Capitulo 28
Bella esta haciendo de niñera a Giulio, el hijo de los Mariani, un niño de cinco años con cabellos claros como su piel.
Bella lo espera en la puerta.
-Hola.- Edward la besa. Ella se queda sorprendida al ver a Alec. El murmura algo que debe ser un hola- y se pone rápido sobre el sofá frente al niño. Cambia de canal buscando algo mejor que las estupidas caricaturas japonesas. Giulio naturalmente comienza a quejarse llorando. Alec trata de convencerlo.
-Se puede saber porque lo trajiste?-
-Me insistió. Y Alec la va muy bien con los niños.-
-No me parece. No termino de llegar y ya lo hizo llorar.-
-Entonces digamos que lo hice para estar solo contigo.- La abraza. -Claro que soy sincero, tu sacas fuera lo mejor de mi. Como la ropa, entonces, deberíamos quitarnosla.-
Se la lleva riéndose al primer cuarto que consigue. Bella trata de resistirse, pero a la final se deja convencer por sus besos. Terminan los dos sobre una pequeña cama.
-Ay!-
Edward se lleva la mano hacia la espalda. Un carro armado puntiagudo estaba debajo. Bella se echa a reír. Edward lo lanza al sofá. Limpia la cama de guerreros electrónicos y algunas partes removibles. Después, finalmente tranquilo, empuja la puerta con el pie y se dedica a su juego favorito. Le acaricia los cabellos besándola, su mano corre veloz por los botones de su camisa soltándolos. Le alza el sostén y la besa en la piel más clara, dulcemente más suave, rosada. De repente algo golpea su cuello.
-Ay.- Edward lleva veloz la mano a donde fue golpeado. En la oscuridad la ve reírse, armada de un extraño muñeco de orejas puntiagudas. Y esa sonrisa fresca, ese aire ingenuo lo golpean aun más en el fondo.
-Me lastimaste!-
-No podemos estar acá, es el cuarto de Giulio. Que tal si entra.-
-Pero si esta con Alec. Le di órdenes precisas. Ese terrible niño esta acabado, inmovilizado. No se puede levantar del sofá.-
Edward regresa a tocarla. Ella le acaricia los cabellos dejándose besar.
-Giulio es muy bueno. Eres tu el niño terrible.-
Alec esta comiendo un pan que agarro de la cocina junto a una deliciosa cerveza helada, cuando Giulio se alza del sofá.
-Adonde vas?-
-A mi cuarto.-
-No, te debes quedar acá.-
-No, quiero ir a mi cuarto.-
Giulio hace para marcharse, pero Alec lo agarra por la camiseta llevándolo cerca de el en el mueble. Giulio trata de rebelarse, pero Alec le pone el codo en la barriga bloqueándolo. Giulio comienza a lamentarse.
-Déjame, déjame!-
-Vamos, ya comienzan las caricaturas.-
-No es cierto.- Giulio mira de nuevo la televisión, y quizás por la culpa de un primer plano de un protagonista feo, comienza a llorar. Alec lo suelta.
-Toma, quieres probar? Es buenísima, solo la beben los grandes.-
Giulio parece ligeramente interesado. Se adueña con las dos manos de la lata de cerveza y bebe un trago.
-No me gusta, es amarga.-
-Entonces ve lo que tío Alec te va a dar…-
Poco después, Giulio juega feliz en el suelo. Hace volar los balones rosados que tío Alec le regalo. Alec lo mira sonriente. En el fondo solo se necesita poco para hacer feliz a un niño. Bastan dos o tres preservativos. Igual el no los usaría esa noche. Del cuarto no sale ningún ruido. Creo que Edward tampoco tendrá la necesidad, piensa Alec divertido. Entonces, como se esta aburriendo, decide hacer una llamada.
En la oscuridad de ese cuarto lleno de juguetes, Edward le acaricia la espalda, los hombros. Hace deslizar la mano a lo largo de su brazo y se lo lleva cerca de la cara. Lo besa. Lo toca con la boca, después toda su piel. Bella tiene los ojos entrecerrados, dulce prisionera de sus suspiros. Edward le abre la mano delicadamente, le besa la palma y la deja en su pecho desnudo, abandonándola a sus pensamientos. Bella se queda inmóvil, repentinamente asustada. Dios mío, entiendo que quiere. Pero nunca lo haría. Nunca lo he hecho. No lo lograría. Edward continúa a besarla tiernamente en el cuello, detrás de las orejas, en los labios. Mientras sus manos, mas seguras y tranquilas, mas expertas, se adueñan de ella como suaves ondas, dejando en esa playa desconocida un naufrago placer.
Después de repente, llevada por esa corriente, de aquella brisa de pasión, ella también se mueve. Bella obtiene coraje. Se despega lentamente de ahí donde fue dejada y comienza a acariciarlo. Edward la abraza dándole confianza, tranquilizándola. Bella se deja llevar. Sus dedos bajan ligeros por su piel. Siente su abdomen, los fuertes abdominales. Cada escalón para ella es un obstáculo, un abismo, un paso difícil de dar, casi imposible. Igual lo debe hacer y, manteniendo su respiración en la oscuridad del cuarto, de repente salta. Sus dedos acarician su barriga abajo, con rizos suaves entre los dedos, y después bajan más hacia los jeans, hacia ese botón, el primero para ella en todos los sentidos. Y en ese momento, sin saber porque, piensa en Angela. Ella, mas segura, mas experta. Imagina cuando se lo contara. Sabes, ahora hasta ahí no lo ha logrado, no ha podido. Esto quizás le da el coraje, el último empujón. Repentinamente lo hace. Lo abre. Ese primer botón dorado sale con un sonido ligero. En el silencio del cuarto escucha todo, llega nítido y claro hasta sus orejas. Lo logro. Casi da un suspiro. Ahora todo es más fácil. Su mano, ahora más segura, pasa al segundo y después al tercero y mas abajo mientras los bordes del jeans se alejan entre ellos, siempre mas libres. Edward se aleja dulcemente de ella, echa la cabeza hacia atrás. Bella lo alcanza rápido, refugiándose tímida en ese beso, avergonzándose de esa mínima lejanía. Después un sonido inesperado. Puertas que golpean.
-Que sucede?-
Y como por encanto, se destruye esa magia. Bella alza la mano y se levanta.
-Que cosa era?-
-Que se yo? Anda ven acá.- Edward la lleva de nuevo hacia el. Otro sonido. Algo que se rompe.
-No, diablos, allá esta sucediendo un desastre!- Bella se alza de la cama. Se acomoda la falda, se abotona la camisa y sale veloz del cuarto. Edward se deja caer sobre la cama con los brazos abiertos.
-Estupido Alec!- después se cierra los pantalones y cuando llega a la sala no cree a sus ojos. -Que diablos hacen?- están todos. Felix y Cayo están haciendo alguna especie de juego en la alfombra. Cerca de ellos hay una lámpara rota. Aro esta sentado con los pies sobre el sofá, come un paquete de galletas y mira Sex in the City. Demetri tiene al niño en las piernas y le esta haciendo fumar una marihuana.
-Mira Ed! Mira la cara de loco que pone este niño.- Bella se lanza como una furia sobre Deemetri, le quita la marihuana de las manos y la apaga en un cenicero.
-Fuera! Fuera de aquí. Inmediatamente.-
Sintiendo ese grito, de la cocina salen James y otro con una cerveza en la mano. Llega también Marco con una chica. Tienen la cara roja. Edward piensa que debieron haber hecho aquello que él y Bella siquiera pudieron intentar. Suertudos!
Bella comienza a empujarlos uno por uno fuera por la puerta.
-Salgan todos de aquí… fuera!-
Divertidos se dejan llevar haciendo aun mas desorden. Edward la ayuda.
-Vamos muchachos fuera.- Por ultimo empuja a Alec. -Contigo arreglo cuentas después.-
-Pero yo solo llame a Demetri, es su culpa, el le aviso a los demás.-
-Callate.- Edward le da una patada en el trasero y lo lanza fuera de la puerta. Después ayuda a Bella a poner todo en su lugar.
-Mira, mira lo que hicieron esos vándalos.-
Le muestra la lámpara rota y el sofá manchado de cervezas. Las galletas esparcidas por todos lados. Bella tiene lágrimas en los ojos. Edward no sabe que decir.
-Disculpa. Vamos, te ayudo a limpiar.-
-No gracias, yo lo hago.-
-Estas molesta?-
-No, pero es mejor que te vayas. Dentro de poco llegan los padres.-
-Estas segura que no quieres que te ayude?-
-Segura.-
Se dan un beso rápido. Después ella cierra la puerta. Edward va para abajo. Mira alrededor. No ve a ninguno. Monta en su moto y la prende. Justo en ese momento, detrás de un carro sale todo el grupo. En la noche se alza un coro. -Bravo niñera, oh oh oh!- dicen aplaudiendo. Edward baja volando de la moto y comienza a correr detrás de Alec.
-Yo no tengo nada que ver! Agarra a Demetri! Es su culpa!-
-Que importa, igual te golpeare!-
-Igual ni estabas haciendo nada ahí. Te estabas aburriendo!-
Continúan a correr por la calle entre risas lejanas de los otros y la curiosidad de cualquier inquilino con insomnio.
La mañana después, Edward va al gimnasio. Pero no para entrenarse. Busca a alguien. Al final lo consigue. Se llama Nahuel. Es un muchacho de quince años que tiene una desenfrenada admiración por el. No es el único. También los amigos de Nahuel hablan de Edward como una especie de Dios, un mito, un ídolo. Todos saben sus historias, todo eso que se cuenta acerca de el y no hacen nada sino alimentar aun mas esa que ahora se ha convertido en una especie de leyenda. Ese muchacho es uno confiable. El único al que Edward puede pedirle algún favor del género sin correr el peligro de salir mal. También porque donde termina la admiración comienza el terror.
Poco mas tarde, Nahuel esta en la escuela Falconieri. Camina rápido los corredores sin dejarse ver y entra en la sección B, la clase de Bella. La maestra Giacci esta dando una lección, pero extrañamente no dice nada. Bella se queda sin palabras. Mira en su pupitre ese enorme mazo de rosas rojas. Lee divertida la tarjeta: 'Mis amigos son un poco desastrosos, pero te prometo que esta noche cenaremos en mi casa solos. Yo que no tengo la culpa'.
La noticia se esparce rápido por la escuela. Ninguno había hecho algo así. A la salida, Bella baja las escaleras de la Falconieri con ese enorme mazo de rosas rojas entre los brazos, acabando así con las últimas dudas. Todos hablan de ella. Alice esta orgullosa de su hermana. René se molesta aun más y Charlie, naturalmente, tiene que aguantar otra regañada.
Esa tarde Edward esta guardando una recopilación de la obra de Pazienza apenas comprada cuando suenan a la puerta. Es Angela.
-Primero fui la cupido, ahora soy la mensajera. La próxima vez que me tocara hacer?- Edward ríe. Después agarra el paquete de las manos y la saluda. Tiene un delantal de flores rosadas y un papel: -Acepto solo si cocinas tu y sobretodo si lo haces poniéndote mi regalo, p.d. Yo voy por mi cuenta, pero a las ocho y media, no puedo antes porque están mis padres!-
Poco después, Edward esta en la oficina de su hermano.
-Emmet, esta noche necesito la casa sola, absolutamente.-
-Pero yo invite a Rosalie.-
-La invitaras otro día… vamos, a Rosalie la ves siempre. Diablos, Bella viene solo esta noche…-
-Bella? Quien es ella? La hija de ese que vino a la casa?-
-Si, porque?-
-El parecía molesto. Hablaron después?-
-Como no. Fuimos a jugar billar juntos y nos emborrachamos.-
-Se emborracharon?-
-Si, de hecho… solamente se emborracho el.-
-Hiciste que bebiera?-
-Como que hice que bebiera. Bebió el. Que importa. Entonces estamos de acuerdo no? Esta noche sales. Esta bien?-
Después, sin esperar su respuesta sale veloz de la oficina. Esta tan concentrado de lo que tiene que hacer que no se da cuenta de la sonrisa que le da la secretaria de Emmet.
Desde casa llama a Alec. Le avisa de no pasar, de no llamar y sobretodo de no hacer ningún tipo de alboroto.
-De esto depende tu cabeza. Hasta peor, nuestra amistad y no estoy bromeando!- después hace una lista de las cosas que comprar, va al supermercado debajo de casa y agarra de todo, hasta un paquete de esos biscochos ingleses que le gustan tanto a su hermano. En el fondo, Emmet se los merece. Es un buen tipo. Tiene algunas cosas que lo obsesionan como el carro, el trabajo y sobretodo Rosalie. Pero, con el tiempo, se le pasarían. Después mientras sube a su casa lo piensa mejor. No, lo de Rosalie nunca se le pasaría. Ahora son seis años que están juntos y no da señal de ceder. Bonita relación pero, por lo que ha escuchado, ella ha tenido algunas aventuras por su cuenta. Aparte de su hermano, no logra entender que loco podría tener una aventura con Rosalie. Es hermosa, pero demasiado antipática y sobretodo creída. Una sabelotodo. No hay nada peor que eso. Pobre Emmet. Al final son sus problemas. Yo preferiría a su secretaria. Y después de esa ultima consideración positiva, prende la radio y va a la cocina a lavar la ensalada.
A las ocho todo esta listo. Escucha el último éxito de las lista de canciones americanas, no se puso el delantal de Bella, pero para compensarlo lo apoyó sobre una silla para mentir en el momento oportuno. Mira los resultados de su labor. Carpaccio con queso grana. Ensalada mixta con aguacate y una macedonia de fruta traída de Maraschino. Afloran los recuerdos. Esa macedonia la comía mucho de pequeño. Lo deja pasar tranquilo. Esta feliz. Esa es su velada, no quiere que nada la arruine. Revisa complacido la mesa, arregla mejor una servilleta. Es justo un gran chef, pero no sabe que los cuchillos se ponen de la otra parte. Comienza a girar por la casa nervioso. Se lava las manos. Se sienta sobre el sofá. Se fuma un cigarrillo, prende la televisión. Se lava los dientes. Las ocho y cuarto. El tiempo pareciera nunca pasar en ciertas ocasiones. Dentro de un cuarto de hora llega, cenaremos juntos, hablaremos tranquilos. Estaremos en el sofá sin que alguien nos moleste. Después iremos a mi cuarto y… no, Bella nunca lo haría. Es muy rápido. O quizás no. No hay un tiempo preciso para estas cosas. Si estuvieran más tiempo juntos, quizás sucediera. Trata de acordarse de una canción de Battisti. 'Que sensación de ligera locura esta coloreando mi alma, el tocadiscos las luces bajas y después… champaña helada y la aventura pasara…' Diablos. Eso se me olvido! La champaña! fundamental! Edward va veloz a la cocina, abre todas las gavetas. Nada que hacer. Consigue solo un vino Pinot Grigio. Lo mete en el freezer. Bueno, es mejor que nada. Justo en ese momento suena el celular. Es Bella.
-No voy a ir.- Tiene una voz fría y molesta.
-Porque? Prepare todo. Hasta me puse el delantal que me regalaste.- Miente Edward.
-Llamó la señora Mariani. Se le desapareció un collar de oro con brillantes. Me culpo a mí. No me llames mas.-
Bella corta. Poco después, Edward esta en casa de Alec.
-Quien diablos pudo haber sido? Te das cuenta? Bellos amigos de mierda.-
-Vamos Ed no digas eso! Cuantas veces ha pasado que vamos a casa de alguien y robamos cosas. Prácticamente en cada fiesta.-
-Si, pero nunca en casa de la novia de uno de nosotros!-
-No era la casa de Bella …-
-No, pero ella estaba involucrada. Debes ayudarme a hacer una lista de quienes estaban…- Edward agarra un pedazo de papel. Después comienza a buscar frenético un lápiz. -Pero no hay nada para escribir aquí…-
-No lo necesitas. Yo se quien tomó el collar.-
-Quien?-
Entonces Alec dice un nombre, el único que Edward nunca hubiera querido escuchar. Marco.
Edward maneja su moto en la noche. No quiso ser acompañado por Alec. Esa es una cuestión entre el y Marco. Ningún otro. Esta vez no es tarea de simples flexiones. Esta vez es una historia mas complicada.
La sonrisa de Marco no promete nada bueno.
-Hola Marco. Escucha, no quiero pelear.-
Un puño golpea a Edward en plena cara. Edward tropieza hacia atrás. Esto no se lo esperaba. Adelanta la cabeza para recuperarse. Marco va hacia el. Edward lo para con una patada derecha. Después, mientras recupera el aliento, piensa en la cena que preparo, en el delantal de flores y en cuanto hubiera querido que esa velada hubiera sido diferente. Una noche tranquila, en casa, con su chica entre los brazos. Pero no. Marco esta ahí, frente a el, en posición. Con las dos manos le da la señal de avanzar.
-Ven anda, ven acá.-
Edward agita la cabeza y respira profundamente.
-Diablos, no se porque, pero mis sueños nunca se cumplen.-
Justo en ese momento Marco va hacia el. Edward esta preparado esta vez. Esquiva de lado, lo golpea en la cara con un directo potente y exacto. Debajo de su puño siente la nariz moverse. Las cejas se unen adoloridas. Entonces ve su cara, esa mueca, el labio inferior que saborea su propia sangre. Lo ve sonreír y en ese momento entiende que todo iba a ser muy difícil.
Bella esta sentada en el sofá. Mira sin ganas la televisión saboreando un jugo cuando suenan a la puerta.
-Quien es?-
-Yo.-
Edward esta frente a ella. Tiene los cabellos alborotados, la camisa arrugada y la ceja derecha todavía sangrando.
-Que te paso?-
-Nada. Solo recupere esto…- alza la mano derecha. El collar de oro de la señora Mariani esta ahí brillando en la penumbra de las escaleras. -Ahora puedes venir a la cena?-
Babi, después de haber restituido el collar a la señora e inevitablemente haber perdido el puesto de niñera, se deja llevar por Edward a su casa. Pero cuando abren la puerta tienen una terrible sorpresa. En la mesa en el centro de la sala iluminada por una romántica vela, esta Rosalie. Emmet llega poco después de la cocina. Lleva la macedonia preparada por Edward y, como si no bastara, usa el delantal de flores que le regalo Bella.
-Hola Ed. Disculpa… pero llame, nadie respondió. Entonces vinimos a la casa, esperamos un poco, pero eran las diez entonces pensamos: quizás no vendrán. Y comenzamos a comer, verdad?-
Busca el consentimiento de Rosalie, que asiente y da una sonrisa. Edward mira su plato. Todavía hay pedazos de su ensalada con aguacate.
-Y ya la terminaron, por lo que veo. Bueno, como estaba la cena? Al menos estaba buena?-
-Buenisima.- Rosalie parece sincera. Después se calla rápido. Entendió que es una de esas preguntas que no quieren respuesta.
-Bueno, Emmet préstame el carro, vamos a ver que comemos afuera.-
Emmet pone la macedonia en la mesa.
-Pero…-
-Que cosa? Te comiste todas mis cosas, te terminaste la ensalada que prepare con mis manos toda la tarde, y me vas a venir con peros?-
Emmet saca las llaves del bolsillo y las abandona en las manos de su hermano con un tímido -Ve lento, ok?-
Edward va saliendo.
-Por cierto, te compre tus biscochos de mantequilla. Si quieres también un postre, están en el armario de la cocina.-
Emmet le da una sonrisa, pero sus pensamientos ahora son todos para su carro Golf gris metalizado y lo que le pasaría.
Edward y Bella van a comer crepes calientes cerca de la Pirámide. Después, tomando felices tragos de cerveza, descartan la idea de regresar a su casa. A Bella le incomoda porque esta su hermano. Entonces Edward, maldiciendo a Emmet y la estupida de su novia, gira hacia la derecha para un lugar llamado Gianicolo. Se estacionan cerca de los jardines, entre otros carros con vidrios ya empañados de amor, llenos de pasiones desenfrenadas, de ese incomodo placer realizado con apuros. Frente a ellos, lejos, la ciudad se esta durmiendo.
Mas cerca, a los pies de un muro, algunos muchachos se pasan una ilegal probada de alegría momentánea. Edward cambia la estación de la radio. 92.70. La radio romántica. Se alarga hacia ella y comienza a besarla. Después lentamente esta encima. Maldice el dolor de su espalda, del esternon golpeado, de las caderas que probaron los golpes de Marco. Ese fresco deseo borra los dolores. Besos apasionados superan dificultades mecánicas. El freno de mano se vuelve indispensable, la rueda del espaldar orgullosa. Edward siente su piel suave y perfumada. Su respiración se vuelve irregular de pasión. Intenta de nuevo bajar más el asiento. Nada que hacer, esta bloqueado. Entonces, mientras que con la mano derecha gira la rueda hacia abajo, pone un pie debajo del asiento y empuja con toda su fuerza. Se escucha un crac, un sonido seco. El espaldar baja de golpe, Babi con el y el con ella, riendo sin pensar en nada mas, mucho menos en Emmet, en su cara molesta, en su carro metalizado. Cada uno se adueña de los pantalones del otro, casi como una competencia, un duelo sensual. Después Bella se adelanta, inexperta y apenada, cierra los ojos y al final abrazándolo se emociona por su lograr su tierna victoria personal. Cuando se da cuenta que Edward quiere ir aun mas adelante, lo detiene.
-No, que haces?-
-Nada. Estaba intentando.-
Bella lo aleja un poco molesta.
-Pero aquí, en el carro? Mi primera vez debe ser una cosa bellísima, un lugar romántico con el perfume de las flores, la luna.-
-Aquí esta la luna.- Edward abre un poco el techo. -Ves, un poco cubierta pero esta. Y siente…- Inspira hondo. -Esta lleno de flores acá alrededor. Que falta? Es romántico, anda. Hasta tenemos Tele Radio Stereo. Es perfecto!-
Bella se echa a reír.
-Yo quería decir otra cosa.- Mira el reloj. -Es tardísimo. Si regresan mis padres y no me encuentran termino de nuevo castigada! Vamos apurémonos.-
Se arreglan sus jeans y después tratan juntos de arreglar el asiento de Bella. Nada que hacer. Regresan riendo con el espaldar roto. Cada vez que acelera, Bella termina siempre abajo. Pensando en todo eso que podría decir su hermano. Que noche… con este final quizás, se volvió una comedia dramática. Acompaña a Bella hasta la puerta y se despide. Maneja veloz en la noche recordando esa 'romantica' abstinencia y ese perfume de los suspiros de ella que le queda entre sus manos.
-Pero donde estabas? Te espero desde hace una hora, debo llevar a Rosalie a su casa.-
-Podias agarrar la moto, como ahora agarras todas mis cosas.-
Emmet no ríe para nada y se encierra en la sala con Rosalie.
Edward va al cuarto, se quita la ropa y se mete en la cama. Apaga la luz. Esta destruido. De la sala llegan voces. Trata de escuchar mejor. Son Emmet y Rosalie. Están discutiendo algo. La voz de su hermano es repetitiva y fastidiosa.
-Dime la verdad. Quiero saber la verdad.-
-Ya te la dije.-
-Te dije que me dijeras la verdad.-
-Esa es, te lo juro.-
-Te lo pido por la ultima vez. Dime la verdad, quiero saber la verdad.-
-Te juro que te he dicho todo.- Rosalie también parece bastante segura. En la oscuridad del cuarto Edward mueve la cabeza. No sabe si son peores los golpes de Marco o las discusiones de su hermano. Quien sabe que querrá saber Emmet, igual Rosalie no se lo dirá nunca. Una cosa es segura. La única gran verdad es que Rosalie regresara a casa sentada en el asiento malo. Y con ese pensamiento, Edward se duerme divertido.
