Los personajes no me pertenecen, solo juego con ellos en mi cabeza

contiene temas fuertes, si eres menor de edad o no te gusta; no lo leas...

Edward Pov

Me levante a duras penas, sentía mi cuerpo engarrotado, no había podido dormir muy bien que digamos. Todo esto del divorcio me estaba quebrando la cabeza. No sabía si estaba haciendo bien en separarme de Rebeca, pero nuestro matrimonio ya no existía, no había nada que nos uniera. Estaba cansado de su indiferencia.

Lo más estresante que es todos esperaba algo de mí. Sentía presión por todas partes, mis amigos querían que me divorciara y fuera feliz, mis padres no estaban enterados completamente de los problemas con Rebeca, pero no eran ciegos, podían ver la pared de hielo que había entre nosotros. Tanya llevaba tiempo rogándome que me separara de mi mujer, que ella me amaba y que podía hacerme amarla también y ser felices juntos.

Yo sinceramente no sabía que pensar, quería hacer las cosas bien, realmente quería, pero no sabía que era. Yo no era feliz, y muchas veces me había planteado pedirle el divorcio.

Como ahora mismo, sentía que era lo mejor, así Rebeca también podría buscar a alguien que le amara y la hiciera feliz.

Tome una ducha rápida, porque ya se me estaba haciendo tarde para ir a la empresa, hoy tenia la agenda ocupada, muchas reuniones, propuestas que aceptar, en fin muchas cosas sobre mis hombros.

Una vez vestido, camine por el pasillo para bajar las escaleras, era bastante temprano, nuestra habitación estaba cerrada. Rebeca debía estar dormida todavía. Con cuidado de no hacer ruido entre al dormitorio para tomar las llaves del auto y mi celular que los había dejado en la mesita al dormirme.

En la cama estaba Rebeca hecha un ovillo, no podía ver ninguna parte de su piel, ya que estaba totalmente tapada con las sabanas. La ignore, estaba muy molesto con ella por su actitud de ayer. Apreciaría que al menos fingiera un poco de consideración, pero nada. Tome mis cosas y rápidamente salí de mi casa.

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- Señor Cullen, habló el Señor Volturi para confirmar la reunión de mañana- entro diciendo mi secretaria Lucia, mientras dejaba mi café en el escritorio.

- Regrésale la llamada y dile que mañana sin falta a la hora acordada- dije con un suspiro de cansancio. Ella asintió y miro preocupada. Lucia tenía ya sus cincuenta años, ella había trabajado para mi padre cuando él estaba aun a cargo de la empresa. Era como una segunda madre para mí.

- ¿Pasa algo Edward?- pregunto con confianza, ella era la única empleada a la que dejaba me tratara de tu, mi familia y yo la considerábamos como de la familia.

- Solo estoy cansado Lucy eso es todo- mentí fingiendo revisar unos documentos.

- ¿Sabes que te conozco desde que eras así de chiquitito?- hizo una seña con sus manos, bajando la palma casi hasta el suelo. – Te conozco bien, algo te perturba, no mientas cariño, sabes que puedes confiar en esta vieja- dijo sonriéndome cálidamente. Sonreí, tenía razón.

- Es solo que… creo que voy a divorciarme- dije esperando su reprimenda. Yo sabía lo que pensaba Lucy del divorcio, o de respetar los votos y todas esas cosas, pero yo no era feliz, y eso era lo importante ¿no?

- Mira hijo, tu sabes lo que pienso del divorcio, pero… me alegra que quieras separarte de esa bruja- dijo sorprendiéndome, ella siempre se había mostrado respetuosa con respecto a mi vida privada, y siempre se portaba muy cortes con Rebeca.

- ¿En serio?- pregunte sorprendido.

- Mira, el matrimonio es algo sagrado, es lo más hermoso que pueda pasarle a un ser humano, pero Rebeca no ha cuidado de ti, ella no ha sabido ser la esposa que mereces. Yo se que en tu juventud fuiste un playboy sin remedio- dijo haciéndome sonrojar, me daba vergüenza, era como si mi madre mi pillara teniendo sexo con alguien. – Pero tu sabias que después del matrimonio serias fiel y un esposo devoto, y sé que lo has intentado cumplir, pero el matrimonio es de dos no solo de uno, y si una parte no funciona, todo se desmorona tesoro- dijo mirándome con cariño. Yo quería ser feliz, quería una esposa amorosa, hijos, hasta un maldito perro.

- ¿Entonces piensas que hago lo correcto?- pregunte temeroso.

- Mira, yo te aconsejaría que esperaras un poco y vieras si puedes arreglar las cosas, si no se puede pues haz lo que diga tu corazón- dijo posando su mano en mi pecho suavemente, donde mi corazón se encontraba. – El nunca miente- dijo sonriendo. Yo le sonreí agradecido.

- Gracias Lucy-

- De nada tesoro, dijo Señor Cullen- dijo sonriente. Tomo los archivos de mi escritorio y se los llevo, cerrando la puerta.

Me recline hacia atrás en mi silla, pase mis manos por mi cara exasperado, sabía que mi matrimonio no tenia solución, ya lo había intentado todo, por lo que en unos cuantos días hablaría con ella sobre el divorcio.

Enfoque mi mente en el trabajo, tenia mil y un cosas que hacer, mi mente estaba en todas partes, deseaba tener un respiro. Mi celular sonó en un mensaje de texto.

Nene te extraño demasiado, no sabes cómo necesito verte, necesito tu cuerpo, tu olor tus besos, te necesito completo. Por favor ven a mí

Tanya

Su propuesta era bastante tentadora, pero mi cuerpo se sentía demasiado cansado por lo que hoy me iría derechito a mi casa, a tomar un baño y a dormir. No conteste el mensaje, simplemente guarde el celular y me metí de lleno en el trabajo.

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Eran las seis de la tarde, ya era hora de ir a casa, no tenía ganas de llegar temprano para no discutir con Rebeca pero mi cuerpo pedía a gritos un momento de relajación.

Me despedí amablemente de Lucy, y baje el ascensor, también del guardia en cuanto salí del edificio.

Me subí a mi auto, un volvo negro, tenía varios autos, pero para no llamar tanto la atención prefería conducir este.

Conduje sin prisas por las calles, sentía el viento golpear mi rostro, relajando mis músculos, amaba la sensación de la libertad. Mi celular sonó nuevamente en tono de llamada.

- ¡Eddie!- canturreo Emmett en cuanto le conteste, haciéndome gruñir, odiaba ese apodo.

- Mierda Emmett no me llames así imbécil-

- Uy Eddie, que humor de perros que te traes- dijo haciéndome rodar los ojos, idiota.

- ¿Para qué llamabas?- pregunte impaciente por cortar la llamada.

- Jasper y yo vamos a ir al bar de siempre ¿Te apuntas?-

- No, estoy cansado, otro día será- dije cansado.

- ¿No será que vas a ver a la pelos de elote de Tanya?- pregunto Emmett divertido. Me reí. Lo repito, idiota.

- No, hoy solo quiero dormir-

- Eres un aguafiestas Edward, pero bueno, después planeamos entonces, bye Eddie- canturreo lo ultimo como niña, y colgó la llamada.

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Unos minutos después ya estaba aparcando en el garaje de la casa. El auto de Rebeca se encontraba estacionado, por lo que definitivamente ella estaba en casa. Cerré los ojos e inspire profundo. No estaba de humor para otra discusión.

Entre a la casa lentamente, no tenia prisas por encontrarla y discutir, pero casi me da un infarto cuando mire lo que había delante de mí.

Había un trasero respingón delicioso al lado del sillón, estaba agachada, traía unos shorts de azulón azul oscuro, y una camiseta de tirantes rosa. Sus piernas se veían hermosas e insinuantes. Ella no se había fijado en mi presencia. Al parecer buscaba algo. Su trasero se movía juguetón conforme ella buscaba debajo del sillón. Trague en seco. Sentí mis pantalones encogerse dolorosamente sobre mí.

Me parecía tan extraño que Rebeca usara esa clase de ropa, ya que aun en casa le gustaba vestirse "bien" aunque personalmente no me gustaba su forma de vestir.

Estaba demasiado sexy, hace mucho que no me calentaba así. Tenía ganas de desnudarla ahí mismo y penetrarla como un desquiciado. Su cabello estaba atado en un desordenado moño. Jamás en todo el tiempo que la conocí la había visto tan natural y… hermosa…

Ella seguía moviendo ese delicioso trasero de derecha a izquierda, ignorando mi presencia, y lo que su inocente movimiento le hacía a mi cuerpo. Me parecía raro que notara mi presencia aun, entonces me fije en unos cables que sobresalían de su camisa, por lo que entendí que estaba escuchando música. Yo estaba bastante entretenido con semejante espectáculo.

De pronto se agacho un poco mas haciendo que su blusa se levantara un poco de su espalda, haciendo que su piel blanca quedara al desnudo. Juro que casi muero cuando me fije en el tatuaje que había en su coxis. ¿Cuándo carajos se había hecho ese tatuaje? Era una mariposa, Mierda, si antes tenía una erección dolorosa, ahora moriría por sobrecalentamiento.

- ¡Eureka!- canturreo feliz, me imagino que había encontrado lo que andaba buscando. – Ay no- dijo nuevamente, al parecer el objeto se le había caído nuevamente.

De repente vi algo brillante rodó a mis pies y golpear mi zapato, ella lo siguió rápidamente deteniéndose a mis pies. Vi tensar su cuerpo en cuanto se fijo en mi persona. Me miro de arriba abajo con sus ojos abiertos de par en par, sus labios se formaron en una o de la sorpresa. ¿Por qué ahora me parecía tan irresistible? ¿Por qué lo único que quería ahora era tirarla sobre el sofá y adentrarme en su cuerpo? No, no debía pensar en eso si tenía la idea de divorciarme. Aunque tal vez una despedida…

Ella se puso más pálida de lo que ya era y de un salto de puso de pie, abría y cerraba la boca continuamente, como si no supiera que decir.

- E-ed… digo mi amor, ¿Qué haces aquí?- dijo con voz temblorosa. ¿mi amor? ¿De cuando acá ella me decía así?

- Salí temprano del trabajo y quise venir a descansar- dije analizándola, había algo diferente en ella. Me fije en sus ojos, se veían mas claros, como el café con leche. Preciosos.

- Ah… si cla-claro-dijo algo aturdida. ¿Qué le pasaba? Ella me miro unos momentos y luego fue como si recordara algo. Se acerco a mí, se paró de puntitas y me dio un casto beso en los labios. Se estaba comportando demasiado extraña. La mire de arriba abajo, se veía extremadamente sexy con esos shorts, ¿Por qué hasta ahora los usaría?

Se separo de mi lentamente, y me miro como expectativamente, fruncí el ceño, ¿Qué mosco le habrá picado? Me quite la chaqueta y afloje mi corbata dejándolas en el perchero. Sus ojos seguían todos mis movimientos.

- Oh Dios, que tonta, debes estar hambriento- dijo pegándose suavemente en la frente y acercándose a mi. – Ven, te prepare la cena- dijo tomando mi mano y jalándome hacia la cocina. ¿ella preparo la cena? Jamás lo había hecho, estaba seguro que ella no sabía cocinar.

- Pensé que no sabias cocinar Rebeca- dije mi pensamiento. Ella se quedo paralizada frente a mí. Su contacto me quemaba la piel, se sentía tan suave y cálido, que en un momento entrelace nuestros dedos.

- Bueno… eh… ah sí, es que estuve en clases de cocina hace poco- dijo sonriéndome dulcemente. Yo la mire perdido en su sonrisa, jamás había sonreído de esa manera tan provocativa y sexy. – Ya sabes, quería sorprenderte- dijo encogiéndose de hombros. Siguió jalándome hasta llegar al comedor. Olía delicioso, se me hizo agua la boca.

Me hizo sentar en el comedor, yo la mire confundido. Jamás se había comportado de esa manera.

Tomo un plato y con agilidad y gracias comenzó a servir la comida. Se movía de aquí para allá por la cocina, no pude evitar sentir fascinación al verla desenvolverse de esa manera. Siempre quise verla así.

Destapo una cerveza y me la paso, poniendo también mi plato frente a mí.

- Espero que te guste- dijo mirándome con una sonrisa. Mire sus labios, jamás me habían parecido tan apetitosos como ahora.

Mire mi plato, en el había carne, papas, ensalada y un poco de queso. Olía delicioso, mi estomago me reclamaba una mordida. Tome el tenedor y comí un pedazo de cada cosa, sintiendo el coro de los ángeles y el cielo abrirse para mí. La comida estaba exquisita.

- Está delicioso- dije sinceramente, ella sonrió complacida, y me pareció verla hacer un pequeño baile. La mire divertido.- ¿Tu no comes?- pregunte, aunque Rebeca y yo casi nunca comíamos juntos, hoy ella había cocinado para mí y era un gesto raro en ella.

- No sabía que venias por lo que comí antes- dijo encogiéndose de hombros. Seguí comiendo todo con ansias, ella camino hasta quedar detrás de mí. Pegue un pequeño sobresalto al sentir sus manos en mis hombros. Sus manos masajeaban suavemente, me relaje, se sentía como las nubes.

- Pobre bebe debes estar muy cansado- dijo susurrando sensualmente en mi oído. Hasta su voz se oía diferente. Sus manos ya no solo estaban en mis hombros, sino que habían bajado a mi pecho y lo acariciaban suavemente, haciéndome ronronear. Podía sentir sus labios pegados a mi oído y su respiración acariciando mi piel. Mi cuerpo estaba despertando, y la erección de hace unos minutos estaba volviendo a aparecer. ¿Qué estaba sucediendo aquí? Rebeca nunca se comporto de esta manera. No es que no me gustara, claro que me gustaba, lo estaba disfrutando, pero ¿Por qué el cambio tan repentino?

- R-rebeca… ¿Qué me haces?- pregunte con la voz ronca. Sus manos no se quedaban quietas, no tenía ni idea de cuál era su objetivo.

- Shhh cielo, solo estoy consintiéndote- susurro lamiendo el lóbulo de mi oído. Mi pantalón parecía una tienda de campaña. La comida había pasado a segundo plano. Ya no tenía hambre, bueno, hambre de comida. Pero no debía, mi cabeza me decía que no debía. Sus ojos se posaron en mi erección, su respiración se agito de golpe.

De repente sus labios ya no estaban en mi oído, sino en mi cuello, dando ardientes besos, no pude evitar gemir con su contacto. Sin siquiera pensar, la jale del brazo y la senté sobre mí. Mis manos automáticamente rodearon su cintura de manera firme, se sentía más fina, tal vez era porque hace mucho no la tocaba. Sus manos rodearon mi cuello, sus labios seguían dando besos húmedos en esa parte de mi piel. Yo necesitaba más por lo que tome su rostro y estampe mis labios con los suyos, sentí hambre de ellos. Se sentían suaves y deliciosos. Como la otra noche, sus labios sabían dulce. Su aroma me pego de lleno. Olía a fresas, deliciosas fresas. Su lengua acaricio mi labio inferior pidiendo permiso, el cual le concedí con un gemido. ¿Cuándo Rebeca se había vuelto tan seductora? No tenía ni idea pero lo estaba disfrutando demasiado.

Nuestras lenguas se acariciaban ávidas, con hambre, bailaban una danza erótica por el poder. Ella comenzó a succionar mi labio superior haciéndome gruñir de satisfacción.

Mis manos se aferraron más fuerte a ella, y se dirigieron a ese delicioso trasero que me tentó desde que llegue a casa. Ella gimió al sentir mis manos en esa parte de mi cuerpo. Se sentían más firmes y suaves de lo que recordaba. Mis manos apretaban su trasero enfundado en esos shorts, apretando a su vez su centro contra mi erección.

Nuestras bocas estaban sin control, sus manos acariciaban mi cuello, mi cabello, bajaban a mi pecho y repetía todo nuevamente.

Mis manos también se movían de su trasero, sus muslos, subían a sus pechos y los acariciaba con rudeza, sintiendo sus pezones duros. Mi entrepierna dolía como un demonio, nunca antes había estado tan duro en mi vida.

- Vamos a la cama- dije con la voz ronca. Ella no dijo nada, siguió con su labor, besando mi cuello. Yo simplemente me pare sosteniéndola del trasero, ella enredo sus piernas en mi cintura. Comencé a caminar rápidamente hasta nuestra habitación.

Subí las escaleras casi sin darme cuenta, parecía como si la habitación se hiciera más para atrás, burlándose de mí. Sus besos me sacaban gruñidos de satisfacción.

Por fin llegue a la bendita habitación y la acosté en la cama, me iba a quitar la camisa cuando ella me detuvo. Mierda, ¿no me iba a dejar así o sí? Esta no sería la primera vez que lo hacía.

- Quiero desnudarte yo misma cielo- dijo con una voz tan sensual que casi me corro. Pero yo era un hombre bastante experimentado por lo que aguante. Gateo hasta donde yo me encontraba y comenzó a desabotonar lentamente mi camisa. Mis manos se encontraban nuevamente en su trasero. Desabotono cada botón, dejando mi pecho expuesto ante ella. Ella gimió cuando lo vio, y pasó sus manos por mi abdomen, no podía controlarme por lo que me abalance sobre ella. Acostándola en la cama conmigo sobre ella. Empecé a bajar los tirantes de su blusa, dejando parte de su sostén al descubierto, cuando mi celular comenzó a sonar. Gruñí, que inoportuna podía ser la gente, lo ignore, necesitaba estar dentro suyo ahora. El celular seguía sonando estrepitosamente, por lo que lo saque del pantalón y lo tire a la cama. Me agache para seguir besando su piel, mordisqueando su cuello, sabia y olía delicioso. Su voz me saco de mis acciones tensándome completamente.

- Amor ¿Quién es Tanya?- pregunto mirándome fijamente. Me congele. Ella me miraba acusadoramente, y pude ver sospecha en sus ojos. Estaba completamente jodido.

- Es una clienta nueva- mentí mirándola fijamente para que me creyera. Me sentía mal, apenas íbamos a hacer el amor y llama mi pecado. Rebeca entrecerró los ojos mirándome fijamente.

- Oh- fue lo que dijo solamente. Me separe de ella, esa llamada había enfriado el momento. Hace mucho no tenia sexo con mi esposa y mi amante arruina el momento. Pero tal vez fuera lo mejor, ya que un revolcón no devolvería mi matrimonio y aunque no estaba completamente seguro de formalizar con Tanya después, mi decisión todavía seguía en pie.

Nos quedamos en un incomodo silencio. Ella estaba pensativa, no me miraba, era como si estuviera analizando la situación.

- Voy a tomar una ducha- dije incomodo. Me sentía como un cabrón de mierda. La deseaba, como la deseaba.

- Si claro- dijo de forma ausente. Se levanto de la cama y salió de la habitación. Entre al baño y me desnude lentamente. Tome una relajante ducha con agua caliente y salí para vestirme. Tome mi bóxer y mi pantalón de dormir y me los puse. No sabía cómo estaba la situación entre nosotros por lo que iba a dirigirme hacia el cuarto de huéspedes nuevamente cuando choque con ella en la puerta. - ¿A dónde vas cielo?- pregunto con voz suave.

- A dormir- dije esperando su reacción indiferente.

- Duerme conmigo amor- dijo acercándose a mí, enrollando sus brazos alrededor de mi cuello, parándose de puntita y besando castamente mis labios. Me gusto la caricia, me gusto la dulzura. Además hoy había estado diferente. A una parte de mi le gustaba mucho ese cambio. A pesar de querer resistir, soy un hombre, y Rebeca traía un mini camisón que jamás le había visto, y que dejaba ver parte de sus muslos. Trague grueso. Ella iba a matarme. ¿Acaso Rebeca intentaba seducirme? Se separo de mi mirándome de una manera dulce y cariñosa, tomo mi mano y me adentro con ella hacia la cama.

Nos acostamos rápidamente después de apagar la luz. Este día había sido extraño en lo que a Rebeca concierne. Le di la espalda, como solíamos hacer ambos, y trate de dormir. Pero unos segundos después sentí un pequeño brazo sobre mi. Ella me abrazaba. Hace mucho que no lo hacía. Se había pegado casi completamente contra mi. Podía sentir cada una de sus curvas contra mi espalda. Me di la vuelta para ver su rostro. Sus ojos estaban cerrados, pero una pequeña sonrisa asomaba en sus labios. Parecía un ángel. Siempre supe que Rebeca era atractiva, pero esta noche, se veía demasiado hermosa. Tal vez… no, yo había tomado la decisión.

- Buenas noches mi amor- dijo con los ojos cerrados abrazándose fuerte a mí.

- Buenas noches- conteste simplemente confundido por su actitud del día de hoy.

Definitivamente algo raro estaba pasando con Rebeca, y tenía que averiguar que era, antes de que ella acabara conmigo.

Hola, espero que les haya gustado el capi...

Gracias a todas las chicas que dejan review y agregan a favoritos... las adoro...

Dejen sus review lindas... besotes

teishi