Buenos dias de Jueves...!

Bueno, se nos acaba el año y yo ya no trabajo hasta el dia 3, por lo que las actualizaciones las tendreis algo mas tarde que de costumbre. Porque en estos dias no me gusta madrugar nada de nada... pero tendréis actu el sabado y el domingo ;)

Y bueno... seguimos aclarando dudas aunque creo que surgirán muchas nuevas... pero todo a su tiempo ;)

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 31

Mara:

Vampiro Eslavo, también se encuentra en las leyendas de la gente de Kashube en Canadá. Se cree que es el espíritu de una mujer sin bautizar, la consideran un terrible visitante nocturno que oprime a sus víctimas, sometiéndolas. En la leyenda Eslava una vez que el Mara bebe la sangre de una persona ella se transforma en su amante y volverá a visitarlo cada noche hasta causarle la muerte. También se cree que le apetece la sangre de los niños.

No podía creer lo que tenía ante mis ojos. Yo era eso que estaba leyendo. Yo era eso horripilante que estaba leyendo. No pude apartar mis ojos del libro que Carslisle mantenía abierto delante de nosotros, las representaciones graficas de las diferentes clases de vampiros que existían me resultaron espeluznantes. Afortunadamente no creí que el retrato de La Mara se me pareciera físicamente en nada, pero la descripción me pilló completamente por sorpresa. Las preguntas que Carslisle me había efectuado hace solo unos minutos adquirían ahora un sentido para mí.

- Ante todo no quiero que te asustes – dijo Carslisle con tono tranquilizador buscando mi mirada sin encontrarla y agarrándome las manos por encima de la mesa – esto no deja de ser folclore popular, no es tan terrible como parece.

- Increíble – dijo Edward - ¿Cómo es esto posible? Bella es… era humana.

- Os diré mi teoría claramente para no liaros. Su rápida recuperación y las extrañas circunstancias que siguieron a su inmediata conversión me hacen pensar que Bella no es neófita, sino neonata.

- Creía que era lo mismo… - dije esperando que algo tranquilizador saliera de su boca – neófita, neonata, fuera lo que fuera lo tenía mas que asumido pero… ¿Mara?

- No eres Mara al completo, Bella, imposible teniendo padres y abuelos humanos. Me inclino a pensar que algún antepasado tuyo si que podría haber tenido algún tipo de contacto con esta raza de vampiro, y ha estado latente en vuestra sangre durante generaciones hasta que tú… ya sabes, hasta que te has pasado a este lado.

Yo, Isabella Swan, huérfana de padres desde los 16 años, sin parientes sanguíneos vivos, sola en este mundo, sin ataduras a mi vida anterior, me enamoro de un vampiro y doy el paso de formar parte de su mundo. Un mundo desconocido y enormemente atractivo para mí, un mundo que me abría una ventana a la felicidad, a la esperanza, al amor… y resulta que ese mundo ya formaba parte de mi vida sin yo saberlo. Fascinante.

- Latente en mi sangre – dije sin poder apartar mis ojos de la imagen escalofriante de La Mara mientras un extraño frío me recorría el cuerpo – Latente. En mi sangre.

- Así es – dijo Carslisle observando mi inesperada reacción ante semejante revelación – Aún es pronto para saber el porcentaje de Mara que hay en ti, apenas llevas unos cuantos días como vampira y hasta que no termines de adaptarte no sabremos el alcance de tu herencia sanguínea.

- Carslisle – escuchar la voz de Edward hizo que automáticamente levantara mis ojos del libro y depositara mi mirada en su rostro – cómo nos afectará esto a nosotros.

- A nosotros no tiene porqué afectarnos en nada – dijo mirando a su hijo intentando hablar todo lo claro que podía – es La Mara la que elige a sus victimas, humanas en la mayoría de los casos. Nosotros somos vampiros, no entramos en su rutina alimenticia.

- Pero ella no se ha alimentado nunca de ningún humano – dijo mirando a su padre, muy concentrado en entender lo que éste le contaba - de hecho todavía no se ha alimentado de nada, solo de mi.

Y eso era completamente cierto. El único alimento que había ingerido desde mi conversión había sido la ponzoñosa sangre de Edward. Succionada. Robada. Tomada por la fuerza directamente de su vena. Oprimiéndole. Sometiéndole. Un ardor insoportable me abrasó la garganta mientras intentaba centrarme en la conversación que estaba teniendo lugar.

- Eso es lo que me desconcierta – dijo Carslisle volviendo a rebuscar entre sus papeles – Bella sería la primera Mara "vegetariana" de la historia de nuestra raza y hay muy poca información sobre casos similares a este… Bella ¿te encuentras bien?

- Ahh… - dije sin apartar mis ojos de Edward, literalmente, no podía dejar de mirarle - Si. Creo que si… No. No me encuentro bien.

- Sobre todo porque lo que a nosotros nos corre por las venas no es sangre, en el sentido literal de la palabra, es… otro tipo de liquido. Es casi negro y tampoco lo tenemos eternamente, normalmente pasados los 200 años se termina secando… No hay datos históricos de ningún Mara que se haya alimentado de otros vampiros… - dijo Carslisle continuando su explicación pero reparando de pronto en la tensión que reflejaba mi rostro - Bella ¿seguro que estás bien?

- Edward es… mi amante – dije automáticamente mientras mi cabeza encajaba sola las piezas del puzzle – me alimentaré de mi amante… hasta matarle.

El desconcierto que mis palabras causaron en Edward hizo que inmediatamente dejara de escuchar y mirar a su padre para clavar sus ojos en mí. Unos ojos que decían mucho más que sus palabras y que captaban mis deseos, incluso antes de ser consciente yo misma de ellos. ¿Qué me está pasando?

- Bella – dijo Edward comprendiendo perfectamente lo que reflejaban mis ojos y tensándose ante el descubrimiento – Tranquila. Puedes controlarlo. Contrólalo.

- Edward… Oh, dios mío…

- Contrólalo mi vida. Tú puedes.

- No puedo… No puedo, no puedo, no puedo.

Oh, dios. Era la sed. Era la misma insoportable sed que sentí el día de mi conversión. Era la misma insoportable sed que había causado que aquel día Edward terminara siendo mi improvisada cena. No podía pensar, no veía nada más que el suave y blanco cuello del hombre al que amaba. Del hombre al que necesitaba. Solo le necesitaba a él. Solo a él. Intenté acercarme a él y levantarme pero unas manos me lo impidieron.

- Apártate Edward – dijo Carslisle mientras rodeaba velozmente su escritorio y se colocaba tras el respaldo de la silla que yo ocupaba colocando suavemente sus manos sobre mis hombros – Bella quiere… necesita alimentarse. Yo la acompañaré.

- Yo iré con ella – dijo Edward poniéndose de pié y disponiéndose a cogerme de la mano – no pasará nada.

- No – le dijo su padre en tono neutro pero mirándole con una determinación que no admitía discusión. Los dedos de Edward ni siquiera llegaron a rozarme – yo iré con ella. Vete. Ahora.

- Carslisle – dijo Edward en un último intento de convencer a su padre – puedo ir, Bella no me hará daño…

- No Edward. No esta vez, prefiero que te quedes y hables con el resto de la familia. No tardaremos mucho.

Carslisle no esperó a que Edward pudiera rebatirle. Me agarró de los brazos y levantándome suavemente de la silla me arrastró hacia la puerta del despacho. Mis ojos seguían clavados en él y apenas fui consciente de que me había movido hasta que no perdí el contacto visual con mi preciado amante. En un pestañeo pasé del dorado de su mirada a la oscuridad de la madera de la puerta.

Me sentí furiosa por el distanciamiento que nos separaba e intenté zafarme del abrazo de Carslisle, pero fue imposible. Prácticamente parecía que volamos a través del pasillo y creo que faltó poco para que la puerta de entrada a la casa acabara hecha trizas a nuestro paso. Tanto Rose como Esme, que estaba sentadas en el sofá de la sala conversando tranquilamente, se sorprendieron por lo inesperado de nuestra aparición. Cuando salimos al exterior intenté mirar atrás para ver si Edward nos seguía, pero solo alcancé a ver como las mujeres miraban con desconcierto hacia lo profundo del bosque que rodeaba la casa, donde Carslisle y yo nos perdimos en cuestión de segundos.

Solo la luna iluminaba la gran extensión del bosque que nos rodeaba. La veloz carrera terminó en cuestión de minutos. Cuando Carslisle me depositó en el suelo tuve que hacer acopio de todo el autodominio del que fui capaz para no saltar sobre él y vengarme por haberme separado de Edward. ¿Qué pensaba que iba a hacer? ¿Matarle allí mismo? Vale que fuera una neonata poco corriente, pero de ahí a pensar que pudiera hacerle daño al amor de mi vida…

- Esto no era necesario, Carslisle – dije intentando dominar el odio que sentía hacia él en esos momentos – Edward no me tiene miedo, no tiene que tenérmelo.

- Créeme que esto es lo mejor – dijo mirándome desafiante desde unos metros de distancia – Aún no te has alimentado como es debido y el ansia que reflejan tus ojos no me ha parecido muy racional.

- ¡Jamás le haría daño a Edward! – dije dolida por el comentario.

- Lo sé, al menos conscientemente sé que no serías capaz de hacérselo. Pero la sed es muy peligrosa Bella, no sabes lo que se puede llegar a hacer para saciarla…

- No… no le haría daño – dije sintiéndome de pronto muy triste porque ni yo misma estaba segura de la veracidad de mis palabras – no podría… soportarlo.

- Por eso he preferido venir yo contigo, quiero que te calmes y despejes la mente, Edward seguirá allí cuando volvamos.

- Lo siento de verdad Carslisle, no pretendía pagar mis frustraciones contigo, es solo que aún no sé qué va a ser de mi si no puedo controlar esto… - dije mirándome las manos como si ellas fueran las culpables de mi desgracia – odio en lo que me he convertido…

- No quiero que pienses así, solo necesitas más tiempo. Alejarte de Edward ahora solo ha sido una medida preventiva, él es fuerte, pero ahora mismo tú eres más fuerte que él. No podemos correr riesgos. Como en su día ya te expliqué y te repito ahora, para los vampiros el bienestar de nuestras compañeras es primordial, está por encima de cualquier otra cosa.

- Lo comprendo y te agradezco lo que haces por mí - dije dejando caer las manos a ambos lados de mi cuerpo y mirándole directamente - pero me duele estar separada de él.

- Sé que es doloroso Bella, y también sé que desde la noche que le mordiste no habéis vuelto a estar juntos, íntimamente hablando.

- Carslisle, yo… – dije completamente azorada por lo directas que eran sus palabras. Directo a la mayor de mis preocupaciones.

- Edward no dudaría ni un instante en darte todo lo que tú le demandaras con tal de tenerte satisfecha, incluso a costa de su propia vida. Lo ha estado haciendo desde el día que te conoció y lo seguirá haciendo eternamente, si tú no se lo impides.

- ¿Como podría impedírselo? Él es mi vida…

- Y tú eres la suya. ¿Fue casualidad que os encontrarais? Yo creo que no… la sangre llama a la sangre. El te eligió a ti, de entre todas las criaturas de este mundo. El destino es extraño a veces…

- El destino… - un escalofrío me recorrió el cuerpo - me gusta pensar que estamos destinados a estar juntos. Edward lleva tanto tiempo esperando esto, esperando por mí… que me resulta insoportable hacerle esperar aún más por no terminar de adaptarme.

- Él ha estado mucho tiempo esperando por ti y no creo que unas pocas horas más supongan un gran esfuerzo para él, pero tienes que facilitárselo todo lo posible. Tienes que esperar a que él esté preparado para ir a ti.

- Haré lo que me pidas…

- Solo hay una manera de solucionar esto, con esfuerzo y fuerza de voluntad. Tienes que aprender a dominar la sed ¿Estás dispuesta a intentarlo?

- Si – dije tragándome mi amargura e intentando tomar el control de mi misma.

- Te enseñaré a alimentarte a nuestra manera. Tendrás que alimentarte hasta que no puedas mas, de ese modo creo que podréis estar en la misma habitación sin que ninguno corra peligro. Ese será el comienzo, después ya veremos.

- Dime que tengo que hacer – dije completamente decidida a no dejar que mi condición fuera un impedimento para estar con él.

- Cierra los ojos y escucha. Escucha lo que te rodea. Huele lo que tienes a tu alrededor.

Hice lo que me pidió. Me concentré y escuche los sonidos del bosque, el leve viento que mecía las copas de los arboles, el rumor lejano del riachuelo que serpenteaba a lo lejos, las criaturas que reptaban y zumbaban entre los matorrales.

- ¿Lo oyes? – me dijo casi en un susurro - ¿oyes como late?

- Oigo el bosque… - dije intentando identificar el latido al que se refería y mirando a mi alrededor.

- No es el bosque Bella, presta atención. Escucha el latido, el bombeo, el fluir de su sangre… huele su sangre… No mires, solo siéntelo.

Volví a cerrar los ojos. Los olores eran tan variados y tan ricos en matices que me resultaba imposible desliar unos de otros, todos increíbles para mí. Me esforcé, concentré todos mis sentidos en escuchar un martilleo tan leve que casi escapaba a mi atención, pero que conseguí localizar en mi oído. Su cadencia era constante, monótona, acompasada. Me esforcé en aislar ese sonido de todos los demás, llenándome de él, de su ritmo tranquilo. Casi inmediatamente un aroma muy peculiar acudió a mi nariz, extrañamente ese aroma aumentaba y disminuía con cada latido que oía en mi mente, perfectamente sincronizados.

- Lo tengo – dije inspirando fuerte por la nariz y soltándolo lentamente entre los dientes, la garganta me empezó a arder de nuevo, abrasadora.

- ¿Sabes donde está?

- Si… - dije muy sorprendida de saberlo, pues una vez lo tuve localizado me fue imposible dejar de sentirlo.

- Pues ese es tu objetivo, ahora abre los ojos, encuéntralo y aliméntate.

Comencé a caminar a paso lento, orientándome hacia el sonido que tenía que encontrar. Carslisle me seguía varios pasos por detrás evitando interponerse en mi camino pero vigilándome de cerca. Según avanzaba pude notar como los latidos se hacían cada vez más sonoros, más cercanos. Aumenté la velocidad paulatinamente dominada por una sed que volvía a atormentarme en dolorosas ráfagas. Tenia que calmar ese dolor, necesitaba calmar esa sed.

Los arboles pasaban como borrones ante mis ojos y con cada latido de la pobre criatura mi cuerpo me pedía ir mas y mas rápido. Notaba el viento en mi cara, fresco y suave, y oía muy claramente como Carslisle me seguía de cerca, observando cada movimiento que hacía. De pronto me paré, estaba ahí delante, sentía martillear su corazón en mi cabeza. Avancé sigilosa y me oculté tras el tronco de un árbol que daba comienzo a la explanada de un gran claro. Justo en el centro, iluminado por la luna, un precioso ciervo macho raleaba la corta hierba. Había percibido mi cercanía y había levantado la cabeza, observando la espesura intentando localizar lo que le había distraído de su tarea. Miró en otra dirección dejando automáticamente de rumiar. Era tan hermoso que me quedé completamente quieta observándolo en toda su grandeza. De pronto pensé en Edward, me hubiera encantado que lo hubiese visto. Me dio mucha pena que no pudiera compartir esa experiencia conmigo, mi primera presa.

Carslisle notó mi momento de duda pero no se movió ni un ápice. Estaba allí para comprobar que yo era capaz de alimentarme por mi misma, y no podía darme la vuelta e irme como me hubiera gustado. Tenía que hacerlo, necesitaba hacerlo. Mi sed lo necesitaba. De acuerdo Bella, no pienses y hazlo. ¿Pero como hacerlo? Cerré los ojos e inspiré profundamente el aroma del animal, llenándome de él. Rápidamente empecé a sentir como un impulso eléctrico me recorría toda la columna y se concentraba en mi garganta, haciendo que nada ajeno a mi presa y yo existiese en ese instante.

Salí despacio de detrás del árbol, no quería que se espantara. El ciervo notó el movimiento y captó mi presencia, su corazón tardó una milésima de segundo en reaccionar y empezar su loco traqueteo, retumbando en mi cabeza, en mi boca. Centré mis ojos en el y a medida que me aproximaba la electricidad de mi cuerpo corrió descontrolada, pero focalizada, focalizada en mi presa. Para mi sorpresa el animal siguió en su lugar, como si le hubieran clavado al suelo, y me miraba con ojos de terror. La sangre corría tan veloz en sus venas que aumentó a mil veces más la sed que empezaba a destrozarme la garganta. Me aproxime mas rápido aumentando la velocidad de mi zancada, apenas unos metros me separaban de mi objetivo.

El animal seguía paralizado, pero pude ver el temblor descontrolado que recorría su cuerpo, como auténticos latigazos, a cada paso que me acercaba a él. Mi sorpresa fue en aumento al ver que las delgadas patas del animal se doblaban bajo su peso cuando llegué a su lado. Cayó al suelo, completamente aterrorizado, e inmóvil. Es el miedo Bella, el miedo no le deja moverse. Me arrodillé a su lado y pasé lentamente la mano por su ancho cuello, en un intento de calmarlo, completamente inútil. Me daba una pena horrible pero la sed ya era de por sí tan insoportable que no quise aguantarla mas.

- Tranquilo bonito, no te dolerá. – dije aproximándome a su vena y hundiendo los dientes en ella.