Buenos dias...!
Preparadas para afrontar el nuevo libro? pues vamos a meternos de lleno en la historia, por lo que os aconsejo que presteis atención a los detalles, que luego os aclararán muchas de esas dudas que ahora teneis.
Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci ... por vuestros reviews ;)
Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)
Que lo disfruteis...!
... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
. ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ...
... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... . ... .
Capitulo 30
Carslisle paseaba de un lado a otro de su despacho sumido en sus pensamientos. Lo que Edward acababa de relatarle no era, ni de lejos, lo que esperaba oír de la reciente experiencia de Bella. Edward miraba como su padre iba y venia cavilando, en voz alta o en susurros, dependiendo del grado de concentración que aquella revelación le provocaba. Después de minutos interminables por fin resolvió.
- No es el primer caso, eso seguro – dijo agarrándose la barbilla pensativo – Creo recordar… necesito consultarlo.
- Sé sincero Carslisle – dijo Edward intentando aparentar normalidad pero sin poder ocultar su inquietud – si es peligroso para Bella o para nosotros…
- Aun no quiero aventurarme a decirte algo sin haber hablado con ella y sin haber consultado los libros. – dijo mirándole directamente a los ojos – Pero si puede ser peligroso, y mas para ti que para nosotros.
- Solo ocurrió una vez. Y ha podido controlarse hasta ahora.
- Si Edward, pero prácticamente acaba de despertar. Y si dices que ya puede controlarlo no creo que tarde en evolucionar. No es una neófita corriente, eso salta a la vista. La cuestión es hasta donde puede llegar su dominio.
- Dime qué hacemos - dijo intentando ocultarle a su padre la rabia que empezaba a embargarle.
- De momento nada. Voy a enterrarme entre libros a ver si encuentro lo que presiento que esta pasándole. Habla con ella y en cuanto se sienta dispuesta dile que venga a verme. Y tu, sé que te va a resultar difícil Edward, pero intenta no ponerla… nerviosa. No sé si me explico.
- Perfectamente.
- De acuerdo. Ahora márchate y tranquilízala. Estaré aquí encerrado hasta dar con ello.
- Gracias, Carslisle. Intentaré que venga a verte lo antes posible.
Cuando Edward salió del despacho y cerró la puerta a su espalda un mal sentimiento se apoderó de él. Las palabras de Carslisle removían sus pensamientos llevándolos por derroteros inquietantes. Peligroso para ti… no ponerla nerviosa… No pintaba bien. Después de todos los obstáculos que habían tenido que sortear y todos los problemas que habían tenido que resolver para poder estar juntos, decidió que nada ni nadie, ni siquiera su padre, iba a impedirle disfrutar de su sueño mas anhelado.
Cuando le vi aparecer por la puerta de la cocina me dio la sensación de que habíamos pasado días sin vernos. Solo hacía unas horas que se había encerrado en el despacho con Carslisle, pero a mi me parecieron siglos. Automáticamente mi cuerpo reaccionó a su sola presencia haciéndome volverme completamente hacia él y atrayéndole como un imán irresistible. La sensación humana de gravitar en torno a él no había desaparecido en absoluto. Muy al contrario, se había intensificado creando una corriente de dos sentidos en lugar de solo uno. Ahora yo también ejercía esa inevitable atracción sobre su cuerpo, haciendo que le resultara imposible no acercarse a mí.
Alice y Alma, con las que estaba disfrutando de una agradable conversación antes de que Edward llegara, abrieron los ojos como platos al sentir los impulsos que se desarrollaban entre él y yo. Apenas ni respiraban viendo como nuestros ojos conectaban, y como con cada segundo, el aire entre nuestros cuerpos se iba reduciendo mientras acortábamos las distancias.
Fue Alice la que, corriendo un grave peligro sin saberlo, hizo que su cara se interpusiera en mi campo visual y distrajera mi atención de mi claro objetivo. Un fugaz destello de odio cruzó por mi mirada en apenas un segundo, y desapareció tan rápido que me fue imposible registrarlo en mi fabulosa memoria de vampira.
- Bella - dijo Alice sacando a relucir sus famosos pucheritos – dijiste que hoy te tendría solo para mi.
- Alice – dijo Edward advirtiendo mejor que yo lo que por un segundo reflejaron mis ojos – no agobies a Bella, aún es pronto para que la vuelvas loca con tus desvaríos.
Sutilmente agarró a su hermana del brazo y la hizo desplazarse a un lado, alejándola de mí y volviéndola a sentar en la silla que hasta hace unos segundos estaba ocupando. Después de asegurarse que no iba a volver a interponerse entre nosotros, se acercó hasta mí y depositó un suave y cálido beso en mis labios. Definitivamente y por muy vampira que fuera, no me iba a librar de perder el hilo de mis pensamientos cada vez que tuviera sus labios cerca. La diferencia estribaba en que ahora a él le pasaba lo mismo.
- Hola mi amor – dijo acariciándome la cara y sonriendo como sólo él sabía hacerlo - ¿Cómo te encuentras hoy?
- Ahora perfectamente – dije mirándole embobada – solo faltabas tú para completar la perfección.
- Creo que voy a vomitar – dijo Alice aparentando la nausea que le provocaba la estampa y extrañada por el comportamiento de su hermano – Bella ¿puedes decirle al zoquete de mi hermanito que se vaya a dar un paseo? Hoy es día de SOLO chicas.
- No seas pesada Alice – dijo Edward mirando con fastidio a su hermana – tenéis toda la eternidad para tener días de SOLO chicas. Bella necesita tranquilidad para adaptarse.
- Vale, chicos, tranquilos vosotros – dije intentando calmar un poco los ánimos – hay tiempo para todos. Alice, dame un segundo y enseguida estoy de nuevo contigo. Tengo que hablar con Edward.
Salimos de la cocina y entramos en el gran salón, que para mi alivio estaba completamente desierto. A pesar de la sonrisa que lucían sus labios me di cuenta de que sus ojos decían algo más preocupante. Y tenían pinta de no ser muy buenas noticias para mí.
- ¿Cómo ha ido? – dije más nerviosa de lo que quería aparentar.
- Carslisle está investigando. Tiene una ligera idea de lo que puede ser, pero necesita hablar contigo sobre ello.
- Tiene mala pinta ¿verdad?
- No quiere sacar conclusiones precipitadas hasta investigar un poco y escuchar tu versión.
Me atrajo hacia él y me abrazó en un intento de reconfortarme. La calidez con la que ahora sentía su piel y el intenso aroma a naturaleza que desprendía era el mejor tranquilizante que podría tener. Solo a su lado me sentía segura y completa. La preocupación que rondaba por mi mente quedaba en un segundo plano cuando pensaba en los años, las décadas y los siglos que pasaríamos juntos. Eternamente felices y enamorados. Y si lo que me estaba ocurriendo era un impedimento para nuestra felicidad, lo mejor sería solucionarlo cuanto antes.
- Entonces hablaré con él – suspiré resignada – no puedo retrasarlo más.
- ¿Estás segura? No tiene porqué ser hoy, tal vez mañana si estás mas tranquila.
- No Edward, no sé lo que me pasa pero no quiero seguir así. Podría ser peligroso para ti y si te hiciera daño yo...
- Eso jamás ocurrirá, confío en ti como en mi mismo. Concéntrate en estar tranquila y verás como todo sale bien. Carslisle estará en su despacho todo el día, cuando quieras pásate por allí.
- Lo haré en cuanto pueda escaparme de Alice, creo que va a estar tan ocupada con el "ya sabes qué" - dije jugueteando con un botón de su camisa - que no tendrá tiempo para volveros locos a los demás.
- ¿En serio? ¿Y qué es el "ya sabes qué"? – dijo como si no supiera de qué le estaba hablando.
- Como si no lo supieras, fue idea tuya.
- No se de qué me hablas - dijo haciéndose el indiferente mientras intentaba ocultar su sonrisa – digo tantas cosas que ahora mismo no caigo en qué es el "ya sabes qué".
- No te hagas el tonto Edward - dije sabiendo que me estaba tomado el pelo - lo sabes perfectamente.
- Claro que lo sé – dijo riéndose abiertamente de mi mientras acercaba despacio su boca a mi oído – pero me gusta oírtelo decir.
- Edward… - dije sintiendo como su cálido aliento acariciaba mi piel.
- Dilo. Nuestra…
- No. rózame con esos labios y haré lo que quieras
- Dilo. No es tan difícil…
- No lo diré. daría lo que fuera por hacerte mío
- Dímelo al oído.
- No. al diablo con la precaución, voy a tomarte aquí y ahora aunque destroce el suelo del salón
- ¡Bella! – Gritó Alice entrando como una exhalación en el salón y arruinando, o mejor dicho salvando, una situación que empezaba a ponerse muy complicada para los dos – ¡Hay mucho que decidir y así no vamos a avanzar nada de nada, haz el favor de dejar los arrumacos para mas tarde y prestarme un poco de atención!
- Salvado por la campana - le dije a Edward alejándome de él y resignada a abandonar mis intenciones – va a resultar que Alice va a conseguir lo que tú y yo no podemos por nosotros mismos.
- Edward – dijo Alice en tono autoritario mientras me agarraba de la muñeca y me arrastraba hacia la cocina – los chicos te esperan para ir al pueblo, no los hagas esperar más.
- Vale hermanita, te la dejo por un rato pero ¿Bella? – dijo en tono divertido, me giré para mirarle – el suelo del salón no te tiene miedo. Y yo tampoco.
- ¿Pero que demonios estás diciendo? – dijo Alice mirando con desconcierto a Edward – Vete de una vez o le diré a Emmett que venga y te saque a rastras.
Imposible. No pude reaccionar al comentario de Edward. Era imposible que ahora fuera capaz de leerme la mente si en los cuatro días que llevaba como vampira no lo había conseguido ¿Habría pensado en voz alta? No. Me miraba divertido viendo mi cara de estupefacción y viendo como Alice me sacaba del salón mientras parloteaba de lo pesado que era su hermano. Solo pude ver como me guiñaba un ojo antes de que la puerta se cerrara.
… . …
Alice. El Mundo Alice. El Universo Alice.
Era impresionante ver como una persona tan pequeña y tan dulce se volvía un torbellino de actividad. Nada se escapaba de su control en lo que a organización de eventos se refería. Me tuvo horas enteras buceando entre miles de catálogos, muestras de tela, maquetas, cartas de colores… Cada elemento que ponía ante mis ojos resultaba fascinante para ella, todo tenía que salir a la perfección y por más que le decía que eligiera ella el color o la forma de esto o aquello, no paraba de decirme que necesitaba mi opinión para estas cosas.
No quería ni preguntar de donde había sacado semejante cantidad de información, folletos y muestrarios, pero conseguí que no me arrastrara demasiado en su afán organizador prometiéndola que, si ella se ocupaba de todo lo relacionado con los preparativos, yo me ofrecería gustosa a acompañarla de "shopping" las veces que hicieran falta para renovar, según palabras textuales de Alice, mi desastre de armario.
Ya estaba oscureciendo fuera cuando decidí que tenía que hablar con Carslisle. Edward y los chicos estaban aún en el pueblo y Alice tenía a Esme y a Alma atareadas con la organización del próximo evento… el "ya sabes qué". De camino a su despacho me crucé con Rose en el pasillo.
- Hola Bella ¿Qué tal todo? – una gran sonrisa decoraba su hermosa cara, pero sus ojos seguían pareciendo recelosos.
- Alice me tiene machacada pero va bien – dije sonriendo amigablemente - Están en la cocina si las estabas buscando.
- Ah, genial. Iré a ver que es lo que traman ¿Dónde vas tú? – me miró entornando los ojos.
- Voy a hablar con Carslisle, ¿sabes si sigue en su despacho?
- Si, lleva allí todo el día – me miró un instante muy intensamente - ¿Va todo bien?
- Eso creo - dije intentando no pensar en que realmente todo no iba tan bien como me gustaría - aunque ser vampiro es mas complicado de lo que esperaba.
- Bueno – dijo poniéndose seria de repente - nadie te dijo que fuera fácil.
Rose, Rose. Me iba a costar mucho llegar a tener un mínimo de amistad con ella. Desde el día que la conocí, y por algún motivo que yo desconocía, no me soportaba en absoluto. Apenas habíamos tenido roce y jamás habíamos tenido una conversación completa, pero después de nuestro periplo por tierras lobunas, dudaba bastante que la relación con ella mejorara en algo. Opté por mantener el escudo de protección que me aislaba del daño de sus comentarios. Después de mantenernos la mirada un segundo comenzó a avanzar hacia la puerta de la cocina.
- Cierto, nadie me lo dijo – dije cansada de volver a lo de siempre con ella – pero tranquila, ya me las apañaré – me giré para seguir mi camino dándole la espalda.
- Bella - estaba parada al lado de la puerta y me miraba con ¿reconocimiento? – lo estás haciendo bien.
Salió sin darme tiempo a agradecer su comentario, que no me esperaba para nada. ¿Sería posible que se le hubiera ablandado el corazoncito con respecto a mí? Lo dudaba Calma Bella, lo hace por su hermano, no por ti. Eso también era cierto. Definitivamente esta mujer me tenía completamente descolocada.
No quise darle mas vueltas al tema, tenía que centrarme en la conversación que tenía que tener con Carslisle. Ese si que iba a ser un momento duro para mi, pero había que hacerlo, por nuestro propio bien. Afortunadamente Edward ya le había contado, a grandes rasgos, todo lo ocurrido, por lo que supongo que muchos datos de mi experiencia estarían ya en conocimiento de Carslisle. Llamé a la puerta.
- Pasa Bella – dijo Carslisle desde el interior del despacho. Abrí la puerta y asomé la cabeza.
- ¿Te interrumpo? – pregunté viendo la cantidad de libros y papeles que abarrotaban la mesa.
- No, no, pasa por favor – dijo levantándose a quitar unos papeles que descansaban en la silla que había frente a su mesa, y ofreciéndomela para sentarme – gracias por venir.
- No hay nada que agradecer, Carslisle. Te pido disculpas por no haber venido antes.
- Tranquila, te entiendo perfectamente. No quiero que pienses que voy a machacarte a preguntas, ni que me lo cuentes todo con pelos y señales. Me conformo con escuchar solo lo que tú puedas soportar contarme.
- No sé por donde empezar - dije entrelazando mis dedos y apoyando las manos en mis piernas.
- Yo te ayudaré. Empezaremos por el principio, el momento del cambio. Edward ya me ha contado que todo fue bastante bien y que asombrosamente los espasmos, dolores, etc apenas te duraron unas horas.
- Así fue - dije evocando los dolorosos recuerdos - fueron solo horas, pero a mi me parecieron siglos. Creía que me moría.
- Es muy difícil explicarlo, lo sé. Todos nosotros hemos pasado por ello y te aseguro que normalmente dura días. Lo que me interesa de ese momento es lo que sentiste cuando cesaron los temblores, lo que pensaste cuando el dolor fue abandonando tu cuerpo.
- Bueno, todo era muy confuso para mí. Creo… creo que el primer pensamiento del que fui consciente fue… Edward.
- Evidente, le tenías delante, estaba contigo pero ¿qué sentiste con respecto a él?
- Cuando abrí los ojos y le vi sentí una alegría descomunal, por primera vez pude verle realmente y él me miraba como un ángel miraría a su dios. No sé describirlo pero sé que lo que sentí por él en esos momentos era amor, amor en un grado que nunca hubiera imaginado antes, era… era…
- Continúa - dijo mientras apuntaba algo rápidamente en un papel que tenía delante de él.
- Era fundamental para mí, esencial para mi supervivencia, no sé si me explico…
- Llegaste a sentir necesidad física de él - dijo volviendo a apuntar en su papel.
- Si, pero no era solo físico - me empecé a sentir mal al ver aproximarse el momento mas difícil de explicar – era físico pero a la vez no lo era… yo… le necesitaba a otro nivel, él… su… necesitaba su…
- Vale, relájate – dijo dándose cuenta de mi incomodidad - este tema lo dejaremos aquí por ahora. ¿Sabes si tu familia es de procedencia Eslava? Padres, abuelos, bisabuelos…
- No que yo sepa – dije mas tranquila con el cambio de rumbo de la conversación – pero no podría asegurarlo.
- Bien ¿Canadiense, tal vez?
- Canadiense puede ser. Mi madre hablaba mucho de un tiempo que pasó de niña en Vancouver, mis abuelos estuvieron muchos años viviendo allí por cuestiones laborales, y creo que tenían parientes en la zona.
- ¿Estas bautizada?
- No, mi madre… bueno, no es que fuera una mala cristiana pero ella tampoco lo estaba y supongo que quiso que yo pudiera decidirlo por mi misma, llegado el momento.
- Interesante - otra vez escribiendo en el dichoso papelito, los nervios estaba empezando a hacer mella en mí.
- Carslisle, esto… ¿esto es necesario? No veo en que puede afectar a mi problema.
- Mucho, más de lo que crees. Una última pregunta y te cuento mis conclusiones.
- Tú dirás.
- ¿Qué opinas de los niños?
- ¿Qué? – dije mirándole confundida - ¿De los niños?
- Si, que opinas de ellos te gustan, los odias…
- No lo sé, no me desagradan los niños y sé que siendo vampira nunca podré tenerlos, pero no es algo que me preocupe. Siempre se puede adoptar, como hizo Edward con Alma.
- Bien. Bueno, creo que tenemos algo aquí con lo que comenzar.
- Edward acaba de llegar - dije escuchando, a la vez que Carslisle, como se abría la puerta principal de la casa y los chicos entraban riendo y bromeando sobre algo.
- Entonces esperaremos a que venga, es algo que os afecta a ambos y creo que sería importante que él esté presente en esta conversación, si te parece bien.
- Me parece bien – dije sin saber si sentirme aliviada o nerviosa por que Edward estuviera delante cuando Carslisle expusiera su conclusión.
- Solo una pregunta antes de que él llegue – dijo mirándome intensa y directamente a los ojos.
- Dime.
- Después de haberle, ya sabes… mordido ¿te sentiste mal?
- No lo sé - dije tan frustrada que ni siquiera me paré a pensar lo que dije a continuación. Las palabras salieron a borbotones – al principio me gustó, me sentí poderosa y fuerte dominándole, y saborear su… sangre, o lo que sea que corra por nuestras venas, en mi boca fue increíble. No podía parar, no quería parar. Pude notar su fuerza pasando a través de mi organismo como un río de lava, y revolucionó mi cuerpo de tal manera que no pude controlar los instintos tan salvajes que me despertó. Le amé y odié por igual por hacerme sentir de aquella manera, estaba alegre y triste a la vez.
- Los picos de tus emociones terminarán estabilizándose mas temprano que tarde. Eso sí es lo lógico en un neófito. Pero que pararas, que consiguieras hacerlo a pesar de que ningún neófito es capaz de controlar ese impulso, es lo que me desconcierta completamente. Habría tenido consecuencias fatales, si tú no llegas a controlarlo.
- Lo controlé ¡pero no sé como! y sé que gracias a ello Edward y yo hemos conectado a otro nivel, pero cada vez que pienso en lo que hice, es cuando me siento mal, muy mal - dije muy avergonzada - Tanto esperar para tener lo que quiero y a la primera oportunidad casi me cargo al objeto de mi deseo.
- Edward es fuerte, más de lo que piensas, y ha estado preparándose desde hace mucho tiempo para ti. El que hayáis conectado a otro nivel tiene su explicación. Verás…
En ese momento Edward tocó a la puerta y Carslisle interrumpió la explicación que estaba a punto de darme. Pidió permiso para pasar y Carslisle se lo concedió. Mientras que Carslisle vaciaba otra silla, la colocaba a mi lado enfrente de su mesa y se sentaba de nuevo en su butacón, Edward no despegó sus ojos de mí. Le sonreí levemente al notar como su mano agarraba fuertemente la mía. Estamos juntos en esto eso es lo que decía su mirada. Y en ese momento tuve el absoluto convencimiento de que nada, y repito, NADA, podría con nosotros.
