Capitulo 10
Como me había quedado sola decidí aprovechar para dar uno de mis relajantes paseos por el bosque. Empecé a caminar sin rumo definido, ya me conocía bastante bien los alrededores de la casa y no corría el riesgo de perderme. No sabía que había un rio cerca hasta que Alma lo comentó esa mañana, así que decidí salir en su busca. Llevaba solo 20 minutos andando cuando escuché el ruido del agua corriendo, estaba mas cerca de lo que creía y pensé que sería estupendo meter los pies en el agua fría después de la caminata. Pasados unos minutos llegué a un claro del bosque donde podía verse la orilla de un serpenteante río. Me senté en una roca cerca del borde, me quité los zapatos y remangándome los pantalones hasta la altura de las rodillas fui metiendo poco a poco los pies en el agua helada. No era una zona muy profunda aunque el agua corría con cierta fuerza y estaba tan fría que tuve que contener la respiración para no soltar un grito por la impresión.
Solo había avanzado unos pasos hacia el centro del río pero el agua ya me llegaba casi a las rodillas y no tardé en notar que las piernas se me entumecían a causa de la temperatura del agua. Cuando me giré para volver a la orilla uno de mis pies resbaló en la superficie lisa de una roca sumergida y perdí el equilibrio cayendo estrepitosamente en las aguas heladas. No se me daba muy bien nadar y grité e intenté aterrorizada volver a ponerme de pié pero la fuerza del agua me lo impedía, a causa del frío sentí como mil cuchillos se me clavaban por todo el cuerpo mientras la corriente me arrastraba. Estaba tragando mucha agua y el pánico se apoderó de mi cuando mis intentos de salir a la superficie resultaron inútiles. El cuerpo me dolía horrores y las fuerzas empezaron a abandonarme, la corriente del río me golpeaba violentamente haciéndome dar vueltas y vueltas hasta que mi consciencia empezó a fallar. Pensé que estaba a punto de morir, nadie sabía donde estaba, nadie vendría a socorrerme y al pensar que podía morir así… lejos del amor de mi vida, lejos de mi razón de existir, lejos de sus ojos, mi mente empezó a gritar su nombre desesperadamente… Edward… Edward, Edward, Edward… ayúdame Edward….
Mis ojos captaban luz y oscuridad pero no conseguía enfocar nada. No sabía si estaba viva o muerta, despierta o inconsciente pero por más que lo intentara no podía respirar. No sentía absolutamente nada, ni dolor, ni frió, nada. Solo miedo y tristeza. De pronto algo me atenazó con fuerza de la cintura y sentí como si me elevaran, arrastrándome contra la fuerza de la corriente. La presión era brutal, primero en la cintura y después en el pecho, lo que hizo que el poco aire que quedaba en mis pulmones me abandonara definitivamente. Esto debía ser lo que se siente al morir ahogado, y ahora yo podía confirmar que era la peor muerte que jamás hubiera podido imaginar. Mi último pensamiento se me escapó como una mariposa entre las manos. Adiós… mi amor.
Oscuridad total, dolor, presión. Miedo, dolor, presión. Angustia, dolor, presión. Tristeza, dolor, presión. Dolor, presión… Aire…¡ Dolor, presión… mas aire…¡ Me estaban reanimando…¡ Luché por vivir, tenía que hacerlo por él, por nosotros, por nuestra vida. Mas dolor, mas presión…. mas aire…. Me aferré a su imagen, al recuerdo de sus ojos, a la blancura de su piel… tenía que volver por él. Estaba intentando salvarme la vida y yo no podía defraudarle, tenía que respirar…. Respira….. Respira….. Vamos respira….….. ¿Era su voz? No conseguía abrir los ojos, estaba segura de que si le miraba la vida volvería a mí… Ahora podía notar la presión de sus labios en mi boca… aire…. aire… Respira maldita sea…. Respira…. ¿era realmente su voz lo que estaba oyendo? El pecho me dolía horrores, parecía que me hubieran colocado una tonelada de piedras encima… me estaba salvando la vida, él no podía permitir que yo muriera, me necesitaba, me amaba…. Vamos no te rindas….. Respira…. Vamos…. Hazlo… El estomago me dio un vuelco y las nauseas se apoderaron de mi cuando conseguí dar la primera bocanada de aire por mis propios medios, había respirado, estaba respirando.
Abrí los ojos pero lo único que veía era el resplandor de la luz, tenía la mirada completamente borrosa y no podía enfocar nada a mi alrededor. Vi los contornos de su figura oscura muy cerca de mi recortada contra el claro del cielo, jadeaba a causa del esfuerzo y el alivio que me embargó cuando fui consciente de que estaba viva fue instantáneo. Una tos espantosamente dolorosa me hizo girar la cabeza y cerrando los ojos no pude evitar vomitar toda el agua que había tragado.
- Gracias a Dios – dijo mientras reposaba su frente contra mi pecho – respira.
Conseguí normalizar el ritmo de mi respiración lo suficiente para volver a intentar enfocar la vista, pero todo seguía borroso a mi alrededor. Veía su figura cerca de mí, a escasos centímetros, seguía recostado contra mi pecho, respirando agitadamente. Me había salvado la vida, estaba viva gracias a él. Alce las manos y las enredé en su pelo, podía volver a tocarle, podía volver a sentirle. Al notar la caricia de mis manos levantó la cabeza e intuí que me estaba mirando. Me embargó tal sentimiento de alegría que las lágrimas empezaron a salir desbordadas de mis ojos nublando aun más mi visión. Le atraje hacia mi y le besé con todas las fuerzas de las que fui capaz, le rodeé con mis brazos para mantenerle pegado a mi, necesitaba sentirle cerca para sentirme a salvo. Aun debía tener mis sentidos algo embotados a causa de la conmoción pues al besarle él reaccionó poniéndose tenso de repente, no esperaba que yo le besara y he hizo un amago de apartarse pero mis manos le tenían bien agarrado. Ahora necesitaba besarle… ya respiraría después.
… . …
Cuando me desperté solo podía sentir un dolor intenso en el pecho y la cabeza me pesaba como si hubieran colocado una losa sobre ella. Estaba en la cama y toda la familia me rodeaba esperando verme por fin abrir los ojos. Edward se encontraba agachado junto a la cabecera de la cama y me tenía agarrada la mano, su rostro reflejaba la más grande de las angustias. No tendría que estar tan triste, me había salvado la vida. Cuando intenté hablar la garganta me rascó como si estuviera tragando mil clavos al rojo vivo.
- Vaya susto os he dado, ¿eh? – dije tocándome con una mano la dolorida garganta – lo siento mucho.
- Tranquila Bella – dijo Carslisle intentando sonreír – no te esfuerces demasiado, aun estas débil y tienes que recuperarte.
Estoy bien de verdad – hice un intento de incorporarme pero el dolor de los músculos del cuerpo me resultaron como latigazos – ufff, podría haber sido peor si Edward no llega a estar allí.
Entre todos se intercambiaron unas miradas que me resultaron muy enigmáticas. Nadie abría la boca para decir nada y centraban sus miradas en Edward, esperando la participación de éste en la conversación. Su expresión pasó de la angustia a la frustración en una milésima de segundo y terminó mirándome con la culpabilidad dibujada en su cara.
- No fui yo quien te salvó, Bella. Cuando llegué ya estabas fuera del agua.
- Pero eso es imposible, yo noté como me sacabas del agua y me reanimabas – intenté evocar los borrosos recuerdos que tenía del momento – te oí pedirme que respirara…
- Estabas muy confusa, acababan de salvarte de una muerte segura. Entiendo que pensaras que era yo, pero no lo era. Lo siento mucho, de verdad, jamás me perdonaré el haberte dejado sola y desprotegida.
Al ver la perplejidad de mi cara Carslisle instó al resto de la familia a salir de la habitación y dejarnos solos. Esme y Alice me abrazaron con ternura rogándome que descansara para recuperarme pronto y pidiéndome que les avisara si necesitaba algo. Cuando la puerta se cerró a sus espaldas me quedé mirándole intentando descifrar la expresión de su rostro. ¿Era Dolor, furia, decepción, rabia…?
- No lo entiendo Edward, yo te vi, estabas allí, me reanimaste…
- No. Cuando yo llegué al lugar estabas empezando a respirar, tosías con fuerza y luchabas por abrir los ojos. Me quedé paralizado a escasos metros por la escena que se mostraba ante mis ojos. Estuviste a punto de morir y yo no estaba a tu lado.
- Pero yo… tú tenias… recostaste la cabeza contra mi, yo te agarré del pelo, yo te….
- No era yo.
- Eras tú, tenías que ser tú… todos estaban fuera, en el pueblo, Alma me dijo que tú estabas en el bosque ¿Quién más podría haber por allí?
- Fue el sobrino de Alma el que te salvó, vió como te arrastraba la corriente pasando a pocos metros de la cabaña y sin pensarlo se tiró al agua. Estas viva gracias a él.
- ¿El sobrino de Alma? ¿lo dices en serio? – Ahora si que estaba completamente horrorizada – Edward yo… le besé, te besé a ti… le besé a él creyendo que eras tú. Dios mío, estoy tan avergonzada… lo siento muchísimo.
- Tranquila, lo importante es que estás viva y a salvo. Te prometo que no se va a volver a repetir algo así, me ocuparé de que tu vida no vuelva a correr ningún peligro, no me voy a separar de ti ni un minuto.
- ¿El muchacho se encuentra bien? – pregunté sintiéndome repentinamente culpable – Debió de llevarse un susto de muerte.
- Está bien, tiene un par de magulladuras y ha cogido un resfriado pero ya se encuentra perfectamente, no te preocupes por él. Preocúpate por descansar y recuperarte lo antes posible.
- ¿Cuánto tiempo llevo inconsciente?
- Casi 24 horas. Estábamos muy preocupados por ti, pero Carslisle dijo que era perfectamente normal, que tu cuerpo necesitaba recuperarse y que despertarías cuando tu mente se hubiera recuperado del shock.
- Necesito verle, tengo que darle las gracias – dije intentando levantarme pero los músculos de mi cuerpo se negaron a obedecerme – necesito disculparme y pedirle perdón.
- Ya tendrás tiempo cuando te hayas recuperado del todo. Ahora necesitas descansar. Le pediré a Alma que te suba algo de comer.
Me dio un tímido beso en los labios, que apenas fue un ligero roce y acto seguido salió de la habitación cerrando la puerta tras él. Me quedé mirando el techo intentando recordar todo lo ocurrido aquel día. Resbalé y caí al agua, me arrastró la corriente durante lo que me parecieron horas. Agua y burbujas. Luz y oscuridad. Y miedo. Luego un tirón y dolor en la cintura y en el pecho, su silueta recortada contra el cielo, su voz pidiéndome que respirara, su boca dándome aire.
Pero no fue la boca de Edward… y no fueron sus manos las que me devolvieron a la vida.
