Capitulo 9

El regreso de la familia Cullen había cambiado totalmente mi forma de vida durante el encierro que hasta ahora había sido tan rutinario. Casi nunca estaban todos juntos en una misma habitación pues entraban y salían de la casa para ir de continuas excursiones que solían durar dos o tres días, a veces incluso más. Siempre iban en pareja, exceptuando las ocasiones en que Edward les acompañaba, aunque la mayoría de las veces prefería irse solo para poder volver lo más pronto posible. Cuando él se marchaba yo pasaba la mayor parte las mañanas con Carslisle, que me estuvo contando la historia de su familia y todo lo que sabía sobre los vampiros, tanto de esta época como de épocas pasadas, y la forma en que ellos entendían las necesidades de los de su raza pero decidiendo adaptarse a la naturaleza vampírica de modo muy diferente.

Llevar vidas normales, con trabajos normales, en un pueblo normal y pasar desapercibidos como la gente normal era parte de su modo de vida. No se alimentaban de sangre humana, ellos respetaban la vida ajena tanto como la suya propia y habían aprendido a subsistir alimentándose sólo de la sangre de animales, cosa que me sorprendió muy gratamente. No me había planteado hasta ese instante que de ser de otro modo yo tendría que haber matado tarde o temprano a personas que ni siquiera conocía pero que eran personas al fin y al cabo, no solo comida. El respeto por la vida humana era definitivamente un punto muy gordo en la balanza de mi conversión.

Las tardes las pasaba en compañía de Alice, Esme y la incansable Alma, que como se tenía que ausentar unas semanas, se había propuesto dar clases de cocina a las otras dos para que pudieran alimentarme mientras ella no estuviera. Les dije que no era necesario, que yo me defendía bastante bien, pero se entusiasmaron tanto con la tarea que Alma les estaba encomendando que no me hicieron el menor caso. Alice era un desastre entre los fogones, ella se lo tomaba muy en serio pero no conseguía cogerle el punto a lo de cocinar así que casi siempre terminaba haciendo figuritas y dibujos con la comida o aporreando los cacharros como si fueran instrumentos. Alma la dio como un caso perdido pero a Esme se le daba bastante bien y volcó todas sus enseñanzas en ella mientras Alice revoloteaba alrededor de las dos mujeres pidiendo que la dejaran colaborar. Fue la mar de divertido.

Los días iban pasando y yo me encontraba cada vez mas integrada en la familia, aunque Jasper seguía un poco receloso y esquivo conmigo. Todo lo contrario que Emmett, que siempre estaba metiéndose conmigo y gastándome bromas mientras se reía de los moratones que tenía por todo mi cuerpo. En una ocasión le dijo a Edward que probara a enrollarme en un edredón antes de ponerme las manazas encima, así evitaría dejarme marcas. Eso desembocó en una pelea entre hermanos, pero no hubo daños de consideración al meterse Esme por medio y ponerles a los dos en su sitio con una buena regañina. Dulce rollito de primavera… así me llamó durante un par de días hasta que a fuerza de ignorarle dejó de repetirlo. Siempre que me lo cruzaba por la casa me preguntaba entre carcajadas "¿qué te duele hoy, Bella? ¿Alguna posturita nueva anoche? Si quieres puedo enseñarte algunos golpes maestros para que le devuelvas la paliza"y claro, los colores no tardaban en asomar a mis mejillas.

Era insufrible pero lo que peor llevaba yo era que me llamara "muñequita de cristal", aunque no lo dijera en tono despectivo yo sabia de donde, o mejor dicho de quien, había salido ese apelativo. Rosalie era un enigma para mí, las veces que intenté entablar algún tipo de conversación con ella solo me contestaba con monosílabos, lo que hacía que la situación me resultara muy incómoda. Edward intentó en varias ocasiones hablar con ella y hacerla entrar en razón, pero fueron del todo inútiles. No me soportaba.

Algunas tardes salía de la casa para poder encontrar algunos momentos de soledad, pensar en mis cosas, poder relajarme y respirar aire puro. Necesitaba desconectar de las largas charlas con Carslisle, de las bromas de Emmett, de la indiferencia de Rosalie, de todos un poco… Necesitaba tiempo para mi misma. Me gustaba dar paseos por el bosque, sin alejarme de las proximidades de la casa, y sentarme bajo algún árbol con un libro en las manos como solía hacer antes de que todo mi mundo cambiara de un día para otro, me hacían sentir de nuevo una persona normal.

Pero sin duda eran las noches los momentos más esperados de mi nueva vida, cuando él me ponía la mano en la cintura, me invitaba a acompañarle al dormitorio y estábamos solos por fin. Cuando hablábamos y hablábamos hasta altas horas de la madrugada, cuando nos amábamos como dos desesperados. Jamás rechazó ninguna de mis insinuaciones, nunca me instó a ser prudentes en nuestros encuentros y en ninguna ocasión dejó de responder ardientemente a mis deseos. Pero aunque yo sabía lo mucho que le costaba contenerse, lo duro que era para él no dejarse llevar por el momento y el tremendo esfuerzo físico que hacía para no hacerme daño, yo no podía evitar tener la necesidad de saciar mis ansias de él, de poseerle. Nuestros cuerpos estaban completos sólo cuando estaban unidos, como un círculo que por fin se cierra para poder ser perfecto. Disfrutar de él, tenerle dentro y sentir que nada de este mundo, ni del que estaba por llegar, podía superar la sensación de haber descubierto un paraíso entero al alcance de mi mano.

… . …

Era casi mediodía cuando me desperté y vi que Edward no estaba conmigo. La casa estaba en calma y no había rastro de ningún miembro de la familia, solo Alma estaba trajinando en la cocina y me alegré tanto de que hubiera vuelto que no pude evitar emocionarme y fui corriendo hacia ella para darle un abrazo.

- ¡Oh, Alma… estas aquí! - dije mientras la abrazaba con cariño – Te he echado tanto de menos…. ¿Cuándo has llegado?

- Hola preciosa, llegué anoche a ultima hora, te hubiera avisado pero me dijo Alice que estabas ya dormida. Te veo mas delgada… ¿es que no te han dado bien de comer? Ya sabía yo que esto iba a ocurrir.

- No es por eso Alma, he comido perfectamente… incluso demasiado diría yo, la verdad es que a Esme se le da realmente bien la cocina.

- Entonces ¿Qué es lo que te ocurre? Te veo muy paliducha - dijo mirándome de arriba abajo - ¡y todos esos moratones de los brazos! voy a tener que decirle a Edward un par de cositas…

- No le digas nada, la culpa la tengo yo– dije intentando no ponerme colorada y bajando la mirada al suelo – no puedo evitarlo…

- Vaya, vaya – dijo mirándome con ojos picarones – si es cosa tuya entonces vale, no me meto, pero debéis tener mucho cuidado, no hace falta que te lo diga, ¿no?

- Tranquila, esta situación no durará mucho más tiempo. Y ahora dime ¿qué tal lo has pasado? ¿Dónde has estado?

- Visitando a unos parientes que hacía años que no veía. Necesitaban resolver unos problemas que se les habían presentado y que requerían de mi ayuda.

- Creía que no tenías familia…

- Bueno, y es cierto, no tengo familia directa. Soy huérfana pero mi marido sí tenía parientes. Digamos que es familia política.

- ¿Estuviste casada? – Alma era una caja de sorpresas para mi - Pensaba que siempre habías estado con los Cullen.

- No siempre, como a toda mujer me llegó el momento de abandonar el nido y hacer mi propia vida. Me fui a estudiar fuera y fue en la universidad donde conocí a mi marido. Nos casamos y fuimos felices cerca de 10 años, luego él murió y ahí se acabó mi historia. Después de su muerte decidí volver con los Cullen.

- ¡Oh, Alma! lo siento muchísimo, nunca me lo habías contado.

- No podía explicártelo con todos los detalles. Ahora que sabes lo que son los Cullen puedo contártelo sin guardarme nada. Lo pasé muy mal una temporada pero ya es agua pasada. Es mucho más fácil seguir adelante sabiendo que la familia que te rodea y a la que adoras no corre el riesgo de morirse antes que tu.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Lo que quieras.

- ¿Alguna vez pensaste en ser como ellos? ¿en convertirte?

- Claro, durante casi toda mi infancia y mi adolescencia tuvieron que aguantar mis continuas peticiones, soy bastante tenaz y no me rendía con facilidad. Les daba la tabarra día si y día también, pero Carslisle era mucho mas tenaz que yo. Logró convencerme de que viviera experiencias humanas, que estudiara, que viajara, que conociera mas gente, y si después de todo y siendo ya adulta decidía que no quería seguir siendo humana, él mismo me convertiría sin hacer preguntas.

- Y seguiste sus consejos…

- No me quedaba otra opción. Me fui a estudiar fuera, viajé por todo el mundo y conocí a mucha gente y fue entonces cuando conocí a mi marido. Fue amor a primera vista… tendrías que haberle visto, un Indi morenazo de metro ochenta, ¡ Impresionante! - dijo entre risas y suspirando por el recuerdo – nuestro tiempo fue intenso, aunque demasiado breve. Cuando murió vi la vida desde otra perspectiva y pude tomar por fin una decisión. Decidí que no quería vivir eternamente si la persona a la que amaba con todo mi corazón no estaba ya en este mundo.

- Vaya, es una historia muy triste. Lo siento tanto…

- No te preocupes por ello, hace ya muchos años que está más que superado. Soy una mujer muy fuerte, aunque no lo parezca – dijo guiñándome un ojo y con una sonrisa en los labios – pero a lo que íbamos, que me lio a hablar y no paro. El caso es que estos familiares necesitaban que les ayudara con un asuntillo. Su hijo ha conseguido una beca de estudios para la universidad y va a trasladarse a ciudad, me han pedido que me ocupe de su estancia aquí hasta que pueda mudarse al colegio mayor.

- ¿Y has aceptado? Quiero decir ¿vas a traerle aquí? ¿con los Cullen?

- Hablé con Carslisle sobre el tema y no ha puesto ninguna objeción, no vivirá en esta casa, como tenemos una casita cerca del río hemos pensado que se instale allí y tenga su independencia, seguro que así se sentirá mas cómodo. Solo van a ser un par de semanas así que creo que no habrá ningún problema.

- Pero Alma… ¿no es muy arriesgado? Si descubre lo que son los Cullen esto podría terminar muy mal, para todos.

- No tienes que preocuparte, es un chico de 20 años, estará muy ocupado con los estudios, las chicas, los coches y todas esas cosas con las que se entretienen los adolescentes. No vendrá casi a la casa y si lo hace tampoco importa, casi nunca están todos en ella, entran y salen, ya lo sabes. Carslisle piensa que con ser discretos y tener un poco de cuidado será suficiente. Además, no estará toda la familia, Rosalie y Emmett se han marchado una temporada.

- ¿¡Qué se han marchado! – me quedé perpleja mirándola - ¿¡A dónde! ¿¡Cuándo! Sé que a Rosalie no le caigo muy bien… seguro que es por mí, pero que tengan que marcharse por mi culpa no es justo para ellos.

- Según Carslisle se fueron esta misma noche, antes de llegar yo. Hace ya tiempo se plantearon hacer un viaje un poco mas largo de lo habitual pero siempre lo posponían por unos u otros motivos, ahora han decidido que era el momento de hacerlo. No creo que sea por culpa tuya.

- Hace apenas unas horas que has regresado de tu viaje y estás mucho mejor informada que yo de lo que ocurre en esta casa – me sentía bastante dolida por este hecho – no es justo.

- Bella, fue anoche cuando se decidió todo. Tú eres humana, necesitas dormir como el resto de los mortales de esta casa, es decir como yo, y no íbamos a despertarte por algo de lo que no tienes que preocuparte ni te afecta directamente. Te aseguro que en cuanto terminé de hablar con Carslisle yo también salí pitando a la cama.

- ¿Dónde se han metido todos hoy?

- Bueno, Carslisle y Esme han ido al pueblo a por comida y provisiones para los humanos, y Jasper y Alice están de "excursión" y a Edward le he pedido que recoja leña para dejarla en la cabaña, aunque está en muy buen estado es un poco fría, sobre todo con tanta lluvia, seguro que volverá pronto. Ahora tengo que dejarte, he de llevar ropa de cama y ayudar al muchacho a instalarse.

Tendría que conformarme con las explicaciones que me estaba dando Alma, al fin y al cabo tenía razón, el viaje de Rosalie y Emmett y la llegada del sobrino de Alma eran decisiones en las que yo no podía colaborar u opinar de ningún modo.

Pero hablaría con Edward sobre ello.