Roncando suavemente se encontraba el pequeño México dormido. Dormía como piedra, ya que había sido realmente exhaustivo correr la distancia de la costa hasta llegar a su hogar en Tenochtitlan. Se encontraba pacíficamente dormido sobre su petate que se encontraba en el suelo. Realmente se había cansado, ya que ni el mismo sol que le daba en cara lo despertaba.
– ¡Levántate!–
La voz de un hombre irrumpió el sueño de México, quien aún permanecía dormido. Pero era tanto su sueño, que hizo caso omiso de este y le dio la espalda. – ¡Tenochtitlan que te levantes!– gritó un tanto más molesto aquella voz que sacudió a la pobre creatura. – ¿¡Qué quieren! – se levantó adormilado y a regañadientes el imperio, pero en ese momento sintió que quería tragarse sus palabras. Delante de él se encontraban dos guerreros jaguares realmente enfadados. Solo anunciaba una cosa, y no era nada bueno.
–No me digan…– murmuró un tanto fastidiado y de mala gana se levantó del suelo –Solo llévenme con él – elevó su pequeña mano, para que uno de los guerreros la tomará con bruteza desde la muñeca. Rápidamente salieron de su choza y se encaminaron hacia el recinto de Moctezuma.
Al salir, México miró como la gente de su pueblo se detenía y lo miraba con cara de preocupación y una que otra con enojo. Pareciera que estaba apunto de ser sacrificado. Pero en ese momento, parecía que ser "sacrificado" era mejor de lo que le iba a pasar en ese momento.
Al llegar al recinto, el moreno pudo ver que delante de él, en su trono; se encontraba Moctezuma con una cara dura. Sus ojos negros penetrantes se clavaron como espinas en la mirada de la nación. México no hizo otra cosa más que agachar su mirada. Realmente estaba enfadado. Y ni siquiera por ser "Tenochtitlan" lo salvaría de ello. Con fuerza, el soldado jaguar aventó al niño hacia los pies de Moctezuma haciendo que se tropezara y diera de lleno con la cara al suelo. El golpe realmente hirió al pobre imperio, pero no tenía que mostrar el dolor o el temor. Así que simplemente se levantó y sacudió de su cuerpo el polvo, más nunca elevó su vista al Tlatoani.
– ¡Aquí lo tiene mi señor! – agacho su cabeza el soldado – ¡Estaba durmiendo cuando arribamos a su choza! – y después de decir eso, guardaron silencio. Moctezuma acento con su cabeza sus palabras y dirigió sus ojos negros hacía el niño. –Tenochtitlan – dijo con seriedad – ¿¡Por qué me has desobedecido!– grito con rudeza – ¡Te dije que por ningún motivo podías salir de aquí! –
– ¡Pero mi señor yo…!– – ¡Cállate! ¡No te he dado permiso para hablar! – reiteró de nuevo el gran Tlatoani – ¿¡Crees que tienes derecho de salir de este lugar después de que tu señor te dio una orden!- continuó reclamándole. México no podía hacer nada más que escuchar el regaño y esperar su castigo. –¡Me has defraudado Tenochtitlan!– frunció su ceño –¡Pensé que habías entendido! Pero veo que no fue así –chasqueó sus dientes. En ese momento, Moctezuma no estaba actuando con amabilidad y con compasión hacia el pequeño imperio. Había cometido una gran falta y tenía que ser reprendido.
–¡Pero mi señor por favor escuche!- gritó con desesperación pero sin seguir levantar su vista –¡No quiero oír ninguna excusa de ti Tenochtitlan! – se levantó de su trono –¡Por favor escúcheme! – se atrevió y miro con seriedad los ojos del Tlatoani. Aquellos ojos castaños miraron con suplica a Moctezuma. Se habían hecho tan fuertes como el de él, que no hizo más que hacer suspirar al Tlatoani. –Te escuchare…– volvió a sentarse en el trono. México dio un trago de saliva un poco nervioso. Volteó a mirar su alrededor, los guerreros jaguares junto con los nobles que se encontraban presente, movían su cabeza de lado como si negaran la actitud de reto ante el Tlatoani.
–Te estoy esperando Tenochtitlan – cruzó sus brazos sin dejar de mirar al pequeño que lo ponía cada vez más nervioso. México por primera vez se sintió temeroso al frente de su señor. Normalmente él se comportaba de buena manera con él desde un principio, ya que le tenía profundo respecto hacia él y viceversa. Pero también era la primera vez que le cometía una falta. –Te estoy esperando – volvió ha hablar el Tlatoani. México empezó a sentir presión. –Vera mi señor… yo…– agacho su mirar, realmente no sabía que decirle al Tlatoani
–¡No quise desobedecerlo, pero es que… simplemente…– comenzó a ponerse más nervioso, ya que Moctezuma había puesto un semblante de impaciencia. –Dime, ¿Por qué saliste de Tenochtitlan? – suspiro un tanto fastidiado.
Al fin había algo por donde empezar pensó México.
–Mi señor – habló con seriedad –Usted sabe que nunca le he desobedecido cuando usted me da una orden. Pero esta vez, realmente me había cansado – lo miró firmemente –He llevado más de mucho tiempo aquí en la ciudad, trabajando e enseñando a los jóvenes nuestras costumbres y tradiciones, el respecto a nuestros dioses. Ayudándole a nuestros guerreros y a los hombres que cosechan y a las mujeres que venden – cerró sus ojos – ¡Pero yo realmente quería salir de aquí!- gritó, el Tlatoani solo lo continuaba viendo con seriedad –No es que no me guste mi ciudad, pero usted sabe como soy…– se llevó una mano al pecho –Sabe que me gusta explorar nuestro gran reino y correr entre la selva ¡No puedo estar por siempre encerrado! – miró con piedad al Tlatoani y calló. Moctezuma cerró sus ojos y se levantó de su trono. Camino hacia al frente del muchacho y se hincó delante de él. –Tenochtitlan entiéndeme por favor – lo miró con calma.
–¿Qué pasaría si esa personas te capturaran? – posó su mano derecha sobre el hombro del imperio
–Entraríamos en una terrible calamidad que ni siquiera, nuestros propios dioses; serían capaces de salvarnos – e hizo una pequeña presión sobre el pequeño –Ahora por favor dime, ¿Tuviste contacto con esas personas? –
México abrió sus ojos de par en par. Era lo que menos quería escuchar por parte del Tlatoani.
Se mordió con fuerza el labio inferior. Recordó lo que había dicho España respecto de comentar el contacto que tuvieron entre ellos dos. Pero… se encontraba en frente de su señor y el mentir, era realmente algo que se castigaba con severidad ya que era una traición. –No mi señor…– agacho su mirar, pero Moctezuma, observaba con el mínimo detalle el rostro del niño y sabía muy bien que estaba mintiendo. –Te lo repetiré otra vez – su voz se hizo más grave y profunda –¿Tuviste algún contacto con ellos? – remarcó cada palabra
México empezó a sentir miedo. Pero no podía romper la promesa que tenía con España y ni mentirle a Moctezuma.
Así que agacho su cabeza. No tenía otra alternativa.
–Si…– murmuró en voz baja, pero que fue muy perfectible de entender entre los presentes. Moctezuma se quedo anonadado. Era la primera vez que Tenochtitlan hacía algo indebido. – ¿¡Como que has tenido contacto entre ellos!- los sujeto de los dos hombros y lo sacudió con fuerza – ¿¡Que es lo que se te ha pasado por tu mente el desobedecerme!- gritó fuertemente, México permaneció en silencio; sabía lo que se aproximaba.
–¡No me dejes otra alternativa!- se levantó del suelo el Tlatoani y camino hacia su trono –Yo te apreció, como el hermano que eres para mí- se sentó en el trono un tanto agobiado, realmente se sentía decepcionado. –Pero no me queda otra alternativa más que castigarte por esto…– tapó su rostro con su mano –Dale gracias a Quetzalcóalt de que no puedes morir y que tus heridas sanarán rápidamente- suspiro largamente.
–Perdóneme…- murmuró el castaño, también se sentía pésimo por lo que había hecho –No cambia el hecho de que hayas hecho eso Tenochtitlan – levantó su mano, dando orden a los guerreros jaguares que se colocarán al lado del imperio. –Recibirás el castigo de todo joven al desobedecer. Ya que no te puedo aplicar la pena máxima – descubrió su rostro y miró a Tenochtitlan.
– ¡Te han de azotar con las pencas del maguey e inhalaras el humo de los chiles quemándose, y por último te han de dejar atado sobre la tierra mojada durante todo un día!- habló con seriedad. Inmediatamente los guerreros jaguares tomaron las muñecas del pequeño y las ataron fuertemente con cuerda al igual que sus pies. México no hizo nada para oponerse.
– Si ese va ser mi castigo, entonces la tomaré- elevó su vista y le enseño su cara de valentía –Pero le he de decir, que si quiere saber que fue lo que paso entre ese extraño y yo se lo contaré todo mi señor- Moctezuma tomó una actitud de curiosidad, realmente; era algo muy interesante lo que el imperio le podría relatar y así, poder saber talvez como alejar a esos extraños. Pero también sabía que era un acto para poder remendar su castigo.
– De acuerdo- volvió hablar el Tlatoani –Pero aunque me hayas dicho eso, no cambiara nada de tu castigo- se levantó de su trono y se retiró a sus aposentos. México agacho su cabeza y soltó un largo suspiro. Los guerreros jaguar lo tomaron y lo cargaron tal saco pesado sobre su hombro para llevarlo cumplir su castigo.
Pero a pesar de todo, el rostro de México sonreía.
Tenía algo entre manos que ni el mismo Tlatoani lo había notado…
4 Días Después
El caballo de España ya no podía soportar más el seguir caminando. Sus largas patas estaban comenzando a flaquear y encima; el peso que tenía que soportar de la indígena y el explorador sobre su lomo.
–No te detengas por favor…– se inclinó España hacia al frente para poder acariciar el rostro del caballo
–Tenemos que seguir hasta encontrar a los demás – su caballo hizo un pequeño relincho y sacudió sus crines
–Te prometo, que cuando lleguemos te daré toda el agua que quieras y todo el heno que quieras comer – murmuró con gentiliza. Y como si realmente el caballo hubiera entendido su habla, modero su marcha. –Eso es mi querido corcel – rió simpáticamente –Pronto vamos a llegar…– murmuró seriamente, como si no quisiera perder la esperanza.
Desde el día, que España salió de la villa precipitadamente para encontrarse con Cortes; no haya ningún rastro de este. El y Malinche llevaban más de 3 días perdidos en la inmensa selva sin tener rastro del ejército español. Pareciese, que habían desaparecido mágicamente. No había huellas, ni rastros de campamento. España pensó, que posiblemente era idea de los indígenas Totonacas que llevaban en el ejército para despistar al enemigo. Suspiró ante su mala suerte.
Llevaban más de 3 días de penurias sin poder tomar agua ni comer. Para la salvación de España, tenía a Malinche; quien en esos tres días y gracias a sus conocimientos sobre la selva, pudieron sobrevivir comiendo ciertos brotes y frutos de las plantas que habían. Pero ambos necesitaban agua, y por la imprudencia e impaciencia del español; olvidaron cargar consigo los materiales que necesitaban para poder soportar la travesía. Realmente se sentía como estúpido por reaccionar tan impulsivamente. Pero realmente no podía evitarlo. No podía permitir que Cortes se encontrase con el pequeño imperio. ¿Pequeño Imperio?
España se dio un fuerte golpe en la frente. Olvido completamente lo que le había prometido a México de volverse a encontrar el día siguiente.
– ¡Que estúpido soy! – siguió golpeándose la fuerte – ¿Ahora que pensará de mí? ¡Seguramente que soy un simple charlatán! – Gracias a sus auto reclamaciones y sus gritos, provocó que la joven, quien se encontraba dormida en la espalda de España; se despertara. –¿Joven España? – miró curiosa al país –¿Qué le ocurre? – estiró su brazo para detener el puño que golpeaba la frente del español. – ¡Ahora no Malinche! – gritó desesperado –¿¡Que no ves que estoy pasando por una crisis emocional! – sollozó –Pero joven, se esta lastimando – murmuró un tanto preocupada –¡No me importa!– y volvió a golpearse nuevamente –¡Si esto me merezco por ser alguien que no cumple sus promesas lo haré! ¡Ni siquiera se en donde nos encontramos y estamos perdidos!– Malinche solo soltó un suspiro.
–Joven España – la expresión de la morena pareciese a que quería golpear al español –¡Te dije que ahora no Malinche! – lloraba –¡Soy un mal futuro jefe! ¿¡Así como podré ser un buen ejemplo para él! – continuaba con sus crisis existencial. –Joven España, por favor si es tan amable; deje de llorar y mire hacia al frente…- empezaba hartarse del comportamiento tan aniñado de España. –¡Coño tía, pero que no entendéis que estoy en una crisis! – miró de reojo a Malinche sin dejar de llorar. Arta, Malinche tomó la cabeza de España y la hizo girar voltear hacia al frente. Los ojos de España se iluminaron. Delante de él, se encontraron con el campamento español que llevaba un gran avance caminando, hacia el estado Mexica.
Inmediatamente, recordando el motivo por el cual España había salido presuroso al encuentro con Cortes. Desmontó su caballo y corrió hacia el campamento. –¿¡Quien esta ahí! – gritó uno de los español que mantenían guardia del campamento, ya que escucho los pasos rápidos del español corriendo entre la maleza. De la nada, el soldado salió disparado al suelo gracias a un puñetazo proporcionado por el español.
–Como si no supieras quien es idiota – dijo molesto y entro al campamento. Más de cien soldados españoles y mas de mil soldados totonacas se encontraban reunidos, ahí; hechos bola el ejercito español-totonaca. Miraron sorprendidos al ver el arribo tan precipitoso del español. España arqueó una ceja. –¿Tengo acaso algo en mi maldita cara? – dijo molesto. Los soldados al ver la actitud nada amigable del país continuaron haciendo sus cosas. España sonrió. Miró a su alrededor y busco la carpa principal donde se encontraría Cortes. Sin demorarse mucho, se topó con ella, la cual era la única carpa colocada en el centro y alrededor de las otras carpas. Y con paso firme se dirigió hacia ella. –¡Espere España! – en su camino se interpusieron varios soldados intentando detener su paso. España se detuvo –¿Qué? – los miró con cara de pocos amigos –Me van a decir que esta "ocupado" – dijo en tono de burla –No se preocupen, no lo esta por que yo traigo a su concubina – y sin esperar respuesta se abrió espacio entre ellos.
España había vuelto a cambiar de actitud. Su personalidad no era la amigable de siempre, si no; aquella personalidad intimidante que con solo mirarlo a los ojos te hacía temblar
–¡Cortes! – entró campante. El conquistador se encontraba acostado en el suelo sobre una cobija con sus piernas cruzadas y sus brazos detrás de su cabeza. –¿Qué acaso no puedo tomar mi siesta de las tres de la tarde? – abrió un ojo y miró fastidiado al español. -¡Yo llevo más de cuatro días sin dormir, sin comer y no me he quejado! – pateó una de las piernas con fuerzas. Cortes suspiro. –¿Ahora que quieres España? – se levantó fastidiado del suelo, sacudiendo sus ropas que se habían empolvado por la tierra –¿¡Que se supone que te pasa! ¿¡Por que rayos has empezado ya la expedición!- gritó indignado. Cortes se quedo estupefacto.
–¿Discúlpame? – arqueó una ceja –Que yo recuerde, cierto señorito me pidió que "por favor" empezara a moverme – camino hacia una caja que se encontraba ahí –Y aquí estoy– elevó sus manos –Tal como me lo pediste ¿Qué te parece? – cruzó una pierna. España frunció el ceño. –¡No debiste hacerme caso! – volteó hacia su derecha, observo una copa de vino y un pedazo de pan sobre un taburete –¡Yo solo lo dije por decir! – tomó el pan y le dio una gran mordida –Pero esto querías ¿Cierto? – empezó a divagar su vista –Yo se que lo que más anhelas en este momento es encontrar a ese nueva nación – sonrió. España lo miró de reojo –No me interesa eso…– y volvió a darle otra mordida al pan. –¿Cómo puedes decir eso? Siempre que llegamos a un nuevo lugar, siempre buscabas apresurado a la nación – se levantó de su lugar y camino hacia donde estaba España.
–Posiblemente…– observo al español con malicia –Lo has de haber encontrado ya…– tomó la botella de vino y en dos copas empezó a servir –Aún no me topó con él– miró con seriedad al conquistador –Y si lo hubiera encontrado ya, lo hubiera traído conmigo- le arrebató una copa y bebió a fondo el vino. Cortes lo miró con sospecha. –Esta bien, de todos modos…- meneó la copa circularmente –Ya empezamos la expedición posiblemente lo encontraras muy pronto- sonrió y lleno nuevamente la copa de España.
–¡Por la conquista de esta nueva tierra!- dijo alegremente mientras elevaba su copa –¡Por la conquista de esta nueva tierra!- sonrió vivazmente el castaño –Entonces ¡Salud!- Cortes se empino la copa de golpe
–¡Salud!- hizo lo mismo España.
España, tomó una copa de vino llenándola hasta el tope. Tomó un sorbo de esta y comenzó a hacer gárgaras con ella. Después de unos segundos lo escupió rápidamente. Sus pequeños orbes, miraron con atención lo que había hecho. Se encontraba deprimido.
–Pero que fue lo que dije…– dio otro trago a la copa, pero este si se lo tomó. España se encontraba deprimido, se sentía como un patán después de haberle prometido a México que se volverían a encontrar, y ahora justo más por haber brindado la conquista de este. –Pero esta bien lo que dijiste España…- cerró los ojos –Lo hiciste por su bien…- suspiro y volvió abrir sus ojos. –Trataré por tú bien, esconderte lo más que pueda. O hasta que hallé una forma pasiva de llegar hasta ti- tomó un pedazo de pan y lo partió a la mitad. Aún que él pensase de esa manera, no podía evitar lo que tenía que hacer. Era un conquistador y su fin es el conquistar tierras para su rey y para él mismo. Pero nunca pensó que las conquistas de nuevos países serían tan complicadas, más; cuando tienes aún pequeño país inocente delante de ti.
España se perdió ante sus pensamientos. Dejo aún lado la copa y el pan, perdió el apetito. Cerró sus ojos y abrazó sus piernas ocultando su cabeza entre ellas.
–Ni siquiera…- murmuró –Ni siquiera se en donde puede estar México. Seguramente, debe estar enfadado conmigo…– sonrió –No me sorprendería, siempre me odian como todos…- susurro y quedo en silencio. Un suave viento calido rodeo al español como si le pidiera que no se preocupara. Más España permaneció en esa posición, quieto; sin que nada lo perturbase. Bueno, eso creía.
De la nada, sintió como algo pequeño impacto en su cabeza haciendo que reaccionara. –¡Oigan- volteó hacia tras el español –¿Quién me aventó esta piedra?- preguntó molesto –¿Qué ocurre España?- dijo un soldado –¿Acaso, la "fiebre de la selva" te esta empezando a atacar?- rió –Seguramente los cuatro días que estuvo perdido lo hizo alucinar- le hizo de segunda otro soldado. –Jajaja, muy gracioso- volteó de nuevo hacia al frente el país. Entonces miro curioso el objeto que le habían lanzado. No solo una piedra, era una piedra de jade. Miro a su alrededor. ¿Quién pudo aventarle eso? Solo delante de él, se encontraba árboles y más árboles. Y todavía era de día. Esto se le hizo sospechoso. Tomó su último trago de su copa de vino y le dio una última mordida a su pan. Y tomando su espada, marchó hacia el interior de nuevo.
–¡Eh España! ¿Volverás de nuevo a perderte?- preguntó un hombre –Seguramente el llamado de la selva le dice que regrese- y ambos hombres comenzaron a burlarse del español. Más sin embargo España no les hizo caso. Estaba concentrado mirando a su alrededor. Tenía una mínima esperanza, solo la mínima; de quien haya hecho eso sea el pequeño imperio. ¿Quién más podría tener jade? Aparte, esa piedra le recordaba mucho los aretes que él cargaba. ¿Pero si eran otros desconocidos? Malinche había dicho que a veces, los guerreros de otras ciudades llegaban atacar a sus enemigos que invadían sus tierras. No podía arriesgarse. Con su espada empuñada caminaba con sigilo. De repente, escucho el crujir de unas ramas.
–¿¡Quien esta ahí!- desenvaino su espada –Les advierto que no permitiré que se acerquen a nosotros- empezó a dar vueltas sobre su propio eje, mirando a todos lados. Nuevamente escucho el crujir de las ramas. Giró a su derecha, y detrás de un arbusto pudo ver unos pequeños ojos castaños que lo miraban con detenimiento. España reconoció esos ojos.
–¡México!- gritó alegremente mientras se ruborizaba un poco –Me has dado un susto, pensé por un momento que… ¡Oye espera!- miró como el pequeño niño corría más dentro de la selva. –¡Espera!- España titubeó si en perseguirlo o quedarse en ese lugar. Miró el campamento y luego a México que desaparecía de su vista. Volteó a ver a México y luego el campamento. Tenía que decidir algo ya.
–Espero hacer lo correcto…- murmuró mientras salía corriendo en dirección hacia México. España corría lo más rápido de lo que sus piernas le permitían ya que la maleza y las raíces que había realmente le hacían demasiado difícil poder alcanzar a México, que corría como una gacela. Más las ganas de alcanzarlo le hacían capaz de vencer los obstáculos. –¡México! ¡México!- gritaba con fuerza –¡Espera! ¿¡Por que corres!- intentaba por lo menos detener al pequeño imperio, que corría sin parar. Por un momento, España pensó posiblemente que no era él y que era otro niño indígena. Pero lo observo de pies a cabeza, seguía siendo el mismo niño que se encontró la otra vez. –¡México por favor detente!- gritó jadeante el país –¡No huyas de mí por favor!- Y esta vez, el niño le obedeció.
México, se detuvo y volteó a ver al español. España soltó un suspiro de alivio, si era el pequeño imperio que se había topado antes. –Hyaa… Si que me hiciste correr- intento regular su respiración –¿Pero por que corriste? ¿Qué acaso ya no nos conocíamos?- sonrió e intento acercarse al pequeño mexica. Sin embargo, este dio unos pasos hacia tras. El español, extrañado por la actitud del pequeño; lo miró con curiosidad. México, se notaba tensó, y como si fuera la primera vez que lo vio; tenía una posición de prevención. Y su mirada, lo miraba con sigilo. –¿México que ocurre?- dio un trago de saliva España, comenzó a preocuparse. –¿Acaso no me reconoces? Soy yo, España- dio un paso hacia al frente. México se puso a la ofensiva y dio otros pasos hacia tras. –México… estas empezando a asustarme- murmuró preocupado, y avanzo un paso más. Y como acto consecutivo, México dio otro. Los ojos de España estaban fijos en los del pequeño. Realmente estaba intentado calmarlo con su mirar. Más el pequeño seguía dando pasos hacia tras.
–México vamos…- extendió su mano –Soy yo España- avanzaba unos pasos más hacia la pequeña nación –Vamos, tienes que acordarte de mí. Se que no cumplí mi palabra…- rascó su cabeza –Pero te pido una disculpa por eso ¿Vale?- dio unos pasos más al frente. –Te pido una disculpa- sonrió calidamente. Entonces, el pequeño Mexica dejo de dar un paso hacia tras y se quedo quieto. España sonrió. –¿Vez? ¿Ya te acuerdas de mí cierto?- dio un paso más hacia al frente.
México sonrió.
-¡Axkan! (¡Ahora!)- gritó fuertemente –¿Qué?- dijo curioso el español –¿Qué ocurreeeeeeeeeeee- en un derepente España sintió como ponían su mundo literalmente de "cabeza". Tardó varios segundos en darse cuenta de que había caído en una trampa de soga y ahora pendía de un árbol.
–Aaah… esta bien… creo que merezco esto de tu parte…- rasco su sien. –¿Pero sabes?- sonrió –Me estoy mareando, serías tan amable de bajarme…- sintió que le cortaron las palabras al ver que unos enormes hombres que salían detrás de México, con sus semblantes serios y con cara de odio. De ahí miró a México, que aún esbozaba una gran sonrisa en su rostro.
–Ya valió…- murmuró con terror
Como si fuera un jabalí, el español se encontraba atado a una varilla; de pies y manos mientras de los extremos los dos grandes hombres que acompañaban a México, lo llevaban. El rostro de España se encontraba aterrorizado. Se encontraba preso bajo esos dos grandes guerreros mexicas. Cada vez que intentaba hablar con México, uno de los guerreros de la daba un golpe en el cuerpo, haciendo que se callara inmediatamente. Estaba asustado, ni siquiera sabía en donde se encontraba y estaba apunto de atardecer. Miró al pequeño imperio que se encontraba al frente de los dos guerreros, caminaba rápidamente y volteaba hacia tras cada cierto tiempo para observar a España y si por si alguien los había seguido. En un derepente se detuvo y le hizo una seña a los guerreros, soltando de golpe al español. Este recibió fuertemente el impacto en su espalda.
–Aaaah…- quejo adolorido –Esto te mereces España, esto te mereces España…- se murmuró hacia si mismo. Los dos hombres, desamarraron inmediatamente al español. España, pensando que lo iban a dejar libre se intentó levantar del suelo; pero por error no lo debía hacer. Y con una de las grandes manos de un guerrero, volvió a ponerlo en el suelo de golpe y esta vez, el rostro de España quedo cubierto de tierra.
–¡Oigan sean cuidadosos!- gritó molesto, pero a ellos poco les importo y ataron detrás de su espalda sus manos. Ya atado, lo levantaron y le dieron un empujón para que empezara a caminar. España solo chasqueó sus dientes y prosiguió. Pero no se había dado cuenta de algo, que al darse cuenta quedo boca abierta.
Delante de él, se encontraba lo que tanto estaba buscando.
–No puede ser…- sus ojos miraron asombrados alrededor –Es la capital…- quedo tan impresionado, que tuvieron que darle otro golpe brusco para que volviera a caminar.
Delante de él, podía ver que al parecer era una isla rodeada por un gran lado y que alrededor de esta isleta, se encontraban llenas de hogares muy pequeños. A sus lados, al sur, al este y al oeste se encontraba conectada la isla con lo que eran puentes que conectaban a tierra y en la cual; justamente se encontraba caminando sobre uno que daba cara a lo que era el templo mayor.
México miro de reojo al español, y rió bajamente; realmente España tenía cara de asombro.
Al llegar lo que era la entrada de la gran isla. Varias personas corrieron hacia lo recién llegados. España decidió que era correcto que agachara su cabeza y que intentara hacer el menor contacto visual con aquellas personas que empezaban a concurrir alrededor de ellos. Pero cuando podía, miraba hacia sus lados para ver aquellas personas que lo miraban con cierto temor y que otras, lo miraban con odio. Los niños, al ver a ese extraño moviéndose por las calles de la gran Tenochtitlan, corrían despavoridos hacia el regazo de sus madres que lo abrazaban con fuerza, mientras lo miraban con odio. ¿Cómo no iba ser posible eso, si ellos eran muy diferentes hace ese extraño?
Entre los ancianos, empezaron hablar entre ellos mismos y luego dirigían una mirada amenazadora hacia el español. Por su sabiduría, no podían negar que iba a ser realmente un peligro tenerlo entre ellos. España empezó a sentirse incomodó. Miró a México intentado buscar una explicación.
¿Cuál es el motivo por lo cuál lo han traído aquí?
Si el fuera la nueva nación, y estuvieran extraños en su tierra. Lo primero que haría sería alejarse de ellos o de plano acabar con ellos para que no prosigan. Pero en su caso, era el enemigo que se encontraba profanando sus tierras y la nueva nación lo había traído hacia el origen de todo.
Entre la multitud que estaba aglomerada. Una piedra fue lanzada junto con una reclamación hacia el español, hiriéndolo en el brazo. Este solo gimió. Consecutivo al acto, empezó un revuelo entre los pobladores mexicas; empezaron a gritar y lanza cualquier objeto que encontraran hacia el forastero. España no podía hacer nada más que seguir caminando presurosamente y recibir los golpes y posibles blasfemas que le daban la gente.
México, indignado ante el acto inadecuado de su gente. Empezó a gritar en su idioma, haciendo señas de que pararan su ataque y lo dejaran en paz. Más la gente, le hacía caso omiso. Realmente estaban disgustadas ante la presencia del español. Sin embargo, México pronunció algo que paralizó inmediatamente a los pobladores y cesarán lo que estaba haciendo. España no pudo entender lo que había dicho, ya que había hablo en su idioma. Inmediatamente, la gente guardo silencio y abrió paso a los dos guerreros que lo custodiaban y a México que permanecía al frente de ellos tres.
España se sintió un poco agradecido. A pesar de no saber que fue lo que dijo, agradeció que pararan de hacer eso y continuó caminando. Pero aún no termino su tortura. Elevó su vista y delante de él, se encontraba la pirámide del Templo Mayor. Vio como rápidamente México empezó a subir las escaleras. Este dio un trago de salivo, rezó y si fuera posible se persignaría y comenzó a subir la enorme pirámide. Poco a poco, España empezó a subir lo más de miles de escalones que tenía el templo, intentando no pensar en la altura y que si daba un paso en falso podría ser el fin de todo.
Bueno… ni del todo por que era un país.
Pero por lo menos, al ir subiendo podría apreciar lo que era el panorama. Realmente era muy hermoso, ver lo que era el lago que se encontraba rodeando a la majestuosa ciudad. Ahora podía entender claramente por que México se sentía tan orgulloso de su tierra.
En un abrir y cerrar de ojos, España se encontraba ya en la cima plana el templo. Volviendo a poner atención, miro hacia al frente. Delante de él, se encontraba el Tlatoani Moctezuma que se encontraba protegido por un guerrero jaguar y uno águila. Firme como una roca, usando sus ropas elegantes y vistiendo un enorme penacho que cautivaba la mirada del español. Tenía una mirada rígida, que hizo que España agachara su mirada. Pero no le iba a servir de mucho, ya que uno de los guerreros lo empujo fuertemente hasta donde se encontraba Moctezuma, tirándolo de rodillas golpeando fuertemente el suelo.
–¡Aargh!- esta vez no pudo evitar gritar por el golpe, ya había recibido bastante en este día.
– Como quisiera… no estar en este momento aquí…- murmuró el español bajamente, aguantando el dolor de la caída –Aun que me hayan traído a la capital…- susurró.
Una mano, levantó el rostro de España con rigidez. Era Moctezuma quien se había hincado para poder levantar su rostro. Sus ojos negros, miraron con atención el rostro tan extraño de España. Con su otra mano, dibuja el arco de sus ojos, sus cejas, su nariz e inclusive sus labios. Miró detenidamente los ojos verdes brillante de él, su cabello; y volteó su rostro hacia la derecha e izquierda. Al haber terminado la inspección, lo levantó y empezó a mirar su cuerpo. Con su cara de pensativo, levantó la camiseta blanca que portaba el español.
–¡Oiga!- se ruborizó ante el acto, pero una mirada seria de Moctezuma lo hizo callar. Y no le dio más que otro remedio que dejarlo hacer lo que hacía. De igual manera, fue con su pantalón, fijándose en cierta parte y viendo la firmeza que portaban sus piernas. El gran señor se alejo de él. Había terminado con su inspección.
Dirigió su vista al imperio y le dijo algo en su lengua que no pudo entender. Más su expresión parecía realmente mortificada. México, le contestó de igual manera en su idioma; rogándole, como si pidiera algo importante. Moctezuma miró a España y de nuevo a México. Después, dio un largo suspiro. Se hincó para estar a la altura de este y le empezó a dirigir unas palabras. El rostro del niño se ilumino inmediatamente y sonrió, intentó darle un abrazo pero el Tlatoani le recordó que estaban en presencia de los sacerdotes y guerreros. Así que contuvo su alegría. El incorporó nuevamente y camino hacía al frente de las escaleras. Delante del gran templo se encontraba la multitud reunida esperando ansiosamente la palabra de su señor.
Moctezuma levantó sus brazos al aire y gritó unas palabras. La multitud solo gritó como respuesta del señor y se marcharon de ahí.
Ahora si, España se encontraba confundido.
El Tlatoani miró a México y marchó hacia uno de los templos que se encontraban en ese mismo lugar. Los dos guerreros que los acompañaban, también marcharon con el Tlatoani hacia el templo, dejando solo a España y México. España, quien aun se encontraba confundido miró a México.
–¿Me podrías decir que fue todo esto?- arqueó una ceja un tanto acomplejado, más México solo le respondió con una sonrisa. E inmediatamente el imperio empezó a bajar las escaleras. –¡Oye espérame! ¡No quiero volver a correr!- bajo el un poco más cauteloso las escaleras, ya que todavía seguía con sus manos atadas. Con cuidado, bajo peldaño por peldaño intentando alcanzar a México que prácticamente ya estaba en el suelo. Un enorme escalofrío recorrió el cuerpo de España. No se había dado cuenta de la altura en la que se encontraba, y nuevamente; se encomendó a Dios.
Al haber llegado a tierra, España soltó un suspiro de alivio. México, se encontraba sentado en el último peldaño de las escaleras. Riendo, al ver el miedo dibujado en los ojos de España.
–México…- suspiro –¿Podrías decirme que esta ocurriendo aquí?- lo miró un tanto tedioso, ya que realmente quería una respuesta. México, soltó un suspiro y talló sus ojos. –No te puedo hablar, no hasta que salgamos de aquí- y diciendo esto comenzó a caminar hacia el puente por donde había entrado. España hizo un puchero. –Entonces no hablaré contigo hasta que salga de aquí-
México solo lo elevó sus hombros indiferentemente.
Mientras caminaba, España miraba aún asombrado la enorme ciudad. Realmente era muy grande y llena de templos y cosas ceremoniales. Las esculturas y las cosas arquitectónicas, realmente le llamaban mucho la atención al español. La gente, que aún se escondían de él; pero no lo miraban ya con odio, ahora solo con temor. España volvió a suspirar. Realmente quería saber que pasaba. Dirigió su vista divagante, ahora hacía México, que caminaba al frente de él con toda prisa. Miraba curiosamente, como sus pies descalzos caminaban sobre la tierra sin molestarle. Lo impresionaba, y más con lo veía correr. Pero observó algo, que no había visto antes.
La piel morena del imperio, estaba toda llena de pequeñas cicatrices.
No las había visto antes, ya que estaba realmente muy distraído con la ciudad y por todo lo que estaba pasando.
–México, ¿Y esas heridas?- murmuró bajamente el español – No las tenías cuando te encontré- lo miro con seriedad. México detuvo su caminar y miró de reojo a su seguidor. Levantó su mano y señalo hacia su derecha. Hacia donde señalaba, se encontraba una planta muy extraña, de forma como una roseta con grandes, enormes y carnosas hojas. Y que a sus extremos de cada hoja, llevaban unas grandes espinas y, al final de esta; había una espina mucho más mayor.
– Me las hicieron con las pencas del Maguey- dijo bajamente y siguió caminando. España, miró asustado aquella planta y se acerco a ella. Al intentar tocarla con su antebrazo, pudo sentir que tan filosa eran aquellas espinas, que le habían provocado un leve sangrar. Con temor, miró al imperio. Su cuerpo, todo su cuerpo se encontraba llena de cicatrices. Imagino el momento que debió haberle ocurrido eso.
-¿¡Pero México que fue lo que paso!- corrió asustado hacia el imperio, quien ya estaba fuera de la ciudad caminando sobre el puente –Acaso, ¿Te caíste? ¿O estabas trabajando con ellas?- realmente estaba preocupado, por la condición que debió haber estado el pobre niño. México se detuvo y volteó a ver hacia el horizonte. El crepúsculo había comenzado.
–Ninguna de esas dos cosas…- sonrió –Todo esto fue gracias a que dije que había tenido contacto contigo hace tres días- y prosiguió caminando. España se quedo intrigado. –¿Contacto conmigo?- arqueó una ceja –¿Pero que tiene que ver eso con esto?- pregunto angustiado –No te preocupes por eso y sigue caminando- le dijo sin preocupación alguna el mexica. España, molesto ante esa respuesta; corrió hacia al frente de la nación y detuvo su caminar. Frunció el ceño y miró con enojo al imperio.
–Me importa un bledo lo que hayas dicho de que me ibas hablar o no- se puso a la ofensiva –Me dirás todo en este momento ¡Ahora!- gritó molesto. El moreno lo miró sorprendido ante su actitud. Miró hacia tras y se dio cuenta que estaban a más de la mitad del puente. –Está bien, te lo contaré todo- lo miró con seriedad.
– Al día siguiente, después de habernos encontrado. Unos guerreros fueron por mí para llevarme con mi señor, ya que; desde que ustedes extraños, llegaron a esta tierra. Mi señor me había dado la orden que no saliera de Tenochtitlan por ningún motivo – suspiró – Pero ese día, estaba arto de estar encerrado y decidí salirme de ahí como pudiera. Llevando consigo un pago…- agacho su mirar
–¿Te castigaron cierto?- murmuró afligido –El desobedecer una orden al gran Tlatoani es como un delito. Si fuera una simple persona, posiblemente no estuviera aquí para contártelo- miró al español y rió. –Pero, ¿Te golpearon todo el cuerpo?- se hincó y empezó a recorrer con la vista el cuerpo moreno –Obvio- estiró su brazo derecho mostrando las pequeñas cicatrices –Sin contar el humo del chile y el estar desnudó…- suspiro ante su suerte. –¿¡Qué, qué!- gritó asustado el español –¿¡ Como que chile de humo y desnudó!-
México suspiro.
–Verás, primero me hicieron inhalar humos de chiles quemándose, que es una cosa horrible ya que lastima los ojos y por donde respiramos. Después de ello, me desvistieron y por todo un día y una noche me colocaron sobre la tierra mojada. Te lo dejo a tu imaginación. Y por último me azotaron con las pencas del maguey en todo el cuerpo. Pero no te preocupes…- lo miró y sonrió alegremente –¡Dentro de unos días más estaré como nuevo!- dio un giro sobre si mismo mostrando sus heridas.
–¡No digas eso tan sonriente!- exclamó España –¡México, te había dicho que no digieras nada!- frunció su ceño –Aun que no le haya dicho nada, mi señor me habría castigado de todas maneras- dijo inocentemente y siguió caminando. –Ay México…- se incorporó y siguió al imperio. –Pero aún tengo una duda, ¿Por qué me has traído aquí? A tu ciudad- susurró –Además, no entendí nada de lo que hablaste con tu señor y lo que este le dijo al pueblo- rió apenadamente.
–Tranquilo, mañana sabrás por que- sonrió y camino detrás del español –Ya es tarde, seguramente tus acompañantes deben estar preocupados por ti- sacó una pequeña cuchilla y empezó a cortar la soga que ataba las manos del español –Así que será mejor que te vayas-
–¿Mañana?- sobó sus muñecas –Pero ni siquiera se por donde llegar y ni siquiera por donde regresarme- miró hacia la profundidad de la selva –Aparte tardamos más de cinco horas en llegar corriendo…– una gota de sudor recorrí su rostro. –Calma, mi águila te va a guiar- señaló la rama de un árbol donde se encontraba, la misma ave que había visto antes el español. –Solo tendrás que correr lo más rápido que puedas- guiño su ojo.
–Claro como yo puedo correr tan rápido…- dijo sarcásticamente
–Pero sigo sin entender, ¿Por qué tu señor no me hizo daño alguno y en vez de eso me miro tan determinadamente?- pronunció con curiosidad –Si yo hubiera sido él, seguramente me hubiera mandado a matar para que no digiera donde estaba la ciudad- suspiro –No lo hizo, por que yo te hice prometer que no dirías nada de lo que sabes ¿Te acuerdas?- empujó las piernas del español para que fuera adentrándose a la selva
–¡Lose! ¡Pero aún así no logro entender por que no me hicieron nada!- miró con angustia al pequeño –¡Ni siquiera se por que actuaste conmigo así de esa manera! ¡Como si no me conocieras!- dijo molesto.
México dejo de empujarlo y cruzó sus brazos.
–Es una historia larga… pero si quieres saber…- suspiro y cerró sus ojos –Lo único que te puedo decir, es que le he dicho a mi señor que te quería como un esclavo- dijo sonrientemente –¿Un qué…?- dio un respingo –Un esclavo- dijo burlonamente. Entonces movió vigorosamente su mano, dándole entender a la gran ave que empezara su vuelo. –Bueno, deberías seguir a esa águila antes de que se pierda de vista- señalo a la ave que iba volando –Pe…pe… ¿Un esclavo? ¿¡Yo!- quedó traumatizado el español al escuchar eso.
Un conquistador, ¿Hecho un esclavo? ¡Por Dios!
–El águila se va- dijo cantarinamente, mientras veía traviesamente al español, que estaba pálido al escuchar esa noticia y tornándose rojo al no poder saber nada de lo que había hecho el imperio –¡Maldición!- sacudió su cabello precipitosamente y empezó a seguir al águila. –¡Más te vale que me digas todo mañana!- hizo un berrinche –¡México tramposo!- su silueta empezó a perderse en medio de la selva.
–¡Mañana te veo!- alzó una mano y empezó a sacudirla en forma de despedida. Hasta que dejo de ver la silueta del español dejo de moverla.
–Tonto- cerró sus ojos
–Esa era la única manera de mantenerte a salvo…-
Sonrió calidamente y dio media vuelta para volver a su ciudad mística.
Capítulo 4. Pachouki (Atrapado)
A ver chicas, quien quiere a un señorito español como esclavo? XD
No se amontonen, hay Toño para todas! (?)
Ejem... bueno, primero que nada; este capítulo no tiene nada historico, aquí ya empiezo involucrar más la relación de España y México.
Pero eso si... ya va a empezar lo bueno (El capítulo que viene va ser el principio de todo).
También disculpen si se hizo incoveniente lo del acentó de España. Pero en ese momento se me hizo (a mi parecer) realmente gracioso que España le contestara de esa manera a Malinche.
¡Ah! Y lo de los castigos, realmente es cierto. Esos castigos que se le aplicaron al pobre de México, solo se le aplicaban a los niños y las niñas chicos. (Exepto a la niñas, solo se le amenzaban. Pero cuando lo volvián hacer realmente se lo cumplian)
Pero ya, con los adultos, que comentian actos realmente malos (Más si venian de la nobleza) o desobedencia.
Uff... ahí se los dejo a su imaginación.
Con decirles que a las mujeres, si comentian adulterio o incestivo, las acostaban y les tiraban una gran piedra en su cabeza.
Bueno, eso sería todo.
Maiden Out.
