Buenas tardes de domingo...¡

Se acabaron las vacaciones y mañana hay que volver al trabajo, asi que volveré a actualizar por las mañanas (sobre las 9.00 o 10.00 hora española) Como ya se acercan fechas bastante señaladas no sé si podré actualizar todos los dias como he estado haciendo hasta ahora, pero lo intentaré.

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18 ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Nuevo capi... solo un aviso: Leed con precaución ;)

... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ...

Capitulo 13

Los días pasaron y el incidente del río pronto quedó en el olvido. La normalidad volvió a formar parte de la rutina diaria. Edward pasaba horas y horas encerrado con Carslisle en su despacho, supongo que intentando tomar la decisión que marcaría el resto de mi vida. Yo iba muy a menudo a visitar a Jacob, todos pensaban que lo mejor era que fuera yo quien le visitara, así se evitaba que él estuviera por los alrededores de la casa y notara las diferencias entre los Cullen y el resto de los mortales. Eso hizo que mi amistad con Jacob fuera en aumento conforme pasaban los días y con el consabido enfado por parte de Edward.

Sus celos fueron en aumento aunque no dijera ni una palabra al respecto, pero yo lo notaba por la dureza con que a veces me miraba después de regresar de alguna de mis visitas a la cabaña. Intenté convencerle de que no tenía motivos para comportarse así, yo le amaba a él y eso no cambiaria jamás, pero no conseguí que entendiera mi amistad con Jacob. Como humana que todavía era necesitaba mantener un mínimo contacto con la realidad y olvidarme por unos instantes de que estaba a punto de tomarse la decisión que cambiaría por completo mi vida.

Y Jacob me brindaba ese contacto. Nuestras conversaciones eran de lo más variadas y llegué a conocerle muy bien, era encantador, amable, muy maduro y muy cabezota, pero sobre todo era divertido, siempre le veía el lado positivo a las cosas y su forma de ver la vida era tan sencilla y a la vez tan completa que costaba pensar que solo tenía 20 años.

Su alegría era contagiosa y cuando estaba con él los problemas y las incertidumbres desaparecían. En otro tiempo me hubiera resultado muy fácil enamorarme de un chico como él, pero mi corazón ya tenia tatuado a fuego el nombre de Edward. Yo sabía que Jacob sentía algo por mi, era demasiado evidente y él tampoco hacía nada por ocultarme sus sentimientos, pero no quería hacerle daño.

En ocasiones sus miradas me hacían saltar los colores, sus manos con frecuencia acababan accidentalmente sobre mis hombros o acariciaba mi pelo mientras fingía quitarme algún insecto. No podía corresponderle como se merecía y nunca le di muestras de interesarme por él en ese aspecto pero no podía evitar sentirme halagada por sus continuos esfuerzos por agradarme.

Un día en particular mantuvimos una conversación que recordaría por el resto de mis días. Había ido a verle y nos sentamos en un claro del bosque, el uno al lado del otro, con la espalda recostada contra un árbol. Estábamos en silencio y no me miraba, tenía la mirada perdida en lo profundo del bosque. El silencio entre nosotros no resultaba nunca incomodo pero esa tarde noté algo diferente en él.

- Bella ¿por qué vienes tanto a verme? – dijo sin apartar la mirada de los árboles.

- Ya sabes el por qué. Aunque eres muy cansino a veces, me gusta estar contigo.

- Pero a tu novio no le hace ni pizca de gracia y sin embargo sigues viniendo ¿No te pide que dejes de hacerlo?

- Edward es… como decirlo, muy posesivo a veces, pero sabe que yo no dejaría de venir aunque me lo pidiera.

- Si fuera grosero o brusco contigo por mi culpa... me lo dirías ¿verdad?

- Jacob, me estas empezando a preocupar ¿a que viene esa pregunta?

- Llevo un par de días sintiéndome muy mal, con una sensación rara en el cuerpo. Siento que… noto que… algo va a sucederte.

- ¿Que notas qué? ¿De qué estas hablando? – dije mirándole de pronto asustada – explícate, por dios.

- No sé explicarlo, pero creo que algo muy malo está a punto de pasarte y no sé si tiene algo que ver con nuestra amistad, o con tu novio.

- Edward es incapaz de causarme ningún daño y yo jamás le permitiría que te lo hiciera a ti.

- Bella, se que le quieres con locura y a veces el amor hace que no veamos lo que tenemos delante de las narices - dijo mirándome por primera vez desde que empezamos a hablar – pero sé que te hace daño, aunque intentes ocultármelo.

- Estás muy equivocado Jacob, él solo intent…

- He visto los moratones que tienes por todo el cuerpo – dijo cortándome a mitad de la frase - ¿piensas que estoy ciego? ¿Qué no iba a notarlos? Ya es bastante duro para mi saber que le amas más que a ti misma, como para encima saber que te maltrata, y que no haces nada por evitarlo.

- ¡Jacob! El no me maltrata, no me ha maltratado jamás, te lo juro - dije intentando encontrar el modo de contárselo sin descubrir el secreto de Edward – moriría antes de causarme el mas mínimo daño, te lo aseguro. Cuando nosotros… él tiene… tiene una fuerza casi sobrehumana y a veces le resulta muy difícil controlar sus impulsos, pero créeme cuando te digo que los moratones son mas por mi causa que por su culpa.

- Dices lo mismo que todas las mujeres que han pasado por lo mismo. Él no quería, él me quiere, no sabía lo que hacía, está muy arrepentido… - dijo atiplando la voz imitando a una mujer - te hacía por una persona fuerte y con las cosas claras.

- Jamás en toda mi vida he tenido las cosas tan claras como en este momento. Quiero a Edward con todo el corazón y voy a pasar el resto de mi existencia con él. Siento que no me creas y que pienses que yo podría permitirle algo así.

- No dudo de la verdad de tus palabras, y si tu dices que es así te creo, pero me cuesta pensar en una situación entre vosotros que derive en moratones como esos.

- Puedes estar tranquilo en ese sentido, de verdad.

- ¿Entonces por qué tengo la sensación de que estas en peligro de muerte, de que algo horrible va a pasarte, de que voy a perderte, de que vas a desaparecer…?

- Jacob - estaba tan desesperado que me quedé atónita por sus palabras mientras agarraba mi cara entre sus manos.

- Voy a ser claro Bella, te quiero. Estoy enamorado de ti desde el primer momento en que te vi, y te quiero tanto que si algo te ocurriera…

- Espera, espera... Jacob - el corazón me latía a un ritmo enloquecedor – yo no…

No pude terminar de hablarle, sus labios ya estaba sobre los míos antes de que pudiera darme cuenta de que me estaba besando. Me rodeó con sus brazos mientras los míos permanecían inertes contra mi cuerpo. Me amaba, yo ya lo intuía pero que me lo hubiera dicho a la cara me dejó completamente desarmada. Un pensamiento me corrió atronador por la mente, un sentimiento se removió dentro de mi ocupado corazón.

Mis manos cobraron vida y casi espontáneamente le agarré por la nuca presionando con mas fuerza mis labios contra los suyos… yo también sentía algo por él. El resto del mundo dejó de existir por un instante y no fuimos conscientes de que en la profundidad del bosque, entre los árboles, Edward nos observaba mientras apretaba los puños con fuerza.

… . …

No lo vi venir cuando sucedió. Cuando un par de horas después entré por la puerta de la casa, Edward me miraba con una expresión furibunda en el rostro. Aún me encontraba un poco confusa por lo sucedido con Jacob pero no me imaginaba ni de lejos que Edward nos hubiera visto. Viendo que no hacía nada por aproximarse a mí me acerqué cautelosa hasta él preguntándome qué podría haber ocurrido para que estuviera tan tenso y serio.

- Hola mi amor ¿te encuentras bien? ¿Dónde están todos?

- Acompáñame – dijo con una frialdad que me heló la sangre en las venas – tenemos que hablar.

Me agarró del brazo y tirando de mí me arrastró hasta nuestro dormitorio. No sé porqué intuí que algo andaba mal y preferí esperar sus explicaciones antes de preguntarle nada, pero no pude evitar pensar que podría estar relacionado con la amistad que teníamos Jacob y yo.

- Una vez me pediste que te mantuviera informada de lo que ocurría en esta casa – dijo mirándome directamente a los ojos - ¿no es así?

- Así es ¿qué ocurre Edward?

- Bueno, pues ha ocurrido algo.

- Me estas asustando Edward, dime de una vez qué ha pasado ¿están todos bien? – el corazón empezó a martillearme en el pecho - ¿Rosalie y Emmett están bien? ¿Han regresado ya de su viaje?

- Carslisle ha cedido, ya tenemos fecha para tu conversión.

- ¿En serio? – dije sintiéndome de repente muy nerviosa - Eso es… fantástico.

- ¿Necesitas volver a pensártelo? – dijo dándome la espalda y con un deje de ironía que no me pasó desapercibido – a lo mejor ya no estás tan convencida de querer ser como yo, no te veo muy entusiasmada.

- No es eso, claro que quiero ser como tú. Es solo que me ha pillado por sorpresa, nada mas.

- Claro, por sorpresa. Has estado tan ocupada últimamente que no has tenido tiempo de pensar en lo que va a cambiar el resto de "nuestras" vidas para siempre.

- Edward, no te entiendo ¿porqué dices eso?

- Porque pienso que algo ha cambiado y mi obligación es preguntarte si sigues queriendo estar conmigo o tienes otra alternativa mas apetecible, mas humana…

- No empieces otra vez con el tema de Jacob - no pude evitar que mi mente volara una y otra vez al beso que nos habíamos dado hacia solo unas horas - ya te he dicho que no hay nada entre nosotros. Somos amigos, nada más.

- ¿Crees que soy estúpido Bella? – dijo escupiendo las palabras como si le quemaran en la boca - ¿crees que no sé a que os dedicáis cuando estáis solos?

- ¿Cómo dices? – dije mientras el asombro asomaba a mi rostro – ¿Se puede saber a que viene esa actitud?

- Os he visto juntos, esta tarde, en el bosque. Os he visto besándoos y no me digas que no vi lo que vi porque yo estaba allí. Sé lo que ese perro quiere de ti. Lo que me sorprende es lo poco que has tardado en proporcionárselo.

- ¡Oh, Edward! – por fin comprendí el motivo de su enfado y no pude evitar sentirme culpable – Lo siento de verdad Edward, no sabía… no pude evitar…

- ¡Dios! Hay momentos en los que si no te quisiera tanto sería capaz de odiarte - dijo siseando las palabras más que diciéndolas, un escalofrío me recorrió la columna – y me resultaría incluso fácil…

- Edward, por favor, deja que te explique…

- No quiero que me des explicaciones, solo quiero saber si tus sentimientos han cambiado – dijo mirándome mientras la rabia desdibujaba su preciosa cara – si no quieres seguir adelante con la conversión ahora es el momento de decirlo.

- Pero déjame que te lo explique. No es lo que parece, él no…

- ¡Contesta a la pregunta! – gritó cortándome a mitad de la frase y acercándose a mi con los puños cerrados - ¿quieres seguir adelante o no?

- Si, Edward – dije mientras agachaba la cabeza y notaba que de mis ojos empezaban a brotar las lágrimas – quiero seguir…

- Suficiente.

- Espera Edward. Por favor, Jacob no ha hecho nada malo, yo solo…

- ¡Basta! De ese perro me encargo yo. Ya es hora de que alguien le enseñe a respetar la propiedad privada.

- ¿Qué vas a hacer Edward? No le hagas daño, el sólo pretend…

- A partir de ahora lo haremos a mi manera – dijo interrumpiéndome a propósito - Tus salidas fuera de esta casa están prohibidas. Él ha dejado de existir para ti y no volverás a verle bajo ninguna circunstancia. Te mantendrás en esta habitación hasta que llegue el momento del cambio, Alma te proporcionará lo que necesites hasta ese momento. Creo que en un par de días lo tendré todo organizado. Espero que estés preparada para entonces.

- ¡Espera Edward, por Dios! Tienes que escucharme…

Y sin decir nada más salió de la habitación cerrando con un portazo la puerta tras él y dejándome encerrada de nuevo como ya lo hiciera una vez. Intenté seguirle pero la puerta estaba cerrada con llave. La golpeé con los puños mientras gritaba su nombre. Tenía que explicarle lo que había sucedido, no podía marcharse sin escucharme pero por más que golpeé y grité no volvió. Me temblaba el cuerpo de tal manera que tuve que sentarme en el suelo para no caer desplomada, los pensamientos de mi mente eran un torbellino de preguntas y sentimientos que pugnaban por reventarme la cabeza.