Creo que ahora no hay nada que decir. Bueno sí, pero lo colocaré al final.
Maiden Out
Con una vara, España se encontraba sobre el suelo haciendo unos trazos sobre ella.
Tenochtitlan miraba intrigado al español, que se encontraba haciendo lo que al parecer eran una especie de dibujos.
España, en cuclillas; con una sonrisa dibujaba en su rostro, dibuja sobre la tierra ciertas cosas, para que pudiera hacer entender al pequeño imperio que había encontrado; lo que tanto quería. Lo miro de reojo. El niño se encontraba sentado sobre una gran piedra, mirándolo meticulosamente con su arma empuñada y alejado a cierta distancia de él. Suspiro. Aún no ganaba su confianza. Y, sin más resignación; continuó haciendo sus trazos. Pero continuaba sonriente. A pesar de todo el ajetreo que tuvo que esperar por más de cuatro meses, obtuvo lo que tanto anhelaba. Al la pequeña nación que estaba al frente de él, intentando matarlo con la mirada.
-¡Ya termine!- gritó mientras se quitaba el sudor de su frente –Con esto, seguro que entenderás perfectamente- le guiño un ojo al pequeño -¿Y se puede saber que se supone que es esto?- arqueó una ceja Tenochtitlan mientras señala al suelo.
España había dibujo un mapa de Europa con todo y sus divisiones de los países. Y debajo de este mapa, había dibujado su cara, la de los hermanos italianos, Francia, Inglaterra y otros países que conformaban Europa. Tenochtitlan no le pasa ni la menor idea de lo que era.
-Eso se llama Europa- sonrió el español mientras se quitaba la capa roja que llevaba consigo –De ahí es donde yo vengo- y con la misma vaya señalo lo que era su tierra.
–Pero yo soy español, por que vengo del país de la pasión ¡España!- dicho con mucho orgullo mientras elevaba la vara al cielo -¡El país donde gobierna el sol! ¡Ese soy yo! ¿Lo entiendes?- volteó a ver al imperio con alegría –No entiendo nada de lo que dices- soltó un bostezo.
España sintió como si una piedra le cayera encima. –Cierto, me estoy adelantando mucho…- rascó su sien y cerró sus ojos para ponerse a pensar. –Sabes…- suspiro el pequeño –Estas haciendo que dude más de ti cada segundo que pasa…- miró con cierta fastidies al español. -¡No, no, no!- sacudió su cabeza al oír eso el español -Solo espérame un segundo ¿Vale?- y volvió a hundirse en el pensamiento. Tenochtitlan realmente se estaba fastidiando. Por un momento realmente se convenció de que esa persona podría darle sus respuestas, ya que "según" su señor; era un enviado de Quetzalcóalt. Pero por su actitud… le hacía pensar cosas muy contradictorias acerca de esa teoría. Sin nada más que hacer, el imperio se recostó sobre la piedra y continuó viendo al español que parecía león enjaulado, moviéndose de un lado al otro.
Y como si fuera un relámpago, una idea ilumino su mente.
-Ya sé por donde empezar- se sentó en el suelo al frente de lo que era el mapa. Para no invadir el espacio del pequeño, ya que Tenochtitlan se encontraba en el otro lado del mapa donde lo dibujo. El imperio se incorporó y dobló sus piernas. –Dime- lo seguía viendo con indiferencia. -¿Tú sabes lo que es una nación?- miró hacia el mapa que estaba en frente de él –Por supuesto que no- dijo seriamente -¿Cómo quieres que te diga algo que yo no se?- torció sus ojos.
-Bueno…- tomó la vara –Una nación, es aquel territorio o pedazo de tierra que tiene sus propias reglas, un gobierno, fuerzas militares y muchas cosas más- y señalo los pequeños países que conformaba Europa.
–Por ejemplo…- sonrió, y con la varilla marcó la cara de Inglaterra –Este sujeto de aquí se llama Inglaterra- y trazó a partir de su cara, con una línea; hasta lo que era su país. –Este es su territorio, esto es su nación- miró de reojo a Tenochtitlan, que al parecer había logrado captar su atención. Sonrió. –Estas dos cosas tiernas- marcó la cara de los hermanos Italianos –Se llaman Italia- e hizo el camino hacia el país con forma de bota –Ese es su territorio, ellos se llaman Italia del Norte e Italia del Sur. Pero ellos son solamente una sola nación que se llama Italia- rió suavemente –Y esta cosa rara que ves aquí- señaló su rostro e hizo un camino hasta lo que era su territorio –Como te dije antes, es España; ¡El país de la pasión!- gritó con ahínco –Yo represento ese país- volteó a ver a Tenochtitlan.
El moreno se encontraba viendo con cuidado lo trazados que había hecho España y recordando lo que le había dicho el país. –Entonces…- susurró –Esas personas… son de esos países…- miró con curiosidad al español. –Así es- confirmo el castaño –Sin embargo, hay algo que nos diferencia de ello- dijo con seriedad.
-Es cierto que, ellos son de los países que te acabo de mencionar. Pero no es solamente eso…- entonces encerró a todos los países en un circulo –Todos nosotros, representamos a nuestro país…- susurró – ¿Representar?- cruzó sus brazos -¿A que te refieres?- lo miró intrigado. España, soltó un suspiro largo y miró hacia el cielo. –Por alguna razón…- susurró suavemente -Cual nosotros desconocemos… Fuimos "elegidos" para representar a esas naciones… Somos países con forma humana…- miró de vuelta al imperio, que en sus ojos se denotaba cierto sentimiento de intriga y desconcierto –Cuando un país nace, nacemos nosotros. Como cuando una mujer da luz aún hijo- sonrió suavemente
–Yo soy España, el país España- se llevó su mano al pecho –Llevó mucho tiempo viviendo en este mundo y he pasado un sin fin de cosas para ser lo que soy- cerró sus ojos –Guerras, enfrentamientos… Todo para ser lo que soy- suspiro –Pero te ves joven… No pareces que hayas vivido mucho tiempo…- dijo casi en un hilo de voz el niño –Y si es cierto lo que dices ¿Por qué no eres como los ancianos?- .
–Es por que el tiempo no me hace efecto en mí ni en los demás países- rió –Un país cuando nace, es como un bebé; nace en una tierra fértil y grande, lista; para desarrollarse. Cuando uno logra un gran avance en su país. Crece, hasta convertirse lo que es uno ahorita- se señalo así mismo –Claro, realmente tenemos muchos años de vida; pero a los ojos humanos no parece-
España al terminar miró hacia al frente. Tenochtitlan se encontraba viendo las palmas de sus manos con cierta confusión. Cerrándolas y abriéndolas constantemente. –Entonces… ¿Yo soy una nación…?- susurró y sus pequeños ojos vieron al español con cierta tristeza. –Así es…- susurró con dulzura –Eres una nación muy pequeño como te habrás dado cuenta ya…- le sonrió con calidez, ya que al ver visto sus ojos; sintió como el pobre niño iba captando todo. Realmente sentía, que si se ponía en su lugar era algo muy duro de saber. Por eso procuraba contarle todo de una forma amable y suave.
-Eso explica por que no he crecido…- dijo un poco desanimado mientras veía su cuerpo –Tranquilo- se estiró un poco y sobó la cabeza del imperio -¡Estoy seguro que muy pronto crecerás!- gritó con alegría, haciendo que Tenochtitlan se sintiera un poco apenado.
-¡Pero!- quitó la mano de España en su cabeza -¿Cómo explicas lo de las heridas?- observó que la mano que había agarrado, era justamente la que había lastimado con su arma. Y esta, ya se encontraba recuperada.
-No entiendo eso. Siempre, siempre me he lastimado muy grave en batallas cuando peleo con las otras ciudades- dijo fuertemente –Heridas de muerte, heridas; que he visto en los grandes guerreros de élite y que gracias a ellas mueren…- agachó su mirar –Sin embargo… yo sigo con vida…- entonces elevó su mirar hacia el español, una mirada que le exigía respuesta. –Mi señor dice, que es un don que Quetzalcóalt me dio…- susurró.
España miró afligido al imperio. Parecía, que siempre había creído en eso y que estaba apunto de ser aplastada esa idea. El español sonrió.
-No eres el único que creyó en eso- miró a Tenochtitlan –Yo en un tiempo pensé en lo mismo, pero me dí cuenta que no era eso…- sonrió un tanto apenado –Pero en si es un "don"- señaló. Se levantó del suelo y le dio la espalda. –Ahora veras, por que las heridas…- sonrió y empezó a quitarse la camisa de mangas largas blanca.
El imperio quedó anonado. El cuerpo de España tenía un sin fin de cicatrices por todo su cuerpo y que con la luz del sol, hacían relucirsas un poco más. En su pecho, en su espalda, en sus brazos y en varios lugares más. Había unas que estaban muy marcadas y otras, que a penas se podían ver si no te acercabas. Tenochtitlan asombrado, se levantó del suelo y camino hacia el español. Con cuidado, como si las heridas fueran recientes; con las yemas de sus dedos empezó a delinear las cicatrices una por una mientras recorría su cuerpo.
-Pero… ¿Qué te paso…?- susurró –He visto… muchos guerreros… que ahora son viejos sabios y en su cuerpo llevan con honor las heridas que sufrieron en batalla… Pero tú…- miró los ojos verdes del español con asombro –Llevas muchas más…- continuó mirando las heridas selladas de España. –Losé, son muchas cicatrices…- dijo un tanto apenado –Estas marcas, son todas aquellas batallas que he sufrido en lo largo de mi vida. Pero de batallas, que han marcado algo muy significativo para mí, en mi país…- susurró –Pero por más que profunda sea la herida, no podemos morir- le sonrió
-¿Entonces no podemos morir?- le preguntó con curiosidad mientras se alejaba de él –Bueno…- rascó su mejilla –Si podemos morir o algo así…- se volvió a sentar en el suelo, tomó la vara y volvió a dibujar.
-¿Y ese quien es?- se acercó curioso a ver lo que había dibujado el español –El gran Imperio Romano- miró al pequeño curioso –Bueno… el no murió, más bien desapareció… o algo así- se puso a pensar -¿Cómo mi abuelo?- le quitó la vara España y empezó a dibujar –Mi abuelo vivió antes que yo- terminó de dibujar a un gran hombre que usaba un gran penacho y una capa –Azteca, mi abuelo Azteca- sonrió –Y creo, que por lo que me has dicho, también él era uno de ustedes- lo miró.
-Como uno de nosotros, dirás- sonrió alegremente España.
-A ver si entendí…- se alejó del español y empezó a caminar de un lado al otro –Tu eres un país, el país llamado "España" ¿Cierto?- miró al castaño –Así es- afirmo –Pero, no eres una persona así como un habitante. Eres la representación "humana" del país que se llama "España" ¿Cierto?- -Correctamente- volvió a afirmar. –Los países "crecen" cuando logran algo importante para ellos mismos. Y no podemos morir por heridas graves o algo por el estilo, por que son países. Pero pueden llegar a desaparecer así como ese tal Imperio Romano y mi abuelo ¿Cierto?- detuvo su caminar y miró fijamente al español.
-No podría estar más de acuerdo contigo- suspiro alegremente el español –Pero aún me queda una duda…- cruzó sus brazos -¿Por qué te puedo entender y hace unos instantes no podía?- arqueó una ceja.
–Posiblemente por que apenas he tenido contacto contigo- alzó sus hombros –A la primera no puedes llegar a entender lo que dice una nación hasta que tengas un contacto físico o verbal con el otro- se sobó su cabeza.
Tenochtitlan cerró sus ojos y suspiro.
-Entonces, soy una nación- dijo seguro mientras veía su cuerpo –Eres una pequeña apenas- dijo risueño el español. Pero sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Era gracias a Tenochtitlan que lo miraba con odio.
-¿Qué dijiste?- tomó su arma y la empuño con fuerza -¡Quiero decir pequeño nación! ¡Pequeño nación!- empezó a batir sus brazos –Disculpa, pero es que tu cabello largo y esos aretes me hacen pensar que eres una niña- rió nerviosamente -¿Quieres que me vuelva a levantar mi ropa para que veas que soy hombre?- tomó la cola de su taparrabos. -¡No, no! ¡Déjalo así!- se levanto y le quito la mano del taparrabos.
-Ya sé que eres hombre- se sonrojo –Así que no lo hagas por favor…- agacho su mirar. Una leve risa, hizo que el español elevará su mirar. Era el pequeño Tenochtitlan que reía bajamente. España sonrió.
-Pero dime, te he contado ya todo y tu ni siquiera me has dicho cual es tu nombre- se hincó el español.
-Tenochtitlan- dijo sonriente y orgulloso –Del gran Imperio Mexica, Tenochtitlan- elevó su rostro para mostrar grandeza. -Tenochtitlan que significa "Lugar de tunas sobre piedra"-
–Entonces un gusto de conocerte- aplaudió –Yo soy España, es un gusto conocerte Tenoch…- sintió como su lengua se trabo al intentar decir el nombre del pequeño –Tenoch… ¡Tenochti…!- intentaba con sumo esfuerzo pronunciarlo, haciendo que su cara se pusiera roja. Una sonrisa empezó a salir de la boca del imperio.
–Tenochtitlan, Tenochtitlan- repitió –Tenoch… Tenochti… ¡Tenochticlan!- sonrió ante su victoria alzando sus brazos al cielo y mirando con alegría al pequeño.
Pero este le señalo con el dedo que no, e hizo que el español se sintiera mal, como un niño regañado.
-Ni creas que lo has dicho- sacudió su cabeza mientras lo miraba con travesura.
–Es "TL" no "CL"- le corrigió –Te-noch-ti…- señalo su boca –Tlan…- dijo lentamente -¿Te fijaste como puse la lengua?- volvió hacer el movimiento –Está detrás de los dientes de enfrente haciendo presión ¿Puedes hacerlo?- miró con curiosidad al país. Este asentó con su cabeza varias veces que sí.
-Es, Tenochti…- paró de decir su nombre y miro al niño para saber si lo estaba haciendo bien –Tlan…- pronunció el mexica – ¡Tlan…!- pronunció jubilosamente al haberlo dicho bien
-¡Tenochticlan!- alzó ahora si con seguridad su brazos.
-Lo volviste a decir mal…- cruzó sus brazos Tenochtitlan mientras lo miraba con burla -¡Aaaah! ¡No se vale!- empezó hacer berrinche el español -¿Por qué no tienes un nombre fácil de decir?- lo miró con ojos llorosos. Tenochtitlan quedó pensativo. –De hecho…- llevó su mano a su mentón –Si tengo otro…-
-¡Dímelo! ¡Mientras sea fácil seré feliz!- abrazó al moreno con fuerza -¡Nunca he podido decir bien esos nombres tan difíciles!- lloró con fuerza -¡Esta bien! ¡Esta bien!- intentó zafarse -¡Solo suéltame!-inmediatamente el español lo soltó. España se puso de rodillas, junto sus manos como si fuera orar y miró con ojos de perrito regañado al imperio. -Esta bien…- dijo asustado por como se comportaba el país –Y pensar que mi señor teme de ustedes…- lo miró con ironía.
–México- le arrebató la vara que tenía en la mano España –Puedes llamarme México- y empezó a dibujar en el suelo.
-Realmente me llamo México-Tenochtitlan- sonrió mientras dibujaba lo que al parecer era una pequeña isla –Pero normalmente soy Tenochtitlan, por que el isla que estaba en el centro del lago, donde hicieron el imperio; se llamaba México-
España miraba con atención los dibujos que hacía el pequeño.
-"Metztli" de "luna"- dibujo un circulo arriba de la isla -"Xictli" de "ombligo"- dibujo lo que era un nopal y sobre este un águila devorándose una serpiente – Y "Co" de "lugar"- encerró todo en un gran circulo
–"En el centro del lago de la luna"- susurró suavemente sintiendo, como al haberlo dicho; se llenaba de orgullo y honor. –Así me han puesto…- volteó a ver al español con calidez –Ahora que se lo que soy, realmente me siento más orgulloso- agachó su mirar y observo con cariño el dibujo -Gracias a ti España…- dijo tímidamente.
Las mejillas de España se ruborizaron. Nunca alguien le había dicho gracias por ello.
–De nada…– susurró –México… – sonrió y comprobó que era realmente fácil decir ese nombre.
Tenochtitlan al escuchar eso, también hizo que se ruborizara.
Ya que España lo había dicho con suavidad mientras lo miraba con ternura.
-¡Ni… ni… ni creas que aún confío en ti!- gritó apenado -Solo por… por que te dije mi otro nombre… ¡Signifique que ya confíe en ti!- le dio la espalda al español ya que realmente se sentía a penado. El español solo rió –No te preocupes- se acercó a el y le sacudió el cabello –Yo se que todavía no confías en mi del todo ¡Pero verás que pronto nos llevaremos bien!- dijo alegremente -¡Déjame!- se alejó del español ante aquel acto de cariño. –Disculpa otra vez…- se alejo del niño, quien se encontraba más ruborizado que antes.
España miró a su alrededor. Se dio cuenta que el atardecer ya había llegado y que en poco tiempo iba a oscurecer. Dio un trago de saliva y soltó un suspiro, tenía que irse de ahí antes de que los soldados llegasen por él. Aún no era tiempo de que supieran que había encontrado al Imperio. Pero ¿Cómo iba a regresar? Estaba perdido, y por pura casualidad; se encontró con México.
México… Al español se le ocurrió una excelente idea.
Con cuidado, se acercó a cierta distancia del niño que se encontraba dándole la espalda. Y con sigilo se hincó a un lado de él. –Oye México…- le tocó el hombro, haciendo que volteara -¿Sabes como llegar a la costa?- sonrió calidamente –Supongo que has de saber como llegar ¿Cierto?- le guiño un ojo. México miró intrigado al español –Claro que sí ¿No crees que es obvio?- dijo burlonamente –Entonces…- se levantó del suelo
-¿Serías tan amable de poder llevarme hasta allá?- hizo una leve reverencia. México, extrañado por la actitud seria del país, lo miro con desconfianza. Pero, no podía ser descortés cuando le había explicado lo que él era después de tanto tiempo.
-Esta bien…- volteó a verlo –Te llevaré a la costa…-
El país y el imperio iban caminando uno al frente del otro. México por adelante mientras España lo seguía. -¿Ya llegamos?- dijo curioso el español –Aún no veo la costa- llevó su mano hacia un ojo e hizo una alusión como si tuviera un catalejo. –Cuantas veces te lo repetiré…- dijo un tanto fastidiado. Parece que no era la primera vez que el español le decía esa pregunta -¡No!- gritó molesto -¡Aún falta un poco más!-
Después de eso, ambos permanecieron en silencio. México, con paso apresurado para llegar rápido a la costa y España con una cara de preocupación. Realmente no quería llegar a la costa, quería llegar a la villa donde se encontraban sus hombres. Pero la razón por la cual le preguntaba si ya habían llegado, era para poder detenerse y seguir el camino a pie solo. Ya que, si lo llegara a ver Cortes; muy posiblemente quisiera que lo conducirá hasta donde se encuentra su imperio y hacer lo mejor que sabía hacer...
España sacudió su cabeza para no pensar en eso.
-¿Ocurre algo?- detuvo su caminar el pequeño imperio –Miro que en tu rostro algo te aflige- lo miró con seriedad a los ojos. España, intentando no preocupar al pequeño solo sonrió. –Nada, creo que tengo sueño- bostezó. México lo miro con intriga, realmente sabía que el español tenía algo. –Enserio… no tengo nada- volvió a afirmar el español un tanto serio. El niño lo miró con seriedad y volvió a retomar su caminar. España soltó un suspiro de alivio y continuó caminando.
-Sabes…- murmuró México –Hay algo, que no te pregunte…- pero no volteó a ver a su seguidor y siguió caminando -¿Dime?- dijo con alegría -¿Acaso quieres saber quien es Romano?- sonrió. México lo miró de reojo –No, no es eso- sacudió su cabeza y miró hacia al frente. -¿Entonces que es?- dijo curioso –Si es algo que el gran España sabe… ¡Te lo diré con mucho gusto!- batió alegremente sus brazos. –Entonces te lo diré- dijo con seguridad. Pero nunca detuvo su caminar.
-Si tú, eres el país "España…- murmuró -¿Ellos que son?- dijo refiriéndose a los demás españoles
-¿Son de España o realmente son enviados de mi Dios? Y si es así…-
Un frió viento empezó a mover las copas de los árboles, haciendo que más de mil aves salieran al vuelo. Pero provocando más un fuerte escalofrió al español que le erizó la piel haciendo que se detuviera.
-¿Para que… han venido…?- susurró –O mejor dicho…- volteó lentamente a ver al español quien se encontraba con sus ojos abiertos de par en par, petrificado; antes las palabras del niño. -¿Para que has venido tú aquí?- un viento fuerte y congelado los rodeó a ambos.
España permanecía inmóvil. Sin reacción alguna. Ya que acababa de escuchar, las palabras prohibidas que solamente murmuraban las nuevas pequeñas naciones, después de haber sido conquistadas. El conquistador agacho su mirar y cerró sus ojos. Sentía como la mirada de México lo miraba con rigidez y no con temor. España suspiro y sintió como su lado conquistador salía. Parece que se ha encontrado a un imperio muy listo.
-Todo a su tiempo México…- murmuró sonriente sin levantar su vista –Aparte, ya te he dado mucha información y no quiero sobre cargarte con más de esta- levantó su rostro, pero en ves de tener una apariencia sombría; sonreía alegremente como si nada hubiera pasado. –Así que quiero que primero analices lo que te he dicho ahora y en otro día te he de contar lo demás ¿Vale?- guiño su ojo. El moreno suspiro. –Esta bien…- y volteó hacia atrás –Por cierto, ya hemos llegado- señalo hacia al frente con su dedo – ¿Aquí es donde se han instalado cierto?- arqueó una ceja y miró al español. Este se quedo sorprendido ¿Cómo es posible que se haya dado cuenta? -¿Pensabas que no sabía nada de tu pueblo que hicieron?- le sonrió pícaramente.
-De hecho…- miró hacia al frente y comprobó que era cierto. Delante de él, a más de unos 3 kilómetros se podían ver las luces que se estaban prendiendo ya que había empezado a oscurecer. –Aún que mi señor no me haya dejado salir de la ciudad por más de cuatro meses…- cruzó sus brazos y cerró sus ojos –Les pedía a los guerreros águila que me contaran todo acerca de lo que habían visto u oído- sonrió ante su astucia.
-¡México es tan listo!- se agachó el español, abrazó al pequeño imperio y lo elevó del suelo -¡Me sorprendes mucho!- empezó a girar con él -¡Qué me sueltes!- empezó a moverse para zafarse -¡Me estas mareando!- gritó -¡Ah es cierto!- se detuvo de golpe y miró al niño –No quiero que le cuentes nada a tu señor de lo que te he dicho- con su dedo índice tocó la nariz del pequeño –Si llegase a enterarse de esto, realmente te meterás en mucho embrollos. Así que no digas nada- frunció un poco su ceño –Que esto sea entre los dos- junto su frente con la frente de México y lo miró con ternura. México se sonrojo por tenerlo tan cercas y volteó hacia otro lado para no verlo a sus ojos. – ¡Lo que quieras…!- dijo apenado.
El español sonrió y lo colocó en el suelo.
-Yo tampoco diré nada- dio unos pasos hacia al frente para irse encaminando hacia la villa –Ya es noche- miró hacia el cielo que ya estaba estrellado –Deberías de irte a tu hogar- miró al niño –Has de tener preocupado a tu señor. Así que ve rápido- y diciendo esto empezó a caminar hacia la villa -¡Buenas noches!- alzó su mano al aire y se despidió del pequeño.
México observo al español como se marchaba de ahí. Dentro de él sentía que realmente no quería que se fuera. Le había enseñado tantas cosas, que por muchos años el desconoció y ahora… puede comprender el porque de las cosas. Pero, aún había muchas cosas que quería saber, más a su parecer iba ser imposible; ya que aquella persona se estaba marchando.
-¡Espera!- gritó con fuerza, haciendo que el español se detuviera. -¿Qué ocurre?- lo miró con curiosidad. El corazón de México empezó a latir con fuerza ¿Para qué rayos le había llamado si todo el tiempo quiso que se fuera? Avergonzado y con la cara ruborizada miró hacia el suelo –Cuando… ¿Cuándo podré verte de nuevo…?- y como el niño que era, empezó a patear una pequeña roca que estaba en frente de él para que España no viera su cara. España se quedo perplejo ante lo que había escuchado. Pero, dentro de él sintió una inmensa alegría. –Mañana, en este mismo lugar- sonrió con calidez –Te voy a estar esperando- rió y miró hacia al frente para ver si nadie lo había escuchado. -¿De acuer…- pero al voltear de nuevo…
México había desaparecido.
-¿Ya se fue?- dijo sorprendido, ya que no había escuchado las pequeñas pisadas del país al salir corriendo. Él solo sonrió. –Espero que no haya sido un sueño…- suspiro un poco preocupado. -¡Joven España! ¡Joven España!- detrás de él escucho una voz. Al girar hacia atrás, se dio cuenta que era la voz de Malinche que venía corriendo apresuradamente hacia él. -¡Ah Malinche!- le saludó -¿Acaso te mandaron a buscar por mí?- rió. –No señor…- llegó un poco agitada –Sabe, a estas horas es un peligro salir a la selva, ya que los animales están de caza- lo miró con cierta dureza –Discúlpame no lo volveré hacerlo- rasco su cabeza.
-Pero ese no es el caso joven- tomó las manos del español –El señor Cortes me ha pedido que espere aquí por usted cuando volviera- España chasqueó sus dientes -¿Y… para que…?- dijo indiferentemente.
-Cortes y sus hombres han partido en busca de la capital Mexica, justamente después de que ustedes haya salido corriendo- dijo seriamente.
España, al escuchar eso; tomó a Malinche colocándola detrás de su espalda, y cargándola se hecho a correr.
-¡Joven España!- se intentaba aferrar con fuerza del español -¿¡Qué es lo que le sucede!- Pero España se limitó a contestar, ya que solo se empeño en correr y llegar a la villa. Al llegar, se dio cuenta que era verdad. No había nadie en la villa; solo unas cuantas personas que se habían quedado al vigilo de la pequeña ciudad europea. Sin perder más tiempo, el castaño divisó su caballo que estaba atado en un poste y corrió hacia él. Bajo a Malinche de su espalda y desamarró con rapidez al potro haciendo que se alterara un poco. Jalo de sus riendas e hizo que se aplacara, y sin perder más tiempo subió a Malinche rápidamente y consecutivamente él.
-¡Hiaa!- gritó mientras jalaba hacia atrás las riendas, haciendo que el equino se levantará en sus patas traseras y se echara a galopear con fuerza. La indígena que iba detrás de él, se aferraba lo más que podía de la cintura del español. -¿¡Joven España que ocurre!- gritó -¿¡Por que ha salido tan precipitadamente al encuentro de…-
-¡Cállate ya y solo dime hacia donde se fueron esos estúpidos!- calló con rudeza a la joven. Esta asustada, pudo ver como el rostro de España había cambiado. No era aquel rostro simpático y amable que siempre había visto… Al contrario, se encontraba transformado; se denotaba en el enojo y odio que destilaban en sus ojos verdes que ahora se encontraban opacos. –De acuerdo…- murmuró bajamente y señalo hacia al frente.
-Gracias… Malinche…- susurró, ya que se dio cuenta que la había tratado mal.
Pero no era su culpa…
España en ese preciso momento, solo deseaba ver la cara de Cortes.
"¿Para que has venido tú aquí?"
Recordó las palabras que el pequeño imperio había murmurado. Dentro de él sentía como miles de punzadas lastimaban su pecho e hiciera que ardiera. De todas las cosas que quería escuchar, esa era la menos indicada. ¿Cómo podría decirle a México vilmente que venía a conquistarlo? Seguramente, en ese momento… lo hubiera odiado por completo. Pero no podía hacerlo. Por primera vez en su vida, había encontrado una nueva nación a la cual, había entablado una leve relación rápídamente, que muy posiblemente podría hacerse más estrecha o por lo menos lograr lo que más deseaba. Pero Cortes ha empezado a moverse y eso significaba una sola cosa…
-"Aún no… Aún no Dios…"- se dijo entre pensamientos España mientras jalaba con más fuerza las riendas del caballo –"Aún no es tiempo…"-
-"De que ese niño conozca la cruda verdad…"-
Cerró sus ojos…
Y sopló suavemente, para que su aliento llevara esa plegaria al cielo
Mientras un pequeño niño sonriente yacía en el suelo de su hogar, reposando; con él corazón palpitando rápidamente, al recordar aquellas cosas asombrosas que nunca había escuchado en toda su vida.
Y que al ser extrañas, se sintiera único y especial…
Capítulo 3. Tlapantlasalistli (Descubrimiento)
México: Aquí hay unas cosas muy curiosas del nombre. Realmente la palabra "México" es la castellanización de una palabra náhualt.
Realmente debería ser así, "Mëxihco" (Pero no se sabe realmente como se pronuncia el nombre en náhualt, ya que había muchas variantes de interpretación de los vocablos) *Facepalm*
Otra cosa, ya se que el significado de "Xictli" es "ombligo". Pero muchos interpretes también mencionan que podría ser "Centro"
Ya que relatan, que los aztecas arribaron al "Lago de la luna" y en el centro estaba una isla llamada "México" y de ahí vendrían el significado de la palabra México.
¿Así o más fregon xD?
Chicos, chicas, yo se que es difícil de pronunciar nombres tan largos y un poco complicados como los títulos de este capítulo.
(Ayer no dormí por la frustración por no poder decir el título Tlapantlasalistli) Así que no se sientan cohíbidos o avergonzador por no decir nombres así, por ello levanto mi mano con orgullo o admitirlo como España. Y para que los que saben...
¡Meint Gott que alguien me enseñe que me ira mal en la universidad por eso D: !
Y no le peguen al tierno niño de México, que tenga curiosidad y se haya acercado a tocar (Cofcofmanosearcofcof)
las heridas del español no es su culpa, es la curiosidad de un niño a su edad ;9
Maiden Out
