Buen fin de año a todos...! aunque yo lo voy a pasar en cama por la maldita gripe... pero bueno, pasarlo bien los que podais ;)

Gracias a Sethaum, Anaidam, Laubellacullen94, Louise cullen-98, madelinedarkgirl, NahCac, Cremita, triix2402, lizzy90, miss variete, lmabt, Mary de cullen, maryroxy, yoya11, Blackcullen, Nikki Hale, zujeyane, lizitablackswan, mandy.01, Nelly McCarthy, cintiaelnemer, triix2402, Firo Prochainezo, sophia18, kalicullen, yoya11, AnGiieeeH, YeLcY LEaNe SwAnSEa, Mary de cullen, Danyela1, Suiza19, maiy, culdrak, YuliBar, EDWARD-BELLA-MANSON, dezkiciada, ovejita-dm-cs, Physmilla, sophia76, audreybaldacci ... por vuestros reviews ;)

Mención especial para todos los lectores que se han suscrito al fic, gracias por vuestro apoyo ;)

Que lo disfruteis...!

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Capitulo 32

No podía mirarlos a los ojos. Entré con la cabeza agachada, precedida por Carslisle, y retorciendo mis manos nerviosamente. Todos los Cullen, sin excepción, estaban reunidos en el salón. Otra vez soy el maldito centro de atención, genial. Cuando levanté la vista y los enfrenté sus miradas me dijeron mucho más de lo que podían haber expresado con palabras. Jasper, cautela. Alice, sorpresa. Rosalie, odio. Emmett, diversión. Esme, ternura. Y Edward… qué podría decir de la mirada de Edward que no hubiera dicho ya. Sus ojos destilaban tanto amor que todo lo demás no me importó en absoluto.

- Sentimos la tardanza – dijo Carslisle tan entusiasmado que todos cambiaron radicalmente sus miradas asombradas hacia él – Ha sido tan fascinante que me ha resultado imposible volver antes.

- Bella ¿estás bien? – me preguntó Esme tan dulce como siempre - ¿quieres que te acompañe a cambiarte?

No me fijé en que mi ropa estaba destrozada y manchada de sangre y barro hasta que Esme me ofreció su ayuda. Pero no quería compañía en estos momentos. Necesitaba darme un baño y recomponer mi aspecto para volver a sentirme medianamente bien conmigo misma.

- Gracias Esme, pero me las podré arreglar sola – dije intentando alisar las arrugas de mi sucia camiseta.

- Si necesitas algo sólo dímelo ¿Ok?

- Claro.

Empecé a encaminarme hacia la escalera pero Edward me lo impidió cogiéndome de la mano y haciendo que me detuviera para mirarle de frente. Dios, ¿es que esos ojos no tenían ninguna piedad de mi muerto corazón?

- ¿Quieres que te acompañe? – preguntó pasando su suave dedo por mi sucia mejilla.

- No Edward, quédate. Carslisle tiene mucho que contaros y yo necesito unos minutos a solas. Bajaré enseguida, te lo prometo.

- ¿Estás segura? Puedo ir contigo y…

- No, tranquilo. Estoy bien, de verdad.

- De acuerdo. Pero no tardes.

- No tardaré nada.

La imagen que me devolvió el espejo si que podría haber pertenecido a una auténtica Mara. O por lo menos a la idea que yo tenía formada en mi mente sobre lo que era una Mara. El pelo era un desastre en toda regla, sucio y encrespado. Mi pálida piel destacaba mucho más su blancura en contraste con la rojez de mis labios, aún con restos de sangre, y tan hinchados y doloridos que apenas reconocí su forma en el espejo. Realmente era una imagen escalofriante y solo la expresión de mis ojos pudo convencerme de que Bella, la autentica Bella, todavía estaba allí.

Sumergida en espuma hasta el cuello conseguí sentirme algo mejor. Por mi cabeza no dejaban de pasar las imágenes y los recuerdos de la excursión tan extraña que había realizado de la mano de Carslisle. Mi primera caza, mi primera presa. Realmente había sido una experiencia sobrecogedora, y ni yo misma entendí muy bien todo lo que había ocurrido. Simplemente sucedió, dejé que sucediera y por lo visto no lo había hecho mal del todo, Carslisle parecía entusiasmado a la vez que asombrado de que se me hubiera dado tan bien.

Ahora mismo estaría contándoles todo con pelos y señales, y si no quería que pensaran que no me encontraba bien, tendría que salir de la bañera y bajar a dar la cara. Aguantaría estoicamente cualquier tipo de mirada que me echaran, buena o mala, si Edward estaba a mi lado. Me vestí con lo primero que vi en el armario, un largo y cómodo vestido negro, y después de intentar alisar los enredos de mi pelo, bajé resuelta por la escalera a enfrentar a mi familia.

Ya al borde de la escalera me fue imposible no escuchar sus conversaciones, ralenticé el ritmo de mis pasos para poder escuchar cómo de avanzado llevaba Carslisle el relato.

- Os aseguro que yo me quedé con la misma cara que vosotros… - decía Carslisle entre emocionado y divertido – ¡y eso fue solo con el ciervo! Tendríais que haberla visto con el puma, y con…

- ¿Estás de broma? – preguntó Emmett gratamente sorprendido - ¿Cuánto ha comido, si puede saberse?

- Si no cuento mal, han sido 4 piezas las que se ha cobrado hoy.

- ¡Alucinante! – volvió a decir Emmett mientras se reía a mandíbula batiente– la próxima vez me pido ir con ella de caza, eso tengo que verlo con mis ojos.

- Emmett… - dijo Rosalie un poco molesta e intentando calmar a su pareja – eso ni lo sueñes, tú solo cazas conmigo.

- Tranquila nena, no tienes de qué preocuparte– dijo mirando divertido a su novia – pero es que no me creo que tengamos una Mara en la familia… ¡y encima Cazadora! No me digas que no te mueres por verla en acción…

- Aún no es ni Mara ni Cazadora – dijo Rosalie tajante cruzando los brazos delante del pecho – así que tranquilito… nene.

- Pero lo será – dijo Emmett frotándose las manos ante la cantidad de diversión que estaba seguro que su nueva cuñadita le iba a proporcionar – y pienso estar ahí para verlo…

- No es un mono de feria Emmett, tener un poco de consideración con ella – dijo de pronto el siempre callado Jasper – En estos momentos está más preocupada por lo que podamos pensar nosotros que por lo que le está pasando.

- Cazadora… - dijo Edward mas para si mismo que para el resto. Una extraña expresión de orgullo se apoderó de su rostro.

- Jasper tiene razón – dijo Esme mirando a cada miembro de su familia en tono conciliador – Bella es de nuestra familia y espero que entre todos la ayudemos a superar esta parte tan difícil de su adaptación. Ya sea Mara y/o Cazadora, ante todo es Bella ¿queda claro?

- Clarísimo Esme, estoy de acuerdo contigo – dijo Alice antes de que ninguno pudiera abrir la boca, mientras esbozaba una ilusionada sonrisa – hay que ayudarla, y ya os digo que yo me voy a encargar de que el contenido de su armario vaya acorde a su flamante propietaria ¿habéis visto como traía la ropa? Mi hermanita no puede salir de caza con esas pintas… me pondré manos a la obra mañana mismo.

- ¡Alice! – exclamaron todos volteando los ojos y dando por un caso perdido a la pequeña de la familia – ¡eres incorregible!

- Lo sé – dijo ella muy auto convencida – tenéis razón, soy imprescindible.

- ¡Alice! – esta vez todos rieron con ganas por el comentario.

- ¿Qué es tan gracioso? Solo he dicho que… ¡Hola Bella!

Me había descubierto. Terminé de bajar la escalera evitando mirarles a los ojos. Seguro que sabían que les había estado escuchando a escondidas y no pude evitar avergonzarme por mi comportamiento. La primera que acudió a mi lado fue Esme.

- Hola Bella ¿qué tal estas? – dijo mirándome muy tiernamente y dándome un caluroso abrazo.

- Estoy bien, gracias.

- Edward ya les ha contado lo que te ha ocurrido – dijo Carslisle mostrándome una sonrisa – y yo les he contado nuestra experiencia de esta noche. Todos están muy sorprendidos.

- Ya, bueno… no mas sorprendidos de lo que lo estoy yo misma. Todo esto es… un lio.

- Nosotros te ayudaremos en lo que haga falta Bella – dijo Jasper agarrando de la mano a Alice – no hace falta que te lo digamos.

- Gracias Jasper – dije increíblemente mas tranquila – tenerte cerca siempre es un alivio.

- Hermanita – dijo Emmett muy sonriente – si necesitas medir fuerzas con alguien, yo soy tu hombre. Nunca he visto a una auténtica Cazadora en acción y estoy seguro de que te vendrá muy bien desfogarte con alguien que no sea…

- Emmett – le cortó una muy molesta Rosalie que hizo que solo con mirarle a Emmett se le cortara la sonrisa radicalmente – te estás pasando.

- Vamos Rose, Bella necesita nuestra ayuda – dijo mirándola con cara de fastidio – yo solo me he ofrecido a acompañarla de caza, no saques las cosas de quicio.

- Rose – dije mirándola directamente a los ojos y cansada de la actitud de la despampanante rubia – no quiero ser un problema para ti o para tu relación con Emmett, en realidad no quiero ser un problema para nadie, así que no os preocupéis.

- Tú no eres ningún problema para mi y mucho menos para mi relación – dijo mirándome como si fuera un insignificante insecto – no te des mas importancia de la que realmente tienes.

- Rosalie… - dijo Carslisle intentando aplacar el genio de su orgullosa hija.

- No era esa mi intención, Rose, siento que pienses eso de mi. Creo que no te he hecho nada para que me trates como lo haces y no te voy a pedir explicaciones al respecto, pero creo que deberíamos aclararlo.

Mi determinación a la hora de tratar el dichoso tema de su comportamiento conmigo la pilló completamente por sorpresa. No esperaba que yo lo sacara a relucir delante de todos, pero ya estaba un poco harta de aguantar sus desplantes una y otra vez. Rosalie se me quedó mirando sin saber si responderme o no.

- No te creas el ombligo del mundo, no todo gira en torno a ti.

- No lo hago en absoluto – dije aguantando su taladrante mirada - pero te pido por el bien del resto de la familia que si tienes algo en mi contra lo digas aquí y ahora, e intentemos solucionarlo – su mirada se posó directamente en los ojos de su hermano.

- Bella está conmigo – dijo de pronto Edward mirando muy dolido a su hermana y soltándole a la cara su opinión sobre los pensamientos que tenia ella en mente en esos instantes – Estamos juntos Rosalie, te guste o no, así que ves haciéndote a la idea de una vez. No pagues con Bella las frustraciones que tengas contra mi.

- Basta – dijo Carslisle impidiendo que la discusión alcanzara cotas superiores – han sido muchas emociones de golpe y no quiero que se digan cosas de las que luego tengamos que arrepentirnos. Será mejor que nos retiremos y dejemos descansar un poco la mente. Mañana será otro día. Jasper, si haces el favor…

Automáticamente una oleada de tranquilidad invadió la habitación haciendo que todos relajáramos la tensión que nos agarrotaba. Después de darnos todos las buenas noches cada cual emprendió el camino hacia sus habitaciones.

- Espera Edward, quiero hablar un momento contigo a solas.

- Claro Carslisle. Dame solo un minuto – le dijo mientras me acompañaba al pié de la escalera - ¿Estás bien, preciosa?

- No lo sé, la verdad. Todo esto es tan agotador que necesito pensar con calma.

- Subiré lo antes posible - dijo soltando mi mano y dejándome marchar. Comencé a subir por la escalera – Bella…

- Dime – dije girándome a mitad de camino.

- ¿Cuántas veces te he dicho que te quiero? – preguntó con una dulzura que me partió el alma en dos.

- No las suficientes – dije sin poder evitar que mi voz sonara rota.

- Te quiero.

- ¿Todavía?

- Lo haré siempre.

¿Como no podría amarle hasta hartarme? ¿Como no darle hasta el último trozo de mi pequeño e inútil corazón? Le miré sonriendo embobada hasta que, lanzándome un beso, se giró para reunirse con Carslisle. Terminé de subir hasta la habitación como si una nube me trasportara.

… . …

Rosalie.

Definitivamente esta mujer me tenía desconcertada. Me paré delante de la ventana mirando al exterior, como si el frondoso bosque pudiera darme las respuestas que yo necesitaba. Sabía que algo le sentaba mal, sabía que yo le caía mal, pero no dejaba de preguntarme continuamente el porqué. Y el caso es que ya estaba cansada de aguantar sus desplantes, por lo que decidí que lo tenía que averiguar antes de que la cosa pasara a mayores.

Diez minutos después de dejar que mi mente vagara por los recuerdos de esa noche, centrados principalmente en la cacería, oí como Edward subía hacia el dormitorio. Me puse tensa al pensar en lo que venía, en lo que se avecinaba, en la cantidad de preguntas, explicaciones y porqués que iba a tener que dar. Y en como mi cuerpo iba a reaccionar en su presencia, después de lo vivido en el despacho de Carslisle.

Entró y cerrando la puerta a su espalda se acercó lentamente a mi lado. Yo seguía con la mirada en el bosque, intentando pensar el modo de controlar los espasmos nerviosos que me sacudirían la columna en cuanto uno de sus dedos rozara mi piel. Respira, relájate, ya has comido. No hay peligro. Giré un poco la cabeza para mirarle y no pude evitar sonreírle al ver la expresión de su cara. Estaba radiante.

- Hola cazadora… ¿Va todo bien? – preguntó con una gran sonrisa

- Podría ir mejor… - dije volviéndome completamente hacia él pero manteniendo la distancia que nos separaba – explícame eso de que ahora también soy una especie de cazadora.

- Digamos que con el coctel que llevas en las venas era de lo mas lógico, según las informaciones de que disponemos solo un pequeñísimo porcentaje de Vampiros Mara tienen la habilidad de "paralizar" a sus presas ya sean humanos, o como en tu caso, vampiros o animales… – el orgullo asomó a sus ojos adornando su sonrisa.

- Perfecto… ahora si que puedo decir con todas las letras que soy un bicho raro…

- Ya habrá tiempo para resolver tus dudas en otra ocasión – comenzó su lento avance hacia mi - ha sido una noche muy larga.

- Larga y mentalmente agotadora.

- ¿Quieres hablar de Rosalie?

- No.

- ¿Quieres hablar de la cacería?

- No.

- Perfecto, porque yo tampoco. Tenemos otras cosas de las que ocuparnos.

- Edward…

- No vamos a retrasarlo más – dijo terminando de eliminar la poca distancia que nos separaba – estoy preparado.

Me encerró entre sus brazos y posó sus labios sobre los míos. Los ojos le brillaban con la promesa de un placer que estaba segura que me fundiría hasta la medula de los huesos.

- Edward, creo que…

Su boca me silenció y su lengua irrumpió en mi boca, acariciándola. Dejé de luchar contra la prudencia que me gritaba que resistiese, pero una insoportable y demente lujuria se extendía ya por cada uno de mis músculos. Edward dejó escapar un profundo ronroneo, en respuesta a la creciente excitación que se apoderaba de mí. Jodida conciencia. Le planté las manos en el pecho en un último intento de alejarlo de mi, completamente consciente de que lo que en realidad me apetecía era sentir el peso de su cuerpo sobre el mío. No cedió ni un milímetro.

- Voy a hacerte el amor – dijo rotundamente mientras ráfagas de su cálido aliento rozaban mis oídos.

- No debemos… esta preparado, viene a por ti.

- Quieres que lo haga, puedo sentirlo, puedo olerlo.

- Pero no debemos… por fin, por fin, por fin.

- ¿Notas esto, Bella? – dijo mientras movía su miembro excitado en círculos contra mi vientre - ¿Me sientes? – me estaba haciendo arder en deseos - ¿Sabes lo que significa?

- Qué significa… - pregunté entre jadeos cada vez mas elevados, pero de su boca no salió ninguna palabra en respuesta. Sus dientes tenían atrapado el lóbulo de mi oreja – Dime que significa… - pedí al borde mismo de mi escasa resistencia.

Enterró una de sus manos en mi pelo, acercándome completamente a su cuerpo. Con la mano que le quedaba libre comenzó a bajarme lentamente la cremallera del vestido, cuando llegó al final de ésta, sumergió la mano por la abertura, buscando mis glúteos, apretándome más contra su erección.

- Dímelo tu… - dijo con la voz tan ronca que fue la gota que colmó mi mas que rebosante vaso – tú lo sabes mejor que yo…

- Significa… - ni pensar con claridad podía ante semejante despliegue de encantos.

- Qué significa…

- Que vas a hacerme el amor…

- Exacto – dijo mientras sus feroces ojos se clavaban en los míos – ¿te parece bien?

- Me parece bien – dije completamente rendida, y dispuesta a dejarme llevar hasta donde él quisiera llevarme.

Con un suave movimiento de sus manos deslizó el vestido de mi cuerpo, que cayó silenciosamente a mis pies. Sus manos recorrieron cada centímetro de mi espalda haciendo que mis nervios despertaran, y que mi cuerpo empezara a temblar en pequeñas sacudidas de anticipación. Nada en mi columna, bien. Enredé las manos en su pelo y busqué sus labios reclamando las húmedas caricias de su lengua. La emoción me atenazaba de tal manera que no me di cuenta de que le estaba clavando las uñas en la piel del cuero cabelludo.

- Tranquila mi vida – dijo atrapando mis manos y rodeando con ellas su cuello, mientras me alzaba por la cintura y me llevaba hasta la cama - déjate hacer… quiero demostrarte lo hermoso que va a ser "ésta" primera vez. Suavemente, sin brusquedad. ¿Me dejarás hacerlo a mi manera?

- Aha…

No alcancé a decir nada más. Estaba demasiado emocionada por no notar las llamadas de mi sed. Mi Mara estaba dormida y más que satisfecha, por esta noche. Pero mis manos no estaban de acuerdo con sus palabras, yo no quería nada tierno, yo no quería nada suave, yo quería otra cosa. Le quería salvaje, le quería descontrolado, le quería libre. Y ésta era la mejor oportunidad, cuando los espasmos eléctricos de mi columna no hacían su aparición. Cuando sabía que el riesgo de poder hacerle daño estaba en los mínimos posibles.

- Bella, olvídate de lo que hemos tenido hasta ahora – susurraba en mi oído – esto va a ser diferente – decía mientras atrapaba mis manos sin dejarme moverlas y mirándome fijamente para que captara la honestidad de sus palabras – olvídate del suelo del salón – en ese momento me quedé sin respiración –nada de eso va a pasar ahora. Tenemos que aprender de nuevo a estar juntos, Bella, y todo lleva su tiempo.

Me recorrió con los ojos a la vez que sus dedos acariciaban cada centímetro mi piel desde la cabeza hasta los muslos y me moví con él. Siguiendo el ritmo que él marcaba, sin precipitarme, dejándome hacer. Dejando que fuera él el que decidiera como y cuando. Se sacó la camisa en un instante. Me levanté arqueándome hacia él, quería sentir la piel desnuda de su estómago y su pecho contra el mío mientras la lisa tela de sus caros pantalones se frotaba sobre mis piernas.

Me sentí completamente aturdida cuando él olisqueó mi cuello y soltó un gruñido tan profundo que no pude evitar sonreír de pura satisfacción. Mordisqueándome la clavícula fue abriéndose camino lentamente con su lengua hasta mis pechos. Levanté la cabeza y vi como su lengua salía de entre sus sensuales dientes y trazaba un círculo alrededor de un pezón antes de atraparlo con la boca. Dejé caer la cabeza sobre la mullida almohada en el mismo instante que su mano se deslizó por el interior de mis muslos.

Intenté acompasar mi agitada respiración a la suya, sorprendentemente más tranquila y controlada, en un intento de mantener el control de mi misma. Volvió a recorrer suavemente, esta vez con ligeros besos, el camino de regreso a mi cuello.

- Abre tus piernas para mí – susurró en mi oído. Hice lo que me pidió - Un poco más. Eso es Bella. Eso es… así.

Solté de un golpe todo el aire que había en mis pulmones al notar sus dedos abrirse paso suavemente en mi interior, primero uno, luego dos. Entrando y saliendo rítmicamente mientras con el pulgar frotaba el punto adecuado. Mis músculos pedían a gritos liberarse de la tensión que los atenazaba, el cuerpo me ardía en dolorosas descargas de calor al rojo vivo, que amenazaban con explotar en cualquier momento. No aguantaría mucho mas la situación si él no me dejaba participar y calmar un poco la necesidad que tenía de él.

Baje mi mano por su pecho, satisfecha de comprobar que su respiración ya no era tan regular y sus jadeos aumentaban de nivel. Tenía su cuello justo al lado de mi cara, ladeando un poco la cabeza llegué fácilmente a lamer con la lengua la parte mas expuesta de su piel. Oí como contuvo la respiración cuando mis manos bajaron por su pecho hasta encontrar el bulto que tenia presionando mi cadera. Con un rápido movimiento me deshice del cinturón y metí la mano en sus pantalones. Podía notar el ardor que desprendía todo su cuerpo mientras friccionaba su pene en la palma de mi mano. Se liberó de mi agarre el tiempo justo que necesitó para librarse de todo resto de ropa que le cubría. Intenté volver a acariciarle pero no me lo permitió.

- Déjame tocarte, Edward.

- Prefiero tu placer al mío - dijo hundiendo la cabeza en mi cuello – esta vez es solo para ti.

- Quiero que tú también lo disfrutes - las palabras apenas eran susurros en mi boca pues estaba al borde mismo de la locura.

- Yo ya lo disfruté aquel día – paseó su lengua por la reciente cicatriz que adornaba esa parte de mi cuello. El recuerdo de su boca succionando mi vena hizo que me diera vueltas la cabeza – Relájate, déjame tomar el control.

Una de sus manos volvía a estar dentro de mí, entrando y saliendo, haciendo que todo mi cuerpo temblara. Noté un incipiente dolor, cuando los dedos de Edward se clavaron en la piel de mi nuca, acercando más mi cuerpo al suyo. Fascinantemente, las pequeñas punzadas de dolor que sentí aumentaron mi deseo hasta cotas completamente insospechadas, pues eran claras muestras de que él estaba tanto o más ansioso que yo. Jadeé sin poder evitarlo, me estaba llegando el momento.

- He deseado esto tanto tiempo… que no me puedo creer que estés aquí… y que por fin seas como yo.

No pude ni responder, pues en ese instante todo mi cuerpo se estremeció por la violencia con la que el orgasmo hizo su aparición, en un éxtasis interminable. Oleadas de placer que bajaban descomponiendo hasta la ultima de mis terminaciones nerviosas, subían como enérgicas ondas de choque que torturaban deliciosamente cada uno de mis músculos, queriendo partirlos en dos, y salían de mi boca convertidas en rugidos de puro gozo. La luz del amanecer entraba por la ventana anunciando el nuevo día, el nuevo amanecer.