Buenos dias chicas...!
A ver, aclarando dudas diré que Bella NO está embarazada ni lo estará en ningún momento del fic. Y os comento tambien que para saber qué ha sido de Edward sólo hay que saber dónde mirar... o dónde leer.
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
. ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... .
Capitulo 22
Cuando llegué al hostal sólo pensaba en buscar un poco de hielo para ponerme en la mano que me había destrozado. Al verme llegar malherida, Bob se ofreció a ponerme una venda pero lo rechacé alegando que solo había sido un golpe sin importancia, y que con un poco de hielo sería suficiente.
Subí a la habitación con la mano envuelta en un paño con hielo que Bob me había preparado. Me tumbé en la cama pensando en la conversación que había tenido con Jacob. Volver a recordar la descripción de la pelea hizo que se me pusieran los pelos de punta. Edward, un vampiro completamente descontrolado, golpeando a Jacob, un hombre lobo transformándose ante sus ojos hasta hacerle sangrar. Definitivamente horrible. Pero Jacob tenía razón, eran enemigos por naturaleza y Edward reaccionó como debía hacerlo, como su naturaleza le indicaba. El propio Jacob reconocía que él hubiera hecho lo mismo si hubiera sido al contrario. Dios, estaba hecha un lio. Y luego estaba lo de la imprimación lobuna y eso de que los vampiros marcaban. Eso definitivamente necesitaba una explicación.
Bajé a comer ante el insistente rugido de mi estomago, el hielo ya se había desecho y necesitaba un poco mas de ese calmante frío. Bob me miraba curioso pero sin hacer preguntas ante mi cara de contrariedad. Cuando terminé de comer y me disponía a subir de nuevo a mi habitación, sonó mi teléfono móvil.
- Bella, soy Jacob.
- Que te jodan - dije dispuesta a colgar.
- Espera Bella, no me cuelgues. Lo siento de verdad, no quería ofenderte.
- Seguro, eres único para hacerle sentir bien a cualquiera.
- Bella, por favor, lo hice para que reaccionaras, estabas a punto de derrumbarte, necesitaba hacerte reaccionar.
- Curiosa manera de hacerlo, muchas gracias.
- Necesito verte y creo que tienes algo que me pertenece ¿podemos quedar y vernos?
- No pienso volver a tu casa.
- Iré yo a tu habitación…
- Eso ni lo sueñes - dije tajantemente.
- Vale, vale. Quedamos en zona neutral entonces ¿te parece bien en la playa? Cerca de la caseta de turismo, en una hora ¿De acuerdo?
- Ya veremos. Estoy ocupada haciendo el equipaje – dije mintiendo vilmente – no creo que me quede por aquí.
- Bella por favor, ya te he dicho que lo siento. Déjame que me disculpe en persona por favor, si después sigues odiándome podrás irte y no te lo reprocharé.
- Está bien, pero que conste que solo voy para devolverte tus cosas, no vayas a pensar que estoy interesada en ti, otra vez.
- Tranquila seré bueno esta vez, lo prometo. Luego nos vemos.
Bob me miraba sorprendido por mis contestaciones al teléfono. Aún así no preguntó nada y yo no le aclaré nada tampoco. A nadie le interesaban mis asuntos privados. Le di las gracias por la comida y subí a mi habitación a recoger las cosas de Jacob. La mano se me estaba hinchando y me dolía como un demonio, pero gracias a Dios no había llegado a romperme nada. Dejaría el hielo para más tarde, cuando regresara de mi entrevista con Jacob. Cogí el sobre con sus papeles y salí por la puerta.
La tarde había mejorado bastante y aunque el cielo seguía muy nublado por lo menos no llovía. Le ví acercarse desde lejos, con las manos en los bolsillos y mirando al suelo. Cuando llegó donde yo estaba me miró directo a los ojos y me pidió disculpas, vi verdadero arrepentimiento en sus ojos pero había algo más en su mirada que no conseguía descifrar. Después de aceptar sus disculpas nos sentamos en el banco exterior de la cerrada caseta de atención al turista.
- Gracias por venir. Temía que no me dieras la oportunidad.
- Ya te he perdonado. Tema zanjado. Ahora eres tú el que me tienes que decir si podrás perdonarme por todo lo que ha pasado con los Cullen.
- No es culpa tuya Bella, vale que tú has podido ser un acelerador de todo, pero no tienes la culpa de que él sea un vampiro ni yo un licántropo. Tarde o temprano habría ocurrido de todas formas, no podías haberlo evitado, es ley de vida.
- Eso no responde a mi pregunta ¿Me perdonarás?
- Hace siglos que lo hice, no tengo rencor hacia ti. Ni tampoco hacia los Cullen, ni hacia Edward. A él lo único que le tengo es envidia, por que te tiene a ti.
- Jacob.
- Vale, vale, ya me callo. Nada de romanticismo.
- Explícame lo de la imprimación esa ¿Cómo funciona?
- Bueno, es raro de explicar. Los licántropos solo nos emparejamos con alguien a quien hayamos imprimado primero. La imprimación es como el conocimiento de que esa persona es tu media naranja, la parte que te falta y solo existe para ti. Es difícil… cuando te pasa solo tienes ojos para esa persona, es algo muy fuerte, casi mas mental que físico. Estás destinado a pasar la vida con esa persona, como si fuera una parte extra de ti, tu otro yo. No se si me explico, es muy complicado.
- Creo que capto la idea – dije evitando mirarle a los ojos - y tú... ¿estás imprimado con alguien?
- Nooo - dijo de pronto poniendo cara de espanto – y espero que tarde mucho en ocurrirme, no quiero volver a… bueno, no quiero estar enganchado con nadie.
- ¿Enganchado? – dije sin entender muy bien que significaba eso – no querrás decir ¿enamorado?
- La imprimación no tiene por qué estar ligada al amor, al menos al principio. Uno de mis amigos se imprimó cuando ella tenía 5 años y esperará pacientemente que ella crezca. Son inseparables y así seguirán por el resto de sus vidas.
- Vaya es impresionante. Es realmente asombroso.
- Es una carga y un honor el poder llevarla, pero también una necesidad de la especie, para poder seguir siendo lo que somos.
- Y los vampiros ¿hacen ellos algo parecido?
- Más o menos, pero yo no soy experto en esas cosas. Ellos simplemente dejan su olor en la persona que aman para que los demás sepan que es propiedad privada. No es nada vinculante como puede ser la imprimación. La hembra, bueno… la chica, puede no corresponderle o incluso dejarle. Después de unos cuantos días el olor se desvanece, es lo que puedo contarte al respecto.
- Y tú, quiero decir… notas el olor en mí.
- Si. Y antes de que te pongas hecha una furia entiende que para nosotros no es un olor agradable. A ti puede olerte a flores , a especias intensas, a mar o a lo que asocies que huele él, pero para nuestro olfato es como oler algo horrible y desagradablemente asqueroso. Por eso te dije… lo que te dije, no quería ofenderte.
- Vale, ahora lo entiendo - dije pensando en el aroma a tierra mojada que desprendía Edward - pero hace mucho que no estoy cerca de Edward.
- Pues hueles como si te hubiera marcado ayer mismo…
Nos quedamos callados varios minutos pensando cada uno en nuestras cosas. Realmente hacía casi una eternidad que no veía a Edward y me resultaba extraño que aún perdurara su olor en mí. Habían pasado siglos desde aquella fatídica tarde.
Desde luego si lo que decía Jacob era cierto Edward tuvo que dejar toneladas de su olor sobre mí, si después de tanto tiempo todavía podía olerle en mí. Discretamente agarré un mechón de mi pelo y me lo llevé a la nariz.
- ¿Qué tal tu mano? – dijo haciendo que me sobresaltará y soltara rápidamente el pelo entre mis dedos – se ve muy hinchada.
- Duele, la próxima vez te atizaré con un bate de beisbol.
- ¿Has traído mis cosas? ya sabes, lo que dejé olvidado en la cabaña.
- Ah, esto, si, si. Aquí lo tienes – dije tendiéndole el sobre que guardaba en mi chaqueta – no se si está todo pero es lo que encontré. Tambien metí las fotos que tenías en la nevera.
- Gracias, creía que lo había perdido para siempre – sacó del sobre su viejo cuaderno y paso su mano sobre el lomo de la portada – esto es muy importante para mi.
- Me alegro de habértelo podido dar en persona, no podía mandar algo así por correo.
- ¿Lo has leído? – dijo mirándome expectante.
- No. Bueno, un poco, pero solo para buscar la manera de localizarte – dije esperando que no se enfadara conmigo - cuando me di cuenta de que era tu diario lo cerré inmediatamente y no he vuelto a abrirlo, lo juro.
- Tranquila - dijo mirándome con esa sonrisa tan blanca que tenia – no me importa que lo hayas leído, en él solo hay verdades.
- Pero son cosas intimas tuyas.
- No tengo nada que ocultarte Bella, ya sabes lo que siento.
- Tengo que marcharme – dije evitando el tema y observando que el cielo se oscurecía a pasos agigantados – se está haciendo tarde.
- ¿Quieres que te acompañe?
- Dijiste que nada de romanticismo.
- No es romanticismo, es para asegurarme de que no te pasa nada en el camino.
- Gracias pero no, sé cuidarme sola.
- ¿Vendrás mañana a verme? Quiero decir, si decides quedarte unos días.
- No lo sé - dije cogiéndome la dolorida mano – veremos como amanezco y luego ya decidiré lo que hago.
- Bien, entonces te deseo que pases buena noche.
- Lo mismo digo.
Nos separamos y comencé a subir por el sendero de camino al hostal pensando en nuestra conversación. Lo de la imprimación era algo realmente asombroso. Carslisle no mencionó nada de aquello en las interminables clases de aprendizaje que me daba. Ni sobre la imprimación ni sobre lo de que los vampiros marcaban a sus parejas, eso fue todo un descubrimiento para mí. Empezó a chispear y aceleré el paso cuando ese olor volvió a invadirme la nariz. Olor a tierra mojada, el olor de Edward. Paré y giré sobre mi misma buscándole. Nada de nuevo. Desde luego me había afectado demasiado la conversación con Jacob, estaba lloviendo y por eso olía a tierra mojada. Edward no está aquí… él no está aquí… no está aquí… y continué repitiendo el mantra hasta que llegué al hostal.
Después de cenar y de agradecerle a Bob una vez más el suministro de hielo, subí a mi habitación. Estaba nerviosa y la mano me dolía horrores. Dejé el paño con el hielo en el lavabo y me metí en la ducha esperando que el agua relajara mis músculos. Estaba tan tensa que ni el agua caliente consiguió relajarme del todo. El pensamiento de que Edward estaba allí seguía rondándome por la mente y era del todo imposible, no creo que viniera a territorio de lobos… y menos a buscarme después de lo que me dijo. Estaba empezando a volverme una paranoica. Y para colmo el hielo se había deshecho en el lavabo por efecto del calor que se condensaba en el baño. Genial… menuda nochecita me esperaba. Pensé en bajar a por mas hielo, pero ya en pijama no me apetecía nada volver a vestirme, aguantaría el dolor, un poco mas no era nada, prefería mil veces el de la mano que el que soportaba mi ya estrujado corazón.
Me metí en la cama intentando conciliar el sueño, di vueltas y más vueltas pero no conseguía estar medianamente cómoda. Si quería dormirme tendría que volver a recurrir a las pastillas, se estaba convirtiendo en un mal habito, pero no tenía otra opción y la mano empezaba a dolerme en serio. Dos pastillas y diez minutos después me hicieron conseguir caer en un profundo y reparador sueño.
Y volví a soñar con él. Primero noté su olor y a pesar de la penumbra que invadía el dormitorio noté su presencia a mi lado. Luego note su boca en la mía, delicada y efímera sobre mis labios, y también sus palabras, apenas un murmullo en mis oídos, suave y dulce hasta lo inaguantable…. Mi Bella, mi dulce Bella, te he echado tanto de menos….Y el tacto de sus manos, tan frías y tan ardientes a la vez que hacían estragos sobre mi piel, haciendo que en lo más profundo de mí, un dolor y un ardor sofocante obligaran a mis piernas a separarse. Mientras, todo mi cuerpo gritaba la necesidad que tenía de su amor. Preparada para recibirle, para acogerle en mi interior, para volver a pertenecerle.
Pero no dejó que me saciara de él, seguí buscándole con las manos, intentando acercarle a mi cuerpo, pero solo conseguía agarrar aire entre los brazos… lo sé, tranquila mi vida, mi amor se quedará contigo para siempre… Las imaginarias palabras que me susurraba consiguieron que me relajara, no iba a dejarme, se quedaría conmigo. Era tan real, un sueño maravilloso. Noté sus manos rodeando mi destrozada mano y sentí alivio instantáneo por las gélidas caricias de sus dedos. Calmando el dolor, alejándolo, absorbiéndolo, liberándome de él. En ese instante me sentí mas suya que nunca, mientras aliviaba mi dolor, mientras curaba mis heridas. Porque por mucho que yo lo negara, por mucho que me costara reconocerlo, yo tenía dueño. Edward era mi dueño, igual que yo era dueña de su vida. Y así sería por el resto de nuestras condenadas vidas.
A pesar de estar profundamente dormida las lágrimas desbordaron mis ojos. Estaba feliz de tenerle a mi lado, en mis sueños. Podría seguir dormida eternamente si era con él con quien soñaba de esa manera, no me importaría morir así. Un trueno ensordecedor hizo que me despertara bruscamente, sobresaltando mi corazón de tal manera que involuntariamente solté un grito cuando la ventana se abrió de par en par, dejando que el viento y la lluvia entraran a raudales en la habitación. Intenté serenarme y corrí a cerrar la ventana antes de que la habitación se encharcara de agua de lluvia.
Me metí corriendo de nuevo entre las mantas, aterida de frio y temblando. Necesitaba volver a recuperar el sueño, mi sueño con Edward. Cerré los ojos y deseé con todas mis fuerzas volver a dormirme, necesitaba volver con él solo unos instantes más… Espérame Edward, espérame… vuelvo contigo… espérame…
