Capitulo 26

-Estas seguro que no me dolerá?-

-Segurisimo! Los tienen todos. Viste que grande es el mío. Si no, estaría muerto no? Tú te harás uno pequeñísimo. Ni te darás cuenta.-

-No dije que lo haría. Dije que vengo a ver.-

-Esta bien, como quieras, si no quieres no lo hagas, de acuerdo?-

-Aquí, ya llegamos.- Caminan a lo largo de una calle. Por el suelo hay pedazos de arena, llevada por el viento, robándola de la playa vecina. Están en Fregene, en la villa de los pescadores. Bella por un momento se pregunta si esta loca. Dios mío, estoy por ser tatuada, piensa, debo hacerlo en un lugar escondido, pero no mucho. Imagina a su madre descubriéndola. Se pondría a gritar. Su madre siempre grita.

-Estas pensando donde hacertelo?-

-Estoy pensando si me lo hago.-

-Vamos, te gustó tanto el mío cuando lo viste. Y también Angela lo tiene, no?-

-Si, lo se, pero que importa? Ella se lo hizo ella misma en su casa con tinta china.-

-Bueno, este es mucho mejor. Con la maquina viene hasta de colores… es genial.-

-Pero estas seguro que la esterilizan?-

-Claro, que te viene a la mente?-

No me drogo, nunca he tenido sexo. Seria de verdad el colmo de la mala suerte contagiarme de Sida por un tatuaje.

-Aquí, este es el lugar.-

Se paran frente a una especie de cabaña. El viento mueve las hojas alargadas que cubren el techo con ramas tropicales. En la ventana se ven vidrios de colores. La puerta es de madera marrón oscura. Parece casi de chocolate.

-Entonces Edward, déjame ver como va tu tattoo…-

Edward sube la manga derecha de la chaqueta. Sobre su musculoso brazo aparece un águila con una lengua roja flameante. Edward mueve la mano como un pianista. Sus tendones se mueven bajo la piel dándole vida a esas grandes alas.

-Es muy bella.- John mira complacido su trabajo. -Se ha ido opacando, quizás hay que retocarla…-

-Un día de estos quizás. Hoy estamos aquí por ella.-

-Ah, por esta bella señorita, que cosa quiere hacerse?-

-Primero que todo no quiero hacerme daño entonces… esteriliza después de cada uso la maquina, no?-

John la tranquiliza. Quita las agujas y las limpia con alcohol frente a ella.

-Ya decidiste donde hacértelo?-

-Quisiera un lugar donde no se note. Mis padres son dolorosos.-

Piensa en esa frase. De igual forma esto también es doloroso.

-Lo podemos hacer por el cuello, debajo de los cabellos, quizás en la clavícula, o por la cintura.-

-Eso, por la cintura es muy bien.-

-Toma, elige entre estos.- John saca de debajo de una mesa, un grueso libro. Bella comienza a ojearlo. Hay espadas, cruces, diseños terribles. John se alza y se prende un Marlboro. Intuye que será algo largo. Edward se le sienta al lado. -Este?- le indica una svástica nazi dentro de una bandera de fondo blanco.

-Pero que….!-

-Bueno, no esta mal…-

-Este?' le indica una gruesa serpiente de colores morados y la boca abierta en señal de ataque. Bella siquiera le responde. Continua a hojear el gran libro. Mira las figuras velozmente, insatisfecha, como si ya supiera que ahí no encontraría nada bueno. A la final Bella gira la última pagina de plástico duro y cierra el libro. Después mira a John.

-No se. Quiero algo extraño.-

Al final consiguen una solución. La propone Edward. John esta de acuerdo y a Bella le gusta muchísimo.

Edward la distrae contándole la verdadera historia de John, el chino de ojos verdes, hasta que ya han terminado. Edward le paga cincuenta euros. Bella revisa su tatuaje: perfecto. Poco después, en su moto, se deja el primer botón de los jeans abiertos, baja el borde y lo mira de nuevo, feliz. Edward se da cuenta. -Te gusta?-

-Muchisimo.-

Sobre su piel delicada, ahora hinchada por el proceso, una pequeña águila recién nacida, idéntica a la de Edward, hija de la misma mano, saborea el viento fresco del atardecer.