Capitulo 22

De los sonidos de la ciudad apenas despierta, se alejan así, con los labios levemente con el sabor de un capuccino amargo y la boca dulce de un pastel. Es fácil predecir lo que se pediría en Euclide que queda en vía Flaminia, mas secreto y mas lejano, donde es mas difícil ser encontrados. Van hacia la torre. En vía Flaminia, envueltos de sol mientras alrededor, prados redondos, llenos de verde, se pierden dulces entre bosques mas oscuros. Dejan la calle. La moto dobla las altas espigas doradas que rápido después de su paso regresan arriba. La moto se detiene ahí, detrás de la colina, no tan lejos de la torre. A la derecha, mas abajo, un perro tranquilo revisa olfateando algunas plantas. Un pastor en jeans escucha una pequeña radio vieja armándose una marihuana bien lejano de sus colegas de trabajo. Se alejan mas allá. Solos. Bella abre el bolso. Aparece una gruesa bandera inglesa.

-La compre en Portobello cuando fui a Londres. Ayúdame a extenderla. Has ido tu?-

-No, nunca. Es bello?-

-Mucho. Me divertí bastante. Fui a Brighton por un mes y Londres algunos días. Fui con un tour.-

Se extienden sobre la bandera calentados por el sol. Edward escucha el cuento londinense y de cualquier otro viaje. Parece haber estado en un montón de lugares y recordar todo. Pero el, poco interesado a esas aventuras pasadas y para nada acostumbrado a esta hora matutina, rápido se duerme.

Cuando Edward abre los ojos, Bella no esta al lado de el. Se alza mirando alrededor preocupado. Después la ve. Mas abajo, por la colina. Sus hombros suaves. Esta sentada allí, entre la grama. La llama. Ella parece no escucharlo. Cuando esta cerca se da cuenta porque. Esta escuchando en su ipod. Bella se voltea hacia el. Su mirada no promete nada bueno. Regresa a mirar los prados lejanos. Edward se sienta al lado. Se mantiene en silencio por un tiempo. Después Bella no resiste mas y se quita los audífonos.

-Te parece bien dormirte mientras yo hablo?- esta molesta de verdad. -Esto quiere decir que no me tienes respeto-

-Vamos, no seas así. Esto quiere decir que no dormí bastante.-

Ella resopla y se voltea de nuevo. Edward no puede hacer menos que notar que hermosa es. Aun mas cuando esta molesta. Tiene en alto la cara y asume un aire gracioso, su barbilla, su nariz, la frente. Sus cabellos iluminados por el sol reflejan los rayos y adquiere un color rojizo, parecen respirar el olor del campo. Tiene la belleza de una playa abandonada, con un mar salvaje que llega hasta los horizontes lejanos. Sus cabellos, como ondas espumantes, le caen en el rostro, lo cubren rebeldes por pedazos y ella los deja. Edward se inclina y agarra con su mano su belleza. Bella trata de huirle. –Sueltame-

-No puedo. Es mas fuerte que yo. Te debo besar.-

-Te dije que me sueltes. Estoy ofendida.-

Edward se acerca a sus labios. -Te lo juro que después escucho todo. Inglaterra, Londres, tus viajes, todo lo que quieras.-

-Debes escuchar antes!-

Edward se aprovecha y la besa rapido, agarrando sus labios no preparados, apenas entrecerrados. Pero Bella es mas veloz que el y cierra la boca decidida. Después siente todo suave. Al final se rinde, lentamente, y se deja llevar por su beso.

-Eres violento e incorrecto.-

Palabras susurradas entre labios muy cercanos.

-Es cierto.- Palabras que casi se confunden.

-No me gusta que seas así.-

-No lo haré mas, te lo prometo.-

-Ya te dije que no creo en tus promesas.-

-Entonces te lo juro…-

-Que tal si creyera en tus juramentos…-

-Ok. Esta bien, lo juro por ti.-

Bella lo golpea con un puño. El toma el golpe bromeando. Después la abraza fuerte entre las suaves espigas. En lo alto, el sol y el cielo azul, silenciosos espectadores. Mas allá, una bandera inglesa abandonada. Mas cerca, dos frescas sonrisas. Edward juega por un momento con los botones de su camisa. Se para un momento temeroso. Sus ojos cerrados parecen tranquilos. Libera un botón, después otro, con dulzura, como si un toque muy pesado rompiera la magia de ese momento. Después con su mano se desliza adentro, por la cintura, por la piel tierna y caliente. La acaricia. Bella lo deja y besándolo lo abraza mas fuerte. Edward, respirando su perfume, cierra los ojos. Por primera vez todo le parece diferente. No tiene miedo, es tranquilo. Prueba una extraña paz. Su mano abierta se desliza por su espalda, a lo largo hasta llegar al borde de la falda. Una leve subida, el inicio de una dulce promesa. Se detiene. Ahí cerca dos pequeños pedazos de metal lo hacen sonreír, como un beso de ella un poco mas apasionado. Dulcemente continua a acariciarla. Regresa arriba, a aquella débil elástica. Se para en la abertura en el intento de descubrir el misterio y no solo eso. Dos ganchos? Dos pequeñas medialunas que se meten una dentro de la otra? Una 's' de hierro que se mete desde arriba? Toca un poco. Ella lo mira curiosa. Edward se esta fastidiando. -Como diablos se abre?-

Bella mueve la cabeza. -Como haces para ser así de grosero siempre? No me gusta que hables así cuando estas conmigo.-

Justo en ese momento el misterio se descubre. Dos pequeñas medialunas se separan tiradas por un elástico ahora libre. La mano de Edward vaga por toda su espalda, hasta el cuello, finalmente sin obstáculos.

-Disculpame…-

Edward no logra creer lo que el mismo dijo. Le pidió disculpas. Disculpa. Escucha de nuevo esa palabra. El, Edward, se disculpo. Después, sin siquiera quererlo, abandona el pensamiento llevado por esa nueva conquista. Empieza a acariciarle su seno, a rozarle el cuello de besos, a pasar la mano sobre el otro seno y conseguir ahí también aquella frágil señal de deseo y pasión. Entonces desliza muy lento hacia abajo, hacia su abdomen liso, hacia el borde de la falda. La mano de ella lo para. Edward abre los ojos. Bella esta ahí frente a el y mueve la cabeza.

-No.-

-No, que?-

-No, eso…- Le sonríe.

-Porque?- El no esta sonriendo para nada.

-Porque no-

-Y porque no?-

-Porque no, y basta!-

-Pero debe haber alguna razón, como…- Edward le da una sonrisa.

-No, cretino… ninguna razón. Solo que no quiero. Cuando aprendas a decir menos palabrotas, entonces quizás…-

Edward se gira de lado y comienza a hacer flexiones. Una después de la otra, siempre mas rápido, sin parar.

-No lo creo, dime que no es verdad. La conseguí.-

Sonríe hablando entre una flexión y la otra, ligeramente fascinado. Bella se ajusta el sostén y la camisa.

-Que conseguiste? Y deja de hacer flexiones mientras hablamos…-

Edward hace las ultimas dos con una sola mano. Después se apoya de lado y se pone a mirarla sonriente.

-La razón…Nunca has estado con alguien.-

-Si quieres decir que soy virgen, la respuesta es si.- Esa palabra le cuesta muchísimo. Bella se levanta. Se limpia la falda con la mano. Algunos pedazos de espigas caen a tierra. -Ahora llevame a la escuela-

-Pero que, te molestaste?-

Edward la agarra entre los brazos.

-Si. Tienes un modo de ser irritante. No estoy acostumbrada a ser tratada así. Y suéltame…-

Se libera de su abrazo y va rápido hacia la bandera inglesa. Edward la persigue.

-Vamos Bella… espera, no quería ofenderte. Discúlpame, en serio.-

-No escuché.-

-Si escuchaste.-

-No, repite.-

Step mira alrededor molesto. Después la mira. -Disculpame, esta bien? Mira que yo estoy feliz de que nunca hayas estado con alguien.-

Bella se inclina para recoger la bandera inglesa y la comienza a doblar.

-Ah si, y porque?-

-Porque… porque si. Estoy feliz y basta.-

-Porque piensas que serás el primero?-

-Escucha, ya te pedí disculpas. Ahora basta, termina con eso. Que difícil eres.-

-Tienes razón. Tregua.- Le pasa un borde de la bandera.

-Toma, ayúdame a doblarla.- Se alejan. La extiende y después se acercan de nuevo. Bella agarra de sus manos el otro borde de la bandera y le da un beso. -Es que esa discusión me incomoda.-

Regresan en silencio en la moto. Bella se monta detrás de el. Se alejan así, por la colina, dejando atrás las espigas y una discusión a la mitad. Es el primer día que están juntos y Edward ya le pidió disculpas dos veces. Entenderás… estamos bien. Lo abraza feliz. Si, estamos muy bien. Bella esta tranquila ahora, no piensa en nada. No sabe que algún día, no muy lejano, afrontará con el ese discurso que tanto la incomoda.

-Frena.- Bella grita y aprieta duro a Edward. La moto para casi al instante a su orden.

-Que pasa?-

-Está mi madre.-

Bella le indica la Peugeot de René parada un poco mas al frente de la escalera de la Falconieri. Faltan pocos minutos para la una y media. Debe intentarlo. Besa a Edward en los labios.

-Adios, te llamo hoy en la tarde.-

-Hola mama-

-Hola.- René se deja besar en la mejilla por Bella. La situación le parece tranquila. -Como te fue en la escuela?-

Llega también Alice.

La Peugeot parte. Mientras están paradas en el semáforo de la Plaza Euclide, Bella siente algo que le pica. Sin hacerse ver se mete la mano en la camisa. Presionada por el sostén esta una pequeña espiga dorada. La libera y la mete en medio del diario. Después la mira por un momento. Ese pequeño gran secreto. Edward la tocó. Sonríe y justo cuando el semáforo da verde, lo ve. Esta ahí, parado a la derecha de la plaza. Riéndose, batiendo una bandera inglesa, su bandera. Pero cuando se la robo? Después se acuerda de la cosa más importante. Edward es como Alec, el también roba. Nunca lo había pensado. Es novia de un ladrón.