Capitulo 11
Unos días después ya estaba prácticamente recuperada y me permitieron levantarme de la cama, aunque bajo estricta supervisión medica de Carslisle y siempre acompañada de cerca por Edward. No se separaba de mi lado ni de día ni de noche y estaba tan pendiente de mí que cada vez que yo hacía el más mínimo gesto de dolor o incomodidad corría a buscar a Carslisle para cerciorarse de que todo estaba bien. Me encantaba tenerle siempre tan cerca, su presencia era absolutamente necesaria para mi bienestar, y el no se separaba de mi lado ni un minuto. Pero no podía negar que necesitaba con urgencia salir para alimentarse. Sus ojos estaba perdiendo su dorado tan característico por un negro espeluznante, y dos sombras cenicientas bajo sus ojos le conferían un aspecto muy demacrado. Estaba muy débil y él lo sabía mejor que yo, pero le costaba volver a dejarme sola.
- Edward, estoy bien, de verdad. No he estado tan acompañada y cuidada en toda mi vida, ni cuando estaba en el jardín de infancia. Y apenas estarás un par de días fuera. Creo que podré sobrevivir sin ti.
- La ultima vez que me alejé de ti casi acabas muerta - dijo en un tono que no daba lugar a discusión - prometí que eso no iba a volver a ocurrir y estoy cumpliendo mi promesa.
- Pero mírate, estás tan débil… necesitas alimentarte. No puedes permanecer así por mucho más tiempo. Además te necesito fuerte y vigoroso. Ahora que estoy recuperada no vas a tener más excusas para alejarte de mí por las noches…
- Aun es pronto y puedo aguantar un par de días más, cuando estés del todo recuperada ya nos plantearemos el volver a…
- ¡De eso nada! – le corté sin miramientos – Edward "YA" estoy recuperada, y tengo mucho mejor aspecto que tu. Si no lo haces por tu propio bien le diré a Carslisle que te obligue, necesitas comer, así que tu eliges.
- No pienso dejarte - dijo con rotundidad.
- Pues tendrás que hacerlo, no seas tan tozudo. Ya tengo edad suficiente para cuidarme solita y tu familia no me deja ni a sol ni a sombra, estaré bien. Además, aún tengo que darle las gracias al sobrino de Alma y disculparme con él, había pensado ir a verle y preferiría hacerlo sola.
La expresión de su rostro cambió por completo, me miró con el ceño fruncido, por lo visto no le hacía ninguna gracia el comentario de ir a visitarlo por mi cuenta. Cuando se dio cuenta de mi asombro por su reacción intentó parecer indiferente.
- Podemos ir los dos si quieres– dijo con una expresión rara en la mirada - yo también tengo que agradecerle algo.
- ¿No has vuelto a verle desde aquel día? – dije extrañada – ha pasado casi una semana, habrás tenido oportunidades para agradecérselo antes ¿no?
- Si, le he visto un par de veces más pero han sido tan breves que no he tenido oportunidad de agradecérselo formalmente, estaba ocupado cuidando de ti – por primera vez su rostro reflejó algo más que fastidio y enfado ¿estaba celoso? - Ha venido casi todas las tardes desde entonces a preguntar por ti, quiere saber continuamente como evolucionas, es un poquito pesado.
- Muy bonito. El muchacho me salva la vida y tú no solo no eres capaz de agradecérselo como dios manda si no que encima le insultas llamándole pesado por que se preocupa ¿Qué te ocurre Edward?
- No me ocurre nada, es solo que no me gusta ese chico, nada más. Y no quiero que vayas sola a verle. Le pediré a Alice que te acompañe.
- De ninguna manera, iré sola y tu te marcharás de caza – me daba la sensación de estar discutiendo de algo más que de una simple visita de cortesía y no iba a permitir que me custodiara a su antojo– llevo toda la vida sin nadie que dirija mi vida y pienso seguir sin dejar que nadie lo haga.
- Lo sé, pero me iré mas tranquilo sabiendo que te acompaña Alice, el bosque es peligroso y podría pasarte algo. No compliques mas las cosas.
- Te recuerdo que no soy ninguna niña - dije levantando el tono y sintiéndome de repente furiosa con él – iré sola y tu te iras de caza, no hay mas que hablar. El que se empeña en complicarlo todo eres tú.
- Como quieras – dijo mirándome como nunca lo había hecho, con la decepción pintada en el rostro - ¿Es tu última palabra?
- Lo es - dije manteniéndome firme.
- Entonces nos vemos en un par de días. Buenas noches Bella.
Y sin darme ni un beso de despedida, sin apenas mirarme cuando salió por la puerta se marchó. Nunca habíamos discutido de esa manera hasta esa noche y el vacío que sentí cuando se marchó me hizo sentir de pronto muy culpable. ¿Había sido demasiado dura con él? Era normal que se preocupara tanto, yo había estado al borde de la muerte pero no podía evitar el odiar sentirme tan controlada. No podía creerlo cuando lo pensé pero era tan obvio que me pilló completamente por sorpresa, estaba celoso. Pero no tenía motivos, me había tirado toda la semana encerrada en el dormitorio con él pegado a mi lado. Celos de qué. Ese muchacho me había salvado la vida y se preocupaba por mi estado ¿qué había de raro en ello? Definitivamente no conseguí entender los celos de Edward.
... . ...
La cabaña era realmente preciosa, estaba ubicada en un entorno tan bucólico que me pareció estar viendo la portada de un cuento infantil, rodeada de arboles y con el rumor del agua como sonido de fondo. No pude evitar que se me pusieran los pelos de punta al pensar en ese rio. Llamé con los nudillos en la puerta y esperé escuchar algún sonido procedente del interior de la casa pero parecía que no había nadie en ella. Como hacía una mañana estupenda decidí esperar por los alrededores y disfrutar un poco del aire libre, era muy agradable volver a tener libertad de movimientos después de estar tanto tiempo encerrada en la casa. Los rayos del sol sobre mi piel me hicieron sentir muy bien, necesitaba un poco de tiempo para pensar en mis cosas después de todo lo que había ocurrido
Vi un claro entre los arboles a pocos metros de la cabaña y me desplacé hasta allí para sentarme con la espalda recostada contra el tronco de uno de los arboles. La hierba alta que crecía en los alrededores estaba tan fresca bajo la sombra del árbol que no dudé en estirarme sobre ella todo lo larga que yo era. Era una sensación muy agradable y me relajé dejando vagar a mis pensamientos. Seguía perpleja por mi discusión con Edward, y más perpleja aún por sus celos. Según él me dijo una vez estuvo conmigo en todos los acontecimientos de mi vida, y eso incluía mis anteriores relaciones amorosas. No había tenido muchos novios pero yo no era precisamente una muchachita inocente. Y él lo sabía, pero cómo lo había conseguido soportar… era una incógnita.
Que estuviera celoso porque el chico se preocupara por mi no tenía mucho sentido, es cierto que me vió besarle y esto podría haberle molestado, pero ya le expliqué que yo creía que era él. Tendría que haber algo más, algo que yo aún no sabía, pero que tendría que averiguar por mis medios. Solo hacía unas horas que Edward se había marchado y ya le echaba terriblemente de menos. El vacio que se instaló en mi tras su marcha seguía pesándome dolorosamente en el corazón, le echaba tanto de menos que empecé a arrepentirme de haberle pedido que se marchara. Podría haberle acompañado o haberle pedido que volviera en el día pero en lugar de eso no había hecho más que discutir con él. Cuando regresara me disculparía por mi absurda actitud, pero tendríamos que tener una conversación muy seria con respecto a mi independencia.
Y así estaba, perdida en mis pensamientos, cuando una voz inesperada me sacó a empujones de mi mundo haciendo que el corazón me diera un vuelco.
- Vas a coger frío si te quedas mucho tiempo ahí tumbada
- ¡Dios santo! – dije mirándole con los ojos casi fuera de las órbitas - que susto me has dado.
Era más alto de como me lo había imaginado, tenía la piel morena y los ojos negros como el azabache. Su pelo, también negro, era corto y tenía varios mechones desordenados, dándole un aire de rebeldía que no me pasó desapercibido. Su cuerpo era formidable para un chico de su edad, bajo su camiseta se podía adivinar perfectamente el contorno de su marcada musculatura. Y era guapo, muy guapo en realidad.
- Siento haberte asustado – dijo mirándome con curiosidad – no era mi intención ¿que estás haciendo aquí?
- Te estaba buscando. Quería darte las gracias personalmente por haberme salvado - mis mejillas empezaron a ponerse coloradas de repente - te debo la vida…
- Cualquiera hubiera hecho lo mismo que yo, no tiene nada de especial - dijo con una sonrisa en los labios – pero te agradezco el detalle.
- Te estoy muy agradecida y me considero en deuda contigo – dije mirando embobada lo blancos que tenía los dientes – cualquier cosa que desees no tienes mas que pedírmela.
- No tienes por qué hacerlo, tu familia ya me lo ha agradecido suficiente – dijo en tono irónico – han sido muy… "simpáticos" conmigo.
- No me digas que se han portado mal contigo - el corazón volvió a martillearme en el pecho - son un poco… raros, pero créeme si te digo que son muy buena gente.
- Lo sé, los Cullen son… muy raritos. Mi tía no para de hablar de ellos continuamente - dijo mirándome fijamente y entornando la mirada - los demás tienen un pase pero tu novio, se lleva la palma.
- Siento si Edward te ha ofendido o algo - no pude evitar recordar mi discusión con él la noche anterior - lo ha pasado muy mal por culpa de mi torpeza y se siente culpable por no haber estado presente cuando ocurrió todo. Te pido disculpas también en su nombre.
- No te disculpes por nadie, cada uno tiene que ser responsable de sus propios actos – dijo mirándome mientras una de sus oscuras cejas se levantaba arrogantemente – me doy por más que satisfecho con que hayas venido a verme. Me alegro que ya estés recuperada.
Me dio la impresión de que era un muchacho excepcionalmente maduro para su edad y tenía algo que me hacía sentir una afinidad especial con él. Me había salvado la vida y eso a la fuerza tenia que habernos unido de alguna manera, como un hilo invisible que se hubiera instalado entre nosotros. Nos miramos un minuto en completo silencio, sin poder apartar los ojos el uno del otro. Sus labios se abrieron lentamente, dejando al descubierto sus perfectos dientes blancos, mientras una sonrisa empezaba a dibujarse en las comisuras de su boca y sus ojos me miraban divertidos.
¿Estaría pensando en el beso que nos dimos? La situación se estaba volviendo un poco incomoda para mi por lo que aparté la mirada notando como la sangre subía a mis mejillas. Busqué algo en mi mente con lo que poder romper el incomodo silencio hasta que por fin caí en un detalle…
- Me acabo de dar cuenta de que no sé como te llamas -y alargando una mano en su dirección le dije – Hola, soy Bella. Encantada de conocerte.
- Lo mismo digo Bella, es un placer conocerte por fin – y agarrando mi mano fuertemente entre la suya añadió – mi nombre es Jacob.
