Buenos dias...!

Capitulin algo duro el de hoy, pero completamente necesario... pues vamos a tocar fondo para intentar volver a levantarnos.

Para el Libro III aun quedan unos cuantos capis, asi que paciencia.

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1 ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 16

Cuando llegué a la entrada de la casa encontré a Alma al pie del camino esperándome al lado del Volvo de Edward. Llevaba varias bolsas en la mano y cuando me vió llegar soltó un suspiro de alivio al comprobar que estaba en perfecto estado. Por lo rojos que tenía los ojos pude comprobar que había estado llorando de nuevo y me volví a odiar por estar haciendo sufrir a las personas que tanto quería.

- Bella ¿estás bien? Me tenías preocupada, hace casi una hora que te fuiste y ya iba a pedirle a Edward que saliera a buscarte.

- Estoy bien Alma, he ido a la cabaña. Quería comprobar que no estuviera allí, muriéndose desangrado o algo así.

- ¿Cómo está la cabaña? – dijo con angustia en la cara - ¿Has encontrado algo?

- Está hecha un desastre, parece que ha pasado un huracán por el salón y hay mucha sangre por el suelo y en el baño, pero ni rastro de él, tampoco están sus cosas, se ha marchado.

- ¡Dios mío, debió ser horrible! Jamás debí traerle aquí…

- Alma, tengo que irme – dije cuando noté que la culpabilidad me pesaba demasiado en mi ya mermada moral - ¿has conseguido lo que te pedí?

- Si, en esta bolsa están tus cosas – me quedé anonadada mirando mi bolso, el que llevaba aquel día en el parque – Edward me pidió que te devolviera todo esto, están tus llaves, la cartera, el móvil, todo. Dentro hay un sobre con dinero, espero que tengas suficiente. Y aquí tienes las llaves del coche.

- Vaya. No había necesitado ni pensado en todas mis cosas desde que llegué aquí - y notando que se me hacía un nudo en la garganta le dije - dale las gracias a Edward de mi parte.

- En esta otra bolsa te he metido algo de bebida y varios bocadillos, no has comido nada desde… bueno, solo por si te da hambre durante el viaje.

- Gracias Alma – la abracé todo lo fuerte que pude - te voy a echar mucho de menos.

- ¿Volverás pronto, verdad pequeña?

- No lo sé Alma - dije pensando que eso ya no dependía tanto de mi, Edward no quería que volviera – pero tendrás noticias mías, eso seguro.

- Ten cuidado mi niña – dijo mirándome con preocupación – espero que sepas lo que estas haciendo.

- Todo irá bien Alma, no sufras.

Estaba empezando a llover, nos abrazamos y volví a darle las gracias por todo. Cuando la mujer desapareció dentro de la casa abrí la puerta del coche y antes de sentarme al volante no pude evitar levantar la mirada y dirigirla hacia la casa. Sólo una estancia estaba iluminada y allí vi la silueta oscura de Edward recortada contra la claridad de la habitación del segundo piso. Se me formó un nudo en la garganta, la puerta donde mantenía encerrado el dolor pugnaba por reventar y dejarlo salir a borbotones mientras mis lágrimas se mezclaban con las gotas de lluvia. Me estaba empezando a calar hasta los huesos, pero no pude apartar la mirada de la ventana esperando algo… un gesto, una sonrisa, algo. Pero no recibí nada. Se alejó de la ventana dejando caer la cortina contra el cristal, desapareciendo de mi vista y de mi vida para siempre.

Me subí al coche y conduje sin rumbo durante horas mientras intentaba concentrarme en la música de la radio para no escuchar mis propios pensamientos. La tensión y el cansancio empezaban a agarrotarme los músculos de todo el cuerpo y comprendí que tenía que descansar si no quería terminar empotrada en algún árbol o despeñada por cualquier barranco. De pronto llegué a un cruce y paré el coche mirando el cartel que tenía frente a mi, la ciudad estaba a 10 kilómetros escasos por lo que decidí seguir conduciendo y descansar una vez hubiera llegado a mi apartamento.

La ciudad me resultó tremendamente ruidosa y caótica, a pesar de ser de madrugada los coches iban y venían en todas direcciones, las luces de los locales y la iluminación de las calles me resultaron dolorosas a la vista, la ciudad era horrible. Yo quería el silencio nocturno, la oscuridad de aquel inmenso bosque, yo quería lo que acababa de perder. El dolor volvió a golpear la puerta pidiendo salir.

Cuando metí la llave en la cerradura del apartamento me invadió una sensación de "Déjà ví" que hizo que me temblaran las piernas, la última vez que hice ese simple gesto fui secuestrada por el amor de mi vida. Deseé fervientemente que se repitiera, que esta vez en lugar de un pañuelo con cloroformo usara su boca para hacer que perdiera el sentido, pero supe que eso no iba a ocurrir.

Cuando cerré la puerta y encendí las luces me quedé paralizada, estaba en mi apartamento, estaba en casa, todo permanecía en el mismo lugar tal y como lo dejé aquella mañana antes de salir al parque. La correspondencia se amontonada a mis pies pero estaba tan cansada que ni me molesté en leerla, la recogí y me encaminé al dormitorio. Dejé la mochila a los pies de la cama, la correspondencia en la mesilla y me dejé caer sobre el colchón sin desnudarme siquiera. Solo quería descansar, dormir y perder el conocimiento pues no podía permitir que el dolor que tenía encerrado saliera y me destrozara más de lo que ya estaba.

Pero el tranquilizador sueño no llegaba, tenía los músculos muy agarrotados y conseguirlo así sería misión imposible, tenia que relajarme. Tuve que levantarme, desnudarme y meterme bajo el chorro de la ducha para conseguir que mi cuerpo cediera un poco a la rigidez que lo atenazaba. Volví a tumbarme después de secarme pero seguía sin poder conciliar el sueño, la luz de las farolas se filtraba por la ventana. Miré la correspondencia acumulada en la mesilla y me llamó la atención una carta en la que mi nombre destacaba con una suave caligrafía muy conocida… era la letra de Edward, estaba fechada el mismo día que tuvimos nuestra primera discusión, cuando le pedí que se marchara para alimentarse ¿porqué la mandaría a mi casa? La abrí y empecé a leer…

Amada Bella:
Espero poder decirte pronto lo que aquí escribo, sin necesidad de leerlo. Hace tiempo conocí a alguien capaz de cambiar mi destino, de cambiarme a mí. Supe en un instante que ya nada tendría sentido si tu no formabas parte de mi existencia.
Aprendí a dominarme en la distancia, pero presente, siempre presente. Con los años la necesidad de ti fue aumentando progresivamente, aun a mi pesar y al de mi voluntad.
El día que te traje sufrí por tu integridad, aun sabiendo que jamás sería capaz de hacerte daño queriendo.
Y ahora, mírame, no soy nada si no te siento.
Una vez te dije que soy el depredador más peligroso que se haya concebido, pero cuando me tocas, me rozas, me abrazas, me convierto en el ser más vulnerable de esta tierra.
Cada una de tus caricias empequeñecen a la fiera que llevo dentro y cada uno de tus besos me abrasan a fuego lento. Todos mis instintos, mis sentimientos, mis pensamientos, mi "alma", si es que existe son tuyos. Jamás podría seguir "respirando" sin ti. Me doblegas.
Pero no puedo olvidar que eres mortal y eso me vuelve loco. Sé que me amas tanto como yo a ti, pero en este aspecto también soy humano y el hecho de compartirte lo más mínimo con más personas… me enfurece. Tus sentimientos siempre pueden cambiar…
Trataré de dominarme, de luchar contra mi naturaleza, como llevo intentando hacer hasta ahora, a veces sin mucho éxito.
Seguiré haciéndote el amor cada vez que me mires pidiéndomelo, pero no me pidas que me controle entonces. Cuando eres mía, te poseo con mi cuerpo y mi mente. Saboreo cada uno de tus rincones y solo así te siento como si te bebiera.
Tu cuerpo desnudo, bueno… jamás había sentido algo igual. Eres tan bella. Me pierdo en tus ojos, y mi manos ya no pueden parar, bajan por tu cuello, tus pechos, tu cintura, te rodean para traerte más hacia mi, siento que a veces te hago daño y lo siento… pero ya no puedo parar. Tus muslos… los busco desesperadamente y entonces necesito hacerte mía una y otra vez. Hasta que caes rendida. Ahora somos uno, aunque mortal e inmortal.
Difícil verso, diría imposible si esto no estuviera sucediendo.
Bella, no cambies nunca por favor. Sigue amándome con la misma intensidad, yo te querré siempre, aunque tú no lo comprendas. Tienes mucho que descubrir. Y sólo tú puedes hacerlo. Sé que caminamos juntos, pero si no fuera así…

Te amo.
Edward

Dios del cielo... ¿Por qué esto? ¿Por qué ahora? Quería morirme, solo dejarme morir. El pecho empezó a dolerme con fuerza, muy dentro, muy profundo. No podía afrontar lo que se me venía encima sin desconectar mentalmente de la realidad. Abrí el cajón de la mesilla y saqué un frasco con somníferos que hacía siglos que no había necesitado para nada, pero ahora era la única manera de encontrar el descanso que necesitaba. Me metí dos pastillas a la boca y me las tragué sin agua, fui a la ventana y cerré las persianas hasta que la habitación quedó completamente a oscuras.

El estómago me rugió por el regalito que le acababa de hacer y volví a tomarme un par más de pastillas pero con un poco de agua esta vez, fui al baño y puse directamente la boca debajo del grifo. La dosis que había tomado era suficiente para dormir a un caballo y rápidamente empecé a notar los efectos de las pastillas. Me metí en la cama dando la bienvenida al sueño, que me acunaba bajo sus tranquilizadoras alas llevándome lentamente hacia la inconsciencia. Dormir, con sus palabras escritas en aquella carta estrujada contra mi pecho, morir en vida. Eso era lo que yo quería.

… . …

No puedo decir cuanto tiempo estuve despierta y cuanto perdida en el mundo de los sueños. Mi consciencia iba y venia sin rumbo fijo, sin dejarme averiguar que era real y que era ilusión. Aunque tampoco me importaba no saberlo. Simplemente me dejaba llevar, sin saber si estaba haciendo bien o mal al dejar mi cuerpo y mi mente sueltos y sin contención. Sin saber si me iba a beneficiar o acabaría loca y trastornada por no haber ejercido represión alguna.

Lo que si supe fue que las pesadillas resultaron terribles, siempre estaba corriendo tras algo que cuanto más me acercaba mas lejos me parecía que se encontraba. Gritaba el nombre de Edward, llamándole, pidiéndole que no se alejara, pero siempre seguía su camino sin mirar atrás dejándome sola en el vacío. En otras veía a Jacob tumbado y moribundo en el claro del bosque, me acercaba para comprobar si estaba vivo o muerto y cuando le tocaba el hombro intentando verle la cara ésta se transformaba en la cara ensangrentada de un animal que me rugía enseñando los amenazadores dientes. Ambas pesadillas se repetían constantemente y siempre me despertaba gritando y llorando hasta que conseguía asimilar que solo eran sueños y lentamente recuperaba la normalidad de la respiración.

No sabía cuando era de día y cuando de noche. Podrían haber pasado horas o días pues el tiempo no contaba para mí. Cuando las nauseas de mi estómago se hacían insoportables me aovillaba sobre mi misma agarrándome las piernas y esperando que cesaran por si solas mientras las lágrimas empapaban la almohada. En ocasiones me ponía las manos sobre el pecho para saber si el corazón seguía latiendo en mi pecho, un corazón que latía solo porque las leyes de la física así lo decían, pero que yo sabía que estaba frio y muerto sin remedio.

En una ocasión abrí los ojos creyendo oír que alguien estaba llamando a la puerta, abrí los ojos y escuché como la casa estaba en absoluto silencio, nadie llamaba. Pero el sonido siguió golpeando en mi mente… tum, tum, tum… los golpes venían de mi cabeza, era el dolor que llamaba pidiendo salir, pidiendo ser liberado… tum, tum, tum… la puerta de mi mente vibró con los contundentes golpes, pero necesitaba mas tiempo antes de dejarlo salir, tenía que fortalecerme para poder hacerle frente… TUM, TUM, TUM… pero era absurdo sobreponerme ahora para volver a caer en el pozo negro una vez que lo dejara salir, estando ya vencida solo tendría que aguantar el dolor y esperar que después de destrozarme se marchara, luego podría intentar recomponer lo que hubiera quedado de mi.

Y lo dejé salir.

Lloré de rabia por Jacob, por el dolor que había sufrido por mi culpa, por las consecuencias que trajo nuestra amistad, por no haber sabido alejarme de él, por haberle dejado enamorarse de mí. Lloré de tristeza por Alma, por lo mucho que la situación le hacia sufrir, por sentirse culpable sin motivo por mi culpa, porque la echaría terriblemente de menos, porque la quería y no sabía si volvería a verla. Lloré de dolor por los Cullen, porque me acogieron en su casa, porque me quisieron y me apoyaron siempre, porque con ellos supe lo que era volver a sentirse parte de una familia, porque los quería. Lloré de odio por mí, por mi cabezonería y mi estupidez, por mi rebeldía, por la forma que tengo de ver la vida, por no poder quedarme callada ante las injusticias, por no dejarme dominar, por no haberlo evitado. Pero sobre todo lloré de amor por Edward, por haberme encontrado y haberle perdido, por haberme amado siempre y haberle decepcionado de esa manera, porque puso el cielo a mis pies y no supe valorar el regalo que me hacía. Porque le amaba, porque le necesitaba, porque me dolía pensar en él. Porque le había perdido para siempre.

Lloré hasta que no me quedaron lágrimas, hasta que mis lamentos no quisieron salir más de mi boca y cuando mi cuerpo ya no reaccionaba a las convulsiones. Solo cuando salió todo el dolor y tras la tormentosa experiencia de dejar que los sentimientos me destruyeran, solo entonces pude dormir plácidamente sin pesadillas. Solo entonces encontré la calma que necesitaba para abandonarme a la dulce muerte de los brazos de Morfeo.

Por primera vez en mucho tiempo dormí tranquila, sin sueños extraños, sin pesadillas. Sin despertarme sobresaltada por los sentimientos, sin dolor en el alma. Solo dormir, dormir y recuperarme era lo que ahora necesitaba tanto mi cuerpo como mi mente. Mi mente necesitaba tiempo para recomponer el puzzle de mi cordura intentando que encajaran todas las piezas. Mi cuerpo también necesitaba recuperar su ritmo, volver a respirar con normalidad, dejar que la voz volviera a ser poco a poco mi voz de nuevo.