-
-Pero si eres un niño, eres minúsculo.-
-Sin embargo, acabo de alzar ciento veinte!- Cuanta mierda haces tu?'
-Rapido. Pero que, estas bromeando? Alzo dos como si nada, ve como lo hago eh?-
Demetri se pone debajo de la balanza. Alarga los brazos, alza el asta y la lleva arriba, firme. Baja lentamente y mirando la balanza a pocos centímetros del mentón, le da un empujón, esforzando los pectorales. 'Uno!' Después siempre controlándolo, baja con la balanza, apoya en el pecho y la sube de nuevo. 'Dos! Y si quieres lo puedo hacer con mas peso.'
Alec no se hace repetir dos veces: -En serio? Entonces prueba con esta.-
Antes de que Demetri pueda poner la balanza en los sujetadores, mete una pequeña pieza lateral de dos kilos y medio, la balanza comienza a doblar hacia la derecha. -Hey! Que rayos haces? Eres tonto…?-
Demetri trata de mantenerlo, pero lentamente la balanza comienza a caer. Los musculos lo abandonan. La balanza le cae en el pecho, pesada.
-Diablos!, quitamelo de encima, me esta ahogando.-
Alec ríe como un loco: -Lo que quieras, puedo hacerlo hasta con dos piezas. Entonces? Te puse una nada mas y ya estas así? Estas de verdad destruido, eh?, vamos súbela, anda, súbela…- le grita casi en la cara. -Subela pues!- y mas risas.
-Me lo puedes quitar de encima, está bien! Demetri se ha vuelto completamente morado, un poco por la rabia, otro poco porque de verdad se esta sofocando.
Dos muchachos, mas pequeños, que estaban en una maquina cercana, se miran indecisos de que hacer. Viendo que Deemetri comienza a toser y que haciendo esfuerzos bestiales no logra quitarse esa balanza de encima, deciden ayudarlo.
Alec esta echado en la tierra, boca abajo. Ríe como un loco, golpeando las manos en la madera del suelo. En un momento se gira de nuevo hacia Demetri con las lagrimas en los ojos, pero lo ve ahí, de pie enfrente a el. Los dos muchachos lo liberaron.
-wow! Como diablos lo lograste?-
Alec se da rápido a la fuga, aun riendo y tropezando sobre una balanza. Demetri, tosiendo, lo persigue.
-Detente, te golpeare, te masacrare. Te daré un puño en la cabeza y te haré ser mas enano de lo que eres.-
Se persiguen furiosamente por todo el gimnasio. Girando alrededor de las maquinas, parándose detrás de columnas, volviendo a correr repentinamente. Alec, en el intento de parar al amigo, le lanza encima algunas pesas. Esas piezas de goma caen al suelo pesadas, esquivadas por Demetri, que no se para por nada. Alec va a las escaleras que dan hacia el vestidor femenino. Corriendo choca con una chica y termina contra la puerta, abriéndola. Todo el resto, desnudas, que se están cambiando para la lección de aeróbica, inician a gritar como locas. Demetri se para en los últimos escalones, extasiado de aquel panorama de suaves colinas, humanas y rosadas. Rápidamente Alec mira hacia atrás
-Mierda, no lo creo, esto es el paraíso…-
-Vayanse al infierno!-
Una chica ligeramente mas cubierta que las otras va hacia la puerta cerrándola en su cara. Los dos amigos se mantienen un momento en silencio.
-Viste la del fondo a la derecha, los senos que tenia?-
-La primera a la derecha… el trasero de ella lo pasas por alto?-
Alec agarra al amigo bajo su brazo, moviendo la cabeza. -Cosas increíbles, eh?, Claro que no lo paso por alto, no soy homosexual como tu.-
Así, después de esa breve pausa erótica, regresan a perseguirse.
Edward abre la hoja de su tarjeta, se la dio Garret, el instructor del gimnasio.
-Comienza con cuatro series de apertura, en aquel banco. Agarra los pesos de cinco kilos, te debes alargar y abrir un poco, muchacho. Primero ten una base gruesa, después podrás construir encima- Edward no se lo hace repetir.
Se extiende en la banca arqueada y comienza. Los hombros le duelen, ese peso parece enorme. Hace de los ejercicios laterales, baja a tocar la tierra y de nuevo arriba. Después detrás de la cabeza. De nuevo. Cuatro series de diez, cada día, cada semana. Después de las primeras semanas, ya esta mejor, los hombros no le duelen tanto, los brazos han ligeramente crecido. Comienza a crecerle el pecho, hasta las piernas se han reforzado. Cambia alimentación. En la mañana una merengada con proteínas en polvo, un huevo, leche, hígado de merluza. En el almuerzo poca pasta, un bistec en sangre, levadura de cerveza y granos. Las noches en el gimnasio. Siempre. Alternando los ejercicios, trabajando un día la parte de arriba y otro día la de abajo. Los musculos parecen enloquecer. Reposan, como buenos cristianos, solo el domingo. El lunes se comienza de nuevo. Cualquier kilo de mas, semana a semana, paso a paso. Se volvió amigo de Alec, Demetri y todo el resto del gimnasio.
Un día, pasados dos meses, llega Marco.
-Quien quiere hacer flexiones conmigo?-
Marco es uno de los primeros socios del Budokan. Es grueso y potente, nadie quiere competir con el.
-Vaya, nunca los invite a tener una pelea, solo he dicho para hacer flexiones.-
Alec y Demetri continúan a entrenarse en silencio.
Con Marco siempre terminas en pelea. Si pierdes te molesta hasta el infinito, si ganas, bueno, no se sabe que podría suceder. Nunca ha sucedido que alguien le haya ganado a Marco.
-Entonces, no hay nadie en este gimnasio de mierda que quiera hacer alguna flexión conmigo?-
Marco mira alrededor.
-Estoy yo.-
Se voltea. Edward esta frente a el, Marco lo mira de la cabeza a los pies.
-Ok. Vayamos para allá.-
Entran en un pequeño cuarto. Marco se quita la guardacamisa enseñando pectorales enormes y brazos bien proporcionados.
-Entonces, estas listo?-
-Cuando quieras.-
Marco se echa al suelo. Edward de frente a el. Comienzan a hacer flexiones. Edward resiste lo mas que puede. Al final, destruido, cae a tierra. Marco hace otras cinco veloces, después se alza y le da una palmada a Edward.
-Bravo, Muchacho, no estas mal. Las ultimas las hiciste todas con esta.- Y le da amigablemente un consejo. Edward sonríe, no logro ganarle. Todos regresan a sus ejercicios. Edward se masajea los músculos dolorosos de los brazos. Algo es seguro: Marco es mucho mas fuerte que el, todavía es muy temprano.
Aquel día. Solo ocho meses después.
Sam y sus amigos están enfrente del Café Fleming, ríen y bromean bebiendo cerveza. Alguno come la pizza roja, todavía humeante, lamiendo los ángulos laterales para parar el tomate que gotea. Algún otro fuma un cigarrillo. Algunas muchachas escuchan divertidas el cuento de un tipo que hace muchos gestos, hablando acerca de su tema principal: fue despedido, pero finalmente tuvo una satisfacción. Rompió todas las botellas del local, la primera en forma particular.
-Saben que he hecho? Me había molestado tanto que le lance la botella en la cabeza.-
También Kate esta ahí. La noche de la riña no había llamado a Edward, no había sabido nada de ella. Pero no importa. Edward no es un tipo que sufre por soledad. Hasta entonces no había tenido mas noticias de ninguno de ellos. Entonces, un poco preocupado, ese día, los fue a buscar.
-Sam, amigo, como estas?-
Sam mira a ese tipo desconocido que viene de frente. Tiene algo familiar , esos ojos, el color de los cabellos, la forma de la cara, pero no lo recuerda. Esta bien ejercitado, tiene brazos gruesos y un buen torso. Edward, viendo su mirada intrigante, le sonríe, tratando de ponerlo cómodo.
-Hace mucho tiempo que no nos vemos, eh? Como te va?-
Edward pasa el brazo detrás de la espalda de Kate, amigablemente.
Maarco, Alec y Demetri, felices de acompañarlo, se meten en medio del grupo. Kate todavía sonríe, cuando se encuentra con la mirada de Edward. Es la única que lo reconoce. La sonrisa lentamente se va de sus labios. Edward deja de mirarla y se dedica totalmente a su amigo Sam que continua mirandolo perplejo.
-Disculpa, pero en este momento no me acuerdo.-
-Como puede ser!- Edward le sonríe teniéndolo siempre abrazado, como dos viejos amigos que no se ven desde hace mucho tiempo. -Me haces sentirme mal. Espera. Quizás te acuerdes de esto.- Saca del pantalón de los jeans la gorra. Sam mira esa vieja tela, después la cara sonriente del tipo que lo tiene abrazado. Sus ojos, esos cabellos. Claro. Era ese pequeño que amenazo hace mucho tiempo.
-Mierda…- Sam trata de quitarse el brazo de Edward, pero la mano de el lo agarra fuerte por los cabellos, inmovilizándolo.
-Memoria corta, eh? Adiós Sam.- Y se lo lleva hacia el y le da un golpe bestial que le aporrea la nariz. Sam se dobla llevandose las manos a la cara. Edward le da una patada en la cara, con toda su fuerza. Sam salta hacia atrás y se golpea contra la acera con un ruido de hierro.
Rápidamente Edward esta encima de el, antes que se levante lo inmoviliza con una mano en la garganta. Con la derecha le da una serie de puños, golpeándolo desde lo alto hasta lo bajo, por la frente, por las cejas, lastimándole el labio.
Da un paso atrás y le da una patada derecha en plena barriga quitándole el aliento.
Alguno de los amigos de Sam trata de intervenir pero Marco lo bloquea rápido. 'Bueno, calma, quédate en tu puesto eh?'
Sam esta en el suelo, Edward lo llena de patadas en el cuello, en la barriga. Sam trata de cerrarse, cubriéndose la cara, pero Edward es imposible, golpea en donde consiga un espacio, después comienza a pisarlo arriba. Alza la pierna y le da una patada con el talón. Seco, con fuerza, en el oído, que se rompe rápido, en los musculos de las piernas, en sus caderas, casi saltándole encima, con todo tu peso. Sam, chillando con cada golpe, moviéndose a gatas, pronuncia un piadoso: -Basta, basta, te lo ruego!-, casi tosiendo por la sangre que le salía de la nariz directamente hacia la garganta y escupiendo un poco de saliva que le sale del labio roto y sangrante.
Edward se para. Recupera el aliento saltando en sus piernas, mirando a su enemigo en la tierra, inmóvil, destruido. Después se gira y se lanza encima de un moreno que esta a sus espaldas. Es aquel que ocho meses antes lo había bloqueado de atrás. Lo golpea con el puño en plena boca, dándole con todo el peso de su cuerpo. Al tipo le saltan tres dientes. Dos terminan en el suelo. Edward lo agarra por la espalda. Inmovilizándolo, comienza a llenarle la cara de puños. Después lo agarra por los cabellos y le bate la cabeza contra el suelo, con violencia. De repente dos brazos fuertes lo bloquean. Es Alec. Por debajo de las costillas lo tira hacia arriba: 'Vamos Edward, basta, vamos, lo estas masacrando.'
Hasta Marco y Demetri se le acercan. Marco ya había tenido problemas con alguno de los otros.
'Si, vamonos es mejor. Quizás cualquier estupido ha llamado la policia.'
Edward regresa a respirar normalmente, da un medio giro hacia los amigos de Sam que lo miran en silencio. -Pedazos de mierda!- y le escupe a uno que esta cerca con un vaso de Coca-Cola en mano, golpeándolo en plena cara. Pasa frente a Kate y le sonríe. Ella trata de devolver la sonrisa, un poco asustada, sin entender bien que hacer. Mueve apenas el labio superior y le sale una extraña mueca. Edward y los otros se montan en sus motos y se alejan. Demetri maneja como un loco, con Marco detrás, gritan ambos, yendo arriba y abajo, dueños de la calle. Después se acercan Alec, con Edward atrás.
-Mierda, esa rubia te la podías haber agarrado… estaba muy bien-
-Si eres exagerado, Demetri. Siempre tienes que hacer todo al mismo tiempo. Con calma, no? Tienes que saber esperar. Hay un tiempo para todo.-
Esa noche Edward va a la casa de Kate y sigue el consejo de Demetri. Muchas veces. Ella se lamentaba no haberlo llamado antes, jura que le desagrada, que quería haberlo hecho, pero ha tenido tantas cosas que hacer. En los días siguientes Kate lo llama de seguido. Edward esta tan ocupado que no consigue el tiempo siquiera para responder el teléfono.
