Una chica que vive cerca enciende una radio portátil que suena la clásica canción 'Bambino'. 'Cientonueve!'
Aro, un poco ebrio, salta sobre el techo bailando en sus zapatos Clark de piel, sudados y sin lazos, trata de hacer un descanso. Va mal. -Yahooo!- mueve las manos con fuerza. -Cientodiez!'-
-Atencion, damos el premio a los mas sudados. En el numero uno conseguimos a Marco. Vistosas manchas debajo de las axilas, parece una fuente. Ciento once!-
Edward, Cayo y Marco hacen un esfuerzo increíble. Llegan los tres abajo, emocionados, rojos y cansados.
-En nuestro Hit Sudados el numero dos lo tiene Cayo. Como pueden ver, la esplendida camiseta Ralph Lauren ha cambiado de color. Ahora es un verde descolorido, o mejor, verde podrido.-
Aro, agitando los puños cerca del pecho, sigue con la cabeza el pedazo que el DJ de la radio ha anunciado como suceso del año: Tardes Negras. Da un giro y continua:
-Cientodoce!- y naturalmente el ultimo es Edward… casi perfecto, ligeramente despeinado pero es tan perfecto que ni se nota' Aro se inclina para verlo mejor, después se alza moviendo las manos en el aire.
-Increible, he visto una gota de sudor, pero les aseguro, era una sola! Ciento trece!-
Edward sube, siente los ojos borrosos. Algunas gotas de sudor bajan por la frente esparciéndose en las largas pestañas como un colirio fastidioso. Cierra los ojos, siente los hombros adoloridos, los brazos tensos, las venas pulsantes, sigue empujando y lentamente sube de nuevo. -Siiii!- Edward mira al lado. Marco también lo esta logrando. Estira completamente los brazos. Falta solo Cayo.
Edward y Marco miran a su amigo-enemigo subir cansado y chillando, centímetro a centímetro, segundo a segundo, mientras los gritos de abajo aumentan:
'Cayo, Cayo, Cayo…!'
Hook, como paralizado, se detiene de repente, después temblando mueve la cabeza: 'No, no lo lograre.' Se mantiene por un momento inmóvil, y ese es su ultimo pensamiento. Cae de golpe, dando apenas tiempo de voltear la cabeza. Se golpea con todo el peso el pecho en el mármol.
'Cientocatorce!'
Edward y Marco bajan, veloces, esperando solo el fin de la flexión, después regresan a subir rápidos, como si hubieran conseguido una nueva fuerza, nueva energía. Son ellos solos corriendo hacia la meta. O primer lugar o nada.
-Cientoquince!- Vuelven a bajar.
El ritmo aumenta. Como si hubiera entendido, Aro se pone serio.
-Cientodieciseis!- uno después del otro pronuncia solo los números. Veloz. Esperando que lleguen arriba para darles el sucesivo.
-Cientodiecisiete!- De nuevo abajo.
-Cientodieciocho!- Edward aumenta aun, soplando.
-Cientodiecinueve!- Baja y de nuevo sube, rápidamente. Marco lo sigue, esforzándose, gimiendo, cada vez mas rojo.
-Cientoveinte, ciento veintiuno. Increíble, muchachos!- Ninguno habla mas. Debajo solo reina el silencio de los grandes momentos.
-Cientoveintidos.- Solo la música de fondo. -Cientoveintitres…-
Entonces Marco se para a la mitad, comienza a gritar, como si alguna cosa dentro de el lo detuviera.
Edward, en lo alto de su flexión, lo mira. Marco està como inmóvil. Tiembla gritando, pero sus brazos no lo quieren escuchar, no lo escuchan más. Entonces da un ultimo grito, como una bestia herida que le hubieran arrancado un pedazo de carne. Su supremacía. E inexorablemente, lento comienza a caer. Ha perdido. Desde abajo se alza un grito. Alguno abre una cerveza: -Siii, aquí esta, el nuevo ganador es Edward!-
Aro se le avecina festejando, pero Edward mueve la cabeza.
Como una orden por aquel gesto, la plaza regresa a estar en silencio. Desde abajo, en la radio, casi una señal del destino: un pedazo de Springsteen, I'm going down. Edward sonríe dentro de el, se lleva la mano derecha a la espalda y después baja, sobre una sola mano, gritando.
Toca el mármol, lo mira con los ojos entrecerrados y de nuevo para arriba, temblando y empujando solo con su derecha, con toda su fuerza, con toda su rabia. Un grito de liberación sale de su garganta:
-Siii!- Donde no había llegado la fuerza, llego su voluntad. Se mantiene inmóvil así, de nuevo arriba, con la frente hacia el cielo, como una estatua gritona, contra de la oscuridad de la noche, la belleza de las estrellas.
-Yahooo!- Aro grita como un loco. En la plaza todos explotan siguiendo ese grito, encienden las motos y las Vespas sonando las bocinas, gritando. Alec comienza a patear la caseta postal.
Demetri tira una botella de cerveza enfrente de una vitrina. Las ventanas de los edificios alrededor se abren. Una alarma lejana comienza a sonar. Viejos en camisas de noche salen a sus balcones gritando preocupados: 'Que sucede?' Alguno grita que hagan silencio. Una señora amenaza con llamar a la policía. Como por un hechizo, todas las motos se mueven. Alec, Demetri y los otros se ponen a correr, saltando en sus asientos, mientras los tubos de escape dan humo blanco. Cualquier lata continua a hacer sonido rodando, las muchachas todas van a casa. Tanya esta aun mas enamorada.
Cayo se acerca a Edward. -Buen duelo, no?-
-Nada malo.-
Las otras motos también se acercan, ocupando toda la calle, sin importarle de cualquier maquina que suene pasándoles al lado velozmente. Aro se para encima de su vieja Vespa. -Se que hay una fiesta por Cassia. En el 1130. Es una residencia.-
-Pero nos dejaran entrar?'-
Aro les asegura: -Conozco a una que esta allá.-
-Quien es?-
-Jane.-
'Pero, ustedes tuvieron algo?'
-Si.-
-Entonces no nos dejaran pasar.-
Riendo, se montan casi todos al mismo tiempo. Frenando y acelerando giran a la izquierda. Algunos andan en una rueda, todos sin prestarle atención al semáforo. Después llegan la avenida Cassia a toda velocidad.
