Capitulo Final

De un tiempo para acá esta bien con su madre. Que extraño. Solo hace seis meses atrás peleaban siempre. Se acuerda del final del proceso penal, cuando salio del tribunal y su madre la alcanzo afuera corriendo.

-Pero estas loca, porque no dijiste como fueron de verdad las cosas? Porque no dijiste que ese delincuente golpeo a Accado sin razón?-

-Para mi las cosas fueron como yo dije. Edward es inocente. No tienen nada que ver en esto. Que saben ustedes que paso? Que sintió ese momento. Ustedes no saben justificar, no saben perdonar. La única cosa que están en grado de hacer es juzgar. Deciden la vida de sus hijos sobre sus deseos, sobre lo que ustedes piensan. Sin saber siquiera que pensamos. Para ustedes la vida es como jugar cartas, todo eso que no conocen es una carta incomoda que no quisieran haber pescado. No saben que hacer, les molesta tenerla entre las manos. Pero no se preguntan porque uno es violento, porque otro es drogadicto, que les importa, si no es su hijo, no les preocupa. Pero esta vez te interesa mama, esta vez tu hija esta con uno que tiene problemas, que no piensa solo en tener el GTI 16 válvulas, el Daytona o ir a Sardegna. Es violento, es cierto, pero quizás lo es porque no sabe explicar tantas cosas, porque le han dicho tantas mentiras, porque ese es su único modo de reaccionar.-

-Pero que dices? Son todas idioteces… Eres una mentirosa. Mentiste frente a todos.-

-A mi no me importa lo que digan tus amigos, lo que piensan, como me juzgan. Dices siempre que es gente que han logrado todo. Pero que lograron? Que han hecho? Solo dinero. No hablan con los hijos. No les importa en realidad lo que hacen, de cuanto sufren. Nosotros, no les importamos ni mierda-

René le da una cachetada en plena cara. Bella se pasa la mano por la mejilla, después sonríe.

-Lo hice a propósito, que crees? Ahora que me diste una cachetada tú conciencia esta limpia. Ahora puedes regresar a hablar con tus amigas y sentarte en la mesa de juego. Tu hija fue educada bien. Entendió que es bueno y que no… entendió que no debe decir palabrotas y que se debe comportar bien. Pero no ves que eres ridícula, que das risa? Me mandas a la misa los domingos pero si escucho mucho el evangelio entonces no, no esta bien. Si amo mucho a mis prójimos, si traigo a casa a uno que no se alza cuando entras o que no sabe estar en la mesa, entonces no te gusta. Deberían inventar iglesias para ustedes, un evangelio, donde no todos resucitan, solo esos que no comen en cualquier lado, que no firman poniendo primero el apellido, esos que sabes de quien son hijos, esos que son bronceados y bellos, que visten como ustedes dicen. Son bufones.-

Bella se va. René se queda mirándola hasta que la ve montarse en la moto de Edward y alejarse con el.

Cuanto tiempo ha pasado. Cuantas cosas han cambiado. Suspira, abriendo el segundo gabinete.

Pobre mama, cuantas cosas la hice pasar. En el fondo ella tenía razón. Lo entendí solamente ahora. Pero hay cosas más importantes en la vida. Continúa a acomodar su ropa. Pero de esas cosas tan importantes no le viene a la mente ni una, quizás porque no quiere pensar más, porque es más cómodo así. Quizás porque en realidad no hay tantas. Es un arrepentimiento o un sostén con el cual el se rió.

'Que sexy estas esta noche.' Uno tras otro llegan, implacables, malintencionados y tristes, lejanos. Los recuerdos. La fiesta de sus dieciocho años en Ansedonia. A las diez de la noche, repentinamente un sonido de moto. Todos los invitados se asomaron a la terraza. Finalmente algo de que hablar. Llegaron Edward, Alec y sus amigos. Bajan de las motos y entran en la fiesta riendo, seguros y arrogantes, mirando alrededor, los amigos buscando alguna chica bella, el buscándola a ella.

Bella corre a su encuentro, perdiéndose entre sus brazos, con un dulce 'felicidadades tesoro' y un beso en la boca apasionado.

'están mis padres aquí…'

'Lo se, por eso lo hice! Ven, vente conmigo…'

Después de la torta con las velas y el Rolex que sus padres le regalaron, se escapan. Se deja secuestrar por sus ojos alegres, de sus propuestas divertidas, de su moto veloz. Fuera, van por la bajada, en el mar nocturno, con el perfume de las olas, lejos de inútiles invitados, de la mirada molesta de René, del desagrado de Charlie que quisiera bailar el vals con su hija como lo hacen todos los padres.

Pero ella no esta más, ella esta lejos. Pequeña mayor de edad, se pierde bailando entre sus besos, sobre notas de suaves ondas saladas, por una romántica luna, por su joven amor.

'Toma, esto es para ti.' Sobre el cuello resplandece un collar de oro de piedras turquesas. Bella le sonríe y el besándola logra convencerla. 'Te juro que no la he robado.'

Y la noche de la prueba de aptitud. Que risa esa vez, en casa hasta tarde para repasar. Hipótesis continuas, sopladas clandestinas. Todos creen saber el titulo del tema. Se llaman seguros, todos creen haber descubierto el justo.

Después cuando salieron las notas, esa gran sorpresa.

Bella saco cien. Corre hacia Edward feliz, entusiasmada por el resultado. El se ha reído, bromeando con ella.

'Que aptitud tienes…!'

La ha desnudado riendo, echándole broma, pareciera que lo hubiera sabido, como si esperara que ella sacara esa nota. Han hecho el amor. Después ella se venga riendo.

'Te habrías imaginado? Tu aquí, un simple setenta que tiene el honor de besar un honorífico cien… pero te das cuenta de la suerte que tienes?'

El le ha sonreído. 'Si, me doy cuenta.' Y la ha abrazado en silencio.

Bella va a la ventana y mira afuera. Algunos árboles de navidad se prenden y apagan sobre las terrazas de las casas, en las salas elegantes del edificio de enfrente. Es navidad. Hay que ser buenos. Quizás debería llamarlo. Cuantas veces, sin embargo, fui buena. Cuantas veces lo perdone. Incluyendo lo de la maestra Giacci. Se acuerda de las miles de discusiones que tuvieron, su modo diferente de ver las cosas, las peleas, el dulce hacer las paces esperando que todo pudiera mejorar. Pero nunca fue así. Discusión tras discusión, día tras día, con sus padres que le hacían la guerra, llamadas escondidas, timbrazos nocturnos. Su madre que responde, Edward que ataca. Y su celular en la casa no servia… y ella castigada, cada vez mas de seguido.

Aquella vez que René había organizado una cena en su casa, obligándola a quedarse. Había invitado a mucha gente refinada, el hijo de un amigo de ellos muy rico. Un buen partido, le habían dicho. Después llego Edward. Alice abrió sin pensarlo, sin preguntar quien era. Edward le lanzo la puerta golpeándole la cabeza.

'Lo siento Alice, sabes que no es contigo, lo sabes!'

Agarro a Bella por un brazo y se la llevo fuera de ahí entre los inútiles gritos de René y el intento del buen partido de detenerlo. Ese tipo se encontró en el suelo con el labio golpeado y sangrante. Ella se durmió entre los brazos de Edward, llorando.

'Como todo se volvió difícil. Quisiera estar lejos de aquí contigo, sin mas problemas, sin mis padres, sin este desorden, en un lugar tranquilo, fuera del tiempo.'

El le sonrió.

'No te preocupes. Yo se adonde ir, nadie nos fastidiara. Hemos ido bastante, solo hay que querer.'

Bella lo mira con los ojos llenos de esperanza.

'Donde?'

'Tres metros sobre el cielo, donde viven los enamorados.'

Pero el día después regreso a su casa y de ahí ha comenzado o quizás ha terminado todo.

Bella se inscribió en la universidad, comienza a ver economía y comercio, pasa las tardes estudiando. Comienza a verlo menos de seguido. Una tarde con el. Fueron a Giovanni a tomar un jugo. Están hablando fuera del bar cuando de repente llegan dos tipos tremendos. Edward no le da tiempo de reaccionar. Le están rápido encima. Comienzan a agarrarlo a cabezazos teniéndolo abrazado entre ellos, golpeándolo con la cabeza por turnos, en una tremenda pelea sangrante. Bella ha comenzado a gritar. Edward al final logra liberarse. Los dos han huido sobre una Vespa perdiéndose en el tráfico. Edward se quedo en el suelo, atontado. Después, ayudado por ella, se alzo de nuevo. Con servilletas logro parar la sangre que le bajaba por la nariz. Más tarde la acompaño a la casa, en silencio, sin saber bien que decir. Cuando René la vio entrar a la casa con la camiseta llena de sangre, le dio un susto.

'Que te paso? Bella estas herida? Que te sucedió? Es culpa de ese delincuente verdad? No entiendes que terminaras mal?'

Ella fue a su cuarto, se cambio en silencio. Después se quedo ahí, sola, echada sobre la cama. Entendió que algo no iba bien. Algo debería cambiar. No seria así de fácil, no como quitarse una camiseta y botarla entre la ropa sucia. Cualquier día después vio a Edward. Tiene otro corte en la cara. Le pusieron puntos en la ceja.

La verdad la supo de Angela por casualidad, hablando por teléfono. Fueron a buscar a los tipos, con palos y cadenas, guiados por Edward. Una riña gigantesca, una verdadera venganza. Es inútil discutir con Edward, siempre hará lo que quiere, a su modo. Tiene la cabeza dura. Le ha dicho miles de veces que ella odia la violencia, los puños, los golpeadores.

Acomoda los escaparates, tira abajo algunos cuadernos botándolos por el suelo, sin interés. Cuadernos de años pasados, apuntes del liceo, viejos libros.

'Que hacemos esta noche? Vamos a las carreras de moto? Anda, van todos.'

'Estas bromeando espero, no pasara! Yo en ese lugar no vuelvo a poner un pie. Quizás encuentro a esa loca rabiosa y me toca caerle a golpes de nuevo. Tenemos una reunión, si quieres venir.'

Edward se puso una chaqueta azul y se quedo todo el tiempo sentado sobre un sofá mirando alrededor, tratando de conseguir algo de divertido en eso que escuchaba, sin lograrlo. El siempre odio esa gente. Ha entrado a estas fiestas, ha arruinado todo, si divirtió bastante con los otros robando en los cuartos, a lanzar al suelo las cosas.

Bella trata de agarrar aquel libro más alto que el resto.

Después lo recuerda como si fuera en ese momento.

El intercomunicador suena alocado. La dueña de la casa atraviesa la sala corriendo, la puerta que se abre y Angela ahí, pálida, agitada y se echa a llorar.

Es una noche terrible. Deja de pensarlo. Comienza a recoger los libros que lanzo al suelo. Agarra otros poniéndolos sobre la mesa y cuando se inclina de nuevo, la ve. Esta ahí, clara y seca, amarilla. Arruinada, sobre la alfombra oscura, carente de la vida que tenia hace tanto tiempo.

La pequeña espiga que metió en su diario la primera vez que huyo de la escuela con Edward. Esa mañana con el viento que anunciaba el verano, esos besos que sabían a piel perfumada por el sol. Su primer amor. recuerda cuando estaba convencida que nunca podría existir algún otro. La recoge. La espiga se rompe entre sus dedos, como viejos pensamientos, como ligeros sueños y débiles promesas.

Es junio. Edward recoge entre las rejillas de las hornillas ese pedazo de papel. Que caricatura era? Debe ser esa con la cara de Zanardi. Ahora no importa más. Las quemó todas esa noche después de la llamada. Se quedo ahí viendo los colores quemarse, las caras de sus héroes desaparecer abrazados por las llamas, las frases graciosas de poetas desconocidos desvanecer en humo. Después entro su hermano.

Edward no supo nada más. Lo batió contra el muro, cerca de la ventana. Emmet perdió sus lentes. Volaron lejos, al suelo, rompiéndose. Después Edward se calmo. Lo dejo ir. Emmet recogió sus lentes rotos y salio en silencio, sin decir nada. Edward se puso peor. Escucho cerrarse la puerta de la casa. Se quedo ahí, mirando sus dibujos que se quemaban, arruinando el tope de la cocina, sufriendo como nunca había sufrido. Solo como nunca lo había estado.

Septiembre. Los padres de Bella le compraron un ticket para Londres. Se pusieron de acuerdo con la madre de Angela. Quieren alejarlas de esas nuevas malas amistades. Solo basto poco. Un plan bien pensado. Una cita con un amigo que trabaja para el estado. Pasaportes nuevos. En ese avión para Inglaterra salen dos, pero los tickets, cambiados pocos días antes, tienen nombres diferentes. Alec y Angela.

Son quince días inolvidables para todos. Para los padres de Bella, ilusionados y contentos, finalmente tranquilos. Para Alec y Angela, de paseo en Londres, en los pubs y discos, mandándoles a todos postales compradas en Roma, postales inglesas, ya firmadas por Bella. Mientras que Edward y ella, lejos de todos, en esa isla griega, Astipaleia. Un viaje épico. Abrazados bajo las estrellas, echados sobre un puente, sobre coloridos sacos, cantando con gente extranjera canciones inglesas, mejorando así su pronunciación, no de la misma forma como hubiesen querido sus padres. Después los molinos blancos, las rocas, una pequeña casa sobre el mar. Pescar al alba, dormir la tarde, salir de noche, pasear en la playa. Dueños del lugar, del tiempo, solos, contando las estrellas, olvidando los días, telefoneando mentiras.

Edward saborea el café. Parece aun mas amargo. Comienza a reír. Esa vez que Bella invito a todos los amigos de el a cenar. Un intento de socializar. Se sentaron en la mesa y se comportaron bien justo como Edward les pidió tanto. Después no resistieron más. Uno tras otro se levantaron, adueñándose de los platos, llevándose las cervezas y todo hacia la sala. Nunca invites los miércoles. Mucho menos si están jugando las copas de fútbol. Naturalmente termino de forma trágica. Alguno que apoyaba al rival, ha comenzado a echar broma y fue el comienzo de una riña. Edward ha tenido que sacarlos a todos. Divergencias, diferencias, dificultades. Ha tratado de superarlas.

Fiesta enmascarada. Se disfrazaron de Tony y Jerry y justo a esa fiesta llegaron Alec y los demás. Un simple caso del destino cruel? O más simplemente un chisme de Angela? Todos hicieron como si no la conocieran.

Saludaron a Bella, ese pequeño Jerry de ojos chocolates y han ignorado a Tom, riendo cada vez que pasaba ese gato de músculos hinchados.

¡Esa noche. Porque fue a esa fiesta, porque fue, en vez de ir a las carreras? Bella insistió tanto. Cuantas cosas hizo por ella. Quizás no hubiera sucedido. Quizás.

El intercomunicador suena alocado. La dueña de la casa atraviesa la sala corriendo, la puerta se abre. Angela pálida, temblante aparece en la puerta. Sus ojos tristes, llenos de lágrimas, de sufrimiento. Edward se le acerca. Ella lo mira conteniendo ese primer sollozo.

'Alec esta muerto.' Entonces lo abraza buscando en el eso que no puede conseguir más en ninguna parte. Su amigo, su novio, esa risa fuerte y llena. Fueron corriendo a la Serra con Bella, con la Y10 que hace poco le habían regalado los padres. Los tres juntos, en ese carro, con ese sabor nuevo que se tiñe de sufrimiento y silencio. Después lo vio. Luces brillantes alrededor a ese único punto. La moto de su amigo. Uniformes odiados y carros de la policía alrededor de Alec, tirado ahí en el suelo, sin la fuerza de reír, de bromear, de echarle broma, de decir tonterías. Alguno mide algo extendiendo un metro. Algún otro chico mira. Pero ninguno puede ver o medir todo eso que se fue. Edward se dobla encima de el en silencio, acaricia la cara de su amigo. Ese gesto de amor que nunca se hicieron en años de amistad, que nunca se permitieron. Después susurra llorando: 'Me harás falta'. Y solo Dios sabe que tan sincero fue.

El café se termino. Después, Edward se pregunta hace cuanto no come un sándwich de salmón. Pero extrañamente en ese momento no tiene ganas. Quizás porque, si quisiera un sándwich, Alec se lo hubiera llevado.

Bella mira el regalo que compro para Angela. Esta ahí, en la mesa, envuelto con papel rojo y un lazo dorado. Lo eligio con cuidado, le gustaría bastante, pago mucho por el. De igual forma esta ahí. No la ha llamado, no se han comunicado. Cuantas cosas han cambiado con Angela. No es más la misma, no se visitan, no logran hablar. Quizás porque después del liceo han tomado dos vías diferentes. Ella economía y comercio, Angela un instituto de gráficos.

Después de esa noche, y los días siguientes y el mes sucesivo. Silencios prologados, llantos. Alec no esta más y ella no sabe conseguir la razón. Hasta que ese día fue llamada por la madre de Angela. Corrió veloz hasta su casa. La encontró ahí, echada en la cama, arruinada. Se tomo media botella de whisky y tomo un bocado de pastillas. El suicidio de los pobres, así Bella le dijo cuando vió que ya se sentia mejor. Angela se echo a reír y después a llorar entre sus brazos. La madre las dejo solas, sin saber bien que hacer. Bella le acaricia la cabeza.

'Vamos Ang, no hagas esto, todos pasamos momentos terribles, todos pensamos al menos una vez de terminar con todo, que no vale la pena vivir. Pero te olvidas de los cornettos de Mondi, la pizza de Baffetto, los helados de Giovanni?' Se echan a reír. Angela sollozando aun. Bella le da un pañuelo para secarse. Pero desde ese día algo comenzó a cambiar. Se llamaban cada vez menos y aquellas veces no han tenido tampoco muchas cosas que decirse.

Quizás porque dejarse ver muy débil por un amigo después te hace sentirte en dificultad. Quizás porque pensamos siempre que nuestro dolor es único, personal, como todo eso que lo resguarda.

Quizás Angela nunca la había perdonado por ir a la fiesta con Edward. Edward, que si esa noche hubiese estado en las carreras, no le hubiera permitido a Alec competir, Edward que lo habría salvado, que no le hubiera permitido morir, Edward que era su ángel de la guarda.

'Alo? No, lo siento, Bella salio. No, no se cuando regresa.'

Edward cuelga el teléfono. Se pregunta si salio de verdad. Si le habría dicho. Solo en ese sofá, recordando, cerca de un teléfono mudo, sin esperanza. Días felices pasados, sonrisas, días de amor y de sol. Lentamente la imagina mas cercana a el, entre sus brazos, justo en ese sofá, así como esta.

Ilusiones de un momento, violentos segundos de pasión. Después se siente aun mas solo, vaciado también de orgullo. Mas tarde, caminando entre la gente, mira carros de parejas felices, en el trafico festivo, con los asientos llenos de cosas. Sonríe. Es difícil manejar cuando ella se abraza a ti, cuando quieres meter por fuerza las velocidades y no es capaz, cuando tienes una sola mano para girar el volante y, al mismo tiempo, para amar.

Continua a caminar entre falsos Santa Claus y olores de castañas asadas, entre policías pitando y gente con paquetes, buscando sus cabellos, su perfume, la confunde con otra que camina veloz y esta obligado a calmar a su corazón desilusionado.

En Vigna Stelluti, un día lleno de risas. Edward la carga como a una niña, besándola frente a los ojos de todos, admirados por esa diversidad. Después entra en Euclide, la apoya delicadamente en la barra y la gente mirándola lo escucha ordenar: 'Un pastel de crema para mi pequeña.' Los padres de Bella, viéndola en los brazos de Edward, corren a su encuentro preocupados.

Verano. El concurso de la miss en el Argentario. Bella ha participado por bromear, el ha tomado muy en serio un comentario sincero de alguien que dijo. 'Oh, mirala a ella, que culo mas espectacular.' Y rápido inicio una riña.

Sonríe. Fue botado de la discoteca, no pudo verla ganar. Cuantas veces hizo el amor con Miss Argentario. De noche en Villa Glori, debajo de la cruz a los caídos, sobre ese banco escondido detrás de un arbusto, sobre la ciudad. Sus suspiros besados por la luna. En el carro, esa vez que la policía ha interrumpido sus besos furtivos y ella molesta ha dado sus documentos. Edward se despidió de los policías, una vez que estaban lejos, con un divertido 'Envidiosos!'.

Recuerda esa red llena de huecos. Ayudarla a subir de noche, abrazarla cerca, amarse miedosos sobre ese banco, entre rugidos de bestias feroces y gritos de pájaros escondidos. Ellos, tan libres en ese zoológico lleno de prisioneros.

Se dice que cuando mueres ves en un segundo pasar frente a ti los momentos mas significativos de tu vida. Ahora Edward trata de alejar todos esos recuerdos, esos pensamientos, ese dulce sufrimiento. Pero de repente entiende. Es todo inútil. Todo termino.

Continúa a caminar por un poco. Se encuentra casi por casualidad en la moto. Decide ir a casa de Aro. Sus amigos están todos ahí para festejar la navidad.

Sus amigos. Cuando la puerta se abre tiene una extraña sensación.

'Hey! Hola Ed! Hace una vida que no te veía. Feliz navidad. Estamos jugando cartas. Quieres jugar?'

'No, prefiero ver. Tienes cerveza?'

Marco le pasa una ya abierta.

Se sonríen. Ya se volvió agua. Toma un trago. La cerveza esta fría y lo calienta rápido. Sus amigos están todos vestidos bien, o eso tratan. Chaquetas azules un poco largas sobre un par de jeans.

Esta es su elegancia. Alguno usa un traje, otro un par de pantalones un poco estrechos. De repente recuerda el funeral de Alec. Estaban todos ellos y muchos mas. Vestidos mejor, con un aire más serio. Ahora ríen, bromean, se lanzan cosas y cartas, comiendo gruesos pedazos de dulces. Aquel día todos tenían lágrimas en los ojos. Un adiós a un amigo verdadero, un adiós sincero, conmovido, de lo mas profundo del corazón. Los recuerda en esa iglesia, con los músculos sufriendo, en camisas muy estrechas, con caras serias, siguiendo lo que predicaba el padre, saliendo en silencio. En el fondo, chicas escapadas de la escuela llorando.

Amigas de Angela, compañeras de veladas, de salidas nocturnas, de cervezas en el bar. Ese día todos sufrieron de verdad. Cada lágrima fue sincera. Escondidas detrás de Ray-Ban, Web, lentes normales u oscuros Persol, sus miradas se volvieron lucidas mirando ese 'Adios Alec hecho de crisantemas rosadas. Firmado 'Los amigos.' Dios como me hace falta. Su mirada se vuelve lucida por un momento. Encuentra una sonrisa. Es Tanya. Esta en una esquina abrazada con un tipo que Edward ha visto a seguido en el gimnasio.

Le sonríe después mira a otro lugar.

Edward bebe otro poco de cerveza. Le hace mucha falta Alec.

El sonido del stereo cubre la puerta que se cierra. Fuera ahora hace frío. Edward cierra bien la chaqueta de piel. Se sube el cuello de la chaqueta para cubrirse. Después casi si quererlo prende la moto. Cuando la apaga esta debajo del complejo de Bella. Se queda ahí sentado sobre la Honda, mirando a la gente que pasa, rápida, llena de regalos.

'Alo?'

'Hola.'

Se queda un momento en silencio, sin saber que decir, dejando libre su corazón desenfrenado. Desde hace dos meses que no late así. Después la pregunta mas predecible: 'Como estas?'

Después miles otras, llenas de entusiasmo. Lentamente perderlo todo, en sus palabras inútiles, llenas de noticias citadinas, de novedades viejas de interés, al menos para el. Porque ha llamado? Escucha su inútil hablar haciéndose cada momento esa pregunta. Porque ha llamado? Después repentinamente lo sabe.

'Edward… esto saliendo con alguien.'

Se queda en silencio, golpeado como nunca lo ha estado en su vida, mas de mil puños, heridas, caídas, cabezazos en la cara, mordidas, de mechones de cabellos suelos. Entonces haciendo fuerzas busca su voz, la consigue ahí, en el fondo del corazón y la obliga a salir , a controlarse.

'Espero que seas feliz.'

Después nada mas, el silencio. El teléfono mudo. No puede ser. Es una pesadilla. Quiere correr atrás en el tiempo, y allí, poco antes de haberlo sabido, detenerse, sin tener que vivir, sin tener que seguir adelante. En un mágico, terrible equilibrio. Solo en la cama, prisionero de su mente, de hipótesis, de ideas vagas sin sentido. Caras de personas vistas, de posibles amantes aparecen y se mezclan entre ellos combinando narices, ojos, bocas, cuerpos. Se la imagina a ella entre los brazos de algún otro. Entonces la ve sonreír. Cual habrá sido su primer acercamiento, su primer beso. La imagina en casa preparándose nerviosa antes de salir, probándose ropas, combinando colores, llena de entusiasmo, de novedad. Siente el corazón de ella batir mas feliz con el sonido del intercomunicador. La ve salir del portón bella, como ha estado tantas veces para el, mas bella aun porque ahora no lo es mas. La ve subir en un carro seguramente caro, saludar a alguien divertida con un beso en la mejilla y alejarse con el, charlando. Frescos y felices, llenos de cosas fáciles de decirse, saboreando el perfume del otro y fantasías comunes. Y después una cena de miradas y atenciones, de sonrisas, educación, una cena mas bien escena. Mas tarde la ve pasear por cualquier parte de la ciudad, lejos de el, de su vida, de miles recuerdos. La ve arreglarse sus cabellos como siempre ha hecho pero ahora por otro, mira que le sonríe y lentamente sus labios se acercan. Ahora como nunca sufre. Después se pregunta. Porque si hay un Dios, lo permitió? Porque no la detuvo? Porque en ese momento no le hizo ver algo de mi, algo esplendido, el recuerdo mas bello? Alguna cosa que no pudiese darle vida a un futuro diferente, muy tarde, a ese beso ahora vivo.

Edward siente un escalofrío por todo el cuerpo, tiembla ligeramente. Después baja de la moto y se pone a pasear. Alguna cosa de un negocio le gusta. Entra a comprarla. Cuando sale, siente que muere. Un carro Thema pasa veloz frente a el. Pero no tan veloz como para que sus miradas no se crucen. En ese segundo se dicen de todo, sufren mucho, esta vez de nuevo juntos. Bella esta ahí, detrás de esa ventanilla eléctrica. Se siguen un poco mas con sus viejos recuerdos, con una nueva tristeza. Después ella desaparece dentro del condominio. Porque? Donde terminaron todas esas tardes, esas noches clandestinas cuando sus padres no estaban. Y ahora cerca de ella esta ese. Quien diablos es? Que tiene que ver en su vida? En nuestra vida? Porque? Se monta en su moto. Lo esperaría. Después le viene a la mente todo eso que siempre le ha dicho Bella.

'Yo odio a los violentos, si sigues haciendo todo lo que te parece no estaremos mas juntos, te lo juro.'

'Esta bien, cambiare.' Afirmo el.

Pero ahora? Ahora son las cosas que cambiaron. No están juntos. No tiene que esconderse ahora. No debe ser otro. Puede ser si mismo, como y cuando quiera. Esta libre ahora. Violento y solo. De nuevo. El Thema se para frente a la barra. Espera que lentamente se alce y sale por el portón. Edward prende la moto y mete primera. Baja veloz de la acera y sigue al carro. El tipo ahora esta solo y maneja veloz. Edward acelera. En el stop tiene q pararse. Debajo de vía Jacini hay trafico, carros en fila. Como siempre. El Thema se para. Edward sonríe, se acerca al carro. Hace por bajarse de la moto pero en ese momento entiende. Que serviría golpear su cara, ver su sangre, sentir sus gritos? Que serviría caerlo a patadas, dañarle el carro, romperle las ventanas contra su cabeza? Le regresaría nuevos días felices con ella, sus ojos enamorados, su entusiasmo? Solo lograría hacerlo dormir satisfecho esa noche. Quizás ni siquiera eso… ya le parece escuchar sus palabras.

'Viste? No me equivoque sobre ti, eres un violento! Nunca cambiaras!'

Entonces, sin mirar al carro acelera. Le pasa al lado tranquilo, libre, sobre su moto, ágil en el trafico de esos días de fiesta. Solo, sin curiosidad, sin rabia.

Continua acelerando sintiendo el frío viento sobre la cara, el aire de la noche meterse en su chaqueta.

Ves Bella, no es cierto lo que piensas. He cambiado. Y de paso, en navidad todos son mas buenos.

Dulce testaruda. No, no entiende. No puede entender. Como paso? Como no puede ser mas? Como esta con otro? Recuerda ese carro que maneja seguro. Los imagina estando ahí, abrazados.

De una cosa estoy seguro. No podrá amarla como la amaba yo, no podrá adorarla de ese modo, no sabrá darse cuenta de todos sus dulces movimientos, de esos pequeños de su cara. Es como si solo a el le hubiesen concedido ver, conocer el verdadero sabor de sus besos, el color real de sus ojos. Ningún hombre nunca podrá ver eso que he visto yo. El mucho menos que todos. El tan real, crudo, inútil, material. Lo imagina así, incapaz de amarla, deseoso solo de su cuerpo, incapaz de verla verdaderamente, de entenderla, de respetarla. El no se divertirá con esos dulces caprichos. El no amara también su pequeña mano, sus uñas comidas, sus pies ligeramente rellenos, esas pequeñas cosas escondidas, no podrá tanto. Quizás si lo viera, que terrible sufrimiento, pero no será capaz de amarlo. No de esa forma. La tristeza se apodera de sus ojos.

Después de repente, el timbre de la puerta. Un sonido largo y decidido rompe el aire, llevando consigo alegría y esperanza. Edward corre hacia la puerta, la abre.

'Hola Ed.'

'Ah, Hola Ang.' Trata de esconder su desilusión.

'Ven, quieres entrar?'

'No gracias, solo pase a decirte feliz navidad. Te traje esto.' Le da un pequeño paquete.

'Lo abro ahora?'

Angela asiente. Edward le da vueltas buscando el lado justo, lo abre veloz. Un marco de madera y adentro el regalo mas bello que alguna vez hubiera pedido. El y Alec en la moto, abrazados, con los cabellos cortos, las piernas alzadas, la risa al viento. Algo le duele adentro.

'Ang, es bellísima. Gracias.'

'Ed, no sabes cuanto me hace falta.'

'A mi también.' Solo ahora se da cuenta como esta vestida Angela. Cuantas veces vio esa chaqueta de jeans detrás de su moto, cuantos golpes le ha dado, con amistad, con fuerza, con alegría.

'Ed, te puedo pedir algo?'

'Lo que quieras.'

'Abrazame.' Edward se le acerca temeroso, alarga sus manos y la agarra entre las suyas. Piensa en su amigo, en cuanto estaba enamorada. 'Abrazame fuerte, mas fuerte. Como lo hacia el. Sabes que siempre me decía… así no te escapas nunca. Estarás siempre conmigo.' Angela apoya su cabeza en su hombro. 'Y en vez de eso se fue el.' comienza a llorar. 'Me recuerdas a él bastante, Ed. El te adoraba. Decía que solo tu lo entendías, que eran iguales, ustedes dos.

Edward mira lejos. La puerta esta ligeramente cerrada. La aprieta fuerte, mas fuerte.

'No es cierto, Ang. El era mucho mejor que yo.'

'Si, es cierto.' Sonríe respirando profundo. Angela se despega de Edward. 'Bueno, yo me voy a mi casa.'

'Quieres que te acompañe?'

'Puedes escoltarnos, parece que necesitas aire fresco…pero ben está abajo esperandome.'

'Saludamelo.'

'Feliz navidad Ed.'

'Feliz navidad.'

Lejos, mucho más lejos, sobre el sofá de una casa elegante, dos cuerpos desnudos se acarician.

'Eres bellísima.' Ella sonríe avergonzándose, aun un poco incomoda. 'Pero que es esto?'

Una pequeña pena. 'Nada, un tatuaje.'

'Es un águila, verdad?'

'Si.' Después una amarga mentira. 'La hice con una amiga mía.'

Y en ese momento un sentimiento de tristeza le toca igualmente el corazón. Un cruel destino radiofónico cae sobre ella, casi golpeándola. Beautiful. La canción de ellos. Bella comienza a llorar.

'Porque lloras?'

'No lo se.'

No consigue ninguna respuesta. Quizás porque no existe.

Definitivamente necesitaba tomar aire, solo en la moto, despues de escoltar a Angela, con el porta retrato en su chaqueta, maneja tranquilo y sin rumbo fijo. No quiere ir donde Bella, ella está con ese otro, tampoco donde sus amigos, su hermano está con Rosalie.."Acaso me quedé solo?"...No, esa noche es noche de recuerdos, de renovar esperanzas, de recordar que hubo momentos buenos y felices, por lo que vale la pena luchar para recuperarlos...su madre, su padre..su familia...momentos felices:

Es verano. Son los dos pequeños, Edward y Emmet juegan con una pelota en la orilla. Su madre y su padre están ahí, felices debajo de una sombrilla. Hablan sobre dos sillas azules con el nombre del establecimiento debajo. Edward sale del agua corriendo hacia ellos, con los cabellos mojados, con las gotas saladas que le bajan por los labios.

'Mamá, tengo hambre!'

'Primero cambiate el traje de baño y después te doy la pizza.'

Entonces su Esme lo envuelve con una gruesa toalla.

Lo aguanta en sus hombros sonriendo. El se quita obediente el traje de baño. Después, temeroso de quedarse desnudo, se pone rápido la ropa seca. Trata de no ensuciarlo con arena mojada y mas oscura que tiene en los talones. No lo logra. Sonríe igualmente. Su madre lo besa. Tiene labios suaves y calidos y un perfume de sol y crema. Edward corre feliz, con su pedazo de pizza blanca en la mano. Suave, aun caliente, con el borde crocante, justo como le gusta a el.

Definitivamente si necesitaba tomar aire.

Lentamente la moto comienza a doblar. Es hora de regresar a casa. Es hora de comenzar de nuevo, lentamente, sin dañar el motor. Sin muchos pensamientos. Solo con una pregunta. ¿Regresare alguna vez arriba, en ese lugar tan difícil de alcanzar?. Ahí, donde todo parece bello. Y en ese mismo instante cuando se lo pregunta, ya sabe la respuesta.