Capitulo 7

Jessica, eufórica por sus dieciocho años, por la fiesta que sale a la perfección, corre al intercomunicador.

-Respondo yo.- Pasando a un tipo que estaba por allí con un plato lleno de pizzas pequeñas.

-Hola. Esta Jane verdad?-

'-Jane qué?-

-Giacomini, una rubia.-

-Ah si, que le debo decir?-

-Nada, si me abres. Soy su hermano, le debo dejar las llaves.-

Jessica oprime una vez el botón del intercomunicador, después para estar segura de haberlo abierto, lo presiona de nuevo. Va a la cocina, toma dos grandes Coca-Colas del refrigerador y se dirige hacia la sala. Encuentra una chica rubia que esta hablando con un chico con los cabellos llenos de gel y echados hacia atrás.

-Jane, esta subiendo tu hermano…-

-Ah…- es la única cosa que Jane logra decir. -Gracias.-

Y después de haberlo dicho se mantiene con la boca abierta. El muchacho a su lado pierde un poco su estaticidad y se concede un ligero estupor.

-J-, pasa algo malo?-

-No, no pasa nada malo, aparte del hecho que yo soy hija única.-

-Eso, aquí es.- Marco y Cayo leen de primeros la tarjeta en el timbre del cuarto piso. -Son los Stanley, no?-

Aro suena el timbre.

La puerta se abre casi de inmediato.

Jessica se mantiene en la puerta, mira el grupo de chicos musculosos y despeinados. Están vestidos un poco casual, piensa tan amablemente.

-Puedo hacer alguna cosa?-

Aro se le para enfrente: -Buscamos a Jane, soy su hermano.-

Como por magia, Jane aparece en la puerta, acompañada por el chico con quien hablaba.

-Ah, aquí esta, tu hermano.-

Jessica se aleja. Jane mira preocupada el grupo.

-Y quien seria mi hermano?-

-Yo!- Demetri alza la mano.

Alec también la alza -Yo también, somos gemelos, como en el film de Schwarzenegger. El es el gafo.- Todos se ríen.

-Nosotros también somos hermanos- Uno después del otro alzan la mano. -Si, nos queremos mucho.-

El acompañante de Jane no esta entendiendo todo. Opta por una expresión que combina muy bien con su cabello.

Jane se dirige hacia Aro firme.

-Pero como se te paso por la mente venir con toda esta gente?-

Alec sonríe, arreglándose la chaqueta: el resultado es siempre pésimo.

-Esta fiesta me parece un velorio, al menos la avivamos un poco, anda Jane no te molestes.-

-Y quien se esta molestando? Basta con que se vayan.-

-Ahj Aro, ya me canse de esperar, Permiso?- Marco, sin esperar que Jane se quite de la puerta, entra.

El acompañante pegostoso de repente entiende todo: coleados. Y con un resplandor de inteligencia se aleja alcanzando a los verdaderos invitados en la sala. Jane trata de pararlos.

-No Aro, vamos, no puedes entrar-

-Disculpa, permiso, disculpa-

Imposible, uno detrás de los otros todos pasan: Cayo, Demetri, Alec, Felix, Edward y los otros.

-Vamos J -, no seas así, veras que no pasara nada.'

Aro la toma bajo su brazo.

-Y si pasa algo, como va a ser mi culpa? Es de tu hermano por haberse traído toda esta gente…-Después, como si se preocupara que alguno entrara sin invitación, cierra la puerta.

Marco y cayo se lanzan literalmente en el buffet, devorando panes con salami, suaves, con la mantequilla regada en la parte superior, esa redonda, pero no la prueban, lo tragan directamente sin masticarla. Se ha vuelto casi una competencia. Y más pizzas, sándwiches mezclados de pastas dulces y pequeños chocolates.

Al final Marco se ahoga. Cayo le da golpes cada vez mas fuertes en la espalda, el ultimo tan fuerte que Marco comienza a toser, escupiendo pedazos de comida en lo que quedaba del Buffet. La mayor parte de los invitados que estaban cerca se meten inmediatamente a dieta. Aro comienza a reír como loco, Jane a preocuparse seriamente.

Felix gira por el salón. Parece un cuidadoso coleccionista: agarra los objetos pequeños, se los lleva cercano a los ojos, revisa los números estampados y si son de plata se los mete en el bolsillo.

Rápidamente lo fumadores son obligados a botar las cenizas en las plantas.

Alec, como buen profesional, busca rápido el cuarto de la madre. Lo encuentra. Ha sido sabiamente cerrado con llave. Pero la llave la han dejado puesta en la cerradura. Ingenuos. Alec abre la puerta. Las carteras de las muchachas están todas en la cama, ordenadamente. Comienza a abrirlas, una después de la otra, sin mucho esfuerzo.

Las billeteras esta casi todas llenas, es propiamente una bella fiesta: gente de clase, nada mas que decir. En el corredor Cayo fastidia a una amiga de Angela con miradas y comentarios fastidiosos. Un muchacho, un poco menos gelatinado que los otros, trata de darle un vago concepto de educación. Se lanza en una discusión verbal. Remediada al aire con un puño que fue mucho mas pesado que los comentarios que le tocaron a su chica. Cayo no soporta los sermones. Su padre es abogado, ama las palabras al menos tanto como su hijo odia la idea de estudiar derecho.

Angela, quizás por la emoción, se acuerda de tener ella también problemas en la mente, disculpándose con el resto:

-Se me ha corrido el rimel, voy al baño a arreglarme el maquillaje.- Cosa que serviría mucho al tipo, que se aleja en silencio, con su chica en la mano y los cinco dedos de Cayo estampados en la cara.

Alec lanza la ultima cartera en la cama.

-Vaya! Que robo… tienes una cartera así, vas a una fiesta así, y te llevas solo diez euros? Pero de verdad que eres pobre!-

Esta por marcharse cuando nota que en la silla vecina, apoyada en un cojin y escondida por una chaqueta esta una cartera. La agarra. Es una bella cartera elegante y pesada, de cuero y dos líneas atadas que la cierran. Debe estar bien rica, si la propietaria se preocupa tanto por esconderla. Alec comienza a abrir el nudo de las dos piezas atadas, maldiciendo su vicio de comerse siempre las uñas. Uno puede sufrir de falta de afecto, esta bien, quizás de falta de dinero. Pero nunca de ambas cosas a la vez. Finalmente desata el nudo. Justo en ese momento se abre la puerta. Alec esconde la cartera detrás de la espalda. Una chica de cabello oscuro, sonriente, entra tranquila. Cuando lo ve, se para.

-Cierra la puerta.-

Angela obedece. Alec saca la cartera de atrás y comienza a buscar dentro. Angela asume una expresión disturbada. Alec ve que lo esta mirando.

-Entonces, se puede saber que quieres?.-

-Mi cartera.-

-Que esperas? Agarrala no?-

Alec indica la cama llena de carteras ya vaciadas.

-No puedo.-

-Porque?-

-Porque un idiota la tiene en las manos.-

-Ah.- Alec sonríe. Mira mejor a la muchacha. Es muy linda con los cabellos negros, un copete hacia atrás y la mueca de la boca ligeramente molesta. Naturalmente tiene una falda elegante. Alec busca la billetera, la agarra.

-Toma…- le lanza la cartera. -Basta que la pidas…-

Angela agarra la bolsa en el aire. Y comienza también a buscar algo adentro.

-Sabes que no se busca en las carteras de las señoritas, no te lo ha dicho tu madre?-

-Nunca he hablado con mi madre. Hey, sin embargo, tu deberías tener una charla con la tuya.-

-Porque?-

-Bueno, no puede ser que te mande solo con cincuenta euros.-

-Es mi semana.-

Alec se los mete en el bolsillo.

-Era.-

-Quiere decir que estaré a dieta.-

-Entonces te hice un favor.-

-Cretino!-

Angela consigue lo que buscaba, y después deja la cartera.

-Cuando hayas terminado mete la billetera de nuevo. Gracias.-

-Escucha, ahora que comienzas a estar a dieta, quizás mañana te invito a comer una pizza.-

-No gracias, cuando yo pago quiero tener al menos la libertad de elegir con quien voy.- Se va hacia la puerta.

-Hey, espera un momento.-

Alec la alcanza.

-Que has agarrado?-

Angela se lleva la mano hacia la espalda. -Nada que te deba interesar.-

Alec le agarra los brazos.

-Eso lo diré yo. Enséñame.-

-No, déjame ir. Ya agarraste el dinero, no? Que quieres ahora?-

-Eso que tienes en tus manos.-

Alec trata de agarrarla. Angela apoya su pecho en contra de el, alejando lo mas posible su pequeña mano cerrada.

-Dejame, sino me pongo a gritar.-

-Y yo te agarro a nalgadas.-

Alec finalmente alcanza su pulso y lo lleva hacia el. Le agarra el brazo con el pequeño puño cerrado, decidido, enfrente.

-Mira, si me lo abres te juro que no te hablare nunca mas…-

-Entenderas, nunca habíamos hablado sino hasta hoy-

Alec agarra la pequeña suave mano de la chica y comienza a empujarle con las palmas los dedos hacia atrás. Angela trata de resistir. Inútilmente. Con las lagrimas en los ojos, llevandose el peso hacia atrás para darle mas fuerza a sus dedos. -Te lo pido, sueltame.- Alec continúa sin darle ventaja. Al final, uno después del otro, los dedos se doblan, vencidos, revelando su secreto.

En la mano de Angela estaba la explicación de aquellos puntos rojos en la cara y del seno crecido. El motivo de ese nerviosismo que, una vez al mes, agarra antes o después a cada joven muchacha y que cuando no llega las pone aun más nerviosas o las hace ser mamás. Angela se queda allí, frente a el, en silencio, mortificada. Ha sido humillada. Alec, sentándose en la cama, comienza una risa ensordecedora.

-Entonces mañana no, no te invito a cenar. Sino entonces después, que haremos? Nos contamos chistes?-

-Ah no, eso no, no conozco chistes tan estupidos como para hacerte reír! Y el resto de seguro que no los entenderías.-

-Hey, fuerte la niña!- Alec queda herido.

-De todas formas estoy segura que ya te divertí bastante.-

-Porque?-

Angela se masajea los dedos. Alec se da cuenta. -Me has lastimado, no era eso lo que querías?-

-Si apenas se pusieron rojos, no seas exagerada, dentro de un rato se te pasa.-

-No hablaba de mi mano.- Lo dice antes de ponerse a llorar.

Alec se queda allí, sin saber muy bien que hacer. Todo eso que le viene en mente es de poner de nuevo su billetera y sus cosas en la cartera. Claro, no de restituirle los cincuenta euros.

El DJ, un tipo musical, con el cabello ligeramente más largo que el resto para resaltar su aspecto artístico, se agita controlando todo a tiempo. Sus manos se mueven adelante y atrás de los dos discos, mientras un audífono le da la posibilidad de escuchar antes lo que va a sonar y así evitar una vergüenza por una entrada equivocada.

Edward gira por la fiesta, se mira alrededor, escucha distraído estupidos discursos de chicas de dieciocho años: vestidos costosos vistos en vitrinas, motos no compradas por sus padres, noviazgos imposibles, cuernos asegurados, aspiraciones frustradas.

De la ventana en el fondo del salón, esa que da a la terraza, entra un poco de viento. Las cortinas vuelan ligeramente mientras que se quedan atadas con la ventana. Se ven manos que las empujan tratando de abrir la ventana. Un buen chico elegante ha logrado empujarla mejor, consiguiendo el lugar y fuerza justa. Poco después, a sus espaldas aparece una chica. Ríe divertida de esa pequeña dificultad. La luz de la luna, que viene detrás, ilumina ligeramente su vestido volviéndolo por un momento transparente.

Edward se queda mirándola. La chica mueve los cabellos, sonríe al tipo. Muestra sus dientes blancos y bellísimos. Aun de lejos se puede sentir la intensidad de su mirada. Sus ojos chocolate, profundos y pulidos. Edward se acuerda de ella, de su encuentro, ya se han visto. O quizás es mejor llamarlo un encontronazo. Los dos se dicen algo. La chica asienta con la cabeza y sigue al muchacho hacia la mesa de las bebidas. De repente, Edward también tiene ganas de beber.

Miike Newton lleva a Bella a través de los invitados. Le toca apenas la espalda con la palma de la mano, probando a cada paso un poco de su perfume ligero. Bella saluda algunos amigos que han llegado mientras ella estaba en la terraza. Llegan a la mesa con las cosas de beber. Repentinamente un tipo se pone frente a Bella. Es Edward.

-Bueno, he visto que me has hecho caso, estas buscando como resuelves tu problema- dice indicando con la cabeza a Newton -Entiendo que es solo un primer intento. Pero podría ser. Claro, si no has podido encontrar algo mejor…-

Bella lo mira, desconcertada. Lo conoce, pero no le parece simpático. O si? Que ha sucedido con ese tipo?

Edward le refresca la memoria.

-Te he acompañado a la escuela una mañana, hace unos días atrás.-

-Imposible, yo voy a la escuela siempre con mi papa.-

-Tienes razón, digamos que te he escoltado. Estaba pegado a tu carro.-

Bella recordando lo mira molesta.

-Veo que finalmente te acuerdas.-

-Cierto, eras ese tipo que decía un poco de idioteces. Nunca cambias, eh?-

-Porque debería, soy perfecto.- Edward alarga los brazos mostrando su físico.

Bella piensa que al menos desde ese punto de vista tiene razón.

Es el resto lo que no cuadra. Comenzando desde su apariencia hasta su modo de comportarse.

-Ves, no dices que no.-

-Tampoco te respondo.-

-Bella, te esta fastidiando?- Newton tiene la mala idea de entrometerse. Edward ni siquiera lo mira.

-No, Mike, Gracias.-

-Entonces, si no te estoy fastidiando, te estoy agradando…-

-Me eres completamente indiferente, aunque diría que me fastidias ligeramente, para ser precisa.-

Mike trata de cerrar esa discusión dirigiéndose a Bella.

-Quieres algo de beber?-

Edward responde por ella.

-Si, gracias, sírveme una Coca-Cola, esta bien?-

Mike no le presta atención. 'Bella quieres algo?-

Edward por primera vez lo mira. -Si, una Coca-cola, ya te lo dije, apurate.-

Mike se queda mirándolo con un vaso en la mano.

-Apurate, no escuchas, gusano?-

-Dejalo así.- Bella interviene quitándole el vaso de la mano de Mike. -Lo hago yo.-

-Ves, cuando eres gentil te ves mucho mas linda.-

Bella agarra la botella.

-Toma, y ten cuidado de no derramarla.- Después lanza el vaso lleno de Coca-Cola en la cara a Edward bañándolo completo.

-Te dije que tuvieras cuidado, eres todo un niño verdad?, no sabes siquiera beber.-

Mike comienza a reírse. Edward le da un empujón tan fuerte que lo hace volar hacia un mesón bajo, lanzando todo lo que tenia arriba. Después agarra por los bordes el mantel que tiene encima las cosas de beber. Tira fuerte, tratando de hacer como algunos ilusionistas, pero el numero no le sale. Una decena de botellas se derraman volando por los muebles vecinos y encima de los invitados. Algunos vasos se rompen. Edward se seca la cara.

Bella lo mira asqueada.

-Eres de verdad una bestia.-

-Tienes razón, tengo ganas de una bella ducha, estoy todo pegostoso. Es culpa tuya, así que la harás conmigo.-

Edward se dobla veloz agarrandola por las piernas y cargándola sobre su espalda. Bella se trata de liberar furiosamente.

-Dejame tranquila, bajame! Ayúdenme!-

Ninguno de los invitados interviene. Newton se alza y trata de pararlo. Edward le da una patada en la barriga que lo hace terminar contra un grupo de invitados. Aro ríe como un loco, baila con Demetri dándole golpes en la cabeza a esos que pasan. Alguno cercano al Dj se echa a reír. Jessica, preocupada, se para en la puerta, mirando estupefacta su salón devastado.

-Disculpa, donde esta el baño?-

Jessica, sin siquiera preocuparse de aquel tipo con una chica en sus espaldas, se lo indica.

-Por allá.-

Edward le agradece y sigue la indicación. Llegan Marco y Cayo, cargados de huevos y tomates. Comienzan a lanzar a cuadros, paredes e invitados, sin hacer alguna distinción, lanzando con violencia, para lastimar. Mike va donde Jessica.

-Donde esta el teléfono?-

-Por allá.- Jessica indica una dirección opuesta al baño. Le parece de ser un policía que trata de dirigir el trafico, o mejor el caos terrible que han comenzado en su salón. Sin embargo, no tiene la autoridad de darles una multa a todos y apresarlos. Alguno, mas tranquilo o mas villano que los otros, se avecina besándola.

-Adios Jess, muchas felicidades. Lo lamento, pero nosotros nos vamos, ok?-

-Por allá.- Ahora molesta, indica la puerta de la casa de la cual, si no fuera suya, quisiera huir.

-Para, te dije que me bajaras. Haré que me la pagues…-

-Y quien me castigara? Esa especie de estampilla elegante que se la da de mesonero?-

Edward entra en el baño y abre la puerta corrediza de la ducha. Bella se agarra con las manos, tratando de pararlo.

-No! Ayuda! Ayúdenme!-

Edward gira de nuevo, le agarra las manos liberándolas fácilmente.

Bella decide cambiar táctica. Trata de hacerse la tierna.

Vamos, esta bien, esta bien discúlpame. Ahora bajame, por favor.-

-Que quieres decir con por favor? Me tiraste la Coca-Cola en la cara y ahora me dices por favor?-

-Esta bien, me he equivocado al lanzártela.-

-Yo se que te equivocaste.-

Edward entra en la ducha, baja terminando directo debajo del chorro. -Pero ahora el daño esta hecho. A este punto me debo bañar, sino después dices que soy pegostoso también.-

-Pero no, que importa.- Un chorro de agua la golpea en plena cara, ahogándole casi las palabras en la boca. -Cretino!- Bella se agita buscando de huirle al agua, pero Edward la tiene firme haciéndola girar para bañarla toda. -Dejame, idiota, bajame!-

-Esta muy caliente?- Edward, sin esperar respuesta, gira la manilla de temperatura que esta justo enfrente de su cara. Lo lleva todo hacia el azul. El agua se vuelve rápidamente fría. Bella grita.

-Eso es lo que necesitas, una bella ducha helada para calmarte un poco. Sabes que esta muy bien darse duchas heladas y después hirvientes?- Y regresa el termostato hacia el rojo. El agua comienza a humear. Bella grita aun mas fuerte.

-Ay! Quema! Cierrala, cierrala!-

-Mira que de verdad es bueno, abre los poros, facilita la circulación, llega mas sangre al cerebro, así se razona mejor y puedes entender que hay que comportarse bien con la gente… ser buenos y quizás servir una Coca-Cola, no tirarsela en la cara.-

Aro entra en ese momento.

-Rápido Edward, vamonos. Allguien ha llamado la policía.-

-Como lo sabes?-

-Lo he escuchado. Demetri me ha lanzado un huevo en la frente, fui a lavarme y lo encontré en el teléfono. Lo escuche con mis propios oídos.-

Edward cierra la ducha y pone a Bella en el suelo. Aro, mientras tanto, abre algunas gavetas alrededor del espejo. Consigue algunos anillos y cadenas, cosas de poco valor, pero se las mete en los bolsillos igualmente. Bella, con los cabellos en la cara, completamente bañados, esta apoyada en el muro de la ducha buscando recuperar el aliento. Edward se quita la camiseta. Agarra una toalla y comienza a lavarse. Abdominales perfectos. Su piel, lisa y estirada, se mueve tensa entre los escalones de sus musculos.

Edward la mira sonriendo.

-Te conviene secarte, sino puedes agarrar un resfriado.-

Bella se quita con la mano los largos cabellos bañados que le cubren la cara. Descubre sus ojos. Están molestos y decididos. Edward finge tener miedo.

-Uy, hagamos como si no dije eso.- Continua a friccionar sus cabellos. Bella se mantiene sentada en el suelo. Su traje bañado se ha vuelto transparente. Debajo del tejido de flores lila se ven bordados de un sostén claro, quizás combinado con sus panties. Edward se da cuenta.

-Entonces, quieres o no una toalla?-

-Vete a lavar el culo.-

-Que palabras! Pero como, una chica tan buena como tu dice estas cosas? Recuerdame la próxima vez que tomemos una ducha juntos te debo lavar la boca con jabón. Esta claro? Recuerdamelo, está bien?-

Escurre la camisa y poniéndosela en los hombros sale del baño.

Bella lo mira al alejarse. En su espalda todavía mojada, algunas pequeñas gotas de agua se deslizan entre los nervios y musculos sobresalientes y bien delineados. Bella agarra un champú que consigue en el suelo y se lo lanza. Sintiendo el ruido, Edward baja la cabeza por instinto.

-Ah, ya entiendo porque estas tan molesta, se me olvido lavarte con champú. Esta bien, pronto regreso.-

-Vete! Ni lo intentes…-

Bella cierra veloz la puerta transparente de la ducha. Edward mira sus pequeñas manos aferradas al vidrio.

-Toma!- le lanza el champú por arriba, a través del vidrio abierto en lo alto de la ducha.

-Yo se que te gusta hacerlo por ti misma… como muchas otras cosas… del resto!- y después con una risa fuerte sale del baño.

Con la palabra policía, en el salón hay una huida general. La pelea termina rápido. Demetri, Marco y Cayo, del pasado mas tormentoso, son los primeros a alcanzar la puerta. Algunos invitados se mantienen en la tierra sangrando. Jessica, en un lado, llora. Otros muchachos ven los energúmenos salir con sus plumas, los Henri Lloyd, cualquier Fay y chaquetas costosas. Felix, con un extraño sonido a platería, se aleja mas pesado de lo normal. Corren por las escaleras, veloces, haciendo temblar el pasamanos donde se agarran para ayudarse en las curvas. Rompen vasijas costosas con sus elegantes aterrizajes. Vacían los buzones de las cartas con sus patadas precisas, derecha a derecha, gritando y, después de haber robado cualquier silla de moto, desaparecen en la noche.