Hola gente...¡ ya estoy en casa de nuevo.
Veo que muchas habeis acertado en las apuestas de si sería Jacob el tercero en discordia... y evidentemente asi ha sido. Pero aun queda mucho por leer y os recomiendo que lo hagais con calma, porque van a empezar a pasar cosas... y no todas van a ser agradables... jejejeje.
Quiero aclarar que no dije que la historia fuera "muy sexual", dije que parcialmente es de alto contenido sexual con escenas de sexo explicito, lo que significa que sí habrá narraciones mas hot pero a su debido tiempo.
Todo en la vida requiere un proceso y en esta historia no vais a leer sexo explicito hasta que no proceda que lo haya. Creo que la inversión de tiempo y esfuerzo que requiere a cualquier autor escribir estos relatos, merece al menos un minimo de respeto, tanto por la obra como por la persona que la plasma en palabras. Asi que si lo estais leyendo exclusivamente por el sexo, ya podeis dejar de hacerlo. No paseis por encima de la historia solo para buscar los momentos de calentón... particularmente lo considero frustrante, tanto como autora y como lectora de cientos de historias similares a la mia.
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402 ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Y ya sin más os dejo el capi... disfrutadlo...¡
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Capitulo 12
Era noche cerrada y estaba profundamente dormida cuando el roce de sus manos me despertó. Estaba tumbado a mi lado en la gran cama y me acariciaba la cara con sus dedos. Me acerqué a él hundiendo mi cara en su pecho y aspirando su aroma. Estuvimos varios minutos sin hablar, mientras sus manos me acariciaban lentamente la espalda y conformándonos con estar juntos de nuevo. Ahora que estaba tan cerca fui consciente de cuánto le había echado de menos.
- Siento haberte despertado – dijo buscando mi mirada – eres preciosa cuando duermes…
- Pensaba que volverías mañana – dije arrimándome mas contra su cuerpo - ¿Cuánto llevas observándome?
- No puedo aguantar tanto tiempo lejos de ti. Sólo hace unos minutos que regresé…
- Edward, siento mucho lo que ocurrió anoche - me disculpé sin perder tiempo - a veces no puedo controlar esta lengua que tengo.
- No pasa nada, tranquila - una cálida sonrisa apareció en sus labios - Necesito contarte algo, cielo.
- No debí hablarte así, lo siento - insistí, pero él obvió la disculpa.
- Bella... ¿Nunca te has preguntado por qué?
- ¿A que te refieres? ¿por que qué?
- Por qué te elegí a ti, de entre todas las mujeres de este mundo.
- La verdad es que hubo un tiempo al principio que si me lo pregunté, pero después perdió importancia para mí, me habías elegido y con eso me bastaba.
- ¿Quieres saberlo?
- ¿Quieres contármelo?
- Si.
- Pues hazlo…
- Yo… conocí a tu madre, antes de que nacieras…
- ¡Edward! ¿estas hablando en serio?
- Yo había ido a visitar a Carslisle en el hospital aquel día y ella estaba ingresada en la unidad de maternidad, la casualidad hizo que buscando su despacho entrara por error en la habitación de tu madre. Cuando ví que estaba de parto busqué y avisé rápidamente a Carslisle y la llevamos al paritorio, eran casi las 3 de la madrugada y aquella noche de cambio de luna los demás médicos estaban desbordados de trabajo, por lo que tuvimos que atender a tu madre nosotros mismos.
- Dios mío… Edward…
- Espera, hay más. Por aquellos días a mi aún me costaba un esfuerzo sobrehumano aguantar a la tentación de la sangre humana y cuando el parto empezó a complicarse y Carslisle tuvo que abrir a tu madre para sacarte estuve a punto de cometer una atrocidad, un acto criminal y terrible, pero de pronto Carslisle te colocó en mis manos pidiéndome que le ayudara, que te sostuviera hasta que él consiguiera estabilizar a tu madre.
- No… no puedo… creerlo.
- Créetelo, allí estaba yo, un vampiro a punto de explotar con una pequeña y frágil criatura humana en los brazos. Llorabas como una condenada y busqué la forma de alejarte de mi urgentemente, pero cuando vi tus casi ciegos ojos observándome algo en mi cambió para siempre. Te susurré que no lloraras y te calmaste casi al instante. Cuando acerqué uno de mis dedos a tu carita me lo agarraste con fuerza y supe que quería esa manita agarrándome con fuerza toda la vida. Me cambiaste, apaciguaste la bestia descontrolada que yo era con un simple apretón de tu minúscula manita, conseguiste robarme el corazón y he pasado el resto de mi vida desde entonces sabiendo que serías mía, que me pertenecías por derecho propio, porque yo te traje al mundo, a mi mundo. Tu madre se recuperó y jamás supo nada de lo ocurrido, nos dio las gracias a ambos y ahí se acabó todo. Excepto porque yo no podía alejarme de ti de ninguna manera. El resto de la historia ya la sabes…
- Edward, todo ese tiempo tú… - el nudo de mi garganta no me dejaba continuar - me dejas sin palabras.
Aquellas palabras me hicieron entender muchas cosas y no hicieron nada más que confirmar lo que ya sabía, que le amaba más que a mi propia vida. Nos quedamos de nuevo en silencio, cada uno perdido en nuestros pensamientos cuando la dulzura de su voz me acarició los oídos de nuevo.
- Por eso sé que eres tú y que jamás habrá nadie más, y entiendo que te enfadaras conmigo. No puedo evitar el sobreprotegerte y a veces se me olvida que eres una mujer adulta, pero entiende que saber que aún eres tan frágil para mi supone que, si algo te pasara, no podría seguir viviendo.
- Yo tampoco podría vivir si a ti te ocurriera algo - dije mirándole directamente a los ojos.
- Recuerda que yo no puedo morir y sería capaz de enfrentarme a cualquiera que se interpusiera entre nosotros.
- Nadie se interpondrá entre nosotros nunca, y siento decirte que si te pueden matar. No sois únicos es vuestra especie y cuando sales de caza, vete tu a saber por donde, temo que te cruces con algo que pueda causarte algún daño.
- No es probable que eso ocurra, en cambio tú si que corres verdadero peligro y no solo por estar en una casa llena de vampiros. El accidente del río es una buena muestra de ello.
- No puedo estar todo el tiempo encerrada entre cuatro paredes Edward, necesito respirar, caminar, y tambien alejarme de vosotros y tener un poco de privacidad. Llevo meses aprendiendo y estudiando vuestra raza y mi decisión no ha cambiado en lo más mínimo. Después de lo que me has contado, ahora más que nunca tengo claro lo que quiero. Todo esto se solucionaría si decidierais convertirme de una vez y dejar el resto de la formación para mas adelante.
- Hablare con Carslisle para que nos dé una fecha aproximada de cuando podría realizarse tu transformación pero sabes que es partidario de esperar el momento oportuno.
- Lo sé, pero tú puedes presionarle con el accidente. Seguro que ya ha sopesado los pros y los contras de seguir manteniéndome como humana después de lo ocurrido en el rio.
- Lo intentaré, no tenemos nada que perder.
- Edward, quiero pedirte algo.
- Pídeme lo que quieras - dijo mirándome con esos ojos dorados que me dejaban sin respiración.
- Necesito que me informes de lo que ocurre en esta casa, me siento estúpida cada vez que me entero de las cosas de rebote. Rosalie y Emmett se han marchado y nadie me ha dicho nada, llega el sobrino de Alma y si no es por ella tampoco me hubiera enterado. Ya es bastante duro ser la "muñequita de cristal" a la que hay que proteger constantemente como para que tambien me excluyáis de los acontecimientos que se van presentando. Solo pido que se me tenga en cuenta, nada más.
- Vaya, pensaba que ibas a pedirme otra cosa – dijo deslizando un tirante del camisón fuera de mi hombro – algo mas inaplazable…
- No te lo tomes a broma - dije intentando no perder el hilo de mis pensamientos - esto es algo muy importante para mi. Te lo digo en serio…
- Por supuesto. Mañana hablaremos de los detalles, pero ahora déjame demostrarte cuanto me alegro de estar en casa, contigo.
Me dio la impresión de que llevaba un año entero sin besarle, sus labios presionaron con fuerza los míos mientras mis manos le despojaban de su camisa. Le había echado tanto de menos que volver a tenerle cerca era el estimulo que mi cuerpo necesitaba para despertarse completamente. El aroma que desprendía su cuerpo desnudo me recordó los olores del bosque, olía a naturaleza, a pino y a tierra mojada. Con un suave movimiento se deshizo de mi camisón arrojándolo fuera de la cama. Mis sentidos dejaron de pertenecerme para rendirle devoción a él. Necesitaba saciarme de su esencia, sentirle mío más que nunca y le busqué entre las sábanas sin contemplaciones.
Todo mi cuerpo era un temblor incontrolado, mis manos revoloteaban ansiosas sobre su piel, Necesitaba sentirle dentro y le necesitaba ya. Al ver mi urgencia su respiración se alteró de tal modo que hizo que todo mi cuerpo anhelara desahogar su deseo a la vez que el mío propio. Pude notar sus dientes acariciándome la garganta, mordiéndome con dulces bocados de placer, lo que hizo que de mi boca salieran palabras de aliento incitándolo a terminar lo que ambos deseábamos ardientemente. No lo hizo, pero pude adivinar su sonrisa en la oscuridad cuando poniéndose súbitamente sobre mí me separó las piernas y embistió con una fuerza que me pareció demoledora.
Estaba fuerte, recuperado, magnifico. No pude evitar soltar un grito de dolor por la potencia de la penetración, pero lejos de moderarse no redujo ni un ápice la firmeza de sus embestidas, parecía que mis quejidos le incitaban mucho más. Estaba pletórico, lleno de fuerza y vida y no vaciló en demostrar todo su poderío sobre mí. Eso era lo que yo quería y eso era lo que él me estaba proporcionando. Hicimos el amor hasta el amanecer y cuando las primeras claras del día entraron por la ventana dejó que me durmiera apaciblemente entre sus brazos y completamente exhausta.
… . …
Edward me miraba con una sonrisa en los labios mientras yo devoraba la ensalada que tenía delante con avidez. Estaba hambrienta después de la noche tan intensamente agotadora que habíamos tenido y Alma me miraba con los ojos como platos viendo la rapidez con la que desaparecía el contenido de mi plato. Me ofreció una crema de verduras que acababa de terminar de hacer y se la acepte de buen gusto, estaba deliciosa y cuando se me acabó no vacilé en pedirle un poco más. Decidí que ya había llegado el momento de parar pues ambos me miraban asombrados por la cantidad de comida que estaba metiendo en mi estómago.
- ¿Qué? – dije sintiéndome examinada – llevo varios días sin probar comida de verdad, tenía hambre.
- Es maravilloso que hayas recuperado el apetito – dijo Alma riéndose a carcajadas – es síntoma de que ya estás del todo recuperada.
- Me encuentro perfectamente, es genial volver a estar bien - dije mirando a Edward con una sonrisilla cómplice - lo necesitaba tanto…
- No, si es normal que lo necesites – dijo mirando los moratones que tenía en los brazos y dirigiendo su comentario a Edward - pero las "cosas" hay que hacerlas despacio y con calma, no vaya a ser que nos llevemos otro disgusto.
Edward frunció el ceño por la advertencia encubierta que Alma le había lanzado, desde luego la mujer no se andaba por las ramas y no tuvo más opción que agachar la cabeza y reconocer que estaba en lo cierto. Intenté tranquilizar a Alma y evitar la regañina que se cernía peligrosamente sobre Edward.
- Alma, ya hemos hablado de esto antes ¿recuerdas? – dije evitando ponerme colorada – Edward no tiene la culpa.
- Los dos tenéis parte en esto y no me hagas creer lo contrario – dijo de forma tajante – solo os pido que tengáis cuidado. Ya hemos tenido demasiados sustos para mi gusto.
- Alma, de verdad no tienes que preocuparte, la situación cambiará pronto y ya no correré peligro.
- Está bien - dijo con resignación dejándonos por casos imposibles – ya sois mayorcitos para saber lo que hacéis.
Y diciendo esto y llevándose un montón de envases con la comida que había estado cocinado nos dejó solos en la cocina diciendo que se iba a llenarle la nevera a Jacob. No pude evitar pensar en mi conversación con él en el bosque, y en lo calientes que eran sus manos comparadas con las de Edward. No dijo nada con relación al beso que le di creyendo que era Edward, pero sabía que el recuerdo había pasado por su cabeza cuando se me quedó mirando. No pude evitar que el corazón aumentara el ritmo de los latidos.
- Fuiste a verle ¿verdad? – dijo mirándome repentinamente serio.
- ¿Cómo, perdona? - dije volviendo de mi ensimismamiento – ¿ver a quién?
- Ayer. Fuiste a ver a Jacob.
- Ah, si claro, te dije que lo haría.
- ¿Fue todo bien?
- Si, nos presentamos y le agradecí lo que había hecho por mí. Charlamos un rato, es un chico muy maduro para la edad que tiene, y después volví a casa.
- ¿Eso fue todo? – dijo mirándome de nuevo con esa expresión rara en la cara, los celos hacían su aparición- ¿no hicisteis nada más?
- Ah, si, se me olvidaba - dije viendo como le cambiaba la cara a medida que las palabras salían de mi boca – después de revolcarnos un rato por la hierba y hacer el amor como salvajes me pidió matrimonio y le he dicho que si ¿no es un encanto?
No pude contener la risa al ver la expresión de su cara, parecía que los ojos se le iban a salir de las orbitas en cualquier momento y si hubiera tenido sangre en las venas estoy segura de que su cara hubiera adquirido el color de un globo de feria. Cuando por fin captó la broma y la ironía de mis palabras se relajó y me miró con falso dolor en el rostro.
- Eres muy mala conmigo…
- Siii... Soy malísima ¿se puede saber a que vienen esos celos estúpidos?
- No puedo evitarlo, se interesa demasiado por ti.
- Me salvó la vida es lógico que se preocupe por mi estado y tú deberías estarle agradecido por lo que hizo.
- Te besó - dijo refunfuñando - yo lo vi.
- Creí que esto ya estaba aclarado - dije con un suspiro - fui yo quien le besé y lo hice creyendo que eras tú, Edward.
- Pero él no se apartó. Te devolvió el beso y no debió hacerlo…
- Te aseguro que lo intentó pero yo no le dejé alejarse. Ya he dicho que pensaba que eras tú – intenté zanjar el tema lo mas rápido posible – así que no le des una importancia que en realidad no tiene.
- Y si no tiene importancia - dijo mirándome ahora con verdadero dolor en la cara – ¿por qué te late el corazón de esa manera?
Silencio.
¿Qué podría haberle dicho? ¿Quien podría explicar la razón de que latiera de ese modo? Me lo quedé mirando intentando que sus esquivos ojos captaran la sinceridad con que los míos le buscaban. Me acerqué a su lado y cogiendo su cara entre las manos le besé despacio sin que nuestros ojos perdieran el contacto.
- Te quiero a ti, Edward Cullen, solo a ti. No dudes de mis sentimientos. El latido del corazón es algo que no puedo controlar y no puedo explicar cual es su funcionamiento ni por qué late así en determinadas situaciones, simplemente late. Y lo hace por ti.
La expresión de su mirada no varió ni lo mas mínimo, cerró lo los ojos y me devolvió el beso con demasiada fuerza. ¿Estaba marcando su territorio?, desde luego la impresión que me dio era que con ese beso estaba diciendo "eres mía y de nadie mas". Quise preguntarle al respecto pero dijera lo que dijera sería inútil, él ya había sacado sus propias conclusiones de nuestra conversación.
