AVISO: La semana que viene me voy de vacaciones y hasta el 12 de diciembre no vuelvo. Tengo los capitulos subidos al Doc. Manager pero como donde voy no sé si tengo internet intentaré hacerlo desde el teléfono. En caso de no poder, las actus se pausarán hasta el dia de mi regreso.

Gracias a Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90 ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo.

Ya es viernes...¡ Disfrutad de la actu y del fin de semana ;D

... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ...

Capitulo 4

Era casi mediodía cuando abrí los ojos y la luz entraba a raudales por la ventana. Estaba tendida en la cama y a pesar de encontrarme muy agusto empezaba a tener bastante calor. Al apartar las sábanas observé que no llevaba la ropa de la noche anterior, que alguien me la había quitado y en su lugar me había puesto un ligero camisón de seda rosa. Me incorporé y observe la cama, de nuevo estaba deshecha por ambos lados y en la almohada se adivinaba la forma de la cabeza que había estado recostada a mi lado. Supuse que habría sido él.

No recordaba haberme metido en la cama y mucho menos haberme desnudado. No había rastro de mi ropa por ningún lado, así que me fui directamente a baño, a darme la ducha matutina que tan bien me sentaba y a dejar que mi guardiana personal, creo que la había llamado Alma, hiciera su trabajo del mismo modo que lo llevaba haciendo hasta ahora, sin que yo la viera.

Cuando salí del baño con la toalla enrollada al cuerpo y el pelo chorreando no me sorprendió en absoluto lo que encontré. De nuevo la cama perfectamente hecha con sus mil almohadones colocados sistemáticamente, ropa limpia encima de la silla y una bandeja con el desayuno sobre la mesita. Me puse la muda limpia y contemplé el vestido que había dejado para mí. No era de mi estilo pero he de reconocer que era muy bonito, de un tono azul oscuro, bastante ajustado, de tirante ancho y sin mangas. La falda me llegaba a la altura de las rodillas.

Miré por los cajones y los armarios esperando encontrar cualquier otra cosa que ponerme pero todos estaban vacíos. Tendría que hablar sobre esto con mi carcelero. El pensar en él me hizo mirar al lado de la bandeja buscando una nota como la que me había dejado el día anterior. Y efectivamente allí estaba. La abrí y la leí, decía:

"Espero con ansia verte de nuevo. Volveré tan pronto como pueda. E."

En lugar del café y los croissants encontré una ensalada variada, varios sándwiches fríos, una pieza de fruta y una botella de agua grande. Por la hora que debía ser supongo que el desayuno no era lo más apropiado y lo había sustituido por una comida completa, me daba la impresión de que las visitas que tenia Alma planeadas para mi hoy se habían reducido considerablemente. Volví a sopesar la posibilidad de que hubiera puesto sedantes en la comida pero mi estomago ya rugía de impaciencia y, pensándolo fríamente, si tenía que pasar el resto del día durmiendo desde luego era preferible a estar dándole vueltas a la cabeza y terminar más confusa de lo que ya estaba, así que me comí todo el almuerzo sin pensar demasiado en ello, realmente estaba hambrienta.

Después cogí la manzana y me tumbé en la cama descolocando de nuevo los almohadones a mi antojo y empecé a pensar en todo lo que habíamos hablado la noche anterior mi carcelero y yo. Después de pensar mucho en ello llegué a la conclusión de que poco podía hacer yo salvo apelar a su compasión, intentar hacerle ver que era una locura lo que pretendía y que tarde o temprano tendría que dejarme marchar. Luego me descubrí pensando en cómo había llegado yo a la cama, sin duda habría sido él.

Y seguro que se quedó a mi lado el resto de la noche. La almohada aun conservaba la forma de su cabeza cuando me levanté. No sé porqué me incorporé, cogí la almohada de su lado de la cama y me la acerque a la cara, intentando captar algún olor. Su olor. Solo olía a ropa limpia. Mi mente empezó a vagar por los acontecimientos que debieron ocurrir después de quedarme dormida en el suelo. Me recogería en brazos y me llevaría hasta la cama, me quitaría la ropa despacio para no despertarme y en su lugar me colocaría el camisón. Un calor abrasador acudió a mis mejillas cuando pensé en este hecho. Me habría visto desnuda, e indefensa.

Podría haberme hecho cualquier cosa. El corazón empezó a latirme con fuerza. Aparté ese pensamiento de mi mente tan rápido como había llegado e Intenté serenarme. Después me arroparía y se tumbaría a mi lado para dormir conmigo. No sé por qué motivo esto no me causó ningún disgusto, no me importaba en absoluto.

Me sentía extrañamente serena teniendo en cuenta la nochecita que había pasado. Intenté encontrar los sentimientos de furia, enfado y desasosiego que experimenté en la conversación que mantuvimos aquella noche, pero no encontré ni rastro de ellos.

Hubo detalles de sus palabras que en un primer momento me pasaron desapercibidos pero que ahora revoloteaban por mi mente. ¿Cómo era posible que hubiera asistido a todos los acontecimientos de mi vida? Para eso tendría que tener por lo menos 50 años, pues en mis 30 habían pasado muchas cosas. Pero dijo que solo tenía 25, o eso entendí yo. También dijo que en "su mundo" la edad no importaba demasiado… ¿en su mundo? ¿Era de otro mundo diferente al mío? Desde luego había algo en él que era diferente. La palidez de su rostro y su belleza eran arrebatadoras, dejaba sin respiración el simple hecho de mirarle a los ojos, unos ojos tan dorados e intensos que resultaba casi imposible apartar la mirada de ellos, y su voz sonaba tan celestial que sin duda tendría que ser de otro planeta.

Pasé el resto de la tarde en un estado de duermevela inquieto. A ratos dormía y soñaba con cosas extrañas, momentos de mi vida corrientes, un paseo por el parque, una cena con amigos, una escapada de fin de semana con el novio de turno… pero en ellos aparecía siempre de fondo una sombra negra al acecho, observando, vigilando.

Los ratos que pasaba despierta me descubría pensando en él, no podía apartarlo de mi mente. Intenté distraerme acercándome a la ventana y mirando al exterior, el sol se estaba ocultando y la luz del crepúsculo confería al bosque un aspecto oscuro, amenazante. Se me puso la piel de gallina. En ese instante vi a lo lejos por el camino que se acercaba un coche a toda velocidad. Pasó como una exhalación por delante de mi ventana dejando tras de sí una nube de polvo del camino y giró hasta perderse de mi vista. Mi secuestrador llegaba muy pronto hoy.

Tendría que solucionar varios temas con él si esta situación se iba a alargar en el tiempo. El encierro iba a terminar por volverme loca si no encontraba algo con que distraer la mente y también estaban las cuestiones de mi vestuario y mi alimentación, no estaba dispuesta a seguir con esta rutina.

Estar sola nunca me había importado pero el aislamiento en este caso resultaba insoportable. Llevaba ya dos días de encierro pero parecían dos meses. Hoy era lunes y al no presentarme en el trabajo alguien tendría que estar preguntando por mí. Intentaría averiguar cómo había afectado a mi vida mi repentina desaparición.

Me quedé al lado de la ventana mirando al exterior, estaba lo suficientemente lejos de la puerta como para sentirme a salvo, después de la discusión que tuvimos la noche pasada no sabía cómo podría reaccionar. Había algo en él, algo salvaje y peligroso, que disparaba las alarmas de peligro en mi mente pero a la vez su voz y sus palabras sonaban muy tranquilizadoras… aún así mantendría las distancias.

Caí en la cuenta de que ni siquiera sabía cómo se llamaba. Oí como la llave giraba dentro de la cerradura. Entró y se me quedó mirando durante un largo minuto sin decir nada. Yo le miré un segundo y después volví a perder mi mirada en el bosque intentando parecer que no le prestaba atención. Cerró la puerta a su espalda.

- Hola Bella. Espero que no me hayas echado mucho de menos. – dijo con esa media sonrisa suya que ya me era familiar. Parecía estar de muy buen humor – estas realmente preciosa con ese vestido.

Se alejó de la puerta y avanzó varios pasos en mi dirección. Yo seguí mirando por la ventana ignorando su presencia. Se detuvo a unos pocos pasos de mí y sentí como me recorría con la mirada. Finalmente no pude evitarlo y dirigí mis ojos hacia él. La luz del atardecer, ya con el sol oculto, le daba un aspecto magnifico.

Pude apreciar las facciones de su rostro con más detalle que la noche anterior. Realmente parecía un ángel, era perfectamente perfecto, su piel nívea era como de mármol, sin la más mínima imperfección. Ahí estaba delante de mí, alto, imponente, perfecto. ¿Cómo podía existir un ser tan hermoso? ¿Cómo conseguía que perdiera el hilo de mis pensamientos solo con poner sus ojos sobre los míos?

El corazón volvió a latirme desbocado en el pecho y me ruboricé como una colegiala. Al ver mi reacción sonrió con una amplia sonrisa y un brillo de picardía corrió por sus ojos dorados. Aparté bruscamente mis ojos de él e intenté recomponer mis pensamientos. Tenía que parecer fuerte, segura de mi misma.

- ¡Vaya! si llego a saber que me recibirías así hubiera venido mucho antes… - dijo entre risitas muy pagado de sí mismo – yo también me alegro de verte.

- Bueno… ¡esto era lo que me faltaba! - dije de repente furiosa por su comentario- ¡no te basta con tenerme aquí encerrada, sino que además tienes que reírte de mí!

- No te pongas así, mi amor - dijo en tono divertido- te pido disculpas si mi comentario te ha molestado pero realmente me alegro mucho de estar por fin contigo.

Me giré de nuevo hacia la ventana con el ceño fruncido y los brazos cruzados en señal de enfado. Él parecía estar de muy buen humor y avanzó varios pasos en mi dirección sin quitar la sonrisa de sus labios. Al darme cuenta de este hecho le miré bruscamente con todo el odio que fui capaz de expresar.

- ¡Ni se te ocurra acercarte más…! - dije levantando la voz - ¡Y no me llames mi amor!

Él me miró sorprendido por mi reacción y paró en seco su avance, pero la sonrisa seguía sin abandonar su rostro. ¿Qué le parecería tan gracioso? Me dieron unas ganas locas de golpearle. Giró sobre sí mismo y se apartó de mi para ir a sentarse en la silla que había ocupado la noche anterior, al lado de la mesa. Esperó pacientemente a que yo me calmara. Unos golpecitos hicieron que me sobresaltara y miré en dirección a la puerta.

Alguien llamaba tímidamente.

Sin apartar sus ojos de mí y con su voz aterciopelada dio permiso para que quien estaba llamando fuera entrara. Me quedé petrificada en el sitio. Una mujercita, de unos 50 o 60 años entró con la bandeja de la cena, era menuda y tenía el pelo canoso recogido en un moño que descansaba cerca de su nuca. Me echó una rápida mirada, como medio avergonzada, y rápidamente se dirigió a su jefe o lo que sea que fuera él para ella.

- Buenas noches Edward, le traigo la cena a Bella, tal y como me pediste. Espero que todo esté a tu gusto preciosa – dijo mirándome tímidamente- Veo que la comida ha sido de tu agrado. Tienes que estar hambrienta… si te quedas con hambre házmelo saber y te traeré mas.

Edward… su nombre era Edward. Viendo que yo no abría la boca para dar la bienvenida a la mujer, y viendo la expresión de sorpresa que me invadió el rostro, decidió tomar las riendas de la situación.

- Gracias Alma, eres muy amable – dijo educadamente – quiero presentaros formalmente ya que ella va a ocuparse de tu bienestar. Bella… ella es Alma. Se encargará de darte todo lo que precises durante tu estancia con nosotros. Naturalmente tiene las visitas diarias muy marcadas, pero seguro que te hará mucha compañía durante mis ausencias.

Dijo todo esto sin apartar la mirada de mi mientas la pequeña mujer, sin mostrar temor alguno, paso al lado de Edward para recoger la bandeja de la comida y dejar en su lugar la cena. Seguía sin poder moverme o articular palabra, estaba demasiado sorprendida. Después se dio la vuelta y emprendió el camino hacia la salida dedicándole una amplia y tierna sonrisa a Edward. Antes de salir se giró de nuevo para mirarme. Al ver la expresión de ésta, un poco contrariada, Edward se levantó y poniendo un brazo alrededor de los hombros de la mujer intentó disculparme por mi comportamiento.

- Alma, perdona a Bella… esta noche está un poco enfadada conmigo pero estoy seguro que se alegra de haberte conocido y valora mucho todo lo que haces por ella. Mañana tendréis tiempo para hablar y seguro que estará mucho más relajada.

- Espero que estés a gusto con nosotros. – dijo la mujer tímidamente- Cualquier cosa que necesites házmelo saber. Que paséis buena noche.

Y acto seguido salió de la habitación cerrando la puerta. Estábamos solos de nuevo.