AVISO: La semana que viene me voy de vacaciones y hasta el 12 de diciembre no vuelvo. Tengo los capitulos subidos al Doc. Manager pero como donde voy no sé si tengo internet intentaré hacerlo desde el teléfono. En caso de no poder, las actus se pausarán hasta el dia de mi regreso.
Gracias a Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt ... por vuestros reviews ;)
Sethaum... sabes que mi heart es tuyo desde hace mucho tiempo, asi que no te digo nada porque ya lo sabes todo. Iloveyou...¡ Lo que sí haré es recomendar a todas mis lectoras que se lean tu recien estrenado fic "Proxima Estación: El Paraiso" porque si pensais que el mio es bueno, vais a flipar con la originalidad del suyo.
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo.
Os deseo buenas vacaciones a todos...¡
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Capitulo 5
Realmente me había portado muy groseramente, pero la sorpresa no me dejó reaccionar de otra manera. Me quedé mirando a Edward intentando adivinar lo que estaba pensando en ese momento. Su expresión estaba entre el asombro y la diversión, no esperaba para nada mi reacción. Se volvió a acercar a la mesa y me invitó a acompañarle. Aun asimilando lo que había ocurrido acepté sentarme dócilmente en la silla que me ofrecía, delante de mi cena.
- Creía que ibas a echar a correr en cuanto has visto la puerta abierta –dijo graciosamente en un intento de sacarme de mi asombro - seguro que lo has pensado en algún momento ¿a que si?
- No… bueno, no sé… - dije aun algo confusa- es solo que no esperaba esto. Me ha pillado por sorpresa. No esperaba recibir más visita que la tuya.
- Alma es una mujer extraordinaria, ya la irás conociendo. Ella hará que tu estancia sea mucho más llevadera para ti. Tengo plena confianza en ella y sé que te cuidará como lo haría yo mismo.
- Estupendo, a falta de un carcelero ahora tengo dos.- dije intentando parecer ofendida pero sin conseguirlo. Edward soltó una carcajada.
- No pienses así de ella, se entristecería mucho si te escuchara decir esas cosas, es una mujer muy sensible.
- No tengo otra opción…. ¿cierto?- dije mirándole resignada.
- Exacto, y ahora deja de darle vueltas a esa cabecita tuya y come algo… debes estar hambrienta.
- ¿Tú no me acompañas? – dije viendo que el servicio de cena era para una sola persona.
- No… yo… ya he cenado- dijo sin quitar la sonrisa de su cara- que aproveche.
Di buena cuenta de la cena, realmente sí que estaba hambrienta, mientras él miraba por la ventana, esperando a que yo terminara, y con la mirada perdida en la oscuridad. Retiré la bandeja y me quedé observándole. No sé como conseguía que perdiera la conciencia cada vez que le miraba. No podría aparatar mis ojos de él, ni aunque quisiera, admirando su belleza sobrehumana. Me tenía completamente fascinada, él corazón comenzó a latirme con fuerza cuando mi mente volvió a imaginar cómo habría hecho para desnudarme la noche anterior. Como si hubiera oído el rumbo que estaban tomando mis pensamientos me miró y me dedicó la sonrisa más seductora que jamás había visto. Me quedé sin respiración. Bajé la mirada avergonzada intentando controlar el rubor de mis mejillas.
Se alejo de la ventana y se volvió a sentar en la silla que estaba frente a mí, esperando pacientemente mientras yo intentaba recuperar el control de mis pensamientos. Respiré profundamente e intenté infundir seriedad a mi semblante.
- Lo que pretendes es una locura, no puedes retenerme a la fuerza. Tengo una vida… un trabajo, amigos, responsabilidades… ¿Cuánto va a durar esta situación? – dije mirándole directamente a los ojos.
- Durará el tiempo que necesites para darte cuenta de que nos pertenecemos el uno al otro. No puedo vivir sin ti y tú no podrías seguir viviendo sin mí, es muy sencillo.
- He podido vivir sin ti hasta ahora… ¿porque tendría que cambiar esto?
- Por la sencilla razón de que ahora me sientes, me presentiste en el parque y este hecho lo cambia todo. Ya has dejado de mirar con los ojos y no ver nada. Ahora puedes "ver" lo que te rodea con los ojos del instinto. Yo lo sabía, tarde o temprano despertarías y yo estaría esperándote.
- No entiendo ni una palabra de lo que me dices…. La gente normal se intercambia los teléfonos y procuran quedar al menos un par de veces antes de declararse amor eterno. Yo no he cambiado nada y, aunque así fuera, hay otras maneras de hacer las cosas sin llegar al secuestro.
- Has cambiado más de lo que crees. Empezó en el parque y cada segundo que pasa se opera un nuevo cambio en ti, puedo notarlo, y seguirás haciéndolo. Es algo inevitable. Sé que las formas no son las más adecuadas pero este proceso tenemos que pasarlo juntos, los dos solos. Dentro de poco ya no serás la misma persona.
- ¿Y en qué se supone que voy a convertirme, en un bicho raro o algo así?
- No… claro que no… – dijo entre carcajadas - Seguirás siendo tú, en esencia, pero te parecerás un poco más a mi… serás más como yo.
- ¿Y qué eres tú, si puede saberse? ¿Un extraterrestre? ¿vas y vienes cada día desde Marte en tu platillo volante? – dije intentando que no me diera la risa.
- Jajajajajaja… ¡Qué cosas tienes! – la dulzura de su expresión era arrebatadora – Digamos que soy diferente a cualquiera que hayas conocido hasta ahora. Y tú eres la única razón por la que existo. Por ti y solo para ti.
Me perdí en sus ojos. Navegué por ellos perdiendo el sentido del tiempo. Era increíble la capacidad de atracción que ejercía sobre mí, como un imán. Aquel ser angelical me estaba diciendo que existía por y para mí. Que yo era parte de su vida y él de la mía. En otras circunstancias pensaría que me estaban tomando el pelo con algún tipo de cámara oculta, alguien así, con una belleza tan sobrenatural, era imposible que se fijara en mi. Aquello no era normal, yo tendría que estar pataleando y suplicando que me dejara marchar, al fin y al cabo me había secuestrado, pero mis sentimientos ya no eran los mismos. De repente ya no sentía miedo, ni ansiedad, ni rabia, ni odio. Tenía razón al decir que algo estaba cambiando en mí. Eran mis sentimientos los que cambiaban a pasos agigantados y cada minuto que pasaba con él se hacía más evidente.
Se levantó de la silla y con paso lento se acercó hacia mí. Yo seguía perdida en el dorado de sus hipnotizantes ojos, sin poder moverme, él tenía el control. A pocos centímetros de mi lentamente alzó su mano para tomar la mía. Me puse de pié por un impulso pero no me moví del sitio. Estaba tan frio como el hielo. El contacto con su piel hizo que por la mía corriera una intensa corriente eléctrica que me puso la piel de gallina. Se acercó tanto a mí que por primera vez pude apreciar su olor. Me resultaba muy familiar pero no sabría describirlo… a flores, a brisa marina, a tierra mojada, a sol. Solo los dioses podrían oler así. Llené mis pulmones de su aroma, lo retuve un instante y cerré los ojos. Era como mi propio olor, el olor de mis cosas, de mi ropa, de mi casa, un aroma peculiar… era como "estar" en casa. Las rodillas empezaron a flaquearme. Con un movimiento tan rápido que no conseguí verlo me alzó en sus brazos y acunándome sin mostrar el más mínimo esfuerzo, como si fuera ligera como una pluma, me llevó hacia la cama sin apartar ni un instante su mirada de la mía, me dejé llevar como una autómata, impresionada por su fuerza, él seguía teniendo el control.
Me recostó entre los almohadones asegurándose de dejarme en una posición cómoda e inclinó su cara sobre mí. Solo unos centímetros nos separaban. El corazón volvió a latirme descontrolado esperando y anhelando el desenlace. Me dedicó una ardiente mirada acompañada de esa media sonrisa suya que quitaba el sentido y sin decir nada se apartó bruscamente de mí. El impacto que me causó su reacción me devolvió a la realidad. Parpadeé varias veces seguidas intentando fijar la mirada. Estaba ahí y un instante después ya no estaba. ¿Cómo se había movido tan rápido? Ahora se encontraba al otro lado de la habitación, mirándome con el ceño fruncido y respirando agitadamente.
- ¿Cómo has hecho eso? ¿Cómo te has alejado tan rápido?- dije atropelladamente.
- Bella… yo… no puedo… no quiero influirte, debes hacerlo por ti misma.
- ¿Cómo lo haces? Cada vez que te aproximas a mi pierdo el sentido del tiempo, no consigo tener pensamientos coherentes y mi cuerpo no obedece a mis intenciones.
- Es parte del camuflaje, todo cuanto me rodea te invita a venir a mí, mi voz, mi rostro… incluso mi olor. Como si los necesitaras… por eso no puedo perder el control cuando estoy contigo.
- ¿Qué significa eso? ¿Qué es lo que eres?
- Todo a su tiempo. Aún es pronto pero va más rápido de lo que yo creía. Ahora me marcharé para que puedas aclarar tus pensamientos. – dijo encaminándose hacia la puerta.
- No te vayas… - dije rápidamente sorprendiéndome a mi misma por las palabras que acababa de pronunciar pero no quería quedarme sola otra vez.- tienes que aclararme muchas cosas.
La expresión de su rostro se suavizó, ya no fruncía el ceño y volvió a respirar con normalidad. Cogió una silla, la posicionó a los pies de la cama y se sentó mirándome con sus ojos dorados, esperando mis preguntas. Volvía a estar relajado. Tenía mucho que preguntarle pero no sabía por dónde empezar. Ordené mis pensamientos lo más rápido que pude y sentándome erguida con las piernas cruzadas me dispuse a martillearle con las preguntas que revoloteaban por mi cabeza.
- Tengo un trabajo, amigos… ¿Qué ha pasado con mi vida? ¿qué saben ellos de lo que me ha pasado?
- Todo eso ya no forma parte de tu vida. No saben nada de tu actual situación. En el trabajo recibieron la notificación de que lo dejabas por otro proyecto. Tus amigos también recibieron varios mails explicando que te marchabas del país por motivos personales y que no tenías intención de volver. Gracias a la tecnología de hoy en día hay pocas cosas que no puedan arreglarse con un ordenador.
- ¿Estás loco?–dije completamente conmocionada por la revelación que me estaba haciendo.- ¿Cómo has podido hacer algo así?
- Tienes que entender que tu vida, o lo que era tu vida antes de conocerme, ya no existe. Ahora un nuevo mundo se abre ante ti, pero primero tienes que adaptarte y para eso estas aquí.
- Y qué pasaría si ese nuevo mundo que me ofreces no es para mí o no me gusta… ¿me dejarías marchar?- dije intentando descifrar la expresión de su rostro.
- Eso no es probable que ocurra, ya te he dicho que estamos hechos el uno para el otro y no podrías vivir sin mi igual que yo sin ti, pero si te sirve de consuelo te diré que si… te dejaría marchar.
- Bueno, algo es algo. Me gusta pensar que todavía puedo tomar mis propias decisiones aunque las alternativas sean tan reducidas.- dije con un suspiro de resignación.
Me miraba con expresión dulce y divertida. Él tenía muy claras las cosas que estaban pasando pero yo no lo tenía tan claro como él y a pesar de empezar a notar el cansancio seguí con la batería de preguntas.
- ¿Va a durar mucho mi encierro? Esta situación acabará por volverme loca si no tengo contacto con el exterior.
- A partir de ahora no estarás tan sola, Alma va a hacerte mucha compañía, y tal y como van las cosas hasta ahora el cambio será más rápido de lo que en un principio pensé, estas reaccionando muy bien…
- ¿Fue Alma quien me desvistió y me acostó anoche? No recuerdo haberlo hecho por mí misma.
- Bueno… tuve que ayudarle un poquito, no podía cargar contigo y me pidió que te llevara hasta la cama… –dijo con su media sonrisa enloquecedora y terminó diciendo en todo decepcionado –… pero del resto se ocupó ella, por supuesto. Casi me tuvo que echar a empujones de la habitación.
- Pero luego volviste…
- Sólo me lo permitió cuando estuviste cambiada y bien arropada… me fascina verte dormir…
- Creo que Alma y yo nos llevaremos muy bien – dije aprobando el comportamiento de Alma y mirándole inquisitivamente.
Mientras intentaba que el color de mis mejillas no delatara mi nerviosismo empecé a sentirme muy cansada, aun tenía muchas preguntas que hacerle pero me costaba un tremendo esfuerzo tener los ojos abiertos. Bostecé sin poder evitarlo y me acomodé entre los mullidos almohadones.
- Creo que debería marcharme, estas cansada y necesitas dormir. – dijo con un poco de tristeza en la voz, parecía que le costaba dejarme.
- Aun tenemos muchas cosas que aclarar… - dije ya medio dormida
- Mañana cielo, mañana tendremos más tiempo. Ahora duérmete. Que tengas dulces sueños.
Se levantó y se acercó hasta la cabecera de la cama. Se quedó contemplando como yo me dormía plácidamente y antes de marcharse no pude darme cuenta ni sentir como sus labios me daban un fugaz beso de buenas noches.
