Capitulo 29
Están festejando el día libre que les dieron. Ella esta sentada sobre un banco hablando con Angela. Después lo ve. Va hacia ella con esa sonrisa, esos lentes oscuros y esa chaqueta. A Bella le salta el corazón. Angela se da cuenta rápido.
-no mueras por favor-
Bella le sonríe después corre a encontrarse con Edward. Se va con el, sin preguntarle como hizo para conseguirla, donde la está llevando. Se despidió de sus compañeras con un 'adios' distraído.
Cuando llegan frente a la moto, Bella lo mira curiosa.
-Adonde vamos?-
-Es una sorpresa.- Edward va detrás de ella y saca fuera del bolsillo la bandana azul que le robo y le cubre los ojos.
-No hagas trampa… no debes ver.-
Ella se lo arregla mejor, divertida.
-Este pañuelo me parece conocido…- después le pasa un audífono de su Sony y parten juntos abrazados escuchando las notas de Tiziano Ferro.
Mas tarde… Bella se mantiene abrazada detrás de el, con la cabeza apoyada sobre su espalda y los ojos cubiertos por la bandana. Siente como si volara, un viento fresco acaricia sus cabellos y un olor de humedad perfuma el aire. Hace cuanto salieron? Trata de calcular el tiempo del CD que esta escuchando. Entonces lleva casi una hora que están viajando. Pero hacia donde vamos?
-Falta mucho?-
-Ya casi llegamos. Estas viendo?-
-No.
Bella sonríe y se apoya de nuevo a su espalda, apretándolo fuerte. Enamorada. Acelera dulcemente y va hacia la derecha, arriba por la subida preguntándose si ella ha entendido.
-Ya llegamos. No, te quites la bandana. Esperame aquí.-
Bella trata de entender donde esta. Sigue siendo de tarde. Siente un sonido lejano, repetitivo y ahogado, pero no entiende de qué se trata. Por un momento, escucha un ruido más fuerte, como si algo hubiera sido golpeado.
-Ven conmigo- Edward la agarra por la mano.
-Que paso?-
-Nada. Sígueme.- Bella temerosa se deja llevar. Ahora el viento paró, el aire se volvió mas frío, pareciera casi húmedo.
-Quédate quieta aquí.- Edward la abandona por un momento. La mano de Bella se queda sola, suspendida en el vacío.
-No me sueltes…-
-Estoy aquí cerca de ti.-
Después un fuerte sonido continuo, mecánico, como madera. Una ventana que se alza. Edward le quita dulcemente la bandana. Bella abre los ojos y de repente todo aparece.
El mar en el horizonte brilla frente a ella. Un sol caliente y rojo parece sonreírle. Esta en una casa. Sale, debajo de la ventana alzada, hacia la terraza. Abajo a la derecha reposa romántica la playa del primer beso de ellos. A lo lejos sus colinas preferidas, su mar, los lugares conocidos: Port'Ercole. Un pelicano le pasa cerca. Bella mira alrededor emocionada. Ese mar plateado, la arena amarilla, los arbustos verdes oscuros, esa casa solitaria sobre las rocas. Su casa, la casa de sus sueños. Y ella esta ahí, con el, y no esta soñando. Edward la abraza.
-Estas feliz-' ella le indica que si con la cabeza. Después abre los ojos. Mojados y soñadores de pequeñas lágrimas transparentes, lucidas de amor, bellísimas. El la mira.
-Que pasa?-
-Tengo miedo.-
-De que?-
-De que nunca volveré a ser tan feliz como ahora…-
Después, loca de amor, lo besa de nuevo en medio de ese hermoso horizonte.
-Ven, entremos.-
Se ponen a dar vueltas por esa casa desconocida, abriendo cuartos, inventando historias de cada habitación, imaginándose como si fueran los propietarios.
Levantan todas las ventanas, consiguen un gran Stereo y lo prenden. -Aquí también se escucha Tele Radio Stereo.- Ríen. Giran por esa casa abriendo las gavetas, revelando los secretos, divirtiéndose juntos. Separados, se llaman cada tanto para mostrarse hasta el descubrimiento más pequeño y todo parece mágico, importante, increíble.
Edward saca el baúl de la moto y entra de nuevo en la casa. Poco después la llama. Bella entra en el cuarto. La gran ventana da hacia el mar. El sol ahora parece que estuviera guiñando un ojo. Esta desapareciendo en silencio detrás del horizonte lejano. Ese ultimo rayo educado pinta de rosado las nubes suaves esparcidas mas en lo alto. Su reflejo casi dormido corre por una línea dorada. Atravesando el mar para apagarse sobre las paredes de ese cuarto, entre sus cabellos, sobre sabanas nuevas, apenas puestas.
-Las compre yo, te gustan?- Bella no responde. Mira alrededor. Un pequeño mazo de rosas rojas reposa en un vaso cerca de la cama.
Edward abre el baúl.
-Y voila!-
Adentro esta hielo derretido y algunos cubos todavía flotando. Edward saca una botella de champaña con dos copas envueltas con un periódico.
-Para no romperlas.- Explica. Después del bolsillo de la chaqueta saca una pequeña radio.
-No sabia si había.-
La prende, la sintoniza en la misma frecuencia del stereo de la casa y la pone sobre la mesa de noche.
Un pequeño eco de la canción 'Ciertas noches' se esparce por el cuarto.
-Pareciera casi hecho a propósito… sobretodo si estamos por anochecer…-
Edward se le acerca, la agarra entre los brazos y la besa. Ese momento le parece tan bello que Bella olvida todo, sus propósitos, sus miedos, sus escrúpulos. Lentamente se deja quitar la ropa, desnudándolo ella también. Se encuentra completamente desnuda por primera vez entre sus brazos, mientras una luz mágica, esparciéndose sobre el mar, ilumina tímidamente sus cuerpos.
Una joven estrella curiosa brilla alta en el cielo. Después, entre un mar de caricias, el sonido de ondas lejanas, el rumor de un alegre pelicano, el perfume de las flores, sucede.
Edward se desliza delicadamente sobre ella. Bella abre los ojos tiernamente feliz. Edward la mira. No parece asustada. Le sonríe, le pasa una mano entre sus cabellos dándole confianza. En ese momento, de la pequeña radio cercana y en toda la casa comienza a sonar inocentemente Beautiful, pero ninguno de los dos se da cuenta. No saben que esa se volvería 'su canción'. Ella cierra los ojos conteniendo la respiración, repentinamente llevada por esa emoción increíble, de ese dolor de amor, de la magia de volverse suya por siempre. Alza la cara hacia el cielo, suspirando, agarrandose a sus hombros, abrazándolo fuerte. Después se deja llevar, delicadamente mas tranquila. Suya. Abre los ojos. El esta ahí, dentro de ella. Esa suave sonrisa ondea de amor sobre su cara besándola cada tanto. Pero ella no está mas. Esa muchacha de los ojos chocolates asustados, de tantas dudas, de los miles miedos, desapareció. Bella piensa cuanto desde pequeña le fascina la historia de las mariposas. Aquella oruga y aquel pequeño capullo que se tiñe de miles esplendidos colores y de repente, aprende a volar. Entonces se ve de nuevo. Fresca, delicada mariposa apenas nacida, entre los brazos de Edward. Le sonríe y lo abraza mirándolo a los ojos. Después le da un beso, suave, nuevo, apasionado. Su primer beso de joven mujer.
Mas tarde, echados entre las sabanas, el le acaricia los cabellos, mientras ella lo aprieta con la cabeza apoyada en su pecho.
-No soy buena, verdad?-
-Eres buenísima.-
-No, me siento tonta. Me debes enseñar.-
-Eres perfecta. Ven.-
Edward la agarra por la mano y se la lleva hacia el. Entre las flores de la sabana, una pequeña flor roja, apenas creada, se distingue del resto, mas pura e inocente que todas.
De nuevo abrazados en la bañera. Beben champaña hablando alegres, ligeramente brillantes de amor. Rápidamente ebrios de pasión se aman de nuevo. Esta vez sin miedo, con mas seguridad, mas deseo. Ahora le parece más bello, más fácil de mover las alas, ahora no tiene miedo a volar, entiende la belleza de ser una joven mariposa. Después agarran las batas de baño y bajan hacia la cabaña privada.
Se lanza de segunda. Nadan así, en el agua fresca y salada, bajo el reflejo de la luna, empujado por pequeñas ondas, abrazándose cada tanto, bromeando, alejándose para después juntarse de nuevo, para saborear esos labios de sabor champaña marino. Mas tarde, sentados sobre una roca, envueltos en las batas de baño de Amarildo y Sigfrida, miran soñadores las miles estrellas encima de ellos, la luna, la noche, el mar oscuro y tranquilo.
-Es bellísimo aquí.-
-Es tu casa, no?-
-Estas loco!-
-Lo se!-
-Soy feliz. Nunca he sido así de feliz en toda mi vida. Y tu?-
-Yo?- Edward la abraza fuerte. -Estoy demasiado feliz.-
-Como para lograr tocar el cielo con un dedo?-
-No, no así.-
-Como no así?-
-Mucho mas. Al menos tres metros sobre el cielo.-
El día después Bella se despierta y, mientras debajo de la ducha los últimos rastros salados abandonan su cabello, piensa emocionada en la noche anterior.
Desayuna, saluda a su mamá y se monta en el carro con Alice, lista para ir a la escuela como cada mañana. Su padre se para en el semáforo debajo del puente de la vía Francia. Bella esta todavía somnolienta y distraída cuando de repente la ve. No cree a sus ojos. En lo alto, más alto que el resto, sobre la blanca columna del puente, una escritura domina las otras, imborrable. Esta ahí, sobre el mármol frío, bella como siempre la quiso. Su corazón comienza a latir veloz. Por un momento le parece que todos pueden sentirla, todos pueden leer esa frase, justo como ella lo esta haciendo en ese momento. Y ahí, en lo alto, inalcanzable. Ahí solo donde los enamorados logran llegar:
-Tu y yo… Tres metros sobre el cielo.-
24 de diciembre.
Esta despierto. En realidad no ha dormido nada. La radio esta encendida. Ram Power: uno lo vive, uno lo recuerdo. Que cosa hay para recordar? Tiene dolor de cabeza y los ojos le duelen. Se gira en la cama. De la cocina vienen sonidos. Su hermano esta haciendo el desayuno. Mira el reloj. Son las nueve. Quien sabe a donde va Emmet a esa hora, el día antes de navidad. Hay personas que siempre tienen algo que hacer, piensa, hasta en los días festivos. Siente la puerta cerrándose. Salio. Tiene un sentimiento de alivio. Tiene ganas de estar solo. Después un extraño sufrimiento lo toma. No tiene ganas. Esta solo. Con esa idea se siente aun peor. No tiene hambre, no tiene sueño, no tiene nada. Se queda así boca abajo. No sabe por cuanto tiempo. Poco a poco comienza a ver ese cuarto en días más felices. Cuantas veces por la mañana ha encontrado los zarcillos de Bella sobre la mesita de noche, cuantas veces su reloj, cuantas veces estuvieron juntos en esa cama, abrazados, enamorados, deseosos el uno del otro. Sonríe. Se acuerda de sus fríos pies, esos pequeños dedos helados que ella riendo apoyaba en sus piernas mas calientes. Después que habían hecho el amor, cuando se echaban ahí, a hablar, mirando la luna por la ventana, la lluvia o las estrellas, igualmente felices, si hiciera calor o lloviera. Acariciándole los cabellos sin importar que sucediera afuera, olvidando las guerras, los problemas del mundo, las nuevas calles, la gente. Después imagina de nuevo a ella yendo a su baño, admira de nuevo enamorado esas marcas más claras sobre su piel, la sombra de un traje de baño apenas quitado, un sostén desabrochado. La escucha reír con esa puerta cerrada, la ve caminar con su forma graciosa, con esos cabellos mojados, correr penosa hacia la cama, lanzarse encima de el, aun fresca de agua, aun perfumada de amor y de pasión. Edward se voltea de nuevo en la cama, mira el suelo. Cuantas veces, con mala gana, ha llegado la hora de vestirse, de acompañarla a casa. Entonces silencioso y vecinos, sentados sobre esa cama comenzaban a vestirse, lentamente, pasándose cada tanto alguna cosa que pertenecía al otro. Intercambiando una sonrisa, un beso, poniéndose una falda, hablando inclinados, amarrándose los zapatos, dejando la radio prendida, por poco, antes de regresar. Donde estará en este momento. Y porque. Siente una puntada en el corazón.
