Feliz Post-Navidad a todos...!
Bueno... recta final del Libro II, por lo que solo puedo agradeceros el haber llegado conmigo hasta aqui y espero seguir contando con vosotras y vuestros reviews en el siguiente y último Libro.
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
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Capitulo 28
Después de un largo rato en carretera me di cuenta de que no íbamos hacia el centro del estado, necesario para llegar a casa, sino que bordeábamos la costa dirigiéndonos más bien hacia el sur.
- No vamos en la dirección correcta Edward…
- Lo sé.
- Tu casa está en el centro del estado y estás dirigiéndote hacia el sur…
- Lo sé.
- ¿Dónde demonios me llevas?
- No puedo decírtelo.
- Edward - dije mirándole con el ceño fruncido – quedamos en que nada de secretos y que nos lo contaríamos todo ¿Dónde vamos?
- Es una sorpresa, no me la fastidies. No tardaremos mucho más en llegar, solo ten paciencia ¿Vale?
- Miedo me das…
- Tranquila.
Apenas una hora después nos desviamos de la carretera para tomar un camino de tierra que se adentraba en un frondoso bosque. Lo único que veían mis ojos eran arboles y mas arboles, la curiosidad por saber el punto de destino me quemaba en la punta de la lengua. Intenté en varias ocasiones sonsacarle por lo menos el nombre del sitio al que nos dirigíamos, pero Edward contestaba siempre con un "paciencia, ya llegamos" seguido de su seductora sonrisa, haciendo que mis pensamientos dieran vueltas sin sentido en mi cabeza. Irresistible.
Por fin vi una zona delante de nosotros despejada de arboles y abierta al azul cada vez mas oscuro del cielo. Edward redujo la velocidad y mirándome con sus aún violáceos ojos me dijo que habíamos llegado. La vista era espectacular. Salí del coche y observé una pequeña laguna de aguas cristalinas en el centro del claro que se abría ante mis ojos. A un lado de la preciosas aguas un grupo de arboles cobijaban bajo sus ramas una gran casa señorial, hermosa y férrea.
- Es preciosa, Edward – dije sin poder apartar los ojos de los grandes ventanales y las esbeltas columnas - ¿Qué lugar es este?
- Era mi casa - dijo cogiéndome por detrás rodeándome con sus brazos y mirando la casa mientras soltaba un suspiro - era la casa de mis padres. Hace mas de un siglo que la abandoné para irme con los Cullen
- ¡Ohh Edward, es magnifica! y no parece que haya estado ni unos días deshabitada.
- Quise mantenerla así con la esperanza de poder traerte algún día.
- Lo has conseguido, enséñamela.
Mientras recorríamos cada estancia de la casa me contó que sus padres, a los que apenas recordaba ya, murieron en los disturbios que sufrió el pueblo a consecuencia de la guerra. A él no consiguieron herirle pero días después de enterrar a sus padres cayó terriblemente enfermo. Un medico bastante prestigioso que prestaba sus servicios en el condado oyó de su enfermedad y fue a visitarle, encontrándole medio moribundo. Era Carslisle. Y fue en esta misma casa donde Edward pasó de ser humano a ser un vampiro. Estaba tan pendiente de su historia que no me fijé cuando nos paramos delante de una puerta en concreto.
- Vaya, es una historia terrible.
- Es el pasado, ahora hay que mirar solo al presente – y agarrándome la mano y abriendo la puerta que teníamos delante dijo – este era mi dormitorio.
Me quedé impresionada por la sobriedad de la estancia. Una cama con dosel, majestuosa y enorme, presidia la habitación. No era el cuarto del muchacho que yo esperaba encontrar, era el cuarto de un hombre con muchas inquietudes. Los libros se apilaban en innumerables estanterías y librerías. El escritorio frente a la ventana estaba pulcramente recogido, pero mostrando signos de haber sido usado con asiduidad. Grandes cortinas de terciopelo azul descansaban a ambos lados de las ventanas. Si me hubiera dejado adivinar cual de entre todas las estancias sería su habitación, desde luego que no hubiera dudado ni un instante de que era esta. Su personalidad estaba impresa en cada uno de los cuadros, en cada uno de los muebles, en el azulado color de toda la habitación. La habitación de Edward. La recorrí despacio deteniéndome en cada pequeño detalle, encontrando su esencia en cada objeto que veía, mientras él me observaba pensativo desde el marco de la puerta. Solo mirándome.
- Es increíble, es tan… tuya – dije mirándole a los ojos y acercándome de nuevo a su lado – me alegra que me hayas traído.
- Bella - dijo rodeándome entre sus brazos pero evitando mirarme directamente a los ojos – hay una razón por la que quería traerte aquí.
- Y que razón puede ser esa que hace que te pongas tan serio - dije levantando su cabeza presionando con un dedo su barbilla.
Conseguí que me mirara con sus enloquecedores ojos. ¿Estaba nervioso? Buscaba las palabras para decirme sus razones, sus manos recorrían toda la longitud de mi espalda desde la nuca hasta la cintura. Estaba nervioso. ¿Quizás temiendo mi reacción? No tendría que preocuparse tanto, estaba completamente dispuesta a cumplir cualquiera de sus deseos.
- Bella, yo… aquí fue donde yo… dejé de ser una persona para convertirme en lo que soy ahora – dijo mientras acariciaba con un dedo el contorno de mis labios – y quiero… me gustaría que tú hicieras tu transición aquí, conmigo, en mi cama.
Le miré sin disimular en absoluto la sorpresa que me causó su petición. No podía creer lo que escuchaban mis oídos, por fin llegaba el ansiado momento, por fin iba a ser como él, por fin se cumplía mi sueño.
Una amplia sonrisa se adueñó de mi cara mientras él me miraba con la esperanza asomando tímidamente en sus hermosos ojos.
- Ohh Edward, dime que no estas tomándome el pelo - dije mientras mi corazón quería salirse gritando de mi cuerpo - dime que el día ha llegado.
- No te estoy gastando ninguna broma Bella – dijo abrazándome con fuerza y apretándome contra su cuerpo - quiero que sea hoy, esta misma noche. No quiero esperar más para tenerte. Pero entenderé si prefieres esperar a estar en casa, Carslisle puede ayudarte mucho más que yo…
- Dios mío - dije dejando que las lagrimas cayeran de mis ojos – llevo tanto tiempo esperando oír esas palabras que… que… no puedo creerlo. No quiero esperar mas.
- ¿Eso es un si? ¿estás dispuesta a hacerlo?
- Si, si, si, si, si… - dije besándole apasionadamente entre afirmación y afirmación.
- Ohh Bella, me haces tan feliz – dijo cogiendo mi cara entre sus manos – no dejaré que te ocurra nada. Será doloroso y puede que incluso quieras morir en el proceso, pero estaré a tu lado cada segundo, ayudándote a pasar por ello.
- Estoy segura de que lo harás. Todo irá bien si estas conmigo, estoy segura.
- Te quiero tanto mi vida – dijo dedicándome una de sus arrebatadoras sonrisas – que creo que me voy a morir de la impaciencia.
- Dime que hago - dije de pronto nerviosa e impaciente entre sus brazos – que tengo que hacer… como me preparo…
- Voy a por la maleta y a preparar algunas cosas. Tú de momento ve preparando un relajante baño y si me lo permites voy a acompañarte, ya que esta mañana no pude complacerte como era tu deseo. Y lo necesitarás - dijo y me beso tan ardientemente que noté como la sangre corría enloquecida dentro de mis venas – volveré tan rápido que no tendrás tiempo de notar mi ausencia.
Y diciendo esto salió disparado por la puerta. Definitivamente iba a estallar de la alegría. No podía creer que hubiera llegado el momento, di vueltas de la emoción por toda la habitación, quise gritar a los cuatro vientos lo feliz que me sentía. Por fin. Por fin. Por fin iba a ser suya. Por fin iba a ser mío.
Fui al baño y dejé correr el agua en la gran bañera. Me quedé mirando como el agua la iba llenando mientras mi mente se preguntaba mil incógnitas acerca del cambio que estaba a punto de sufrir. Ya sabía que iba a ser duro, y muy doloroso, Carslisle me había contado las diferentes fases por las que pasaba el cuerpo en el proceso con una precisión medica impresionante. Pero una cosa era estudiarlo o que te lo contaran y otra muy diferente era sufrirlo en las propias carnes. Tuve que reconocer que estaba asustada, podría salir mal, podría no soportarlo y terminar muriendo, pero tenía que hacerlo, quería hacerlo. Y Edward estaría conmigo… no permitiría que me pasara nada malo.
Eché al agua unas sales que encontré en la repisa de mármol que había junto a la bañera y enseguida empezó a formarse una espesa y blanca espuma. Pensé que sería el último baño que me daría como humana, y mirando por la ventana la oscuridad que ya se cernía sobre la casa también pensé que iba a ser el último día de mi humana existencia. No pude evitar sentirme nerviosa pero intenté auto convencerme de que merecería la pena pasar por todo eso si con ello conseguía el eterno amor de Edward.
Me desnudé y después de cerrar el grifo me fui metiendo poco a poco en las abrasantes aguas. Volvía a tener los músculos agarrotados por los incómodos nervios que me atenazaban. Me dejé resbalar en la blanca porcelana hasta que quedé completamente sumergida en el agua. Relájate, relájate. Todo irá bien. Cuando emergí de nuevo a la superficie vi a Edward parado de pié ante mi. Hermoso y perfecto hasta lo impensable. Mirarle a los ojos bastó para que los nervios desaparecieran por si solos y floreciera en mi interior una poderosa necesidad de tenerle cerca.
Sin apartar sus ojos de los míos se despojó de su ropa y no pude evitar maravillarme al contemplar su hermoso cuerpo totalmente desnudo. El corazón empezó a galopar de nuevo en mi pecho mientras él avanzaba lentamente hacia mi lado. Extendí el brazo para invitarle a acompañarme deseosa de sentir su piel en contacto con la mía. Agarró mi mano y entró en la bañera situándose a mi espalda y colocándome entre sus piernas. Me recosté contra su pecho mientras sus manos recorrían mis brazos y mi nuca. El agua descendió varios grados de temperatura pero apenas lo noté, solo podía sentir sus caricias, su aliento cerca de mi oído, su dureza contra mi espalda.
Levanté los brazos sobre mi cabeza para poder tocarle la cara, para acariciar su pelo, para acercar más su boca a mi oído y deleitarme con sus suaves susurros.
- Te quiero, mi amor - dijo mientras deslizaba sus manos sobre mis pechos – te quiero tanto… tú eres mi vida… tú eres mi aire…
Sus manos hacían estragos sobre mi cuerpo, deslizando sus caricias mientras mis jadeos daban muestras claras del grado de excitación que empezaba a consumirme. Desplazó sus dedos por mi pecho, descendiendo por mi piel recorriendo mis costillas, mi estomago, mi vientre, siguiendo con una línea imaginaria el contorno de mis caderas. Me apreté mas contra su pecho deseando como loca poder girarme para encontrar su boca. Me removí lo suficiente entre sus piernas para poder llegar a sus labios, rozando con mi cadera su parte más sensible y haciéndole jadear también por el contacto. Le cubrí con mis besos mientras sentía como su mano se desplazaba de mis caderas para acabar enterrada entre mis piernas.
El placer que me hizo sentir era completamente insoportable, no podía seguir experimentándolo sin volverme completamente loca. Sus gruñidos de satisfacción al escuchar mis jadeos hicieron que mi cuerpo se arqueara involuntariamente mientras sus manos trabajaran mas a fondo entre mis muslos. Oh Dios, no lo aguantaría por mucho más tiempo. La corriente que se estaba desencadenando entre nuestros cuerpos era descomunal. Me escurrí entre sus brazos como un resbaladizo pez y por fin permitió que me pusiera frente a él, encerrándole bajo mi cuerpo, presionando su sexo contra mi vientre. Sus gemidos de placer hicieron aumentar mi deseo hasta límites exagerados. Me incorporé para colocarme a horcajadas sobre sus caderas mientras él me agarraba con fuerza incorporándose a su vez y apretándome contra su cuerpo mientras impulsaba sus caderas entrando por fin en mí.
Un latigazo de placer hizo que mi cuerpo se sacudiera con una violenta convulsión. Grite de la pura satisfacción de sentirle dentro, me aferré a su cuerpo rodeando su cuello con mis brazos, suplicándole que me hiciera suya. Con su poderoso brazo rodeando mi cintura y manteniéndome apretada contra sus caderas, se impulsó apoyando la otra mano en el borde de la bañera y se incorporó sobre sus piernas sin aparente esfuerzo. Sin salir de mí, sin dejar de sujetarme salió de la bañera sin separar en ningún momento sus labios de los míos, me llevó hasta la cama.
Hicimos el amor como dos locos, como dos desesperados. Dimos mil vueltas entra las sabanas buscándonos como lo harían dos amantes en un doloroso y último encuentro. Pero sabiendo que nosotros jamás nos separaríamos, que siempre estaríamos juntos y que sería así por el resto de la eternidad. Y en el momento que el placer llegó a su punto más alto, en el momento en que mi cuerpo explotó en el más ardiente de los orgasmos que jamás había experimentado, sus dientes se abrieron paso hundiéndose en mi garganta.
… . …
Podría describiros perfectamente lo que ocurrió después, la emoción que me embargó cuando supe que lo había hecho, las veces que le di gracias a dios por permitirme vivir ese momento, la fuerza de sus brazos sosteniéndome. Y también el escalofriante sufrimiento, el calor abrasador, la terrible agonía, los terroríficos dolores. Pero prefiero que os quedéis con la esencia del acto tan maravilloso que viví en sus brazos y que dio paso a nuestra nueva vida.
Alguien dijo una vez "Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás." Y Edward y yo jamás moriríamos.
También escuché decir que "Amar es cambiar de casa el alma" y nuestras almas ahora estaban entrelazadas, viviendo como una sola en el interior de nuestro amor.
Nuestro amor eterno. Nuestro amor verdadero.
Fin Libro II
