Capitulo 25

No entiende si es un sueño o realidad aquel ligero sonido en la ventana. Quizás el viento. Se mueve en la cama. Lo escucha de nuevo. Un poco más fuerte, preciso, casi una señal. Bella baja de la cama. Se acerca a la ventana. Mira entre las pequeñas fisuras abiertas. Iluminado por la luz de la luna llena esta el. Alza sorprendida la ventana tratando de hacer el menos ruido posible.

-Edward que haces aquí? Como lograste subir?-

-Muy facil. Subí por el muro y escalé por los tubos. Anda, vamonos.-

-Adonde?-

-Nos esperan.-

-Quienes?-

-Los otros. Mis amigos, anda, no le des largas, vamos! esta vez, si te descubren tus padres será de verdad malo.-

-Espera que me ponga algo.-

-No, vamos por aquí cerca.-

-Pero no tengo nada bajo la camisa de noche.-

Edward le da una sonrisa divertida.

-Ok. Espera un momento.- Cierra la ventana, se sienta en la cama y se viste velozmente. Sostén, panties, un suéter, un par de jeans, los Nike y esta de nuevo en la ventana.

-Vamos, pero salimos por la puerta.-

-No, bajemos por aquí, es mejor.-

-Que, bromeas? Tengo miedo. Si me caigo, me golpeare durísimo. Y si mis padres se despiertan con un grito y mi golpe, que pasara? Vamos, sígueme… pero ve lento!-

Lo guía en la oscuridad de esa casa dormida, entre pequeños pasos y suaves movimientos de manijas avanzan. Quita las alarmas, agarra las llaves y se va. Un pequeño empujón a la puerta que se cierra detrás de ellos, acompañada hasta lo último para no hacer ruido. Después abajo por las escaleras en el patio, sobre la moto en bajada, con el motor apagado para no hacer ningún sonido.

Pasado el portón principal, Edward comienza a manejar, mete segunda y acelera. Vuelan hacia delante, ahora lejos y seguros, libres de andar donde quieran juntos, y para todos, durmiendo y solos en sus propias camas.

-Que hay aquí?-

-Sigueme y veras. No hagas ruido.- Están en vía Zandonai, sobre la iglesia. Entran en un pequeño portón. Caminan una calle oscura en medio de algunos arbustos.

-Aquí es, pasa por debajo.-

Edward alza un pedazo de red que fue sacada de su base. Bella se baja estando atenta de no quedarse enganchada. Poco después caminan en la penumbra sobre hierba cortada y fresca. La luna ilumina todo alrededor. Están en el interior de un condominio.

-Pero a donde vamos?-

-Shh.- Edward le indica que se quede callada. Después, escalando un pequeño muro, Bella escucha unos sonidos. Risas lejanas. Edward le sonríe y la agarra por la mano. Pasan un arbusto y aparece. Esta ahí, bajo la luz de la luna, azul y transparente, tranquila, inundada por la noche. Una gran piscina. Adentro hay algunos chicos. Se mueven nadando sin hacer mucha bulla. Pequeñas ondas sobrepasan los bordes cayendo sobre la hierba alrededor. Se siente como un extraño respiro, esa agua que va y viene, perdiéndose en el vacío de los bordes.

-Ven.- Algunos chicos los saludan.

Bella reconoce los bañadores. Son todos amigos de Edward. Ahora ha aprendido algunos nombres: Marco, Cayo, Felix. Están también Alec y Angela que se acercan al borde nadando.

-Diablos, estaba segura que no vendrías. Perdí la apuesta.-

Alec la aleja del borde. –Viste?, que te dije?-

Ríen.

Angela trata de ahogarlo, pero no lo logra. -Ahora debes pagar.-

Se alejan dando vueltas y besándose. Bella se pregunta que habrán apostado y le viene alguna vaga idea.

-Edward, pero yo no tengo traje de baño.-

-Ni yo. Tengo los boxers. Que importa, aquí casi ninguno los tiene.-

-Pero hace frío…-

-Traje toallas para después, una también para ti. Vamos.

Edward se quita la chaqueta. Poco después, toda su ropa esta en el suelo.

-Si te lanzo vestida es peor. Sabes que lo voy a hacer.- Ella lo mira. Es la primera vez que lo ve así desnudo. Pinceladas de plata lunar resaltan aun más sus músculos. Abdominales perfectos, pectorales cuadrados y compactos.

Bella se quita el suéter. Su sobrenombre es justo, piensa. De verdad que merece un 10 con honores. Poco después están los dos en el agua. Nadan cerca. Un escalofrío la hace temblar un poco.

-Brr, hace frío.-

-Pronto te calentaras. Ten cuidado de no bajar con los ojos abiertos. Esta llena de cloro. Es la primera piscina abierta de la zona, sabes? Es una especie de inauguración. Dentro de poco llega el verano. linda no?-

-Estupenda.-

-Ven acá.-

Se acercan al borde. Hay botellas que están alrededor.

-Toma, bebe.-

-Yo no bebo mucho.-

-Te calentara.- Bella agarra la botella y se pega. Siente aquella soda ligeramente agria y gaseosa bajarle por la garganta. Es buena. Se despega de la botella y se la pasa a Edward.

-No esta mal, me gusta.-

-Claro, es champaña.- Edward le da un largo trago. Bella mira alrededor. Champaña? Donde la habrán conseguido? Seguramente robaron eso también. -Toma.- Edward le pasa de nuevo la botella. Ella decide no pensarlo y bebe otro trago más. Calcula mal y bebe demasiado. Casi se ahoga y la champaña con todas sus burbujas le sale por la nariz. Tose un rato. Edward se echa a reír. Espera que se recupere. Después nadan juntos hacia la esquina opuesta. Un arbusto más grande los protege de los rayos de la luna. Deja filtrar solo unos pocos reflejos de plata. Bien rápido brillan entre sus cabellos mojados. Edward la mira. Es bellísima. Le besa los labios frescos y rápido se encuentran abrazados. Sus cuerpos desnudos se tocan completamente por primera vez. Envueltos por esa agua fría buscan y encuentran calor entre ellos, conociéndose, emocionándose, deteniéndose a veces para no conservar cierta timidez. Edward se aleja de ella, echa hacia atrás un poco y regresa poco después con una nueva botella.

-Ésta esta todavía llena.- Otra champaña. Están rodeados de ellas. Bella sonríe y bebe, esta vez lentamente, atenta a no ahogarse. Le parece casi más bueno aun. Después busca sus labios. Comienzan a besarse así, espumeantes, mientras ella se siente flotar y no entiende bien porque. Es el efecto normal del agua o de la champaña? deja ir la cabeza dulcemente hacia atrás, la apoya en el agua y por un momento deja de girarle. Siente y no siente los sonidos alrededor. Sus orejas, tocadas por pequeñas olas, terminan cada tanto bajo el agua, con extraños y agradables sonidos silenciosos que la acompañan haciéndola sentirse aun más ligera. Edward la tiene entre sus brazos, la hace rodar alrededor de el, llevándola. Ella abre los ojos. Breves olas de corriente le acarician las mejillas mientras que otras pequeñas e irrespetuosas alcanzan llegar hasta su boca. Le dan ganas de reír. Mas en alto, nubes plateadas se mueven lentas sobre un azul infinito. Se alza hacia arriba. Abraza sus hombros fuertes y lo besa con pasión. El la mira a los ojos. Le pone una mano bañada sobre la frente y acariciándole los cabellos los lleva hacia atrás, dejando descubierta su lisa cara.

Después baja por sus mejillas, hasta su barbilla, por el cuello, y después mas abajo por sus senos rodeados de agua, tomados por el frío y las emociones, y aun mas abajo, ahí donde solo aquella tarde, él por primera vez, él y solo él, ha osado tocarla. Ella lo abraza más fuerte. Apoya su mentón sobre su hombro y con los ojos entre cerrados mira hacia lo lejos. Una botella semi-vacía flota poco lejos. Va arriba y abajo. Y ella piensa en el mensaje enrollado que tiene adentro: 'Ayuda. Pero no me salven.' Cierra los ojos y comienza a temblar, no solo por el frío. Miles de emociones la toman y de repente entiende. Si, es ella la que esta naufragando.

-Bella, Bella.- Se escucha llamar repentinamente y un empujón fuerte. Abre los ojos. Frente a ella esta Alice.

-Pero que, no escuchaste el despertador? Anda, apurate que estamos retrasadas. Papa esta casi listo.-

Alice sale del cuarto. Bella se mueve en la cama. Piensa de nuevo en esa noche, Edward que entró en su casa a escondidas. La fuga en la moto, el baño en la piscina con Angela y el resto. La ebriedad. Ella y él dentro del agua. Su mano. Quizás ha imaginado todo. Se toca los cabellos. Están perfectamente secos. Mala suerte! Fue solo un sueño, bellísimo, pero nada más que un sueño. De debajo del cubrecama estira la mano fuera y busca la radio. La consigue y la prende. Empujada por la nueva alegre canción de los Simple Red, Fake, baja de la cama. Todavía tiene un poco de sueño y un pequeño dolor de cabeza. Se acerca a la silla para vestirse. El uniforme lo tiene ahí pero el resto de la ropa no la preparo. Que gracioso, piensa, se me olvido. Es la primera vez. Tienen razón mis padres. Quizás estoy cambiando de verdad. Me volveré como Angela. Tan desordenada que se olvida de todo. Bueno, eso querrá decir que seremos aun mas amigas. Abre la primera gaveta. Saca afuera un sostén. Después, mientras hurga en medio de la ropa intima buscando unos pantis, consigue una dulce sorpresa. Escondida en el fondo, dentro de una pequeña bolsa plástica, tiene ropa mojada. Un ligero olor de cloro se esparce alrededor. No fue un sueño. Aquella ropa la puso en la silla la noche anterior, como siempre, solo que esa noche la uso como traje de baño. Sonríe. Después recuerda de haber estado entre sus brazos. Es cierto, ha cambiado. Mucho. Comienza a vestirse. Se pone el uniforme y al final, metiéndose los zapatos, toma una decisión. No le permitirá nunca,, ir más allá. Finalmente tranquila, se mira en el espejo. Sus cabellos son los mismos de todos los días, sus ojos los mismos que maquillo hace algunos días. La boca sigue siendo igual. Se peina sonriendo, pone el cepillo y sale rápido del cuarto para desayunar. No sabe que muy rápido cambiara aun más. Tanto así, que pasara frente a ese espejo y no se reconocerá ella misma.

La maestra Giacci baja a la sala de profesores. Saluda a algunas madres que conoce y después va al fondo de la sala. Un muchacho con una chaqueta oscura y un par de lentes negros esta sentado sobre un sofá de manera ruda. Tiene una pierna encima de su rodilla y, como si no bastara, fuma con aire arrogante. Tiene la cabeza hacia atrás y deja salir cada tanto bocanadas de humo hacia lo alto.

La maestra se detiene.

-Disculpe?- El muchacho finge no escuchar. La Maestra alza la voz. -Disculpe?-

Edward finalmente baja la cabeza.

-Si?-

-No sabe leer?- Le pregunta indicándole el cartel, bien visible en el muro, que prohíbe fumar.

-Donde?-

La maestra Giacci decide dejarlo así.

-Aquí no se puede fumar.-

-Ah, no me había dado cuenta.- Edward deja caer el cigarrillo al suelo y lo apaga con un golpe seco del talón. La maestra Giacci se molesta.

-Que hace usted acá?-

-Estoy esperando a la profesora Giacci.-

-Soy yo. A que debo su visita?-

-Ah, es usted, profesora. Discúlpeme por el cigarrillo.-

Edward se sienta mejor en el sofá. Por un momento pareciera que de verdad se arrepintiera.

-Dejelo así, entonces, que desea?-

-Le quería hablar de Bella Swan. Usted no debe tratarla así. Vea profesora, esa chica es muy sensible. Y sus padres son verdaderamente estrictos, entienda. Así que, cuando usted se lo toma todo a pecho, a ella la castigan y quien queda en medio soy yo, que no puedo salir con ella, y eso no me parece de verdad profesora, usted entiende, no?-

La maestra Giacci esta fuera de si misma. Como se permite ese inútil hablarle así.

-No, no entiendo absolutamente y sobretodo no entiendo que viene usted a hacer acá. Es un pariente quizás? Es el hermano?-

-No, digamos que solo un amigo.-

Repentinamente la profesora recuerda haberlo ya visto. Si, desde la ventana. Es el muchacho con el cual Bella se fue alejando de la escuela. Hablaron mucho de el, ella y la madre, pobre señora. Ese es un tipo peligroso.

-Usted no esta autorizado a estar acá. O se larga o hago que llamen a la policía.-

Edward se alza y le pasa por el lado sonriendo.

-Yo solo vine para hablar. Quería conseguir con usted una solución, pero veo que es imposible.- La maestra Giacci lo mira con aire superior. No le da miedo, ese tipo. Con todos esos músculos sigue siendo un muchacho, una mente pequeña, insignificante. Edward se le acerca como si quisiera decirle un secreto.

-Veamos si comprende esta palabra profesora. Escuche bien: Quil.- La maestra Giacci palidece. No puede creerlo. -Veo que entendió el concepto. Por eso, si se comporta bien profesora, vera que no habrán problemas. La vida es solo cuestión de conseguir las palabras adecuadas, no? Recuerduelo: Quil.-

La deja así, en medio de la sala, pálida, aun más vieja de lo que es, con una única esperanza: que nada sea verdad. La profesora va a donde la directora, pide permiso, corre a casa y cuando llega tiene miedo de entrar. Abre la puerta. Ningún ruido. Nada. Va por todos los cuartos gritando, llamándolo por su nombre, después se deja caer en una silla. Aun mas cansada y mas sola que cualquier día. El portero aparece en la puerta.

-Profesora como esta? Se ve muy pálida. Escuche, hoy vinieron dos muchachos en nombre suyo a llevarse a Quil. Yo les abrí. Hice bien, verdad?- La maestra Giacci lo mira. Es como si no lo viera. Después, sin odio, resignada, llena de tristeza y melancolía, asiente. El portero se aleja, la maestra fatigosamente se alza de la silla y va a cerrar la puerta. Le esperan días de soledad en esa grande casa sin el alegre ladrar de Quil. Sí se puede equivocar acerca de algunas personas. Bella siempre le pareció una muchacha orgullosa e inteligente, quizás un poco creída, pero no tan mala como para hacer una acción del género. Va a la cocina para prepararse de comer. Abre el refrigerador. Cerca de su ensalada esta la comida ya lista para Quil. Comienza a llorar. Ahora esta verdaderamente sola. Ahora definitivamente perdió.