Disclaimer: Amagami SS and all the characters doesn't belong to me, this fanfic is made for entertainment not for profit.
Título: Nageki no Tenshi (El suspiro del ángel)
Pareja: Tachibana Junichi / Ayatsuji Tsukasa
Notas: Basado entre el fin del Festival del Fundador y los '10 años después' del epílogo.
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: 30vicios.
Tema: 07. Mordaza
Parece una tarde común y corriente, con el cielo nocturno de verano ciñéndose sobre la ciudad, así como también sobre la pequeña casa de Ayatsuji Tsukasa, donde ella y su novio estudian para los exámenes finales. Es aburrido, ambos están conscientes de ello, pero necesario. Lo cual no impide que la mente de Junichi vague por otros derroteros, tanto absurdos como extraños, mientras intenta fijar su atención en su libro de álgebra.
La silueta de Tsukasa se destaca un poco por sobre la oscuridad, que sólo es interrumpida por la lámpara del escritorio donde está sentada, pero que es suficiente como para que él pueda apreciar su figura, lo cual hace que su mano empiece a hormiguear al recordar el tacto de su piel y más específicamente, el día en que supo de su otro yo.
Entonces traga con dificultad la saliva que se le atora en la garganta, porque sabe que si ella se da cuenta de sus intenciones, tan rápido como una serpiente muerde a su enemigo, así de rápido él recibirá un golpe. Y no es que no lo busque, es que no quiere esa de golpe en particular.
—¿Pasa algo? —los ojos de la chica se dirigen a su encuentro, lo escrutan cuidadosamente, sin ninguna expresión en el rostro. Su cuaderno lleno de ecuaciones sigue abierto, pero Tsukasa parece más interesada en el rostro de su novio. Y él vuelve a tragar saliva, sabiéndose descubierto. Porque esos pensamientos impropios se vuelven translúcidos a través de sus ojos.
Apenas puede murmurar un nervioso 'no', cuando ella ya está sobre la cama, con la mirada feroz clavándose casi como una espada en su alma. Ella lo sabe, pero por alguna extraña razón, no está molesta. Y cuando lo besa, como siempre, quitándole todo el aliento y la razón, no puede evitar pensar que no hay mejor mordaza para evitar el ruido, que sus propios labios cubriendo los suyos.
