Capitulo 24

-Hola, quieres salir?- Es Edward. Bella se sienta mejor sobre la cama. Ahora esta completamente despierta.

-Iría, pero no puedo.-

-Anda, vamos al Parnaso, o al Panteón. Te brindo un granizado de café en la Taza de Oro. Alguna vez la has probado? Es un mito.-

-Estoy castigada.-

-De nuevo? No había terminado?-

-Si, pero hoy la profesora descubrió la firma falsa de mi mamá que hice para compensar mi falta. Sucedió un desastre. Ella la tiene agarrada contra mí. Hizo llamar hasta a la jefa de la escuela. Quería que repitiera el año. Pero mi mama puso todo en su lugar.-

-Es fuerte tu madre! Bello carácter… pero siempre logra lo que quiere.-

-Bueno, las cosas no son así. Tuvo que pagar.-

-Cuanto?-

-Cinco mil euros. En donación…-

Edward da un silbido. -Caray… bello acto de bondad…- Sigue un silencio penoso. -Alo, Bells?-

-Si, estoy aquí.-

-Crei que se había caído la línea. Mas de cinco mil euros?-

-Esos los pago mi madre, claramente… son una especie de donación. Ahora la agarrara conmigo. Que mala suerte! Menos mal que saque buenas notas antes, llegar a la prueba de aptitud es fácil.-

-Entonces no puedes salir?-

-No, bromeas, si llama mi madre y no me encuentra, de verdad que será el fin del mundo.-

-Entonces voy yo a tu casa.- Bella mira el reloj. Son casi las cinco. René regresaría mucho mas tarde.

-Esta bien, ven. Te daré te.-

-No habrá una cerveza?-

-A las cinco?-

-No hay nada mas bello que una cerveza a las cinco, y también otro hecho, yo odio a los ingleses.- Corta.

Bella baja veloz de la cama. Se mete los zapatos.

-Alice, voy rápido a la tienda abajo, quieres algo?-

-No, nada. Quien viene, Ed?-

-Nos vemos.- Compra dos tipos de cerveza, una lata de Heineken y una de Peroni. Quizás si hubiera sido vino supiera al menos cual comprar. Pero de cerveza no sabe absolutamente nada.

Entra veloz en su casa y las mete en el freezer. Poco después suena el intercomunicador.

-Si?-

-Bells, soy yo.-

-Primer piso.- Presiona dos veces el botón del intercomunicador y va a la puerta. No puede hacer nada más que revisarse en el reflejo de un cuadro. Esta todo bien. Abre la puerta. Lo ve subir los escalones corriendo. Se detiene solo en el último para permitirse esa sonrisa que a ella le gusta tanto.

-Hola.- Bellas se separa de la puerta dejándolo pasar. El se adelanta y saca de la chaqueta un empaque.

-Toma, son biscochos ingleses de mantequilla. Los agarre en la vía, son fabulosos.-

-Biscochos ingleses de mantequilla… entonces algo de los ingleses te gusta…-

-De verdad nunca los he comido. Pero mi hermano enloquece por ellos. Y a el le gustan cosas como tortas de manzanas y eso, así que deben ser seguramente buenos. A mi me gusta solo cosas saladas. Hasta de desayuno, a veces me hago una tostada o un sándwich. Pero dulces, casi nunca.-

Ella sonríe. Ligeramente preocupada de cuanto son diferentes aun en las cosas mas simples.

-Gracias, las comeré pronto.- Edward la sigue, el también esta ligeramente preocupado. Esos biscochos no los había comprado en la calle, los agarro de su casa. Después, pensándolo mejor, se tranquiliza. En el fondo le esta haciendo un favor a Emmet. Un poco de dieta no le hará mal. Alice sale a propósito de su cuarto solo para verlo.

-Hola Ed.-

-Hola.- El le da la mano sonriendo, parece no hacerle mucho caso al hecho de que ella sepa su sobrenombre. Bella fulmina a la hermana con su mirada. Alice, entendiéndola, finge que agarra algo y regresa rápido a su cuarto. Poco después el agua hierve. Bella agarra un envase de color rosa. Después con una cucharada deja deslizar pequeñas hojas de te en la olla. Lentamente, un ligero perfume se esparce en la cocina.

Poco después están en la sala. Ella con una taza de te humeante entre las manos, el con las dos cervezas, resolviendo así alguna posible duda. Bella agarra un álbum de fotografías y se las muestra. Quizás es el Heineken, o quizás la Peroni, el hecho es que se esta divirtiendo. Escucha sus cuentos coloridos que siguen cada vez una foto diferente, un viaje, un recuerdo, una fiesta.

Esta vez no se duerme. Foto tras foto la ve crecer así, hojeando esas paginas plastificadas. La mira tener sus primeros dientes, apagar una velita, andar en bicicleta y entonces, ahí esta, un poco mas grande, en viajes, con la hermana. Sobre el regazo de santa claus, en el zoológico con un cachorro entre los brazos. Lentamente ve su cara enflaquecer, sus cabellos se vuelven más claros, su pequeños senos crecer, y de repente, detrás de esa pagina, ella es una mujer. Ahora no es una simple mancha bronceada con un bikini y las manos a la cadera. Un pequeño dos piezas cubre el cuerpo bronceado de una bella chica, de piernas lisas, ahora flacas y mas largas. Sus ojos chocolates están en grado de entender, su inocencia una elección. Sentada sobre una silla, los hombros flacos, quizás ahora muy esbeltos, aparecen dorados entre los últimos mechones de cabellos mojados por el mar. En el fondo, bañadores desenfocados, no saben siquiera que serian inmortalizados. En cada página que hojean ella parece siempre mas a la original que tiene al lado. Edward curioso por los cuentos sigue las fotos, prueba la segunda cerveza, cada tanto hace una pregunta. Después de repente Bella, que sabe lo que viene, trata de saltar una pagina.

Edward, divertido por sus miles pequeñas versiones, es más veloz que ella.

-Ey no, quiero verla.-

Pretenden pelear, solo para abrazarse un poco y sentirse más cercanos. Después el, al haber ganado, se echa a reír. Graciosa y extraña con los ojos abiertos, esta ahí sonriente en medio de la pagina.

Esa foto nunca le gusto a Bella.

-Extraño, es la que te asemeja mas.- Ella, actuando ofendida, le da un golpe. Después pone en su puesto el álbum, agarra su taza, las dos latas de cerveza ahora vacías y va a la cocina. Edward, distraido, da vueltas por la sala. Se para delante de cuadros de autores desconocidos para el. Sobre una larga mesa de pequeñas patas, están puestos porta cenizas de playa, sin un orden preciso, los cuales habrían hecho felices a sus amigos.

Bella lava su taza y bota las dos latas de cerveza vacías en la bolsa debajo del lavamanos, cubriéndolas con el cartón de la leche vacía, plásticos y otros cartones. No deben quedar pistas. Cuando regresa en la sala, Edward desapareció.

-Edward?- ninguna respuesta. Va a su cuarto. -Ed?-

Lo ve. Esta de pies cerca del escritorio y hojea su diario.

-No es agradable leer las cosas de los demás sin su permiso.-

Bella le quita el diario de las manos. El la deja. Ya ha leído eso que le interesa. Lo memoriza.

-Porque, hay algo que este escrito que me deba molestar?-

-Son mis cosas.-

-No será que están escritos mensajes o cosas acerca de ese idiota con la BMW?-

-No, esa es una historia tonta, un pequeño flirt.- Juega divertida con la pronunciación exagerada de esa palabra extranjera.

-Es un pequeño flirt.- La imita Edward.

-Claro, no como la historia tuya con esa furia desencadenada.-

-Pero de quien hablas?- Edward hace como si no supiera.

-Sabes perfectamente a quien me refiero! A la de cabellos marrones, la golpeadora que ayer puse en su puesto. No me digas que ella me salto encima por diversión. Entre ustedes hubo algo mas que flirt…-

Edward ríe y se le acerca, la besa, llevándosela con el hacia la cama. Después le comienza a alzar la camisa.

-No, para. Si llegan mis padres y nos ven se molestarían, y si nos agarran en mi cuarto así, es el fin del mundo.-

-Tienes razón.- Edward la agarra y se la lleva con facilidad, habituado a balanzas mas pesadas que ese suave cuerpo. -Vamos para allá que es mejor.- Sin darle tiempo de responder, se mete en el cuarto de los padres y cierra la puerta. Después la lleva a la cama, besándola en la oscuridad del cuarto, se acuesta cerca de ella.

-Estas loco, lo sabes?- le susurra al oído. El no responde. Un pequeño rayo del último sol se filtra de la ventana e ilumina su boca. El ve esos dientes blancos y perfectos sonreírle y entrecerrarse antes de perderse en un beso. Después, sin saber siquiera como, se encuentra entre sus brazos sin nada arriba. Siente su piel rozarla, sus manos apoderarse dulcemente de sus senos. Bella tiene los ojos cerrados, sus labios suaves se abren y cierran en un ritmo constante, dando cada tanto, pequeñas fantasías a esos besos. De repente se siente mas tranquila, mas libre. La mano de Edward silenciosa se apodera de su correa.

Quita el pasador. En la oscuridad del cuarto, Bella escucha todos los sonidos, el rumor de la cinta metálica. Esta atentísima, sin dejar de besarlo. Ese cuarto le parece suspendido en el vacío. Solo el lento tic-toc de un despertador lejano, sus respiraciones cercanas, ahora llenas de amor. Después un pequeño empujón. La cinta se suelta mas y deja ir el tercer hueco de bordes oscuros, el mas arruinado, el mas usado. Y en un momento, sus Levi's se abren. Prisioneros botones de plata, en el toque suave de esos dedos decididos, se liberan. Uno después del otro, siempre mas abajo, peligrosamente. Ella contiene la respiración y algo en esos besos encantados de repente sucede. Un pequeño cambio casi sin notarlo. Esa delicada magia parece desaparecer. Aun si se siguen besando, es como si entre ellos estuviera pasando una silenciosa espera. Edward trata de entender algo, una señal, una pista de su deseo. Pero Bella está inmóvil, no transmite nada. De hecho, todavía no ha tomado una decisión. Ninguno había alguna vez llegado hasta ese punto. Siente sus jeans abiertos y la mano de el en el borde de la pierna. Sigue besándolo, sin querer pensar, sin saber bien que hacer. En ese momento, la mano de Edward decide arriesgarse. Se mueve lenta y delicadamente, al menos ella la siente así. Entrecierra los ojos casi en un suspiro. Los dedos de Edward sobre su piel, sobre ese borde rosado, su ropa interior. Ese elástico se aleja ligeramente de su piel y rápido se le huye de las manos para regresar veloz a su puesto. Un segundo intento mas decidido. La mano de Edward debajo de los jeans se adueña de su cintura y allí, segura y fuerte, pasa debajo del elástico. Se desliza bajando, hacia el centro, acariciándole el abdomen, siempre mas abajo, hasta los confines inexplorados.

Pero ahí es cuando algo sucede. Bella lo detiene con la mano. Edward la mira en la oscuridad.

-Que pasa?-

-Shh.- Bella se alza de lado, con las orejas tensas escuchando la otra habitación, mas afuera, el portón del garaje, ahí en el patio. Un sonido repentino, esa marcha en retroceso. -Mi madre! Rápido apurate!- En un momento están de nuevo más o menos normales. Bella alza la cubierta de la cama. Edward termina de meterse la camisa en los pantalones. Tocan en la puerta del cuarto. Se quedan por un momento inmóviles. Es Alice.

-Babi, regreso mama.- No le da tiempo de terminar la frase.

-Gracias Al, lo se.-

Bella empujando a Edward por detrás. El hace un poco de resistencia.

-No, quiero hablar, quiero aclarar de una vez por todas esta situación!-

Tiene de nuevo esa sonrisa arrogante en la cara.

-Deja de bromear. No sabes que te puede hacer mi madre si te ve.- Van a la sala. -Rápido, sal por acá así no te la encuentras.- Bella abre la cerradura de la puerta principal. Sale al piso. El ascensor da directamente al patio. Presiona el botón para llamarlo. Se intercambian un beso rápido.

-Quiero un encuentro con René.-

Ella lo empuja dentro del ascensor.

-Desaparece!-

Edward oprime el botón PB y con una sonrisa sigue el consejo de Bella. Justo en ese momento, la otra puerta, esa secundaria, se abre. Entra René. Pone las bolsas sobre la mesa de la cocina. Después tiene un presentimiento, siente algo en el aire, quizás el sonido de la otra puerta.

-Bellas eres tu?- Va rápido a la sala. Bella prendió la televisión.

-Si mama, estoy viendo la televisión.- Pero un leve sonrojar la traiciona. A René le basta eso. Va veloz a la ventana que da al patio. Un sonido de un moto que se aleja y hojas de un árbol que todavía se mueven en una esquina. Muy tarde. Cierra la ventana. En el corredor encuentra a Alice.

-Vino alguien para acá?-

-No lo se mama, yo siempre estuve en mi cuarto estudiando.-

René decide no preguntarle más. Con Alice es inútil insistir. Va al cuarto de Bella, mira alrededor. Todo parece estar en su lugar. No hay nada extraño. Hasta el cubrecama esta perfecto. Pero podría también haber sido acomodado. Entonces, sin que alguien pueda verla, la toca con la mano. Esta fresca. Nadie se ha acostado encima. Deja ir un suspiro de bienestar y va a su cuarto. Se quita la ropa y la cuelga. Después agarra una chaqueta de angora y una delicada falda. Se sienta en su cama y se viste. Ignorante y tranquila, sin poder imaginar que, justo ahí, hace poco había estado su hija. Abrazada a ese muchacho que ella no soporta. Ahí, donde ahora esta sentada ella, sobre ese cubrecama todavía calido de jóvenes e inocentes emociones.

Mas tarde también regresa Charlie. Discute bastante con Bella por la justificación falsa, por los cinco mil euros gastaos, por el comportamiento de los últimos días. Después se pone frente a la televisión, finalmente tranquilo, esperando que este pronta la comida. Pero justo en ese momento lo llama René desde la cocina. Charlie llega rápido a donde esta su mujer.

-Que sucede ahora?-

-Mira…- René le señala las dos latas de cerveza que se había bebido Edward.

-Es cerveza. Y entonces?-

-Estaba escondida en la bolsa de la basura debajo de unas cosas.-

-Bueno, bebieron cerveza. Que tiene de malo?-

-Ese muchacho estuvo aquí esta tarde. Estoy segura…-

-Que muchacho?-

-Ese que golpeo a Accado, ese por el cual tu hija no fue a la escuela. Edward Cullen, Ed, el muchacho de Bella.-

-El muchacho de Bella?-

-No ves como ha cambiado? Imposible que nunca te des cuenta de nada… es toda tu culpa. Anda a hacer carreras en moto, firma justificaciones falsas… y viste ese rasguño que tiene debajo del ojo? Para mi que seguro el la golpea.-

Charlie se queda sin palabras. Más problemas. Es posible que haya golpeado a Bella? debe hacer algo, intervenir. Lo debe enfrentar, si, lo debe hacer.

-Toma.- René le da un papel.

-Que es?-

-La placa de la moto de ese muchacho. Llama a nuestro amigo Davoni, se la das, vas a la dirección que te de y hablas con el.'

Ahora si que lo tiene que hacer. Se agarra a esa última esperanza.

-Estas segura que es la correcta?-

-La lei frente a la escuela de Bella el otro día. La recuerdo perfectamente.-

Charlie mete ese papel en la billetera.