Feliz Navidad a todos...!

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 26

Despertarme a su lado era otra cosa que había echado de menos como una loca. Tal vez algún día consiguiera hacerme a la idea de que le había recuperado, habían pasado tantas cosas en tan corto espacio de tiempo que mi cabeza aún se negaba a creer que estuviera de nuevo a mi lado, entre mis brazos. Y me sentía tan bien. Los brebajes que Billy le había dado a Edward para que me tomara sabían a rayos, pero tenía que reconocer que surtían su efecto. Notaba mi cuerpo tan caliente que ahora parecía que tenía un exceso de riego sanguíneo.

La claridad de la mañana entraba a través de las cortinas y pude ver como el cuerpo de Edward descansaba recostado boca abajo contra mi costado, con su cabeza apoyada en mi pecho. La sabana apenas le cubría la parte baja de la espalda y la visión de su espalda desnuda hizo que el corazón me galopara en el pecho. Su blanca piel era tan perfecta que por si sola quitaba la respiración, recorrí con la mirada cada parte de su hermosa anatomía maravillándome por la visión de sus fuertes músculos, y era mío, era todo para que coger aire y contenerme para no gritar de la alegría.

- Me encanta que me mires así - dijo en un susurro mientras acomodaba la cabeza contra mi pecho – yo siento lo mismo cuando te miro.

- Demonios – dije poniéndome colorada como un tomate – siempre se me olvida que tu no duermes. Pero si que podrías dejar de leerme la mente, es muy embarazoso…

- Ya sabes que no puedo leértela - dijo incorporándose y mirándome a los ojos - pero en momentos como esta daría lo que fuera por poder hacerlo.

- Pues parece que me lees como un libro abierto…

- Sin duda mucho menos de lo que querría ¿en que estaba usted pensando Sra. Cullen?

- ¿Sra… Sra. Cullen? – dije sin creer lo que me había llamado – que… que… espera, necesito coger aire, que… que… por que…

- Estás de un elocuente esta mañana que tira de espaldas - dijo muy sonriente.

De repente saltó de la cama y, desnudo como dios le trajo al mundo, hincó la rodilla en el suelo y agarró mis manos entre las suyas. Mi corazón estaba a punto del colapso, iba a hacer la pregunta, la gran pregunta. La que jamás pensé que nadie me haría y que si alguien me la hubiera hecho sabía que no recibiría una respuesta positiva. Tragué saliva intentando deshacer el nudo de mi garganta, las manos me temblaban y la sangre corrió veloz por todas y cada una de mis venas al ritmo de mi loco corazón.

- Bella - dijo muy correcto y solemne olvidando quizás que estaba completamente desnudo – ¿quieres pasar el resto de tu vida conmigo?

Bueno, exactamente la respuesta a esa pregunta ya la sabía, literalmente si que queria hacerlo y ya se lo había dicho muchas veces ¿estaría tomándome el pelo con la cosa del matrimonio? De momento respiré aliviada.

- Si, Señor Cullen – dije intentando parecer igual de solemne que él e intentando que no me diera la risa por lo cómico de la situación - quiero pasar el resto de mi vida con usted.

- Perfecto entonces. Y dígame, Sra. Cullen – dijo con la misma solemnidad pero con una media sonrisa en los labios - ¿Está dispuesta a pasar por los rituales necesarios para hacerlo?

Otra pregunta trampa y estaba segura de que esta vez si que tenía connotaciones religiosas. Pero pasar por el altar no era un rito específico ni necesario para poder pasar el resto de mi vida con él. Seguro que a lo que se refería con "rituales" sería a la conversión ¿Pero que demonios estaba haciendo? Analizaba como a un bicho diseccionado cada una de sus preguntas. La parte racional de mi mente estaba trabajando a toda máquina. Basta, se acabó. Adiós a la razón y hola al corazón.

- Si, señor Cullen - dije de nuevo intentando no reírme – estoy dispuesta y deseosa de comenzar los rituales que sean necesarios para hacerlo.

- Perfecto entonces, y ahora le pregunto Sra. Cullen - dijo sonriendo ampliamente mientras sacaba de entre los pliegues de las sabanas una cajita de terciopelo rojo - ¿Quiere usted casarse conmigo?

Cuando abrió la cajita no pude creer lo que tenía ante mis ojos. Era el anillo de bodas de mi madre. Cuando pregunté días después del accidente y de cerciorarme de que no estaba entre sus objetos personales, la policía y los bomberos dijeron que no habían encontrado nada mas y supuse que se había perdido en el amasijo de hierros o en el bolsillo de algún desalmado. Pero no. Allí estaba, impoluto y reluciente en una cajita entre sus manos. Incapaz de decir algo no pude evitar que se me saltaran las lágrimas.

- ¡Oh, Edward! - dije cogiendo la cajita entre mis manos - no puedo creerlo.

- Lo encontré en el desguace, tardé tres días en encontrarlo. Supuse que te gustaría tenerlo en este momento tan importante de tu vida, de nuestra vida.

- Creía que no volvería a verlo… era… es muy importante para mi.

- Lo sé y lo he guardado todo este tiempo para poder dártelo algún día. Y ese día es hoy. Bella ¿Querrás casarte conmigo?

- Si Edward, me casaré contigo. Quiero casarme contigo y amarte el resto de mi vida.

- Amén.

Sacó el anillo de la caja y cogiendo mi mano lo deslizó lentamente por mi dedo mientras nos mirábamos sin poder apartar los ojos el uno del otro. Ya estábamos casados, en mi alma y en mi corazón ese simple gesto hizo que me sintiera mas unida a él de lo que jamás ningún cura podría hacerme sentir con sus palabras o sus misas. Ahora si que era suya y aunque yo no tenía ningún anillo para entregarle entrelazó mis dedos con los suyos sellando para siempre el lazo que nos unía. Nuestro puro y sincero amor mutuo.

Volvimos a hacer el amor en ese instante, pero no fue nada físico. Solo él y yo abrazados, amándonos con los ojos durante horas, amándonos con el alma en cada respiración. Tumbados uno al lado del otro sin necesidad de hablar para decir lo que ambos ya sabíamos, no hacían falta las palabras para expresar el amor que nos profesábamos.

Amor eterno.

Mirando el anillo en mi dedo no pude creer que lo hubiera tenido él todo ese tiempo. Guardado y esperando, esperando que yo creciera, que yo le conociera, que yo me enamorara. Tuve que admirarle por la constancia y la paciencia que había tenido toda su vida. Anhelando. Deseando. Esperando. Hasta hoy.

- ¿Te he dicho que eres increíble? – dije mirándole con devoción – temo despertarme y ver que todo ha sido un sueño, es demasiado bueno para ser real.

- Creo que ayer ya te demostré que soy real, que esto es real. Pero si quieres volver a cerciorarte…

- Creo que necesito volver a comprobarlo - dije mientras le buscaba entre las sabanas.

- Perfecto, pero… - dijo mirando hacia la puerta – creo que tendremos que esperar hasta mas tarde, vas a tener visita.

- Visita… – dije incorporándome bruscamente - ¿Viene alguien?

- Jacob está subiendo por el camino, estará aquí en 10 minutos.

- Salvado por la campana.

- Solo por un rato. Date prisa si no quieres recibirle en paños menores.

Salté de la cama y me pude lo primero que pillé, vaqueros y camiseta. Intenté alisar un poco mi enmarañado cabello mientras Edward me miraba divertido entre las sabanas. Estaba tan guapo allí tumbado con las manos detrás de la cabeza que valoré la posibilidad de mandar a Jacob de vuelta a su casa y pedirle que volviera dentro de unos cuantos años.

- Podrías acompañarnos…

- Prefiero esperarte aquí, tenéis cosas que contaros y Jacob preferiría que estuvieras sola.

- Todavía no me creo el cambio que has dado.

- Tendría que haber sido así desde el principio. Aprendo de mis errores.

- Te quiero con locura – dije acercándome a su lado y besándole en los labios – Lo sabes ¿verdad?

- Lo sé - dijo agarrando mi cara entre sus manos y evitando que nuestros labios se alejaran – pero no más de lo loco que estoy yo por ti.

Salí por la puerta con un dolor insoportable en el pecho, separarme de él, aunque fueran cinco minutos, siempre me recordaría el tiempo que estuvimos separados. Tendría que intentar superarlo en algún momento, pero ahora dolía como el primer día.

Bajé a la recepción justo cuando Jacob entraba por la puerta. Me miró con una gran sonrisa y después de saludar fugazmente a Bob vino a mi lado y me abrazó. Nos desplazamos hacia la cafetería y nos sentamos en una mesita que había cerca de la ventana y lo suficientemente lejos del resto para tener un poco de privacidad. Bob nos trajo un par de cafés y se retiró sigilosamente para dejarnos hablar tranquilamente.

- Te veo muy bien – dijo mientras examinaba mi rostro – te has recuperado muy rápido.

- Dale las gracias a Billy por el brebaje, sabe a rayos pero ha conseguido que la sangre corra otra vez por mis venas.

- Se las daré de tu parte - dijo agachando su cabeza y mirando la taza entre sus manos – entiendo que os marcharéis pronto…

- Si, hoy, tal vez mañana. Jacob quiero agradecerte todo lo que has hecho por mi, por nosotros. No puedo ni imaginar las consecuencias que pueda traerte todo este lio.

- Bahh, no te preocupes por eso, sabré arreglármelas.

- Pensarás que me volví loca la otra noche, cuando yo… bueno… cuando me corte las venas para alimentarle.

- Creí que te habías vuelto loca de remate, no lo niego - dijo mirándome a los ojos con una pena tremenda en la mirada – pero fue el acto de amor más increíble y desinteresado que jamás he visto. Y supe que si habías hecho eso por él fue por que realmente no podrías vivir si él muriera. ¿Qué podría hacer yo ante eso?

- Te lo agradezco, de corazón. Y también que no permitieras que los lobos acabaran con su vida.

- Eso si que fue realmente duro, nunca tuve que hacer uso del Alfa para que me obedecieran, hasta esa noche. Creo que ahora mismo estarán reunidos pensando en expulsarme o algo así

- Jacob, eso es terrible. ¿Crees que podrían expulsarte?

- Claro que pueden hacerlo, he colaborado mano a mano con un vampiro y le he permitido entrar en nuestro territorio. Por mucho menos se han expulsado a otros, pero me da igual. Tampoco pensaba quedarme aquí.

- Lo siento tanto, de verdad que me gustaría ser menos yo y ser una persona menos entrometida. Si solo pudiera dar marcha atrás y evitaros todo el daño que os he causado…

- Eres perfecta como eres y yo no cambiaría nada de lo que ha ocurrido. Lo único que siento es no haberte conocido yo primero.

- Jacob...

- Lo sé, lo sé. Nada de romanticismo. – dijo intentando sonreírme – pero no puedo evitarlo, daría lo que fuera por que alguien hiciera algo así por mi.

- Alguien te querrá mucho algún día, Jacob, solo tienes que esperar a que tu media naranja aparezca - dije sonriéndole e intentando animarle un poco - y cuando ambos estéis imprimados, o como se diga eso, recordarás tus sentimientos hacia mi como algo insignificante en comparación con lo que sentirás por ella algún día.

- Creo que de momento paso de las tías - y mirándome con su media sonrisa me dijo – no dais más que quebraderos de cabeza, sois unas plastas.

- Jacob - dije haciéndome la ofendida y regañándole con un dedo – algún día haré que te tragues tus palabras.

Nos reímos tranquilamente mientras apurábamos el café. Definitivamente iba a echarle mucho de menos en mi vida, hablar con él era siempre tan fácil.