Capítulo largo, recomendación: Tomarse su tiempo con un buen té, bebida favorita y una botana o comida de su gusto.
¿Preguntas o dudas? Al final del capítulo.

Disfruten al español y sus chocoaventuras!

Maiden Out


Con esfuerzo, abrió uno de sus ojos el español. Llevaba tiempo sintiéndose entumido, más por alguna razón no podía despertarse. Su cuerpo se sentía raro, en una posición rara; pero no podía reaccionar a su alrededor. Un inmenso sueño lo dominaba, y a penas podía permanecer con su ojo abierto. Lo cerró de nuevo y volvió a caer ante el sueño. Sin embargo, sus oídos captaron el sonido de unas risas. Intentó de nuevo volver abrir sus ojos, pero no pudo y con fastidies movió su mano como si intentara espantar algo. Pero las risas, esas risas seguían ahí. Enseguida, sintió algo raro en su rostro. Algo frió recorría su rostro de un lado al otro constantemente. Unos leves gruñidos salieron de su boca.

–Déjenme…– murmuró en voz muy baja y fastidiado. Las risas se hicieron más fuertes. España sacudió su cabeza, tenía que despertarse; ya que su cuerpo también empezó a tensarse más. Con bastante esfuerzo, consiguió abrir sus ojos y obtuvo una imagen muy borrosa. Delante de él, parecía que había varios hombres riéndose de él. –Ummm…– talló uno de sus ojos e intento de ver de nuevo esa imagen. No se había equivocado, eran en realidad sus hombres quienes se reían de él. Aún con sueño miró a su alrededor, pero aún no reaccionaba y no sabía en que lugar estaba.

–¡Eh tío! – gritó un hombre –¿Qué tal tu viaje de primera? – empezó a reírse – ¡A puesto que es mejor que un caballo! – comentó otro. –¿Viaje…?- arqueó una ceja el español –No entiendo…– volvió a cerrar sus ojos pero los abrió nuevamente de golpe –¿En verdad que no sabes en donde estas verdad? – sintió como una mano golpeaba su espalda, que lo hizo enderezarse y reaccionar un poco más. –¡Que me dejen en paz! – gritó molesto el castaño por el golpe. Pero gracias a ese golpe, se dio cuenta en donde estaba.

En ese momento, se encontraba rodeado de todo su ejército; se habían puesto en movimiento.

A su alrededor, estaban los españoles y los indígenas llevando todo aquello que se habían cargado para la instalación de su campamento. Los caballos también estaban acarreando los objetos más pesados, mientras los guerreros totonacos hacían lo que al parecer era como una valla alrededor de todo el ejército, teniendo vigilia en caso de que haya un ataque. Miró hacia al frente. En el frente de todo el movimiento, se podía observar a Cortes guiando a todos con su caballo; mientras una escolta vigilaba su espalda. Luego miró hacia el cielo, se encontraba oscuro todavía.

–Mientras dormías, empezamos a movernos- comentó un soldado –Aah, ahora lo entiendo…- contestó sin dejar mirar a su alrededor –Eh, espera- miró de golpe al soldado –¿¡Cuánto tiempo llevo dormido!- exclamó asustado. Inmediatamente, el español recordó todo lo que había pasado. Recordó, de cómo había seguido al pequeño imperio y como este, lo había "capturado" para poder llevarlo a su ciudad. Las imágenes eran muy borrosas para recordar con exactitud. Pero lo último que pudo recordar España, fue; que había corrido por más de tres horas a gran velocidad. Y, que al llegar al campamento; cayó desplomado al suelo por el cansancio.

El soldado empezó hacer cuentas con sus dedos. –Creo que llevas dormido mas de 10 horas…- miró con asombro al país. España dio un respingo y volvió a mirar el cielo. No podía creerlo. –¿¡Llevó dormido todo un día!- sintió una gran frustración –¡No de nuevo Dios!- empezó a golpearse la cabeza, por que recordó que al día siguiente volvería a verse con México. –¡España espera!- sostuvo su mano para que no se golpeara –No llevas todo el día dormido, solamente la noche; apenas comenzara a amanecer-

España miró con intriga al joven.

–¡Déjalo! ¡Eso le pasa por andar vagabundeando a altas horas de la noche!- rió un soldado que iba un poco más al frente de donde se encontraba España. –Vera…- volvió a retomar el tema después de la interrupción –Por alguna razón, tu te fuiste a "quien sabe donde" por bastante tiempo. El señor Cortes se preocupó ya que no regresabas, y nos ha mandado a investigar tu paradero. Y por una extraña razón, te encontramos en el mismo lugar de donde te habías ido. Pero completamente dormido- rascó su sien –Usted volvió en la noche, y esa misma noche; nos íbamos a poner en movimiento. Creo que ahora entenderá en donde te encuentras- rió apenado.

España medito un poco, y volvió a mirar a su alrededor. –Ahora tiene un poco más de sentido…- sonrió un poco y se estiró. –Bueno… sea lo que sea, he dormido bastante bien- dijo alegremente, pero unos soldados empezaron a reírse. –¿Me podrían decir que es tan gracioso?- cruzó sus brazos molesto –Desde mis sueños pude escucharlos- frunció su ceño. –¡Puede que ya sepas en donde estas! ¡Pero te apuesto a que no sabes sobre en "que" estas!- reían fuertemente a carcajadas. –¿Cómo que en que voy?- dijo intrigado mientras volteaba hacia abajo. –¡Wuaaaah!- gritó con fuerza mientras todos los soldados empezaban a reír. Inclusive el mismo Cortes.

España, todo el tiempo estuvo; siendo cargado por un gran soldado totonaca.

–¿¡Pero que carajos!- gritó asustado y se bajo inmediatamente de él. El guerrero solo siguió caminando –¡Pero si ibas bien cómodo España!- exclamo alguien –¡Inclusivamente ibas ronroneando!- rió
–¿¡Por que rayos no me subieron a mi caballo!- gritó sonrojado el español. Se encontraba apenado –Tu caballo esta siendo usado para carga- señalo un soldado su caballo. España empezó a ruborizarse, más al ver las caras de los soldados tornándose roja por tanta risa. -¡Eh España!- gritó otro soldado que estaba a su derecha –¿Te has visto la cara? ¡A puesto que no!- carcajeó. –¡Claro!- gritó molesto el español
–¡Seguramente les ha de dar risa ver mi cara cabreada!- miró a todos los guerreros. –España…- un soldado se acercó al país con un casco plateado –Mírate la cara- un risilla salió de su boca. España, con enojo le quito el casco. El español empezó a bufar. Lo que había sentido en su rostro, era tinta negra sobre su cara. Habían hecho un sin fin de rayones en su rostro y escrito una que otra cosa obscena. Ahora el rostro de España estaba totalmente roja, pero no de pena; si no de enojo.

–¡Cabrones!- aventó con fuerza el casco, los españoles no hacían otra cosa más no dejar de reír.
–¡Vayan a rayarle el coño a su madre!- exclamó realmente molesto, que hizo que todos los soldados pararan de reír. Hacer enojar a España, era algo grave; más por el carácter que suele obtener enojado. España les dio una mirada fulminante a todos y camino rápidamente hacia con Cortes. Suspiro largamente e intento calmarse un poco, no conseguía nada estar enojado. Rápidamente llego hasta con el explorador.

–Vamos España- sonrió el conquistador –Ellos solo querían divertirse un poco- le extendió un pañuelo blanco para que se limpiara la cara –Claro…- le arrebató el pañuelo –Como tu no fuiste a quien le hicieron la broma…- empezó a limpiarse la cara –No te preocupes, en algún momento me lo harán también- dirigió su mirada hacia al frente. El pelicastaño solo suspiro mientras caminaba al lado del caballo de Cortes.

–Y bien, ¿A dónde nos dirigimos ahora?- preguntó seriamente España –¿Por que has comenzado a movilizarte? Ni siquiera me has preguntado primero- lo miró con cierto reclamó. –No necesito preguntarte nada- contestó –Tu no tienes derecho a elegir que hacer o no- no volteó a ver al país. –Pero sabes muy bien que el rey, te ha obligado a contarme todo lo que vayas hacer- inquirió –Yo tengo más voz en esto, más que tú Cortes- sonrió maliciosamente. Cortes continuó sin tener contacto visual con el país. –No importa, de todos modos; estamos haciendo algo muy prudente para la conquista de esta tierra- rió el explorador –Si supieras todo lo que hemos descubierto…- cerró sus ojos –¿Por qué no se lo dices Malinche?- volteó a ver a la mujer que se encontraba en otro potro al lado del líder. Esta solo acento con su cabeza.

–Nos dirigimos a Tlaxcala- dijo con suavidad –Los guerreros Totonacas nos han contado que en Tlaxcala tiene conflictos con el Imperio Azteca- añadió el conquistador –Si convencemos a esos indígenas de que se nos unan, tendremos la victoria asegurada- sonrió vivazmente. –¿Qué te parece la idea?- esta vez, dirigió su mirar al país. Pero este, se encontraba con la mirada gacha. –¿España? ¿No te parece buena idea?- dijo curioso –¿Qué tal si se oponen? ¿Qué es lo que planeas hacer?- elevó su mirada, quien lo miraba con cierto enojo –Te apuesto que no lo has pensado antes- susurró
–Bueno…- rascó su barba larga –Si llegara ocurrir eso, creo que usaríamos la fuerza bruta…- suspiró –Aún que siempre terminamos haciendo eso…- dijo irónicamente –Me parece muy estúpida la idea- torció sus ojos verdes el país –Estas haciendo esto muy precipitado Cortes- comentó secamente.

–¿Te he dicho que no me importa lo que me digas?- arqueó una ceja Cortes –No hay vuelta atrás España, aparte…- le dirigió una mirada de malicia –Ese es el único lugar donde podemos pasar para llegar a la capital- soltó una risa ante haberle ganado a España y aceleró un poco el paso de su corcel. El país solo dejo de caminar mientras dejaba que se adelantaba la tropa.

Otra vez… no podía hacer nada.

España dejo que toda la tropa pasara delante de él, hasta que lo dejaran solo. Sabía; que después del grito de enojo que les había dado a los soldados ninguno le dirigiría la palabra hasta que él se encontrara calmado. Y en ese preciso momento, le sirvió de pretexto para lo que iba hacer. Sin embargo, las últimas personas que estaban en la tropa eran guerreros totonacos, que tenían el deber de proteger a los alrededores y los españoles. Con curiosidad miraron al único español que quedaba y permanecieron inmóviles. Más España, solo les dirigió una sonrisa cálida e hizo un movimiento con sus manos, dándoles a entender que podrían marcharse. Entre ellos mismos se miraron y prosiguieron su caminar.

–Gracias…- susurró y empezó a caminar en dirección contraria a los demás.

España, se sentía frustrado. ¿Cómo lograría hacer comprender a Cortes, de lo que estaba haciendo era realmente muy precipitado? El país sabía muy bien, que todo eso de ir a "Tlaxcala" iba a terminar en un desenlace trágico.

No, no era eso. Era como lograr detener lo que ha comenzado y no se puede detener.

Dentro de él, se encontraba batallando sus dos lados. Aquel lado noble de su corazón, que anhelaba profundamente parar todo. Y su lado conquistador, que deseaba con fuerza hacer suya esa tierra. Aquellos dos lados, que se encontraban batallando constantemente, haciendo que el español; se encontrara entre la espada y la pared. El deseo que se convertía en arrepentimiento. La victoria que se convertía en venganza. El lado que odiaba ver como la gente corría por sus vidas, mientras proclamaban su muerte y blasfemándolo. El lado de que adoraba ver crecer su reino a grandes escalas. Todo estaba mezclado en una sola persona, en una sola alma y corazón.

Cerró sus ojos. Él no era el único que conquistaba, trató de darse consuelo así mismo. También estaban otro países que se encontraban conquistando países y que pasaban los mismos pensamientos, que él tenía. Error. Nadie tiene sus mismos sentimientos. Posiblemente, tengan unas cosas o dos en relación; más nunca será igual. Ya que España, era el único; que iba conquistando a grandes pasos.

No hay otra solución. Él solo tenía que cargar con ese peso bajo su espalda. El solo tenía que comprender esa balanza que nunca estaba estable. El solo tenía que aceptar aquello…

Un graznido sacudió sus pensamientos, he hizo que resurgiera sus sentidos.

Delante de él, sobre una rama de un gran árbol; se encontraba un águila que mantenía sus alas abiertas. El ave lo miraba como si fuera una presa, con una mirada determinante, como si quisiera llamar la atención. España, detuvo su paso. –Tú eres…- con paso calmado camino debajo de la rama –¿Eres el águila que me encomendó México cierto?- susurró bajamente. Y al decir esto, el águila empezó a mover sus alas fuertemente para emprender el vuelo hacia el cielo. –¡Oye! ¡Espérame!- reaccionó el español ya que si la perdía de vista, quedaría perdido entre la selva. Rápidamente, olvidando por completo sus pensamientos; ahora España se encontraba corriendo nuevamente entre la maleza. Recordó que justamente, de esa misma manera, llegó de nuevo a su campamento. El ave, volaba sobre las copas de los árboles y giraba o seguía el camino recto cuando fuese necesario.

Más solo había un requisito. No tenía que perderla de vista, si no sería fin del juego.

El español sintió un leve dolor de las piernas y en su cuerpo, que provocó que se bajara su velocidad. Era el esfuerzo que había hecho ayer al correr, para poder llegar rápidamente hacia el campamento. Pero no era el momento de quejarse, ya que si anoche tardó un poco de más de dos o cinco horas corriendo; ahora no sabría cuanto tardaría, ya que habían avanzado más y posiblemente había cambiado el camino. Inclusive también el español pensó, que la misma águila no sabía donde se encontraría.

Pero la determinación de España bloqueó aquellos pensamientos y le robó una sonrisa.

Sin darse cuenta, el español había llegado a las cercanías del puente principal que daba a la gran ciudad en menos de una hora. Pareció que el ave le había enseñado un nuevo pasadizo "secreto" o que "mágicamente" lo habían transportado hacia allí. Con cierto fatigo, España se recargo en una piedra lisa que había y se dispuso a descansar. Aún tenía en su cuerpo el cansancio de la noche anterior. –Ah… esto vendrá matándome un día de estos…- pasó su mano por su frente para retirarse el sudor. –O a ti vendré haciéndote comida…- se saboreó el español mientras observaba al águila que estaba sobre un rama. Esta solo le grazno –No te creas, es mentira- cerró sus ojos y sonrió. Volvió a abrirlos nuevamente y miro hacia el cielo. El alba estaba comenzando y con ella, a lo lejos, no muy fuera del horizonte; se podía observar el lucero. Sus ojos, permanecieron viendo el lucero con calidez. Siempre cuando iba en su barco hacia sus expediciones, madrugaba para poder el alba y con ella aquel astro que lo cautivaba de cierta manera.

–¿Muy linda cierto?- se escuchó una suave voz.

España asustado, empezó a buscar la voz que no tenía procedencia.

–"Quetzalcóalt, arrepentido de lo que había hecho tras la trampa que Tezcatlipoca le había preparado; decidió marcharse de ahí al haber perdido ante los engaños del Dios y por la vergüenza que llevaba consigo de sus actos. Se proclamo el auto exilio. Sus compañeros, que lo estimaban; lo acompañaron a su destierro. Al llegar al mar, Quetzalcóalt se despidió con un abrazo de sus acompañantes y con su magia; creo una barca de serpientes de varios colores entrelazadas y prometió solemnemente que volvería dentro de 500 años. Y así, la barca se llenó de fuego y se elevó a los cielos hasta que se convirtiera el lucero del alba…"-

El sonido de las hojas de un árbol se escuchó. Al voltear España hacia arriba, vio que México colgaba cabeza abajo de una rama, sostenido fuertemente de sus piernas.

–500 años han pasado ya, y por ello mi señor los cree dioses- cruzó sus brazos mientras suspiraba
–México bájate de ahí, puedes lastimarte- lo miró un tanto agobiado –¿Acabas de poner atención a lo que te acabo de decir?- dijo un tanto molesto y con destreza, soltando sus piernas; cayó perfectamente al suelo haciendo un giro. –Sí te escuche, solo que no comprendo por que el termino de "Dioses"- rió mientras le sacudía el cabello al pequeño país –A todo esto, buenos días- susurró con cariño

Kuali tonaltin (Buenos días)- le respondió apenadamente -¡Oye! ¡No trates de sacarme el tema!- reacciono y empezó a golpearlo –Lo siento, no trataba de hacerlo- se alejo de él –Pero aún no lo entiendo ¿Cómo tu señor puede creer que somos dioses? – lo miró con curiosidad –Por esa leyenda…- susurró el impero y comenzó a caminar –¿Pero no crees que es un poco rudimentario eso?- preguntó el español.

México miró a España ofendido. –¿Perdón? ¡Nosotros tenemos un alto respeto a nuestros Dioses!- dijo molesto –Yo supongo, que al igual que yo; tu también tienes tus dioses ¿Y acaso estoy diciendo algo así?- arqueó una ceja –Pues no- y prosiguió caminando.
España quedó en silencio
–Tuché…- dijo asombrado ya que tenía razón.
–Pero aún así, ¿Cómo eso me explicara lo que ocurrió ayer? Sabes, aún es extraño- murmuró –Es algo muy sencillo- ambos llegaron a la orilla del puente. México se detuvo.

–Mi señor, cree fuertemente que ustedes tienen una relación con Quetzalcóalt. Que es nuestro Dios principal- miró detenidamente los ojos del español –Por ello, decidió no atacarlos y a cambio; han estado enviando regalos hacia ustedes para que se marchen de Tenochtitlan- suspiro –¿Por qué crees que recibían regalos exquisitos por parte de nosotros en todo este tiempo?- sonrió –Eso explica por que se peleaban…- susurró bajamente –Pero aún no comprendo… ¡Debieron haberme matado!- exclamó.

–¿Aún no lo captas verdad?- lo miró con fastidio –Mi señor, no te mató por que piensa que eres un "enviado" de Quetzalcóalt. Por ello, después de que me dieran mi castigo; le pedí que me escuchara y comente que posiblemente, sería algo bueno que haya contactado contigo- miró hacia la gran ciudad
–Teniendo el pretexto de que, tal vez así; podamos saber como hacerte marchar de nuestra tierra- susurró
–Aparte, si no inventaba algo; posiblemente hubieran ido a matarte- lo miró con cierta angustia –Ay México, ¿Cómo podrían matarme sabiendo que somos casi inmortales?- se hincó para estar a la altura del país.

–Por favor…- suspiro el mexica –Dime España, ¿Acaso no has pensado la posibilidad de que realmente si podamos morir, pero si recibimos realmente una herida grave?- pregunto seriamente. España divagó un poco sus ojos pensantes y luego, los volvió a posar sobre el pequeño –No…- respondió bajamente. México, tapó su cara con su mano y empezó a caminar sobre el puente. –Debí haberte dejado matar…- mencionó con frustración. –¿Eh? ¿Tu tuviste algo que ver por que no me mataran?- dijo curioso el castaño –Claro, yo fui quien le dijo a mi señor que no lo hiciera, ya que aparte de sacarte información; podría tenerte como un esclavo y tal vez, enseñarte nuestra cultura- se sonrojo un poco.

Una sonrisa en el rostro de España se dibujo y con fuerza, se abalanzó sobre el pequeño abrazándolo con fuerza.

–¿¡Te preocupaste por mí cierto!- empezó a restregar su rostro contra el de México –¿¡Cierto! ¿¡Cierto!- se sentía inmensamente feliz el país ante el acto –¡Aléjateeee!- intentó con todas sus fuerzas zafarse del español –¿¡Por eso también aceptaste ese castigo! ¡Eres tan noble!- lo estrujo más entre sus brazos –¡Te dije que me sueltes!- empezó a patalear –¡No se como te lo voy agradecer! ¡Pero eres una cosa tan tierna!- empezó a llorar. México, haciendo esfuerzos sobrehumanos para liberarse; no aguanto más y se vio obligado a usar lo que había aprendido en todos los años de enfrentamientos que ha tenido contra Moctezuma. Con fuerza, logró zafar sus brazos del abrazo del español. –¡Aléjate!- gritó molesto y empezó hacerle cosquillas al español. Este soltó de inmediato al pequeño y empezó a reírse por el cosquilleo. Ya suelto, con fuerza; empujo a España hacia la orilla del puente, cayendo hacia el agua.

–¿¡Por que hiciste eso México!- salió a la superficie el español –¡Por que no me soltabas!- frunció el ceño –Aparte ¡Apestas!- gritó ruborizado –¿¡Acaso no conoces lo que es el baño diario! ¡Te puedo apostar que apestas más horrible que la comida echándose a perder!- sacudió su cabeza ante esa idea –¡Por Dios no puedo oler tan mal como dices!- y diciendo esto levantó un poco su brazo y se olió.

Inmediatamente hizo una cara de repulsión.

–De acuerdo… esta vez estoy contigo…- dijo un poco con nausea. –Si así estas tú, no quiero saber como están los demás- hizo una expresión de asco –Vamos, quítate la ropa- le extendió la mano el imperio
–¿Qué me quite la ropa?- dijo asombrado –Si que te la quites, ¿Has visto tu ropa? Esa ropa llevas usando desde que nos conocimos- sacudió su cabeza –Vamos quítatela- le volvió ordenar. España, sin protestar; empezó a quitarse la camisa de mangas largas que llevaba, los pantalones negros holgados, y la ropa interior que usaba. Inclusive quitándose los zapatos y mallas que llevaba, hasta despojarlo de todas sus ropas; y se las entrego a México.

–Y esto… ¿Era de color blanco?- dijo sorprendido al ver la camisa, y como no iba a decir eso si esta de una tonalidad café. España rió de pena. –Se las llevaré a una mujer para que te las lave- suspiró –Por mientras ten esto- le aventó un objeto extraño –¿Qué es esto?- lo atrapó, y al abrir la mano observo que era como una especie de raíz de una planta –Sabía que era bueno tomarlo, úsalo; te ayudara a lavar tu cuerpo bien- y sin nada más que decir marchó hacia la ciudad corriendo. España soltó un suspiro, abrió con sus uñas el brote y empezó a tallar su cuerpo. –Nunca pensé que una nación nueva haría algo así por mí- sonrió, realmente se encontraba agradecido por aquella acción –Puede que aun tenga una esperanza…- susurró suavemente mientras se sumergía por completo en el agua, quedándose ahí unos minutos.

Bueno, hasta que…

–Espera…- salió rápidamente a la superficie –México dijo que iba a llevar mi ropa a lavar…- divagó un poco su vista –Eso quiere decir que…- pensativo miró hacia abajo y observó su cuerpo. De repente, la cara del español empezó a tornarse roja como un tomate. –¡Méxicooooooooooooooo!- gritó efusivamente.

Se había dado cuenta, que sin ropa que usar; andaría con el traje que Dios le dio al nacer.


Por las calles principales de la ciudad de la gran Tenochtitlan. La gente sonreía bajamente y ocultaban sus caras de burla al ver pasar a México. Las mujeres, se reían entre ellas mientras compartían ciertos comentarios. Y los hombres, sin vergüenza alguna; se reían moderadamente. Los únicos que eran perdonados, eran los niños. Que al ver algo así, les causaba una risa muy alegre y simpática.

¿Y que era lo que provocaba la risa del pueblo?

Una sola persona; y ese era España.

Después de ser abandonado por México en el agua, este regreso campantemente con la nueva "ropa" del español. En ese momento, a España no le había parecido mala idea andar desnudo por ahí. El imperio le había traído la ropa tradicional de su pueblo que portaban los hombres. Que era el taparrabos, al igual que usaba México y unos huaraches para que no se lastimara el andar sobre la tierra. Aparte, México le había obligado a usar un pendiente de jade en una oreja y soltarse el cabello, ya que lo tenía bastante largo y le llegaba más allá del ras de sus hombros. España se sentía como el "hazme reír" de todos.

–Definitivamente… hoy el mundo tiene algo contra mí…- dijo entre dientes el español.

–Por favor, no estas tan mal- suspiró México –¡Pues si, tu estas acostumbrado a usar eso!- exclamó apenadamente, intentando acomodarse el taparrabo que era tan incomodó –Dios, me siento tan… extraño…- logró acomodarse un poco la ropa –Solo es cuestión de que te acostumbres- rió bajamente el imperio –A parte, se me ve todo lo de atrás- volteó a mirar su parte posterior –Se siente todo el viento dándome de lleno- entonces observó, como unas jóvenes reían y le daban miraditas al español mientras señalaban su otra "cara".

-¡MÉXICOOO!- se sonrojo completamente mientras tapaba con sus manos allá tras.
–Ya te dije…- agacho su mirar –Que… te acostumbres…- llevó su mano a la boca y se mordió un dedo. España miró al imperio –¿México?- se agacho un poco para poder verlo, ya que su cabello creaba como una cortina que no le dejaba ver su rostro. –¿Qué ocurre?- con su mano, a parto el cabello de su rostro; llevándose consigo una gran sorpresa.

El mexica se encontraba totalmente rojo y se mantenía mordiéndose el dedo índice para aguantar las ganas de reírse. –¿Te quieres reír de mi cierto?- lo miró con un cierto desprecio –No, no- sacudió sus manos el imperio –¡No me quiero reír!- su estomago empezaba a contraerse, sus ganas eran demasiadas fuerte para resistirse. Pero ante los ojos de su pueblo, si el gran Tenochtitlan se riera; sería una gran falta de respecto ya que él funcionaba como demostrador de orden. –¡Aah si lo quieres hacer!- gritó indignado el español –¡No, no lo quiero hacer!- sonrió –¡Si lo quieres hacer, mira tu rostro!- cruzó sus brazos –¡Ya cállate y vámonos de aquí! – intento suprimir por completos las arcadas y tomó rápidamente la mano del español.

España, sintió como la pequeña mano tomaba con fuerza la suya para poder guiarlo. Rió un poco y olvido sus penas, ya que tiernamente (según a los ojos del español) tomó con fuerzas sus dedos índice y medio para poder jalarlo, como si realmente fuera un pequeño niño que agarra la mano de su madre. Se sonrojo levemente y se dejo llevar por él.

México, condujo a España casi a los límites de la ciudad. La curiosidad de España iba aumentando poco a poco conforme se acercaban lo que al parecer eran unas casas que se encontraban sobre el lago. Era tan curioso observar, como unos cuadrados, aparentando ser como una especie de mini-isla que rodeaba a toda la ciudad. Pero eso no era lo único que le llamaba la atención. Ya que, esos mismos cuadros, se podían ver que servia para cultivar; ya que si prestabas atención podías ver varios frutos brotando de ahí. Y así, alrededor de todo el imperio estaba rodeado por esas cosas.

Por algún motivo, le recordaba a Venecia. Era una especie de Venecia al estilo Mexica.

–Oye reacciona- le jaló del brazo México –Ya hemos llegado- y se dirigió hacia un pequeño puente, que conectaba con estas "curiosas" islas. Al cruzar el puente, se toparon con una pequeña vivienda hecha de carrizo que se encontraba sellado con lodo para impermeabilizarlo. El techo, realmente era muy llamativo, ya que solamente estaba hecho de paja. Un hogar sencillo y humilde, se podría describir. –¿Y esto es…?- entró a la modesta casa guiado por México. –Mi hogar – sonrió el joven mexica. España lo miró sorprendido.
–¿Aquí vives? – dijo curioso sin dejar de ver alrededor de la casa. A pesar, que por fuera su casa se viera un tanto pequeña, por dentro, era otra cosa. Estaba un poco más elevada de lo parecido, pero no dejaba de ver bastante humilde. Su interior solo se encontraba lo que al parecer era una especie de cocina y una división donde se encontraba una hamaca y un petate. Era el dormitorio.

–Sí – contestó el imperio –Aquí es donde decidí vivir – llevó sus manos a la cadera y dio un ligero bufido. –¿Quieres agua? – camino a la pequeña cocina y tomó un recipiente de barro llenándolo de agua clara España parpadeó asombrado. –Gracias – tomó el recipiente que era redondo y ancho con cuidado y se lo llevó a la boca. Agradeció en ese momento la consideración de México por haberle ofrecido agua. Ya que lo último que había tomado era vino. Vino, vino y más vino. No había recordado cuando fue la última vez que tomó agua natural. –Fuaaaa Muchas Gracias – sonrió el español entregándole el recipiente al niño –Supuse que tendrías sed – dejo el recipiente aún lado –Pero dime México ¿Cómo hiciste esto? – preguntó el castaño.

–¿Hacer que? – arqueó una ceja –Esto, ¿Cómo hiciste para que las casas estuvieran en el agua? También me dí cuenta de que tienes cultivos – señaló –Es un sistema, que lleva mucho tiempo existiendo. Se le conocen como "Chinampas" – le contestó mientras se sentaba en el suelo. –¿Chinampas? – repitió curioso –Hace mucho tiempo, descubrimos que teníamos que buscar la forma de generar alimento y hogar para nuestra gente. Pero nos dimos cuenta que estaría realmente difícil. Así que se nos ocurrió esta idea – sonrió

–Decidimos darle más tierra al lago mediante las chinampas. Colocábamos varios troncos de carrizos, lo suficientes para poder tapizarlos con un material llamado hule, que al colocar la tierra, no se filtrara hacia el agua. Así, ya que estaban listos; aprovechamos el recurso del agua ya que humedecía la tierra y mantenía cierto riego hacia las plantas. Después de ahí, empezamos a construir nuestros hogares – y al terminar su explicación, se dirigió a la pieza donde era la habitación, tomando dos petates que se encontraban en el suelo. Camino hacia España y colocó uno a sus pies, haciéndole la invitación a sentarse. Este con gusto lo acepto.

–Claro, si pusiste atención, hay unas casas que son mucho más altas que las otras – colocó el otro petate y se sentó –Es por que las más altas, adornadas con insignias y puntas picudas, son de la nobleza. Y en cambió las que son como estas son de los campesinos y lo pobladores de cuna no noble – suspiró.
España quien se encontraba concentrado en la conversación del pequeño; tardó unos segundos en darse cuenta que había callado y guardado silencio, esperando pacientemente el bombardeo de preguntas por parte del español.

–Pero, si es cierto eso… ¿Por qué no vives en una casa de nobleza? – parpadeó curioso –Digo, si me disculpas; normalmente yo viviría en un lugar mucho más "digno" – rascó su sien. –Losé – sonrió el pequeño –Mi señor me pidió que viviera con él, en su hogar; pero yo – con su pequeña mano morena empezó acariciar el suelo –Quise estar a la misma altura que mi pueblo – susurró suavemente –No quise que me trataran como un noble solo por ser la señal que tanto estaban buscando – cerró sus ojos y suspiro profundamente. España lo miró con pasmo. No había conocido, a su parecer; a una nación que fuese humilde. Incluso el mismo, vivía con la realeza de su reino. Se sintió un poco desconsiderado.

–México… – susurró el país opacamente –¿Dime? – lo miró con atención –Acaso, ¿Tu tienes enemigos? – frunció un poco su entrecejo. –¿Eh? – chasqueó sus dientes –¿A que te refieres? – cruzó sus piernas. España abrió sus ojos sorprendidos. No se había dado cuenta que había pensado en voz alta, aquello que lo remordía por dentro. México miró con recelo al español. ¿A que se debió esa pregunta tan repentina? Incluso lo podía confirmar ya que los ojos del español mostraban sorpresa ante lo que había dicho. El imperio solo suspiro. –Si, tenemos muchos – cerró sus ojos –Pero el principal es en Tlaxcala – lo abrió nuevamente y fijo su vista en los ojos verdes de España. –Desde hace tiempo, y por varios cosas las cuales omitiré; hemos tenido una rivalidad con los de Tlaxcala – dijo con un poco de pesadez –Ellos formaron su gobierno, con senadores y toda esa cosa. Pero nosotros hicimos lo que es un gran Imperio. Y al parecer tiene un enojo por ello – terminó de hablar con tedio. Parecía que realmente no le agradaba realmente hablar de ese tema. –Pero como nos traen problemas esos sujetos – sacudió su cabeza.

Dentro de la cabeza de España, recolectó esa información y la guardo dentro de él. Después de todo Cortes no estaba mal, realmente había cierto conflicto entre esos dos estados.

–¿Por qué la pregunta? – le cuestionó –No por nada – sonrió normalmente el español –Es que, el otro día, pensé que posiblemente tendrías enemigos ya que eres un gran estado – intentó aludirlo –Por ello te lo pregunto – llevó sus manos hacia atrás y recargó su peso sobre ellas. México, dudó; pero no era nadie para juzgar si el español traía algo entre manos o no.
–De acuerdo – suspiró y se levantó del petate. –Supongo yo que has de haberte recobrado de tu vergüenza – tomó la mano del español y la jalo hacia el exterior de la casa –¿Eh? ¿Para eso me trajiste aquí? – se levantó del suelo y caminó hacia fuera. –Sí, pero es hora de volver a la rutina que tengo preparada para ti – le guiño un ojo y juntos salieron de la casa –¿Rutina? – lo miró intrigado España.

–Por supuesto – inquirió sonrientemente –¿No te acuerdas que eres un esclavo mió? – le dirigió una mirada traviesa –Esclavo – murmuró lentamente esa palabra para que se le graba en la cabeza del español.

España solo hizo un puchero. Realmente no le agradaba tener ese "título"


Como si fuera un niño con su madre, España miraba maravillado la gran Tenochtitlan. Pareciese como aquel niño, que se encontraba maravillado con su nuevo juguete. Miraba asombrado aquellas casas hechas sobre sus recién conocimiento de las chinampas. Era realmente una maravilla, nunca se hubiera creído que realmente estos indígenas (Viéndolo a su parecer) supieran algo tan elaborado. Lo dejaba tan anonadado. Tanto, que México tuvo que recurrir nuevamente a tomarle la mano, ya que sí no ponía sus ojos sobre el camino este se golpearía o caería a uno de los tantos canales que rodeaban a la ciudad.

Los mexicas, eran igual que México. De piel morena y pelo castaño o negro, de orbes pequeños de color castaño que miraban con mucha curiosidad al extraño que se encontraba usando su atuendo. Hombres de cabello largo hasta los hombros y uno que otro rapado. México le había dicho, que era debido a que esos hombres empezaban a educarse en la enseñanza militar. Pero lo que le llamo más la atención eran las mujeres. Flores con belleza, que deambulaban aún lado a otro por los puentes, haciendo quehaceres domésticos fuera de su casa o trabajando sobre las canoas. Sus cabelleras largas o sostenidas por un ornamento en su cabeza, piel morena con ojos coquetos y traviesos. De cara redondita y bonita, maquilladas sencillamente y sonrisa tímida al ver que el español las observaba. Solo España volteaba su rostro al ver unas mujeres, que no usaban nada para cubrir su pecho y andaban sin pena ajena sobre la ciudad.

–Eso es algo muy común – inquirió México al ver la cara encendida del español –Nosotros tenemos respecto y por lo tanto no nos preocupamos por ello – y giro su cabeza hacia al frente. España solo se sonrojo un poco más y espero no ver a otra mujer de esa manera vestida.

–Llegamos – sonrió México y se detuvo al frente de una gran plaza. España quien se encontraba anonadado viendo aquella mística ciudad, quedo mucho más sorprendido al ver lo que había delante de él.
– Dime que no es lo que pienso que es – murmuró un hilo de voz – Si piensas que es un mercado, tienes el pensamiento correcto – suspiro el mexica. Realmente era difícil hablar con un español que se encontraba deslumbrado con cualquier cosa que viera.

Al frente de aquellos dos, se encontraba una gran plaza donde se colocaba un mercado. Más de miles de los habitantes se encontraban ahí reunidos, vendiendo sus artilugios y consiguiendo así algo para comer. Las mujeres se encontraban en el suelo vigilando a sus hijos que llevaban en su regazo mientras hacían negocios. Los hombres, cargaban y acomodaban rápidamente sus frutos del campo u objetos que ellos mismos fabricaban. España, con ojos curiosos mientras era guiado entre la multitud observaba como negociaban los mexicas. Extrañado, veía las manos de los compradores que depositaban sobre la mano del vendedor una "moneda" extraña con la que pagaban aquellos que iban a comprar.

Oye México – se agachó un poco el español y le susurró al oído al pequeño –¿Con que pagan lo que compran? – y dirigió una mirada de intriga. –Con granos de cacao o habichuelas, pero normalmente hacemos trueques – sonrió el país y señalo hacia unas mujeres que parecían discutir algo. –"Te intercambió esa vasija de barro por estas plumas de quetzal que mi esposo ha encontrado" Es lo que ha dicho la compradora. "Te las aceptare" le confirmo la vendedora – México sirvió como un traductor para España –¿Ahora lo comprendes? – lo miro fijamente. España afirmó con su cabeza. –Nosotros pagamos las cosas con unas piezas de metal llamadas "peniques" – señalo el castaño con alegría. México miró los ojos verdes del castaño, realmente se encontraba fascinado cada vez que hablaba él y le explicaba algo. Guardaba silencio y al terminar su explicación, este le bombardeaba preguntas. Como un alumno y su maestro.

Dentro de él, realmente se sentía contento de mostrarle a un foráneo su cultura y muy talvez, educarlo como si fuera de ahí.

–Ven, no te traje aquí para que observaras. Ya que te has comportado bien como esclavo te compensare con algo – caminó entre la multitud –¡Te dije que no me llamarás esclavo! – gritó frustrado España y siguió al niño que por poco lo perdía entre la multitud. México se encontraba con una pequeña vasija ovalada un poco profunda en sus pequeñas manos. Estiró su brazo y le entrego a una mujer de cara risueña lo que eran unos cuantos granos de cacao y se llevó satisfecho su mercancía. –Toma – estiró sus delgados brazos morenos y le entregó la vasija. España miró el contenido dentro de esta, contenía un líquido marrón y un tanto espesa. Dirigió un mirada silenciosa a México –Tranquilo, no tiene veneno – rió – Deberías sentirte honrado, esa bebida solo lo beben los nobles – cruzó sus brazos mostrando alto grado de orgullo –¿Y te dices que no eres de la nobleza travieso? – arqueó una ceja. México solo se sonrojo y divagó su vista. España se llevó el recipiente a su boca y dio suavemente unos ligeros tragos. Una magnifica sensación invadió su boca poco a poco, algo dulce y ligero invadía su boca, mientras sentía el líquido deslizarse por su garganta. Si antes, sus tragos eran ligeros, después de tomarlo un poco se lo termino de golpe. Realmente se encontraba extasiado por el sabor.

–Dios santo…– alejó el recipiente y lo depositó en las manos de México –Eso que acabas de probar se llama "Xocolatl" (Chocolate) – señaló el imperio sonriente –Esta hecho con los granos de cacao que acabas de ver – miró al español que se encontraba absorto. –Esto era… lo que no me había dejado probar mi rey…– una ligera lágrima de emoción corrió por la mejilla encendida del castaño –Ahora entiendo todo…– pareciese que hubiera tenido una epifanía. –¿Oye estas bien? – le jaló el taparrabos, pero este no reacciono. Entonces miró el recipiente con angustia –Espero que en verdad no le haya puesto veneno esta mujer…– sintió un poco de miedo. –¿España te sientes bien? – dirigió su vista hacia el español, quien se había marchado de ahí.
–¿España? – volteó a su alrededor, pero no lo veía –¡España! ¡España! – empezó a vociferar fuertemente entre la gente, pero sin respuesta alguna. Entonces, una hombre que pasaba por ahí le señalo hacia fuera del mercado. Agradeciendo, México corrió rápidamente fuera del mercado. Tenía que encontrar a España, ya que había prometido no perderlo de vista por ningún momento.

–¡España! ¡España! – con desesperación el mexica corría entre la gente de su pueblo buscando con desesperación al español. Miró hacia arriba y vio que sobre un templo (Que estaba realmente alto) se encontraba un soldado águila vigilando los alrededores. El imperio gritó en su habla si había visto al extraño que había tomado por esclavo. El guerrero tomó su tiempo para pensar y con una sonrisa confirmo que sí y señalo hacia al frente, que había caminado hacia un templo. México nuevamente dio las gracias y corrió hacia el este. Sentía un nudo en la garganta, esperaba por más que quisiera, que su Tlatoani no lo viera vagabundeando solo. Si no, realmente España estaría en grave aprietos. Pero gracias a Quetzalcóalt que escucho sus plegarias encontró a España, quien miraba intrigado un monumento.

–¡España! –gritó molesto el imperio –¿¡Pero que crees que haces yéndote sin mi consentimiento! – bufó –Discúlpame – rió nerviosamente –Pero es que me llamó mucho la atención esta cosa – dijo alegremente sin dejar de ver la estatua. Tenía realmente una forma extraña, pero se podía ver; que era la silueta de un hombre tallado a piedra que se encontraba acostado, con las piernas dobladas y en lo que al parecer en su vientre, llevaba un recipiente con un poco de profundidad. México, miró a su alrededor; estaba totalmente en silencio. Contemplo el templo y observo que varias personas salían de ahí. Y entre ellas, era su señor Moctezuma.

Impulsivamente; jalo al español rápidamente y lo escondió detrás de un gran obelisco que estaba rodeado de varios arbustos. España sorprendido por el acto de pequeño lo miró con cierto recelo. –¿Qué ocurre? – preguntó, pero fue callado rápidamente por el niño. Ambos miraron con atención a los hombres que salían en caravana del templo. Al pie, se encontraba Moctezuma usando el mismo traje cuando se topó con España, detrás de él iban varios nobles, y un sacerdote. Y al último, detenido por dos guerreros jaguares iba un hombre amarrado que intentaba con todas sus fuerzas zafarse de ahí.

México miró al español. Su cara dibujaba cierta intriga acerca de lo que estaba pasando y la ansiedad de saber que ocurre. Entonces, sus ojos se encendió la llama de la travesura y sonrió maliciosamente. –¿Quieres saber que es eso? – dijo bajamente –Claro– dijo con emoción el español con voz baja. –Entonces, mira con atención – y se adentró más en los arbustos, España hizo lo mismo, prestando atención y captando en su memoria imborrable el acontecimiento.

El sacerdote, llevaba en sus manos una copa de incienso y empezó a rodear el lugar donde se encontraban todos presentes, cubriéndolo, con aquel aromatizante humo blanco. Pronunciaba unas palabras en náhuatl que no comprendía pero, podía deducir que era algo importante para lo que iban a realizar. Después de haber terminado aquel ritual tan extraño para España, acercaron al hombre que estaba luchando por librarse de la opresión que le imponían los guerreros jaguar. –México…– susurró bajamente –¿Quién es él? – fijó sus ojos verdes en los ojos castaños del país –Parece que no quiere estar ahí…– México miró al país y le sonrió. –Es un prisionero, un prisionero de guerra…– le susurró como respuesta –Te recomiendo que prestes atención y que por nada en el mundo hagas ruido…– señaló nuevamente hacia las personas y guardó silencio.

Los guerreros colocaron enfrente de esa extraña figura al prisionero. Su cara de frustración parecía que había sido cambiada a uno de resignación. Ahora se encontraba en calma y con unas lágrimas en los ojos. Más su dignidad se encontraba presente y como el gran hombre que era, no mostró temor.

Elevó su frente y gritando unas palabras hacia el cielo…

Golpeó fuertemente su cabeza contra lo que era el recipiente…

Si miraras la cara del español (Que por cierto realmente darías por verla) mirarías una expresión de pánico y miedo. Sus ojos se abrieron inmensamente y su boca permanecía abierta con un grito ahogado. Acababa de presenciar como un hombre, bajo su voluntad; golpeó su cabeza contra aquel monumento. Pero ahí no acaba ese acto tan horripilante. Miró que el hombre aún seguía vivo y que en su frente brotaban chorros de sangre. Seguía vivo. Pero el golpe había noqueado al hombre y se tambaleaba de un lado al otro, lo guerreros los sostuvieron y le señalaron que lo hiciera de vuelta. España movía su cabeza de lado, negando que lo volviera hacer. Pero el hombre, había comenzado y volvió con fuerzas inigualables a golpear su cabeza contra la fría piedra. Esta vez, se pudo escuchar el tronar del cráneo, como si un vidrio hubiera sido roto. España sintió miedo y como una sensación de asco y repulsión se hacían presente. Se encontraba en pánico, quería huir de ahí pero no podía, ya que haría ruido y posiblemente llevaría a algo terrible. O mucho peor aún, convertirse en el siguiente de la lista de ese espectáculo. Y si cerraba sus ojos, aún podía ir cada golpe que daba el hombre, contra la piedra.

–Lo que estas viendo – rió bajamente México –Es un ritual llamado "Sacrificio Humano". Para nosotros, hacemos sacrificios para nuestros dioses, para que nos brinden su protección y agradecer por todo los que se nos ha dado – sus ojos traviesos, miraron al español. Parecía como un pequeño venado que se había separado de su madre y estaba solo y desprotegido. –Y el mejor regalo, es la vida misma – suspiró y cerró sus ojos –Creo que el por que están haciendo este sacrificio es por que harán una "guerra florida" que es para que nuestros guerreros, les vaya bien en conseguir más prisioneros para los sacrificios – sonrió y como era de esperarse España no le interrogó, ya que se encontraba mordiéndose las uñas y con una mirada de pánico y asco.

España, había visto masacres en las guerras que había estado, veía las muertes de sus soldados y los soldados contra los que peleaba. Más nunca, nunca en su larga vida; había visto semejante acto tan frió como el mismo hielo. Y más, estando en primera fila.

El hombre, estaba casi muerto. Increíblemente, seguía medio consiente y con la sangre brotando de su frente chorreando litros y litros de sangre que bañaban todo su cuerpo. Había un hoyo grande en su frente, que inclusive era capaz de verse sus sesos. Eso provoco mucho más nausea al español. El hombre "muerto" ya no podía más, así que uno de los guerreros tomó su cabeza y lo estampo con brutalidad en contra la piedra. Se pudo ver (O posiblemente, era la mente ya perturbada de España) los sesos salir de su cabeza. España quedó congelado y lentamente se podía escuchar el sonido gutural de un grito acercándose. Y dicho al hecho, España escapo un gran grito de pánico que había intentado ahogar, acompañado de un desmayo y en su boca salió un poco de espuma.

El grito llamó la atención de los presentes hacia el arbusto. Entonces México, jalando de los pies de España salió del arbusto. Sonrientemente, satisfecho por su obra, saludo a los hombres y se llevó arrastras al español.

Moctezuma solo cubrió su rostro con su mano ante la ocurrencia que México acababa de hacer.


España se levantó de golpe, como si hubiera tenido una terrible pesadilla. Despertó jadeante y sudando frío. Miró hacia su derecha y miró a México recostado en su hamaca, balanceándose lentamente. Abrió uno de sus ojos castaños y saludo al español. –¿Cómo estas? – rió –¡Tuve un sueño tan espantoso! – gritó el español –Soñé como veía a un hombre que se golpeaba fuertemente contra la piedra…– le dio un pequeño escalofrío por todo su cuerpo –Y su sangre… oh Dios su sangre empapaba todo y, y…– se quedó mudo ante el miedo –Fue tan horrible…– sacudió su cabeza intentando borrar esa horrible imagen de su mente. –Lo bueno que era un sueño…– suspiró un tanto aliviado. El pequeño imperio, sonriente bajo de su hamaca y se colocó al lado del español. Sacudió su cabello con fuerza y camino hacia el portón de su hogar. –No fue un sueño, fue real –

España le miró perplejo –¿Perdón? – murmuró bajamente –Lo que viste fue real, presenciaste un ritual de sacrificio humano – volteó a verlo –Al último momento, fuiste presa del pánico y te desmayaste – musitó sonriente – Te tuve que traer arrastras hacia mi casa para que te recuperaras – guiño un ojo –Por Dios México…– sacudió su cabeza –¿Cómo es posible que hagan eso en tu hogar? – dijo un tanto aterrorizado –Es algo común – se encogió de hombros –Por lo menos no vistes los más feos. Como cuando tenemos que abrir…– –¡Ya entendí! ¡Ya entendí! – tapó sus orejas con ambas manos, ignorándolo. México solo sonrió y entro a su casa. –Por lo menos, déjame decirte que esto tiene que ver el porque te protegí – cruzó sus brazos.

–Si te hubieran mandado a matar, posiblemente hubieran hecho ese acto que viste, o mucho peor aún…– rascó su sien –Ahí me hizo reflexionar que tal vez, nosotros no somos tan invulnerables – divago su vista. España se puso pensativo. Tenía en cierto modo razón, pero al mismo tiempo no se podía saber. Pero no iba pensar si eso fuese posible o no y ni mucho menos ponerlo en practica con alguien. Volvió a dirigir su mirada hacia el imperio, este se encontraba fuera de su casa atendiendo a un hombre que había llegado en una canoa frente a su casa. Parecía que le entregaba algo en sus pequeños brazos. España miró que a duras penas podía cargar lo que era una cazuela de barro grande, así que se levantó y salió de la choza.

–Permíteme – le sonrió con calidez –¡No por que sea chico signifique que no pueda con esto! – le contestó molesto –No me importa, te voy ayudar – le miró con calidez y tomó aquella vasija y lo llevó al interior de la casa. –¿Dónde quieres que la ponga? – dijo un tanto apresurado el español, ya que estaba un poco pesada y aparte, estaba caliente. México, en cierto modo molesto con España por no haberlo dejado cargarlo, señaló cerca de la cocina un pequeño fogón. España inmediatamente lo dejo sobre este. –¿Pero que es lo que te han traído? – dijo curioso mientras volteaba ver al imperio. Este no le contesto.

España sonrió –No me digas, estas enojado conmigo ¿Cierto? – le pellizcó una mejilla –Odio que me traten como un débil…– murmuró bajamente –Pero yo nunca te he dicho que eres débil – se hincó para estar a su altura y le acarició la cabeza –Al contrario, yo soy el débil. Mira que no pude soportar ver eso y tu; parecía que estabas viendo algo nada asombroso – rió –Yo he estado en peleas y he visto la muerte, pero me da miedo – sonrió con calidez y se levantó. México se había sonrojado. –¿Me dirás que te han traído? – volteó a ver el recipiente que estaba sobre el fogón. –Comida – dijo tímidamente –Ya es más de medio día, debes estar famélico – caminó hacia la cocina y sacó donde vasijas de barro adornadas llamativamente

–En eso tienes razón…– tocó su estómago España –Creó que no he comido nada desde la noche antepasada – rió. El moreno, le extendió el plato ya servido a España, el país se dirigió al petate que estaba en el suelo y se sentó. México hizo lo mismo. –¿Qué es esto? – lo miró curioso. En el plato había un caldo, que le parecía muy apetitoso al español. Era un caldo de color rojo en el cual, flotaban unos granos de maíz y unos trozos de carne.

–Pozole – le dio un sorbo a su plato –Pruébalo, te gustara – le hizo una invitación con su mano y prosiguió con su comida. España, quien había quedado fascinado con el chocolate, pensó en la posibilidad que ocurra de igual manera con el pozole. Y en efecto, le gusto. El caldo era suave y los granos de maíz estaban tan cocidos que estaban suavecitos. Y la carne, ni se diga. Para chuparse los dedos.

–¡Esto esta delicioso! – exclamó encantado –¡Como quisiera poder comer esto todos los días! – le dio otro sorbo a su plato –Por favor, no es para tanto…– se sonrojo México –¿Pero que dices? – sonrió –Esto realmente esta bueno. Especialmente por la carne que le da buen sabor – sacó un pedazo de carne y se lo llevó a la boca.

México tosió un poco, parecía nervioso.

–Me alegró por ti – sonrió tímidamente –¿Y que es? – dijo alegremente –¿Qué es que? – preguntó México –La carne ¿De que es? – parpadeó seguidamente como si tuviera algo en el ojo. México tosió un poco, y empezó a dudar. –Bueno, pues la carne es de…– se mordió el dedo y miró a España, quien lo esperaba ansioso por la respuesta –¿Pollo? ¿Res? ¿Pescado? – le dio opciones a México. México divago su vista –¿Realmente quieres saberlo? – dijo tímidamente y con miedo. España no digo una palabra, solo al ver sus ojos podías saber la respuesta. México soltó un suspiro largamente. –Bueno, te diré…– empezó a temblar las manos –Pero no vayas a asustarte…– lo miró con precaución –¡Por favor! ¿Cómo me asustara una poco de…–

–Carne humana, del sacrificio que acabas de ver… la parte del muslo...– dijo en voz baja, pero España lo había visto. México se sonrojo completamente, se sentía apenado por haberle arruinado la comida al castaño, quien en este momento se encontraba tapando su boca y controlando las arcadas del asco. –¡No, no! – gritó acojonado –¡No vayas a vomitar! – y rápidamente tomó un pedazo de carne. Peor error que pudo hacer el imperio. Aumento el asco del español y no podía resistirse más. –¡Es carne de un Xoloitzucuintle! ¡Es carne de un Xoloitzucuintle! – intentó calmar desesperadamente al joven que estaba apunto de salir corriendo.
–¡Es un animal! ¡Es un animal! – y rápidamente fue por un poco de agua y se lo entregó a España. Este desesperado lo tomó de golpe tratando de llevarse todo de vuelta a su estomago. Al haber calmado su nauseas, empezó a jadear y sudar frío nuevamente. Su rostro se encontraba pálido y su cuerpo lleno de escalofríos. –¿Te… encuentras bien…?– se acercó México con preocupación hacia el país.

–¿¡Pero que carajos tiene el mundo contra mí ahora! – gritó a los cuatro vientos el español, desahogándose de todo lo que le había ocurrido. –¡México no me hubieras dicho! – le reprendió –¡Pero tu querías saber! – le gritó –¡No te excuses pequeño demonio! – lo tomó con fuerzas y lo estrujo contra si mismo. –¡Suéltame! – intentó liberarse –¡No es mi culpa! ¡Tú que no aguantas nada! – vocifero –¡No! ¡Desdé que amaneció, me dejaste solo en el agua helada, me hiciste poner tu ropa que se me ve todos mis atributos, el ritual y ahora esto! – se empezó a menear de un lado al otro con el niño en brazo. –¡Tú tienes algo contra mí! –
–¿¡Pero que dices! – liberó sus brazos –¡Yo no tengo nada contra ti! – y le jaló las mejillas fuertemente –¡Yo que te quiero enseñar mi ciudad y tu que te pones delicado! – frunció su ceño fuertemente. De repente, una sonrisa deformada se dibujo en el rostro de España, cambiando rápidamente a una risa alegre.

–¿Y a ti que te pasa? – lo miró extrañado ante el cambio de actitud.

España miró con calidez a la pequeña nación y le sonrió –Hace tanto tiempo, que no me ocurría estas cosas tan graciosas – cerró sus ojos –Ni recuerdo cuando fue la última vez que me reía de esta manera…– susurró suavemente y depositó con cuidado al país en el suelo. México se sonrojo al escuchar eso y sintió como la mano del gran país se colocaba sobre su cabeza y le dio una fuerte sacudida.
–Muchas gracias…– le susurró –¡No tienes que han agradeciendo por cosas así! – tiró un manotazo alejando la mano del español de su cabeza. España solo sonrió –Está bien…– murmuró –Solo quer…– sus palabras callaron y sus ojos se pusieron en blanco. –¿España? – elevó tímidamente la mirada. El español se encontraba petrificado y mudo. Parecía que un fantasma había parecido al frente de él o haya visto su muerte.

–México…– susurró bajamente –Quiero mi ropa, ya– dirigió una mirada bastante seria al imperio – ¿Qué ocurre? – arqueó una ceja. Nuevamente un cambio de actitud repentina de España – Por favor, te lo pido. Dame mi ropa…– aplicó cierta presión en la voz. Parecía alterado.

México, igual que España, se mostró serio e inexpresivo. Camino hacia un rincón y tomó la ropa ya pulcra. – Aquí la tienes…– se la entrego en las manos – Muchas gracias – volvió a retomar una gran sonrisa en su rostro y le acarició su cabeza. – Hoy me iré temprano – susurró y empezó a desvestirse – ¡Espera! – gritó México – Si te vas a cambiar, tienes que hacerlo fuera de la ciudad – dijo con seriedad. – De acuerdo – le contestó con calma, aún que no era así realmente.
España, pudo ver en los ojos grandes y castaños del niño se encontraban intrigado por su cambio de actitud tan repentino y su marcha tan temprana. En su mente, ingenió una idea para poder engañar al niño y no levantar sospecha alguna de lo que ocurría. Que por cierto, ni el mismo España sabía y solo sintió la necesidad de marcharse inmediatamente.

–¿Qué pasa? Parece que viste algo feo – sonrió el español mientras salía de la casa de México –¿Por qué te marchas tan temprano? – lo miró con recelo, algo estaba yendo mal –Por que no quiero levantar sospechas…– miró hacia el cielo y observo el sol. Inventando un pretexto, contemplo el sol y lo empezó a señalar con el dedo. –Si no mal me equivoco, llegue aquí desde el alba y ahora…– con su dedo índice trato de ubicar la posición actual del sol. Intentaba leer la hora, pero sus escasos conocimientos le hizo dudar. –Son exactamente las cinco de la tarde…– cerró fuertemente los ojos, ya que los rayos brillantes del sol le había lastimado un poco. Giró un poco y vio a la nación quien se encontraba en la puerta mirándolo, con los brazos cruzados y con cara no completamente convencida. España adivinó sus pensamientos.

– Si no me quieres creer, no te obligare hacerlo…– se hinco a la altura de México. Este le torció los ojos –Haz lo que quieras – su actitud se hizo un tanto petulante –Lo siento – susurró el europeo. –Solo algo te advertiré, si no llegas a regresar a la ciudad con la misma ropa que te he dado. Ten por seguro que serás ejecutado – cerró sus ojos y dio un suspiro. España asintió y dio media vuelta.

–¿Sabes? Yo también quisiera pedirte algo…– España permaneció inmóvil viendo hacia al frente. –No quiero que me sigas, por más que quieras no lo hagas – en su voz se sentía cierta ansiedad y preocupación
–Quédate aquí en tu casa, rodeado de toda tu gente y permanece aquí, por favor…– torció un poco su rostro y le sonrió al mexica –Te prometo que volveré al día siguiente…– dio un trago de saliva y miró un tanto afligido a México. Este, como si fuera gracias a aquellos ojos verdes opacos, sintió una opresión en el pecho y la necesidad de cumplir aquella palabra, aunque no le agradara. Y sin decir nada más, el español soltó trote hacia las afueras de la ciudad.

México permanecía en silencio. Su sentido le había dicho que algo le había ocurrido al extraño y que era algo importante. Como el mexica que es, sentía la necesidad de ir a investigar que era lo que ocurría y saber, si era algo muy riesgoso que ponía en peligro a él y su ciudad. España, a pesar de que tenía una apariencia dócil y gentil; seguía siendo un extraño y un riesgo para su tierra. Pero aquellas palabras, esas palabras le habían hecho olvidar esa idea y dejarlo ir. Tenía una sazón de ansiedad, preocupación, tensión y miedo. Eso había hecho que se rectratara, ya que parecía que quería proteger algo.

Mejor dicho, quería protegerlo de algo.

Y así, México no tuvo opción más que esperar que el día siguiente llegara.


España se encontraba en medio de la selva ya guiado por el águila. Se había ya quitado la ropa que le había dado México para ponerse su ropa que se encontraba limpia. Había decidido dejar la ropa en las ramas más altas de un árbol, que se encontraba cercas de la ciudad. Ya que si llegaba con aquellas ropas al campamento, seguramente le exigirían saber de donde lo saco. Y así, con su camiseta de manga larga blanca con su cuello roído, sus pantalones negros holgados, sus zapatos habituales y con el cabello recogido en una practica coleta, el español corría como caballo desbocado. Se dio el lujo se sonreír un poco, ya que realmente se sentía más como con su ropa de siempre.

Pero no era hora de sonrisas, había algo muy importante.
Cuando España se encontraba en ese preciso instante con México, sintió una gran punzada en su ser. Era como si algo frío y afilado lo atravesara. Un sentimiento espeso y nauseabundo recorría su cuerpo. Y no, no era causado por la comida y aquel recuerdo sangriento. Algo había pasado, no sabía que era, pero estaba seguro al cien por ciento que algo ocurrió.

Miró hacia al cielo, el águila había tomado otra dirección muy diferente a la que tomó de venida. Al parecer y al juicio de España, sus hombres ya no se encontraban tan alejados de Tenochtitlan como pensaba, pero aún así era un camino demasiado largo y no había tiempo que perder.

El águila empezó a graznar con fuerza y empezó a girar en círculos constantemente. Parecía que un halcón la iba a atacar y estuviera usando algo llamativo para espantarlo. España dejo de correr y miró a la ave inquieta –¿Qué ocurre? – dijo jadeante, pero la ave no dejaba de dar giros constantemente. –¿Qué ocurre? – volvió a repetir un tanto desesperado el español y ante su sorpresa, la ave salio volando en dirección contraria. Parecía asustada. España intentó localizarla de nuevo… pero le fue en vano. Había desaparecido. Un temor empezó a invadirlo y decidió por su cuenta seguir caminando. Lo había llevado lo que al parecer eran unos llanos, pero el seguía en la espesura del bosque. Extrañado por el panorama, salió de los árboles y camino sobre los llanos desolados. España miraba a su alrededor, estaba solo y solamente delante de él había una gran colina. –Que extraño…– murmuró –No había visto estos llanos antes…– y siguió caminando, intentando buscar una pista de sus hombres. Pero nada, no había ni una sola alma, más que la de él. Frustrado, suspiro y cerró los ojos. Pensó que sería buena idea seguir caminando y que posiblemente se toparía con ellos.

Hizo memoria y recordó lo que había pasado con México en el día. Realmente, se había quedado fascinado (Y más por el chocolate) ese día. Realmente era una cultura exquisita, tanto como la del Imperio Romano y aquellas culturas que ya no existían. Solo había unas pequeñas cositas que no le agradaban en absoluto, como el hecho de sacrificar personas y lo de la comida… Pero a pesar de ello, no pudo evitar aquel pensamiento de que no sería mala idea ser suyo a México. Después; se enojo ante esa idea.

Algo espeso, cálido y húmedo se sumergió el pie de España. Este curioso, abrió sus ojos y observó hacia el suelo y no hacia al frente para ver que era. Un líquido escarlata se encontraba mojando sus mallas blancas recién lavadas. –¡Ay no! – gritó –¡Y con el esfuerzo que habrán hecho para lavar la ropa! – se agacho y se retiró el zapato y entonces su mano también se mancho de aquella sustancia.

España miró con atención aquel líquido, era de un rojo fuerte brillante y un olor… un olor que podía reconocerlo a miles de distancia, olor a hierro… Olor a muerte…

–Sangre…– susurró petrificado –Esto es sangre…– tembló su mano que estaba ensangrentada, lentamente elevó su cabeza y vio una macabra escena. Miles de cuerpos, cuerpos indígenas regados por el llano. Sangrantes, decapitados, desmembrados… miles de ellos muertos. España sintió un inmenso terror apoderarse de su cuerpo y con paso tambaleante se adentro a ese campo. Miró a los guerreros, pudo distinguir entre ellos, cuerpo de soldados españoles. Pero eso no le impactaba, ya que la mayoría eran de los indígenas.

–¿Qué… que fue lo que paso aquí…?– sus pies parecían que danzaban entre los cuerpos mutilados, procurando no pisar los cuerpos o la viseras que estaban regados. Tapó su nariz ante el olor nauseabundo de la putrefacción. Pensó que era mejor ver un sacrificio que esto. –¡Oye España! – escuchó el llamado de su nombre alegremente –¡Te has perdido de todo! – exclamó con cierta alegría la voz.
España elevó su rostro y miró, lleno de odio y enojo a la persona que estaba hablando. Era Hernán Cortes quien se encontraba al lado de un hombre, que al parecer era el señor de los indígenas.

–¡TE DIJE QUE NO HICIERAS NADA CARAJO! – la voz de España se encontraba encendida. Cortes le dirigió una mirada retadora al español –¿Para que te preocupas? – sonrió –Esto es un paso más para la conquista de este país – suspiro –¡Pero te dije que fuera sutil y no bruta! – se acercó al conquistador y lo sostuvo de su ropa con fuerza. Cortes seguía indiferente –Escúchame bien maldito…– enseñó los dientes
–Vuelves hacer algo precipitado e idiota te mandaré de nuevo a España. ¡Si quieres hacer algo tienes que decírmelo! – lo acercó a su cara –¡Te puedo asegurar que con esto los demás indígenas se habrán enterado de nuestras intenciones! – lo sacudió y miró el campo que lo más seguro estaban llenas de almas de los muertos.

Cortes miró al español. Este soltó una fuerte carcajada, que hizo estremecer el ambiente y alimentar más la cólera de España –Jajaja ¿Me dices a mí el precipitado? – se burló –¿Acaso te has visto? Desapareces de la nada por mucho tiempo buscando aquello de la "nueva nación" ¿Y me dices el precipitado? Discúlpame pero es una tontería – volvió a obtener su actitud seria – Además ¿Qué es lo que traes en tu oreja? – arqueó una ceja maliciosamente. –Parece que has estado muy ocupado últimamente con "algo" después de todo…– España abrió sus ojos de par en par sin dejar de observar el rostro de Cortes y tocó lentamente, como si fuera cámara lenta, su oreja derecha.

Llevaba puesto aún el arete de jade…

Realmente, el mundo estaba en contra de él ese día.

Capítulo 5. Altepelt (Ciudad)


Que tal la visita de España? Realmente me divertí escribiendo como España parecía conejo lampareado al estar en esa gran ciudad
(Aún que también su servidora estuviera así si fuera él) También espero, que se hayan sentido como España al aprender esas cosas de nuestra querida cultura mexica de la gran Tenochtitlan. Pero, tengo que explicarles unas cosas muy importantes.

que nada, yo; estoy siguiendo cronológicamente las fechas historicas con respecto a la conquista de México. Más sin embargo, los acontecimientos (Como el avanze de los españoles y su encuentro en Tlaxcala) ocurre todo hasta en Septiembre (2 De Septiembre fue el primer encuentro de batalla entre los españoles y los Tlaxcalas) cuando en el capítulo anterior coloqué la fecha correspondiente de 16 de Agosto. Tendría que hacer bastantes capítulos (Relleno) para poder llegar a estas fechas, así que obte por adelantarlo. Pero seguire poniendo las fechas (por si les interesa) Y espero tenga su total comprensión respecto a ello uwu7

2. La leyenda de Quetzacóalt y la estrella del alba. Puse solo lo importante de toda la leyenda ya que es el punto clave de la historia. Pero si gustan saber más; pueden decirmelo para explicarselo o investigarlo. Pero en sí, esa es la razón por lo cual Moctezuma pensó que los españoles eran dioses o enviados de su Dios.

3. Y lo de España respecto a su higiene... Dios santo, investigue y me he quedado perpleja... (Ya me habián comentado por aquí que los españoles no tenían ningun tipo de aseo...) ¡Toño! Y así quieres que se te acerquen las nuevas naciones? *pesimo chiste*

chinampas... bueno; México ya se los explico. Y acerca de la epifanía de España... (dios como morí de la risa al escribir eso) Es debido que, Cristobal Colón cuando regreso de América había llevado un poco de chocolate (En realidad era una fermentación de Chocolate, "Una cerveza de chocolate")Y se lo dió a probar a sus reyes y entre ellos lo probó Hernan Cortes quien le dió un poco al Rey Carlos I. Este quedo fasinado.

Humanos... Que puedo decir? Había de varios tipos y colores, para los diferentes Dioses, había un método de sacrificio en específico. Que incluían (aparte de los capturados) niños, jovenes, muchachas virgenes y guerreros. Todo, para agradecer a los dioses.

6.Y por último el pozole... (Levante la mano quien no sabía eso xD) Realmente si llegaba a tener carne humana (de los sacrificios) pero casi, principalmente eran para los nobles y el gran Tlatoani. Se dice, que solo era cuando había escases de comida, para fiestas sagradas, e inclusive dice que no realmente se lo comían. Ya que no tenía nada de sabor. Pero, para los que no eran de nobleza comían Xoloitzucuintle que es un perro originario de México y que lo caracterisca por no tener pelo. (Pero España no recibio esa información a tiempo...)

Espero y hayan disfrutado este capítulo y tengan sus cajitas de pañuelos, por que ya va a empezar lo bueno y cortavenas.
Y por último, darle crédito a Thalitez y una amiga mía por ciertos datillos (Lo de lo "pulcro" que son los españoles y por lo del pozole) para ponerlo en este capítulo, ¡Gracias !

Maiden Out