Disclaimer: Amagami SS and all the characters doesn't belong to me, this fanfic is made for entertainment not for profit.
Título: Nageki no Tenshi (El suspiro del ángel)
Pareja: Tachibana Junichi / Ayatsuji Tsukasa
Notas: Basado entre el fin del Festival del Fundador y los '10 años después' del epílogo.
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: 30vicios.
Tema: 22. Dinero


El ambiente en la cafetería, esa tarde de primavera, no podía ser más agradable, con gente charlando y riendo despreocupadamente, como si ese momento fuera la eternidad deseada, rodeados por la gente que aman y tan ligeros como una pluma, carentes de preocupaciones. Sólo una persona parecía no disfrutar del clima, ni mucho menos de la charla o el ambiente.

Junichi miraba su reloj constantemente y hacía sonar sus bolsillos, como si quisiera comprobar que eso seguía ahí, escondido entre el dinero que llevaba para pagar las bebidas. Hacía bastante tiempo que no se reunía con sus amigos de la preparatoria y como consideraba ese un momento especial, se decidió a hacerlo ese día, enfrente de todos.

—¿Qué esperas, jefe? —Umehara dejó su plática con Kaoru muy descortésmente para voltearse a mirarlo, curiosidad pintada en las facciones.

—¡Ah, ah! ¡Yo sé a quién está esperando! —vaticinó Kaoru con tono jocoso, al tiempo que echaba una mirada hacia la entrada del local, que lucía vacío todavía—. Junichi por fin planea ponerse serio, ¿no es cierto? —si hubiera podido darle un codazo, lo habría hecho, pero al estar limitada por la mesa frente a ella, la mujer se contentó con lanzarle una mirada airada, llena de burla.

—No es eso, es que yo... —de pronto sucedieron varias cosas a la vez, causando total confusión entre los presentes en la mesita. Tsukasa se acercó abstraida hacia la mesa donde había sido citada, junto con sus amigos, parecía exhausta y a la vez, algo curiosa. Junichi, al verla, empezó a remover entre sus bolsillos como un poseido, logrando que todas las miradas se clavaran en él y al mismo tiempo, que a Umehara y Kaoru les diera vergüenza y risa el verlo así.

Lo había planeado milimétricamente, cada palabra y cada gesto que diría y haría, pero una vez teniéndola frente suyo, todo ese arduo entrenamiento mental se esfumó. Y al no encontrar el anillo de compromiso, ni mucho menos las palabras necesarias, se arrodilló frente a ella y rodeando con uno de sus dedos el que para ella correspondía como el dedo del compromiso, susurró—:

¿Te casarías conmigo?

Nisiquiera las carcajadas de Kaoru lograron romper el extraño momento. Y Tsukasa asintió, antes de echarse a reír, aunque nunca supo si por nerviosismo o burla.