Capitulo 12

Edward se sirve una cerveza, después enciende la televisión. Pone el canal diez. En MTV esta el viejo video de Aerosmith: Love in an elevator. Steven Tyler se encuentra con una mujer espacial en un ascensor. Tyler, con una cara diez veces mejor que Mick Jagger, aprecia justamente a la chica. Edward piensa en su padre sentado frente a el. Quien sabe si la apreciaría también el. El padre agarra el control de la mesa y apaga la televisión. Su padre es como Emmet, su hermano, no sabe apreciar las cosas bellas.

-No nos vemos desde hace tres semanas y te pones a ver la television. Hablemos, no?-

-Esta bien, hablemos. De que quieres hablar?-

-Quiero saber que has decidido hacer…-

-No lo se.-

-Que quieres decir con que no lo sabes?-

-Es simple… quiero decir que aun no lo se.-

La señora entra con el primer plato. Pone la pasta en el centro de la mesa. Edward mira la tele apagada. Quien sabe si Steven Tyler ya ha hecho el salto mortal al final del video. Cincuenta y cinco años y todavía esta así. Un físico excepcional. Una fuerza de la naturaleza. Mira a su papa. Tiene dificultad hasta para poner los espaguetis en el plato. Edward se lo imagina unos años mas joven haciendo un salto mortal. Imposible. Es más fácil que Emmet se enrede con su secretaria.

El padre le pasa la pasta. Tiene encima pan rallado y anchoas. Edward se sirve. Recuerda las veces que la había comido en esa mesa, en esa casa, con Emmet y su madre. Normalmente, en un pequeño platito de porcelana venia servido un poco de condimento. Emmet y su padre no lo querían, siempre le quedaba a el. Su madre le echaba un poco en la pasta con una cucharilla. Al final le sonreía y vaciaba el plato echándole todo. Era su pasta preferida. Quien sabe si su padre lo hizo a propósito. Decide no preguntarle. Aquel día el platillo no estaba. Aunque muchas otras cosas no están tampoco. Su padre se limpia educadamente la boca con la servilleta.

-Viste, mande a hacer la pasta que te gusta. Como quedo?-

-Buena. Gracias papa. Quedo buenísima.-

No esta mal, de hecho.

-La única cosa es que debería ser quizás un poco mas condimentada. Puedo tomar otra cerveza?-

El padre llama a la señora.

-No es por ser fastidioso, pero porque no te inscribes en la universidad?-

-No lo se. Estoy pensándolo. Y debería decidir la facultad.-

-Puedes elegir leyes o economía, como tu hermano. Una vez que te gradúes te puedo ayudar a conseguir un puesto.-

Edward se imagina vestido como su hermano, en su oficina, con toda esa papelería. Con su secretaria. Esa ultima idea le gusta por un segundo. Después lo piensa mejor. En el fondo puede siempre invitarla a salir y no tener que trabajar.

-No lo se. No me siento atraído.-

-Porque dices eso? En la escuela ibas bien. No deberías tener problemas. En la prueba de aptitud sacaste setenta, lo que esta muy bien.-

Edward bebe la cerveza apenas llegada. Hubiera salido mucho mejor, si no fuera por todos esos problemas que tenia. Después de lo que paso nunca mas abrió un libro. Nunca más estudió.

-Papa, no es ese el problema. No lo se, ya te lo dije. Quizás después de este verano. Ahora no quiero ni pensarlo.-

-Que quieres hacer ahora entonces? Vas a dar vueltas haciendo desorden. Siempre en la calle y regresas tarde. Emmet me lo dijo.-

-Pero que te dijo Emmet si el no sabe nada!-

-No, pero lo se yo. Quizás era mejor si hubieses hecho un año militar, que al menos te arreglaba un poco.-

-Si, solo me faltaba el año militar.-

-Bueno, logre exonerártelo para dejarte estar en la calle, de nuevo cayéndote a golpes, era mejor si ibas.-

-Pero quien te dice que me caigo a golpes… papa, pero eres terco!-

'No, estoy asustado. Recuerdas lo que dijo el abogado después del proceso? Su hijo debe estar atento. Después de este momento, cualquier denuncia, alguna otra cosa que sucede, elimina automáticamente la decisión del juez.-

-Claro que me acuerdo, me lo repetiste al menos veinte veces. Por cierto, has vuelto a ver el abogado?-

-Lo vi la otra semana. Le pague la ultima parte de su comisión.-

Lo dice con un tono pesado como para subrayar que seguramente fue costosa. En esto es igual a Emmet. Siempre cuentan el dinero. Edward decide no hacerle caso.

La señora se lleva los platos y regresa con el segundo. Es un bistec en sangre. Por suerte no esta atada a ningún recuerdo. Mira a su padre. Esta ahí, doblado en el plato cortando la carne. Tranquilo. No como ese día. Tanto tiempo atrás, ese horrible día.

La misma habitación. El padre camina para arriba y para abajo, veloz, agitado.

-Como 'porque si! porque me provoco'? Pero entonces tu eres una bestia, un animal, uno que no razone. Yo tengo por hijo a un violento, un loco, un criminal. Has arruinado a ese muchacho. Te das cuenta? Podrías haberlo matado. O no te das cuenta de esto tampoco?-

Edward esta sentado con la miraba baja sin responder. El abogado interviene:

-Señor Cullen, ahora lo que paso, paso. Es inútil gritarle al muchacho. Yo creo que hay motivos, aun escondidos, ha habido.-

-Esta bien, abogado. Entonces dígame usted: que debemos hacer?-

-Para organizarlos para la defensa, para poder responder en el tribunal, debemos descubrirlos.-

Edward alza la cabeza. Pero que cosa dice? Que sabe? El abogado mira a Edward con comprensión. Después se le acerca.

- Edward, algo tuvo que suceder. Un problema pasado. Una discusión. Una frase que este muchacho dijo, alguna cosa que ha hecho… si, que desencadeno tu rabia?-

Edward mira el abogado. Tiene una terrible corbata gris con el fondo laminado. Después se gira hacia su madre. Esta allí, sentada en una silla en la esquina del salón. Esta elegante como siempre. Fuma tranquila un cigarrillo. Edward baja de nuevo la mirada. El abogado lo mira. Se mantiene un momento a reflexionar en silencio. Después mira a la madre de Edward y le sonríe de forma diplomática.

-Señora, usted sabe si su hijo ha tenido algún problema con este muchacho? Si alguna vez tuvieron una discusión?-

-No abogado, no creo. No sabia que se conocían.-

-Señora, Edward ira al tribunal. Fue denunciado. Habrá un juez, una sentencia. Con las lesiones que el muchacho reporto, será severa. Si nosotros no tenemos nada con que refutar… una prueba, algo, una mínima razón, su hijo terminara en problemas. Problemas serios.-

Edward esta con la cabeza baja. Se mira las rodillas. Sus jeans. Después entrecierra los ojos. Oh Dios, mama, porque no hablas? Porque no me ayudas? Yo te quiero tanto. Te pido, no me dejes así. Con las palabras de la mama, Edward tiene un sobresalto en el corazón.

-Lo siento abogado, no tengo nada que decirle. No se nada. Le parece que, si tuviera algo que decir, si pudiera ayudar a mi hijo, no lo haría? Y ahora discúlpeme, debo irme.- La madre de Edward se alza. El abogado la mira salir de la habitación. Después se voltea por la ultima vez a Edward.

- Edward, estas seguro que no tienes nada que decir?-

Edward ni le responde. Sin mirarlo se levanta y va a la ventana. Mira afuera. Aquel ultimo piso enfrente al suyo. Piensa en su madre. En ese momento la odia, tanto como la ha amado. Después cierra los ojos. Una lagrima baja por su cara. No logra pararla y sufre como nunca lo había hecho, por su madre, por lo que no esta haciendo, por lo que hizo.

- Edward, toma, quieres el café?- Edward deja de mirar fuera de la ventana y se voltea. De nuevo esa habitación. Ahora. Su padre esta ahí tranquilo, con la taza en mano.

-Gracias papa.- Lo bebe veloz. -Ahora debo irme. Hablamos la Próxima semana.-

-Esta bien. Pensaras en lo de la universidad?-

Edward en la salida se pone la chaqueta.

-Lo pensare.-

-Llama cada tanto a tu madre. Ha dicho que no sabe de ti desde hace tiempo!-

-Pero papa, no tengo tiempo nunca.-

-Pero que se necesita, es una llamada.-

-Esta bien, la llamare.- Edward sale rápido. El padre se queda solo en el salón, se acerca a la ventana y mira afuera. En el ultimo piso en ese edificio frente al suyo, las ventanas están cerradas. Carlisle Cullen cambio de casa, de un día para otro, justo como cambiaron sus vidas. Como pudo tener problemas con su hijo?

Edward prende el ultimo cigarrillo que le queda en el ascensor. Se mira en el espejo. Se marcho. Esos almuerzos lo destruyen. Llega a planta baja.

En el patio bota el cigarrillo. Corre rápido, lanza los pies y tirando las manos al suelo se va hacia adelante. No hay comparación. El salto mortal lo hace mucho mejor el. También Tyler tiene cincuenta y cinco años y el solo diecinueve. Quien sabe que hará dentro de treinta años. Una cosa es segura: no será agente de finanzas.