Capitulo 27

El timbre de la puerta suena. Emmet va a abrir. Frente de el esta un señor distinguido.

-Buenas noches, busco a Edward Cullen. Soy Charles Swan.-

-Buenas noches, mi hermano no esta.-

-Sabe cuando regresa?-

-No se, no dijo nada. A veces no viene siquiera a cenar, regresa directamente en la madrugada.' Emmet mira a ese señor. Quien sabe que cosa tiene que hacer con Edward. Problemas probablemente. Como siempre, otra historia de golpes. -Escuche, si quiere acomodarse, quizás regresa dentro de poco o quizás llama.-

-Gracias.-

Charlie entra en la sala. Emmet cierra la puerta, después no logra resistir más.

-Disculpe, puedo ayudarlo de alguna forma?-

-No, quería hablar con Edward. Soy el padre de Bella.-

-Ah, entiendo.- Emmet sonríe fingiendo. En realidad no entendió nada. No sabe siquiera quien es esta Bella. Una chica, algo más que golpes. Problemas aun peores.

-Disculpeme un momento.- Emmet va a otro cuarto. Charlie, quedando solo, mira alrededor. Es extraño que aquel, el hermano de Edward, parece un muchacho muy bueno. Quizás la situación no es tan desesperada. René como siempre exagera. Quizás no valía la pena venir. Esas son cosas de muchachos. Se arreglan naturalmente entre ellos. Es una fase, quizás a Bella se le pase rápido.

Edward y Bella se paran en el patio debajo de la casa. Bella mira el estacionamiento de ellos. Esta vacío.

-Mis padres no han regresado. Quieres subir un momento?-

-Si, vamos.- Después se acuerda del perro dejado en casa con su hermano. Saca el celular. -Espera, antes debo llamar a mi hermano, quiero saber si quiere algo.-

-Alo?-

-Hola Em- Como estas? Paso Alec por el perro?-

-No, escucha. Aquí esta un señor esperándote.-

Emmet se voltea hacia el muro tratando de no hablar muy alto. -Es el papa de Bella. Pero que, paso algo?-

Edward mira a Bella sorprendida.

-En serio?-

-te parece que bromeo con cosas así?… que sucede?-

-Nada, después te digo. Pásamelo por favor.-

Emmet alarga el teléfono hacia Charlie.

-Alo?-

-Buenas noches, como le va?-

-Bien, Edward. Escuche, yo quería hablarle.-

-Esta bien, de que hablamos?-

-Es algo delicado-

-No podemos hablar por teléfono?-

-No. Preferiría verlo y decírselo en persona.-

-Esta bien. Como desee.-

-Entonces, donde nos podemos encontrar?-

-No lo se, dígame usted.-

-Se trata de una cosa de pocos minutos. Usted donde esta ahora?-

A Edward le dan ganas de reírse. No es el momento de decirle que esta justamente bajo su casa.

-Estoy donde un amigo. Cerca del puente Milvio.-

-Podriamos vernos frente a la Iglesia Santa Chiara, sabe donde queda?-

-Si, pero yo lo esperare en la plaza mas adelante. Prefiero así. Sabe cual es? Tiene una especie de jardín.-

-Si, si la conozco. Entonces nos vemos ahí en un cuarto de hora.-

- Bells, debo irme- Edward la agarra entre los brazos.

-Adonde? Quédate un rato.-

-No puedo. Tengo que verme con alguien.-

Bella se rebela a su abrazo. Pelean un rato. Después Edward gana fácilmente y le da un beso. Bella se queda quieta con los labios cerrados. Al final acepta el dulce soborno. Se venga mordiéndole la lengua.

-Ay.-

-Vas a decirme con quien vas a salir?-

-Nunca adivinarías.-

-La conozco?-

-Y muy bien. Disculpa, pero primero pregúntame si es una mujer o un hombre.-

Bella suspira. -Es una mujer o un hombre?-

-Un hombre.-

-Estoy mas tranquila ahora.-

-Me veré con tu padre.-

-Mi papa?-

-Fue a buscarme a mi casa. Cuando llame estaba ahí. Nos citamos en un rato en la plaza Giochi Delfici.-

-Y que querrá mi padre contigo?-

-No lo se, pero apenas lo sepa te llamo y te digo. Esta bien?-

Le da un beso prepotente. Ella se deja llevar, aun sorprendida por la noticia. Edward prende la moto y se aleja veloz. Ella lo mira desaparecer por la esquina. Después sube a su casa. Silenciosa, sinceramente preocupada. Trata de imaginar el encuentro. De que hablarían? Donde? Que pasaría? Entonces, pensando sobretodo en su padre, espera solo que no se caigan a golpes.

Cuando Charlie llega Edward ya esta ahí, sentado sobre el borde de un muro fumando un cigarrillo.

-Buenas.-

-Buenas noches Edward.- Se dan la mano. Después Charlie prende también un cigarrillo para sentirse mas en el ambiente. No logra el resultado esperado. Ese muchacho es extraño. Esta ahí sonriéndole en silencio, mirándolo con esa chaqueta oscura. Por un momento, cuando esta por sentarse cerca de el sobre el muro, tiene como un recuerdo repentino. Aquel muchacho ha golpeado a su amigo Accado, le golpeo la nariz. Ahora esta con su hija. Ese muchacho es un tipo peligroso. Hubiera preferido miles de veces hablar con el hermano.

Charlie se queda de pie. Edward lo mira curioso.

-Entonces, de que hablaremos?-

-Bueno, veras Edward. En mi casa últimamente ha habido muchos problemas.-

-Si supiera cuantos han sido por mi…-

-Si, lo se, pero escucha, nosotros antes éramos una familia muy tranquila. Bella y Alice son dos muchachas buenas.-

'Es cierto. Babi es una muchacha de verdad inteligente. Escuche Claudio, no podemos hablar con tu? A mi no me gusta hablar mucho en general. Después tengo que pensar en todos esos usted, su, entonces se vuelve imposible.'

-Escucha, porque no vamos a algún lugar. Al menos hablamos mas cómodos, quizás tomamos algo.-

-Esta bien. Adonde vamos?-

-Aquí cerca hay un lugar que abrieron unos amigos míos. Es como si estuviéramos en casa, nadie fastidiara.- Edward se monta en la moto. -Sigueme.-

Charlie se monta en el carro. Esta satisfecho. Su misión esta pareciendo ser mas fácil de lo esperado. Menos mal. Sigue a Edward por varias calles. Poco después se paran en una pequeña vía detrás de una plaza. Edward le indica un puesto vacío donde puede estacionar el carro mientras el deja la moto justo frente a la entrada del Four Green Fields. En el piso de abajo hay una gran confusión. Muchos muchachos están sentados en frente a una larga barra. Alrededor hay cuadros y latas de cerveza de diferentes países. Un tipo con sutiles lentes y cabellos despeinados se agita frenético detrás de la barra preparando un cóctel de fruta y un simple gin tonic.

-Hola Ed que te sirvo?-

-No lo se, vamos a decidir. Tu que quieres tomar?-

Mientras van a sentarse, Charlie recuerda que no ha comido nada. Decide tomar algo ligero.

-Un Martini.-

-Una bella cerveza clara y un martini.-

Se sientan en una mesa en el fondo, donde hay menos confusión. Casi de inmediato llega donde ellos una bellísima muchacha de piel color ébano de nombre Tia. Lleva lo que han ordenado y se para en la mesa a charlar con Edward. Edward le presenta a Charlie que educadamente le da la mano alzándose. Jane se queda sorprendida.

-Es la primera vez que viene una persona así en este local.-

Agarra la mano de Charlie un poco mas de lo normal.

El la mira ligeramente apenado.

-Es un cumplido?-

-Claro! Usted es señorialmente fascinante.- Tia ríe. Sus largos cabellos curvos danzan alegres frente a sus bellísimos dientes blancos. Después se aleja sensual, sabiendo bien que seria observada. Charlie decide no desilusionarla. Edward se da cuenta.

-Un buen trasero, no? Es brasilera. Las brasileras tienen un trasero de fábula. Al menos así dicen. Yo no se porque a Brasil no he ido todavía, pero si son todas como Tia…- Edward se bebe divertido media cerveza.

-Si, es verdaderamente linda.- Charlie bebe su Martini, un poco incomodo que su pensamiento haya sido así de transparente.

-Entonces, que decíamos? Ah si, que Bella es de verdad una buena chica. Es muy cierto.-

-Si, sin embargo a René, mi esposa…-

-Si, la conocí. Un gran carácter, me parece.-

-Si, en efecto.- Charlie termina su Martini. Justo en ese momento pasa de nuevo Tia. Se ajusta los cabellos riendo y lanzando una mirada provocante hacia la mesa.

-Escucha, tomamos algo mas?' no le da tiempo de responder. -Antonio, me traes otra cerveza? Tu que quieres?-

-No, gracias, no quiero nada…-

-Como que no quieres nada, vamos…-

-Esta bien, también tomo una cerveza.-

-Entonces dos cervezas y un poco de aceitunas, cualquier pasa palo, haz que traigan alguna cosa para comer un poco.-

Poco después llega lo que pidieron. Charlie se queda un poco desilusionado. Quien se las llevo, de hecho, no es Tia, pero un tipo feo, un moreno obeso con buena cara. Edward espera que se aleje.

-El también es brasilero. Pero es otro caso diferente, no?-

Se sonríen. Charlie prueba su cerveza. Esta buena y fresca. Edward es un tipo simpático.

-Bueno, te estaba diciendo, Edward, que mi mujer esta muy preocupada por Bella. Sabes, es el último año y tendrá la prueba de aptitud.-

-Si, lo se. Supe también la historia de la profesora, los problemas que sucedieron.-

-Ah, te enteraste…-

-Si, pero estoy seguro que las cosas se resolverán.-

-Espero lo mismo…- Charlie baja un trago largo de cerveza pensando en los cinco mil euros que tuvo que pagar.

-Escucha Charlie, sabes jugar Pool?-

-Cuando era joven lo hacia todo el tiempo, era bueno. Pero llevo una vida que no agarro un palo de billar.-

-Anda, te pido, me debes ayudar. Yo a esos les gano como si nada. Basta que tú ayudes a colocar las pelotas. A meterlas en los hoyos lo hago yo.-

-Pero verdaderamente, disculpa, tenemos que hablar.-

-Hablamos todo después. Esta bien?-

Después de una partida de Pool quizás sea más fácil hablarle. Y si perdemos? Prefiere no pensarlo. Edward va a la barra donde están dos muchachos.

-Claudio, sabes jugar el estilo americano? Una partida seca, doscientos euros?-

-No Edward, gracias. Es mejor si hablamos.-

-Vamos, es solo una. Si perdemos, pago yo.-

-No es esto el problema…-

-Que hacen, juegan billar?- Es Tia. Se pone frente a Charlie, sonriente, con todo su entusiasmo brasilero.

-Vamos, voy a verlos y los apoyo. Seré su porrista.-

Edward mira a Charlie de forma curiosa.

-Entonces?-

-Una sola.-

-Wohooo! Vayamos para allá y ganemos.- Tia lo agarra divertida debajo del brazo y van todos los tres a la sala cercana.

Las pelotas están ya puestas sobre el fieltro verde. Uno de los dos muchachos alza el triangulo. El otro se pone en el fondo de la mesa y con un tiro preciso, rompe. Bolas de todos los colores se esparcen sobre el fieltro deslizando silenciosas. Algunas tropiezan haciendo sonidos secos, después lentamente, se detienen. Comienzan a jugar. Primero golpes simples, calibrados, después cada vez mas fuerte, pretenciosos, difíciles. Charlie se prende un cigarrillo. Tia le lleva un whisky. Charlie nota que, como todas las brasileras, tiene senos pequeños, pero firmes y derechos debajo de la camisa oscura.

-Centro!- Edward le da un golpecito en la espalda. -Buen golpe!-

Charlie lo mira sonriendo, después manda otro trago de whisky y se dobla sobre el billar. Se concentra. Golpea la pelota blanca ligeramente a la izquierda y después baja por el borde, dulcemente llevada. Un golpe perfecto. Hoyo.

Charlie baja el último trago de whisky. Regresando hacia arriba encuentra la mirada de Tia. Cuanta edad tendrá esa esplendida muchacha. Se siente ligeramente sonrojado. Le sonríe. Tiene la piel color miel y esos cabellos oscuros con una sonrisa muy sensual. Es también tierna, al mismo tiempo. Le da dieciocho años al menos. Quizás tiene alguno menos. Dios mío, piensa, puede ser mi hija. Porque vine acá? Para hablar con Edward, mi amigo Ed, mi compañero. Abre y cierra los ojos. Esta sintiendo el efecto del alcohol. Bueno, ahora estoy jugando, vale terminar la partida.

'Ya que importa, a lo mas perdemos!' Charlie ahora esta ebrio. Se va a la otra parte de la mesa. Ajusta el palo, se concentra y golpea. La bola blanca parece volar sobre el fieltro verde. Una. Charlie piensa en todas las tardes que paso jugando billar. Dos, en sus amigos de un tiempo, cuando estaba siempre son ellos. Tres, en las muchachas, en el dinero que no tenia, en cuanto se divertia. Cuatro. En la juventud pasada, en Tia, en sus diecisiete años… y en ese momento la bola blanca golpea de lleno la diez. Desde atrás, con fuerza, segura, precisa. Un sonido sordo. La bola vuela frente hacia el hoyo central.

-Centro!-

-Wohoo!' Charlie y Edward se abrazan.

-Ganamos!' Charlie abraza a Tia y logra alzarla un momento. Después, bailando abrazado a ella termina tropezándose con uno de los dos adversarios.

-Mira por donde vas.- El tipo le da un empujón a Charlie, haciéndolo terminar contra la mesa. Tia se levanta rápido. Charlie, ligeramente mareado, se levanta un poco. El tipo lo agarra por la chaqueta y lo levanta.

-Te hiciste el listo, no? Hace tantos años que no juego… muchachos estoy fuera de entrenamiento.- Charlie esta asustado. Esta ahí, sin saber bien que hacer.

-Fue solo suerte.-

-Hey, suéltalo.- El tipo hace como si no oyera a Edward.

-Te dije suéltalo.- Repentinamente se siente llevar hacia atrás. Claudio esta libre con la chaqueta de nuevo estirada. Recupera la respiración mientras el tipo termina contra el muro. Edward le tiene la mano en la garganta. -Que, no escuchas? No quiero pelear. Dale, saca los doscientos euros. Ustedes eran los que querían jugar.-

El otro se le acerca con el dinero en la mano.

Edward agarra el dinero, los cuenta y se los mete en el bolsillo.

Después agarra a Charlie bajo su brazo y salen vencedores de la sala de Pool. Charlie toma otro whisky. Esta vez para recuperarse del susto.

-Gracias Edward. Diablos, ese me quería golpear la cara.-

-No, todo es mentira, solo esta molesto! Toma Charlie, estos son tus cien euros.-

-No, no puedo aceptarlos!-

-Como que no? La partida casi la ganaste tu!-

-Esta bien, entonces tomemos algo bueno. Pago yo.-

Mas tarde, Edward, viendo cuan ebrio esta Charlie, lo acompaña al carro.

-Esta seguro que llega bien a su casa?-

-Segurisimo, no te preocupes.-

-Seguro, eh? No pierdo nada si te escolto.-

-No, en serio, estoy bien.-

-Esta bien, como quieras. Buena partida, verdad?-

-Buenisima!' Charlie va a cerrar la puerta.

-Charlie espera!- Es Tia. -Que haces, no te despides?-

Tia se mete en el carro y lo besa en los labios, tiernamente, con ingenuidad. Después se aleja y sonríe.

-Entonces adiós, nos vemos. Ven a visitarme alguna vez. Siempre estoy aquí.-

-Claro que vendré.- Después, se pone en marcha y se aleja. Baja la ventanilla. El aire fresco de la noche es agradable. Mete un CD en el stereo y prende un cigarrillo. Después, completamente ebrio, golpea fuerte las manos en el volante.

-Guau! Que noche! Y que mujer-' de repente se siente feliz como no lo era desde hace tanto tiempo. Después, mientras llega a su casa, regresa a estar triste. Que le puedo decir a René? Se mete en el garaje aun indeciso acerca de lo que contaría. Estacionar el carro, que ya se le hace difícil sobrio, entonces ebrio resulta imposible. Bajando del carro, mira el rayón por el lado y la Vespa caída hacia el muro. La sube disculpándose solo.

-Pobre mi amorcito, te raye tu Vespa.- Después sube a la casa.

-Se puede saber como te fue?

-Bien, de hecho muy bien. Edward es una buena persona en el fondo, un muchacho agradable. No hay de que preocuparse.-

-Como que no hay de que preocuparse? Pero si le daño la nariz a Accado?-

-Quizás fue provocado. Que sabemos nosotros? Y hablando en serio, René, digamos la verdad, Accado es un gran fastidio…-

-Pero que dices? Le dijiste que dejara a nuestra hija, que no debe verla, llamarla, ir a buscarla a la escuela?-

-Realmente a ese punto nunca llegamos.-

-Y que le dijiste? Que hicieron hasta ahora? Es medianoche!-

Claudio confiesa.

René se va de ahí, molesta. Charlie hace un último intento para calmarla.

-René, espera!-

-Que pasa?-

-Edward dijo que quiere un titulo universitario.- René bate la puerta y se encierra en el cuarto. Ni siquiera esa última mentira le sirvió. Después, agitado por la noche en general, se marcha ebrio hacia el baño. Alza la tapa y vomita. Mas tarde, mientras se desnuda, del bolsillo de la chaqueta cae un papel. Es el número de teléfono de Tia. La bella chica de cabellos ondulados y la piel color miel. Debe haberlo metido cuando me beso en el carro. Lo lee de nuevo. Charlie aprende el número de memoria y prefiere botar el papel en el inodoro. Si hubiera tratado de comerlo hubiera vomitado de nuevo. Baja el agua, apaga la luz, sale del baño y se mete en la cama. Se queda así, mareado entre las sabanas ahora ligeramente ebrio, dulcemente llevado por las vueltas que le da la cabeza. Que noche grandiosa. Un golpe magnifico. Una partida magnifica. La cerveza, el whisky, su compañero Edward. Ganaron doscientos sacos. Y Tia? Bailaron juntos, la tuvo entre sus brazos y estrecho ese cuerpo suave. Recuerda sus cabellos oscuros, su piel color miel, su suave beso en el carro, tierno y sensual, perfumado. Se emociona. Piensa en el papel que consiguió en el bolsillo. Es una clara invitación. Le encanta. Será un paseo. Mañana la llamo. Como era el número? Trata de repetirlo. Pero se duerme con un sentimiento de desesperación. Ya se le olvido.