Feliz Navidad a todos...!

Aunque en estas fechas estaremos todos bastante ocupados y faltos de tiempo para entrar a leer, porque la familia y los amigos son los que más reclaman nuestra atención, yo voy a seguir publicando diariamente los capis para que quien encuentre un ratito para leer pueda seguir haciendolo.

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

... . ... . ... . ... . ... . ... . ...

. ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ...

... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... .

Capitulo 25

No sabía donde me encontraba, pensaba que la muerte sería mas dolorosa, la esperaba mucho mas traumática, y desde luego pensé que el cielo… o el infierno, si era allí donde había acabado, tendrían diferente aspecto que la de una habitación de hostal. ¿Había conseguido sobrevivir? Increíble. Cuando recorrí con la mirada la habitación vi a Edward sentado en una de las sillas, con la cabeza entre las manos y apoyados los codos en las rodillas. Se le veía muy preocupado.

- Edward… - dije sin poder creer que le tuviera delante

- Mi vida, descansa – dijo volando a mi lado y agarrándome la mano – aun no estás recuperada

- Me encuentro bien Edward… y verte a ti bien hace que todo haya merecido la pena.

- No, Bella. Has estado a punto de morir, por mi culpa, otra vez.

- Tenía que salvarte…

- No he traído más que desgracias a tu vida. Deberías haberme dejado terminar con la fuente de tu dolor.

- ¿Querías verme morir? – dije mirando sus extraños ojos color rubí.

- Claro que no, yo solo… quería evitar que tú siguieras sufriendo.

- Si tú mueres yo muero ¿Recuerdas? No puedes dejarme nunca.

- No te dejaré - dijo mas para si mismo que para mi – nunca mas…

- Prométeme que jamás volverás a intentar algo así.

- Lo prometo, haré solo lo que tú quieras que haga. Mi vida es tuya.

- Bien. Eso es un buen comienzo… ahora es mi turno.

- ¿Tu turno? – dijo mirándome extrañado

- Si. Lo siento Edward, siento todo el daño que te he causado por mi cabezonería, porque soy rematadamente estúpida por haberte dejado, porque a veces me cuesta controlar mis arrebatos de autosuficiencia. Tengo que dejar de pensar en mi como una única persona, pues desde que te conocí hemos dejado de ser "tu y yo" para ser "nosotros" ¿volverás a aceptarme? ¿volverás a quererme?

- ¿Cómo podría dejar de hacerlo? Sabes lo que siento, lo sabes mejor que yo mismo y te juro que jamás intentaré dominar tu vida de nuevo, jamás. Pero tienes que prometerme que jamás volverás a abrirte las venas para alimentarme. Eso fue una locura y aun ahora me pregunto como fui capaz de parar…

- Paraste porque me amas. Y si el precio por recuperarte era la sangre de mis venas hubiera muerto feliz dándote hasta la ultima gota, hubiera muerto feliz…

- Descansa mi vida, ya tendremos tiempo para hablar.

- Me recuperaría antes si te tuviera mas cerca - dije agarrando su mano y tirando de el hacia mi – te he echado tanto de menos…

Se deslizó a mi lado en la cama y me rodeó con sus brazos mientras posaba sus labios en mi cabeza. Tenerle tan cerca y volver a respirar su aroma hicieron que fuera consciente de cuanto le había echado de menos. Y realmente había cambiado, retazos de lo ocurrido aquella noche en el bosque me traían palabras que Jacob y él habían intercambiado. Me miré las cicatrices de la muñeca, apenas unas líneas rosas quedaban de los profundos surcos que yo misma me había abierto.

- ¿Qué pasó en el bosque Edward? Apenas puedo recordar nada…

- Se enfrentó a la manada, Jacob pensó que lo mas seguro para ti era llevarte a su casa y darte una primera atención allí. Me dijo que su padre es realmente un hombre muy habilidoso con ciertas medicinas y estabas tan débil que no sé si hubieras aguantado a llegar al hostal, pero la manada no estaban de acuerdo. Jacob tuvo que ponerse serio con ellos.

- ¿Tú me llevaste a su casa? – dije mirándole asombrada.

- No quería separarme de ti, ya había pasado demasiado tiempo lejos de tu lado. Aunque le hubiera dejado que te llevara él mismo si no me hubieran permitido entrar.

- Dios del cielo, hubiera pagado por verlo.

- Estabas sin conocimiento y empapada hasta los huesos. Te secamos y pusimos ropa seca y Harry te dio algún potingue para beber. Iba a negarme pero me aseguró que esto haría que tu sangre corriera mas deprisa y se renovara mas rápido.

- Parece que funcionó…

- Si funcionó, y doy gracias a Dios de que Jacob estuviera allí y me dejara acompañarte a su casa. Si te hubiera llevado directamente al hostal ahora estarías…

- Jacob. Madre mía, seguro que esto le ha traído malas consecuencias…

- Justo antes del amanecer empezaste a respirar con normalidad y el color volvió a tu cara, al menos un poco. Decidí que lo mejor sería traerte aquí y Billy estuvo de acuerdo, con el follón que se había organizado en la reserva por mi llegada tenían muchas cosas que arreglar y muchas explicaciones que dar. Jacob nos escoltó hasta la frontera y prometió venir a verte en cuanto pudiera.

- No hago más que fastidiarle la vida a todo el mundo. No se como me quieres con lo rematadamente estúpida y odiosa que soy.

- Eres perfecta como eres - dijo acariciando mis labios con sus dedos.

- Mataría por un beso tuyo…

Me perdí en el color de sus ojos, me perdí tan profundamente que tuve que auto convencerme que no estaba soñando con él. Estaba allí, estaba a mi lado, estaba entre sus brazos de nuevo. Como siempre debió haber sido, solo él y yo. Cuando sus labios rozaron suavemente los míos no pude evitar que las lágrimas resbalaran de mis ojos. Por fin volvíamos a estar juntos y era tanta la felicidad que sentía que me juré a mi misma que jamás volvería a hacerle sufrir de ninguna de las maneras.

- ¿Por qué lloras mi vida? – dijo mirándome con pena en los ojos – ¿No te encuentras bien, te duele algo?

- Me dueles tú. Me duele lo que te he hecho, pagaría lo que fuera por borrar todo esto de nuestras vidas…

- Ya has pagado un alto precio. Salvarme casi te cuesta la vida pero si realmente quieres estar conmigo el precio será aun mayor. Quiero que lo tengas claro, puedes vivir una larga y humana vida a mi lado, si decides no convertirte.

- Sabes lo que quiero y como lo quiero. Ya he demostrado cuanto me importas tú y lo poco que me va a costar dejar mi vida humana atrás ¿quieres que me vuelva a abrir la muñeca para demostrártelo?

- No es necesario, aunque he de decirte que tu sangre es muy… tentadora, pero prefiero que la conserves hasta que hunda mis dientes por fin en tu cuello - dijo pasando sus labios por mi garganta.

- Lo estoy deseando - dije apretándome contra su cuerpo y sintiendo su dureza contra mi piel - dime donde y cuando.

- Tranquila, en cuanto estés recuperada, te prometo que no esperaremos ni un segundo más del necesario. Se acabaron los plazos y las esperas.

- Eso es una buena continuación - dije cerrando los ojos y agradeciendo al cielo el volver a tenerle a mi lado.

Amor era una palabra tan pequeña e insignificante para definir lo que sentíamos el uno por el otro como un leve soplido afectaría a las velas de un gran barco. Nos hacía falta un huracán, algo grande y desbordado, algo incontenible. Me dormí acurrucada entre sus brazos, con su olor a lluvia en mi nariz y sus manos enredadas en mi pelo. Y así quería que fuera por los siglos de los siglos. Para siempre.

… . …

Me desperté varias horas después, estaba empezando a oscurecer y los últimos rayos de sol hacía rato que ya habían anunciado la llegada de la noche. Edward estaba a mi lado, mirándome con sus ojos violetas y una media sonrisa en sus labios.

- Buenas noches dormilona - dijo acariciando mi mejilla y apartándome un mechón de pelo de la frente – has dormido todo el día ¿Cómo te encuentras?

- Ahh… eres tan… tan… ya no sé ni lo que iba a decir…

- ¿Qué estás hambrienta, quizá? – dijo mientras pestañeaba un par de veces consciente del efecto que sus ojos causaban en mi – te he traído la cena.

- Tengo… si, tengo hambre, pero ¿Qué tal un beso de buenas noches?

- Esos se dan antes de ir a dormir -¿se estaba haciendo el remolón? - y tu te acabas de levantar.

- Pues que tal un beso de buenos días por la noche - dije rodeando su cuello con mis manos - ¿Me lo vas a negar también o tendré que robártelo?

- Buenos días por la noche - dijo y me besó tan apasionadamente que mi cabeza volvió a dar vueltas como loca.

- Caray, ya se me había olvidado el efecto que tienen tus besos. Estoy tan mareada como el primer día que me besaste…

- Tardarás poco en volver a acostumbrarte, te lo aseguro. Ahora come algo que tienes que recuperar fuerzas.

Devoré la cena que Edward me había traído pues ya ni me acordaba de la última vez que probé bocado. Pero primero tuve que beberme el asqueroso brebaje que Edward me hizo tomar. Mientras cenaba me contó que había hablado con Alice y que estaban todos como locos por que volviéramos a casa. Incluso Rosalie y Emmett estaba deseosos de vernos y enterarse de primera mano de todo lo que había ocurrido. Por lo visto Alice estaba organizando una de sus famosas fiestas de bienvenida y traía a todo el mundo de cabeza. La pobre Alma no daba abasto con toda la tarea que Alice le daba.

- ¿Cuándo podremos irnos Edward? Me aterra lo que pueda estar preparando Alice pero tengo ganas de ir a casa, de estar contigo.

- Estás recuperándote muy rápido. Los potingues de Billy están dando muy buen resultado. Creo que mañana o pasado podremos irnos, si ya has arreglado lo que tenias que arreglar aquí, claro.

- Tengo que hablar con Jacob, estará pensando que me he vuelto loca o algo, después de lo que hice…

- Tómate el tiempo que necesites, no tenemos prisa.

- Realmente me asombra el cambio que has dado con respecto a Jacob ¿Qué has hecho con los celos?

- Los celos, el odio, la desconfianza, se fueron por la puerta cuando vi que te marchabas aquella noche, toda empapada bajo la lluvia.

- Me encantó tu carta. Era tan sincera y a la vez tan triste, aunque he de decirte que casi me dio un infarto cuando la leí.

- Cuando te vi marcharte me derrumbé. Mi absurdo comportamiento hacia ti había desencadenado toda esta locura y no quise seguir viviendo así. Entiendo que te marcharas, con un ser tan despreciable como yo ¿quién querría estar? Tomé la decisión de dejar de alimentarme esa misma noche. Siento no haber sido capaz de decírtelo a la cara, lo intenté varias veces pero no pude.

- Edward, no tienes que explicarme nada.

- Pero quiero que entiendas porqué lo hice. Yo no puedo morir como un simple mortal, puedo debilitarme hasta el limite de mis fuerzas pero no puedo morir. Tenían que matarme, por eso vine aquí, para asegurarme que estabas bien y que si decidías quedarte con Jacob que él pudiera desquitarse por lo que yo le había hecho, matándome. Me pareció lo mas justo para todos.

- Para todos menos para mi.

- Volví a no contar contigo para nada - dijo bajando la mirada

- Exacto. Pero eso se va a terminar, tenemos que empezar a comunicarnos abiertamente. Mira lo que pasa cuando no hablamos el uno con el otro, cuando nos ocultamos cosas.

- Estoy completamente de acuerdo - y poniendo la mano sobre su corazón dijo – juro que jamás volveré a ocultarte nada y si lo hago te doy permiso para volver a abandonarme.

- Eso no volverá a ocurrir jamás. Jamás volveré a dejarte, pero cuando me convierta en tu mujer vampiro puedes apostar lo que quieras a que te daré una buena paliza si incumples tu promesa.

- Acepto el trato – dijo mientras me levantaba en brazos y me llevaba de vuelta a la cama.

- Estuviste aquí ¿Verdad? - dije rodeándole con mis brazos y apoyándome contra su cuerpo - Estuviste en este cuarto, la otra noche.

- Estuve contigo desde el primer minuto que pusiste un pie en este pueblo, escondido como siempre he estado, pero si, estuve aquí. Dos veces. No podía dejarte venir sola. Alice me aseguró que estarías bien, pero no fue suficiente. Y yo tenía mis propios planes, ya lo sabes.

- Pude sentirte, sentí tus manos y tu olor - dije acariciando los contornos de su pecho con mis manos - pero las pastillas me tenían nublada la mente, creía que eran sueños.

- Ahora no estás soñando - dijo apretándome más contra su cuerpo – si necesitas una prueba de que soy real no tienes más que pedirla.

- Sin lugar a dudas la necesito.

Mi cuerpo no tardó ni un segundo en reaccionar al contacto con sus manos, se deshizo del camisón con un grácil movimiento y me acarició tan suavemente que sus dedos parecieron plumas sobre mi piel, suaves y delicadas plumas. Se quitó la ropa en un suspiro y al siguiente ya le tenía presionando mi cuerpo contra el suyo. Me dio la sensación de que su piel estaba más tibia que otras veces, templada y no fría.

Me pregunté si haberle alimentado con mi sangre tenía algo que ver en este hecho, igual que con el color de sus ojos. Sus ojos… perdí el hilo de mis pensamientos, una vez más. Sus labios en mis labios, su pecho contra el mío, mis piernas rodeándole el cuerpo, invitándole a hacerme suya de nuevo, otra vez.

Mi vida corría por sus venas y yo también necesitaba sentirle dentro de mi. Recorriendo mi cuerpo por dentro y por fuera. Y fue la sensación más maravillosa que jamás he experimentado, dulce y delicado a la vez que ardiente y apasionado. Volver a tenerle dentro fue como llegar por fin a casa después de un largo viaje.

- Estoy contigo, mi amor, por fin estoy contigo.