ANTES! de que empiecen a echar tierra y pestes, las advertencias: Este fic fue realizado por RutLance -CrystalFairy, South Park y otros detalles no son míos ni me interesan, solamente publico con la aprobación y consentimiento de la autora. No gano nada excepto pasar un rato más en la pc haciendo esto (en lugar de escribir xD) ¿Dudas? Las haré llegar a la autora. El crédito de esta historia no es en absoluto mío.

Nota aclaratoria de la autora: Los personajes de la serie de South Park no me pertenecen; hago esto por el simple hecho de entretenimiento, más que nada para entretenerme yo. Les agradezco de antemano a todos los que lo leen. Esta historia es ficticia, cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.

Realmente me he impacientado mucho por escribir este capítulo, ya que es mi favorito, al menos de los que llevo publicados.

En este capítulo veremos un poco de acción, por si acaso se preguntan.

No pondré los nombres de los "clientes" de Cartman sino el mote o alias con los que él lo conoce. Pero más adelante en la trama se irán dando a revelar.

Yo nunca he estado en una excursión escolar, por eso no sé si los $15 dólares fue poco o demasiado. En fin, lo hecho, hecho está.

Bien, ahora pasemos con los review's:

~*~ caasla: Muchas gracias. Y aquí está la continuación. n.n

~*~ BigMouth BakaNeko: Je, je. No, así estamos bien, qué bueno que te gustó y pues espero que te siga gustando, porqué hasta el momento este es mi fanfic favorito. =3

Mi hermana me ayudó con la frase de la nota. Por cierto, estoy muy contenta ya que ella finalmente, (¡Finalmente!) publicó "Los Nerd-Dudes", si alguién se acuerda bien, así es como se pusieron los chicos (en realidad fue Stan) para participar en el concurso del bar gay en el capítulo cero o piloto de "Con los ojos que me miras." (O "Una Odisea en Atlantic City.") Les recomiendo que lo lean, ya que los siguientes capítulos serán geniales.

Ahora disfruten el capítulo. n.n


A donde el viento nos lleve.

Capítulo 2: Nuevo estilo de vida.

Sentado en el asiento del acompañante, veía cómo las luces de la carretera iban y venían. Pronto, entraron en una zona residencial y tras un par de vueltas se detuvieron, estacionándose delante de una gran casa. El hombre trajeado bajó del automóvil y él, tomando sus cosas consigo, hizo lo mismo y lo siguió rumbo a la casa...

- Pasa.- Le dijo tras abrir la puerta y encender la luz.

Entró a la sala, la decoración era impecable, todo estaba ordenado y combinaba resaltando el buen gusto de su dueño. Los muebles eran de madera tallada a mano y algunos otros eran de cristal, dándole un toque de sencillez y elegancia al mismo tiempo...

- Disculpe.- Apretó contra sí el bolso de viaje que traía cargando.- ¿Podría usar su lavadora? Ya no tengo ropa limpia y no he podido lavarla?-

- ¡Oh! Sí, claro.- Se dirigió a un pasillo y encendió la luz.- Ven, es por aquí.-

Cartman lo siguió, llegaron a una puerta que daba a un cuarto, al parecer de la lavandería, ya que había una lavadora, una secadora, un estante blanco donde posiblemente hubiera sábanas, cobijas y toallas, un par de cestos para ropa y una amplia mesa, usada tal vez para doblar las prendas recién lavadas y secadas, así como también para guardar los detergentes y limpiadores ya que debajo de la mesa era una especie de estante con puertas...

- Adelante, puedes usarla.- Le dijo el tipo dándole una palmada al aparato.

El moreno comenzó a sacar la ropa sucia que traía en el bolso de viaje, más de repente se detuvo al ver una bata negra enfrente de él...

- Toma, puedes usarla y así lavar la que tienes puesta.- Tragó saliva.- Estaré afuera, para que puedas cambiarte a gusto.-

No quería hacerlo, él no era así, pero ya estaba ahí, además de que el tipo pagó la comida en Benny's, lo cuál lo comprometía enormemente. No podía echarse atrás, necesitaba el dinero con urgencia, así que se desvistió completamente, metió la ropa a la máquina y la accionó. Se puso la bata encima y caminó hacia la puerta...

- ¿Ya estás listo?- Preguntó nervioso y el muchacho asintió.- Vamos, es por aquí.-

Lo tomó de la mano y lo condujo por unas escaleras tapizadas por una alfombra gris, dos puertas más adelante entraron a un cuarto espacioso donde había una cama grande, un enorme clóset, dos mesitas de noche donde descasaban una lámpara encima de cada una, que estaban situadas a cada lado de la cama, se encontraba también un escritorio de madera negra con todo y silla, además de un peinador con un espejo, adornado con fotografías, cosas de uso personal, entre otras...

- Siéntate, por favor.- Le dijo tras sentarse en la orilla de la cama y mirarlo fijamente.- ¿Cómo te llamas? Mi nombre es...-

- No hay necesidad de saberlo, tal vez ni siquiera nos volvamos a ver.- Lo interrumpió.

- Sí, tienes razón.- Le tocó la mejilla con una mano.- Entonces, ¿puedo llamarte "Niño"?-

- Sí.- Asintió.- ¿En qué trabaja usted?-

- Bueno, tengo una empresa y...-

- Entonces, lo llamaré "Empresario."-

- Está bien, Niño.-

Acercó su boca a la de él, besándolo despacio y de una manera suave y delicada, sus labios se deslizaron hasta el cuello, concentrándose en probar la piel joven. El muchacho dejó escapar un gemido y queriendo acabar rápido, le comenzó a quitar el saco, le siguió la corbata y la camisa que cayeron al suelo. El Empresario tomó entre sus manos el rostro del muchacho y volvió a besarlo un poco más fuerte; como tenía barba, le hacía sentir un poco de picazón más no quería quejarse, no se sentía en la posición de hacerlo...

Sintió que le quitaba el cordón de la bata, lo que le indicaba que ya se avecinaba el momento, así que empezó a desabrocharle el cinturón así como el pantalón. Una vez descubiertos los hombros, comenzó a recorrerlos con la boca e inició el camino hacia su pecho y continuaba más abajo. Pronto, las demás prendas estaban en el piso de la habitación y ambos estaban ya recostados en la cama...

Se detuvo momentáneamente para sacar del saco un frasco de lubricante, así como un pequeño empaque que abrió de inmediato. El muchacho separó las piernas y se preparó para lo que viniera a continuación, ¿cómo era posible que la vida lo haya llevado hasta ese punto? Sintió un par de dedos hurgando en lo más profundo de su intimidad, soltando un gemido mientras la sangre se le acumulaba en las mejillas, enrojeciéndoselas...

- ¿Estás listo?- En sus ojos había un brillo diferente al que conocía.

- Sí.-

Tomó aire conforme se introducía dentro de él...

A paso lento, procuró no lastimarlo demasiado...

Le echó las manos al cuello mientras lo besaba tratando de distraerse del dolor...

Aumentó el ritmo, le acarició el cabello y se lo besaba con prisa...

Ya sabía cómo y qué decirle, a causa de vivir con alguien como su mamá...

Tenía miedo, aún era muy joven...

No podía disfrutarlo, ¿qué sería de él mañana?...

Se encontró con su mirada antes de perderse en un mundo al que era llevado por el éxtasis...

Él se escondió en otro sitio, que sólo existía en su mente, tras recorrer el sendero de la soledad...

- ¿Mamá? Tengo hambre.- Se despertó frotándose los ojos.- ¿Mamá? ¿Ya está listo el desayuno?-

Se quitó las sábanas de encima para sentarse y después de frotarse nuevamente los ojos, se dio cuenta de que no estaba en su habitación, mucho menos en su casa...

- ¿Donde carajos...?- Se puso de pie para sentarse de nuevo al sentir el dolor recorrerle por toda la espina.

Recordó entonces donde estaba y qué hacía ahí. Sintió ganas de llorar al repasar en su mente todo lo que hiciera la noche anterior. Volteó la mirada al oír que se abría la puerta, ahí de pie se encontraba el Empresario que lucía muy serio. Vestía una camisa celeste, corbata negra con rayas plateadas y un pantalón negro...

- Buen día.- Le dijo incómodo de no saber qué decir o hacer en ese momento.- ¿Dormiste bien?-

- Sí, gracias.-

- Tu ropa ya está seca, yo mismo la puse en la secadora mientras dormías, pues.- Se rascó la nuca.- Si gustas comer algo, podrías darte un baño en lo que preparo algo simple.-

- Está bien.-

Se dio una ducha rápida, usó la misma bata negra y bajó por las escaleras, dirigiéndose al cuarto donde estuviera su ropa. Se cambió, guardó el resto en el bolso de viaje y dejó la bata sobre la mesa. Salió del cuarto y se fue a la sala...

- ¡Ah, aquí estás!- El Empresario le salió al encuentro.- Bien, ya está lista la comida.-

La cocina era espaciosa y elegante, con mucha luz. Cartman la comparó con las qué conocía y ninguna le llegaba a la mitad. La comida estaba en una mesa tubular, por lo que ambos se sentaron. El muchacho comía aprisa ya que estaba muy hambriento, el hombre sólo tomaba una taza de café mirándolo fijamente. De pronto, habló...

- ¿Porqué lo haces?-

Dejó los cubiertos sobre la mesa y se le quedó viendo a la comida. ¿Porqué lo hacía? Era obvia la respuesta, no tenía qué contarle nada, no eran amigos, conocidos o parientes para estarle dando explicaciones...

- Perdón, no es algo de mi incumbencia, ¿verdad?- Se disculpó.- Además, no hay posibilidad alguna de que nos volvamos a ver, ¿cierto?-

Tenía razón, tal vez no se volverían a ver, así que tomó el riesgo y le contó absolutamente todo. De cómo su mamá lo corrió, de sus amigos qué le dieron la espalda, de cómo estaba pasando las noches, de cómo el otro sujeto lo encontró congelándose en una banca del parque y de cómo terminó esa noche en el Benny's; cuidando de no ahondar en detalles y de no brindar mucha información. Cuando terminó de hablar ya estaba llorando y cabizbajo, incapaz de mirar al Empresario. Éste, a su vez, lo escuchó atento, con los brazos cruzados y sin interrumpirlo...

- Vaya.- Se quedó un momento en silencio.

Se puso de pie y se salió de la cocina. Tras un momento regresó, se sentó nuevamente en la silla y lo observó por un rato. Sacó su cartera y extrajo un billete que juntó con otros dos que tenía guardados en el bolsillo delantero de su camisa. Le tomó la mano y le puso el dinero en ella...

- Ten.- El muchacho la cerró en un puño. Él le tomó el rostro con una mano y le alzó para que lo viera.- So $300 dólares.-

Le limpió las lágrimas con el pulgar y le dio un beso en la frente...

- Usa ese dinero para que duermas en un hotel.- Había un toque de preocupación en su voz.- La calle es muy peligrosa, especialmente de noche, ¿oíste?-

- Sí.- Asintió Cartman mientras se enjuagó una lágrima.

- Cuando termines de comer, me avisas para llevarte a la Central de Autobuses y así regreses a South Park.-

- Disculpe, pero ¿podría pedirle otro favor?- Preguntó con timidez.

Una hora después, el auto se estacionó frente al Museo de Historia Natural, ya que el moreno aún tenía qué ir a la escuela y presentar el ensayo para la clase de historia. Ambos bajaron del vehículo y se quedaron frente a frente...

- Gracias.- Le dijo sonrojándose ligeramente.

- De nada.- No aguantó el impulso y le dio un abrazo.- Cuídate mucho, Niño.-

- Usted también, Sr. Empresario.-

Lo soltó y subió a su coche, lo miró un rato más antes de encender el vehículo y perderse en el tráfico. Cartman a su vez, anotó los apuntes necesarios para el ensayo y buscó la Central de Autobuses. Compró su boleto y esperó a qué partiera el camión...

- ¡Carajo!-

Se dio cuenta de que no llevaba la bufanda puesta ya que algunas personas se le quedaban viendo, especialmente por las marcas en el cuello. Abrió el bolso de viaje para buscar la bufanda, y antes de sacarla, se encontró con una caja de galletas de mantequilla. Una nota venía pegada en ella...

- "La vida es amarga, hay qué endulzarla un poco. Por eso es bueno tener a la mano pequeños placeres."-

Se sonrió y volvió a meterla en el bolso. Se acomodó la bufanda alrededor del cuello...

- "Les anunciamos a todos los pasajeros que hemos llegado a South Park. Desciendan con cuidado y qué pasen un buen día."-

Salió de la Central pensando en qué hacer primero. Una vez que se decidió, caminó un par de cuadras, cuando de pronto se detuvo. Al otro lado de la calle vio a Kyle, Stan, Kenny y a Butters. Caminaban platicando alegres y riendo a carcajadas, por lo qué no se dieron cuenta de qué él estaba ahí, mirándolos. Así que agachó la cabeza y se marchó lleno de vergüenza, al darse cuenta de que las cosas ya nunca más volverían a ser lo mismo...

- ¿Eh?-

- ¿Qué pasa, Butters?- Le preguntó Stan al ver que se detuvo y miraba hacía atrás.

- N-Nada, sólo creí que alguien nos miraba.-

El domingo pasó rápido y se llegó el lunes. Tuvo qué explicarle a la maestra sobre su falta a la excursión, lo cuál no le resultó difícil de hacer, convenciéndola de inmediato. Pero el mayor problema del día ocurrió cuando, con charola de comida en mano, a la hora del almuerzo Kyle hizo un anuncio...

- ¡Hey, culón!- Gritó a modo de que todo el mundo lo oyera.- ¿Ahora qué canción vas a cantar para ponerte a llorar como un marica enamorado?-

Podría acercarse a él y golpearlo, gritarle, ahorcarlo, desquitar en él todo el coraje y la frustración que traía adentro y lo consumía lentamente. Podía culparlo de todo pero a esas alturas, ¿qué ganaba con hacerlo? Lo que hizo fue tirar su charola del almuerzo en la basura y salirse de la cafetería...

- ¿Qué carajos le pasa?- Se oyó a alguien decir por su repentina conducta.

El pelirrojo se seguía riendo, mientras Stan y Kenny sólo se lanzaban una mirada significativa...

- Pobre Eric.- Butters sólo se hundía más en su asiento mientras veía con tristeza su almuerzo.

Con el dinero que le había pagado el Empresario sí le alcanzaba para alquilar un cuarto barato de hotel, pero necesitaba aún más para poder cubrir otras necesidades, por más simples que éstas fueran...

- ¿Estás disponible, chico?-

Aunque intentara obtener un trabajo no podía al no tener un lugar propio en donde vivir fijamente ni tener manera alguna de poderlo contactar. Así que en el día se encargaba de ir a la escuela. Y en las noches trabajaba en la parte fea del pueblo, asegurándose de llevar consigo protección y de terminar antes del amanecer...

- Ya se tardó demasiado.- Se dijo mientras caminaba de un lado a otro, fumando un cigarrillo.

Kenny se encontraba esa noche en una de las tantas calles. Se había quedado de ver con un tipo que le ofreció dinero a cambio de que le hicieran un "trabajito." Y éste, con tal de obtener dinero fácil y sin más riesgo que pasar una noche en barandilla, aceptó. Se detuvo, miró el reloj y después a ambos lados de la calle, cuando algo atrapó toda su atención...

- ¿Cartman?-

Traía puesta una playera negra, jeans azules, zapatos negros y la bufanda color crema que ahora usaba todos lo días. De inmediato se notaba que estaba esperando a alguien, por lo qué quiso cruzar la calle, preguntarle qué hacía ahí y a esas horas de la noche...

- ¡Hey, Kenny!- El sujeto que esperaba apareció con una bolsa de papel.- Aquí está el encargo de tu padre.- Le dio, además de la bolsa, un rollito de dinero.- Ten, esta es tu parte.-

- Sí.- Volteó a ver al que fuera su amigo, sólo para encontrarse que se subió a un vehículo que se apartó del lugar.- Gracias.-

No podía dejar de pensar en lo que había visto, así que a la mañana siguiente se iba a sacar de la duda. El único problema era que ese día no tenía ninguna clase con él, y desde el incidente con Kyle en la cafetería, tampoco lo veía ya a la hora del almuerzo...

Stan estaba en su cama, cuando el rubio se metió por la ventana de su cuarto, y lo ayudó a entrar antes de que se matara...

- ¡Kenny! ¿Qué carajos haces aquí? Son las 8:03 de la noche.- Lo reprendió.- Al menos, hubieras entrado por la puerta de atrás.-

- Estoy preocupado, Stan.- Le dijo tras sentarse en la cama sin prestarle atención alguna al pelinegro.- No me gusta nada la mierda en la que esté metido el culón.-

Stan se calmó y se sentó a un lado de él, sin evitar sentirse acongojado...

- Igual a mí.- Le dijo.- Kyle también me preocupa, ha estado muy cortante y distante con Butters.- Volvió a ver al rubio.- ¿Tú que crees qué esté pasando?-

- Ni idea.- Se recostó en la cama.- No sé en qué carajos esté metido, pero espero que no sea algo grave.-

- Ojalá y esté bien.- Comentó tras recostarse en la cama.

- Duele.- Dijo en tono apenas audible para él.

El tipo arremetía con fuerza dentro de él, mientras lo mordía hasta rasgarle la piel de los hombros, lamiendo y saboreando el sabor metálico de la sangre con su boca...

- Pide más, Baby.- Le decía el tipo sin aminorar el ritmo.- Aún puedo con otra ronda.-

- Más..., por favor..., más.- Gimió enrojecido y empapado en sudor.- ¡Aaah!-

Quería que acabara pronto, salir del asiento trasero del coche y huir a toda costa. Más no podía hacerlo si quería que el sujeto le pagara, por lo que se mordía los labios para no gritar ni pensar en el dolor. De pronto, el tipo se detuvo...

- Vístete.- Le dijo tras quitarse de encima de él.- Ya se acabó la función, Baby.-

Volvió a ponerse la ropa, conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir. Apenas terminó, el sujeto abrió la puerta empujándolo al suelo, y él salió después. No muy bien se incorporó un poco, el tipo le metió algo en la boca, tras sonreír de verlo en tal posición...

- Nos vemos, Baby.- Se comenzó a reír, se metió al vehículo y arrancó a toda velocidad.

El moreno abrió la boca y escupió lo que le había metido, eran $200 dólares bien doblados. Y sin importarle que lo vieran o no, se puso a llorar...

Al día siguiente no fue a la escuela, estaba demasiado adolorido como para ir, por lo que durmió la mayor parte del día y trató de limpiarse las heridas provocadas en el encuentro casual, volviendo esa noche otra vez a las calles...

Ya no tomaba el autobús escolar, por lo que caminaba unas cuántas cuadras más adelante para poder tomar un taxi sin que nadie de la escuela se diera cuenta de ello. Un día como cualquier otro y siguiendo la rutina, salía de la escuela y se alejaba como de costumbre, por lo que no notó a una persona parada a un lado de un vehículo color plateado que lo veía fijamente...

- O-Oye, necesito hablar contigo.- Al ver que no le hacía caso, gritó.- ¡Niño!-

Se detuvo en seco y lentamente se volvió a verlo, con la sorpresa dibujada en la mirada. Sólo había una persona que lo llamó así con anterioridad. Se acercó con cautela para observar a la persona y así asegurarse de que fuera quién él creía que era. Tenía más o menos su altura, ojos grises, cabello negro con frente amplia y en un traje gris, camisa blanca y corbata azul rey. Más el tipo que recordaba no usaba lentes y tenía barba...

- ¿Empresario?- Preguntó dudoso.

- Je, ¿cómo estás, Niño?- Intentó sonreír, más no podía de los nervios.- Ha pasado algo de tiempo.-

- Sí.- Le contestó, se sentía extraño al verse otra vez, frente a frente.

- Eh, sí. Yo, eh, necesito hablar contigo y...-

- Está bien, pero no aquí.- Cartman vio que algunos estudiantes que pasaban se les que quedaban viendo.

- De acuerdo.- Se acercó a su auto y lo abrió.- Sube.-

Lo obedeció y se alejaron de inmediato. El moreno lo miraba de cuando en cuando, iba a hablar más el Empresario empezó primero...

- He ido dos semanas enteras al Benny's para ver si te encontraba ahí.-

- ¿Porqué?-

- Quería verte, saber si estabas bien.- Se detuvo frente a una tienda y apagó el motor.- Al no hallarte, me puse a esperar en las entradas de varias escuelas.- Pegó su frente al volante.- Te he extrañado y no sabía cómo contactarte ni dar contigo.-

- Ah.- Y agachó la mirada.- Yo también lo he extrañado un poco.-

Y no mentía, a diferencia de los demás sujetos, su manera de hacer el amor era muy peculiar, especialmente porque era muy gentil y cálido...

- Ven.- Sacó las llaves del auto, se bajó y entró a la tienda.

No se puso a cuestionar para qué lo quería, descendió del vehículo y también entró a la tienda...

- Elige uno.- Le dijo señalándole el mostrador.- Y no te preocupes, yo lo pagaré.-

- Aquí está bien.- Le dijo para que detuviera el coche para así poder bajarse y regresar al hotel donde se hospedaba sin qué viera cuál fuera.- Gracias por traerme.-

- ¡Espera!- Abrió la cajuela y sacó un par de bolsas, tanto de papel como de plástico.- Son para ti.-

Cartman tomó las bolsas y lo miró a la cara, no sabía qué decirle, por lo que el Empresario rompió el silencio...

- No quiero que te sientas obligado ni nada por el estilo. Tampoco quiero que lo rechaces. Es sólo un simple regalo de mi parte y sé que lo necesitas.-

Lo abrazó con fuerza, y sabía que si le hubieran dado la oportunidad de elegir un papá, hubiera deseado que fuera él...

- Gracias.- Le dijo por lo bajo.

- Cuídate mucho, Niño.- Le dijo tras acariciarle el cabello y soltarlo.

Lo vio alejarse, así que cargó con todo y llegó a la habitación donde se hospedaba. Se sentó en la cama, y una a una, abrió las bolsas...

- ¡Oh, Dios mío!- Exclamó emocionado.

Vació el contenido en la cama. Había ropa de marca: playeras, camisas, pantalones, ropa interior, calcetines e incluso un par de zapatos nuevos así como unos tennis. Se probó cada artículo viendo que le quedaba a la perfección. Luego de guardar las cosas, vio el paquete que le comprara unos instantes después de salir de la escuela. Lo abrió, sacó el aparato y lo puso a cargar. En lo que estaba listo, se puso a recoger las bolsas para que no le estorbaran. Fue ahí donde encontró dos cosas: un billete de $100 dólares y un papel con el número del celular del Empresario...

Guardó el billete junto con el demás dinero que tenía guardado y miró nuevamente el número. Desconectó el aparato y lo encendió...

- ¿Bueno?-

- ¿Sr. Empresario? Habla el Niño.-

- ¡Oh! ¿Me estás llamando con tu celular nuevo?-

- Sí, es genial, al igual que toda la ropa. ¿Cómo supo mi talla?-

- Bueno, cuando puse la ropa a secar, me fijé. Lo mismo con los zapatos.-

- Sí, claro.- De pronto se acordó.- Estaban sabrosas.-

- ¿Qué cosa?-

- Las galletas. Estaban muy sabrosas.-

- Me alegra, a mí casi no me gustan las cosas dulces.-

- Hombre, a mí me fascinan.-

- Qué bueno que te hayan gustado.-

Se quedaron en silencio por un momento, sin saber qué decir...

- ¿Quiere qué nos volvamos a ver?-

- Niño, si tú no quieres no es necesario. Ya te dije que es un regalo.-

- Lo sé, pero yo quiero volver a verlo.-

Hubo una pequeña pausa, Cartman tragó saliva nervioso de lo que le dijera al respecto...

- No quiero perjudicar tus clases, ¿el viernes a las 9 p.m., en Benny's estará bien? Y si no tienes compromisos te podrías quedar en mi casa el sábado, ¿qué te parece?-

- Suena perfecto.-

- Bien, nos vemos entonces el viernes a las 9:00 p.m. en Benny's, ¿ok?-

- Ok.-

- Cuídate, Niño.-

- Usted también, Sr. Empresario.- Y colgó.

No podía esperar a encontrarse con él el viernes, con eso se ahorraría algunas comidas y el hospedaje de uno o dos días, según se diera el caso. Lo más importante era que lo volvería a ver, realmente deseaba volver a verlo...

- Sólo quiero saber una cosa.- Le preguntó al Empresario cuando ambos se metieron a la cama.

- ¿Qué cosa?- Dijo tras verlo y con un instante lleno de duda.

- Cuando nos conocimos, usted tenía barba y no usaba lentes, ¿porqué ahora es todo lo contrario?-

- Je, bueno.- Intentó reírse un poco aliviado pero no podía más que esbozar una leve sonrisa.- Es que en esa vez yo tenía lentes de contacto, pero como me molestan mucho, decidí mejor usar los lentes. Y la barba, pues, nada más me rasuré y ya.- Se mordió el labio inferior.- ¿Por qué? ¿No te gusta verme con anteojos?-

- No, no es eso, es que no lo reconocía.- Le tomó la mejilla con una mano.- Además, le sienta bien.- Y comenzó a besarlo mientras sus manos le recorrían la piel.

Pero también había alguien más a quién quería volver a ver. Al desconocido con el qué perdió su virginidad y que le diera la bufanda. A veces se preguntaba qué había sido de él...

Una semana después de eso, Cartman salía de un cyber-café donde checó algunas cosas personales. Revisaba su celular para confirmar si tenía o no algún compromiso programado, cuando un automóvil se acercó a donde él estaba...

- ¡Hey! Veo que te gustó la bufanda que te regalé, Muchacho.- Le dijo el conductor alegre.

Casi se le cayó el aparato al reconocerlo y se quedó estático por la sorpresa...

- U-Usted.- Balbuceó.

- ¿No vienes? Voy a un restaurante ya que tengo un carajo de hambre.-

No sabía qué contestarle, así que el tipo tomó la iniciativa...

- Ándale, si quieres, yo te pago la comida.- Y le abrió la puerta.

Tras oír el chillido de sus tripas, subió al carro, quedándose en silencio y un poco molesto...

- ¿Qué pasó contigo?- Le preguntó.- Te esperé y no llegaste.-

- ¿Cómo carajos no? ¡Sí me presenté ese día! Fue usted el que no llegó al restaurante Benny's.- Estaba claramente enojado.

- ¿Restaurante?- Se quedó extrañado el tipo.- Yo no te dije en un restaurante. ¡Ah, ya!- Se rió.

- ¿De qué carajos se ríe? ¡Lo estuve esperando por más de dos jodidas horas!-

- Tranquilo, deja me estaciono para explicarte mejor.- Apaga el motor del coche y se volteó a verlo.- Sucede que yo tengo problemas al momento de dar direcciones.-

- ¿Y eso a mí qué carajos me sirve saberlo?-

- Calma, calma, lo que pasa es que siempre que voy a dar una dirección digo otra.- Le explicó.- Y me ha acarreado un carajo de problemas. Por ejemplo, unos amigos y yo contratamos a una stripper para la despedida de soltero de otro amigo, así que le dije en qué lugar debía presentarse. Cuando se llegó el día no se aparecía, hasta qué les dije a los demás a qué dirección la había mandado. ¿Sabes qué pasó?-

- No.-

- La mandé a la recepción de una boda.- Se rió.- ¡Hubieras visto el relajo! Fuimos a explicar todo y a disculparnos antes de que la recién casada se quedara viuda o divorciada. No, no, en serio.-

- ¿Mandaste a una stripper a una boda?- Se rió un poco al imaginarse la situación.- ¡Qué estúpido!-

- Deja tú, eso no es nada. Una vez mandé a un grupo de estudiantes seleccionados para un proyecto de trabajo de campo a un hipódromo, ¡y ganaron $500 dólares!- Los dos estaban rojos como tomates.- Y eso no es todo.-

- ¿Ah, no?-

- No. Una vez, un grupo de monjas me pidieron indicaciones para llegar a un lugar, ¿adivina a donde las mandé?-

- ¿A donde?-

- ¡A una función de lucha libre!- Estallan ambos en risas.- Eso sí, les dieron una muy buena cantidad de donaciones, y según me enteré, una de ellas se volvió luchadora profesional.-

- Eres un idiota.- Le dijo divertido Cartman.- ¿Cómo carajos se te ocurre hacerles esa mierda?-

- Ya te lo dije, es un problema qué tengo. Y como ya me conocen en mi trabajo, pues imprimen las direcciones en pequeñas hojitas para que no los mande a otro sitio.-

- Apenas, sino, los vas a mandar a la mierda.-

Le puso una mano en la mejilla e hizo que volviera el rostro hacia él...

- Así me gusta verte más, ¿sabes?- Acercó su rostro a la vez que cerraba los ojos.

- ¿Podríamos irnos?- Se detuvo al oírlo.- Tengo hambre.-

- ¡Oh, sí! Claro.- Encendió de nueva cuenta el carro y se puso en marcha.

Unas cuántas horas más tarde, los dos estaban en el cuarto del tipo. Éste lo besaba devorándole con ansia los labios. Cartman le quitó la camiseta que traía puesta, así como también comenzaba a desabrocharle el pantalón, mientras le introducía su mano dentro de los bóxers...

- ¡Oh, sí!- Gimió el tipo.- Me has hecho esperar tanto desde la última vez.-

Comenzó a besarle el cuello haciendo que el muchacho se estremeciera y soltara algunos leves quejidos. Metió una de sus manos para acariciarle el torso debajo de la camisa de botones que traía puesta. Uno a uno los desabotonó y recorrió con la lengua su piel. Hasta que vio las marcas en los hombros...

- ¿Qué carajos es esto?- Se detuvo abruptamente y con fuerza, lo jaloneó a modo de poderle ver bien la parte posterior de los hombros.- ¿Quién carajos te hizo esta mierda, eh?- Lo tomó de los brazos, hundiendo a presión los dedos.- ¡Contesta!-

Al principio se asustó ya que recordó la vez que su mamá lo había corrido de la casa, más los gritos y el dolor que le estaba causando lo hicieron enojarse, así como también temblar y llenársele los ojos de lágrimas...

- ¡Jódete!- Trató de zafarse del sujeto.- ¡Tú no eres ni un carajo mío como para sentirte con el maldito derecho de reclamarme nada, maldito hijo de puta!- Le gritó.- ¡Tú no sabes ni un carajo de mí ni del maldito infierno de mierda que he tenido que pasar!- Las lágrimas corrían mientras le nublaban la vista.

El tipo lo soltó, provocando que en su desesperación Cartman se cayera de la cama y se golpeara en la nariz, la cuál le comenzó a sangrar...

- ¡Mierda!- Se asustó al verlo desangrarse.- ¿Estás bien, Muchacho?-

- ¡Claro que no, pendejo!- Se cubrió la nariz con una mano.- ¡Mi mamá, que me decía que me amaba, me rompió una botella en la cabeza, quemó mis cosas y me corrió de la casa! ¡A quiénes yo creía que eran mis amigos me dieron la espalda cuando más los necesitaba! ¡Y para ya no pasar frío ni hambre he dejado que todas las malditas noches me jodan como si fuera una puta cualquiera!-

Abrazó sus rodillas, llorando desconsoladamente en el piso...

- No creas que con pagarme un par de comidas, un taxi y $50 dólares tienes derecho a exigirme cuenta de mis actos.- Sacó el dinero que traía en los bolsillos del pantalón y lo tiró a un lado.- Ahí está tu jodido dinero, prefiero antes morirme de hambre y frío.- Y agregó con amargura.- No te necesito, ni a ti ni a nadie. Yo puedo sobrevivir solo.-

Se quedó callado mientras las lágrimas y la sangre se mezclaban entre sí. El tipo se arrodilló a un lado de él, le tomó la barbilla con la mano derecha y tocó su frente con la del moreno...

- Lo siento, realmente lo siento.- Le dijo suavemente.- No debí tratarte así. Lo lamento.- Soltó un suspiro.- Es sólo que, eh, me, me dio mucho coraje ver que alguien te hiciera eso, y perdí el control. Perdón.-

Acercó sus labios hasta su boca, lo besó con mucha ternura y le echó los brazos al cuello, procurando que se relajara un poco...

- Anda, recuéstate un poco en lo que busco algo para la nariz.- Lo ayudó a ponerse de pie.- No tardo.-

Permanecieron en silencio, realizó la limpieza y le puso un curita al ver que la nariz no estaba rota...

- ¿Quieres algo, agua, un refresco?- Le preguntó para romper el silencio.

- No.- Le contestó secamente Cartman.

- Oh, si tú lo dices.- Se sentó a un lado de él y le pasó un brazo por los hombros.- No me gusta verte así, dame otra oportunidad.-

- ¿Para qué? ¿Para qué te sientas el jodido dueño de mi vida de mierda?-

- No, claro que no. Quiero intentarlo otra vez.- Le tomó el rostro con ambas manos.- Te prometo que no volverá a pasar.-

El reflejo en sus ojos denotaba una angustiosa súplica, como si hubiera roto un lazo importante entre ellos. Cartman, sin embargo, era alguien a quién difícilmente podría recobrar la confianza cuando la perdía...

- Está bien.- Agachó la mirada y volvió a mirarlo con un cruel gesto dibujado en el rostro.- Pero si vuelve a ocurrir, te irás al carajo, ¿de acuerdo?-

- De acuerdo.- Y reanudó lo que estaba haciendo momentos antes.

Y así, sin que Cartman lo supiera, el tipo estaba decidido a ponerlo bajo su protección, lo quisiera o no...