Buenos dias de lunes...
Que conste que avisé que habia que leerselo con calma... y aun asi a alguna le ha pillado un poco desprevenida ;) pues nenas... mas de lo mismo...
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
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Capitulo 14
Estaba desesperada, él nos había visto besarnos y eso había sido sin duda un duro golpe para él. Poniéndome en su lugar yo hubiera reaccionado igual o peor si lo que hubiera visto fuera solo el beso, pero si nos había visto también tendría que saber lo que ocurrió después.
Cuando me separé de Jacob y le miré a los ojos una sensación rara me invadió el cuerpo, no encontraba el dorado de sus ojos, no sentía la frialdad de sus manos, no veía la palidez de su piel. No era Edward, no era mi Edward. Comprendí que algo sentía por esta persona que me miraba con devoción, pero no era amor, no era ese amor inmenso que se me había metido hasta lo mas profundo del alma, no era el amor por el que cada mañana abría los ojos pensando que era un día menos en la cuenta atrás hacia nuestro amor eterno. No era Edward.
Cuando Jacob vió la expresión de mi cara una terrible pena se adueño de sus negros ojos. Intenté sonreír pero mis intentos resultaron inútiles. Quería consolarle, decirle que yo también sentía algo por él pero que no podía corresponderle como él esperaba que lo hiciera.
- Jacob, no. No lo hagas, por favor.
- No puedo evitarlo, te quiero y quiero estar contigo. Sé que soy joven y tu eres una mujer hecha y derecha, pero puede funcionar…
- No puede funcionar Jacob, la edad no tiene nada que ver. No puede funcionar por la sencilla razón de que yo estoy enamorada de otra persona.
- Pero sientes algo por mi, lo he notado, me has devuelto el beso…
- Si Jacob, siento algo por ti, no puedo negarlo. Pero no es lo que crees, me encanta estar contigo y hablar y reírnos de todo, me gustas y eso es evidente, pero no hay nada más allá. No puede haberlo. Te devolví el beso porque quise hacerlo, eres muy especial para mí y lo sabes, pero no puedo quererte como tu esperas. Siento haberte hecho albergar falsas esperanzas o creer que yo estaba también interesada en ti, no era esa mi intención.
- Edward es peligroso Bella. Aunque creas que es el hombre de tu vida hay algo en él con lo que tienes que tener cuidado, no es el ángel que parece ser…
- Él es mi vida y yo la suya, no tienes nada que temer.
- Él no te merece. Yo podría quererte mucho más que él.
- Y no pongo en duda lo mucho que puedas quererme Jacob, el inconveniente es que a quien yo quiero es a él y siempre será así. Lo siento de verdad.
- No puedo luchar contra eso. Tu ya tienes las cosas claras y no puedo hacer nada por cambiarlo, pero prométeme que si algo ocurriera, si las cosas fueran mal o necesitaras de mi ayuda vendrás a buscarme. Sigo pensando que algo malo va a ocurrirte y quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea.
- Tranquilo Jacob, no va a pasarme nada malo - ¿podría Jacob presentir que dentro de poco yo dejaría de ser humana? ¿a eso se refería cuando decía que algo malo iba a ocurrirme? - algún día intentaré contarte muchas cosas que en este momento no puedo, pero créeme que estoy bien, estaré bien.
La resignación de su mirada era tan evidente que no podía seguir mirándole sin sentirme mal por lo que acababa de decirle. Cuando la persona a la que amas te rechaza puede ser por mil motivos y puede resultar muy duro, pero saber que te rechazan por amor hacia otra persona que no eres tú es doblemente duro y terriblemente doloroso. Me alejé de él consciente de que nada entre nosotros volvería a ser como antes, intentaría mantenerme alejada de él para no hacerle sufrir. También yo lo pasaría mal pero tarde o temprano mi nueva vida me obligaría a alejarme definitivamente de él y esta situación era perfecta para comenzar el distanciamiento
¿Cómo explicarle a Edward lo que había ocurrido? No me escucharía, no me creería. Mis ojos se abrieron como platos cuando recordé la expresión de Edward diciendo "De ese perro me encargo yo" Dios mío ¿sería capaz Edward de hacerle daño a Jacob? Por mi culpa, por no haber sido capaz de mantenerme alejada de él, por haberme empeñado en mantener nuestra amistad Jacob estaba en peligro.
De pronto empecé a oír al otro lado de la puerta el ir y venir de pasos, el ruido de cajones y puertas abriéndose y cerrándose. Algo estaba ocurriendo y mi nerviosismo fue en aumento. Me arrastré hasta la puerta y volví a golpearla pidiendo a gritos que me abrieran, que me dejaran salir de allí. Nadie contestó a mis súplicas. No pude contener el torrente de lágrimas que se desbordaban de mis ojos ¿qué estaba pasando? ¿Por qué nadie me ayudaba? Esto no podía estar pasando, los minutos pasaban y cada vez me sentía mas desesperada, tenía que avisar a Jacob de lo sucedido y prevenirle sobre Edward. En una ocasión me dijo que sería capaz de enfrentarse a cualquiera que se interpusiera entre nosotros ¿sería capaz de cumplirlo? Si así fuera yo tenía que impedirlo. Mi cabeza estaba a punto de perder la poca cordura que me quedaba cuando oí que alguien golpeaba la puerta tímidamente.
- Bella, soy Alice ¿puedes oírme?
- ¡Alice!. ¡Alice tienes que ayudarme, tienes que sacarme de aquí por favor!
- No puedo Bella, si Edward se entera de que te estoy hablando ahora…
- ¡Alice te lo ruego, ha ocurrido algo. Edward no me escucha y alguien podría estar en peligro, por favor!
- No puedo, solo quería decirte que nos marchamos, toda la familia, pero volveremos pronto. Tienes que aguantar.
- ¿Qué os marcháis? Pero Alice. no podéis iros ahora. Edward está… creo que Jacob puede estar en peligro, tienes que avisarle.
- Bella, lo siento mucho pero Jacob….
- ¿Qué le ha pasado? Alice, por favor ¡ dime que le ha pasado a Jacob!
- Tengo que marcharme pero recuerda lo que voy a decirte, iré a verte. Acudiré pase lo que pase, lo prometo.
- Alice no te vayas…
Antes de que pudiera de terminar de hablar ya se había marchado, pero sus palabras aun resonaban en mi mente confirmándome que algo había sucedido con Jacob. La desesperación fue desapareciendo paulatinamente mientras un nuevo sentimiento se apoderaba de mis sentidos, mucho mas grande y mas fuerte. Era rabia pura y dura.
… . …
Me sentía como un animal encerrado, iba de un lado al otro de la habitación respirando con fuerza intentando controlar la furia que pugnaba por revelarse a mi autocontrol. A pesar de haber pasado casi un día entero desde que hablara con Alice no conseguí relajarme ni un ápice. Esta manera de proceder de Edward tendría que terminar radicalmente. Era un vampiro y el hombre del que estaba enamorada, pero no era mi dueño, y no había nada que me fastidiara más que alguien intentara dominar mi vida o someterme a sus decisiones. Eso no lo toleraría jamás.
Y luego estaba lo de Jacob. Si le había hecho algo… Intenté no pensar en ello, apartar el pensamiento de mi mente, pero se negaba a obedecerme. La puerta se abrió y Alma pasó con la cabeza agachada y una bandeja con comida entre las manos. Cuando me acerqué a ella pude ver como sus ojos estaba rojos e hinchados de haber estado llorando. La abracé lo más fuerte que pude intentando contener las lágrimas que volvían a agolparse en mis ojos. La culpabilidad me destrozó el corazón. Su sufrimiento era palpable aunque intentaba mantenerse entera.
- Alma ¿Qué ha pasado? - dije agarrando las manos de la mujer y haciendo que se sentara en la silla mientras yo me arrodillaba a su lado - Dime que Jacob está bien, dime que Edward no le ha hecho nada.
- Ay mi niña, ojalá pudiera – dijo mientras las lágrimas le corrían de nuevo por la cara – ha sido horrible. Ninguno esperábamos esto, no tendría que haberle traído conmigo.
- No te culpes Alma, la culpa es mía, lo siento de verdad. Tendría que haberme mantenido alejada de él. Dime que ha pasado.
- No puedo decirte nada, Edward me lo ha prohibido.
- ¡No! - la rabia volvió a apoderarse de mi - No se lo consiento. Tienes que decírmelo ahora, todo esto es por mi y necesito saber lo que ha pasado. No me trates como lo hace él, no soy ninguna niña, podré afrontar lo que sea.
- No puedo Bella, entiéndeme, no puedo hacerlo, no puedo traicionarle. Quiere decírtelo él.
- ¿Qué quiere decírmelo él? Esto es increíble. No logro entender nada, llevo mil horas encerrada sin saber nada, todos se han ido y me estoy volviendo loca de tanto pensar. Solo una pregunta Alma y te ruego que seas sincera conmigo, jamás le diré a Edward nada de lo hemos hablado, te lo juro por lo mas sagrado de mi vida ¿Jacob esta vivo?
- Si - dijo mientras secaba la humedad de sus mejillas y recomponía su aspecto – aún vive…
- ¿Aún? – dije preguntándome el significado oculto de aquella simple palabra – Tienes que contarme lo que ha pasado.
- No puedo, mi niña…
Estaba tan inmersa en la conversación que no me di cuenta de que Edward había entrado en la habitación hasta que su voz llegó a mis oídos causando que casi se me parara el corazón por lo inesperado de su presencia.
- Perdonar la interrupción. Alma, necesito hablar con Bella. Déjanos solos, por favor.
Se levantó de la silla y me acarició la cara en un gesto que no supe si era para infundirme ánimo o apiadándose de mi, o ambas cosas a la vez. Cuando pasó al lado de Edward se detuvo un instante frente a él, le cogió la cara entre las manos e hizo que se agachara para poder besarle en la mejilla y lo hizo con una ternura que me dejó aún más confundida de lo que ya estaba. Después salió de la habitación dejándonos solos y cerrando la puerta.
Ahí estaba él, y ahí estaba yo. Me puse de pie para poder hacerle frente, me sentía tan dolida y furiosa con él que por primera vez desde que nos conocíamos no sentí la atracción irresistible que ejercía su cuerpo sobre el mío. El silencio entre nosotros empezó a resultar insoportable, seguramente estaba esperando alguna reacción por mi parte para saber como responder o actuar pero me mantuve firme y todo lo inexpresiva que pude. Esto iba a ser muy doloroso para ambos, podía intuirlo, pero no había forma de evitarlo. Al final no pude soportarlo más y lancé mi pregunta sin contemplaciones.
- ¿Qué demonios has hecho Edward?
- Todo está preparado – dijo muy calmado - cuando quieras podemos comenzar.
- No vamos a comenzar nada.
- Dijiste que querías seguir adelante. Es la hora.
- No, no es esa hora – dije pensando que no le iba a resultar tan fácil callarme como encerrarme - es hora de que dejes de tratarme como a un objeto que puedes lucir o guardar bajo llave a tu antojo, es hora de que asimiles que soy una mujer adulta que decido por mi misma y que no tolero que nadie me diga lo que puedo hacer o no, es hora de que aceptes que no eres mi dueño. Estoy harta de esto…
- Llevas toda la razón en enfadarte conmigo, siento la forma en que he tenido que tratarte y te pido disculpas por ello, pero tengo que decirte que no me arrepiento y que lo volvería a hacer sin dudarlo ni un instante.
- ¿Cómo? – no podía creerme lo que estaba oyendo – ¡Me estas diciendo que vas a seguir tratándome como si fuera de tu propiedad!
- Si, eres mía, de mi propiedad y cualquiera que intente arrebatarme lo que es mío sabrá lo que es el infierno antes de llegar a él.
- No Edward – dije sabiendo que las palabras que iba a pronunciar iban a derrumbar todo nuestro mundo como un castillo de naipes – no te pertenezco, siento decirte que yo no tengo dueño y jamás lo tendré, si quieres una compañera sumisa y dócil has elegido a la mujer equivocada.
- ¿Le prefieres a él? ¿prefieres a ese perro, es eso?
- No Edward. Es lo que llevo todo este tiempo queriendo decirte, no le prefiero a él, yo te quiero a ti y se lo dije en el bosque cuando nos viste, le dije que no podía haber nada entre nosotros porque yo estoy enamorada de ti, pero tu no has querido escucharme.
- No sabes nada de él. Hace poco ni sabías que existía y tú quieres echar por la borda todo lo nuestro por alguien que no vacila a la hora de arrebatar a los demás lo que se le antoja, tomándolo por la fuerza si es necesario. Pues déjame decirte que si no está muerto es por ti, aunque no ha salido ileso precisamente…
- Esto es increíble – el suelo se abría bajo mis pies sin que yo pudiera evitarlo - ¿qué le has hecho a Jacob?
- Ha recibido lo que se merece, ni más ni menos – dijo sin dar síntomas del más mínimo arrepentimiento – no te preocupes por él, ya no te molestará más.
- No has respondido a mi pregunta ¡¿QUE LE HAS HECHO? – dije gritando las palabras en su misma cara.
- Solo fui a advertirle que se alejara de ti si quería seguir respirando, pero ocurrió algo que jamás hubieras imaginado y nos enfrentamos. No quieras saber los detalles, solo te diré que tu querido Jacob no es solo el chico inocente que aparenta ser. Al final se escabulló, muy malherido eso si, y no pude terminar con él pero ten por cuenta que si me lo vuelvo a cruzar no vacilaré en matarle.
- ¿Serías capaz? – pregunté sabiendo ya la respuesta.
- Por supuesto.
Ya estaba, la tumba se había abierto bajo mis pies haciéndome caer en un abismo negro del cual no podría salir nunca.
