Buenos dias de domingo...!

Perdonar las no menciones de ayer, pero llegué destrozada de la cena de navidad de la empresa y actualizé desde el telefono...

Os dejo nueva actu y una vez mas pido paciencia, que todo llegará en su momento ;D

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak . ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 20

El lugar era impresionante, el pequeño pueblo donde se encontraba la reserva era un verdadero paraíso en la tierra, rodeado de verdes colinas y frondosos bosques. El idílico sitio en el que a todos nos encantaría poder terminar nuestros días. Ninguna casa se salía de la línea rural del pueblo, todo era armónico y encajaba a la perfección. Aparqué el coche cerca de un hostal que encontré en la calle principal del pueblo, necesitaba descansar después de tan largo viaje y una ducha y algo de comer era lo que mas necesitaba en ese momento. Pedí una habitación al amable señor que regentaba el hostal mientras me miraba con cara de curiosidad. Tenía la impresión de que no estaban muy acostumbrados a recibir visitas de turistas solitarias pues casi no apartaba los ojos de mí.

- ¿Estará muchos días con nosotros? – preguntó el hombre mientras me daba la llave de mi habitación.

- Bueno, no sabría decirle. Quizás un par de días.

- No es corriente ver a turistas en esta época del año, y no digo que usted tenga pinta de turista, pero se nota que no es de por aquí.

- No he venido por turismo – dije mientras cogía mi maleta y me encaminaba a las escaleras – aunque espero que me de tiempo a conocer los alrededores.

- Si quiere que le diga qué visitar no dude en preguntarme, aunque no es la mejor época por el frío, pero estoy seguro que le encantará. Pero no quiero entretenerla, seguro que estará deseando descansar, que pase una buena noche.

- Lo mismo digo y muchas gracias.

El hombre me despertó una rápida simpatía hacia él, desde luego sabían como hacerte sentir bien recibida. Le di las gracias y me apresuré a subir y tomarme un merecido descanso. La habitación era de lo más sencilla, apenas una simple cama y una mesa con una silla, nada de tele ni aire acondicionado, aunque con el frío que hacía no iba a echarlo de menos. Las largas horas al volante habían hecho que se me agarrotaran los músculos del cuello y los brazos así que empecé por una relajante ducha bien caliente. Casi inmediatamente después de ponerme el pijama y tumbarme en la cama empecé a quedarme dormida. Apenas había oscurecido pero era muy tarde para empezar a explorar el lugar, lo mejor sería esperar al día siguiente. Así que me encogí bajo las mantas y me quedé profundamente dormida.

Esa noche tuve un sueño muy extraño, casi podía olerle, ese olor a naturaleza que siempre le acompañaba y que podría haber reconocido en cualquier parte, y sus dedos, recorriendo mi espalda, rozando mis labios. Edward estaba conmigo en la cama, acariciándome la espalda mientras me susurraba al oído que me echaba de menos, que volviera a su lado, que me quería. Alcé una mano para poder tocarle pero ésta atravesó su figura como si estuviera hecha de aire. Pero olía tan bien. Cuando abrí los ojos ya era por la mañana, recorrí el cuarto buscándole ¿había estado allí? Claro que no, solo había sido un sueño, pero tan real que aún podía notar en mi nariz el olor a bosque y a tierra mojada. Me asomé a la ventana y vi que estaba lloviendo, de ahí que en la habitación oliera a lluvia. Decepcionante. ¿Estaba empezando a tener alucinaciones? Esperé a que el latido de mi corazón se calmara y después de vestirme y ponerme la mochila al hombro bajé a desayunar.

Me atendió el mismo hombre que había la noche anterior y dándole las gracias por el sabroso café que me ofrecía me senté en una silla cerca de donde él estaba.

- Tienen ustedes un pueblo encantador – dije regalándole una de mis mas sinceras sonrisas - ¿lleva mucho tiempo viviendo aquí?

- Bastante, nací aquí hace ya más de 50 años. Pero deja de llamarme de usted, ¡aunque soy viejo tengo el espíritu joven! - y extendiendo su mano hacia mi me dijo - Me llamo Bob, un placer conocerte Isabella.

- Lo mismo digo Bob – dije mirándole extrañada pero recibiendo la mano del hombre y estrechándola con la mía - ¿sabes mi nombre?

- Escribí tu ficha anoche cuando llegaste, ¿recuerdas?

- Ah, es cierto. Entonces te diré que prefiero que me llamen Bella, es mas sencillo.

- Bella entonces – dijo con una sonrisa en los labios - ¿sabes ya lo que vas a hacer hoy? Puedo recomendarte varios sitios que visitar.

- Bueno, estoy buscando a un amigo que vive por aquí, en La Push para ser exactos.

- ¿En La Push? Entonces estás de suerte… yo vivo en la reserva y conozco a todas las familias que viven allí ¿Cómo se llama tu amigo?

- Jacob, Jacob Black – dije sin apartar los ojos de la cara del hombre esperando alguna reacción al nombre– ¿le conoces?

- Jacob, si claro, es amigo de mi hijo. Pero, no sé, creo que está de viaje o algo así ¿hace mucho que os conocéis?

- No mucho pero somos buenos amigos. Su tía Alma nos presento hace algún tiempo.

- ¿Alma? La recuerdo bien, vaya mujer mas peculiar, hace poco que estuvo por aquí pero creo que vivía fuera ¿no se llevó a Jacob con ella una temporada?

- Si, nos conocimos en casa de los…. – me mordí el labio antes de pronunciar el apellido evitando descubrir información que no debía - de unos amigos comunes. Jacob estaba allí con ella pero tuvo que marcharse repentinamente, por eso he venido a verle.

- ¿Entonces Jacob ha regresado? No lo sabía y mira que yo suelo enterarme de esas cosas…

- No estoy segura de si está aquí, conseguí la dirección y quise venir a comprobar si había vuelto a casa y si se encontraba bien. Pero no quiero que te preocupes por mi culpa.

- Es un muchacho bastante fuerte, no creo que debas preocuparte por él, últimamente estaba haciendo mucho ejercicio, había crecido sorprendentemente y sabe cuidarse. Estará perfectamente.

- ¿Sabrías indicarme como llegar a La Push?

- Es muy fácil, si vas en coche tienes que dar mas rodeo pero si vas andando puedes coger el camino que hay ahí enfrente y te dejará directamente el la playa. Cuando estés en ella gira a la derecha y llegarás a la reserva, no tiene pérdida.

- Iré andando entonces, me vendrá bien caminar un poco. Muchas gracias Bob, el café estaba delicioso.- y diciendo esto salí del establecimiento cubriéndome la cabeza con la capucha de la chaqueta.

Una vez estuve fuera empecé a caminar por el sendero que Bob me había indicado mientras él, viéndome caminar a lo lejos, tamborileaba sus dedos sobre el mostrador, cogía el teléfono y marcaba un número apresuradamente.

De camino a la playa iba pensando en como iban a reaccionar los familiares y amigos de Jacob cuando me vieran aparecer. Desde luego no iba a ser bien recibida, ya me dejaron claro por teléfono que no querían saber nada de mí. Se llevarían una buena sorpresa cuando me vieran y ya sería demasiado tarde para hacerme dar la vuelta por donde había venido, no les quedaría mas remedio que escucharme,pero ¿qué iba a decirles? ¿Me darían la oportunidad de explicarme o me echarían de allí a patadas? Solo había una manera de averiguarlo.

Ya casi había llegado a la playa cuando de pronto tuve una extraña sensación. Algo sonó a mi espalda, alguien estaba siguiéndome. Reduje un poco el paso intentando escuchar algún sonido pero solo escuché el ruido de mis propios pasos. Serían imaginaciones mías, esa mañana estaba especialmente sensible. Pero la sensación no desaparecía, me hizo recordar la sensación que tuve aquel lejano día en el parque cuando Edward…

¡!...

Me giré rápidamente buscándole entre los arboles, detrás de los arbustos, pero no vi nada de nada. El corazón me daba golpetazos como loco en el pecho. Era imposible, Edward no estaba allí, no podía haberme seguido. Mi mente me estaba gastando de nuevo una pesada broma.

Me obligué a seguir mi camino, el agua empezaba a caer con fuerza y necesitaba refugiarme en algún lado. Lo hice bajo el alero de una caseta de información a turistas que se encontraba al final del camino. La playa era digna de ver, en verano debía ser preciosa pero en esta época del año la arena blanca y el agua tan negra hacían que se te pusieran los pelos de punta solo el hecho de pensar en darse un baño. Las nubes de tormenta se cernían sobre ella dándole un aspecto muy siniestro, demasiado.

Unos minutos después la lluvia empezó a suavizarse lo suficiente como para que pudiera continuar mi camino. Las primeras casas de la reserva estaban ya ante mis ojos cuando empecé a caminar dejando la playa. Las casitas de madera me hicieron pensar automáticamente en la cabaña donde Jacob se instaló en casa de los Cullen. Desde luego se tuvo que sentir como en su propia casa hasta que… bueno, intenté dejar de pensar en ello.

Allí las calles no tenían nombres ni las casas estaban marcadas con números ¿Cómo encontrar la de Jacob? Tendría que preguntar para averiguarlo. Una señora que paseaba por la zona se me quedó mirando al descubrir que me hallaba bastante desorientada, amablemente me preguntó si podía ayudarme y no dudé en pedirle que me indicara cual era la casa de los Black. Según la mujer era la tercera casa pasado el cruce y dándole las gracias me encaminé hacia donde me indicó.

Estando a pocos metros de la casa los nervios volvieron a hacerse notar ¿Qué pasaría cuando me vieran? ¿Estaría Jacob dispuesto a verme? Tenía que centrarme y actuar con decisión, si me veían titubear no dudarían en echarme de allí a empujones. Hice el acopio de todo el valor y la determinación que fui capaz de reunir y llamé con los nudillos a la puerta. Un instante después se abrió la puerta y un hombre en silla de ruedas se me quedó mirando sin parecer sorprendido.

- Hola, mi nombre es Bella. Estoy buscando a Jacob - dije mirándole con la mirada mas dura que mis ojos pudieron expresar.

- Hola Bella, pasa por favor - dijo tranquilamente sin ningún tipo de enfado en su voz - Jacob ha salido pero no creo que tarde en volver.

Me quedé tan perpleja por el recibimiento que no fui capaz de moverme del sitio. Yo me había preparado para furia desatada y gritos ensordecedores y escuchar suaves palabras y un cálido recibimiento me hizo pensar que a lo mejor el buen hombre no sabía nada de lo ocurrido. Pero eso no era posible, su propio tío estaba al tanto de todo. Este hombre tenía que saber lo que había ocurrido.

- ¿Vas a pasar o te saco la silla al porche? – dijo sacándome de mi ensimismamiento

- Perdón. Claro que paso, muchas gracias – dije sin saber que podía esperar de aquel hombre – discúlpeme, pero no esperaba el recibimiento, yo…

- Lo sé, siéntate por favor. Me llamo Billy, soy el padre de Jacob. Y tutéame, creo que las formalidades pueden quedarse fuera entre nosotros.

- Por supuesto , gracias Billy.

- No voy a preguntarte que estás haciendo aquí porque eso es evidente, pero sería mejor para todos que te fueras por donde has venido.

- No pienso marcharme sin ver a Jacob – dije tajantemente – cuanto antes lo vea antes se desharán de mi.

- Estaba seguro de que dirías algo así - y soltando un suspiro de resignación continuó - pero tenía que intentarlo.

- ¿Sabe él que estoy aquí? – dije intentando averiguar la expresión de su rostro – tu no pareces muy sorprendido por mi visita.

- Todos sabíamos que tarde o temprano aparecerías pero Jacob no sabe que estás ahora aquí, no quisimos decirle nada esperando que decidieras marcharte por donde habías venido.

- Le llamé al móvil varias veces…

- Su teléfono misteriosamente se, extravió, pero seguro que aparece pronto…

- ¿Jacob se encuentra bien? ¿está muy mal herido?

- Veo que no te andas por las ramas. Ha estado muy mal, no te lo puedo negar pero ya está casi recuperado. Doy por supuesto que sabes lo que le ha pasado.

- Lo sé, aunque creo que no todo - dije sin poder aguantar la mirada del hombre teniéndola que bajar hasta mis zapatos – y es todo culpa mía, créame que yo no quería que ocurriera nada de lo que ha pasado.

- Dime qué es lo que sabes exactamente - me dijo mientras sus ojos se entornaban estudiándome.

- Preferiría hablarlo directamente con Jacob primero – dije pensando en si lo que el hombre quería era sacarme información – si no le importa…

- ¿No te fías de mí? – dijo pareciendo molesto por mi discreción.

- No tengo porqué fiarme de usted, no le conozco – dije volviendo a tratarle de usted y poniéndome en guardia – he venido a hablar con Jacob y las explicaciones que tenga que dar solo se las daré a él.

- Jacob ya me lo ha contado todo - dijo levantando una ceja con un aire de arrogancia que me resultó familiar por habérselo visto hacer a Jacob en alguna ocasión – no creo que le importe que tu y yo hablemos de ello.

- Si ya se lo ha contado él es del todo innecesario que escuche lo mismo de mi boca – dije cruzando los brazos delante del pecho y decidida a no dejar que ese hombre me tomara por estúpida – y no utilice conmigo sus tejemanejes porque no voy a entrar en su juego. No soy ninguna niñita, lo que tengo que decir solo le incumbe a Jacob.

- Vale, vale ¡ufff! - dijo mirándome con una sonrisa en los labios y sorpresa en la mirada – ya me había dicho que eras dura, creía que me tomaba el pelo pero ya veo que no, que eres de las peleonas… Jajajajaja.

- No le veo la gracia - empezaba a ponerme nerviosa por la extraña conversación que estábamos manteniendo y pensé que lo mejor sería esperar a Jacob fuera de la casa – si no le importa esperaré a Jacob fuera.

- Espera, Bella. Siento haberte avasallado así pero necesito saber el grado de confianza que tienes con Jacob. Lo que tenemos entre manos es un tema demasiado serio como para tomarlo a la ligera.

- Precisamente porque es muy serio no pienso comentarlo con Usted y ahora si me disculpa.

En ese momento la puerta se abrió y cinco muchachos como cinco armarios roperos entraron en la casa ocupando casi todo el espacio del pequeño salón… Jacob estaba entre ellos. Entraban charlando animadamente y cuando repararon en mi presencia se frenaron en seco chocando unos con otros, a pesar de que Jacob iba el último pude oírle perfectamente.

- Vamos moveros, quitaos del medio - y abriéndose paso entre sus amigos levantó la mirada y me vio – ¿¡ Bella!

Apartó a empujones a los demás y se acercó despacio a mí mirándome como si lo que tuviera delante fuera un espejismo o una visión. Sus ojos me recorrieron el cuerpo de arriba a abajo como si necesitara comprobar que realmente era yo la que estaba de pié frente a él. Pude ver las marcas de los golpes que aún tenía en la cara, tenía un corte en la ceja que aún se veía muy doloroso e hinchado. Me mordí el labio intentando contener las lágrimas que se amontonaban en mis ojos, no quería que toda aquella gente extraña me viera llorar. No podía hablar, me quedé mirándole y levantando una mano le acaricié levemente cerca de la ceja que las manos de Edward le habían destrozado. Rogué al cielo para que mi voz no sonara rota.

- Hola Jacob.

Me dio la impresión de que su cuerpo había aumentado su volumen desde la última vez que nos vimos. Me sentía muy pequeña a su lado. Me agarró la mano con la que le acaricié y nos quedamos mirando intentando cerciorarnos de que estábamos bien tanto el uno como el otro. Mientras el resto nos miraban como espectadores, Billy sonreía y de los cuatro amigos de Jacob solo uno no lo hacía y me miraba como si fuera un insecto al que le gustaría aplastar. Me pregunté si sería Sam. Nadie hablaba. Dos segundos después Jacob me agarró de la mano y me llevó hacia su habitación. Sam iba a poner objeciones a este hecho pero Jacob zanjó el tema levantando una mano en dirección a Sam e indicándole con ese gesto que no se entrometiera. Entramos en el cuarto y Jacob cerró la puerta dejando al sonriente grupo atrás.