Bueno, creo que solo tengo ahora que explicar cosas muy sencillas n_n
-Primero que nada, las fechas que he puesto; realmente vienen de una línea de tiempo que son como ocurrieron los hechos (Claro nunca se saben si son certeras, pero lo que he encontrado han sido esos).
-La travesía de España es la siguiente: Primero paso por Cuba (Que la conquistó por cierto), de ahí paso a lo que viene siendo Taabscoob (Que es el estado de Tabasco) donde se produjo la Batalla de Centla.
Cortes iba atacando toda la costa México, pero al llegar a este lugar; los indígenas no quisieron recibirlos a pesar de que llegaron sin ofensivas ni nada por el estilo. E inclusive; hablaron en su idioma. Pero ellos se negaban, ya que creían que eran personas malvadas y mandonas. Al no recibir hospitalidad por parte de ellos, los españoles decidieron atacarlos.
(Ay Toño… Luego por que no te quieren…)
De esa batalla obtuvo dos cosas importantes: Una fue Malinche (En el capítulo explica quien es… por cierto, Cortes si hacia esa "cosas" con ella…) Y la información acerca del Imperio Mexica.
-Icpalli: Es el asiento o mejor dicho trono del Tlatoani
-Nobles: Bueno, hasta el mismo nombre lo dice. Son por decirlo los que tienen título de nobleza.
-Guerreros Jaguar/ Águila:
Son aquellos guerreros de élite que salieron del Calmecac o el Telpochcalli
(La primera es escuela para los hijos de los nobles y la segunda para aquellos que no lo son).
Solo que hay una gran diferencia entre ellos. Los guerreros Jaguar, tenían solamente el privilegio de ser los hijos de la nobleza y eran considerados las fuerzas especiales del estado Mexica. Eran lo que se enviaban al frente de batalla.
A diferencia de los guerreros águilas eran exploradores, espía y mensajero que mantenían vigilado el Templo Mayor, aun que también participaban en batalla.
-Tezcatlipoca: Del náhuatl "Espejo negro que humea" Es considerado el señor del cielo y de la tierra y fuente de vida. Tiene una relación de dualidad y antagonía con Quetzalcóalt. Quetzalcóalt era llamado también Tezcatlipoca blanco, y a Tezcatlipoca negro. En leyendas nahuas el origen del mundo son causa a ellos dos.
-Tláloc: Deriva de Tlalli que significa Tierra y Octli Que significa Néctar.
En traducción significa "Néctar de la tierra" y es el momento cuando la lluvia penetra la tierra y forma parte de ella. Dios de la lluvia. Los Mexica lo creían responsable de los periodos de sequía y las lluvias torrenciales.
(Ahora entenderán por que estos dioses son principales)
La villa que menciona España, es la Villa Rica de Vera Cruz. Cuando llegaron los españoles se instalaron en un campamento al frente de una ciudad Quiahuiztlán donde vivían los ancestrales totonacas. Esta se convirtió una de las primeras ciudades europeas en América continental.
Sin más por el momento…
Y esperando sus comentarios y opiniones…
(Realmente quisiera saber que tal lo voy haciendo, por que estoy manejando historia D: )
Maiden Out
22 de Abril 1519
Si pudieras ver el rostro de España, verías un rostro totalmente demacrado. En sus ojos verdes, que siempre estaban alegres y brillantes; se encontraban opacos y sin vida. Unas pequeñas ojeras empezaban a salir por debajo de sus cuencas de sus ojos, y no digamos de su cabello; que estaba hecho una maraña. Ni siquiera sus ropas, se veían tan elegantes como de costumbre, solo se encontraba usando una camisa de manga larga blanca (Que ya no parece blanca) holgada y unos pantalones negros aguados.
Estaba fastidiado de estar en ese barco, llevaban más de 10 días en él desde que zarparon de Taabscoob. Y ni digamos que salio muy feliz de ahí España. Tal vez, también por ello se encontraba en ese estado tan deprimente.
Uno de los tripulantes observó al español, que aún se encontraba a la expectativa de ver tierra firme, y para eso; se encontraba sentado sobre un barril en la proa. Mojándose cada vez que la punta del barco rompiera una ola. Pero al parecer al castaño no le importaba. Preocupado, por ver la condición de este; le hablo aún par de mujeres morenas que se encontraban en un rincón de la cubierta. El joven les señalo al español que se encontraba en la punta del barco, y estas, entre sonrisas; se encaminaron hacia España. Las mujeres al llegar, rodearon con sus brazos al español y empezaron hacerles caricias. Al parecer ya estaban muy acostumbradas a ello.
España torció sus ojos. Supuso inmediatamente que alguien las envió para que "lo consintieran" y no estuviera tan deprimido. Con cierta fuerza, sin ser muy brusco; tomó las manos de ambas jóvenes y las alejo de él. Las muchachas, un tanto confundidas, miraron con indignación al español.
–No hagan eso por favor- dijo con gentileza –Yo no soy como aquellos patanes que están abusando de ustedes- sonrió suavemente. Pero aquellas jóvenes, no comprendieron nada de lo que había dicho y comenzaron de nuevo con el jugueteo hacia el español.
-¡Telketsa! (¡Dejarlo!)- grito la suave voz de una mujer, las dos jóvenes voltearon al mismo tiempo y miraron a una joven igual de ellas, entre una edad de 17 años. De compleción mediana, de piel morena y pelo largo negro hasta su cintura y ojos negros. -¡Sei! (¡Solo)- hizo un ademán con sus manos, haciéndoles entender sus orden. Las jóvenes, solo le dieron una sonrisa al español y se fueron de ahí. España entonces soltó un largo suspiro. –Muchas gracias Malinche…- le sonrió calidamente.
Malinche, era un joven que formaba parte de un regalo que les habían dado los indígenas mayo-chontales. Ya que estos se enfrentaron con los españoles. Pero los conquistadores eran mucho más fuertes que ellos que tuvieron una derrota inminente. Debido a esto y como parte de una tradición, los indios que perdían una batalla tenían que dar objetos al ganador.
Así que los indios le dieron, joyas, oro, jade, pieles de animales y plumas de aves exóticas. Pero lo más significativo, es que le dieron un grupo de veinte mujeres jóvenes y entre ellas venía Malinche, que demostró habilidad al aprender el castellano y que aparte, sabía hablar náhuatl. Haciéndose así, la interpretadora de Cortes.
-Por favor, quisiera que me siguieran llamando Malintzin…- se acercó a un lado de él –Con gusto lo haría… pero me le es tan difícil llamarte por tu nombre- dijo un tanto apenado mientras volvía mirar hacia al frente para mantener vigilia cuando llegue a ver tierra firme.
-De acuerdo, entonces solo llámeme Malinche- sonrió la joven –Señor, ¿Qué es lo que le ocurre?- lo miró un tanto curiosa
–Desde que zarpamos ha estado muy deprimido- colocó su mano en el hombro del español.
-No es nada…- sonrió –Solo que… ya estoy arto de estar en este barco- suspiró profundamente y continuó viendo hacia al frente –Dudo mucho que sea eso- cerró sus ojos la muchacha –Algo lo esta poniendo así- sonrió. –Puede decírmelo con gusto-
España miró asombrado a la joven. ¿Cómo es posible que después de lo que había ocurrido en su pueblo, pueda seguir siendo tan gentil?
-Estoy preocupado, solo es eso…- con sus manos talló sus ojos –No he parado de salir de problemas desde que me embarque a esta expedición…- suspiro largamente –Desde cuba, y luego tu pueblo…- susurró bajamente -¡No salgo en ninguna expedición bien!- sacudió su cabello con fuerza ya enmarañado.
-Pero es que usted en un conquistador señor- añadió la joven –Losé, losé…- se levantó del barril –Pero es que no lo entiendes…- agacho su mirar –Cada vez que llego a un nuevo lugar, con el fin de conquistar; siempre procuro que no haya mucho daño…- volteó a ver la joven –Así como en tu pueblo…- Malinche solo miró hacia el mar
–Quisiera, que cuando llegara, en vez de usar la fuerza bruta; sea más calmado… Que cuando me encuentre con el joven país… no me odiaría…- hizo con su mano un puño -¿Joven país?- murmuró intrigada la muchacha. El español abrió sus ojos de par en par y empezó a reírse nerviosamente -¡No me hagas caso!- sacudió sus brazos – ¡Estaba hablando conmigo mismo! ¡Así que no me hagas caso!- rió fuertemente.
La morena, solo sonrió.
-Joven, cada día me sorprende más con sus ocurrencias- rió bajamente -¿Sorprenderte?- le sonrió, España había recuperado un poco su ánimo -¡Tú eres la que me sorprende!- dijo alegremente –Apenas llevas poco tiempo con nosotros y ya casi hablas perfectamente el castellano- la miró maravillado.
-Ah…- suspiro –Si tan solo Romano hubiera aprendido así de fácil el español…- hizo un puchero al recordar eso -¿Romano?- preguntó la morena. –Sí, Romano es mí querido…-
-¡Tierra a la vista!- gritó desde el mástil un joven.
España, volteó rápidamente hacia al frente. Ahí, frente a él; vio la costa de su nueva parada. Sus ojos verdes, tomaron de inmediato brillo y su cara demacrada volvió a tener vida gracias aún leve sonrojo que le había provocado el escuchar esas maravillosas palabras. Dentro del español, empezó a brotar un sin fin de emociones. Alegría, ansias, emoción, excitación e impaciencia. Ahí, delante de él; estaba su nueva esperanza. La esperanza de poder lograr aquel sueño anhelado que siempre era opacada.
-¡Tierra, tierra firma!- gritó emocionado -¡Tierra firme Malinche!- tomó las manos de la joven y las apretó con fuerza -¡Wuaaaah no puedo esperar, estoy que no puedo esperar!- empezó a contonearse de un lado al otro. La joven solo reía. -¡Estoy tan feliz!- sonrió de oreja a oreja -¡Soy tan feliz que podría saltar ahorita misma del barco y nadar hasta la costa!- empezó a girar sobre si mismo
-Joven, no te vayas a precipitar…- dijo un tanto preocupada, realmente España esta muy excitado. -¡Pero es que no puedo evitarlo!- se detuvo y camino hacia la barda. -¡Señor España deténgase ahí!- se acercaron varios tripulantes del barco en donde estaba Malinche y España -¡No se le ocurra hacer esa tremenda locura!-
Pero como al dicho al hecho, hay poco estrecho. El español se zambulló al mar.
-¡Españaaaaaaaaaaaaaaaaa!- se acercaron todos a la borda para poder ver si encontraban vivo al español. Pero las olas y su espuma no permitían ver nada. –Dios santo…- se persigno uno de los tripulantes
–Espero que siga vivo…- dijo con miedo.
-Tranquilos…- se oyó una grave voz detrás de todos ellos. –Además, él no puede morir- sonrió
Detrás de ellos, se encontraba un hombre de una edad de 34 años. De ojos cafés al igual que su cabello, que se encontraba extrañamente cortado, ya que solo era una cortina de cabello que cubría sus orejas y la parte de atrás. Y también con una expensa barba larga que parecía unida a su bigote.
Era Hernán Cortes.
-Así que no se preocupen, es su espíritu de conquistador. Así que dense prisa y empiecen a bajar los botes, que tenemos que alcanzarlo- dijo seriamente. Sus hombres solo obedecieron.
España, con esfuerzo abrió sus ojos bajo el agua. El agua salada del mar le lastimo un poco así que los volvió a cerrar. Con un tanto de prisa, empezó a nadar hacia la superficie; moviendo sus piernas con rapidez y sus brazos. -¡Buah!- salió su cabeza a la superficie y tomó con toda sus fuerza aire de nuevo. Con una mano, limpio el agua de sus ojos y pudo volver a ver. Volteó hacia atrás, la tripulación estaba empezando a bajar en botes.
-¡Ni crean que serán los primeros en llegar!- gritó jubilosamente el español y empezó a nadar. España, agradeció que el mar no estuviera tan embravecido y las olas no lo golpearan tan bruscamente, al contrario; le daban cierto impulso para poder llegar más rápido a la costa. Para España, aún que pareciese que la distancia de donde estaba él hasta la costa era muy larga. No le importo.
Las ansias y los ánimos por saber que encontraría en esa tierra fértil lo motivaban cada vez más.
Braceaba una y otra vez sin detenerse, sus piernas; solo continuaban pataleando el agua con fuerza. "¡Debo estar ahí ya!" "¡Debo de estar ahí ya!" se gritaba constantemente en sus pensamientos. El agua, entraba a veces por su boca, cada vez que intentaba tomar un bocanada de aire; dejándole un sabor salado en su boca. Y sus ropas, hacían cada vez más difícil nadar; pero aún así no lo detuvo.
Tan concentrado estaba el castaño en su meta, que no se dio cuenta que sus pies empezaron a enterrarse lo que era arena. Había llegado a la orilla del mar. Su fuerza y sus emociones habían provocado que España no tardara menos de 5 minutos en llegar a ese lugar. Poco a poco, se fue incorporando hasta poder caminar sobre la arena. El agua, que antes le llegaba hasta el cuello ahora se encontraba solamente hasta sus rodillas.
-Llegue…- dijo jadeante -¡Llegue!- alzó sus brazos al aire mientras gritaba con júbilo. Miró a su alrededor. Apenas los botes llevaban la mitad de lo que el había recorrido. Alzo sus brazos y empezó a moverlos para que vieran que había conseguido su meta. España, cerró sus ojos y empezó a respirar tranquilamente para calmarse. Empezó a relajarse al comenzar oír el romper de las olas en la costa. Como sus pies, eran sumergidos en el agua cada vez que llegaba una nueva ola, y como el viento lo golpeaba, transportando su aroma a mar. Se sentía en el paraíso.
Tal como si fuera un desmayo, el español se dejo caer en la arena blanca de la playa y miró hacia el cielo. Un hermoso cielo azul le daba la bienvenida junto con unas gaviotas que volaban alrededor.
-He llegado…- extendió sus dos brazos al cielo como si quisiera alcanzarlo y sonrió
-He llegado…- susurró suavemente
Tenochtitlan dio un respingo y volteó rápidamente hacia su derecha, hacia el horizonte. En este momento se encontraba recolectando unas mazorcas de maíz. Sus ojos parecían que miraba hacia la nada, y su cuerpo permanecía inmóvil. Como una estatua.
-¿Qué ocurre?- llego un hombre y se hincó a la altura del niño -¿Tenochtitlan que ocurre?- lo sacudió un poco, ya que no respondía. El niño sacudió su cabeza rápidamente y se abrazo así mismo.
-Sentí… un gran escalofrió…- empezó a temblar un poco –Sentí algo muy extraño- susurró. El joven que le acompañaba, retiró de la espalda de Tenochtitlan la gran cesta pesada que cargaba. –De seguro es por el trabajo arduo- colocó la cesta en el suelo –Deberías descansar un poco- le sonrió. El castaño solo asentó con su cabeza muchas veces que si. –Sí… me iré de aquí…- empezó a encaminarse a la salida del cultivo del maíz. ¿Qué rayos fue lo que había sentido? Esa sensación nunca lo había sentido en toda su vida. Era como si alguien hubiese soplado un viento helado en su espalda. Empezó a sentir cierto temor. Pero sacudió su cabeza.
-De seguro si es por el trabajo…- sonrió –Llevó desde la mañana trabajando, debe de ser eso…- empezó a reír nerviosamente.
-¡Tenochtitlan!- escuchó el llamar de su nombre con cierta desesperación. El pequeño niño levantó su vista y se encontró delante de él un guerrero águila agitado.
-¡Nuestro Tlatoani te ha invocado ante su presencia! ¡Es una emergencia!- se acercó al pequeño que se encontraba tapando su rostro con sus manos.
Realmente estaba esperando que fuera el cansancio lo que le había provocado esa sensación
Pero… para su desgracia, no sería eso…
Tenochtitlan fue conducido rápidamente al palacio de Moctezuma. Al entrar, pudo ver a su señor sentado en su Icpalli, y alrededor de este, se encontraban varios nobles, sacerdotes y guerreros tanto águilas como jaguares. El rostro de Tlatoani se encontraba en cierto modo perturbado y con miedo. Pero en sus ojos brillaba con fuerza su rigidez y valentía.
-Mi señor, he traído a Tenochtitlan tal como me lo pidió- hablo bajamente y sin mirarle los ojos el guerrero. Nadie, ni siquiera su círculo más cercano podía hablarle fuertemente y ni mucho menos mirarle a los ojos. Excepto Tenochtitlan.
El niño pudo sentir cierta tensión alrededor de todos, especialmente en Moctezuma. Estaba empezando a angustiarse, más por que nadie decía nada. -¿Mi señor?- se acercó un poco al Tlatoani con timidez -¿Qué es lo que ocurre?- en su voz se denotaba cierta ansiedad. Moctezuma soltó un largo suspiro y miro con tranquilidad a los ojos del pequeño para que pudiera calmarse un poco.
-Unos extraños han llegado a la costa…- dijo con voz segura y fuerte para que todos los presentes escucharan. –No sabemos quienes son, pero son muy extraños y diferente a nosotros. Han llegado sobre el agua en una cosa muy extraña- hizo una pausa –Usan extrañas vestimentas, tienes unas armas que nunca habíamos visto en toda la vida, y parecen que han llegado también con extrañas creaturas, muy parecidas a los venados- al escuchar esto, Tenochtitlan recordó lo que le había dicho Moctezuma de aquellas "señales".
-¿Entonces que es lo que planea ser Tlatoani?- habló un guerrero jaguar –Nosotros estamos preparados ya en caso de que quiera un ataque y acabemos con ellos-
-¡No quiero que acaben con ellos!- dijo seriamente callando de golpe al guerrero –Vamos hacer algo- se levantó de trono y se encamino hacia el centro donde se encontraba sus presentes. –Voy a enviar a embajadores y cinco nobles mexicas a que vayan a confirmar si es cierto lo que a mis oídos han llegado- se colocó entonces a un lado de Tenochtitlan.
–Haremos una prueba, tres de los nobles llevaran atavíos de nuestro dioses, Tezcatlipoca, Tláloc y Quetzalcóalt, si acaso ellos se colocan esos atavíos… resultaran ser sacerdotes enviados por nuestros dioses- dijo con seguridad –Ya que como todos sabemos nadie, en su sano juicio; nadie puede usar esos atavíos sin tener permiso directo de nuestros dioses- los presentes empezaron a murmurar que era cierto.
-Así que vayan y tráigame los resultados- dio la orden y los presentes fueron a cumplirla.
Solo quedaron él y Tenochtitlan.
-¿Estas seguro de esto Moctezuma?- miró hacia arriba para poder ver el rostro de su señor –Sí- se hincó para estar a la altura de él –Por alguna razón, tengo el presentimiento que estas personas tienen relación con Quetzalcóalt- sacudió el cabello del pequeño – ¡Entonces déjeme ir con los embajadores!- gritó entusiastamente el niño -¡Si tienen relación con Quetzalcóalt tal vez puedan decirme lo que tanto…- -¡Claro que no!- gritó el Tlatoani con cierto enfado. Tenochtitlan quedó en silencio inmediatamente.
-¿Te imaginas que pasaría si te tuvieran?- lo tomó por los hombros -Si ellos realmente no son lo que aparentan ¡Irán tras de ti! ¡No podemos dejar que eso ocurra!- sus ojos negros empezaron a mostrar la conducta recta de un gobernador. –Por lo tanto, hasta que no tengamos una idea clara de quienes son… Estarás en constante vigilia rodeado por guerreros águilas y jaguares- se incorporó de nuevo -¡Te vigilaran día y noche, en tu trabajo y sueño! ¡Se convertirán en tu sombra hasta que haya pasado el peligro!- y se sentó nuevamente en su silla. –Hasta entonces no podrás estar solo…- soltó un suspiro.
Miró de reojo al pequeño. Se encontraba alterado. Se podía ver como en su cuerpo se encontraba tenso y sus manos hacían puños fuertemente. Tenochtitlan no podía ir en contra de su señor. Pero se sentía decepcionado, tal vez esas personas tendría las respuestas que el tanto buscaba por muchos años. De quien era él, por que no crecía, por que cuando se lastimaba fatalmente no moría.
Pero Moctezuma le ha cortado sus alas.
-De acuerdo...- susurró bajamente mientras agachaba su vista, ya que unas pequeñas lágrimas empezaban a salir de sus ojos castaños. –Lo que usted ordene… Tlatoani…- se escucho su voz quebrarse.
-Lo siento, se que es duro pero tengo que hacerlo…- susurró bajamente Moctezuma.
Pero Tenochtitlan ya había salido corriendo del recinto.
16 de Agosto 1519
Una silueta negra corría entre la maleza. Se movía con gran agilidad entre los árboles y los arbustos que solo solamente se podía sentir el viento que producía al correr. Detrás de esta silueta, venían tres guerreros jaguares que perseguían a la misma velocidad a la persona que huía. En sus rostros, podías ver la determinación por atrapar a esa persona. Pisaban las mismas pisadas que hacia la otra persona y hacían los mismos movimientos de ella. Por algo eran guerreros de elite.
La persona que huía, si volteaba podía ver como poco a poco pisaban sus talones rápidamente. No podía permitir eso. Así que con agilidad subió a un árbol de dimensiones gigantes con agilidad y empezó a escalarlo. Los guerreros voltearon hacia arriba, señalando que lo habían encontrado e instantáneamente empezaron a subir también a ese árbol. Pero aquella persona tenía mucho más agilidad. Miró hacia al frente. Se dio cuenta que las ramas de los árboles estaban entrelazados haciendo unos especies de puentes.
Sonrió ante su suerte.
Miró hacia abajo. Los guerreros casi los alcanzaba. Rápidamente saltó hacia las ramas del otro árbol hasta llegar al tronco. Y de su taparrabos saco un pequeño cuchillo y empezó a cortar las ramas. Miro nuevamente a los guerreros que ya lo habían alcanzado. Tenía que darse prisa. Corto lo suficiente para poder quebrarla con la mano, y haciendo fuerza; rompió el camino de ramas. Y así siguió, con el siguiente árbol que pasaba, cortando las ramas ya que los guerreros perderían tiempo en bajar y subir al siguiente árbol para atraparlo.
Los guerreros vieron su inminente derrota. -¡Tenochtitlan!- gritaron con fuerza -¡El Tlatoani se enfadara!-
El pequeño volteó a ver lo guerreros que estaban a más de ocho árboles de distancia. -¡No me importa!- gritó con fuerza y como si fuera un mono bajo del árbol rápidamente, para perderse entre la maleza. Los guerreros, solo suspiraron ante la resignación.
No por algo, Moctezuma se maravilla de que Tenochtitlan haya terminado el Cálmecac tan joven.
Tenochtitlan continuó corriendo entre los árboles con una gran sonrisa en su rostro. Después de tantos meses, pudo liberarse de esos guardaespaldas odiosos que siempre lo perseguían fuera a donde fuera. Sonriente, detuvo su correr y volteó hacia tras para asegurarse que ya no lo perseguían. Dio un brinco de alegría al ver que realmente se habían perdido.
-¡Al fin!- gritó -¡Estoy solo!- y se desplomó sobre la hierba –No recuerdo cuando fue la última vez que salí de la ciudad…- se estiró –Moctezuma esta exagerando un poco…- cerró sus ojos y cruzó sus brazos detrás de la cabeza. –Si hubieran sido una amenaza, creo que ya nos hubieran atacado antes…- sonrió –Y si nos hubieran atacados, ahorita mismo los tuviéramos prisioneros y usados en sacrificios…- rió
Pero algo hizo sentir cierto temor dentro de él. El pequeño volvió a incorporarse y volteó a su alrededor. Y ahí vio, delante de él; una gran piedra lisa y que alrededor tenían varios nopales con sus frutos ya florecidos. Este se levantó del suelo y camino hacia ese lugar recargándose en la piedra. Llevó sus brazos hacia atrás y cruzo sus piernas. –Sin embargo…- susurró y cerró sus ojos
* * * *Flash Back* * * *
-¿¡Que dijiste!- gritó asombrado el Tlatoani -¿Acepto los atavíos…?- Moctezuma había recibido a los embajadores junto a los cinco nobles después de ir a ver a los extraños. –Así es mi señor…- asentó uno –Al llegar le ofrecimos el atavío de Quetzalcóalt… y muy alegremente acepto ponérselo lo que al parecer era su líder…- dijo un tanto nervioso.
Moctezuma desde su trono, quedo anonadado. No podía ser posible que realmente se tratase de un enviado de Quetzalcóalt. –También me pidió esto mi señor…- el noble se acercó a él con lo que al parecer era un casco militar oxidado –Gracias a su interprete, nos ha pedido que por favor lo llenase de oro…- se lo entrego al Tlatoani, que ahora se ha quedado más asombrado.
-Esto…- lo miró aún más asombrado –Es una prenda que usa Huitzilopochtli...- susurró. Moctezuma se negó a creer en eso. –Quiero que le den más a obsequios- dijo seriamente –Tal vez de esa manera se alejan de Tenochtitlan- diciendo esto, el gobernador se retiro inmediatamente.
Era la primera vez, que Tenochtitlan había visto tan preocupado al Tlatoani.
* * * * Fin Flash Back* * * *
-…- Tenochtitlan abrió sus ojos nuevamente y miró su cuerpo –Si realmente fueran enviados de Quetzalcóalt…- pensó nuevamente en la posibilidad de que esas personas fueran capaz de decir quien era realmente. Pero sacudió su cabeza para sacarse la idea –Creo que es mejor dejarlo así como esta todo…- cerró sus ojos nuevamente y se dejo inducir por el sueño y el cansancio.
España, con su rostro fruncido; caminaba resoplando como un toro mientras se dirigía al estudio de Hernán Cortes. Varios españoles habían intentado detener al país para que no molestara al explorador. Pero España estaba cabreado. Llevaba ya más de cuatro meses ahí sin hacer nada y solo escuchando a Cortes con sus planes. No lo soportaba, España estaba ahí para algo importante y estaba perdiendo su tiempo estando sentado.
-¡Cortes!- abrió las cortinas de su choza. Para su sorpresa se encontró con cierta escena subida de tono en su cama con Malinche, pero al español no le importo. -¡España te he dicho que primero avises!- tapó rápidamente a su concubina con las ropas de estas y le obligo a que se marchara. -¡Y a mí que me importa!- gritó molesto -¡Estoy cansado de esperar tanto tiempo! ¡Desde que llegamos hemos estado aquí parados en este estúpido lugar!- pataleó el suelo. Cortes solo miró con cierta frustración al país por haberlo interrumpido, así que solo se levanto de la cama y se encamino hacia su escritorio que tenía.
-Cuantas veces te tengo que decir esto…- se sentó –No podemos hacer movimientos bruscos, estamos tratando con el Imperio Mexica…- soltó un suspiro largo. -¿¡Pero cuanto tiempo más quieres esperar!- golpeó con sus manos el escritorio -¡Llevamos más de cuatros meses aquí, lo único que has conseguido es lograr hacer fundar esta villa! ¡Y hacerte aliados de los tales totonacas!- gritó más molesto -¿¡Que más carajos esperas!- golpeó el escritorio -¡Estoy arto de estar aquí! ¡Ni siquiera he podido ver si esta aquí lo que tanto busco!- miró con fiereza al explorar pero este, solo lo miraba con indiferencia.
-¿Es todo?- cruzó sus dedos para poder recargar su mentón mientras suspiraba. España empezó a bufar de la cólera que le estaba producción Cortes. -¡Me largo de aquí!- gritó molesto mientras salía de la choza. Los españoles que se habían aglomerado para escuchar la discusión del país con el explorador, se abrieron paso para dejar pasar al país que se encaminaba hacia lo profundo de la selva hasta perderse de vista.
Los soldados españoles entraron a la choza del Cortes. -¿Quiere que vayamos por él?- lo miraron con curiosidad, pero el explorador español movió su mano con indiferencia. –Déjenlo ir…- suspiro –De todos modos, creo que tiene cierta razón…- sonrió y se levantó del escritorio.
-Creo que ya es tiempo de hacer una visita al gran Imperio Mexica…- un sonrisa malévola se dibujo en el rostro de Cortes al igual que en el rostro de sus soldados.
Un sonrisa por anhelo de poder y avaricia.
-Aah…- detuvo su caminar -¿En donde estoy…?- nuestro español se encontraba en medio de la selva.
De tanto coraje y cólera que le habían provocado, empezó a caminar sin rumbo específico y terminó perdiéndose por completo. -¡Aaaah!- sacudió su cabello con fuerza -¡Esto me gano por dejarme llevar por el enojo!- refunfuñó -¡Un jefe no debe de ser así!- empezó a regañarse así mismo dándose golpes en la cabeza.
España dio un largo suspiro y sin saber a donde dirigirse continuó caminando.
La espesura de la selva era muy abundante, y cada paso que daba el español, siempre se tropezaba con lo que al parecer eran lianas entrelazadas y pequeñas rocas disfrazadas por el musgo. España, miraba a su alrededor, la vista realmente era exótica. Ya había visto muchas antes, pero siempre le llamaban la atención. De cómo los árboles no parecían estar separados entre ellos, al contrario; parecían que solo fuese solo un gran árbol. El follaje de estos que era tan espesa, que a veces se podía estar tan oscuro que solo un rayito de luz te podía guiar. Sin embargo, siempre existía el peligro. Y siempre lo recordaba, cada vez que sus oídos u ojos captaban algo raro. Por ello, tenía su mano derecha siempre en el mango de su espada.
El español, empezó a sentir un poco de calor. La humedad que había estaba haciendo que comenzara a sudar de calor. Se detuvo por un momento y se desamarro la capa. Pero, a último momento se arrepintió. Ya que si se quitaba la capa tendría que estarla cargando y no quería hacerse más pesado el camino.
-Debí haberla dejado en el campamento…- soltó un suspiro y continuó caminando. La vista del español se encontraba atenta a sus alrededores. Ya que no sabía en que lugar se encontraba y a donde se dirigía. Pero realmente no era ese el motivo. Tenía una vaga esperanza de que se pudiera encontrar al niño que representara esa tierra. Cuando fue a la tierra de Malinche, tenía esperanzas de encontrarse a esa persona. Pero no encontró nada, a pesar de que había conquistado ese lugar. Pero, gracias a los indígenas que comentaron acerca de la capital principal Mexica; tuvo una nueva esperanza.
España se detuvo.
Sus ojos, empezaron a destilar tristeza y agacho su mirar.
Lo que más deseaba España, no era el placer de conquistar a la nueva nación. Al contrario, siempre deseó que se pudiera llevar bien con él sin que tuviera que odiarlo. Siempre, siempre que llegaba un nuevo lugar y se encontraba con ese nuevo país… lo terminaban odiando. Lo maldecían y pedían a gritos su muerte. No lo querían cercas de ellos ya que siempre representaba una amenaza.
Pero España, siempre sonreía y trataba de recompensar las cosas de alguna manera. Juegos, enseñanzas, tradiciones su cultura. Pero… a pesar de que de alguna manera lograba conseguir que ellos sonrieran un poco y olvidaran su odio, dentro de ellos; aún estaba esa terrible imagen.
La de un cruel conquistador, que al menor de los descuidos…
-Pero yo no soy así…- su voz se oída quebrada –Son esos sujetos petulantes que quieren hacer todo este daño…- hizo sus manos puños –Y yo… no puedo hacer nada…- y continuó caminando para poder olvidar esa idea. Entonces, el sonido del desplegar de unas alas llamo la atención del español sacándolo de sus pensamientos.
Era un águila que batía con fuerzas sus alas.
España relajo un poco su rostro. No tenía tiempo de andarse remordiendo con esas cosas. Y continuó caminando.
Habían pasado ya bastantes minutos e inclusive horas, desde que el español salió de su campamento. Posiblemente, los soldados de Cortes deben de andarlo buscando; pensó, ya que se había adentrado más a la selva.
-¿Pero en donde rayos me he metido…?- suspiró –Ya ni se por donde he de irme para poder regresar…- volteó hacia atrás. –Y ¿Si me quedo aquí perdido…?- detuvo su caminar. No había pensado en eso -¡Aaaaah!- gritó con fuerza -¡No, no, no!- se sacudió su cabello –Si no se como me puedo regresar ¡Jamás volveré a mi tierra y ni mucho menos podré comer Jamón Serrano nunca más!- entró en cierto pánico y empezó a voltear rápidamente a todos lados. Pero, como si fuera un rayito de luz; delante de él vio a una pequeña persona. Era alguien de piel morena y de cabello castaño largo hasta la mitad de su espalda. Que usaba un taparrabo, unos aretes de jade y en su tobillo derecho usaba un aro de oro.
Se encontraba placidamente dormida sobre una roca que estaba rodeada de nopales. Y, curiosamente; ahí estaba la misma águila que había visto hace horas atrás.
España lo miró con curiosidad
¿Qué podría estar haciendo una persona en un lugar así?
Motivado por su curiosidad, el español se acercó lentamente. Su corazón latía con fuerza. Acaso… ¿Sería aquello que tanto busca? Recordó que Inglaterra le había dicho, que había visto a America en medio de unas hierbas altas; que parecía perdido, pero que realmente sabía en donde se encontraba. Eso hizo que él español se emocionara más, haciendo que en su rostro se dibujara una gran sonrisa.
Pero, también… ¿Qué pasaría si no fuera?
Podría resultar, que realmente es un niño de una aldea indígena que esta tomando una siesta.
Aún que realmente era Tenochtitlan quien se encontraba durmiendo.
-Pues si es la nación…- llegó al frente del pequeño y se hinco estando unos metros separado de el
-¡Es una niña muy bella! ¡Fusosososososo~!- gritó emocionado el país -¡Es raro ver que una nueva nación sea una mujer!- rió, pero cayó inmediatamente, ya que vio que había hecho que despertara.
Lentamente, el niño fue despertando. Abrió uno de sus ojos castaños mientras bostezaba. E inclusive se estiró. Aún estaba soñoliento.
-¡Hola!- grito entusiasmado el país -¿Cómo amaneciste pequeña?- le estiró una mano gentilmente. El niño abrió sus ojos de par en par al ver ese extraño hablando alegremente al frente de él, dejándolo boca abierta. -¿Qué ocurre?- dijo curioso al ver que se había quedado inmóvil -¿Te sientes mal?-
En un acto inesperado, España sintió como su mano fue cortada rápidamente bajo el filo de algo haciendo que retrocediera.
-¿Qué demo…- vio mano rápidamente, había sufrido una cortadura en el mero centro de su palma. Luego dirigió su vista al niño, y se dio cuenta que en su mano derecha portaba lo que era una navaja. Y en su rostro se mostraba con fiereza y una posición bastante fuerza para demostrar que no tenía miedo.
-Esta bien, esta bien…- dijo apenado el español –Fue mi culpa por molestarte mientas dormías…- rió suavemente. –Pero creo que las niñas bonitas no deberían usar cosas tan peligrosas como esas- señalo el arma que portaba mientras se acercaba lentamente para quitarle el objeto punza cortante.
Pero de nuevo, lanzo un movimiento fugaz con la navaja. Pero esta vez, para protegerse; el español sacó su espada esquivando el navajazo. El niño dio un paso hacia atrás cuando vio la espada. No había visto algo así antes.
-¡Xux! (¡Vete!)- gritó fuertemente mientras le ponía delante de el la navaja. Se había asustado al ver esa cosa delante de él, pero no tenía que mostrar su temor. España, vio su reacción y volvió a envainar su espada. –Discúlpame, pero si no me protegía tú…- alzó sus dos manos en alto para que viera que no lo iba a lastimar -¡Mokaualistli! (¡Silencio!)- volvió a arrimarle el arma. España soltó un largo suspiro –Dios, ¿Por qué siempre me pasa esto a mí?- volteó a ver el cielo. –Ni siquiera puedo hacerme entender con esta pequeña niña…- lo miró un tanto afligido, pero la criatura aún mantenía una posición de defensiva.
Aprovechando que el español estaba distraído viendo hacia el cielo. El niño aprovecho y tomó con fuerza la muñeca del castaño, jalándolo y aplicando una fuerza sobre esta que hizo al español caer al suelo y doblegarse ante el dolor.
-¡Itetetete!- unas lágrimas salieron de los ojos del español -¡Me estas lastimando!- dijo mientras intentaba ponerse de pie o por lo menos quitar la pequeña mano sobre su muñeca -¡Te dije que te callaras!- gritó el niño bravamente -¡Pero me estas lastimando!- reclamó de nuevo mientras intentaba suprimir el dolor.
Un viento rodeo ha ambos. Los ojos de España se encontraron con los de Tenochtitlan, que lo miraban con desconcierto.
-¿Puedes…?- murmuró el español -¿Entenderme…?- susurró el niño.
Tenochtitlan soltó rápidamente al español y se alejo de él. Su rostro se mostraba anonadado. Realmente se encontraba asombrado.
¿Cómo es posible que hace unos momentos no le entendiera y ahora lo entendió a la perfección?
En el rostro del español empezó a recobrar ánimos, parecía que había encontrado lo que tanto buscaba después de todo. Y como si fuera una forma acosadora, empezó a encaminarse hasta el pequeño niño.
-Como…- empezó a retroceder con cierto temor el niño -¿Cómo me puedes entender…?- dijo en un hilo de voz.
España empezó a sonreír vivazmente.
-¡Eres tú!- gritó alegremente -¡Eres tú lo que tanto buscaba!- y sin pedir permiso alguno lo tomó de la cintura y lo estrecho fuertemente con él. -¡Suéltame! ¡Te digo que me sueltes!- gritó con fuerza el castaño intentando liberarse de los brazos de su opresor.
-Realmente eres la nueva nación ¿Cierto?- lo alejo de él y lo elevó en los aires -¡No se de lo que estas hablando!- empezó a patalear ya que por más que tratase no podía liberarse de él -¡Yo no se que es esa nación nueva a lo que te refieres!- empezó a golpear las manos del español.
-¿Cómo?- lo acercó hacia su rostro, Tenochtitlan se sonrojo -¿Acaso no sabes que eres una nación?- los ojos del español empezaron a brillar con más fuerza -¡No puede ser! ¡Esto es maravilloso!- lo volvió a abrazar con fuerza.
-¡Suéltame!- le dio una buena patada en el estómago que hizo sacarle el aire al español, que provocó que lo soltara inmediatamente.
-¡No se de que rayos me hablas!- volvió a tomar su arma que había dejado en el suelo -¡Por Quetzalcóalt que no se de que estas hablando!- lo miró con fiereza -¡Aparte! ¿¡Como te puedo entender!-
Tenochtitlan realmente estaba confundido. Estaba recibiendo información que no podía comprender o por lo menos, comprobar que fuera verdad.
-Si me dieras una oportunidad…- se incorporó lentamente después de que el niño le haya sacado el aire –Te puedo explicar todo lo que quieras…- le sonrió. –Mentiroso…- le acercó a la cara su arma mientras lo miraba con fríes. Pero España no se alteró y solamente le sonrió.
-Te lo juro…- susurró con calidez mientras le enseñaba ambas manos –Te prometo que te diré la verdad…-
Tenochtitlan pudo ver que en la mano, que le había hecho una herida; había sanado. Esto hizo que se sorprendiera aún más, y dirigiera su vista al español.
-Si me dieras la oportunidad…- volvió a susurrar suavemente.
El pequeño imperio miró su arma. Cerró sus ojos y la soltó.
–Mi señor teme de ustedes…- dijo seriamente –No puedo confiar en ti-
-Puedes confiar en mí pequeña…- sonrió calidamente mientras acariciaba la cabeza de este.
Tenochtitlan agacho su mirar y se sonrojo un poco.
-No soy niña…- miró al español y diciendo esto se levantó el taparrabos.
España abrió sus ojos de par en par, quedándose boquiabierto, tosió un poco avergonzado; y sonrió.
-Digo, puedes confiar en mí pequeño…- dijo con su cara completamente roja como tomate.
Capítulo 2. Chontaltin (Extraños)
