Informo: Actualizaré una vez al dia, de lunes a viernes, aproximadamente sobre las 10.00 de la mañana (hora española). Los festivos y fines de semana no garantizo actualizar, dependerá de la disponibilidad que tenga.
Gracias a Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se ha suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo.
... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
Capitulo 3
El sonido de su voz era tan dulce que me quedé sin respiración. Su tono era completamente inexpresivo, no delataba emoción alguna, pero me resultaba tan familiar que el miedo que hasta ese instante me atenazaba pasó a un segundo plano. La curiosidad comenzó a tomar posiciones en mi lista de prioridades. Estaba claro que me conocía, había usado mi nombre de pila, algo que hasta ahora solo habían hecho mis padres y que nadie volvió a usar una vez que desaparecieron.
- Veo que no has probado bocado. Alma se sentirá muy decepcionada si no pruebas al menos un poco de la cena que te ha preparado. Es una mujer muy sensible.
Dios mío… tenía una voz tan embriagadora que solo pude mirarle en la penumbra intentando ver el rostro del que provenía esa voz tan familiar. Estaba segura de que la había oído en alguna parte pero no conseguía localizar dónde. Permaneció en silencio un par de minutos esperando alguna reacción por mi parte. Finalmente volvió a hablar.
- ¿Vas a ignorarme toda la vida? Creo que tenemos una conversación pendiente y se requiere la participación de ambas partes para poder llevarla a cabo. – dijo.
- ¿Qué estoy haciendo aquí? – fue lo único que conseguí articular.
- Todo a su tiempo… de momento me conformo con que te levantes de ahí y te sientes a disfrutar de tu cena. Por favor. – dijo con un tono medio cómico.
Me incorporé sobre las piernas pero no me moví ni un centímetro de mi lugar. No iba a probar nada de la cena pero pensé que desde otro ángulo conseguiría ver la cara de mi secuestrador. Me desplacé con paso vacilante hacia la mesita, sin apartar la mirada de él. Me parapeté detrás de la silla que tenía más cerca de mí pero sin sentarme. Intenté verle la cara pero seguía sumido en las sombras.
- No has respondido a mi pregunta, ¿qué estoy haciendo aquí? ¿qué quieres de mi?– dije intentando infundirle enfado a mi voz.
- Comprendo que no entiendas porqué estas aquí. Me gustaría que me dieras la oportunidad de poder explicártelo con calma y a su debido tiempo. Tenemos mucho que contarnos.
Avanzó unos pasos, saliendo de las sombras y mostrándose a la tenue luz de la lámpara. Me quedé petrificada en el sitio, era la cara de un ángel lo que estaba viendo, miré su rostro sin poder articular palabra. Sus ojos eran de un dorado intenso y me miraban sin ningún tipo de reparo. ¿Había deseo en ellos? Una media sonrisa torcía su boca perfecta. La palidez de su piel era evidente incluso a la luz de la lámpara. Estaba delante de la persona más hermosa que jamás había visto. Avanzó hacia mi posición muy despacio, intentando no asustarme, pero instintivamente yo di un paso hacia atrás, alejándome de él.
- No tienes por qué tenerme miedo. Llevo esperando este momento muchos años y sería incapaz de hacer algo que te dañara, ahora que por fin estás conmigo.
- No es esa la impresión que tengo, me has secuestrado, me has drogado y vete a saber cuántas atrocidades más has hecho conmigo.- dije lo mas furiosa que pude.- ¿es este tu concepto de no hacer daño?
- Te pido disculpas por las formas, pero creo que no había otro modo de hacer que entendieras… que vieras… teníamos que estar los dos solos, sin interrupciones ni distracciones.
- ¿Qué es lo que tengo que entender? ¿qué tengo que ver?
- Que la vida que has conocido hasta ahora ha terminado, que ha llegado el momento de que vengas conmigo y aceptes tu nueva vida, que estamos predestinados a estar juntos… para siempre. Que serás mía… quieras o no.
Me quedé estupefacta, mirándole, intentando averiguar la expresión de su mirada, había determinación y deseo, sus ojos me recorrían ansiosos. Me necesitaba, sus ojos me lo decían con cada movimiento que hacían sobre mi cuerpo. Se paró en mis ojos y los entornó como intentando leer en ellos. Dios… eran tan hermosos… Mi corazón empezó a latir con fuerza y sentí como la sangre acudía a mi cara, ruborizándome. El se movió un paso más hacia mí, yo no me moví del sitio, no podía… estaba perdida en el dorado de sus ojos… tan intenso, tan profundo. Apenas nos separaba la pequeña mesa donde descansaba mi cena, pero no avanzó más, en lugar de eso se inclinó hacia delante unos centímetros e inspiró lenta y profundamente mientras cerraba los ojos. Exhaló el aroma con lentitud por la boca, deleitándose en el proceso, saboreando la esencia. Sus labios se ensancharon en una amplia sonrisa y mirándome con un deseo brutal en sus ojos me dijo:
- Bienvenida a casa.
Intenté asimilar lo que me había dicho, cada palabra, pero no le encontraba el sentido. Que mi vida tal como la conocía había llegado a su fin, que tenía que permanecer con él para siempre, que estábamos predestinados. Todo sonaba irreal… toda la situación era irreal. Debía estar soñando y despertaría en cualquier momento en la cama de mi apartamento sudando por la pesadilla que estaba teniendo. Pero no era un sueño, todo era real, él era real y estaba allí, mirándome.
Necesitaba respuestas. Su comentario no había hecho más que incentivar mi curiosidad. Arrastré la silla lo suficiente como para poder sentarme sin estar cerca de la mesa. Él hizo lo mismo. Miré la bandeja con la comida y movida por un impulso tomé la copa, vertí un poco de vino en ella y la apuré hasta el fondo. Tenía que calmarme y confiaba en que el vino me ayudara. En cuanto mis nervios me lo permitieron no vacilé en soltar una batería de preguntas mientras mi interlocutor respondía pacientemente.
- Me has llamado por mi nombre de pila ¿nos conocemos? – dije vacilante.
- No exactamente. Yo si te conozco a ti, lo sé todo sobre ti, pero tú no sabes nada de mí. Pero para eso estamos aquí, para que me conozcas.
- El otro día, en el parque, el día de la tormenta ¿estabas allí?
- Si. Siempre estoy contigo, aunque fue la primera vez que reparaste en mi presencia.
- ¿Qué quieres decir con que" siempre" estás conmigo? – pregunté extrañada.
- Pues que llevo mucho tiempo cuidando de ti, protegiéndote, velando por tu seguridad.
- ¿Querrás decir acosándome?
- Yo no lo veo así. Cuando me di cuenta de que habías percibido mi presencia supe que estabas preparada y que había llegado el momento. –sus ojos brillaron con una luz especial.
- ¿Que había llegado el momento de qué?
- De que vinieras a mí. – dijo en un susurro mientras bajaba la mirada.
No entendía nada, este ser angelical me había secuestrado y ahora decía que velaba por mi seguridad. No le había visto jamás pero él me conocía perfectamente. Estaba hecha un lío. Necesitaba más respuestas y solo había una manera de conseguirlas.
- Has dicho que me conoces…. ¿Qué sabes de mí exactamente? – empecé a preguntar de nuevo.
- Todo. Esto se va a alargar bastante si quieres que te relate tu propia vida, pero para que te hagas una idea te diré que te he visto crecer, dar tus primeros pasos, salir con tu primer novio, dar tu primer beso… Estuve a tu lado cuando tus padres fallecieron y cuando te mandaron con tu tía. Estuve presente en tu graduación y he soportado estoicamente verte pasar de una relación a otra buscando algo que estaba claro que ningún hombre podía darte… solo yo puedo darte lo que buscas.
- ¿Me estás diciendo que llevas toda la vida espiándome? – le miré atónita.- ¿Cuántos años tienes?
- Bueno… es un poco complicado responder a eso, en mi mundo la edad tiene poca importancia, pero digamos que tengo unos 25 más o menos. Y yo no lo llamaría espiarte, simplemente me gusta pensar que lo que hago es salvaguardar mi futuro.
- Me estás haciendo un lio ¿qué quieres decir con salvaguardar tu futuro? ¿esperas tener algún futuro conmigo? – pregunté completamente anonadada.
- Bella… ahora mismo ves muy difícil, por no decir imposible, que vayamos a tener un futuro juntos pero te aseguro que debe ser así… va a ser así. Me querrás tanto como yo te quiero. No existirá nada en el mundo que supere nuestro amor. Solo intento que el proceso sea lo menos traumático posible para ti.
- ¿Y el proceso consiste en secuestrarme a la fuerza, separarme de mis amigos, de mi trabajo, drogar mi comida y mantenerme encerrada hasta que por gracia divina caiga rendida a tus pies? – le grité.
La furia hizo que mi voz sonara estridente, las lágrimas pugnaban por salir a borbotones de mis ojos. Me levante de la silla y dejándola caer detrás de mi me di la vuelta dándole la espalda para que no pudiera ver como las lágrimas corrían desbordadas por mi cara.
- Tranquilízate, comprendo que es demasiada información para asimilar en tan corto espacio de tiempo, pero tarde o temprano te darás cuenta de que hago lo mejor para ti. Todo lo hago por ti. Por nosotros.
- ¡Estas completamente loco… no puedes retenerme a la fuerza! Te pido que me dejes marchar… te lo exijo…
- No estás en posición de exigir nada… tómatelo como una invitación… eres mi invitada y lo serás durante una temporada.
- ¿Cómo puedes pretender que haga algo así? Por el amor de Dios… me has secuestrado, drogado, encerrado y vete tú a saber cuántas cosas más… ¡¿y pretendes que me lo tome como si un amigo me hubiera invitado a pasar unas vacaciones?... eres un cínico… deberías estar entre rejas…
Al oír mis últimas palabras cambió por completo la expresión de su rostro. Me sentía tan cansada que mi mente se negó a seguir el ritmo que yo le estaba marcando. Quería seguir saciando mi curiosidad pero por hoy ya había tenido suficiente. Necesitaba pensar en todo lo que me había dicho. Necesitaba encontrar el modo de hacerle entender que las cosas no se hacen así, que las personas normales no van por ahí secuestrando gente para hacer que se enamoren de uno. Era indignante.
- Bella… no sabes cuánto tiempo llevo esperándote... – dijo en un susurro.
La tristeza que había en su voz me hizo trizas el corazón ¿Cómo podía estar yo haciendo sufrir a un ser tan adorablemente perfecto? Tendría que ser yo la que sufriera por mi situación y tendría que estar furiosa con él por haberme secuestrado, pero escucharle decir esas palabras me lleno de tristeza el corazón de tal modo que acabé sintiendo que todo era por mi culpa… estaba siendo muy dura con él. Yo era la culpable de su desdicha.
- Bella... por favor, mírame… no me rechaces ahora…
No me sentía capaz de mirarle frente a frente. Solo el sonido de su voz ya resultaba doloroso. Necesitaba estar sola, necesitaba pensar en todo lo ocurrido y encontrar una manera de asimilar aquellas palabras. Haciendo un esfuerzo sobrehumano me giré lentamente. Se había levantado y estaba a unos escasos pasos de mi, imponente y hermoso como nunca había visto a nadie, y me miraba con una súplica reflejada en sus ojos dorados. Se me volvió a romper el corazón.
- Vete… por favor – le rogué mientras las lágrimas me caían por la cara – Necesito estar sola. Márchate.
- No puedo dejarte en este estado, deja que me quede contigo un poco más, por favor…
Alargó la mano intentando acortar la distancia que nos separaba dando un pequeño paso hacia delante. Instintivamente reaccioné dando a mi vez un paso hacia atrás, alejándome, alejándole de mi.
- No. Márchate ahora – dije aparentando hacerme la fuerte y limpiando con mis dedos las lágrimas que seguían cayendo - necesito pensar en todo esto y contigo aquí me resulta del todo imposible.
- Como quieras - dijo bajando la mirada y dejando caer la mano que tenía extendida hacia mí- esperaré a que estés preparada para hablar conmigo de nuevo.
Y sin decir nada más se dio la vuelta y salió de la habitación sin hacer el más mínimo ruido. La llave giró en la cerradura. Volvía a estar sola. Sola y encerrada. Dejé caer el cuchillo que llevaba oculto en la manga y cayendo de rodillas en el suelo me tapé la cara con las manos. Las lágrimas me caían descontroladamente.
