Buenos dias...!

Oyoyoy, cuanta animadversión veo que os despierta Bella... uhmmm, mucha más que Edward por lo visto. Bueno, tanto ella como él tienen su manera de ver las cosas y de afrontarlas... aunque muchas veces no sean las idóneas.

Nuevo capi con los primeros pasos de Bella en su busqueda de Jacob... ;)

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19 ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 17

Cuando desperté aquella mañana me sorprendió encontrarme tan despejada, que no me doliera apenas nada y que mi mente estuviera tan lúcida cuando tendría que haber enloquecido por completo. Levanté las persianas y abrí las cortinas dejando que la luz entrara a raudales por los cristales. Ya había pasado lo peor, lo traumático, lo doloroso. Ahora tocaba ponerse las pilas y seguir adelante con mi plan, encontrar a Jacob. Pero primero necesitaba recomponer mi desolador aspecto y aliviar el hambre devastadora que sentía en el estómago. Opté por empezar por lo segundo, el hambre era más urgente.

Me acerqué a la cocina y abrí la nevera quedando desolada por lo que vi en ella, un par de tomates podridos y una botella de leche empezada que seguramente estaría en mal estado, esas eran mis reservas. Lógico y normal, llevaba mucho tiempo sin vivir allí. La opción alternativa la encontré en un armario de la cocina. Un poco de pasta cocida y una lata de alguna salsa con tomate era perfecto para saciar mi apetito, más tarde iría a comprar lo necesario.

Cuando hube comido me dirigí al baño y me quedé paralizada ante el espejo, estaba pálida como la muerte y unas tremendas ojeras descansaban bajo mis hundidos ojos. El pelo era un enredo enorme y había adelgazado tanto que me costó reconocer mi silueta en el espejo. Pensé que este era el precio que tenía que pagar por ser tan rematadamente cabezota, me lo tenía merecido. Me metí en la ducha y dejé que el agua recompusiera un poco mi aspecto, relajándome y agradeciendo el no tener ningún dolor demasiado insoportable.

Una vez que estuve cómoda sobre la cama cogí la mochila donde había metido lo que encontré en la cabaña de Jacob y lo vacié encima de mis piernas dobladas. Estaban las fotos, el gran sobre que encontré en el cajón del dormitorio y los papeles de la nevera, empecé a mirar estos. No resultaron muy reveladores, eran listas de la compra, notitas de Alma pidiéndole que hiciera esto o aquello y varios números de teléfono. Uno de un tal Sam y otro de algún familiar pues ponía Tío Harry, y un par de números mas pero sin nombres asociados. Eso era un comienzo, ellos podrían saber de su paradero.

El sobre grande contenía unas solicitudes de acceso a varias universidades todas sin rellenar, varios informes médicos, por lo visto hacía varios meses que Jacob estaba sufriendo de fiebres altas, extrañas convulsiones y raros cambios fisiológicos, como alteraciones de peso y estatura, a los que los médicos no habían encontrado una explicación científica. Según los médicos todo era normal y no relacionaban los síntomas con ningún tipo de enfermedad, estaba sano y fuerte como una roca. En el sobre también había un viejo cuaderno que cuando lo abrí me quedé con la boca abierta por la sorpresa.

Era una especie de diario, no como el que solemos hacer las chicas en época adolescente, pero sin duda muy parecido. Era bastante caótico pues se mezclaban dibujos y comentarios, letras de canciones y trozos de revistas, pero sobre todo había párrafos que describían sus sensaciones durante los periodos de enfermedad. Lo mal que se sentía, las pesadillas que había tenido, lo cansado que se encontraba. Desde luego Jacob parecía de todo menos enfermo, rebosaba salud y fortaleza por cada poro de su piel. Unas páginas después dejó de escribir sobre el tema radicalmente zanjándolo con un simple comentario "Ahora todo encaja"

Pero lo que más me sorprendió fue encontrar entre las páginas una foto nuestra, la que había tomado mientras estábamos tumbados en el claro con las cabezas juntas y que yo había echado en falta colgada de la nevera. La tenía en su diario, entre sus cosas, rodeada por sus palabras. Me sentí extraña, recordé cuando me había dicho que me quería y la decepción que reflejaron sus ojos cuando le rechacé. Leí las frases que acompañaban a la foto, mi nombre estaba en casi todas ellas mezclado con simpatía, afinidad, diversión, esperanza, protección, amor, necesidad, celos, deseo… los sentimientos más íntimos de Jacob. Cerré el cuaderno rápidamente, aunque no pude evitar leerlo me sentía como si estuviera violando su intimidad y me odié por haberlo hecho. Era una cosa que yo jamás podría haber perdonado si el cuaderno hubiera sido mío y lo hubiera leído alguien que no fuera yo. Me juré a mi misma que nunca más y bajo ninguna circunstancia volvería a abrirlo.

Unos teléfonos eran mejor que nada, empezaría por llamar a su tío, pensé que seguramente la familia estaría mejor enterada de su paradero. Me acerqué al escritorio, descolgué el auricular y marqué el número pensando en lo iba a decir durante la conversación. Después de varios tonos descolgaron y una voz masculina me contesto.

- ¿Si?

- Hola, buenas tardes, mi nombre es Bella, soy una amiga de Jacob…

- Hola ¿en qué puedo ayudarte?

- Verá, necesito localizarle y quería saber si usted podría facilitarme su dirección.

- Bueno, Jacob está pasando unos días en casa de su tía antes de ingresar en la universidad.

- Lo sé, nos conocimos allí. El caso es que tuvo que marcharse repentinamente y no pude… bueno, despedirme ni darle mis señas.

- ¿Qué se marchó dices? – la voz al otro lado del teléfono sonaba muy sorprendida – si aún le faltaban varios días para ingresar en el colegio mayor, que raro…

- Si - dije intentando aparentar normalidad – el caso que es tengo varias cosas suyas y me gustaría devolvérselas, ¿sabe donde o como puedo contactar con él?

- Bueno, puedes llamarle al móvil - su preocupación aumentaba por momentos – hablaré con alguno de sus amigos para ver si saben algo.

- El caso es que no tengo su número - intenté normalizar la voz – si fuera tan amable de facilitármelo.

- ¿Cómo has dicho que te llamas? – dijo con un tono de perspicacia en la voz.

- Bella, me llamo Bella Swan – como no quería que me tomara por una desconocida ni nada parecido decidí darle un poco mas de información – supongo que usted será su tío Harry, Jacob me ha hablado de usted. El y yo nos conocimos en casa de los Cullen, su tía Alma nos presentó y le he preguntado a ella pero tampoco tiene el teléfono de Jacob. Se dejó olvidados unos informes médicos y varias cosas personales que me gustaría devolverle, por si los necesita.

Casi todo era mentira pero necesitaba que aquel hombre no desconfiara de mí. Se quedó callado como sopesando la información que acababa de darle y después de decidir que estaba diciendo la verdad accedió a que intercambiáramos los teléfonos.

- Si, soy su tío, mira Bella intentaré averiguar que es lo que le ha pasado, aunque lo mas seguro es que esté por ahí haciendo el cabra - dijo pareciendo de pronto muy nervioso - los adolescentes es lo que tienen… Apunta el número.

- Muchas gracias - dije cuando el último número estuvo escrito - Si lo localiza ¿sería tan amable de decirle que me llame? Necesito hablar con él.

- Claro, se lo diré. Gracias y adiós.

La confusión y el nerviosismo de su voz fue palpable, estaba preocupado por Jacob. No pensé en que llamar a los familiares también iba a preocuparles tanto como a mí, pero tarde o temprano se enterarían de su desaparición. Cogí mi bolso y saqué el móvil, conectándolo al cargador y dándole al botón de encendido, parecía que habían pasado siglos desde la última vez que lo usé.

Marqué el número de móvil que me había dado el tío de Jacob, estaba tan nerviosa que las manos me temblaron cuando escuché los tonos del teléfono. Daba señal pero nadie descolgó, después de interminables pitidos decidí intentarlo mas tarde. Lo que si hice fue mandarle un mensaje de texto diciéndole que era yo y que se pusiera en contacto conmigo lo antes posible.

Decidí vestirme y salir a comprar para abastecer la nevera, volvía a tener hambre y aunque devoré los bocadillos que Alma me había preparado para el viaje, casi duros como piedras, a mi estómago no le parecieron suficientes. Así también me despejaría un poco la mente y volvería a tomar contacto con la dolorosa realidad de volver a lo que era mi vida antes de conocer a Edward. Evocar su recuerdo hizo que el nudo de mi garganta volviera a formarse, pero no podía pensar en él ahora, lo aparté de mi mente y salí a la calle.

La ciudad se me antojó extraña, demasiado ruidosa, poco cálida en comparación con mi anterior residencia, donde todo era verde allá donde miraras y la tranquilidad te dejaba escuchar tus propios pensamientos. Tendría que acostumbrarme de nuevo a esto. Entré en la tienda de ultramarinos donde solía hacer la compra antes y respondí con una sonrisa a los comentarios del dependiente dándome la bienvenida de las vacaciones ¿Dónde había estado?, ¿en la playa, tal vez?, ¿lo había pasado bien? Por supuesto, todo perfecto. Le dejé que pensara eso, no iba a contarle que mis "vacaciones" habían sido algo más moviditas y aunque lo contara tampoco nadie iba a creerse ni una palabra de lo que dijera.

Una vez hube colocado toda la compra y haber calmado mi apetito con una frugal cena volví a la habitación. Vi el ordenador en el escritorio y lo encendí pensando en echarle una ojeada al correo electrónico, habían pasado siglos desde la última vez que lo abrí. Mientras arrancaba decidí llamar con el móvil al otro número de teléfono que estaba identificado, el de Sam. Dieron varios tonos pero igual que sucedió cuando llamé a Jacob nadie contestó. Le di a la rellamada y volví a esperar pero siguió sin descolgar nadie. Lo volvería a intentar mas tarde o quizás por la mañana.

Eliminé todo el correo basura que tenia en la bandeja de entrada, leí los pocos mensajes que mis amigos me habían enviado después de que Edward les escribiera con la mentira de que me marchaba del país. Todos me pedían que les mantuviera informados si decidía regresar y que me cuidara mucho. Me dieron ganas de escribirles y decirles que había vuelto, pero necesitaba estar centrada en mi tarea y volver a conectar con ellos me hubiera impedido realizarla sin interrupciones. Mejor esperar a ver como resultaban los acontecimientos, aún conservaba la esperanza de que Edward me volviera a aceptar una vez se hubiera resuelto todo.

Ya en la cama preparada para dormir volví a probar suerte llamando a Jacob, pero seguía sin recibir respuesta. Le mandé otro mensaje diciéndole que estaba muy preocupada y pidiéndole que me llamara fuera la hora que fuera. Miré la agenda del teléfono buscando un número que sabía que no tenía pero buscándolo de todos modos, ningún número en la E.

Estando sola en la fría cama empecé a echarle de menos, faltaba su cuerpo a mi lado, sus manos acariciando mi piel, sus labios sobre mi boca… volvió a dolerme terriblemente el pecho al recordar nuestros encuentros, necesitaba olerle, mirarle, sentirle. Antes de volver a caer en el pozo de mi negrura interior decidí que un par de pastillas podrían ayudarme a desconectar la cabeza y dormir tranquilamente.

Eran casi las tres de la madrugada cuando me despertó el sonido del móvil, alguien me estaba llamando. Rápidamente me incorporé en la cama y con el corazón a punto de salirme por la boca contesté:

- ¿¡Diga!

Esperaba ansiosa una contestación pero no se oía nada al otro lado, solo silencio.

- ¿Hola? Soy Bella… ¿Quién llama? – más interminable silencio – contesta por dios…

Aguardé lo que me parecieron años mientras esperaba escuchar algo al otro lado de la línea, pero no oí absolutamente nada. Los nervios se me agarraron al estomago y casi al borde de la desesperación me atreví a preguntar:

- ¿Eres tú… Jacob?

La llamada se cortó repentinamente dejándome al borde del ataque cardiaco. No identifiqué el número pero lo que si era seguro es que alguien escuchaba al otro lado. El corazón me dio un vuelco cuando caí en que no era el móvil de Jacob, era otro diferente. Dios mío ¿podría haber sido Edward el que llamaba? Quien si no me llamaría a las tantas de la madrugada. Me llevé las manos a la boca horrorizada por lo que acababa de suceder, por la oportunidad que acababa de perder, me sentí como una completa estúpida. Edward me había llamado y no se me ocurrió otra cosa que pensar que era Jacob. Maldita sea. Le di al botón de rellamada rezando para que descolgara, pero no lo hizo.

Desde luego la suerte se ponía en mi contra una vez mas, desde que Jacob apareciera en nuestras vidas mi relación con Edward había sido un sinfín de despropósitos. Recelos y desconfianzas por su parte, testarudez y cabezonería por la mía. No podía creer lo que me estaba ocurriendo y todo era por mi culpa, no podía hacer a Jacob responsable de nada, yo me lo había buscado, pero fui incapaz de pararlo pues tenía una razón muy poderosa para hacer lo que estaba haciendo, él me había salvado la vida y como mínimo yo le debía la misma preocupación por la suya.

Las lágrimas me caían profusamente cuando intenté volver quedarme dormida mientras sus ultimas palabras me rondaban por la mente… no te molestes en volver… no te molestes en volver