Buenos dias de Jueves...!

Recta final del Libro II... si mis cálculos no fallan la semana que viene empezaremos con el Libro III... asi que un poquito más de paciencia que creo que os merecerá la pena el esfuerzo... ;D

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 24

Cuando llegué al lugar no pude creer lo que vi ante mis ojos. Edward estaba de rodillas en el centro de un gran círculo formado por cuatro amenazadores lobos, con la cabeza gacha y la destrozada ropa empapada, calado hasta los huesos. Me quedé tan sorprendida por la visión que necesité parpadear varias veces para convencerme de que no estaba teniendo una alucinación. Cuando levantó la cabeza y vi sus ojos casi me da un infarto. Miraba sin ver. Esos ojos no eran los ojos de Edward.

Definitivamente los ojos que tenia ante mi no eran los dorados ojos de mi Edward. Eran mas negros que el pozo mas oscuro y estaban tan vacios que daba vértigo asomarse a ellos. Eran los ojos de un fantasma, un ser destrozado y famélicamente consumido. Un ser condenadamente desprovisto de vida. Me llevé la mano a la boca en un intento de acallar el lamento que pugnaba por salir de mi boca. Me abalancé hacia él pero unas fuertes manos me rodearon por detrás y me resultó imposible zafarme, las lágrimas me caían en un torrente incontrolado. Por fin le tenía ante mis ojos y era incapaz de llegar a él mientras Jacob me tenía agarrada sin permitirme llegar donde yo quería estar.

- ¡Edward, amor mío!

Cuando nuestras miradas se encontraron dejó de mirar sin verme, sus ojos brillaron por un instante y sus labios esbozaron una leve sonrisa. Me dio la impresión de que estaba aguantando solo para verme una última vez, pues nada más perder el contacto con mis ojos tras un breve pestañeo, los suyos se cerraron y cayó desplomado. Los lobos gruñeron acercándose cautelosamente hacia su cuerpo inmóvil. Me zafé del agarre de Jacob y corrí a su lado.

Cuando pasé entre los lobos estos se retiraron a una orden de Jacob. Les hizo retroceder, pero no se apartaron, esperando que el cuerpo se moviera para caer encima de el. Le recogí entre mis brazos intentando protegerle de cualquier ataque que éstos estuvieran dispuestos a lanzar. Se me encogió el corazón al verle tan demacrado y me maldije una vez mas por ser la causante de todo.

Revisé su cuerpo en busca de alguna herida mortal, pero apenas pude distinguir unos cuantos arañazos entre los girones de su destrozada ropa. No estaba malherido por el ataque de los lobos, estaba muriendo por la falta de alimento. Se moría de hambre, por eso no reaccionó como su naturaleza le hubiera exigido cuando fue a hablar con Jacob. Estaba demasiado débil para atacar o para defenderse, solo buscaba la muerte, una muerte rápida y segura.

- ¡Edward no te mueras, estoy aquí contigo, por favor no me dejes!

- Bella - dijo con palabras sin sonido mientras su respiración se entrecortaba – mi vida…

- Estoy aquí cielo, estoy a tu lado - dije mirando el pozo oscuro de sus ojos mientras pensaba como ayudarle - no te vayas, quédate conmigo…

Su respiración se hizo tan irregular y ruidosa que parecía que estuviera respirando tierra en lugar de aire. Se me ocurrió insuflarle aire en los pulmones, puse mis labios en su boca y soplé tan fuerte como pude. Su pecho se levantó y volvió a descender. ¿Qué demonios estaba haciendo? El no se estaba ahogando, no necesitaba aire… necesitaba alimento. Miré a mi alrededor intentando encontrar algo, buscando algo que pudiera servirle. Nada. Me quedé mirando a Jacob.

Desde el otro lado del claro Jacob y sus amigos nos miraban con los ojos como platos. No me di cuenta cuando volvieron a transformarse en hombres, y supuse que lo peligroso de la situación había desaparecido en cuanto decidieron que no representábamos ninguna amenaza. Miré a Jacob a los ojos mientras las palabras salieron de mi boca, tan claras que me sorprendió a mi misma el sonido que hicieron al salir de mi, directas desde mi corazón.

- Ayúdame Jacob – las lágrimas volvieron a salir de mis ojos – ayúdame a sacarlo de aquí, no dejes que se muera.

Pude escuchar perfectamente como le crujían los nudillos mientras apretaba los puños y como chirriaban sus dientes dentro de su apretada mandíbula. Pude adivinar el conflicto interior que tenía en ese momento. Los cuatro compañeros de Jacob dirigieron automáticamente sus miradas de mi a Jacob, esperando alguna reacción por su parte. Los segundos pasaban y la respiración de Edward era cada vez más débil, apenas podía ya escucharla.

- Ayúdame - repetí esperando un milagro.

Jacob reaccionó a mi petición y dio un decidido paso en nuestra dirección pero fue detenido bruscamente por Sam y flanqueado por el resto de sus amigos, que impidieron que continuara su avance. No iban a permitirlo, bajo ninguna circunstancia. Mientras observaba este hecho noté que Edward se escurría de mis brazos. Había perdido por completo el conocimiento, se me iba, y no podía hacer nada por evitarlo. Desde su posición Sam dijo:

- No somos hermanitas de la caridad ni donantes de sangre, y morirá de todas formas, vete haciendo a la idea.

Le aborrecí tanto por esas palabras que me hubiera encantado ser un vampiro para poder patearle el culo a ese insoportable ser mezquino y despreciable. Jacob intentaba sacarse de encima a los tres amigos pero le tenían tan firmemente sujeto que no se podía diferenciar su piel de la de sus captores. Le miré a los ojos y le pedí que dejara de resistirse, el esfuerzo era inútil, Sam tenía razón, ellos no podían hacer nada. Al ver la resignación de mis ojos intentó deshacerse del agarre más violentamente pero sus esfuerzos resultaron vanos, los cuatro muchachos estaban prácticamente sobre él.

Bajé mis ojos al dulce rostro de Edward mientras mis lágrimas bañaban sus mejillas. Su pecho ya casi apenas se movía. Le atraje a mi pecho con fuerza, necesitaba sentirle cerca, cerca de mi roto corazón.

- No te vayas, mi amor, no te vayas, no me dejes – dije derrotada por completo acunándole entre mis brazos– si te mueres yo me muero contigo ¿recuerdas? vives para mí, por mí. No puedes dejarme…

Sus ojos se entornaron pero solo para mostrar unos ojos vacios y sin vida… sin la vida que yo amaba. Un grito desolador salió a borbotones de mi garganta mientras apretaba los puños tan fuerte que me clavé las uñas en las palmas haciendo que la sangre brotara de ellas. Al ver el color negro de mi sangre a la luz de la luna una idea cobró forma en mi mente tan bruscamente que mi cuerpo sufrió una violenta sacudida por lo evidente de mi pensamiento.

Sin pensármelo dos veces abrí una mano y con mis propias uñas me arañé la piel abriendo tres profundos surcos en el interior de mi muñeca. La sangre empezó a brotar copiosamente manchando la camisa destrozada de Edward a la vez que mis pantalones. Jacob me miraba con el ceño fruncido intentando averiguar mis intenciones, dejó de removerse entre los brazos de sus compañeros para mirarme fijamente mientras me pedía que no lo hiciera. ¿Pensaba que estaba intentando suicidarme? No. Desvié los ojos de Jacob para mirar a Edward mientras apoyaba mi muñeca en su fría boca.

Iba a salvarle la vida.

Cuando Jacob comprendió lo que estaba haciendo volvió a revolverse con violentas sacudidas en un impulso de sacarse a los hombres de encima. Presioné con más fuerza la muñeca contra la boca de Edward mientras, abriendo y cerrando la mano, bombeaba mi propia sangre para que saliera con más rapidez. Iba a salvarle la vida aunque para ello tuviera que exprimir hasta la última gota de sangre de mi cuerpo. Un repentino mareo me nubló la vista.

Por fin Jacob consiguió sacarse a sus compañeros de encima, todos me miraban estupefactos. ¿Pensaban que me había vuelto loca? Seguramente, pero no podía permitir que se muriera. Poco a poco su rostro empezó a recuperar su pálido color acostumbrado, sus ojos se movían bajo sus parpados como en una pesadilla y su respiración empezó a normalizarse mientras su pecho subía y bajaba cada segundo más rápidamente. De pronto levantó su mano y sin abrir los ojos me agarró la mano con fuerza, pude notarle succionar mi muñeca sin necesidad de que yo bombeara la sangre a su boca, se alimentaba por si solo. Eso estaba bien. Empecé a sentirme débil.

- Bella, no lo hagas - dijo Jacob frenando su avance en seco cuando le indiqué con un gesto que no se acercara mas – no le alimentes, podría matarte…

- Me moriré si no lo hace.

De pronto Edward abrió los ojos desmesuradamente reaccionando al sonido de mi voz. Sus ojos tenían un color extraño para mi, extraño en él, eran de un rojo intenso. Apartó bruscamente mi muñeca de su boca y se incorporó de mi regazo mirándome como sin poder creer lo que estaba haciendo. La rapidez de su movimiento hizo que me mareara más y sin poder apartar los ojos de los suyos sentí como le hormigueo del cuerpo impedía a mis músculos moverse.

Pude ver por la expresión de su mirada el horror que mi aspecto debió parecerle, demacrada, delgada hasta lo imposible, empapada por la lluvia, y ahora pálida como la muerte por la falta de sangre en mis venas. Me costaba tener los ojos abiertos, estaba a punto de desmallarme pero luché por mantener el contacto de sus ojos. Estaba recuperado, volvía a estar fuerte, volvía a sentir sus manos en mi cara. Definitivamente había merecido la pena el sacrificio. La dulce voz en mis oídos, música celestial…

- Bella… - dijo mientras me sujetaba para que no cayera desvanecida - ¿Qué has hecho?

- Amarte - dije viéndole borroso entre la niebla de mis cada vez mas apagados ojos – no he hecho otra cosa desde que te conocí.

- Tendrías que haberme dejado morir, no te he causado mas que dolor…

- Prefiero morir por ti que vivir sin tenerte en este mundo…

Edward iba a recogerme del suelo para ponerme en su regazo cuando Jacob se aproximó a nosotros. Edward se giró, agazapado junto a mí como estaba, enfrentándole para mirarle directamente a los ojos, pero no hizo el más mínimo movimiento ofensivo. Expectante puso su cuerpo entre Jacob y yo, protegiéndome del posible peligro, mientras se limitaba a observar el avance de Jacob.

- No voy a hacerle daño Edward – dijo levantando las manos en señal de paz – no tienes que temer de mi.

- No te temo. Sé que no serias capaz de hacerle daño, ahora lo sé y te agradezco lo que has hecho por ella, incluso por mi. Pero no tenías que haber permitido que me alimentara.

- ¿Crees que no lo he intentado? la conoces mejor que yo…

Las palabras llegaban a mis oídos en leves ráfagas de murmullos, apenas entendía nada de la conversación pero su voz me tranquilizaba tanto que necesitaba seguir escuchándola.

- Déjame que le cierre la muñeca - dijo Jacob esperando un estallido de furia por su parte – está perdiendo la poca sangre que le queda.

- Adelante - dijo Edward sin dudar, alzando mi desgarrada mano y acercándola a la cara de Jacob – no necesitas mi permiso.

En mi nube de desvanecimiento pensé que estaba soñando, no podía creer lo que había oído. ¿Que Jacob iba a hacerme algo en la muñeca? ¿Delante de Edward? ¿A pocos centímetros el uno del otro? Increíble. Jacob se arrodilló a nuestro lado y cogiendo mi mano con las suyas se acercó y pasó su lengua varias veces por encima de los cortes que yo misma me había hecho. Por lo visto la saliva lobuna era un potente cicatrizante pues noté un irritante escozor que me hizo temblar todo el cuerpo como un escalofrío.

- Curará bien - dijo Edward mirando la expresión de mi cara – puedo notar como le escuece.

- Hay que sacarla de aquí, necesita calor y ropa seca.

- La llevaré al hotel - dijo Edward mirando fijamente a Jacob – no quiero causarte mas problemas.

Sam y el resto del grupo nos miraban sin poder creerse lo que veían. Un vampiro y un hombre lobo colaborando como buenos amigos… por una simple humana. Noté como Edward me elevaba del frio suelo y me cogía en brazos apretándome contra su cuerpo. Estaba tan cansada…

- El hostal está demasiado lejos, sería mejor llevarla a mi casa, está mas cerca – dijo Jacob mirando con cautela a Edward – tenemos poco tiempo, ha perdido casi toda su sangre.

- No voy a separarme de ella…

- No te estoy diciendo que la dejes, llévala tú mismo pero hay que hacerlo ya.

Me encontraba terriblemente mal, un sudor frio me empapó el cuerpo entero y a pesar de que el frio y la lluvia me calaban hasta los huesos, sentí como mi mente pedía a gritos la desconexión. Mientras Edward encajaba el sorprendente ofrecimiento de Jacob la manada mostró su opinión al respecto. Se agruparon en formación delante de nosotros, cerrando el paso y en actitud claramente hostil.

- No puedo permitirlo Jacob – dijo Sam mientras le miraba con expresión de advertencia – sabes tan bien como yo que ningún vampiro puede entrar en nuestro territorio.

- Pues este lo hará – dijo Jacob enfrentándose directamente a Sam y cuadrando sus grandes músculos – cuando ella esté en condiciones se marcharán y tú y yo podremos discutir los detalles.

- Estás violando todas las leyes de tu propio pueblo por alguien que ni siquiera te ama. Y estás dejando a tu familia y a tu raza de lado por un miserable chupasangre, que te recuerdo estuvo a punto de matarte.

- Apártate Sam - dijo Jacob con una voz que rezumaba autoridad, la voz del Alfa – no me obligues a apartarte yo mismo.

Sam apretó los puños con fuerza y se apartó del camino maldiciendo y jurando que pagaría caro lo que estaba haciendo. Desaparecieron en el bosque y jamás volví a saber de ellos. No volví tampoco a escuchar la voz de Edward, estando entre sus brazos, en el vaivén de sus pasos apresurados a través del bosque perdí el conocimiento.

Lo había conseguido, estaba de nuevo a mi lado y no iba a dejarme sola… el esfuerzo, desde luego, había merecido la pena. Él estaba vivo, estaba conmigo, ahora solo faltaba que yo consiguiera sobrevivir.

Dicen que para saber el verdadero valor de las cosas tienes que conseguirlas con tu propio esfuerzo y jamás pensé que recuperarlo me iba a costar la vida… y también la muerte.