Buenos dias de lunes... poca cosa que contaros hoy. Asi que no contaré nada... al fin y al cabo estais aqui para leer la historia y no las gilipolleces de la escritora.

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 21

Una vez que estuvimos solos pude dejar que las lágrimas desbordaran mis ojos. Rompí a llorar en sollozos, algo que sin duda Jacob no esperaba pues corrió a sostenerme temiendo que perdiera las pocas fuerzas que tenían mis temblorosas piernas. Me llevo hasta el borde de la cama y me sentó en su regazo, mientras me abrazaba intentando consolarme y esperando que me calmara. Le abracé con fuerza, agradecida de tenerle cerca y comprobando que realmente había crecido mucho físicamente. Estaba tan cerca de su duro pecho que no tuve problemas para oír su calmada respiración y a pesar de mis sollozos también pude escuchar los latidos de su acompasado corazón.

Cuando conseguí recomponerme alcé los ojos para mirarle a la cara y me sorprendió verle una leve sonrisa en la boca. Estaba tranquilo, relajado, parecía feliz consigo mismo… o con la situación.

- Lo siento Jacob, todo lo que ha pasado, de verdad. Siento que hayas tenido que pasar por un infierno por mi culpa

- Hace tiempo te dije que no te disculparas por nadie, cada cual tiene que asumir sus propios actos y las consecuencias que acarrean.

- Pero todo esto es por mi culpa, yo soy la causante de que casi acabes muerto.

- Eh, eh… para el carro mujer, si vas a fustigarte o algo así dímelo, que no quiero que tu sangre me salpique.

- Jacob - dije confundida ¿Qué no quería mancharse? ¿Qué demonios estaba diciendo? – sigo siendo yo.

- Lo sé, créeme que si fuera de otra mañanera no estarías aquí ahora y por eso estoy contento. Estaba muy preocupado por ti, me alegra que hayas venido.

- Soy yo la que casi me muero de la preocupación. Tienes que contarme lo que pasó en la cabaña cuando… cuando él fue a verte.

- Bella, hay cosas que tú no tienes por qué saber.

- No, por favor. Tú también no. – me separé y me puse de pié frente a él con los brazos cruzados delante del pecho – solo me faltaba que tú me trataras igual que ellos.

- ¿No te lo ha contado? – dijo mirándome extrañado – ¿entonces qué haces aquí?

- ¿Tú que crees que estoy haciendo? – dije intentando encontrarle sentido a su pregunta – Él no me quiso contar nada, nunca me cuenta nada. Mira, esto es un lio horroroso, te contaré lo que yo sé y luego tú me rellenas los espacios vacios, porque te juro que estoy al borde de la locura ¿lo harás?

- Lo haré – dijo mientras su expresión se volvía seria de repente – lo prometo.

- De acuerdo. – inspiré profundamente disponiéndome a soltar todo lo que tenia dentro – Edward nos vio besarnos, en el bosque. No debió quedarse hasta el final pues cuando llegué a la casa estaba como loco. Discutimos y me encerró en el dormitorio pero no sin antes decirme que iba a ir a por ti. Intenté detenerle y contarle lo que ocurrió pero no quiso escucharme – el nudo de la garganta volvía con fuerza – Cuando volvió y me dijo que, bueno, que os habíais enfrentado y que te habías escapado muy malherido. Volvimos a discutir y decidí que tenía que cerciorarme por mi misma que te encontrabas bien. Por eso he venido, en una ocasión me hiciste prometer que si algo malo ocurría vendría a buscarte.

- Pero Bella, yo me refería a ti, si algo malo te ocurría a ti. Yo… yo sé cuidarme solo.

- Dime lo que ocurrió en la cabaña.

- Bella - dijo mientras negaba con la cabeza – hay cosas que tú…

- Mira vamos a zanjar una cuestión que creo que es el problema por el cual no quieres hablarme claro - dije mirándole dura y directamente a los ojos y viendo como mis palabras le dejaban completamente boquiabierto - sé que eres un licántropo y sé que sabes lo que son los Cullen, vampiros. Ahora que esto ha quedado aclarado y ambos sabemos de lo estamos hablando cumple tu promesa y dime lo que ocurrió en la cabaña.

- Dios del cielo ¿Cómo puedes ser tan condenadamente dura?

- Porque me obligáis a serlo. Me he pasado toda la vida valiéndome por mi misma, sin nadie que velara por mi – dije sabiendo que esto no era del todo cierto, Edward si que veló por mi sin yo saberlo – y de repente os da a todos por protegerme como si fuera una mocosa ignorante de los peligros de la vida. Estoy harta de toda esta mierda, nadie me cuenta nada, nadie me tiene en cuenta ni a mi ni a mis sentimientos. Pues eso se ha acabado. Dime lo que quiero saber.

- Pero si él no te lo dijo – dijo bajando la mirada como si se avergonzara de que yo lo supiera - ¿como sabes lo que yo soy?

- Me lo dijo Alice cuando vino a verme a mi apartamento. Tuve que emplearme a fondo para sonsacárselo.

- ¿Has dejado la casa de los Cullen? – dijo mirándome con cara de sorpresa y pude entrever una chispa de esperanza en sus negros ojos cuando me preguntó - ¿le has dejado a él?

- Dejé la casa de los Cullen en cuanto pude verme libre de mi encierro, necesitaba comprobar que estabas vivo, que estabas bien.

- Respóndeme Bella ¿Has dejado a Edward?

- Bueno… si y no. No lo sé, es complicado. Discutimos y… él no quería… - no podía contárselo, no sin terminar derrumbándome del todo – no puedo hablar de eso ahora Jacob. Dime lo que quiero saber, no te lo preguntaré otra vez. Dímelo.

- De acuerdo, te lo contaré. Cuando te marchaste aquel día, el día que nos besamos – dijo ruborizándose un poco pero volviendo rápidamente a concentrarse en la historia – empecé a encontrarme mal. Tenía sudores y escalofríos por todo el cuerpo, mi cabeza parecía una olla exprés a punto de explotar y la misma sensación de algo malo estaba a punto de ocurrirte. Pero no eras tú la que estaba en peligro, era yo, aunque aun no lo sabia…

Me fui a la cabaña y me di una ducha fría, esperando que la fiebre me bajara pero no conseguí nada. Poniéndome una toalla alrededor de la cintura me tumbé en la cama, de pronto unos temblores descontrolados me invadieron el cuerpo. Algo iba mal, muy mal, podía notarlo. Instintivamente agarré mi bolsa y metí algo de ropa en ella, tenía que estar preparado por si algo ocurría, cuando me iba hacia la cocina para recoger algunas cosas que tenía allí, vi que la puerta de la cabaña estaba abierta de par en par y a Edward en medio del salón, mirándome con los puños apretados. Todas las alarmas de mi mente se dispararon cuando vi como me miraba y fui consciente de porqué estaba allí.

No pude pensar en otra cosa que no fueras tu, mi cuerpo era todo temblores y mi respiración empezó a entrecortarse. Él era el detonante, lo comprendí casi al instante. Mi malestar lo provocaba él con su sola presencia, me vinieron a la mente las historias que mi familia me había contado, las leyendas con las que nos habían educado, todo encajaba, yo sabía que algo en él era peligroso, pero jamás me imagine que podría ser uno de ellos, un chupasangres como los de las historias que nos contaban cuando éramos pequeños, era un vampiro. Antes de poder abrir la boca siquiera, se abalanzó sobre mí agarrándome la cabeza por el pelo con una mano mientras con la otra me aprisionaba el cuello y obligándome a mirarle a los ojos a escasos milímetros de su cara, pude incluso oler la ponzoña en su boca cuando me dijo:

- Ella es mía. Si vuelves a ponerle un dedo encima te arrancaré la piel a tiras.

No sé si fue el olor a ponzoña, o sus palabras, o el contacto de nuestras pieles, pero sentí como el cuerpo de repente se me rompía. Tuve que cerrar los ojos por el insoportable dolor que se apoderó de mi cuerpo. Un rugido se escapo atronador de mi garganta y sentí como mi cuerpo se revolvía entre sus manos liberándome de su fuerte agarre. Cuando volví a abrir los ojos un segundo después de soltarme vi sus ojos abiertos como platos y la expresión sorprendida de su mirada, pero solo fue un segundo, pues al instante siguiente se colocó en posición de ataque y se abalanzó salvajemente sobre mi cuerpo. Solo que mi cuerpo ya no era mi cuerpo, en lugar de manos tenía garras, mi piel estaba totalmente cubierta de pelo y en lo que había sido mi boca ahora había un hocico repleto de afilados colmillos. Me había transformado en lobo.

Cuando cayó sobre mi rodamos por el suelo mientras sus puños me golpeaban por todo el cuerpo, la lucha fue tremenda, pude notar como sus dientes me mordieron en el lomo y me revolví tirándole contra los muebles, las astillas saltaron por todas partes. Pero no pareció dolerle, pues levantándose rápidamente volvió a cargar contra mi. Se lanzó directo a mi cabeza y casi conseguí esquivar su ataque pero su mano me desgarró parte de la pelambrera de la cara y la sangre empezó a manar de mi rostro nublándome la vista. Le bastó un segundo, el que tardé en pestañear para aclarar mi visión, para volver a saltar sobre mí moliéndome a golpes con sus poderosos puños. Empecé a encontrarme débil, la cabeza comenzó a darme vueltas y el estomago se me revolvió al comprender que estaba perdiendo la pelea, que iba a matarme.

De pronto alguien apareció en la puerta de la cabaña, creo que fue el padre aunque no estoy seguro y le lanzó un grito diciéndole que se detuviera. Edward frenó su golpe definitivo mirando hacia la puerta, desviando su atención de mí y dirigiéndola a la persona que nos había interrumpido. Aproveché la circunstancia para hacer acopio de las pocas fuerzas que me quedaban y revolviéndome bajo su peso conseguí liberarme de su cuerpo lanzándolo al suelo. El hombre seguía gritándole que se detuviera, que no continuara. Los observé durante un segundo mientras pude ver como empezaban a llegar más espectadores, las dos mujeres y el otro vampiro. Me sentí acorralado, ahora si que no me iba a librar de morir a manos de cinco vampiros. Miré a mi alrededor y vi la ventana, despejada pero cerrada y no dudé en lanzarme contra ella pensando que sería mejor morir entre cristales que no a manos de aquellos chupasangres. La atravesé y una vez fuera me sorprendió tanto no haber muerto en el intento que empecé a correr y no paré hasta que caí desmayado varias horas después

Me lo quedé mirando intentando aguantar las lágrimas que volvían a asomarse a mis ojos, era una historia horrible. Edward era una bestia inhumana y este relato lo único que hizo fue reafirmarme en mis sospechas de que Edward no tenia corazón ¿Pero por qué no podía dejar de quererle? ¿Por qué me avasallaba el pensamiento una y otra vez? Lo hizo para protegerme, para que no se acercara a mí. Lo hizo porque me quiere ¡Aléjalo! , ¡Olvídale de una vez! Me grite mentalmente a mi misma. La voz de Jacob me sacó de mi debate interior.

- Después recuperé el conocimiento y viéndome tirado en medio del bosque, desnudo y ensangrentado, supe que no iba a llegar muy lejos en esas condiciones. Me arriesgué a volver a la cabaña y cuando comprobé que no estaban en los alrededores entré y después de limpiarme un poco y vestirme, agarré la bolsa y volví a salir disparado. Volví a casa, a mi hogar. Y aquí estoy, parece que han paso siglos desde entonces.

- Todo es por mi culpa, lo siento de verdad Jacob, tenia que haberlo evitado.

- ¿Y cómo pensabas hacerlo? – dijo mirándome con resignación – ¿enfrentándote tú a él? No digas sandeces.

- Alejándome de ti. Si no hubiera fomentado nuestra amistad esto no habría ocurrido. Tendrías que haberme dejado morir ahogada.

- Eso no lo digas ni en broma, conocerte es lo mejor que me ha pasado en la vida y si tuviera la oportunidad de volver al pasado no cambiaría nada de lo que ocurrió. Todo en la vida pasa por algún motivo y el destino quiso que yo te salvara y que me… enamorara y no cambiaría nada porque todo lo ocurrido te ha traído hasta aquí, a mi lado ahora.

- Pero podrías haber muerto.

- No creo que tú tengas nada que ver en eso. He pensado mucho en lo que pasó entre él y yo y te diré lo que realmente pienso. Pienso que Edward fue a avisarme, a advertirme que me mantuviera lejos de ti si no quería terminar despellejado. Pero estoy seguro que no pensaba matarme en ese momento, fue mi transformación en lobo lo que le hizo reaccionar violentamente y, como enemigos de raza que somos, no pudo ignorar su naturaleza. Su instinto de protección hacia ti se disparó. ¿Un hombre lobo rondando a la novia de un vampiro? No digo con esto que los comparta, pero comprendo sus motivos, si yo fuera solo humano con una simple amenaza hubiera bastado, pero siendo un lobo la cosa cambia. Si hubiese sido al contrario, si tú hubieras sido mía yo tampoco habría vacilado en matarle. O al menos intentarlo.

- ¿Pero que manía tenéis todos en hacerme sentir como una propiedad? Mía, tuya, suya ¡que soy una persona, no un florero!

- Vale, vale, tranquila. Lo siento pero es lo que hay, él es un vampiro y yo soy un licántropo - dijo como si eso me lo explicara todo.

- ¡y yo soy virgo! – dije empezándome a enfadar tambien con él por tratarme igual que Edward - ¿Qué narices tiene eso que ver?

- Pues que tanto ellos como nosotros somos muy territoriales. Nosotros imprimamos, y ellos poseen tambien una peculiar forma de marcar lo que es suyo, sentimentalmente hablando. Y tú estas más que marcada por Edward, puedo olerlo desde aquí.

- ¿Qué demonios me estas diciendo? ¿Qué Edward me ha hecho qué?

- Te ha marcado. Debe de haberlo hecho muy recientemente porque apestas.

- ¿Qué apesto? – dije mirándole mal por tan grosero comentario sobre mi persona.

- Si, siento que te duela pero tenía que decírtelo – dijo riéndose a carcajada limpia mientras se tapaba la nariz - apestas una barbaridad.

- Ah ¿si? pues tú hueles a perro muerto – dije esto sin pensar pero cuando caí en lo que había dicho ya era tarde y puse una mano sobre mi boca, me había pasado con el comentario – Upss, lo siento Jacob. No debía haber dicho eso.

Se me quedó mirando con tanta sorpresa que no pude evitar que su expresión me sacara la sonrisa. Intenté ocultarla tras mis manos pero me fue imposible. Al ver como yo contenía la risa él continuó riéndose descontroladamente y acabamos desternillados de risa el uno al lado del otro. Era bueno volver a oír reír a Jacob, era signo de que no le había traumatizado lo ocurrido, que estaba bien y estaba recuperado, o recuperándose. Me daba pena tener que dejarle, realmente le había considerado mi mejor amigo pero sabía que para mantenerle a salvo tendría que alejarme definitivamente de él. La risa se fue borrando poco a poco de mi cara.

- ¿Qué te pasa Bella? – dijo mirándome de pronto muy preocupado - ¿te encuentras bien?

- Si, es solo que, bueno, estas bien y eso es lo que he venido a comprobar. Ahora tengo que marcharme, no quiero darte más problemas.

- ¿Cómo? De eso nada, acabas de llegar – dijo mirándome con ansiedad en los ojos – aún tenemos mucho de qué hablar y muchas cosas que aclarar. No sé lo que a ocurrido entre vosotros, con ellos, con lo que pasó, el por qué estas aquí sola… por favor, Bella… dime que te quedarás unos días.

- Tengo que irme – dije, pero de pronto pensé ¿Dónde iba a marcharme? ¿quien me esperaba? Unos días allí me ayudarían a comprender algunas cosas - no sé si quedarme será lo mas apropiado. tendrías que explicarle muchas cosas a tu familia y no quiero causarte mas problemas.

- No te preocupes por ellos, preocúpate por ti - dijo cogiendo mi mano y apretándola entre las suyas – mírate, estas fatal, pareces deshecha y yo podría cuidarte, hacer que te olvidaras de todo aunque fuera por unos pocos días.

- No empieces con eso de nuevo Jacob, ya sabes lo que siento y eso no va a cambiar nunca.

- Lo sé – dijo apretando la mandíbula hasta que le chirriaron los dientes - créeme que lo sé, pero el aire puro y un poco de tranquilidad no te vendrían nada mal y estando tú aquí seguro que haces que yo me recupere mas rápido. Aún estoy un poco dolorido por los, ya sabes, por los golpes.

Me estaba embaucando para que me quedara, y recordarme los golpes que había recibido era una buena manera de convencerme haciendo que me sintiera responsable. No pude aguantarle la mirada y bajé los ojos al suelo. Me lo merecía por todo lo que le había hecho pasar.

- No quiero que te sientas culpable, ni que te quedes por sentirte responsable– dijo como si hubiera adivinado mis pensamientos – hazlo porque te lo está pidiendo un amigo que lo necesita, que te necesita.

- No sé, Jacob…

- Bella - dijo levantándome la cara con uno de sus dedos y haciendo que le mirara a los ojos - te prometo que dejaré de lado todo el rollo romántico. Prometo ser bueno y no presionarte, no te tocaré ni un pelo si tú no lo deseas. Solo amigos, lo juro, nada más. ¿Lo harás por un amigo?

- Esta bien Jacob, de acuerdo, me quedaré un par de días. Pero como rompas tu promesa y…

- Tranquila, tranquila - dijo levantando las manos y alejándose de mi – nada de romanticismo ni toqueteos, lo he prometido. Pero pienso exigirte lo mismo a ti así que ya lo sabes, nada de ponerte tierna.

- ¡Jacob! – dije medio molesta por el comentario - ¿Cómo puedes pensar que yo? No me he puesto tierna contigo en ningún momento. No sé a que viene ese comentario.

- ¿Qué no? – y señalando la cama con el dedo y mirándome con esa sonrisa tan blanca que tenia me dijo – no hace ni diez minutos que estabas agarrándome desesperadamente en esa cama y bien que te apretabas contra mí, señorita "amo a otro"

Esto era el colmo, no solo se estaba riendo de mi, me estaba haciendo quedar como si fuera yo la que le estaba interesada en él. Respira Bella, respira. Está tomándote el pelo, lo está haciendo a propósito. No lo pude evitar, mi mano voló y acabó estampándose en su cara. El golpe fue fuerte y el sonido fue mas fuerte aún, pero apenas conseguí que volteara a un lado la cara. La mano me estallaba y solté un gritito por el dolor casi automático que me recorrió los dedos.

- ¡Maldita sea! – dije mientras cubría la dolorida mano contra mi pecho – casi me rompes la mano.

- ¿Qué yo casi te la rompo? – dijo mirándome con sorpresa pero sin quitar su sonrisa de la boca – pero si has sido tú... ¿Quién te manda golpearme?

- Te lo has merecido por ese comentario. No estaba poniéndome tierna contigo, necesitaba consuelo.

- Si, si, ya lo he notado - dijo mientras me miraba levantando su orgullosa ceja y sacando pecho – pero quiero que sepas que entiendo que no pudieras resistirte y también quiero que sepas que te perdono.

- Pero bueno ¿a que viene esos aires de grandeza? – estaba empezando a cabrearme de verdad - ¿Te crees el ombligo del mundo por que de repente te hayan salido unos cuantos músculos?

- Unos cuantos no - y quitándose la camiseta dejando al descubierto su asombroso pecho me dijo – muchos músculos. Fíjate ¿No te parece increíble?

Me quedé tan perpleja ante la visión de su torso desnudo que hizo que me ruborizara hasta proporciones insospechadas. Estaba muy orgulloso de su cuerpo y la sonrisa de satisfacción de su cara al ver mi reacción le dio más arrogancia si cabía a su expresión. Dios bendito, el corazón me martilleaba como loco en el pecho, tenía unas ganas locas de volver a golpearle y apreté los puños para contenerme, el dolor de la mano me recordó que otra acción así podría acarrearme mucho más que un poco de dolor. No lo repetiría, pero quise hacerle daño de alguna manera por grosero, por arrogante, por hacerme pasar por aquello. El insulto resultó ser lo que mas me desahogó.

- ¡Eres un asqueroso cerdo arrogante! – dije dejando que las palabras fluyeran solas.

- Bella.

- ¡Eres un vil manipulador! – dije mirándole con todo el desprecio del que fui capaz.

- Bella, espera.

- Eso es lo que tú eres. Y me alegro de haberme enamorado de otro antes que de ti - y diciendo esto abrí la puerta del dormitorio dispuesta a salir de allí.

Todos los amigos de Jacob estaban alineados al rededor de la puerta, esperando en un semicírculo que me cerraba el paso. Me quedé parada y los miré uno a uno a los ojos. ¿Esta sería su manada? Primero rodeada de vampiros y ahora por hombres lobo, genial. No iban a detenerme tan fácilmente.

- Apartaros de mi camino – dije desafiándolos uno a uno.

Todos se quedaron parados sin moverse, me habían oído llorar, después reír y después gritar. Me miraron primero a mí y después a Jacob. Y solo cuando él les autorizó con un suave asentimiento de cabeza, el círculo de hombres se abrió para dejarme salir de allí.